Tres cánceres de la economía neoliberal contra la ciudadanía

Según Transparency International, la corrupción amenaza gravemente la recuperación económica. En el último informe sobre corrupción en el mundo de esta organización, suspende la mayoría de los 180 países analizados. Los más corrompidos son casi siempre los más empobrecidos, pero también hay países ricos, con bajos índices de corrupción en casa, pero no así cuando sus empresas actúan en otros Estados. Ahí sobornan a placer. Quizás ésa sea la razón de que los más corrompidos sean los más empobrecidos. Los ricos corrompen en países pobres, pero no aparecen como tales en la lista; sólo el país corrompido, no el corruptor.

Corrupción es soborno a funcionarios o políticos que influyen en la adquisición de bienes y servicios para el Estado; es apropiación de fondos públicos por funcionarios o políticos; es desvío de capital público a cuentas propias; es manipular o cambiar datos e informaciones en beneficio propio para participar con éxito en concursos públicos; es distribuir arbitraria e injustamente beneficios legítimos…

Pero contra la idea generalizada de que la corrupción es propia de países empobrecidos o emergentes, los multimillonarios trapicheos y latrocinios varios de Eurostat, Enron, World Com y otros tantos hace pocos años, más otros muchos más hace poco en Estados Unidos y Europa, convierten la corrupción en una pandemia de países desarrollados, aunque no lo reflejen así las listas de Transparency Internacional.

Otro cáncer de la economía es el fraude fiscal. En Alemania, en 2008 se descubrió que buena parte de la clase empresarial llevaba años defraudando a Hacienda miles de millones de euros anuales. Miles de millones. Lo hacían por medio del banco LGT de Liechtenstein, propiedad  por cierto de la familia real de ese principado de opereta. Sólo es un ejemplo entre miles. Pero cada año, América Latina, por ejemplo, pierde unos 50.000 millones de dólares por evasión de impuestos de empresas transnacionales que operan en esa región. Según el Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa de la organización internacional Attac, los países más pobres dejan de ingresar unos 200.000 millones de dólares anuales por fraude fiscal. Esos millones defraudados se guardan en paraísos fiscales: el tercer cáncer.

En febrero del año pasado, el G20 prometió erradicar los paraísos fiscales. La canciller alemana Merkel anunció que habría una lista negra de paraísos fiscales que no colaboraran y el presidente francés Sarkozy amenazó con sanciones a esos centros. No pasó nada. En cambio, hace medio año, el G-20 proclamó que los paraísos fiscales no serán considerados tales si firman convenios para aportar información tributaria, pero sólo si algún Estado la pide. Y además los paraísos fiscales son los segundos clientes de la Eurozona, los Estados europeos con el euro como moneda. No sólo no sanciona, sino que Europa hace negocios con los cómplices de la evasión fiscal que le resta ingresos.

Hay 38 paraísos fiscales según la OCDE y, entre ellos, destacan Gibraltar, Andorra, Mónaco, Liechtenstein y las islas de Man y Jersey en el Canal de la Mancha. En la vieja Europa. Por tanto, lo que se diga contra paraísos fiscales es falso mientras los haya en Europa. Mientras haya secreto bancario. Mientras no se arrincone a los paraísos para que dejen de ser la cueva de Ali Babá de la economía mundial.

Lo único que se puede hacer con los paraísos fiscales es deshacerlos. ¿Imaginan que un médico propusiera tratar un cáncer no haciendo nada? Pues eso proponen Europa y el G20 hacer con los paraísos. Nada.

Declaraciones contra los paraísos fiscales que no vayan acompañadas de medidas contra  determinadas prácticas, conductas y actuaciones bancarias y financieras son humo. Es necesaria más información sobre lo que hace la banca en los paraísos. Hay que prohibir las filiales y delegaciones de bancos, cajas de ahorro y grupos empresariales en los paraísos. También hay que poner coto a las sociedades instrumentales que hacen posibles numerosos delitos porque son territorio de paso de miles de millones de dólares de la corrupción, de la evasión fiscal y del blanqueo de dinero criminal o terrorista… Y hay que negar personalidad jurídica a esas sociedades  pantalla de paraísos fiscales e impedirles intervenir en el comercio y el movimiento financiero internacionales. Eso son medidas contra los paraísos fiscales; lo demás son cánticos de sirena.

Cuando veamos que G20, Unión Europea, FMI y entidades similares van a por ellos, actúan contra los paraísos fiscales, entonces creeremos que quieren superar la crisis. Y entonces no harán falta programas de recortes.

