Sector financiero, un adversario muy peligroso

La justicia de Estados Unidos quiere sancionar al Deutsche Bank con más 12.000 millones de euros por venta masiva de hipotecas basura, incobrables por estar escondidas en títulos financieros opacos. Deutsche Bank pretende reducir la multa y el Gobierno alemán considera que habrá acuerdo con un trato igualitario al de otros bancos. Porque no sólo es sancionado por abusar y perpetrar irregularidades el Deutsche Bank. El Bank of America pagó 16.650 millones de dólares por ilegalidades varias. JPMorgan Chase fue sancionado con 13.000 millones y Goldman Sachs pagó 5.100 millones. Mientras en Europa también hay investigaciones en marcha contra Barclays, Credit Suisse y Royal Bank of Scotland. En ese oscuro mundo financiero no se salva nadie. Porque es oscuro. Peligroso y alarmante.

Pero Deutsche Bank es hoy emblemático porque acumula irregularidades desde tiempo, pagándolo con problemas y pérdidas. Tal vez por eso una acción del poderoso banco alemán vale hoy unos 12 euros, cuando hace pocos años valía 100. Otro exponente de severos problemas es que, por ejemplo, el año pasado el Deutsche inició la reestructuración para reducir 35.000 empleos de la plantilla, además de abandonar oficinas en diez países. Más pleitos varios que le cuestan o costarán más de 12.000 millones de euros en sanciones y reparaciones. El problema es que anomalías e ilegalidades no afectan solo a los accionistas mayoritarios. Al final las paga la ciudadanía.

En España, con menor volumen pero la misma codicia, empezó el juicio de 65 consejeros de la antigua Caja de Ahorros de Madrid (que después fue Bankia) por el presunto delito de apropiación indebida. Un macroproceso a banqueros, altos dirigentes sindicales, concejales, otros políticos y empresarios.

Un correo electrónico interior de la entidad bancaria desveló en 2009 el chanchullo al informar sobre remuneraciones extraordinarias de los miembros de órganos de gobierno de Caja Madrid. Ese correo explicaba que cada miembro del Consejo de Administración disponía de una tarjeta Visa de gastos de representación de 25.000 euros anuales, pero que no existía para Hacienda. Esas tarjetas black han proporcionado a los consejeros unos quince millones de euros de 1996 a 2012 en joyas, viajes, hoteles de lujo, comidas y cenas, ropa, perfumería, incluso tratamientos de belleza… Una codicia indecente.

No es el primer juicio por despilfarro de consejeros de entidades financieras. Además de irregularidades de pensiones millonarias para cúpulas dirigentes, créditos que eran desfalcos, anomalías financieras e inmobiliarias, sueldos desmesurados y escandalosas opciones a paquetes de acciones. Al mismo tiempo, Bankia (entidad surgida de la unión de Caja Madrid y otras entidades financieras) timaba a 129.000 ahorradores, personas mayores y jubiladas a las que vendían obligaciones preferentes que inmovilizaban sus ahorros. Además de ocultar información veraz y justa a 200.000 accionistas cuando Bankia empezó a cotizar en bolsa, lo que supuso la congelación de ahorros de esos accionistas. Por ello también dirigentes de la entidad han de responder ante los jueces.

En 2012 era evidente que el sector financiero español se tambaleaba. Y el Estado empezó a rescatar entidades financieras, bancos y cajas de ahorros, Bankia entre ellas, con dinero público. El que sale de los impuestos de españoles y españolas. Feroces recortes presupuestarios sociales, deterioro de servicios públicos y millones de asalariados al paro o a la precariedad crónica fue el precio que pagó el pueblo trabajador, además de hipotecar el país por tiempo indeterminado.

Cuatro años después, aunque Luis de Guindos, ministro de Economía, y Rajoy, presidente del gobierno, juraron entonces que el rescate de las entidades financieras no costaría ni un duro a la ciudadanía, a día de hoy el Estado apenas ha recuperado un 5% del rescate bancario según publican varios medios informativos. En concreto, el Estado (la ciudadanía), a través del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria), dio al sistema bancario español ayudas financieras por más de 53.000 millones de euros. Pero solo se han recuperado 2.686 millones: menos del 5%, en realidad 4,9%. Y no hay visos de que la recuperación vaya mucho más allá.

