Afrontar deuda y déficit públicos con otros principios, en defensa de la ciudadanía

En España se negocian diversas propuestas de gobierno para la investidura de Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, como Presidente de gobierno. Pero en una cuestión parecen pasar de puntillas. La deuda pública. Deuda vinculada estrechamente al techo de déficit público que impone la Unión Europea (UE), que insiste hay que recortar 11.000 millones de euros de los presupuestos del Estado. Una cuestión nada baladí, porque ese recorte supondría más desigualdad, menos respeto de derechos y más sufrimiento para el pueblo trabajador.

¿Qué propone Sánchez? Negociar más “flexibilidad” con Europa para cumplir el déficit. Que es no decir nada. Pues la cuestión real es ¿qué hacer con una deuda pública que le cuesta a España pagar este año 35.000 millones de euros?

El endeudamiento público creció mucho tras la crisis, en gran medida por el abultado rescate del sector bancario. Cuando la deuda privada de la banca devino pública por la descomunal ayuda estatal al sector financiero. ¿Qué hacer ahora ante la exigencia de recortes de la UE para reducir el déficit público? Para empezar, determinar la legitimidad de la deuda pública.

Según doctrina internacional aceptada, es ilegítima una deuda por privatizar servicios que eran públicos o por exceso de costes en la gestión privada. También, la deuda asumida por cubrir pérdidas de entidades financieras o grandes empresas. Asimismo la contraída por proyectos que no benefician a la mayoría de población y aquella cuyo pago de intereses sea excesivo, impidiendo el gasto social mínimo exigible. Y las deudas ilegítimas no se pagan.

Es el caso. Porque, aunque el gobierno del Partido Popular lo niegue, hubo gran rescate financiero en España. En la primera fase el Banco de España salvó a entidades financieras privadas que se iban de inmediato al garete. La deuda pública se disparó y el déficit aumentó mientras la UE perpetraba el Pacto de Estabilidad que ahoga a los países europeos del sur. Llegados aquí, cabe pensar que buena parte de deudas europeas son ilegítimas y es necesario recurrir a auditorías ciudadanas de la deuda para averiguarlo. Éric Toussaint, del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), recuerda que el movimiento europeo ciudadano de auditoría de la deuda nació en Grecia en 2011 y a continuación se formó en España en plena movilización social de indignados del 15 M. Entonces se empezó a analizar la deuda de países europeos y a cuestionar su legitimidad. En España, por ejemplo, una auditoría ciudadana explicaría que la deuda de los bancos, generada por la devaluación de activos inmobiliarios, pasó de ser pura e irresponsable deuda privada de banca a pública ilegítima.

Una de las lecciones de lo ocurrido en Grecia es que el movimiento de auditoría ciudadana, que empezó muy bien, no creció ni se reforzó lo suficiente para poder presionar políticamente y lograr que la auditoría ciudadana de la deuda fuera obligatoria.

Ejemplo esclarecedor al respecto es el de Ecuador, cuyo gobierno promovió una auditoría ciudadana de la deuda pública en verano de 2007. Basándose en las conclusiones de la misma, el Gobierno anuló por ilegítima una parte de la deuda. Y el Estado economizó 7.000 millones de dólares que se dedicaron a gasto social. Pero en la vieja Europa aún pintan bastos.

En el Informe sobre Sostenibilidad Fiscal 2015, la Comisión Europea expone que al acabar 2015 la deuda española era 100,8% del PIB y en 2016 será 101,3%. Y apercibe del riesgo de que la deuda pública española a medio plazo no sea sostenible. Primero provocan miedo y luego agreden. Pues para afrontarlo, como no, propone “reformas que aumenten ingresos o reduzcan gastos públicos permanentemente”. ‘Reformas’ que sufrirán y pagarán los de siempre, por supuesto. El pueblo trabajador, la ciudadanía.

