Blanquear dinero sale barato en España

España es centro de blanqueo. O, dicho de otro modo, la lucha contra el blanqueo falla aquí más que una escopeta de feria. Incluso la OCDE (blanda contra el fraude fiscal) advierte a España de que la levedad de penas contra el blanqueo de dinero sucio hace de este Reino lugar privilegiado para evasores de impuestos y blanqueadores.

Pilar Blázquez nos explicó que en España la falta de castigos de verdad que teman los blanqueadores, convierte la lucha contra ese delito en un brindis al sol. Porque, aunque el Servicio de Prevención de Blanqueo de Capitales (SEPBLAC) hace su trabajo, analiza documentos y cruza datos en un modélico proceso para descubrir blanqueadores, la acción se frena cuando hay que castigar a los culpables. Que un caso de blanqueo acabe con cárcel para blanqueadores y cómplices es excepción, no regla. Según el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), equipo de la OCDE supervisor del blanqueo en el mundo, “las penas de prisión por blanqueo de capitales en España son muy bajas, no son disuasorias y el crimen organizado y los evasores fiscales ven España como lugar donde operar sin riesgo”.

También EEUU señala a España como país benévolo con el blanqueo y la OCDE denunció que en España ha habido pocas investigaciones de blanqueo en años y aún menos condenas. Pero no porque falle el SEPBLAC, que hace su trabajo. Falla quien decide sancionar o no. Que suele ser que no. No olvidemos que quien decide sanciones es la Comisión de Prevención de Blanqueo de Capitales del Ministerio de Economía. Es decir, es el gobierno del Partido Popular que, hasta la fecha, no ha mostrado entusiasmo alguno para acabar con el blanqueo y quienes blanquean.

Pero tal delito es posible por una verdad incontrovertible: el dinero negro fluye a su antojo por el sistema bancario internacional, como fluye el dinero legal con el que se camufla. Y ese libertinaje de capitales continuará mientras haya centros offshore, paraísos fiscales, consultoras fiscales y bancos cómplices. Los hay y habrá porque los pretendidos intentos de acabar con esos estados de cartón piedra de fiscalidad tramposa y dañina, que son los paraísos fiscales, son retórica y marear la perdiz. Voluntad política de acabar con el blanqueo, cero.

Da igual que además el blanqueo financie organizaciones terroristas, narcotraficantes y otras tramas criminales. Se impone la minoría rica que no ceja en su voluntad de no pagar impuestos. Recordemos que según cálculos conservadores de la propia OCDE, las grandes empresas eluden pagar casi un cuarto de billón de dólares anuales con enredos de filiales, delegaciones, servicios vinculados, activos intangibles y otras trampas presuntamente legales que revelan la ausencia de voluntad política de gobiernos y entidades globales para acabar con el fraude fiscal. Y, si añadimos las grandes fortunas que evaden y eluden impuestos a placer, el volumen del fraude fiscal deviene obsceno.

La Oficina de Naciones Unidas contra Drogas y Crimen pide soluciones drásticas contra el blanqueo que hace legales 2 billones de dólares anuales. Pero no parece que se consiga, porque evasión de impuestos y blanqueo de dinero van de la mano y la minoría rica insiste en no pagar los impuestos que debe. Que el mayor receptor de inversión extranjera en 2013 fueran las casi despobladas Islas Vírgenes británicas indica que hay blanqueo para tiempo. O que haya 234 bancos en las Islas Caimán con solo 50.000 habitantes. O que la pequeña isla británica Jersey en el Canal de la Mancha maneje más de 350.000 millones de dólares en fondos de inversión. Sin olvidar al gran paraíso fiscal que es EEUU que, mientras impone multimillonarias multas a bancos suizos y de la Unión Europea, por posible blanqueo de estadounidenses fuera del país, mantiene Delaware, Reno, Wyoming, Nevada o Dakota del Sur como auténticos paraísos fiscales. ¿Quién da más?

¿Por qué el blanqueo es un delito nefasto? Porque los Estados recaudan mucho menos y se vulneran derechos ciudadanos por no haber adecuados servicios públicos esenciales. Además crece la desigualdad y hay más incertidumbre, más pobreza y más sufrimiento, porque los Estados dejan de cobrar cientos de miles de millones de impuestos legítimos y obligatorios. La evasión de impuestos impide que el Estado cumpla sus deberes con la ciudadanía.

