Un sistema gangsteril

Un tal Luis de Miguel, ‘cerebro’ financiero de una de las mayores mafias de corrupción en el Reino de España (la trama Gürtel), presumió en el juicio contra los individuos de esa trama de haber logrado que la multinacional Alcampo no pagara impuestos durante 20 años, pese a sus considerables beneficios, gracias a sus planes de elusión. Fraude y elusión fiscales de grandes empresas son norma, no excepción. Suponen mucha menos recaudación para educación, sanidad, atención social; significa menos hospitales, menos escuelas, menos actuaciones sociales, menos apoyo al desempleo, más pobreza, más desigualdad…

No satisfechas con no pagar buena parte de impuestos, grandes empresas españolas consiguieron además considerables ayudas fiscales con el pretexto de su expansión internacional. Pero recién el Tribunal de Justicia Europeo anuló una sentencia favorable a esas empresas, justificando esa reducción fiscal.

Evasión de impuestos, trato fiscal de favor y corrupción van de la mano. La corrupción en España, por ejemplo, cuesta 90.000 millones de euros anuales según la Cámara Nacional de Mercados y Competencia. Casi 48.000 millones de euros perdidos son sobrecostes por ausencia de control del cumplimiento de contratas de administraciones públicas por empresas privadas. Las otras decenas de miles de millones son corrupción pura y dura, la de sobres y maletines bajo mano para pagar comisiones por adjudicar contratas públicas a empresas privadas. Corrupción que no cesa. Cada mes se destapan unos diez casos nuevos y, si en 2010 se arrestó a 389 presuntos corruptos en España, el año pasado fueron más de 2.400 los corruptores o corrompidos detenidos según el ministerio de Interior.

Otra prueba de inequívoca podredumbre del sistema es que aumentan las filiales de grandes empresas españolas en paraísos fiscales. ¿Para qué querrán las grandes empresas estar en esos  mal llamadas paraísos si no es para perpetrar tranquilamente el delito de no pagar impuestos? En 2013 y 2014, las filiales de grandes empresas del Ibex 35 en esas cloacas fiscales aumentaron un 10% hasta ser 891, según denuncia Oxfam Intermón en su informe ¿Beneficios para quién?

Para probar que la putrefacción es bastante general se ha sabido hace poco que el Banco de España escondió la morosidad bancaria que crecía al aumentar los créditos por la expansión de la burbuja inmobiliaria. Un Comité Técnico de Coordinación del Banco aleccionó a los inspectores de esta entidad reguladora para que fueran comprensivos y no pretendieran el total cumplimiento de la legalidad en la refinanciación de préstamos hipotecarios, por ejemplo.

Otrosí, en los últimos 15 años el flujo de dinero desde paraísos fiscales se ha multiplicado por cuatro y España no es una excepción. En 2015 el dinero de paraísos fiscales a España aumentó un 27% respecto al año anterior. Sin embargo, que aumente la inversión y beneficios en España por esa vía no ha incrementado los ingresos del Estado. Porque el gobierno determinó que los beneficios de empresas españolas en el extranjero casi no tributen aquí. Esa reducción de recaudación pública por evasión o elusión de impuestos es global. Según varios estudios, entre los que destaca el de Oxfam Intermón, la Unión Europea deja de recaudar cada año por evasión y elusión fiscales cientos de miles de millones de euros. Porque los gobiernos no se proponen de verdad acabar con la lacra del impago de impuestos. En realidad, lo favorecen y ahí están para demostrarlo los acuerdos secretos de algunos gobiernos europeos, como el de Luxemburgo, con  cientos de multinacionales.

No es cuestión baladí, pues en América Latina, por ejemplo, la delincuencia fiscal de grandes empresas cuesta más de 100.000 millones de dólares anuales a los países empobrecidos; esos que desde Occidente con increíble desfachatez denominan ‘países en desarrollo’. La recaudación evadida de gravar capitales (que los ricos latinoamericanos esconden en paraísos fiscales) sería suficiente para que más de 30 millones de latinoamericanos salieran de la pobreza. Por su parte, África pierde 50.000 millones de dólares anuales por movimientos ilegales de capital y con esa  evasión de impuestos, por ejemplo, Chad tardará más de cien años en reducir 2/3 partes la mortalidad infantil en la infancia hasta cinco años, pero lo lograría en 12 si esos impuestos se pagaran cuando y cuanto se debe.