Ahora, como botón de muestra, la Comisión Europea acepta los presupuestos del Estado del Gobierno de izquierdas de Portugal del que han logrado un recorte de 845 millones de euros. Pero el comisario de Economía, Pierre Moscovici, amenaza que queda mucho por hacer, lo que no augura nada bueno para los portugueses. Por eso en Portugal, España y los otros países sometidos al dictadura de la deuda y del déficit, son imprescindibles actos unilaterales de gobiernos que defiendan los intereses de la mayoría ciudadana. Como hizo Ecuador. Y se hace necesario que se tiendan redes de los países europeos periféricos sometidos a esa dictadura. Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España podrían ponerse de acuerdo para liberarse del dogal del déficit y enfrentarse a la deuda pública desde otras posiciones. En defensa de los deerchos e intereses de la mayoría ciudadana.

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Otra vez las sospechosas y oscuras agencias de rating

El Ayuntamiento de Madrid no se endeudará más y por eso no ha renovado los contratos con las agencias de calificación de solvencia crediticia Standard & Poor’s y Fitch. Sabia decisión. Por otra parte, en pleno conflicto político entre los gobiernos de Cataluña y España, la agencia de calificación Moody’s rebaja la solvencia financiera del gobierno catalán de estable a negativa. Segunda vez en pocos meses. La primera, tras conocerse los resultados de las pasadas elecciones catalanas que dieron mayoría parlamentaria (aunque no en votos) a los grupos independentistas. Calificaciones que huelen a motivos políticos. Y como las calificaciones de esas agencias parecen ser requisito para vender bonos de deuda, por ejemplo, toca repasar qué son en verdad y, sobre todo, en qué se han convertido.

Vaya por delante que la calificación de solvencia crediticia es un oligopolio formado por tres agencias: Standard and Poor’s, Moody’s y Fitch que ocupan el 90% del sector. Las agencias de calificación de solvencia o de rating, publican listas con notas de mayor o menor solvencia de países, bancos y empresas, que son sus clientes y pretenden vender bonos de deuda para financiarse. La calificación indica, en teoría, si los clientes de esas agencias podrán pagar o no sus deudas.

La calificación de solvencia debiera ser fruto de rigurosos estudios, pero desde 2008 hay graves sospechas de no ser así y sobre la integridad y fiabilidad de esas agencias. Por cierto, ni una siquiera olió la crisis que venía. Como para confiar. Además de graves errores anteriores. ¿Errores? Al gigante energético Enron de EEUU le dieran buena nota de solvencia cuatro días antes de que la empresa se declarara en bancarrota. También el gigante financiero Lehman Brothers obtuvo buena calificación… el mismo día en que se hundía.

La Comisión Europea les exigió que actuaran con rigor y responsabilidad. Y el FMI acusó a Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s de contribuir a la inestabilidad financiera con sus abusos. Incluso el órgano supervisor de la bolsa de EEUU, la Comisión del Mercado de Valores (SEC), estudió demandarlas. También son consideradas poco fiables por el Parlamento Europeo y el G-20. Y el Congreso de EEUU las señaló directamente como culpables de la crisis. ¿Exageración?

Esas agencias calificaron muy solventes títulos de deuda que incluían hipotecas-basura, basura por incobrables. La alta calificación que las agencias dieron a esos títulos provocó que se vendieran como rosquillas. Pero pronto se supo que muchos bancos caerían en bancarrota pues poseían muchos títulos contaminados… que no valían nada. Los balances se fueron al garete y estalló la crisis.