Lo expuesto afianza la convicción de que el sector financiero es el principal adversario de la ciudadanía y de que pueda vivir con dignidad. Porque no tiene control, se mueve por el mundo con libertad absoluta, se opone con ferocidad a la menor regulación, alimenta el fraude y elusión fiscal que debilitan y entrampan a los Estados y especula a corto plazo con activos financieros retorcidos y complejos, más nuevos activos fruto de la rapiña-privatización de servicios públicos esenciales. Una amenaza incesante de burbujas que pueden estallar en cualquier momento. Que es lo que ocurre cuando hay una especulación desaforada sin el menor control.

Enfrentarse al peligroso e inmoral sector financiero puede parecer titánico, imposible incluso. Pero parece indiscutible que, de no plantarle cara, hundirán a la gente común, que es la mayoría.

Anuncios

Breve balance de una lucha de clases que perdemos por ahora

Los resultados de las elecciones generales en España son prueba de la afirmación del tirular. Elecciones sin mayorías absolutas. Izquierda y derecha ocupan el Congreso a partes casi iguales, pero, con la que está cayendo, la izquierda debía haber arrasado. Pero no. Los nuevos partidos llamados emergentes (uno de izquierda moderada y otro de derecha pura aunque se vista de centro) obtienen diputados y los resultados no permiten pactos fáciles. En la izquierda, no, porque el PSOE, por ejemplo, reaviva su lado más españolista. No pactará con Podemos si mantiene su voluntad de convocar un referéndum en Cataluña para que su ciudadanía diga cual quiere sea su encaje con España.

El gran argumento del PSOE es que no aceptan nada contra la unidad de España. Como si una consulta al pueblo no fuera un ejercicio de democracia. Por cierto, eso de ‘unidad de España’, lo utilizó y repitió hasta la saciedad uno de los grandes genocidas europeos: el dictador Franco.

Los resultados electorales muestran también que el régimen del 78 (monarquía restaurada con formas democráticas) es una falacia. Se inventó para que nada cambiara en España. En parte con una ley electoral tramposa, injusta y poco democrática, que da nueve diputados a un partido con 600.000 votos y dos a otro con casi un millón.

Un diseño electoral para que las clases ricas formadas durante la dictadura franquista, que se sumaron a los aristócratas y terratenientes de siempre, controlaran la economía patria. Burguesía terrateniente, inmobiliaria, algo industrial y financiera que hoy se agrupa en el Ibex 35, las mayores empresas y corporaciones del Reino. Bloque capitalista que subió con entusiasmo al carro de la llamada crisis. Crisis que fue insensatez, timo y robo con premeditación y alevosía, y finalmente saqueo del pueblo trabajador. Aquí, en EEUU, resto de Europa y la Conchinchina. Puse lo cierto y comprobado es que el capital no tiene otra patria que sus ganancias, que siempre han de ser más.

Obsesionado por pillar más beneficios (que se resistían por sobre producción y otras cuestiones), en la primera década del siglo XXI el capital decide prestar a todo quisque para comprar viviendas. Beneficio por venta inmobiliaria… y beneficio por especular con las deudas para adquirir casas. Fueron las hipotecas sub prime, auténticas hipotecas basura. Préstamos hipotecarios sin la menor garantía de solvencia. Préstamos que jamás serían devueltos y cuyos intereses dejarían de abonarse al poco tiempo.

Esas hipotecas se ocultaron en títulos con otros productos financieros. Pero, como eran incobrables, los títulos devinieron activos tóxicos. Basura financiera que jamás daría beneficio ni se recuperaría el capital prestado. Los balances financieros se fueron al garete y se desató el pánico. Cundió el terror en las cúpulas bancarias, pero, tras breve tiempo de atrición y propósito de enmienda (hablaron de ‘refundar’ el capitalismo), pensaron que la ocasión la pintaban calva. Además de mendigar ayudas billonarias al Estado (para tapar pérdidas y agujeros y continuar ganando obscenamente), podían utilizar la crisis para que todo volviera a su estado ‘natural’. Fin del capitalismo ‘de rostro humano’ tras la II Guerra Mundial, fin del estado de bienestar y recuperar todo el poder. Además, ya no existía la URSS y nadie contrario al capital daba miedo. Beneficios y más beneficios… Y reducir la democracia a decorado y liturgia, porque, cuando es de verdad, se convierte en incordio.