Evasión de impuestos, trato fiscal de favor, favor y ayuda a delincuentes (los que provocaron la crisis), corrupción a mansalva, desposesión de la ciudadanía… Definitivamente éste es un sistema gangsteril. Y hay que enfrentarse a él, problema a problema, delito a delito.

Eludir el pago de impuestos debe tratarse como delito

Àlex Crivillé, campeón mundial de carreras de motocicleta, asegura en una entrevista que todos los deportistas del mundo del motor “están todos fuera: en Londres, en Suiza, en Andorra, en Mónaco… Es normal. Y el que no lo hace es un burro, así de claro: burro”. Cuando Crivillé dice ‘están fuera’ quiere decir en realidad que pagan impuestos fuera de España. Muchos menos impuestos, por supuesto. Crivillé pretende justificarse asegurando que los impuestos son muy elevados en España. ¿Qué diría de vivir en Suecia, Bélgica, Dinamarca o Italia? El nombre de Crivillé apareció en los Papeles de Panamá por haber cobrado derechos de imagen por una empresa pantalla, esas sociedades conocidas como offshore.

Sin tanta ordinariez al explicarse, las grandes empresas y corporaciones multinacionales practican la misma elusión fiscal que Crivillé pregona y como hacen tantos deportistas de ingresos multimillonarios. O sería más acertado decir que los Crivillé y compañía se escaquean de pagar impuestos como las empresas multinacionales.

En 2014, la multinacional Apple pagó solo la calderilla del 0,001% (cinco milésimas de unidad por ciento) por sus cuantiosos beneficios. Fue así porque declaró sus cuantiosos beneficios en Irlanda, que ofrece una inmoral rebaja fiscal, aunque obtuvo esos beneficios en varios países donde debería haber tributado.

Offshore Shell Games 2016 reveló que Apple registró 215.000 millones de dólares en empresas pantalla, por los que debería haber pagado 65.400 millones en impuestos al fisco de EEUU… si esos beneficios se hubieran declarado en ese país como es lo justo.

Desde multinacionales y corporaciones internacionales pretenden justificarse asegurando que la ‘elusión fiscal’ que perpetran es legal. Aprovechan agujeros legales y la falta de normas de control internacional para apenas pagar impuestos por los beneficios obtenidos. Esa elusión ‘legal’ de impuestos por quienes más ganan es posible por la innegable falta de voluntad política de la mayoría de gobiernos de la Unión Europea.

El mismo Crivillé explica que “recibes asesoramiento para gestionar tu patrimonio. No lo haces tú, te lo hacen los profesionales que te asesoran y dicen cómo lo tienes que hacer”. Evidentemente con trampas y trucos contables. El resultado es pagar mucho menos. Pero abogados y asesores fiscales se van de rositas tras contribuir al multimillonario saqueo de impuestos que nunca llegarán al Estado.

Dejar de pagar impuestos es un delito cuando es evasión pura y dura. Pero eludir impuestos, por más que se pretenda legal, atenta contra el mismo bien jurídico: la recaudación del Estado para atender necesidades y derechos de la ciudadanía. Por tanto, debe ser considerado tan delito como la evasión fiscal. Una mezcla de apropiación indebida y robo. Posible porque la clase política europea gobernante está al servicio de quien está. Tenemos elusión para rato.

¿Por qué en todos estos años de evasión y elusión de impuestos la Unión Europea no ha tomado una sola medida eficaz contra la fuga de impuestos por los paraísos fiscales? Porque no hay voluntad política real. Y es así aunque la misma UE considera que la evasión de impuestos cuesta como poco a sus Estados miembros de 50.000 a 70.000 millones de euros anuales de impuestos perdidos.