¿Por qué no son fiables las agencias de rating? El economista García Montalvo explica que “si una agencia califica unos activos financieros y esa calificación no agrada a la empresa que los pone a la venta, puede decidir no pagar o irse, así que a la agencia le interesa dar la mejor calificación“. Y William J. Harrington, vicepresidente de Moody’s durante años, tras irse de esa agencia, reveló algunas prácticas muy dudosas. En un informe de 78 páginas enviado a la SEC, Harrington explicó que Moody’s incentivaba a los analistas responsables de las calificaciones de solvencia para que fueran altas y los clientes no se fueran a otras agencias. Ni honrado ni fiable. Pero hay más. Moody’s calificó la solvencia de la multinacional alemana de seguros Hannover Rück, que no era cliente suya ni había solicitado calificación alguna, y le envió una carta pidiendo que pagaran sus calificaciones. Hannover se negó y Moody’s le rebajó la solvencia durante años, sin dejar de pedirle, carta tras carta, que pagara sus servicios… nunca solicitados. Moody’s llegó a rebajar la solvencia de Hannover Rüsk a bono basura y esa empresa perdió 175 millones de dólares. Cuando se amenaza y se pretende obligar a alguien a actuar de modo concreto en beneficio de quien amenaza, se comete un delito de extorsión. ¿Ocurrió eso entre Moody’s y Hannover Rück?

Otra vuelta de tuerca. Las agencias de rating, base del vigente sistema neoliberal de deuda (estrechamente ligado a la austeridad presupuestaria que sufrimos todos) no son fiables. Nada. ¿Para qué esas agencias? Toca suprimirlas y sustituirlas por entidades profesionales honradas, fiables y rigurosas. Que no sean negocio sino servicio. ¿Ingenuo?  Quizás. Pero ceder, no resistir, es el desastre

Cuando despertó, la banca todavía estaba allí

Cuando las portadas exponen día sí y otro también la grave situación de Grecia y se conoce la conducta propia de macarras de los gobiernos de la eurozona con ese país, conviene recordar que en el origen de todo está la banca. Privada, por supuesto. Tres conclusiones surgen del estudio de la llamada crisis global. Que la banca privada no quebró gracias a las enormes ayudas públicas recibidas. Que  finalmente esa factura la pagó (aún la paga) la gente común con austeridad impuesta y menos derechos. Y que esa banca salvada por lo público no ha hecho nada para que la economía remontara. Salvo enriquecer más a sus directivos. Y ya son ocho años de incertidumbre y economía frenada, mientras crecen desigualdad y pobreza.

El primer socorro al sector financiero fue en otoño de 2008 en EEUU. Nada menos que 250.000 millones de dólares para recapitalizar bancos, medio billón en avales a empresas en crisis, otro medio billón para comprar hipotecas basura y medio billón más para salvar planes privados de pensiones; es decir, para salvar a las empresas privadas aseguradoras (en realidad fondos de inversión especuladora) que hacen negocio con tales planes.

Por su parte, la Unión Europea prestó más de un billón de euros a cientos de bancos europeos hasta febrero de 2012 al 1% de interés. Para salvarlos de la quiebra. Más otros 2 billones de inyección de capital y garantías publicas a la banca. Y hoy los préstamos muy baratos del BCE a bancos continúan.

¿Por qué? Como denunció Ignacio Ramonet, “el poder pasó de los gobiernos a una legión de banqueros tramposos y a los especuladores de Bolsa”, que trafican con cantidades tan enormes que son indecentes. Casi 7 billones de euros en deuda pública de la eurozona, por ejemplo. Sin control ni regulación. Especuladores y banqueros dominan así el cotarro económico y financiero. Por eso, aunque se saben las causas de la crisis que fue una estafa y devino saqueo organizado de bienes, rentas y derechos de la gente común, no se han reglamentado los mercados ni controlado la banca. Ni se intenta. Mandan ellos.

Y entre tanto, como recuerda Andreu Missé por ejemplo, “para una parte significativa de la población española las condiciones de vida no cesan de deteriorarse. Mientras el gobierno proclama eufórico que la economía crece, que se han creado muchos empleos y las exportaciones aumentan, un tercio de la ciudadanía vive el peor momento de su vida. Más de 15 millones de personas y en aumento. Como lo prueba que Caritas, Cruz Roja y los bancos de alimentos tengan que repartir cientos de miles de comidas para paliar el hambre. Una situación inaceptable que puede prolongarse una década, denuncia Caritas.