Hablando de la crisis, lo explicó con nitidez el especulador Warren Buffet (uno de los cinco hombres más ricos del mundo) a The Wall Street Journal: “Sí, es lucha de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que va ganando”. Y, para mostrar como ganan los ricos, Isabel Ortiz y Matthew Cummins investigaron lo que los poderosos han impuesto a la mayoría de población urbi et orbe con la excusa de afrontar la crisis. Austeridad, sí o sí. Que en román paladino es transferencia obscena a la minoría rica de las rentas y costes de satisfacer derechos de las clases trabajadoras. Recuerden a Grecia. O España.

En Revisión del Gasto Público y Medidas de Ajuste ambos investigadores documentan las consecuencias de esa política en 181 países del mundo. Se han rebajado los salarios en 97 países. Se han reducido o eliminado las ayudas a desempleados (y a los más pobres) en 100 países. En 94 estados han aumentado los impuestos indirectos al consumo (pagan igual pobres que ricos). Se han rebajado las pensiones en 86 países y se han recortado servicios y prestaciones de sistemas de salud también en 86. Se ha reducido la protección social en 80 países. El despido es más fácil, barato o gratuito en 40 países… Y sigue.

Más allá del sufrimiento, dolor y angustia que esas medidas han provocado y provocan, no han creado empleo aceptable (como no hicieron nunca) ni han recuperado una actividad económica decente. Y, por supuesto, no han mejorado un ápice la vida de la gente. Todo ha empeorado y crecen desigualdad y pobreza.

Pero el problema no acaba ahí. La guerra de los ricos contra la población sigue y hay que saber qué se cuece, qué nos preparan. Por ejemplo, una Unión Europea al acecho quiere más vueltas de tuerca en reforma laboral, pensiones y recortes presupuestarios. Para reducir el déficit, dicen, pero en verdad a mayor beneficio de las élites.

Son tiempos de desobediencia, son tiempos de resistencia.

La banca rescatada con ayudas públicas ha de ser pública

Según los peritos del Banco de España, enviados por el juez Andreu de la Audiencia Nacional para investigar a Bankia bajo sospecha, Rodrigo Rato (ex vicepresidente económico del Gobierno y posteriormente presidente de esa entidad financiera) infló artificialmente en 544 millones se euros los recursos propios y el patrimonio neto, y un año después ocultó pérdidas de 2.000 millones de euros. La Plataforma por la Banca Pública, integrada por 38 organizaciones y entidades sociales, económicas, cívicas, políticas y sindicales de España, ya denunciaba documentadamente hace casi cuatro años que los balances de Bankia no reflejaban las cifras reales ni su verdadero patrimonio. Y lo hizo analizando con rigor las cifras de Bankia de los informes del Banco de España.

Pero, la presunta estafa que haya habido en Bankia para salir a Bolsa en buenas condiciones, que no eran las reales, no es el principal problema de esta entidad. El principal problema es que tiene los pies de barro. Más allá de las actuaciones que sean delito, lo más preocupante es la verdadera situación de Bankia. Como la del sector financiero español, por cierto.

El Gobierno aportó 22.424 millones de euros de capital a Bankia en 2012 para que no quebrara. Las ayudas públicas a Bankia han sido cuantiosas. Desde ese capital inyectado hasta avales, garantías, compra de activos tóxicos por el Sareb (el “banco malo”), títulos, créditos fiscales y préstamos del Banco Central Europeo. En total, 147.810 millones de euros.

En Bankia niegan que las cosas vayan mal y pretenden que ya tienen beneficios. Pero no son tales, pues los pretendidos beneficios no suponen más patrimonio de la entidad. Son ayudas públicas, ingresos por ventas irrepetibles, lo estafado a los preferentistas y rebaja de provisiones contra la morosidad. No son beneficios reales, sino recursos y trucos contables.