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Hay que plantar cara

Es como una actuación de jazz. Los músicos improvisan una y otra vez con instrumentos diversos y ritmos diferentes a partir de la misma melodía esencial. Vuelven sobre esas notas una y otra vez, se turnan trompeta, saxofón, clarinete, piano, contrabajo, banjo, guitarra, batería… Hacen que la música parezca diferente utilizando todos, uno tras otro, la misma combinación de notas.

Pues los responsables de la crisis y sus cómplices, como en el jazz, parten también de una única melodía: sus beneficios, sus intereses. Y a partir de ahí cambian de ritmo, intervienen uno u otro con la misma tabarra… Banco Central Europeo, bancos centrales nacionales, FMI, OCDE, los llamados mercados, gran banca, directivos de grandes empresas, grandes medios…

Impiden (o aceptan que se impida) la imprescindible reforma financiera, promueven recortes sociales, imponen planes de ajuste, marean con que salimos lentamente de la crisis, atacan y boicotean lo público, ocultan o falsean los logros y beneficios de lo público, cantan las alabanzas trucadas de lo privado… Y ahora manipulan la deuda pública para chantajear a los gobiernos y forzarlos a imponer reformas regresivas que sólo a la minoría privilegiada benefician.
Con tal codicia, la crisis se va a convertir en catástrofe social, holocausto de derechos económicos y sociales de la mayoría.

Pero los problemas no se solucionan solos: o los solucionas o permanecen y se enquistan. Llegó la hora de plantar cara. Y algunos ya han empezado.

Por ejemplo, miles de personas se manifestaron en Washington para apoyar las reformas positivas de Obama en beneficio de la mayoría.

Crecen las protestas contra recortes de derechos laborales y sociales que castigan a los ciudadanos europeos. En Grecia protestan contra las políticas neoliberales del gobierno contra derechos sociales y económicos de todos. En España, una huelga general contra la reforma laboral ha paralizado la industria y afectado significativamente el transporte y los servicios. Dos millones de ciudadanos han protestado en varias ciudades de Francia contra la reforma regresiva del sistema de pensiones. En París, además hubo una huelga de transportes y enseñanza, y los sindicatos han convocado otra jornada de huelga. En Portugal, el principal sindicato portugués, la CGTP, convoca un paro general contra las medidas de austeridad del gobierno de José Sócrates, como rebajar un 5% el sueldo de los funcionarios… Suma y sigue.

Algo se mueve. Por fin.

Lina Gálvez, vicerrectora de la Universidad Olavide de Sevilla, nos recuerda que los mercados utilizan su presión de especuladores sobre la deuda de los Estados para imponer a los gobiernos medidas que sólo convienen a las grandes empresas y a la banca. Una extorsión evidente que algunos gobiernos aceptan en lugar de recurrir a la ciudadanía para que hable claro a los especuladores. Los gobiernos ceden a las demandas chantajistas, insiste Gálvez, pero los mercados, como todos los chantajistas, son insaciables. Ceder no es el camino.

Los mercados (es decir unos cuantos miles de tipos en todo el mundo) son insaciables. Recuerden el diálogo del filme “Cayo Largo” de John Huston entre el personaje de Bogart, un soldado que regresa de la guerra mundial, y el de Edward G. Robinson, el gangster John Rocco. El soldado pregunta retóricamente, “¿qué quiere Rocco?” Y se responde: “Quiere más”. Rocco lo confirma: “Eso es, quiero más”. Y el soldado pregunta de nuevo: “¿Alguna vez Rocco tendrá bastante?” Y Rocco contesta: “Nunca tengo bastante”.


Eso es lo que hay. Por eso no cabe esperar que los “malos” se vuelvan buenos.


Pero hay otro camino hacia el auténtico progreso y la mayor igualdad posible; es decir, mayor justicia. Para afrontar la crisis, la Comisión Económica de América Latina (CEPAL, dependiente de Naciones Unidas) apuesta por intensificar las políticas sociales y laborales que tan buenos resultados da en América Latina frente a la receta neoliberal europea de recortar el Estado del bienestar. Y también convendría sentar en el banquillo de los acusados al sistema financiero, no al estado de bienestar, que es camino hacia un Estado de justicia.