Un informe que cita Missé, Pobre y bajo presión: el impacto social de la consolidación fiscal en Europa de Zsolt Darvas y Olga Tschekassin, concluye que “los mayores desafíos de Europa hoy son la pobreza, el desempleo y la polarización que deteriora la vida de los ciudadanos”. Es así, sobre todo, porque “el rescate bancario fue muy costoso, limitó recursos fiscales para otros objetivos, perjudicó seriamente la economía y deterioró las condiciones sociales en Europa”.

Que la banca privada está ahí y es sin duda uno de los mayores problemas de la gente común lo remacha Stefan Steinberg. Cita Steinberg el informe El ajuste de la Zona Euro, un trabajo a medias, elaborado por el banco de inversión JP Morgan Chase, publicado a finales de mayo de 2013. Reclama tal documento derogar las constituciones democráticas de algunos países europeos y ser sustituidas ¡por regímenes autoritarios!

Las críticas más fascistas del documento van contra los gobiernos que tardaron en aplicar las medidas de austeridad: Grecia, Portugal, España e Italia. Países en crisis de deuda y, según la delirante opinión de los autores del informe de JP Morgan Chase, cuyos sistemas políticos tienen un fuerte sesgo socialista (??). Por ello y para evitar una revolución social, la banca JP Morgan propone que los gobiernos capitalistas de Europa instauren cuanto antes regímenes dictatoriales en esos países. Increíble, pero no es ficción.

Es evidente que el principal enemigo de la ciudadanía es la banca. Ya lo profetizó Thomas Jefferson hace doscientos trece años: “Los bancos son más peligrosos para nuestras libertades que ejércitos listos para el combate. Los bancos privarán a la gente de toda posesión hasta el día en que despierten sin casa, sin techo”.

La banca privada sigue ahí.

Un régimen de opresión y saqueo llamado deuda

Medios de comunicación, portavoces gubernamentales y servidores de la élite económica en España pregonan el peligro de la cuantiosa deuda pública y la culpable responsabilidad colectiva en la misma: la estúpida falacia de haber vivido por encima de nuestras posibilidades. Tan es así que un Gobierno pretendidamente socialista reformó con alevosía la Constitución, sagrada e intocable para otras cuestiones, con un artículo 135 que proclama que “los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública (…) se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta”. ¡En la Constitución!

El endeudamiento público no ha sido por vivir por encima de nuestras posibilidades sino utilizado por el poder financiero para saquear recursos públicos. Pero el adormecedor mantra repetido una y otra vez es la relación de la deuda pública con la crisis. Y por eso presionan para reducirla con recortes sociales y más recortes. Pero la deuda pública no es causa de la crisis. En años anteriores a la misma, la deuda pública española era de las más bajas de Europa.

La deuda pública ha crecido por una política fiscal regresiva al servicio de la élite económica y por un gigantesco y continuo fraude fiscal de grandes empresas y capitales. Más el cuantioso rescate de una banca privada potencialmente quebrada. España es modélica en el saqueo que es convertir deudas privadas en deuda pública.

Conviene recordar ahora que en los 70 del siglo pasado arrancó la nueva versión del capitalismo que llamamos ‘financiarización’. Reducir a producto financiero especulativo cualquier valor, bien o servicio que pueda ser vendido y comprado, hoy o mañana. Mientras se extiende el uso y abuso del apalancamiento: endeudarse hasta las cejas para especular mucho más allá del patrimonio habido.

El endeudamiento se convirtió en motor principal de una economía de humo. Se creó dinero de la nada, porque la gran banca daba abundantes créditos baratos, sobre todo a los estados y, en una década, la deuda pública se multiplicó por siete.

¿Irresponsabilidad económico-financiera? No. Nuevo régimen para aumentar los beneficios de la élite económica que el marxismo denomina “clase dominante”. La deuda ya es un régimen que “el poder financiero utiliza para saquear los recursos públicos y atacar los derechos humanos”, denuncia Maria Lucia Fattorelli, auditora fiscal e impulsora del movimiento ciudadano global de auditoría de la deuda.