Los medios al servicio de la oligarquía

Hace unos años, Ignacio Ramonet escribía que “los medios informativos, en general, aparecen como un problema para la democracia”. Y lo son en tanto no reflejan la veracidad, pluralidad y diversidad de la sociedad. Lo cierto es que los medios presuntamente informativos no informan. Para que la ciudadanía no pueda formar una opinión pública crítica y rigurosa. Y, por eso siembran temor y miedo con sus noticias. Para socavar la esperanza de la gente. Pues sin esperanza no hay resistencia y sin resistencia no se cambia este mundo.

Con la excepción de algunos medios digitales, que informan con honradez, veracidad y rigor, en el Reino de España gran parte de los medios desinforman. Con avalanchas de noticias negativas fuera de contexto y sin exponer jamás sus causas. Ese aluvión de datos y mensajes, que buscan asustar, que no informan, moldea una opinión pública timorata y resignada. Eso pretenden.

Donde se muestra nítida esa función disolvente que perpetran los grandes medios es cuando informan sobre atentados terroristas. Servido con innegable amarillismo y sensacionalismo, jamás analizan causas y contextos de los actos terroristas. Para sugerir a la postre, directamente o de modo camuflado, que para afrontar al terrorismo no hay más remedio que aceptar el recorte de libertades. Llevan quince años insistiendo, desde el atentado de Nueva York.

Pero, si se trata de evitar víctimas, resulta que hay víctimas de diferente categoría y, por lo publicado o emitido, las del terrorismo son las que interesan a los medios de persuasión. Así parece al conocer que, según la estadounidense Coalición Nacional pro Personas sin Techo, con sede en Washington, en Estados Unidos mueren de frío cada año unas 700 personas que viven en la calle. Que no es de extrañar pues, desde el inicio de la llamada crisis, ha habido diez mil desahucios semanales en ese país, lo que significa que miles de personas han sido expulsadas de su hogar y se han quedado en la calle. Y calcula esa Coalición que han muerto de frío desde 2008 más ciudadanos estadounidenses que en todos los ataques terroristas en territorio de Estados Unidos en 20 años, incluido el brutal atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York. Pero esas víctimas mortales no interesan a los medios del sistema. Y así, el despliegue presuntamente informativo por atentados terroristas muestra las intenciones de los grandes medios presuntamente informativos: amedrentar a la gente para desmovilizarla.

Añadamos a ese amarillismo y ausencia de rigor el mantra reiterado, nunca demostrado, de que la única política económica posible es la de austeridad, recortes sociales, absoluta libertad de capitales, privatización de servicios públicos, moderación salarial e impunidad para agresores del medio ambiente, y ya tenemos el dibujo completo de la degeneración informativa en nuestros días. Más la suma de la banalización y frivolidad informativas para ganar lectores o audiencia usando emociones facilonas y epidérmicas, arrinconando el razonamiento, lejos de nosotros la funesta manía de pensar, que ironizó el poeta.

Sin olvidar que también juegan sucio con las palabras. Ignacio Escolar nos advirtió hace tiempo del uso perverso del lenguaje para el control social y que cualquier manipulación empieza corrompiendo el diccionario. Por eso llaman “gasto” al dinero invertido en guarderías, sanidad o pensiones, pero denominan “inversión” lo gastado en construir autopistas, aunque sean tan inútiles e innecesarias como las radiales de Madrid.

Una de las últimas trampas del lenguaje de los medios al servicio de la oligarquía es el uso de “copago”. Cuando no es “copago” sino “repago”, porque el ciudadano que paga parte de un medicamento ya lo ha pagado con sus impuestos.

Una muestra histórica de corrupción de lenguaje es la perpetrada por Aznar para poder enviar tropas españolas a la guerra de Irak. Según la Constitución española, sólo el Jefe del Estado, autorizado por las Cortes, puede declarar la guerra. Para evitar las Cortes, Aznar utilizó “conflicto armado” para hacer… la guerra a Irak de Sadam Hussein con Bush y Toni Blair sin decirlo claramente.

En resumen, se mire como se mire, con honrosas excepciones, los medios se erigen en peligrosos enemigos de la ciudadanía. Una respuesta y acción de resistencia es utilizar los avances tecnológicos para crear nudos ciudadanos de información veraz y rigurosa, al margen de los medios convencionales. Y denunciarlos. Pero nunca ceder, nunca resignarse.