Economistas críticos aseguran que no solo Bankia sino el sector financiero español es insolvente. Carlos Sánchez Mato lo demuestra con cifras de los informes del Banco de España. La banca española, que ha costado muchísimo dinero a la ciudadanía a través de los regalos de los gobiernos de Zapatero y Rajoy, no está hoy mejor que cuando estalló la crisis. Las diversas ayudas públicas a la banca española, igual que a Bankia (capital, avales, compra de activos y un largo etcétera de ayudas públicas, incluidos los baratísimos préstamos del BCE que también son ayuda pública), suman 1 billón y 400.000 millones de euros. Pero esos bancos no recuperan la solvencia.

De lo acaecido con la banca, su actuación y situación actual cabe deducir que, sin las ayudas públicas, la banca privada española se hubiera hundido. Como Bankia.

¿Por qué sostener con dinero público un negocio privado que no es capaz de funcionar por sí solo? En el paradigmático caso de Bankia, si no es viable sin apoyo público, que sea pública. Lo es en la medida que el 92,5% de acciones son del Estado a través del FROB, pero amenazan con privatizarlo y ya han vendido muy barato un 7,5% de acciones a un banco sudamericano.

Bankia ha de ser pública con todas las características de la banca pública. Es decir, prioridad de inversión en beneficio de la economía productiva, a favor de la ciudadanía y apoyo a la pequeña y mediana empresa que, por cierto, proporciona el 80% de empleos de este país. Y, por supuesto, control ciudadano. No como el simulacro que hubo en las cajas de ahorros en sus últimos años sino verdadero control social. Y una transparencia que deslumbre.

La ciudadanía ha de exigir la nacionalización definitiva y completa de Bankia. Porque es de justicia al salvarse con capital y ayudas públicas. Se le debe a la ciudadanía. Puesto que la banca privada no se derrumba por las enormes ayudas públicas, lo justo es que la banca privada se convierta en pública, porque los impuestos que paga la ciudadanía ya han aportado a los bancos privados lo suficiente como para tener mayoría en los consejos de administración de casi todos los bancos rescatados con ayudas públicas.

Una banca pública controlada democráticamente por la ciudadanía contribuiría de modo decisivo a recuperar una economía real marcada por la voluntad social. Por cierto, la mayor parte de aseveraciones de este escrito en cuanto a solvencia, son aplicables en esencia a la banca europea.

Austeridad, evasión fiscal y democracia auténtica

La austeridad que hoy se impone tiene gravísimas consecuencias. Más desempleo y más pobreza, más enfermedades y más suicidios. La austeridad mata, como titula David Sucker un concienzudo estudio al respecto. Cabe hurgar por tanto el origen y responsables de la malhadada austeridad.

La austeridad se cuece cuando la minoría rica comprueba que se acaban las vacas gordas. Años setenta. Grandes empresarios, banca y grandes fortunas ven reducirse sus beneficios. Ni siquiera la explotación de países empobrecidos evita la merma. Entonces se empezó a rebajar impuestos a los ricos, mientras el fraude fiscal devenía endémico y la economía se financiarizaba. No producir bienes y servicios, sino pura especulación financiera; por cada dólar invertido en economía real, 60 en pura especulación. La economía se convierte en un casino.

 

El proceso se acelera en 2008 cuando se hunde Lehman Brothers, “intoxicado” hasta las cejas. Su balance, pura filfa y humo, pues buena parte de activos eran deudas que jamás se cobrarían; hipotecas-basura “titulizadas”, camufladas. Hipotecas-basura que los diez mayores bancos de inversión vendieron, engañando a todo el mundo, con la calificación de muy seguras y rentables por las oscuras agencias de rating. Es la crisis.

 

El sistema financiero se tambaleó y los gobiernos acudieron raudos a inyectar muchísimo dinero para salvarlo. Los estados se endeudaron para ayudar a la banca y entonces surgieron trileros, timadores de toco mocho y de la estampita vociferando que el déficit público era inaceptable y se imponía la austeridad. Naturalmente para que los estados ahorraran y pudieran pagar intereses de deuda pública a la banca; deuda que habían comprado con barato dinero público del Banco Central Europeo. Y los gobiernos ahorraron a costa de la mayoría. En beneficio de la minoría rica.