Y más que se perderán, porque de 2013 a 2015 se han triplicado los acuerdos fiscales secretos entre multinacionales y gobiernos europeos. Acuerdos ocultos, que permiten hurtar el dinero de impuestos necesario para satisfacer necesidades y derechos ciudadanos, ya son más de 1.400, según la Red Europea de Deuda y Desarrollo (Eurodad). ¿Imaginan cuántos millones de dinero de la ciudadanía, que ésta no disfrutará, suponen esos acuerdos?

En realidad, como ya se ha escrito, los paraísos fiscales, que facilitan la evasión y elusión de impuestos, son el lubricante del sistema capitalista. Hacen posible el robo masivo perpetrado contra la ciudadanía en tiempos de descenso de ganancias. Según Offshore Shell Games 2016, las empresas más ricas del ranking Fortune 500 tienen escondidos en paraísos fiscales casi 2,5 billones de dólares de sus ganancias. Beneficios que no pagan impuestos y así el pueblo es sistemáticamente despojado de sus derechos económicos y sociales por evasión y elusión fiscales.

Va siendo tiempo de llamar a las cosas por su nombre. La evasión de impuestos es un delito, un crimen, y eludir impuestos también ha de ser considerado como tal. Y, por tanto, hay que actuar con decisión y contundencia. Incluidas medidas penales.

El tope de déficit público erosiona y desfigura la democracia

Recordemos que en 2015 el déficit público en España se excedió, según canones de la Comisión Europea, hasta el 5% del PIB y en 2017 ésta exigirá que sea solo 2,5%. Para mantenerlo, el menor de recorte supondría 5.000 millones menos de gasto público. Así las cosas, en julio la Comisión Europea quizás inicie procedimiento por déficit excesivo contra España y Portugal. Francia se opone a sanciones, Italia tampoco quiere multas e incluso Alemania duda. Veremos. Los resultados electorales del 26 J en España serán decisivos para la postura de la Comisión y Consejo europeos. Si gana la izquierda en España, podría darse una traslación de la agresión a Grecia, una nueva versión del machacamiento del gobierno griego.

Pero más o menos déficit público no puede plantearse como lo hace la Comisión Europea. En los últimos años, varios economistas de prestigio, entre ellos premios Nobel de Economía (Stiglitz y Krugman), han denunciado el fracaso de la austeridad emprendida por la Unión Europea. Fracaso demostrado por el hecho incontestable de que la crisis no está superada, el crecimiento es patético y han aumentado hasta límites obscenos la desigualdad y la pobreza. Sin descartar además que estalle otra crisis financiera.

Ese fracaso descalifica la limitación de déficit que la Comisión y Consejo europeos exigen, así como las rebajas y recortes presupuestarios derivados. Pero, además, ahora toca averiguar cuan legítimas o no son las deudas públicas europeas. Deudas contraídas por los dirigentes sin tener prioritariamente en cuenta los intereses de la ciudadanía, pero sí los del poder financiero.

La deuda ilegítima fue definida por Alexander Nahum Sack, jurista y profesor de derecho ruso, y aceptada en el Derecho Internacional. Según Sack, si un gobierno contrae una deuda, para mayor fuerza de su régimen, olvidando a la población, esa deuda es ilegítima y la nación no ha de pagarla. Y son ilegítimas siempre las deudas contraídas sin tener en cuenta las necesidades y derechos de la población.

Las deudas, o parte, de varios países europeos se contrajeron y crecieron por la corta recaudación de las arcas públicas. Si el sistema fiscal no es equitativo y justo, endeudarse el Estado pierde legitimidad. Pues el gasto e inversión pública suficientes son imprescindibles para aliviar la situación de quienes sufren desde hace años los peores efectos de la crisis y corregir las crecientes desigualdades. Además de funcionar de nuevo la economía real.