De aquellos polvos estos lodos. El terrorismo no surge por azar o mala suerte

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó unánime una propuesta de Francia que reclama “todas las medidas necesarias para cumplir las leyes internacionales en zonas controladas por terroristas en Siria e Irak, redoblar y coordinar esfuerzos y prevenir y sofocar actos terroristas cometidos específicamente por el ISIS o Daesh y otros grupos o individuos de Al Qaeda u otros terroristas”.

Esa resolución de la ONU es la base del error estratégico de Occidente de que la guerra es la respuesta a los atentados. Pero un análisis del aumento del terrorismo en los últimos años explica que de pasados polvos vienen estos lodos. Dicho en plata, lo que hizo y hace Occidente está en el origen del terrorismo de hoy y la guerra no lo resolverá.

La guerra no acaba con el terrorismo, lo refuerza. Incluso Toni Blair y Hillary Clinton, nada sospechosos de pacifismo, reconocen que la invasión de Irak creó más terroristas. En realidad, la respuesta militar al 11-S en Afganistán e Irak fue el mayor estímulo al terrorismo de las últimas décadas.

Pero hay hechos más antiguos en el origen del problema terrorista. El reparto imperialista de Oriente Medio entre Francia y Reino Unido: el acuerdo Sykes-Picot de mayo de 1916. Dos años antes de acabar la I Guerra Mundial, Francia y Reino Unido trazaron fronteras que no existían, crearon países… y se los repartieron a partir de 1919. Siria para ti, Egipto para mí… Prescindieron de la voluntad de los pueblos árabes y los humillaron. Por el petróleo, por supuesto.

Más cerca en el tiempo, Jeremy Keenan, profesor e investigador de la Universidad de Londres, denunció que la ultraderecha estadounidense creó hace dieciocho años un programa llamado Estrategia, Fuerzas y Recursos para un Nuevo Siglo. Analizaba tal proyecto que el dominio global del mundo por Estados Unidos que buscaban no sería realidad… salvo que algo catastrófico permitiera una respuesta excepcional. Como fue el ataque de Japón a Pearl Harbour que hizo entrar a EEUU en la II Guerra Mundial.

Keenan y otros analistas consideran que los atentados del 11-S en Nueva York fueron el Pearl Harbor que necesitaba la minoría económica, política y belicista para justificar la llamada guerra contra el terror. Y además fueron una magnífica excusa para recortar libertades, porque las cuentas de resultados de las transnacionales y corporaciones no se llevan bien con los derechos de la gente. Los atentados se utilizaron también para militarizar regiones en función de los intereses de Occidente y, sobre todo, de EEUU. Como África, cuyas reservas de petróleo decidieron considerar estratégicas.

Pero en África no había terrorismo. Según documenta Jeremy Keenan, en 2002, EEUU creó el grupo P2OG para promover acciones desestabilizadoras y justificar reacciones antiterroristas. Keenan recuerda que la primera operación inducida fue el secuestro en el Sahara al sur de Túnez de 32 turistas europeos por un grupo desconocido hasta entonces, dirigido por un oficial de inteligencia argelino que había estado al servicio de EEUU. Tras el secuestro, el Pentágono estadounidense declaró zona terrorista la región del Sahara-Sahel, actuó en consecuencia y diez años después ya había terrorismo en esa parte de África .

En el recuento de causas, esos polvos que trajeron estos lodos, cuentan también las 44 intervenciones militares de Francia en África desde 1961, apoyando a dictadores o derribando gobiernos. ¿Alguien puede creer en serio que el feroz terrorismo actual no tiene que ver con lo que Occidente ha perpetrado y perpetra en África y Oriente Medio? Además, el creciente terrorismo yihadista nace y se forma en países de mayoría islámica cuyos gobiernos ha depuesto Occidente por la fuerza de las armas, como Irak, Siria, Libia y Yemen. Un caladero de nuevos terroristas. Por no hablar de los oscuros aliados árabes de Occidente. Según numerosos analistas, Arabia Saudí y países del Golfo financiarían grupos terroristas.