 

¿Cuántos forman esa minoría que se beneficia de la austeridad y la supresión de derechos? Según el Informe anual de Riqueza en el Mundo 2013 de RBC Wealth Management y Capgemini, en España hay 144.600 poseedores de más un millón de dólares y en EEUU, tres millones y tres cuartos de millón. En todo el mundo, 12 millones. Un ridículo 0,17% de población contra 7.000 millones de personas.

 

Minoría no solo codiciosa y especuladora, sino también delincuente. Manipulan tipos, estafan a clientes, ocultan riesgos, se lucran con información privilegiada… y, especialmente, evaden impuestos. Pagan poquísimos impuestos, pero les parece demasiado. Y esconden sus fortunas.

 

Quienes evaden impuestos precisan blanquear su sucio dinero. Gracias a los paraísos fiscales y a buena parte de la banca. El barrio financiero de Londres (la City), por ejemplo, es el mayor lavadero de dinero negro del mundo. El blanqueo hace sorprendentes compañeros de cama, pues tanto necesita blanquear dinero sucio quien especula con fondo de inversión y no quiere pagar un duro de impuestos como el narcotraficante que vende cocaína. Como muestra, la actuación del banco británico HSBC. Según el Senado de los Estados Unidos, HSBC aceptó que criminales del mundo usaran sus servicios para blanquear ingentes cantidades de dinero del narcotráfico. También blanqueó Standard Chartered… Y otros muchos.

 

El agujero de impuestos evadidos alcanza el billón de dólares: más que los presupuestos de 176 países. Si ese billón se abonara, se acabaría con la pobreza, se doblarían las energías limpias y todos los niños del mundo estarían escolarizados.

 

Por el contrario, las crisis de las últimas décadas, y sobre todo esta crisis, han empobrecido a millones, provocado hambrunas y hecho sufrir a miles de millones. Y, según Naciones Unidas, la especulación con dinero blanqueado del crimen organizado ha contribuido a agravar las crisis financieras y económicas de las últimas décadas. Porque, como denuncia también la ONU, “la penetración de los sindicatos del crimen en las finanzas fue facilitada por los programas de ajuste estructural impuestos a los países endeudados para poder acceder a préstamos del Fondo Monetario Internacional”. Más claro…

 

La evasión de impuestos es delito muy grave, porque en democracia evadir impuestos es robar a la ciudadanía. Es así porque los impuestos justos, progresivos y suficientes son condición indiscutible de la democracia de verdad. Pues no hay libertad ni justicia sin asegurar la independencia material que garantiza una vida digna a toda la ciudadanía. Y eso se logra con una fiscalidad justa que permite al estado redistribuir la riqueza, ofrecer servicios públicos esenciales y protección social.

 

Austeridad, deuda, estupidez económica y saqueo

En París, 180.000 personas salieron a la calle contra la austeridad que lleva a los pueblos de Europa a la ruina. En Irlanda, decenas de miles marcharon por Dublin contra esa misma política nefasta que los condena a pagar más impuestos, tener menos sueldo y cobrar pensiones más reducidas; a ser más pobres. En Portugal, el gobierno, tras rebajar salarios, despedirá a 30.000 funcionarios por “austeridad”. En el reino de España, esa austeridad ha generado seis millones de parados y disminuido el PIB 2,6 puntos… Suma y sigue.

En Europa, la crisis-estafa se ceba en las clases trabajadoras, pero crecen robustos los beneficios empresariales y, más aún, los financieros. Con diversos volúmenes e intensidades, a diario hay titulares en todos los países europeos sobre pérdida de derechos, recortes sociales, aumento de pobreza y de desigualdad. Y recesión. No obstante, la Unión Europea elige más austeridad. Ahí está Merkel, empecinada e implacable, para recordar que no se cede ni un palmo en esa política.

Y así, la Europa neoliberal impone endurecer las reformas laborales, aumentar el IVA y retrasar la edad de jubilación, además de rebajar las pensiones. La OCDE, por su parte, pide más flexibilidad laboral (despedir con mayor facilidad), dificultar la concesión de subsidios de desempleo (además de adelgazarlos) y moderar (rebajar) los salarios de la gente común. Son insaciables.

