El Partido Popular a favor de la impunidad de los criminales de guerra

José Couso, cámara de Telecinco, fue asesinado por un tanquista del Ejército de Estados Unidos (EEUU) que disparó contra el hotel Palestina en Bagdad donde se concentraban periodistas. Dirigentes del Partido Comunista Chino ordenaron perseguir, torturar y asesinar desde 1990 a los seguidores de la escuela espiritual Falun Gong. En Tibet, el gobierno chino persiguió y torturó a budistas tibetanos. En Ruanda cuatro millones de ruandeses fueron aterrorizados y asesinados. Responsables marroquíes del Sáhara Occidental asesinaron, lesionaron y torturaron a ciudadanos saharauis. Representantes de supervivientes españoles en campos de concentración de Mauthaussen, Sachsenhausen y Flossenbürg denunciaron a ex miembros nazis de las SS por delitos de lesa humanidad, asesinato, exterminio, esclavitud, deportación y tortura.

 

 

Éstas y otras son causas de justicia universal en diversa situación procesal en la Audiencia Nacional de España. La justicia o jurisdicción universal es el principio por el que crímenes de guerra y de lesa humanidad han de ser perseguidos en cualquier rincón del mundo, con independencia de quién sea la víctima, su autor o dónde se hayan perpetrado tales crímenes.

 

Pero el Gobierno del Partido Popular ha decidido suprimir la justicia universal en España. Con una tramitación parlamentaria urgente para reformar la Ley Orgánica del Poder Judicial que elimina esa justicia universal. Según Amnistía Internacional, el Partido Popular impone tantas cortapisas y límites a la jurisdicción universal que la desnaturalizan por completo. Según varias asociaciones de defensa de derechos humanos, las presiones de China son la razón principal de que el Gobierno de Rajoy se dé prisa en reformar la ley y puedan archivarse las causas contra dirigentes chinos como presuntos criminales de guerra.

 

 

Esta contra-reforma supondrá el archivo de una docena de sumarios como los citados anteriormente. Para justificar tal contra-reforma, el PP pretende que la justicia universal solo pueda aplicarse “legitimada y justificada por la existencia de un tratado internacional que lo prevea o autorice el consenso de la Comunidad Internacional”. ¿Ignora el PP que ese consenso ya está en la Exposición de Motivos del Estatuto de la Corte Penal Internacional que establece ese tribunal? Un Estatuto que España firmó y ratificó. Y, por tanto, la obliga. Dice ese Estatuto que “los crímenes más graves de trascendencia para la Comunidad Internacional en su conjunto no deben quedar sin castigo y, a tal fin, hay que adoptar medidas en el plano nacional e intensificar la cooperación internacional para asegurar que sean efectivamente sometidos a la acción de la justicia”. Y “es deber de todo Estado ejercer su jurisdicción penal contra los responsables de crímenes internacionales”.

 

 

Pero incluso antes de ese estatuto, España firmó los convenios de Ginebra en 1949 y en varios artículos de los mismos se ordena que “cada una de las Partes tendrá la obligación de buscar a las personas acusadas de haber cometido, u ordenado cometer, una cualquiera de las infracciones graves [“crímenes de guerra”], y deberá hacerlas comparecer ante los propios tribunales, sea cual fuere su nacionalidad”.

 

 

Intentar acabar con la justicia universal es antiguo. La Fiscalía se ha opuesto a menudo a causas de justicia universal en España y en 2009, el entonces gobernante PSOE pactó con el Partido Popular, CiU y UPyD un primer recorte a la jurisdicción universal que ahora remata el PP.

 

 

¿Es importante la justicia universal? Tanto que la investigación de los crímenes de guerra franquistas y la ubicación de las fosas comunes de unos 150.000 desparecidos forzosos de la dictadura de Franco es posible porque esa causa ha sido aceptada por una juez de Argentina en aplicación de la justicia universal.

 

 

Como recuerda Jaume Asens, Cesare Beccaria, jurista del siglo XVIII que mejoró el derecho penal, escribió que la mejor forma de prevenir el delito es “la persuasión de no encontrar lugar alguno sobre la Tierra en el que haya de quedar sin castigo”. Porque la impunidad es una obscena invitación al crimen.

 

E insiste Asens, “cuando se permite que genocidas, torturadores u otros criminales internacionales eludan la acción de la justicia se desprecia a las víctimas y se disparan las alarmas”. Alarmas porque peligra la democracia misma. Y remacha: “con los derechos humanos no hay medias tintas. Se está con las víctimas o con los victimarios”.

 

El Partido Popular elige estar con los criminales.