Con escasez recaudatoria por elusión fiscal complaciente y evasión de impuestos tolerada, el Estado tiene menos recursos para cumplir sus obligaciones con la población. Es cuando el endeudamiento que suple las fuentes de recaudación y financiación habituales deviene ilegítimo. Porque el verdadero beneficiario del endeudamiento es el sector financiero, no el pueblo.

Cuanto más crezca la convicción de que parte de la deuda pública es ilegítima, antes habrá el estado de opinión necesario para presionar y reestructurar la deudas públicas. Reestructuración beneficiosa para la mayoría de población, pues reduciría el agobio del alto pago anual de intereses y permitiría mayor financiación para políticas sociales. En el Reino de España, la deuda pública ya supera el 100% del PIB y supone grandes partidas presupuestarias para pagar los intereses anuales de la deuda pública. En 2014 se pagaron unos 34.000 millones de euros de intereses. Cantidad en aumento desde 2008. El pago de intereses es la única partida presupuestaria que no se recorta.

En definitiva, la exigencia de la Unión Europea de reducir el déficit público es una intransigencia obscena para que algunos grandes bancos más BCE y FMI continúen con el jugoso negocio de la deuda pública para sus tenedores.

Pero la posible respuesta oficial de procedimiento por exceso de déficit público de España y Portugal coloca a la Comisión Europea en situación incómoda. Algunos estados miembros no ven bien que haya sanciones ni multas millonarias, que además nunca ha habido. Sin embargo, la Comisión, en su tozuda mantenella i no enmendalla, no se contenta ya con fijar índices máximos de déficit y estudia limitar el gasto desde Bruselas. La Comisión fijaría qué volumen de gasto público social acepta en los presupuestos generales de tal o cual país, pasándose por el arco del triunfo a parlamentos y gobiernos nacionales.

Si eso es democracia…

Paraísos fiscales, guaridas financieras

La OCDE y entidades similares, dignas de toda sospecha, no han elaborado en serio una lista veraz de paraísos fiscales. Incluso en los últimos años pretenden que hay muchos menos. Pero no, están ahí. Territorios donde apenas se pagan impuestos. Primera condición sine qua non. Que el secreto bancario es dogma, la segunda. Y la tercera, el inviolable anonimato de titulares de cuentas, depósitos y movimientos de capital. Y negar por sistema cualquier información fiscal o financiera. Porque lo suyo es ocultar datos, nombres, apellidos, capitales y ganancias. Para no pagar impuestos.

Hoy los paraísos fiscales campan impunes por Europa. Las diminutas islas británicas del canal de la Mancha, por ejemplo, y los pequeños estados de Liechtenstein, Mónaco, Gibraltar, Malta, Luxemburgo o Andorra, sin ir más lejos, tienen una bien ganada fama de paraísos fiscales. Mientras Austria, Holanda e Irlanda actúan también a menudo como ellos, sin olvidar a Suiza, por supuesto, que a pesar de alguna concesión reciente a la información, es aún buen lugar para esconder fortunas.

Los paraísos ya no son lugares exóticos con palmeras y playas de aguas cristalinas. En el nuevo panorama de la burla fiscal destaca Londres, por ejemplo. Aunque, por mayor precisión, la capital del escaqueo tributario sería la City, su distrito financiero. Ahí funcionan a todo gas excelentes operaciones de lavado y blanqueo. Con la necesaria complicidad del carísimo mercado inmobiliario de la ciudad. Genial para ocultar y lavar miles de millones de euros. Así se han blanqueado más de 150.000 millones de euros, según datos oficiales británicos. Y, siendo dato oficial, es probable que sea más.

El blanqueo es sencillo. Los súper-ricos de donde sea llegan a la capital del Reino Unido con billetes en mano o en maletín y compran, por ejemplo, un apartamento, ático o palacete, cuanto más caro, mejor. Nada de nombres ni apellidos, of course, y los propietarios no pagan ni un chelín de impuestos. Los Papeles de Panamá desvelan que los propietarios de cuarenta mil carísimas propiedades inmobiliarias londinenses… son empresas con sede en paraísos fiscales. Y ahí la hacienda británica no tiene nada que rascar.