Por otra parte, Occidente no ha hecho nada por impedir la lucha entre suníes y shiíes en el mundo musulmán. O la ha alentado. Un conflicto de origen religioso que confronta Irán, Irak y Siria por un parte y Arabia Saudí y monarquías del Golfo por otra. Grupos y acciones terroristas nacen al calor de esa lucha.

¿Alguien cree de verdad que se puede vencer al terrorismo con terror? Repasemos. Las feroces campañas rusas en Chechenia, las intermitentes y brutales represalias israelíes en Gaza, los bombardeos e invasiones de Afganistán e Irak y hoy los bombardeos de Siria no han logrado un mundo más seguro ni derrotar al terrorismo. Por el contrario han generado más odio, ansias de venganza y más terroristas.

Urge combatir las causas, no los síntomas, porque lo peor del problema terrorista es que los muertos por esos lodos los pone la gente.

La ‘guerra’ contra el terrorismo, un error y un fraude

François Hollande, presidente de Francia, tras los atentados de París dijo que estamos en guerra. Unos llamados yihadistas (franceses y que dicen ser musulmanes) asesinaron a 137 personas e hirieron a 415 en la capital francesa. Radicalmente condenable. Pero estar contra quienes asesinan en nombre de dios, religión o nación no significa que debamos tragar las ruedas de molino de la clase gobernante.

Tras los atentados, los mandatarios de occidente han declarado la ‘guerra al terrorismo’. Pero ATTAC-Francia ha respondido a esa ‘viril’ declaración con cordura y lucidez que “no es nuestra guerra. Tras el desastre de EEUU en Irak y Afganistán, las intervenciones bélicas francesas en Irak, Libia, Siria, Malí, República Centroafricana, Chad y Níger han contribuido a desestabilizar esas regiones y a provocar una masiva huida de refugiados cuyos cadáveres llegan sin cesar a nuestras playas. Desigualdades e injusticias desgarran nuestras sociedades y Al Qaeda o el Estado Islámico logran su fuerza por esas injusticias. Esta guerra no conduce a la paz, porque no hay paz sin justicia”.

¿Por qué la reacción por los muertos de París? Recién hubo víctimas de terrorismo sin tanto ruido. Desde mayo ha habido más de 300 muertos y muchos más heridos por atentados terroristas en Arabia Saudí, Beirut, Irak, Kuwait, Pakistán y Túnez. ¿Son víctimas de segunda división?

Los gobiernos europeos van a la guerra porque creen tener un casus belli perfecto y la guerra siempre es buen negocio para quienes controlan política y economía. También aprovechan la situación y toman medidas para tener más poder y recortar libertades. En nombre de la seguridad. Cuando la mayor y más real amenaza es una vulneración de derechos sistemática sin que por ello haya más protección ni tranquilidad.

Sobre atentados y respuestas, Loretta Napoleoni, reconocida experta en terrorismo, asegura que “no es correcto decir que estamos en guerra. Un ataque como el de París no es guerra. Georges W. Bush cometió el mismo error cuando en 2001 declaró la guerra al terrorismo y miren lo que ha traído. La política de bombardeos es la verdadera razón por la que tenemos atentados en Europa”.

Porque hoy sabemos que la llamada ‘guerra’ contra el terror no acaba con el terrorismo. Noam Chomsky escribió que “hay una manera sencilla de acabar con el terrorismo, no del todo, pero sí en parte, y es dejar de participar en él”. Y, como han denunciado repetidamente Amnistía Internacional y Human Right Watch, el mundo no es más seguro hoy, quince años después de la declaración de guerra contra el terrorismo por Busch y occidente.

Se repite lo que ya sabemos que no funciona. Quince años después, las ‘guerras’ de occidente no han acabado con el terrorismo. Ni tampoco las presuntas medidas de seguridad que recortan libertades y violan derechos. Solo han cambiado los modos y formas de los ataques terroristas. Además de generar la mayor cantidad de terroristas de la historia reciente.

¿No apesta que casi la primera medida del gobierno francés ante los ataques haya sido suspender la gran manifestación ciudadana en París durante la cumbre del cambio climático? Por seguridad, claro. Además de volver a controles fronterizos, pinchar teléfonos e Internet sin autorización judicial, registrar viviendas a la brava… Cuantas más libertades se vulneren, más lejos está vencer al terrorismo.

