Si pagamos los de siempre, no es solución

Cuando despertó, el neoliberalismo seguí allí. La paráfrasis del microcuento de Monterroso (‘Cuando despertó, el dinosaurio estaba allí’) la tomé prestada de Isaac Rosa, ganador del premio Rómulo Gallegos de literatura. Expresa de modo genial como la minoría privilegiada y sus servidores aprovechan la crisis para que todo continúe igual. Caiga quien caiga.

Hace un año, esa privilegiada minoría rica tembló, acoquinada por el que parecía inminente hundimiento de Lheman Brothers. Pero llegó el Séptimo de Caballería en forma de ayuda del gobierno de los EEUU y de otros países, que rescató a esa minoría de ricos, codiciosos sin freno, especuladores e incompetentes. Los rescató con dinero de los contribuyentes . Al poco, perdieron el miedo y volvieron a las andadas. Pero la inmensa mayoría ciudadana del mundo aún no ha sido rescatada y tiene la vida pendiente de un hilo.

Se destruye empleo sin parar, muchos países se empobrecen más y ya hay 1.000 millones de hambrientos. Y osan hablar de recuperación. No hay recuperación. Quizás en cifras, meramente estadística, que maldito remedio que aporta. No hay recuperación que alivie a los ciudadanos, la única aceptable. Además, en Europa la dicha recuperación se frenó bruscamente a finales de 2009.

¿Y el G-20, que pilotaba la salida de la crisis? Palabrería sobre la imprescindible reforma financiera, regulación y coordinación. Pero nadie le pone el cascabel al gato. Nadie le mete mano a la reforma del sector financiero, como recuerda François Chesnai, “no se entiende que los Estados que rescataron los grandes bancos, comprando acciones para salvarlos de la quiebra, no ejerzan el derecho que poseer mayoría de acciones les da para eliminar abusos en remuneraciones y gratificaciones, para cortar de raíz la especulación financiera y para eliminar la renuencia a conceder créditos a la economía productiva”.

En cambio, los grupos de presión de Wall Street, defensores sin pudor de los intereses de la minoría privilegiada, sí se atreven a paralizar las propuestas de reforma financiera. Desde hace un año, en EEUU está congelado un proyecto de ley contra la evasión fiscal y el fraude utilizando paraísos fiscales.

Es decir, cuando bancos y similares han tenido dinero (público) en sus insolidarias manos, han vuelto alas andadas: operaciones oscuras, manipulación financiera desbocada, gratificaciones millonarias obscenas para ejecutivos… Pero a los ciudadanos de a pie, sacrificios. Recortes sociales y congelación o disminución de salarios.

A los bancos, de momento ni tocarlos. Ésa parece la consigna de gobiernos de países desarrollados. ¿cómo responde el gobierno de Papandreu (socialista) a la crisis aguda en Grecia? Congelando salarios de empleados públicos (los privados lo están tiempo ha), recortes sociales, aumento del IVA (impuesto que no distingue entre ricos y pobres), reformas “estructurales” (reducir salarios, retrasar edad de jubilación y despido barato)… En España, Zapatero (socialista) también prepara recortes, aumentar el IVA y reformar las pensiones (que los asalariados se jubilen más tarde y cobren menos).

Dicen esos primeros ministros socialistas que dejarse gobernar por la muy neoliberal Comisión Europea es lo mejor. Que pagué la mayoría, que son más y, además, y no pueden (o no saben) resistirse. Como ha escrito Manuel Rivas, “la crisis ha sido por la inconsciencia de los ricos y la solución es quelos pobres les echen unas mano”.

Pero no rezonga así sólo la Unión Europea, también el FMI señala que España. Grecia, Portugal… tendrán que rebajar salarios. ¡Aún más! En diez años, según la OCDE (que no es precisamente una organización de izquierda) la renta salarial española ha aumentado realmente menos de medio punto por ciento, teniendo en cuenta el valor adquisitivo verdadero, aumentos de precios y demás. En ese mismo período, la renta empresarial ha aumentado un 37%.

Para el FMI,las únicas reformas posibles son recortes para los trabajadores y clases medias modestas y mantener los privilegios de la minoría rica, del capital. No se tocan las ventajas fiscales de los ricos, su impunidad real para evadir impuestos ni los paraísos fiscales que pemiten todo esos desmanes. A los hechos me remito.

El Nobel de Economía Stigtlitz ha avisado de que que los planes de austeridad con que amenazan Grecia y España como planes contra la crisis, “pueden disparar el desempleo”.