Por medio de organismos internacionales nada democráticos (FMI, BCE, OMC u OCDE), el régimen de la deuda impone ajustes presupuestarios, contra-reformas fiscales, laborales, de pensiones públicas, de control de inflación, “ingeniería financiera” y cambio de leyes nacionales en beneficio del sector financiero y de la prioridad del pago de la deuda. Mientras, los grandes medios de “información” ocultan, manipulan y desinforman sobre la realidad económica y financiera y maquillan sus graves consecuencias sociales.

Así pretenden ocultar la responsabilidad de la banca privada en la crisis financiera. Y luego FMI, BCE y OCDE presionan para asegurar la transferencia de recursos públicos a los bancos privados responsables de esta poliédrica crisis. Porque la élite económica logró enormes beneficios con el creciente endeudamiento que hinchó las burbujas inmobiliaria y financiera e hizo imparable la crisis.

De todo se tiene cumplida experiencia en el Reino de España. Como denuncian Gerardo Pisarello y Jaume Asens, “cada nueva contrarreforma laboral, cada propuesta de retraso de la edad de jubilación, cada recorte de derechos sociales se ha presentado como imprescindible para pagar las deudas y obtener más fondos”.

La deuda pública era apenas 40% del PIB en 2006 y hoy es 96%. ¿Por qué tal aumento? Por un generoso rescate bancario. Lo último es que el Gobierno regala 40.000 millones de euros a la banca privada por activos fiscales diferidos. Es evidente que aumentar en cinco años casi un 60% el volumen de la deuda pública respecto al PIB no ha sido por estímulos para que la economía real se recupere ni para satisfacer los derechos sociales de la ciudadanía.

¿Hasta dónde llegarán los explotadores del régimen de la deuda? Hasta donde les dejemos, pues son insaciables. Una primera respuesta son las auditorías ciudadanas de la deuda pública. Para determinar su origen, conocer quiénes son poseedores de deuda y cuánta. Y qué parte es ilegítima. Extender el conocimiento de esos hechos y no pagar deuda pública hasta averiguar cuánta es ilegítima. Eso para empezar.

Hay peores males que no pagar la deuda

Como explica Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, la minoría rica tiene una agenda oculta para desmantelar el estado social y privatizar los servicios públicos para apoderarse de ellos; los servicios que garantizan el ejercicio de derechos sociales. Jerome Duval, experto en deuda externa, asegura que hoy en Europa, como antes en América Latina y África, la deuda es el modo de dominación de la minoría rica para lograr esos objetivos.

Como recuerda Vicenç Navarro, una falacia pretende justificar la impuesta prioridad de reducir el déficit público al precio que sea: que la deuda es una carga para nuestros hijos en el futuro. Falso. El futuro de hijos y nietos no depende de pagar o no la deuda; depende de la productividad y de la actividad económica; depende de la lucha contra la desigualdad. Y el dinero público dedicado hoy a educación, sanidad, bienestar social, investigación, infraestructuras y transporte no es gasto sino inversión. Por un futuro mejor.

Muchos economistas creen que no pagar la deuda pública de un país es algo fatal. Pero bastantes (cada vez, más) consideran hoy con razones que no pagar la deuda no es lo peor. Como dice Eric Toussaint, presidente del Comité para la Anulación de la Deuda, hay algo peor que no pagar la deuda: que los ajustes para pagarla tengan terribles consecuencias sociales. Veamos algunos casos de bondad del impago de deuda.

Se cumplen diez años de la suspensión del pago de la deuda argentina. Rodríguez Saa, elegido Presidente para 90 días (mientras se convocaban elecciones presidenciales) lo fue solo siete por cuestiones ajenas a la economía, pero en ese tiempo tomó una decisión fundamental: suspendió los pagos de deuda pública. Estudiosos y analistas de la crisis consideran que fue el paso inicial y primordial para la recuperación de Argentina. El primer año fue duro, pero la economía mejoró enseguida y, desde 2002, todos los años (salvo dos) ha habido un crecimiento superior al 8%; el más rápido en Occidente en los últimos nueve años y con las tasas de crecimiento más altas del mundo, según el Center for Economic Policy Research de Washington.