Ben Emmerson, que fue relator especial para derechos humanos en la lucha contra el terrorismo, escribió hace años que “venceremos al terrorismo si somos fieles a nuestros valores: derechos humanos y Estado de derecho. Violar derechos y reprimir en nombre del antiterrorismo genera agravios y esas políticas crean condiciones para expandir el terrorismo”. Pero nuestros políticos mandatarios no aprenden ni bajan del burro, Tal vez, como explicó el profesor de Georgetown Norman Birnbaum, porque “la guerra contra el terrorismo, heredera bastarda de la guerra fría, es un gigantesco programa millonario que ofrece jugosos trabajos a expertos, ideólogos y charlatanes, además de justificar un gasto militar sin fin”.

Más allá de intereses espúreos, Loretta Napoleonni resalta que “los jóvenes que han atentado en París tienen muchos problemas económicos y de integración. Hay un desempleo juvenil increíble, mucho peor entre musulmanes. La pobreza crea terrorismo y la crisis económica genera las condiciones para mayor radicalidad. Si esos jóvenes tuviesen trabajo, familia y vivienda digna, no habrían hecho lo que hicieron”.

¿Cómo están tan ciegos esos políticos? Porque en el fondo del terrorismo está la pobreza, la desigualdad y la humillación que conllevan. Y, para que conste, la guerra proclamada contra el terrorismo aumentará los problemas de la gente común y causará muchas víctimas civiles inocentes, pero  el terrorismo seguirá .

El Estado Islámico y otras invenciones de Occidente

Diez de octubre de 2015. Gran manifestación en Ankara. Miles de personas recorren la ciudad condenando los atentados habidos y exigen la paz. Una gran explosión, provocada por dos terroristas suicidas, deja 95 muertos y 245 heridos. El peor atentado de la historia moderna de Turquía.

El gobierno turco aprovechó ese brutal ataque para acusar a las milicias kurdas del PKK con las que está en conflicto, pero fuentes de la seguridad del estado indicaron desde el principio que la masacre apuntaba al fundamentalista y sanguinario Estado Islámico (EI). Pero también hay otras responsabilidades y culpabilidades. Del atentado de Ankara y de otros.

Tal vez a alguien le parezca la trama cutre y sobada de conspiraciones propia de una película mediocre de serie B, pero hay evidencias para afirmar que los países más desarrollados de Occidente son también responsables de la barbarie islamico-fundamentalista. De su propia existencia. Cuando se comete un delito hay diversos modos de ser culpable. No asesina solo quien aprieta el gatillo. El derecho penal establece el grado de responsabilidad en la comisión de delitos. En los crímenes hay autores intelectuales, inductores, ejecutores, cómplices necesarios, cómplices y encubridores. De esas responsabilidades por crímenes terroristas, algunas corresponden a gobiernos occidentales. Recordemos.

El Estado Islámico es un despiadado grupo terrorista de milicias que dicen ser yihadistas suníes, se autonombran Califato de todos los musulmanes y hoy ocupan militarmente algunas ciudades de Siria. Se organizó en 2003 como grupo armado en la órbita de Al Qaeda para combatir la invasión estadounidense de Irak. Pero paradójicamente Estados Unidos ha apoyado a Al Qaeda desde sus inicios.

Osama bin Laden, fundador de Al Qaeda, fue reclutado y entrenado por la CIA en 1979 al comienzo de la guerra en Afganistán contra la Unión Soviética. La CIA también creó en Pakistán campos de entrenamiento para terroristas y de 1982 a 1992 reclutó más de 30.000 yihadistas para luchar contra la Unión Soviética. Anuncios pagados por la CIA en periódicos de todo el mundo llamaban a alistarse en la ‘guerra santa’, la Yihad, contra los soviéticos. Ronald Reagan incluso los llamó ‘luchadores por la libertad’. ¿La libertad de las mujeres afganas encerradas en un burka tal vez?

Más cerca en el tiempo, desde principios de 2011, en el intento de controlar el máximo territorio de Siria, el Estado Islámico no solo se ha enfrentado a tropas gubernamentales del dictador sirio, también a rebeldes laicos sirios que luchan contra el dictador Al Assad, a otros grupos musulmanes rebeldes y a nacionalistas kurdos.