Otro Nobel de Economía, Krugman, asegura que “antes o después este sistema desenfrenado estaba destinado a estrellarse. Y, si no se realizan cambios fundamentales [en el sector financiero] el problema volverá a repetirse”.

Más claro, el agua clara. Si paga la inmensa mayoría, da igual que suceda. No es la solución. Es lo de siempre.

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La lucha contra las drogas es interesada, inútil y perniciosa

Conocedor del feroz caos de la confrontación entre narcotraficantes y México, Vargas Llosa ha escrito “esta guerra, feroz, ha dejado ya más de quince mil muertos, incontables heridos y enormes daños materiales (…)”. Y añade el pavoroso testimonio de Felipe Calderón, presidente de México, de que “los cárteles se han infiltrado como una hiedra en todos los organismos del Estado y los sofocan, corrompen, paralizan o ponen a su servicio. Cuentan para ello con una formidable maquinaria económica, que les permite pagar a funcionarios, policías y políticos mejores salarios que la administración pública, y una infraestructura de terror capaz de liquidar a cualquiera, no importa cuán protegido esté”. Para concluir que “es absurdo declarar una guerra que los cárteles de la droga ya ganaron”, porque hay otra solución que “consiste en descriminalizar el consumo de drogas, tal como sostienen The Economist y buen número de juristas, profesores, sociólogos y científicos en el mundo”.

Incluso Vargas Llosa está por la despenalización de las drogas, pero ni caso.

Lo grave de la estúpida prohibición de las drogas es que sabemos desde tiempo las consecuencias de las prohibiciones de origen moral por la salud pública. Como escribe el filósofo Fernando Savater, “¿alguien cree de verdad que un negocio fabuloso, nacido precisamente de la prohibición de las drogas (sustancias que son deseadas por mucha gente), así como de la persecución de la venta de algo que quiere ser comprado, va a poder ser liquidado con prohibición y persecución?”.

Tenemos un esclarecedor antecedente en La Ley Seca de Estados Unidos (que prohibía las bebidas alcohólicas), derogada en 1933 por fracaso absoluto. Según el Senado que la derogó, las consecuencias de la prohibición fueron corrupción enorme, injusticia, la aparición de muchos más delincuentes más el establecimiento y fortalecimiento del crimen organizado.

Mientras se tramitaba la enmienda que derogaba esa ley, en 1933 se reunieron jefes de las mafias judía, italiana e irlandesa para elegir otra sustancia prohibida que sustituyera el alcohol que iba a ser legal. Arnold Rothstein, jefe de la mafia judía, aseguró que la prohibición de la heroína, decretada ese mismo año, los salvaría de los nefastos resultados económicos previsibles a causa de la legalidad del alcohol.

Además, la Prohibición en 12 años no consiguió que se redujera el consumo de alcohol; al contrario, durante la Ley Seca creció más de un 10% el número de bebedores en Estados Unidos. Al no haber control sanitario por el Estado de las bebidas alcohólicas, murieran 30.000 personas por ingerir licores con alcohol metílico y más de 100.000 sufrieran ceguera o parálisis parcial o total por la misma razón.

La irracionalidad de la lucha contra las drogas hizo escribir en 1986 a Antonio Pedrol Rius (hombre conservador que fue presidente del Consejo General de la Abogacía de España y de la Unión Iberoamericana de Colegios de Abogados) que “la guerra contra los narcotraficantes, tal y como se lleva con represión policial y judicial, se está perdiendo. Se lucha contra un monstruo económico que mueve miles de millones de dólares y corrompe. La única alternativa válida es darles la batalla en el campo económico. Vengo proponiendo reiteradamente que se declare la droga comercio del Estado. Se podrá comprar, pero se deberá adquirir al Estado. Si se vende a riguroso precio de coste, la competencia del narcotraficante, que vende a cien lo que le cuesta uno, será ruinosa”.

En 1998, más de 630 filósofos, escritores, jueces, juristas y políticos (entre ellos, 8 premios Nobel) pidieron a la ONU despenalizar todas las drogas. Según ellos, la guerra contra las drogas causa más daño que el consumo y abuso de drogas. Incluso Milton Friedman (padre del neoliberalismo  extremo, poco sospechoso de izquierdismo) dijo que la guerra contra las drogas está perdida de antemano y propuso legalizarlas todas.

Pero quienes se nutren de los gigantescos presupuestos de la lucha antidrogas tienen mucho que perder con la despenalización. Y a los gobiernos les va de perlas ese enemigo a abatir en que se han convertido las drogas.