Todo es consecuencia directa de la política de consolidación fiscal y estabilidad presupuestaria; eufemismos de una austeridad que significa recortes presupuestarios sociales y ataques sistemáticos contra los derechos de la mayoría ciudadana.

Europa retrocede por culpa de la austeridad. Va a peor. Incluso según las previsiones económicas de la propia Comisión Europea. La eurozona no crecerá. En 2013 retrocederá 0,4% de PIB. Incluso la modélica Alemania tiene un crecimiento ridículo del 0,1%. Chipre se desploma, Grecia perderá 4,2% de PIB, Portugal bajará 2,3%, Eslovenia 2%… La recesión campa a sus anchas.

Da igual que buenos conocedores de las entrañas de la economía, como los Nobel Stiglitz, Krugman y Diamond, argumenten una y otra vez contra la austeridad y el control talibán del déficit público. Ni caso. Porque quienes detentan realmente el poder (y sus servidores) van a lo suyo: defender sus intereses de minoría rica. Caiga quien caiga.

Sería más decente que los perpetradores de la austeridad y la especulación con deudas soberanas actuaran sin disimulos como los codiciosos sin freno que son. Sin recurrir a tapaderas de consolidación fiscal. Sin tapujos, como hacían los gangsters de Chicago en los años veinte y treinta del siglo pasado, que no ocultaban su avidez. Ellos iban a lo suyo y hacían lo que fuera preciso por sus intereses, para hacer crecer sus beneficios. Los gangsters de antaño, como los de hogaño, nunca tienen bastante.

Y como la austeridad está intrínsecamente ligada a la deuda, y deuda y rebaja del déficit nos llevan a la ruina, la ciudadanía ha de dar otro paso. ¿Para qué necesitaba Grecia, por ejemplo, tanques, submarinos y helicópteros de combate en plena crisis? Esas partidas no se recortaron y aumentó la deuda griega. En España, las ayudas gubernamentales para salvar una banca inútil e incompetente (cuando no delictiva) han incrementado la deuda pública en más de 40.000 millones de euros. Y, en Europa, el rescate del sistema financiero ha supuesto 1,42 billones en ayudas públicas. Pero a pesar de esa derrama indecente, el sistema financiero no deja de coquetear con la insolvencia.

Hay crisis para tiempo. Día tras día saquean a la ciudadanía. La minoría rica y sus cómplices no cejan en su pillaje y la deuda pública deviene una herramienta para sojuzgar a los pses, a sus ciudadanías. Entonces, ya no se trata de hacer auditorías ciudadanas para determinar la parte ilegítima de la deuda. Hay indicios más que suficientes de que gran parte de las deudas públicas son ilegítimas. El objetivo, por tanto, debería ser no pagar las deudas públicas. Cuando los países se recuperen (las ciudadanías) y se prespeten de nuevo los derechos de la gente (como ordenan todas las constituciones), ya veremos cómo y cuánto son esas deudas. Y qué hacer con ellas. Como hicieron Argentina , Ecuador y algún otro país. Porque no es aceptable en absoluto que los pueblos se hundan en la pobreza mientras la minoría rica afana beneficios obscenos.

¿Utópico? ¿De qué sirve si no tenemos el poder de un gobierno? Tal vez. Pero, cuanto menos, empezamos a extender la conciencia crítica entre la ciudadanía de la legitimidad de no pagar una deuda pública que nos ahoga y se utiliza para derribar los Estados que respetaban derechos sociales; eso que tan inadecuadamente se llama ‘estado de bienestar’.

Los medios de comunicación, cómplices necesarios de la crisis-estafa

La crisis-estafa avanza. Crece la protesta ciudadana y también la represión. Y la criminalización de la ciudadanía indignada y pacífica. En todas las fases de la crisis-estafa, los medios de comunicación han sido y son cómplices necesarios de la misma y del actual estado de cosas. La mayoría de medios.