En el nuevo panorama del pirateo de impuestos, los Estados Unidos de América funcionan como paraíso fiscal. Así lo denuncia un reciente informe del grupo parlamentario europeo Los Verdes. Explican que en Estados Unidos está la quinta parte de los servicios financieros del mundo para ciudadanos no residentes. ‘No residentes’ es jerga de paraísos para designar a su clientela. Son cuentas, depósitos, otras ocultaciones, inversión y especulación de no estadounidenses sin nombre ni identificación. Y da igual que la OCDE acuerde el intercambio automático de información financiera y fiscal entre sus estados contra el blanqueo y la evasión fiscal. Estados Unidos no forma parte de ese acuerdo y no da ni dará información.

El informe de Los Verdes denuncia que catorce Estados de Estados Unidos actúan como paraísos fiscales. Y en Delaware, Nevada y Wyoming se pueden registrar con suma facilidad empresas-pantalla o fantasma. Indispensables en la evasión fiscal. Solo existen en el papel y no se sabe ni se puede saber quiénes son sus propietarios, accionistas y gestores. Ni quienes se lo llevan crudo. Para hacerse una idea del tinglado, en el estado de Delaware (con la misma superficie que la pequeña Rioja y 860.000 habitantes), en el número 1209 de la calle Orange de la pequeña ciudad de Wilmington, tienen su sede más de 285.000 empresas. Más apretadas que los personajes del camarote de los hermanos Marx.

Otrosí, las patrióticas empresas del Ibex 35 en 2014 tenían más de cuatrocientas empresas filiales con sede en ese aprovechado edificio de Delaware. Y casi novecientas en total en ese y otros paraísos fiscales. ¿Para qué será?

Echando la vista siete años atrás, temblorosos mandatarios europeos ponían a dios por testigo de que acabarían con los paraísos fiscales. Fue tras el hundimiento de Lehman Brothers que tanto acoquinó a las élites. Pero, pasado el susto inicial, se olvidaron de propósitos de enmienda y hoy los paraísos gozan de excelente salud. Con su ayuda, ésta es la era de la evasión fiscal. Además, esos paraísos han crecido como setas en el bosque tras lluvias otoñales y no pagar impuestos o impuestos ridículos ya es plaga, epidemia.

En aras de la decencia semántica, deberíamos dejar de llamarlos paraísos fiscales. Mejor guaridas financieras.

Los paraísos fiscales, tan peligrosos como el yihadismo

El bufete panameño de abogados Mossack Fonseca organizó en paraísos fiscales la oscura transferencia de bienes de 1.200 sociedades. Para evadir impuestos. Lo revelan los  llamados Papeles de Panamá filtrados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación.

Esa masiva y organizada evasión fiscal tiene la misma voluntad e intención que las rebajas de impuestos a los ricos perpetradas a partir de los 80. Ronald Regan y Margaret Thatcher fueron los primeros en cargarse el progresivo sistema de impuestos, que establecieron gobiernos socialdemócratas tras la II Guerra Mundial, en el que pagaba más impuestos quien más tenía y más ganaba.

¿Qué tiene que ver el fraude fiscal revelado en los Papeles de Panamá con las indecentes, pero legales, rebajas de impuestos a los más ricos que iniciaron Reagan y Thatcher? Todo. Quienes recurren al bufete panameño no quieren pagar impuestos, lo mismo que buscan quienes presionan y consiguen fiscalidades complacientes para pagar mucho menos. de lo que les corresponde en justicia.

Certifica la escandalosa rebaja de impuestos a las élites uno de los hombres más ricos del mundo, el estadounidense Warren Buffet. Este milmillonario  ha calculado que sus empleados pagan en impuestos y seguros sociales casi el 33% de sus ingresos, cuando él solo paga un 17,7%. Y dice que nadie en su empresa paga menos que él. Muy esclarecedor.