Tenemos prohibición para rato. Y crimen organizado, potente corrupción en muchos estados… Y, además, drogas a mansalva, porque hay pocas cosas tan inútiles como la lucha contra las drogas.

Están contra los pobres, no contra la pobreza

Silvio Berlusconi ha afirmado que “reducir los inmigrantes clandestinos significa que habrá menos criminalidad”, equiparando inmigración y delincuencia. Su gobierno ha decretado que ser inmigrante sin permiso de residencia en Italia es un delito y los inmigrantes irregulares pueden ser retenidos hasta un año y medio. O condenados a penas de seis meses a cuatro años de cárcel.

El Berlusconi que equipara inmigración sin permiso de residencia con crimen es el mismo con varios procesos judiciales por diversos delitos en marcha en los últimos años. Procesos de los que se ha escapado y escapa reformando las leyes italianas con su mayoría absoluta para conseguir retrasos, prescripción, inmunidad, archivo precipitado de causas que deviene impunidad…

Es el mismo Berlusconi públicamente acusado de relaciones con la Mafia por el arrepentido Spatuzza. El mismo del que Massimo Ciancimino (hijo del ex-alcalde mafioso de Palermo, Vino Ciancimino) ha revelado ante los jueces cómo se benefició de que su padre y otros capos de la Mafia invirtieran dinero en su macro proyecto inmobiliario Milano 2, negocio con el que Berlusconi empezó a enriquecerse.

Ese Berlusconi que convierte en delincuentes a inmigrantes irregulares ignora los datos del Istat (instituto nacional italiano de estadística). Esos inmigrantes nunca han delinquido más que los nacionales, pero si hoy se les puede atribuir más delitos es porque no tener permiso de residencia se ha convertido en delito para el gobierno de Berlusconi, no porque esos inmigrantes cometan más robos, agresiones, homicidios, estafas u otros delitos contra las personas, contra la propiedad o el patrimonio.

En España, uno de los países de la Unión Europea que más inmigración ha recibido (hasta un 10% del total de población), ha cambiado la actitud sobre la inmigración de buena parte de ciudadanos. De un 8% que desconfiaba de los inmigrantes o sentía  algún rechazo se ha pasado a un 32%. Por miedo. Miedo que la crisis favorece. Miedo atizado por políticos irresponsables y miserables.

Un estudio de 2008 de la Confederación de Cajas de Ahorro de España desmonta la falsedad sobre inmigración del incremento de delincuencia por aumento de inmigrantes. Entre 2002 y 2006, el número de delitos cometidos en España se redujo un 22%, pero en ese mismo período la población inmigrante creció un 85%. Por tanto es falso relacionar inmigración y delincuencia. Ahora, los poderosos irresponsables y codiciosos nos han precipitado en una grave crisis. Y las crisis aumentan la desigualdad, el desempleo y la pobreza. Empujan a la desesperación. Pero la indeseable situación de pobreza y desesperación, que puede generar delincuencia, no la sufren sólo los inmigrantes.

Josep Oliver, director del departamento de economía aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, nos recuerda que tenemos que estar agradecidos a los inmigrantes, porque cuando un país no pare hijos suficientes necesita inmigrantes. O se consume. El profesor Oliver también nos recuerda que la balanza fiscal de la inmigración ha beneficiado a España, porque muchos inmigrantes son jóvenes, trabajan, cotizan y recurren poco al Estado. No tienen edad para cobrar pensiones y, por no ser ancianos, no suelen recurrir a la sanidad pública. Datos contra tópicos y lugares comunes falsos. La realidad.

Y no vale esa actitud xenófoba disimulada de quienes dicen que inmigrantes sí, pero con papeles, porque los ‘sin papeles’ son los ‘malos’. Los españoles (que han emigrado por millones durante todo el siglo XX hasta prácticamente los ochenta) dicen que ellos emigraban con papeles. Es falso. Los españoles emigraban a Suiza, Alemania u otros países europeos prósperos sin papeles ni contrato de trabajo, como turistas. Y, una vez allí, se buscaban la vida. Igual que tantos latinoamericanos, marroquíes, paquistaníes, chinos o africanos subsaharianos hoy. Porque la mayoría no ha llegado en pateras.

Un dato esclarecedor. Según el PNUD (departamento de desarrollo de Naciones Unidas) la envejecida Unión Europea necesita multiplicar por dos el número de inmigrantes que se calculaba hasta 2050. Muchos millones de inmigrantes. ¿Por qué ponerle entonces puertas al campo?

Los políticos como Berlusconi, que estigmatizan la inmigración y atizan miedos y bajos instintos, en el grado que sea, son dignos representantes de un sistema egoísta, miope y miserable que, como escribe Eduardo Galeano, está en guerra contra los pobres y no contra la pobreza.