El Estado Islámico impone la Sharia en los territorios que controla y Amnistía Internacional ha denunciado “torturas y ejecuciones sumarias” en centros de detención secretos del Estado Islámico, donde encierran a ciudadanos sirios por fumar cigarrillos, tener sexo fuera del matrimonio o simplemente pertenecer a un grupo que no sea el Estado Islámico. También han detenido a docenas de periodistas extranjeros y a trabajadores de organizaciones humanitarias. Y son conocidas por todo el mundo las brutales y sanguinarias decapitaciones que las televisiones han difundido .

El canadiense Michel Chossudovsky, director del Centro de Investigación de la Globalización de Montreal (Canadá), ha recopilado docenas de evidencias que muestran que el Estado Islámico fue creado con la colaboración y financiación de la CIA, el MOSSAD israelí y el MI6 británico más los servicios de espionaje pakistaníes y de Arabia Saudí. Además, la OTAN y el Estado Mayor del ejército turco han colaborado en contratar o impulsado la contratación de mercenarios para el Estado Islámico desde marzo de 2011, cuando empezó la guerra de Siria. Soldados de fuerzas especiales británicas y agentes de espionaje occidentales han entrenado a rebeldes yihadistas de Siria en tácticas de combate e incluso en utilización de armas químicas.

Todo empezó, según Chossudovsky y otros autores, con los atentados de Nueva York. Aquel brutal ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 proporcionó la justificación que buscaba la derecha estadounidense para atacar entonces Afganistán, que consideraban el estado patrocinador del terrorismo de Al Qaeda como casus belli. Y al mismo tiempo sentar las bases de la llamada guerra global contra el terrorismo que hoy dicen que se librar en Siria pero, ¿quiénes son los terroristas en esa guerra? Por otra parte, y es mucho más preocupante, los componentes de esa guerra tienen derivaciones en gran parte del mundo y son una espada de Damocles para las libertades y derechos de la mayoría de la gente.

En África, sin ir más lejos, donde hoy hay regiones, como el Sahel-Sahara, en las que hay  violencia armada continua gracias a la actuacion de los servicios secretos de EEUU y Francia, cuando no la había antes. Y es que materialmente esos oscuros servicios  han creado y promovido grupos violentos para justificar la presencia de fuerzas armadas occidentales. Otro día os lo cuento con detalle.

El terrorismo es un tremendo azote pero, como ha dicho Noam Chomsky, “hay una manera sencilla de acabar con el terrorismo, no del todo, pero sí en gran parte, y es dejar de ser parte del mismo”. En Occidente se ha recurrido al terrorismo y se ha promovido o permitido la actividad terrorista para ‘justificar’ el ataque a las libertades y derechos de la gente con el mendaz pretexto de que había que renunciar a algunas libertades para poder cazar a los terroristas. Y, no lo olvidemos, para defender a capa y espada los intereses de una minoría privilegiada. No en vano, Deepark Lal, asesor económico del Banco Mundial, dijo que la Guerra Global contra el Terrorismo era “una extensión de la defensa del mercado capitalista

Más claro, agua.

Nota. Recomiendo visitar un corto que explica la guerra de Siria y el conflicto de Oriente Medio con una claridad y lucidez encomiables. Es posible que algunos lo conozcáis. Lo encontráis en:

http://verne.elpais.com/verne/2015/09/21/articulo/1442834212_688727.html

Derechos o barbarie

Esta época es la de la mayor liquidación de derechos sociales de la población mundial. Pero esa aniquilación de derechos sociales es parte de una escabechina mayor. Todo estalló tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, atentados que le vinieron de perlas a la minoría dominante para sus planes de demolición, y ya en 2006 el lúcido analista Josep Ramoneda denunciaba que “la guerra contra el terror se ha llevado por delante los valores de la libertad individual, de la capacidad de todos y cada uno de pensar y decidir por uno mismo”. Porque el antiterrorismo se convirtió pronto en el supremo pretexto que engendró nuevas leyes que permitieron cargarse los derechos cívicos y políticos: que se pudiera detener sin garantías a cualquiera por meras sospechas y mantenerlo encerrado indefinidamente, entre otras atrocidades, además de recortes a las libertades de expresión, reunión, participación política… Nuevas normas establecidas de norte a sur y de este a oeste contra el terror (decían) que eran y son una burla del estado de derecho.

