A los neoliberales ni agua

Hace un tiempo, quienes ostentaban el poder político dado por los ciudadanos, sin consultarlos ni encomendarse a dios o diablo alguno, convirtieron lo que era de todos en propiedad de pocos. Energía, carburantes, telecomunicaciones, transportes, a veces sanidad y educación fueron “liberalizados”. Denominando inadecuadamente liberalizar a lo que solo es privatizar: poner lo de todos (lo público) en manos privadas. Dijeron que lo hacían para conseguir precios bajos y más calidad de servicios. Pero, ¡oh, cielos!, ocurrió al revés. Eso fue antes de la crisis.

Y llegó la crisis. Quienes ostentaban poder político dieron entonces muchísimo dinero (de todos) a quienes la habían provocado. Para evitar que la economía se desestabilizara, dijeron. Pero se desestabilizó.

Entonces todos tuvieron miedo y prometieron que cambiarían y que pondrían reglas para que nunca volviera a pasar. Pero lo olvidaron y continuaron como siempre. Fue cuando quienes se habían quedado con el pastel privatizado, habían provocado la crisis, habían aceptado dinero de todos y no habían cambiado, descubrieron que podían hacer un negocio redondo con la considerable deuda que los estados habían contraído para ayudarles. Y eso hicieron.

Entonces los gobiernos de los estados fueron tan tontos que lo permitieron. Y además cedieron y tragaron sus insolentes reformas, porque quienes causaron la crisis habían visto también que con esas reformas aún ganarían más. Y es que nunca tienen bastante.

Pero nadie les frena ni les fuerza a cambiar. Ahora han descubierto que también el desempleo les favorece. Así consiguen que el trabajo sea incierto, los contratos laborales temporales y precarios, que despedir sea muy fácil… Porque la gente se acobarda y traga condiciones, como reducir su derecho a la salud, a la seguridad social, a la educación… que hace treinta años, con solo mentarlas, hubieran provocado un estallido.

¿Les cuento una historia sorprendente? La empresa Nissan en Cataluña y Fiat en Italia han logrado que sus trabajadores se congelen el sueldo. A cambio, ellos fabricarán no recuerdo qué modelo de automóvil. Y las portadas de casi todos los medios informativos (o persuasión) han aplaudido con fervor la medida como algo estupendo. Algunos apuntan incluso que ése es el camino contra el desempleo. Así las cosas, las empresas podrán hacer lo que les venga en gana, porque siempre podrán recurrir al chantaje. Y los asalariados cada vez con menos derechos.

Además, las empresas (sobre todo grandes) y la banca tendrán aún menos impuestos. Y, para equilibrar las cuentas se despide en masa a empleados públicos, se congelan sueldos, se aprueban recortes en medio ambiente, educación, atención sanitaria, cultura, políticas sociales…

¿Qué harán ciudadanos y ciudadanas, trabajadores y trabajadoras? Por supuesto resistir, manifestarse y practicar la desobediencia civil. Pero también pararse a pensar cuando tengan en sus manos una papeleta electoral. ¿Votarán los ciudadanos a quienes les privan de sus derechos en nombre de un crecimiento futuro? Hoy podemos informarnos de quién es quién en política, qué dice y qué hace en realidad. Está Internet y un abundante panorama de asociaciones y entidades ciudadanas con suficiente información para saber lo que se nos viene encima y cómo.

No nos dejemos engañar cuando digan que esas reformas son el único camino posible. Falso. Son ataques a nuestros derechos. Los países llamados emergentes, tan de moda hoy, sortean la crisis y no están agobiados por la deuda, porque se han pasado por el forro los dogmas del capitalismo neoliberal, expresados en el llamado “Consenso de Washington”.

Que no pase como en Reino Unido. Una encuesta indica que hoy no ganarían los conservadores. Tras siete meses de gobierno tory, a muchos ciudadanos se les caído la venda al sufrir recortes sociales y ataques a sus derechos en nombre de la estabilidad fiscal. Y no es que uno abogue por eso por los laboristas, también neoliberales de hecho. El referente por pasiva es, paradójicamente, la política neoliberal: si un partido comulga con el neoliberalismo, ni agua.

Ante la crisis, más políticas sociales y más Estado es la propuesta de la Comisión Económica para América Latina de Naciones Unidas. Y para el resto del mundo, ya puestos. Porque la mejor referencia para saber si un partido conviene es saber si comulga con esa propuesta o con la contraria. Más estado y políticas sociales significa respeto de los derechos humanos de la ciudadanía. Lo contrario, la política neoliberal de recortes y pretendidas reformas laborales y de pensiones son ataques a los derechos de la mayoría.

Téngalo en cuenta a la hora de votar. Por su propio bien.