La indecente rebaja de impuestos a ricos pretende que, al pagar esos menos impuestos, disponen de más capital para invertir, activan la economía, ésta crece y se crea empleo. Falso. Nunca ocurrió. El poder económico paga hoy muchísimos menos impuestos que hace 40 años, pero ese dinero no pagado en impuestos no activa la economía real. Especula en el casino financiero.

Ese emperramiento capitalista en ganar cada vez más lo retrató Cayo Largo de John Huston. En un hotel de Florida coinciden un soldado, que regresa tras la segunda guerra mundial, y el gángster Johnny Rocco. En una tensa discusión, el soldado pregunta retóricamente: “¿qué quiere Rocco?” Y se responde el mismo: “Quiere más”. Y Rocco confirma: “Eso es, quiero más”. El soldado pregunta de nuevo: “¿Alguna vez Rocco tendrá bastante?” Y Rocco contesta: “Nunca tengo bastante”.

Evadiendo impuestos o pagando mucho menos legalmente, además de ganar desposeyendo al pueblo trabajador, los capitalistas son como Rocco. Nunca tienen bastante.

Los paraísos fiscales propician la evasión fiscal masiva, pero gobiernos y entidades internacionales no tienen la menor voluntad política de enfrentarse a ellos más allá de brindis al sol. Mantienen el secreto bancario contra viento y marea, gasolina de la evasión fiscal, y en la misma Europa florecen impunes los paraísos fiscales. Suiza, islas del canal de la Mancha, Luxemburgo, Liechstentain, Gibraltar, Andorra, Austria, Holanda, la City de Londres… No hay voluntad política de los Estados para acabar con el secreto bancario y de esos polvos de hermetismo bancario vienen los lodos del fraude fiscal masivo.

Ante la desfachatez evasora de los ‘Papeles de Panamá’ urge un sistema de impuestos fuerte, justo, progresivo y suficiente. Como mínimo como el que había antes de los 80, antes de la patente de corso a los ricos para no pagar impuestos. O apenas, como Buffet. Y acabar con la trampa del recurso sistemático a la deuda pública para suplir la menor recaudación tributaria.

Ante las revelaciones de los Papeles de Panamá, el movimiento internacional ATTAC exige que el Estado tome medidas contundentes contra la evasión fiscal e impago de cotizaciones. En España, por ahí se pierden 90.000 millones de euros anuales según el sindicato de Técnicos de Hacienda (GHESTA). ¿Cuantos problemas, pobreza y desigualdad no se resolverían de disponer de esos miles de millones de euros más?

Pero no sólo en España. Según explica Gabriel Zucman en La riqueza oculta de las naciones, hay casi seis billones de euros en activos financieros ocultos en paraísos fiscales. Y por eso las haciendas públicas dejan de recaudar anualmente 130.000 millones de euros de impuestos que se evaden.

Secreto bancario, anonimato de grandes fortunas y opacidad de transacciones financieras son la esencia de los paraísos fiscales. Para evadir cientos de miles de millones de impuestos de los que se despoja a la ciudadanía. Hay que empezar a ver a los paraísos fiscales y la evasión de impuestos como una amenaza tan grave como el yihadismo para poder llevar una vida digna y segura. Y actuar en consecuencia.

Estafa Volkswagen, la verdadera naturaleza de capitalismo

Timar es hurtar con mentira, engañar con promesas, que no se cumplen ni cumplirán, en beneficio del timador. La empresa Volkswagen tima desde hace años a quienes han comprado algunos de sus modelos. Manipuló millones de vehículos para ocultar que emitían más gases contaminantes de los que permite la ley, instalando en los motores un programa informático que falsea los resultados de las pruebas oficiales que miden esos gases.

Desde mayo de 2014, la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EEUU (EPA) investigaba las emisiones de gases de automóviles Volkswagen en California. La investigación demostró que vehículos de esa marca emiten más dióxido de nitrógeno que el permitido y la EPA acusó a la firma alemana de falsear las emisiones de casi medio millón de vehículos en EEUU. Pillada en fraude, Volkswagen admitió la manipulación de vehículos diésel y reconoció que el fraude no solo afectaba a vehículos estadounidenses, sino a 11 millones de automóviles en todo el mundo.