Actualmente, desde Grecia a España, contribuyen a criminalizar a la ciudadanía resistente. En España, un grupo de indignados llamó, con escasa visión política, a asediar el Congreso de los diputados hasta que el gobierno dimitiera. Ingenuo, pero no violento. Estar ahí y esperar. Según la Asociación de Madres contra la Represión, el gobierno puso en marcha un plan para criminalizar a los manifestantes de esta convocatoria con detenciones preventivas antes de que ocurriera nada. Así fue. Con la complicidad de los medios de comunicación.

Semanas antes los voceros oficiales y espontáneos del partido del gobierno dispusieron de prensa, radio y televisión para tildar de ‘nazis’ y ‘proetarras’ a los activistas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, quizás la más eficaz, democrática y exitosa asociación ciudadana contra la crisis-estafa. Pues han convencido al país de que desahuciar a los insolventes que no pueden pagar su hipoteca, sin ofrecer alternativa alguna, es inaceptable y antidemocrático.

Peligrosos, violentos, totalitarios y antidemocráticos son adjetivos que abundan en boca de portavoces y muñidores gubernamentales para designar a los activistas ciudadanos contra la crisis-estafa. Con la colaboración de los medios, que no se olvide. Los medios pretendidamente informativos reproducen sin duda ni contextualización de los hechos los escasos episodios con alguna violencia, hechos que magnifican, sin indagar (ni referirse a la provocación de muy probables infiltrados), que aportan la violencia a las movilizaciones ciudadanas. En una gran manifestación cívica del 23 de febrero, las entidades ciudadanas promotoras se desmarcaron con contundencia de los episodios de violencia que hubo al finalizar y denunciaron la actuación comprobada de indeseables infiltrados.

En toda Europa, los medios maquillan u ocultan la delictiva e injusta crisis-estafa. Y, para rematarlo, repiten con cargante insistencia las falacias neoliberales; que las pensiones públicas son inviables; que hay que ganar la confianza de los mercados; que hay que rescatar la banca para la recuperación económica; que las reformas laborales crean empleo… En Europa, los medios repiten hasta la nausea que nada es más importante que rebajar el déficit de los estados. Con austeridad para lograrlo. Los medios también ocultan o tergiversan hechos en Ecuador, Venezuela, Bolivia, Argentina o Brasil. Porque esos países han osado hacer un corte de manga a los dogmas neoliberales y se preocupan por combatir de verdad la pobreza y repartir algo mejor la riqueza. Algo que no pueden soportar, porque les desmonta el tinglado.

Pero nada sucede porque sí. Desde 1971, el capitalismo tiene un plan de actuación. Es el Memorando confidencial. Ataque al sistema americano de libre empresa que Lewis F. Powell escribió a instancias de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, pero que se pretende válido para todo occidente. En ese memorando de seis mil seiscientas palabras, Powell explicó que universitarios, periodistas, intelectuales, artistas y científicos eran una amenaza para el capitalismo. Para marginarlos y persuadir a la ciudadanía de que el capitalismo es el único sistema posible, propuso que el capital iniciara una potente contraofensiva política y cultural. Para recuperar el dominio de clase debilitado tras treinta años de políticas sociales. Una ofensiva desde las escuelas, universidades y medios informativos. Y eso ejecutan desde hace cuatro décadas.

Porque la censura tradicional ya no es útil a la minoría rica y dominante. Prefiere desinformar, manipular noticias y hacer propaganda machacona del dogma neoliberal. Ocultación y manipulación de la realidad buscan también la impunidad de la minoría rica y sus servidores para evitar que rindan cuentas por su responsabilidad en los crímenes económicos contra la ciudadanía y el aumento de la pobreza y la desigualdad. Este estado de desinformación vigente pretende persuadir de que no hay nada qué hacer; que esta

Y para lograrlo, los medios son imprescindibles; cómplices necesarios de la minoría dominante. ¿Qué tiene la ciudadanía a cambio? La razón, la voluntad de cambio, la organización ciudadana. Y la Red, a pesar de los pesares.

Lo de Chipre apuntala la necesidad de enjuiciar a los responsables de la crisis-estafa

Por los pelos. Los medios informan de que Chipre se ha salvado por el canto de un duro de su expulsión de la eurozona. ¿Salvado? Veamos. La crisis, también en Chipre, es consecuencia directa de las maldades neoliberales: financiarización de la economía, baja fiscalidad, descontrol de movimientos financieros, opacidad bancaria, especulación… Y con completa certeza podemos afirmar que tales perversidades no han sido enmendadas, ni siquiera reconocidas como tales.