En 2003 el presidente argentino elegido, Néstor Kirchner, comunicó al FMI que debía dejar crecer al país porque “los muertos no pagan deudas”. La deuda pública de Argentina era el 168% del PIB en 2002. En 2003, el gobierno Kirchner pactó otras obligaciones y tiempos de pago con FMI, Banco Mundial, el Interamericano de Desarrollo y otros. En 2004 la deuda externa argentina era de 178.000 millones de dólares. En 2005 hubo canje de bonos argentinos en suspensión de pagos desde 2001. Se consiguió el 75% de quita de deuda y Argentina propuso otra quita del 66% de 81.000 millones de dólares de origen privado e hizo frente a juicios promovidos por grandes propietarios de bonos. La mayoría de acreedores no cobró; en Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia intentaron embargar activos argentinos en el exterior, pero estaban protegidos por convenios internacionales.

La historia de la reestructuración de deuda de Argentina se considera ejemplar porque hizo que la tercera economía latinoamericana creciera de nuevo y con ímpetu en los últimos años.

Argentina lleva once años sin pagar 6.241 millones de dólares que debe al Club de París (varios países acreedores agrupados) y partidos de izquierda más organizaciones de Derechos Humanos han solicitado al gobierno que precise qué deuda hay que pagar a ese Club y no pagarla sin completar antes la auditoría que determine el origen de la deuda, quiénes se beneficiaron y cuánto se ha pagado. Porque parte de esa deuda es de la dictadura militar: una deuda ilegítima. Y las deudas ilegítimas no se pagan.

Otro caso notable es el de Islandia. Los islandeses han rechazado en referéndum dos veces pagar 5.000 millones de dólares que prestaron Reino Unido y Dinamarca para tapar la quiebra de un banco islandés. Al dejar de pagar, Islandia creció 2,5% en 2011 y la tasa de paro se redujo 1,5 puntos.

Y en Ecuador, el Presidente Correa también decidió no pagar la deuda y se ahorraron 7.000 millones de dólares que se invirtieron en partidas sociales. Entre 2006 y 2011, lo dedicado a pagar la deuda pasó de 24% a 7% de los presupuestos del estado y los gastos sociales aumentaron del 12% al 25%. La deuda pública descendió a su nivel histórico más bajo en relación al PIB: 22% en 2011. Se aumentaron salarios y pensiones, mejoraron las condiciones de vida, paro y contratos precarios disminuyeron y decreció la pobreza. Según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y Caribe), Ecuador es el segundo país latinoamericano que ha reducido más su pobreza: 9 puntos menos. En 2011, 650.000 personas salieron de la pobreza.

No pagar la deuda externa no es malo. Es una legítima y excelente opción.