Un ministro sinvergüenza, no diré de que país, ha osado decir que el caso Volkswagen es algo aislado… Pero justamente es todo lo contrario. Es sistemático y sintomático. Un timo de grandes proporciones, con premeditación y alevosía, además de un grave delito contra la salud pública.

El caso Volkswagen certifica que no hay capitalistas buenos y capitalistas malos. No es el problema de una minoría codiciosa que estafa y delinque. Esas actuaciones son parte esencial del sistema. No hay capitalismo bueno y capitalismo malo. Ya lo advirtió David Harvey: quizás el capital funcione indefinidamente, pero provocará la degradación progresiva del planeta y el sufrimiento creciente de la gente. Más contundente y gráfico es Manuel Freytas cuando escribe que “el capitalismo no es otra cosa que una empresa de ladrones con un ‘sistema’ económico, político y social en el mundo para legitimar con leyes el robo masivo y planetario del trabajo social y de los recursos naturales”.

El timo de Volkswagen abona esas afirmaciones. Y ante situaciones así la cuestión es sencilla. Priman los derechos humanos de la gente (incluido el derecho a la salud y a medio ambiente limpio) o los beneficios de unos pocos. Una cosa u otra. Ambas no son posibles.

Recordemos la historia reciente para comprender qué pasa. La principal razón del progresivo ‘endurecimiento’ del capitalismo y la causa del auge del llamado neoliberalismo (el capitalismo más cuatrero) es la reducción de beneficios en la inversión productiva. A finales de los años sesenta, tras el crecimiento económico y la prosperidad que se dispararon después de la II Guerra Mundial, los beneficios de los capitalistas empiezan a bajar. Ahí empezó todo.

Esa reducción de ganancias en la inversión productiva en los países desarrollados lleva a una financiariación de la economía a partir de los setenta. Todo lo que hay u ocurre sobre la Tierra puede convertirse en activo financiero y, por tanto, ser vendido y comprado en los mercados financieros como producto financiero. Sin relación directa con la incertidumbre de la inversión productiva.

Además de esa financiarización galopante, como recuerda Harold Meyerson, “cuando se frena el aumento de beneficios en los años setenta, los ricos cambian los códigos fiscales, las reglas financieras y la negociación colectiva de los trabajadores para apropiarse de una porción sin precedentes de la renta nacional”. Pero no bastó. La corrupción, el fraude y la evasión fiscal se convirtieron en medios sistemáticos para conseguir esos beneficios que la inversión productiva ya no proporcionaba porque había llegado la sobreproducción para quedarse.
Por todo eso, acabar con la nefasta financiarización de la economía, el fraude y la corrupción institucionalizados no es cuestión de mayores controles a la banca, entidades financieras y grandes empresas. No basta en absoluto. Es el propio sistema el que está podrido, porque lleva en su ADN la trampa y finalmente la devastación. Le ocurre como al escorpión que pidió a una rana que lo llevara en su lomo a la otra orilla de un río caudaloso; en medio de la travesía el alacrán picó al batracio y ambos se ahogaron. Cuando la rana preguntó, mientras se hundían, por qué la había picado, si él también moriría, el escorpión espondió: es mi naturaleza.

Todo el capitalismo es depredador y muy peligroso. La única manera de evitar el desastre hacia el que vamos es eliminar el capitalismo, es decir, suprimir la propiedad privada de medios de producción, servicios y entidades financieras. Que no será fácil ni rápido, desde luego.

Austeridad, banca, Alemania y Grecia

Tras un baile de rumores, medias verdades y mentiras enteras sobre lo que ocurría o podía ocurrir entre la Unión Europea y la Grecia de Siryza, el ministro de Finanzas griego Varoufakis presentó al Eurogrupo una propuesta de reformas y decisiones para que su país continúe recibiendo ayuda financiera. Una propuesta, por cierto, que, aún no siendo satisfactoria del todo, no arroja al pueblo griego a los pies de los caballos como hasta ahora. La extensión del préstamo a Grecia durante cuatro meses más incluía la condición de que ésta aportara medidas que convencieran a los prestamistas internacionales, sobre todo a los bancos alemanes, de que no eludiría sus compromisos.