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El algodón no engaña

Los medios de persuasión (más que informativos) y los voceros de la minoría privilegiada pretenden que cale la falaz idea de que la única respuesta posible a la crisis son recortes y “reformas estructurales”, es decir, retrocesos en derechos. Curiosamente, ninguna medida propuesta afecta ni de lejos a intereses de la banca o grandes empresas, responsables del lodazal en el que estamos.  La excusa es que ellos “crean riqueza”. Si es cierto, crean riqueza, pero sólo para ellos. Y las medidas propuestas no los tocan aunque la salida más eficaz contra la crisis es precisamente tocar los intereses de banca, grandes empresas y minoría escandalosamente rica. Ya se han apropiado de demasiado.

El profesor Vicenç Navarro recuerda que la reducción del déficit público (actual caballo de batalla de la crisis) se consigue cómodamente subiendo los impuestos a quienes se han beneficiado de las reducciones de impuestos de los últimos años. Los más ricos. El propio FMI (nada sospechoso de izquierdismo) ha señalado que esas rebajas de impuestos son causa del 40% del maldito déficit en la mayoría de países desarrollados.

Tomando a España como ejemplo, si se recuperaran esos impuestos, este país ingresaría 22.000 millones de euros más anualmente. Recuperación de impuestos que sólo afectaría apenas al 4% de contribuyentes e incluso menos. Según el sindicato de técnicos tributarios del Ministerio de Hacienda español (Gestha), con medidas posibles, creíbles e inmediatas se puede hacer emerger una parte de la economía sumergida (la que no paga impuesto alguno) correspondiente a un 5% del PIB. Significaría 13.000 millones más para el erario público. En total, 35.000 millones de euros de ingresos por impuestos, más del doble de lo que el Gobierno español conseguirá con recortes y congelaciones que suponen claros ataques contra los derechos de los ciudadanos. Y eso sin hablar de medidas más eficaces contra el fraude fiscal, que haberlo lo hay y mucho.

Carlos Martínez, presidente de ATTAC-España, recuerda que las clases trabajadoras europeas sufrirán este año más recortes y más empobrecimiento, pero también que hay medidas más justas y eficaces contra la crisis. Impuesto a la especulación financiera (tasa Tobin), impuestos progresivos que redistribuyan la riqueza, ampliar el sector público (servicios sociales, salud y enseñanza), economía verde (producir energías no contaminantes), potenciar empresas familiares, promover cooperativas… Resolverían la crisis. Pero quienes tienen demasiado no están dispuestos a permitirlo.

Por tanto, los verdaderos enemigos de la ciudadanía, remacha Martínez, son los especuladores financieros, los grandes banqueros privados que cortan el crédito y obligan a los gobiernos a rescatarlos, los belicistas, los vendedores de armas, los ricos que amplían su fortuna con los Paraísos Fiscales y la delincuencia financiero-fiscal… Al tiempo que se enriquecen obscenamente, hunden a la inmensa mayoría ciudadana.

Ante esta crisis hay que ser radical, adjetivo que solo la mala fe o la ignorancia confunden con la opción por la violencia. ¿Qué significa de verdad ser radical? Ir a la raíz de los problemas. Para no dejarse engañar por cantos de sirena ni tampoco hipnotizar por luces de colores.

El profesor Juan Torres ha escrito en su web que ya tenemos tarea para este año: difundir escritos, informes y discursos (como el del profesor Arcadi Oliveres sobre inmigración) que cuentan la verdad de la crisis. Hay que difundir por todas partes qué ocurre con pelos y señales. Si no lo hacemos, seguirá ocurriendo lo mismo porque no dispondremos de información para saber cómo y qué responder. Por tanto, la primera respuesta ciudadana es informarnos e informar. Tenemos la Red y la inteligencia para hacerlo. Sin perder jamás de vista el cedazo de los derechos humanos de todos. Para que no nos engañen ni aturrullen.

Recuerdo un anuncio de televisión en el que un mayordomo de estilo inglés mostraba la eficacia de cierto detergente limpia-hogar. Pasaba un algodón por una pared limpiada con tal detergente, mostraba el algodón impoluto y sentenciaba: el algodón no engaña. El detergente era tan eficaz que el algodón no recogía ni una brizna de suciedad. Pues bien, nuestra “prueba del algodón” es el respeto de los derechos humanos.

¿Medidas y políticas contra la crisis respetan el derecho humano al sustento, a protección social, a mantener a la familia, a vivienda adecuada, en suma a vivir con dignidad? Vamos bien. En cuanto oigan o lean que hay que hacer sacrificios hoy para ir bien mañana, que no se puede hacer una tortilla sin romper  huevos… están violando sus derechos.

Hay más derechos humanos que los derechos cívicos. Tan irrenunciables como éstos.