Las oscuras y nada fiables agencias de calificación

¿Por qué la Unión Europea no pone coto a las actuaciones de las oscuras agencias de rating que atacan Europa? ¿Por qué la casta política europea solo gime y se lamenta, pero no reacciona? A estas alturas deberían saber que no pueden comprarles jamás un coche usado, parafraseando el dicho popular, porque no son nada fiables. Nada. Y lo han demostrado ampliamente.
Esas agencias ocupan las portadas de Europa desde hace meses con titulares como “Rebajan la calificación al fondo de rescate de la UE; las agencias rebajan la calificación de España e Italia; amenazan con rebajar la calificación de España si no se aprueba pronto la reforma laboral; las agencias dan un hachazo a los países del euro…”. El resultado es un severo agravamiento de la denominada crisis de la eurozona. Y lo más grave, sin fundamentos dignos de tal nombre. Puro chantaje.
En teoría, Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s indican la seriedad y solvencia económica de grandes empresas y estados que emiten títulos o bonos de deuda. En teoría también, sus calificaciones asesoran a los grandes inversores que compran esos títulos, bonos u otros productos de deuda para que sepan si les costará cobrar o no los intereses y recuperar el capital invertido. En teoría.
Pero lo cierto es que, como asesoras de solvencia económica, esas agencias de rating son un desastre, al otorgar la máxima calificación de solvencia a empresas que han quebrado 48 horas después. La banca Lehman Brothers, por ejemplo, se hundió irremisiblemente con la máxima calificación otorgada por esas agencias. Tampoco vieron venir ni de lejos la crisis de 1997 que sacudió los países del sudeste asiático; en 2001, cuatro días antes de la quiebra de la poderosa estadounidense Enron, aún le otorgaban una calificación de solvencia muy positiva, y menos aún se enteraron de la toxicidad de las hipotecas basura hasta que les explotaron en los morros y desataron la peor crisis económica en un siglo. Y no  se percataron de que los títulos de deuda griegos no eran fiables, considerándolos inversiones de primer orden hasta el último minuto. ¿Cuántos ejemplos más son necesarios para dejar claro que no hacen nada bien su teórico trabajo?
Podemos concluir por tanto que esas agencias son incompetentes e incapacitadas, por lo menos. Pero hay más. William J. Harrington, que fue vicepresidente de Moody’s, elaboró un informe de denuncia de 78 páginas que envió a la SEC (autoridad que vigila el mundo de la bolsa y las inversiones financieras en EEUU). En dicho informe explica con pelos y señales  que Moody’s impone a los analistas que den a los clientes de la agencia las calificaciones positivas que quieran, para que evitar que se vayan a otras agencias. Y Yuri Yoshizawa, director de Derivados de Moody’s, declaró ante la Subcomisión financiera del Senado de EEUU que en la empresa había compraventa de calificaciones. Es decir, además, prostituidos.
En realidad, como denuncia el filósofo Bernard-Henri Lévy, las tres agencias de rating son un inaceptable oligopolio en la calificación de solvencia de las inversiones financieras. Pero además esas agencias son incompetentes y deshonestas como se ha podido ver. Corruptas también, como denuncia el catedrático de economía Albert Recio. Por esas razones, en España, Italia y otros países europeos se han presentado querellas criminales contra las nefastas actuaciones de las agencias de rating. En Italia, agentes de la policía contra delitos fiscales han registrado recientemente las oficinas de Standard & Poor’s y Moody’s en Milán en busca de documentación sobre sus muy discutibles y oscuras decisiones. ¡Aleluya! Esperemos que cunda el ejemplo.
Las agencias de rating con sus calificaciones a la baja torpedean sin ningún rigor ni análisis digno de tal nombre la credibilidad y solvencia de empresas y estados. El resultado inicial, en el caso de los estados, es que suben los intereses de los títulos y bonos de deuda soberana. Así crecen los beneficios de bancos y grandes fondos que son los que compran deuda pública. Pero resulta que hay una estrecha relación entre los accionistas de agencias de rating, bancos y grandes fondos de inversión, mezclados todos como en una melé de rugby. Algo huele a muy podrido en el reino de esas agencias.
Porque lo cierto es que las agencias de rating son juez y parte; incapaces, deshonestas, incompetentes y oscuras… Habrá que enfrentarse a esas agencias y cuanto antes, mejor. Y como el gobierno no se decide a enviarles la Guardia Civil, tendrá que ser la ciudadanía la que haga algo, porque las chorizadas de las agencias de rating nos afectan y mucho

la ciudadanía y l Unión Europea

Treinta mil tunecinos y libios llegaron a Lampedusa. Francia e Italia se enzarzaron sobre quién cargaba con ellos, pero enseguida resolvieron su enfrentamiento proponiendo restablecer controles fronterizos en Europa y al diablo la libre circulación de personas. Todo para cerrar el paso a los inmigrantes. A Alemania le faltó tiempo para apoyar la propuesta franco-italiana, mientras Dinamarca aprovechaba la ocasión y decidía reinstaurar controles fronterizos con Alemania y Suecia por acuerdo del gobierno conservador y el xenófobo Partido Popular Danés para evitar que se cuelen por la frontera alemana ciudadanos de Bulgaria y Rumanía, aunque formen parte de la Unión Europea.