El gobierno de Siryza ha presentado esa lista y, como remarca el economista estadounidense Michel Hudson, está de acuerdo en equilibrar el presupuesto, pero desde otra perspectiva a la habida hasta ahora: en vez de rebajar las pensiones de los trabajadores, recaudará los miles de millones de impuestos atrasados de potentados griegos y desarticulará las trampas de los propietarios de bienes raíces que evaden impuestos. Por ejemplo.

La Unión Europea no ha tenido más remedio que considerar “bastante positiva” la lista de propuestas en la que destaca el plan contra el fraude fiscal, mejorar la recaudación tributaria, reformar la Administración para ahorrar gastos y que sea más eficaz, así como dar facilidades a empresarios deudores del estado griego para poder liquidar sus deudas tributarias o de cotizaciones sociales sin ahogarse. De momento, el gobierno griego acepta no aumentar ahora el salario mínimo, pero no permitirá nada contra las pensiones públicas. Un triunfo incompleto de Grecia sin duda, pero no es la aceptación de la ruina popular como consintió el anterior gobierno con el primer y segundo rescates.

Alemania ha sido la nota discordante al no considerar positiva las propuestas del gobierno griego. Como dice el economista alemán Fabian Lindner, Alemania pretende justificarse con la fábula de que los perezosos trabajadores griegos se aprovechan de los laboriosos alemanes, que han aplicado una responsable austeridad y así han superado la crisis. No es cierto. Olvidan que, más allá de la huera retórica de la austeridad, Alemania ha sobrellevado la crisis por las exportaciones a esos países del sur europeo que mira con tanta desconfianza, pero sobre todo no porque se haya apretado el cinturón, sino por la generosa ayuda gubernamental a empresas y bancos y un considerable paquete de fiscalidad estimulante más los generosos subsidios estatales para conservar los empleos.

No es cuestión de países, como pretenden muchos titulares. Como dice Michel Hudson, “lo que ocurre con Grecia es lucha de clases. No es Alemania contra Grecia, como repiten hasta el tedio los medios informativos, sino una verdadera guerra de los bancos contra el mundo del trabajo”. Y añade que no es cierto que el poder financiero quiera que Grecia equilibre su presupuesto sin más; lo que en verdad busca es que equilibre el presupuesto rebajando salarios y recortando pensiones. Por el contrario, Siryza propone equilibrar el presupuesto, que es necesario, haciendo que los ricos paguen lo que deben. Alemania, mejor dicho su élite económica y financiera, ha impuesto a Europa una estéril austeridad que ha convertido la crisis financiera de la eurozona en crisis vital europea que paga la ciudadanía. Pero no es cuestión nacional, porque el capital no tiene otra patria que la acumulación de beneficios, es que el desde hace tiempo inestable sector financiero se ha convertido en una auténtica fuerza de destrucción masiva, como escribió el Nobel Paul Krugman.

Así las cosas no habrá salida para Grecia, para Portugal, para España ni para Italia en tanto no se afronte el apalancamiento general, la inestabilidad camuflada, la despatrimonialización de la banca europea y la desregulación financiera que otorga patente de corso a la banca. Ya en 2011 el entonces profesor Yanis Varoufakis escribió que “la razón fundamental por la que Europa permitía una crisis de deuda, perfectamente evitable pero que engulliría a los países del sur europeo, era el lamentable estado de los bancos alemanes y la determinación del gobierno alemán de que nada permitiera conocer la precaria situación de esos bancos”. Porque, no nos engañemos, la banca no está tan bien como pretende.

Si estuviera hoy aquí don Quijote, a la vista de tal panorama, parafrasearía: ¡Con la banca hemos topado, amigo Sancho! El gran obstáculo para que Grecia y Europa en general se recuperen.