Esos son los objetivos a reivindicar por ciudadanos y ciudadanas del mundo para plantar cara. Mejora de salarios y condiciones laborales, políticas sociales contra la desigualdad y que los responsables de la crisis rindan cuentas.
Ahora es la hora de la ciudadanía.

Las pensiones: derecho, no mercancía

La baja natalidad y el desempleo ponen en peligro el sistema público de pensiones. Los expertos reclaman una reforma inmediata. Titular de portada de un periódico español… más falso que un duro sevillano.

Sí, las pensiones se van al garete, pero son las privadas. Las pensiones públicas gozan de buena salud. ¿Qué pasa? Hay una relación directa entre los ataques de los mercados a los sistemas públicos de pensiones y el fracaso de los fondos privados de pensiones. Los llamados ‘mercados’, por cierto, sólo son unos pocos miles de sujetos que especulan por todo el mundo en nombre e interés de bancos y otros entes poco transparentes. Esta relación directa entre descalabro de pensiones privadas y ataques a las pensiones públicas es reconocida incluso por economistas tan neoliberales como Alejandro Inurrieta, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles de Madrid.

¿Cómo comprobamos que las pensiones privadas están en crisis? Elemental, querido Watson. Los cinco principales fondos de pensiones holandeses, por ejemplo, se ven obligados, sintiéndolo mucho, a recortar las pensiones prometidas a sus jubilados privados; Holanda es el tercer país del mundo en pensiones privadas. Más ejemplos; en España, según el último informe “Rentabilidad de Fondos de Pensiones”,en los últimos años, la rentabilidad promedio de los planes de pensiones fue sensiblemente inferior a la inflación y a la inversión en bonos del Estado a cualquier plazo“.

El desastre de las pensiones privadas es paralelo a la exigencia de la OCDE a sus Estados miembros para que retrasen la edad de jubilación y reformen sus sistemas públicos de pensiones. Deteriorar y reducir las pensiones públicas. A ver si entonces la gente pica y contrata pensiones privadas.

Miren Etxezarreta, catedrática emérita de Economía aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, asegura que se quiere imponer el modelo anglosajón, que redujo las pensiones públicas para que la gente no tuviera más remedio que contratar pensiones privadas. En esa neoliberal línea, Sarkozy ha lanzado en Francia una regresiva reforma de las pensiones. Y en España, el presidente Zapatero amenaza con reformar a la baja el sistema público de pensiones, cuyo resultado será que los pensionistas “reformados” cobrarán bastante menos.

Un “experto” español en pensiones públicas ha vaticinado que, si éstas no se reforman (a la baja, por supuesto), quebrarán en 2020. Tal “experto” ya profetizó en 1995 que en 2005 la Seguridad Social tendría un déficit del 0,77% del PIB y al año siguiente aumentó la cifra indicando que el déficit sería mayor: el 1,80%… Pero la tozuda realidad fue que en 2005, la Seguridad Social española tuvo un 1,1% de superávit. Tal experto y otros similares deberían cambiar la calculadora, porque les falla más que una escopeta de feria. Por cierto, el fondo español de reserva de pensiones supone casi el 6% del PIB.

¿Por qué yerran tanto los presuntos expertos en pensiones públicas? ¿Será porque la mayoría están a sueldo de bancos y entidades similares con gran interés en hacer negocio con pensiones privadas?

Miren Etxezarreta nos recuerda que las pensiones privadas son gran negocio para la banca. Un trabajador que contrate una pensión privada a los 40 años, cotizará hasta los 65, edad de jubilación en muchos países. Durante un cuarto de siglo, el banco hará lo que quiera con ese dinero que entra mensualmente y, si invierte mal, el jubilado verá reducida su pensión privada. Pero el banco ganará una pasta con comisiones, aunque la inversión haya sido desafortunada. Como está pasando.

A los gobiernos de Europa y EEUU no les tembló el pulso para rescatar la banca con billones de euros o dólares. Pues, si fuera preciso (que no lo es), se acude la rescate de las pensiones públicas. La pensión no es una mercancía, es un derecho.

La Declaración Universal de Derechos Humanos dice en su artículo 22 que “toda persona tiene derecho a la seguridad social”. Seguridad social es, entre otras cosas, cobrar una pensión y, por supuesto, digna. Está en las constituciones de los países democráticos y, desde hace un año, forma parte de la legislación internacional que desarrolla la exigencia y disfrute de los derechos económicos y sociales. España y otros estados ya la han ratificado. Por tanto, es ley y obliga. Derecho humano, no mercancía.