Y ocho años después, The New York Times revela que Barak Obama se reúne con altos funcionarios para decidir qué terroristas, presuntos terroristas o “combatientes enemigos” serán asesinados por drones (aviones bombarderos no tripulados) en Afganistán, Yemen, Pakistán, Somalia o Sudán. De momento solo en esos países. Los asesores de Obama reconocen que el presidente estadounidense tiene una reunión “antiterrorista” todos los martes para designar qué personas serán ejecutadas en nombre de la lucha antiterrorista. Hasta hoy, Estados Unidos ha perpetrado 268 ataques de drones. Según The Guardian, desde 2004 los drones han asesinado a más de 2.400 personas de las que más de 800 eran civiles y, de éstos, 175 niños. Estados Unidos tiene actualmente desplegados 7.000 drones.

En marzo se publicó el informe del Relator Especial de Derechos Humanos de la ONU, Christof Heyns, sobre ejecuciones extrajudiciales y arbitrarias. Una denuncia de lo inadmisible de los asesinatos selectivos, porque cualquier gobierno, con el pretexto de la lucha antiterrorista podría matar a cualquier persona en cualquier lugar, si la acción antiterrorista justificara todo y pudiera estar por encima de los derechos humanos. Que no lo está.

Inaceptable porque, con acciones como las ejecuciones por drones, los gobiernos se convierten en fiscales, jueces, jurados y verdugos. Inaceptable porque la acción homicida de los drones aniquila los derechos humanos de presunción de inocencia, juicio justo por tribunal imparcial y defensa. Y los derechos humanos no son de quita y pon. Siempre están vigentes y no admiten excepciones.

Human Rigths Watch ha denunciado la condescendencia y tolerancia de Estados Unidos y la Unión Europea con Estados autoritarios disfrazados de democracia y Estados que violan gravemente derechos humanos. Estados como Rusia, Pakistán, Bahrein, Jordania, Irak, Nigeria, Rusia, China Tailandia, Colombia, Etiopía, Arabia Saudí, Vietnam o Israel. Por no recordar, como ha denunciado Nuno Vieira, presidente del Consejo Europeo de Medicina Legal y asesor de la ONU, que también ocurren cosas terribles en países democráticos y que casi ningún país puede decir que no aplica tratamientos crueles a detenidos ni que es ajeno a la tortura.

Mientras tanto, continúan el sufrimiento y empobrecimientos de las clases asalariadas europeas. En Europa crece la pobreza y aumentan las personas que deben elegir entre una comida al día o caldear la casa, pagar la hipoteca o comer. En 2009 había en la Unión Europea más de 115 millones de personas pobres (23% de la población), cuando en 2007 eran 85: en dos años, 30 millones de pobres más. Y además, esos pobres son más pobres. Pero los gobiernos europeos continúan con sus políticas suicidas de recortes presupuestarios que son como cerrar hospitales en una guerra.

Violación sistemática de derechos cívicos y políticos, violación sistemática de derechos sociales y económicos; es decir, violación sistemática de derechos humanos. Esta es una época de barbarie hipócrita, de violación sistemática y sistémica de los derechos de la inmensa mayoría.

Lo inaudito e insoportable es que la casi totalidad de los 196 estados del mundo han firmado y ratificado la declaración de derechos humanos y la mayor parte de leyes internacionales derivadas de ésta; lo que significa que la Declaración de Derechos Humanos los obliga. Una declaración que afirma en su primer artículo que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. ¿Tienen idea de lo que significa esa frase y a lo que obliga?

La Declaración Universal de Derechos Humanos de ningún modo puede ser jamás papel mojado. O la barbarie se habrá instalado en el mundo para no dejarlo nunca.

Como siempre, la ciudadanía tiene la respuesta. Le va la dignidad, la libertad y la justicia en ello.

Lecciones de las crisis de 1929 y 2008

En 1929, mientras Europa se hundía en la depresión económica desatada en Wall Street, nazismo y fascismo se presentaban como la salvación. Europa era desempleo, miedo general, pobreza, odios… Y la bárbara sinrazón del totalitarismo se impuso y culminó en guerra mundial.

 Algunos se preguntan hoy si hacemos el mismo camino y acabaremos en guerra. Hay coincidencias, sí, pero no parece ser como entonces. Así como la minoría rica y privilegiada no recurre a militares para golpes de estado (por ahora) , tampoco le supondría negocio embarcarse en una guerra global que no se sabe como acabaría. No por decencia, sino porque no ganaría más. Ya tienen a buena parte de gobiernos del mundo en nómina para controlar la economía y mangonearlo todo.T suficientes conflictos bélicos locales y parciales para que su industria armamentística haga negocio.