¿Se ha salvado Chipre? Grecia fue el primer país rescatado, en mayo de 2010; también Irlanda y Portugal. Y luego España recibió ayudas milmillonarias para sus maltrechos bancos. Como en esos países, las medidas de austeridad impuestas a Chipre reducirán sus ingresos fiscales, debilitarán al Estado al privarlo del sector público y convertirán su economía en un espejismo. Algo sobre lo que los medios han pasado de puntillas. Además de medidas financieras, ese rescate supone duras medidas de restricción que sufrirá la ciudadanía. Recortes presupuestarios, reformas (léase pérdida de derechos), privatizaciones y reducción del déficit. Siempre reducción del déficit, como en Grecia, Portugal o España. Diversos analistas aseguran que por ese camino Chipre seguro caerá en los próximos años en una depresión que supondrá una rebaja del 20% del PIB. Además de mayor sufrimiento personal masivo, empobrecimiento de gran parte de la ciudadanía y aumento de la desigualdad. Pero según el diario Fileleftheros, la troika pretendía aplicar medidas de austeridad aún más duras. La única noticia aceptable es que, finalmente, los pequeños ahorradores no serán desvalijados de su dinero para salvar bancos. Por ahora.

Sin embargo, como buena muestra de la necedad de la Comisión Europea, al comisario de Servicios Financieros, Michel Barnier, le faltó tiempo para prometer que los controles financieros aprobados sólo se aplicarán algunos días, porque cualquier restricción a la libertad de capitales, dijo, sólo puede ser “excepcional y temporal”. No aprenden.

Ni se enteran de que la crisis europea es justamente fruto del descontrol financiero establecido por los tratados de Maastricht y Lisboa, con la consagración de la reducción del déficit como nuevo becerro de oro y una generosa patente de corso para que los capitales hagan lo que les dé la gana sin control ni norma alguna, supeditando así los gobiernos soberanos a los beneficios de la banca.

En tal escenario de torpeza, ceguera y prepotencia de la Unión Europea y del FMI, Angela Merkel ha calificado el acuerdo chipriota como apropiado, porque “obliga a asumir responsabilidades a quienes han contribuido a causar los problemas”. Aparte de dudar de que Merkel tenga la menor idea de quienes son los verdaderos responsables de la crisis en Europa, si se trata de que rindan cuentas los responsables de la crisis, ¿qué hacemos, por ejemplo, con Draghi, Monti y otros “infiltrados” de la gran banca en la UE, cuyas acciones u omisiones contribuyeron sin duda a la crisis-estafa? Acciones como falsear y maquillar las cuentas griegas que perpetró Goldman Sachs para que Grecia ingresara en la eurozona. Banca de la que Draghi y Monti eran preclaros directivos. Pero no hay nadie en la cárcel ni siquiera procesado.

Puesto que en Chipre se repite en esencia lo ocurrido en Grecia, Irlanda, Portugal, España… cabe dar por buena la conclusión de Luis García Montero: “El capitalismo ha declarado una verdadera guerra de los ricos contra los pobres, de los mercados contra la soberanía cívica”. Y, por si hay duda, recordemos a Thomas Jefferson, quien hace 211 años diagnosticó que “los bancos son más peligrosos para nuestras libertades que ejércitos listos para el combate. Si el pueblo americano permite que los bancos privados controlen su moneda, privarán a la gente de toda posesión, primero con la inflación y enseguida con la recesión.” Lo que es aplicable a Europa y al mundo, por cierto.

Y, ya en esa línea de defendernos del poder financiero, el antropólogo británico Chris Knight recomienda que, puesto que “ricos y poderosos son responsables de saqueos y violencia a muy gran escala; detengamos ahora y condenemos a esos criminales de alto nivel y ya nos ocuparemos luego de los pequeños”.

Un buen programa tras estudiar lo que ocurre en Chipre y, por supuesto, en el resto de Europa.