Esos 30.000 africanos del norte, que huían de la guerra civil libia, han sido pretexto para zanjar la libre circulación de personas en la Unión Europea. Aunque no es la primera vez que Europa se enfrenta a una crisis similar. En 1995, 600.000 refugiados de la guerra de Yugoslavia fueron acogidos sin problemas por la Unión Europea, como ha recordado recientemente el profesor Ignacio Torreblanca. En década y media, la Europa solidaria se ha convertido en un carcamal egoísta y cobarde. Y es que la maldita crisis ha desatado el ‘sálvese quien pueda’ en todos los terrenos. La crisis estalló y la solidaridad europea se fue a hacer gárgaras. Veamos también lo de Grecia, por ejemplo.

El primer rescate griego fracasa y ahora se propone un segundo rescate; Grecia estaría negociando con la Unión y el FMI un préstamo adicional de 50.000 a 60.000 millones de euros. Porque las feroces condiciones impuestas a Grecia por sus “socios” europeos han ahogado la economía griega. Pero este segundo presunto rescate también costará a los griegos un ojo de la cara. Y, entre tanto, la Unión Europea aprovecha y presiona a Grecia para que, además de perpetrar más medidas de austeridad presupuestaria y social hasta 2015, privatice totalmente las empresas de servicios públicos. Entre ellas dos compañías de agua potable y tres de energía, y que lo haga antes del próximo abono de ayuda financiera. Un buen bocado para unas pocas y pecadoras manos privadas.

¿Quién pagará el desaguisado griego? ¿La banca que compra deuda griega con interés desmesurado para hacer un negocio redondo o los ciudadanos? En una de las últimas emisiones de deuda griega había casi más inversores-especuladores que bonos a la venta, a pesar de que las tramposas agencias de rating insinúan que son “basura”. Y es que el dictatorial poder financiero sabe que hará un enorme negocio con la ruina social y económica de la ciudadanía griega. Porque, a la postre, parte del dinero de los rescates irá a parar a sus bolsillos de un modo u otro.

Hace ocho años, el canciller alemán Schröeder, refiriéndose al Tratado constitucional europeo que entonces se aprobaba, aseguró ser necesarios dolorosos sacrificios para obtener buenos resultados a medio y largo plazo en la nueva Europa. La manida tesis de que el pastel ha de crecer para repartirlo. Y es cierto que se han hecho grandes sacrificios, pero siempre por parte de los mismos. Asalariados, funcionarios, empleados públicos, trabajadores autónomos, pequeños empresarios, campesinos, pequeños comerciantes, desempleados, inmigrantes, jóvenes, siempre las mujeres y los pobres sin más apelativos. Porque en Europa hay 80 millones de pobres. Pero el pastel nunca llega a repartirse y quienes sacan tajada de que el pastel crezca siempre son los mismos. Y en época de crisis, ni te cuento. Pocos, privilegiados y amorales. Obscenos, como escribe la socióloga Eulàlia Solé.

Hace ocho años, en medio del entusiasmo de la clase política europea por aprobar la neoliberal constitución de la Unión, Oskar Lafontaine acusó a los mandatarios europeos de desmantelar el Estado social y de hacer retroceder a Europa al siglo XIX. Con la crisis, los recortes de logros y derechos sociales y económicos que se han perpetrado y perpetran para salir de la crisis y recortar déficits públicos devienen sello de esta nueva y penosa Europa. Triunfo descarado de un neoliberalismo que supone más pobreza, más corrupción, más desigualdad y más sufrimiento. Además de la disolución de la solidaridad y el entierro de la vocación de defender los derechos humanos.

Esta es la provecta y codiciosa Europa. Perdón, la provecta y codiciosa minoría privilegiada que controla una Unión Europea que no interesa a la ciudadanía en absoluto. Porque esa Unión se ha convertido en la enemiga de sus intereses, de sus derechos.