 Pero sí hay otras coincidencias con aquella Depresión. Así como la cuestión de Danzig fue el pretexto que utilizó la Alemania nazi para atacar Polonia y provocar la segunda guerra mundial (que le permitió ocupar casi toda Europa), de modo análogo los atentados terroristas de Nueva York se aprovecharon para iniciar un ataque organizado y sistemático contra los derechos humanos de la ciudadanía. La llamada guerra contra el terrorismo sirvió en bandeja de pretexto a la minoría rica privilegiada para cercenar derechos cívicos y políticos. Una muestra de muchas: un ministro británico laborista en 2007 amenazó con una reforma que redujera poder al tribunal de la Convención Europea de Derechos Humanos si sus jueces no ajustaban sus sentencias a la política antiterrorista de Londres. ¡Increíble! O un senador estadounidense dijo sin rubor: “En guerra, las libertades políticas se tratan de modo diferente”. ¡Qué desfachatez!

Lo intuyó la juez americana Sandra O’Connor: “Conoceremos las peores restricciones de la historia a nuestras libertades”. Cuánta razón tenía. Desde 2001, nunca se recortaron tanto los derechos cívicos y políticos de la ciudadanía, sus libertades. En nombre de la sacrosanta seguridad y en lucha contra el terrorismo. Después, poco a poco, sin necesidad de Hitler, Mussolini o Franco alguno, el autoritarismo se afianzó en occidente. Hegemonía absoluta del poder ejecutivo, violación silenciosa generalizada de derechos humanos, gobiernos que gobiernan por decreto… Sin necesidad de partidos de masas amenazantes. El histrionismo de los años treinta se deja para el fútbol, que cumple su hipnótico papel.

Y es que los amos del mundo, la minoría rica con la complicidad de las clases dirigentes nacionales, buscan mantener adormecida e inofensiva a la ciudadanía. Y los gobiernos a sueldo de la minoría rica actúan como si tuvieran un cheque en blanco por contar con mayorías parlamentarias, a menudo exiguas. Aún no recurren a la represión sistemática, porque creen no necesitarla. Tal vez porque disponen de los medios informativos para manipular, ocultar realidades y engañar a los pueblos. Como denunció Vandana Shiva, “la globalización neoliberal ha arrebatado la soberanía a la ciudadanía para dársela a grandes empresas y corporaciones. Y lo han hecho gobiernos que han traicionado y traicionan los mandatos que los llevaron al poder político”.

 Así se vacía de contenido la democracia, reducida a ritual, incluso a espectáculo con las campañas electorales como show. El marketing y la publicidad sustituyen el discurso, el debate y la acción política, al tiempo que se prescinde de la ciudadanía, salvo como figurantes de la liturgia electoral. Parecido, sí, pero no igual, a los años treinta.

Eduardo Subirats ha escrito que “el poder financiero del mundo se concentra en manos de un puñado de corporaciones. Los sistemas nacionales permiten grados mínimos de soberanía social o encubren auténticos sistemas tiránicos en los que impera la corrupción. El autoritarismo del Estado se impone con la naturalidad de una voluntad divina”. Como en los treinta.

 Y tras recortar derechos cívicos y políticos, una escabechina de derechos económicos y sociales. Pero la ciudadanía resiste, se indigna, ocupa plazas y calles. Mientras, como en aquellos años oscuros, aumentan racismo y xenofobia y la ultraderecha fascistoide ocupa escaños en los parlamentos porque hay gente que no sabe afrontar sus miedos y vota la barbarie que falsamente señala como culpables a los diferentes. Cuando el culpable es de casa y no tiene otra patria que el dinero: la clase rica y privilegiada.

 Muchos hechos son parecidos a entonces, pero la minoría privilegiada viene a ser del mismo pelaje y calaña. Son el adversario a frenar y reducir; especialmenrte la banca. En la Historia han cambiado muchas cosas, despacio y acaso no como se esperaba, pero han cambiado. Porque el mundo nunca ha cambiado por voluntad de quienes detentan el poder; el mundo cambia a pesar de los que mandan. Cambia porque los explotados resisten y plantan cara. Como hoy.