Si los ciudadanos toman las riendas

Haití ya no ocupa tanto espacio en las primeras páginas, pero el drama de cientos de miles de haitianos es el mismo de hace días. En el ceremonial de confusión tras el terremoto, ¿quién aborda los problemas de los haitianos? Los inmediatos: techo, alimentación, asistencia médica y sanitaria… Y los otros: reparar errores (o canalladas) socio-económicos graves y sentar las bases para un país no fallido que permita a los haitianos vivir con dignidad, respetados sus derechos humanos.

Hace diecisiete meses, Haití también ocupó las primeras páginas de los rotativos del mundo porque un atroz huracán arrasó el país. Y hubo algunas donaciones millonarias y también promesas de donaciones millonarias que ahí quedaron. También considerables fallos en el reparto de la ayuda humanitaria, la necesariamente inmediata. De los millones de dólares prometidos, bastantes no llegaron o tal vez se perdieron por el camino, pero los ciudadanos que debían ser atendidos nunca lo fueron. ¿Se repetirá la astracanada?

Sólo Dios nos puede salvar”, leemos que clama una mujer haitiana en  una dramática crónica sobre la prolongación del desastre. Para la mujer, tal vez para muchos más, dios es el último recurso para no perder la esperanza del todo.

Para lo inmediato, lo próximo y lo futuro, es bueno contar con la solidaridad de los de fuera sin esperar demasiado. Sobre todo cabe contar con la ayuda de quienes no actúan para obtener beneficio ni renta alguna, política, financiera, mercadotécnica o publicitaria; probablemente, muchas organizaciones solidarias. Pero, sobre todo, los haitianos han de empezar a aprender a contar con ellos mismos.

Alejandro Nadal, profesor e investigador del Centro de Estudios Económicos de México, nos recuerda que el principal recurso para reducir la vulnerabilidad de la población afectada por un desastre es la propia población afectada. Esa población ya está en el lugar de los hechos, conoce bien las características del lugar (y sabe como aprovecharlas) y está comprometida con la seguridad y la atención de los suyos.

Quizás suene utópico proponer que lo principal para afrontar el desastre del terremoto y sus consecuencias sean los propios haitianos; esos haitianos que deambulan perdidos y necesitados por las calles de Puerto Príncipe o de otras poblaciones del país.

Pero también debió parecer utópico cuando unos cuantos ciudadanos se enfrentaron al corrupto e injusto sistema de aristócratas y reyes absolutos que duró hasta el siglo XIX. Acaso también se vieron como utópicos los primeros obreros que se organizaron para hacer frente a la feroz burguesía industrial en Europa y Estados Unidos desde finales del XIX e inicios del XX. Tal vez se consideró utópico que Gandhi viajara por la India (sólo con su palabra y su ejemplo) para sembrar que la India debía ser independiente del poderoso Imperio Británico. Quizás se vio utópico que los ciudadanos y ciudadanas plantaran cara a las corrompidas élites comunistas de los países del este de Europa… Hasta que cayó el muro de Berlín. Como desapareció el régimen absoluto, los obreros alzaron la cabeza y la India obtuvo la independencia.

Nada es fácil ni se consigue en tiempo breve, pero si algo nos enseñan los hechos pasados es que las situaciones establecidas de injusticia, los estados de canallada incesante, incluso las desgracias generales, empiezan a resolverse cuando quienes las sufren se deciden a enfrentarlas.

No sé decir cómo, pero estoy convencido de que Haití despegará cuando los haitianos decidan que despegue. Hay ejemplos cercanos. Bolivia, por ejemplo, ha dejado de ser el país más pobre de América del Sur, elogiada incluso por el nada generoso ni solidario Fondo Monetario Internacional, aunque Bolivia, afortunadamente, no haya seguido sus nefastas recetas neoliberales sino todo lo contrario.

Bolivia, presidida por Evo Morales, ha reducido su deuda exterior a la mitad y continuará cancelándola. Tiene en marcha planes razonables de industrialización y ha conseguido hasta hoy que una cuarta parte de sus casi diez millones de habitantes (sobre todo mujeres, ancianos y estudiantes) se beneficien de una mejor distribución de la riqueza del país con una vida sin hambre ni penurias. Una vida digna.

En Haití, además de ayuda exterior bien organizada y canalizada, y de solidaridad no interesada, los haitianos han de ser conscientes de que la principal ayuda ha de venir de ellos mismos. O jamás resolverán sus problemas.