 

 

 

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No hay nuevo ciclo económico que valga con una deuda impagable

En España aburren desde púlpitos, portavocías y tribunas del Gobierno, y del partido Popular que lo apoya, con la proclamación de la epifanía de un nuevo ciclo económico. Todo por un par de apuntes económicos, como cierta estabilidad de la prima de riesgo y que los fondos buitres compran barato deuda y propiedades inmobiliarias. Algo no nesariamente bueno sino lo contrario.  Pero no se ve ni de lejos que mejore la economía. Ni la vida de la gente. Más allá del ruido mediático y de las declaraciones triunfalistas (que suenan como jaculatorias), nada muestra que haya un nuevo ciclo económico positivo.

El presunto nuevo ciclo es un ejercicio de ocultación y manipulación de lo que pasa. No hay peor ciego que el que no quiere ver. No me referiré al paro crónico ni a la pobreza ni a la desigualdad crecientes para mostrar que no hay nuevo ciclo alguno. Pero sí recordaré la situación real de la deuda. Se habla poco de la deuda, ¿por qué será?

¿Se puede hablar de nuevo ciclo económico positivo con una deuda pública y privada que sumadas son ya un 378% del Producto Interior Bruto? Porque ése es el volumen de toda la deuda, según el informe de Mc Kinsey Global que estudia la evolución de la deuda en las diez principales economías desarrolladas. Más de tres billones a devolver. Y sus intereses.

Al detallar la deuda, también es difícilmente aceptable ese etéreo nuevo ciclo prometido con una deuda pública que hoy es casi el 113% del PIB, según datos recientes del Banco de España. Y menos verosímil al comprobar que la deuda privada es ya el 265% del PIB, si la aritmética no engaña. Tal vez sí haya un nuevo ciclo, pero no esperanzador; más bien cargado de nubarrones y con mucho plomo en el ala.

De 2000 a 2008 hubo un endeudamiento privado muy rápido y creciente en España. Se endeudaron empresas, bancos y también familias, aunque éstas, mucho menos. Un ascendente endeudamiento de empresas y bancos muy ligado a la burbuja inmobiliaria que finalmente estalló.

Pero a partir de 2008, es el Estado el que se endeuda a gran velocidad. Sobre todo, porque acude al rescate de bancos y cajas de ahorros, muy tocados por el desinflamiento de la dicha burbuja inmobiliaria. Hoy se debe cuatro veces y media lo que el estado debía en 1989, según recuerda Juan Torres. Y, con el rescate del sector financiero por el Estado, se inicia esa infamia de socializar las pérdidas de bancos y cajas para salvarlos de la quiebra. Porque los miles de millones que evitan que la banca quiebre y se hunda salen de la tributación ciudadana. Hay algunos factores más en la amenaza de debacle bancaria, como el choriceo puro y duro de muchos directivos y ejecutivos, pero la burbuja inmobiliaria y financiera son clave para entender lo ocurrido.

Lo perverso es que, tras el estallido de la crisis, que es un saqueo de los bienes comunes de la ciudadanía, se recurre de modo permanente al endeudamiento. No para satisfacer las necesidades legítimas de la ciudadanía. Ni para invertir en economía real que reduzca el desempleo. Se recurre al endeudamiento para tapar agujeros. Agujeros del sector financiero, sobre todo. Sin embargo, no hay créditos para pequeñas y medianas empresas ni para las familias. Apenas.

¿Nuevo ciclo? Los vencimientos de la deuda y el pago de intereses condicionan al más pintado y no hay ciclo nuevo ni recuperación que valga sin enfrentar el grave problema de la deuda; no solo la pública. Incluso economistas ortodoxos son partidarios de reestructurar las deudas. Porque, a día de hoy, el conjunto de deuda privada y pública es impagable. Una reestructuración qué puede aplazar pagos, negociar quitas, reducir intereses… Y no pagar las partes ilegítimas en el caso de la deuda pública.

La Alemania destrozada de la II Guerra Mundial empezó el despegue económico cuando los países acreedores, entre ellos Grecia, curiosamente, le condonaron parte de la deuda y facilitaron el pago del resto. Y en nuestros días, Ecuador y Argentina iniciaron un desarrollo fértil cuando forzaron nuevas condiciones para el pago de la deuda. O dejaron de pagarla.

Hay que hacer algo con la deuda o no se recuperará una actividad económica eficiente. Afrontar la deuda es un objetivo de lucha ciudadana.

Más sobre el timo de la recuperación económica

 

Buenas noticias. Dicen. Según el FMI, la previsión de crecimiento en España aumenta con rapidez. Y el Gobierno dice que hay un cambio de ciclo, que la recuperación está en marcha. Todo esto es porque la prima de riesgo se ha estabilizado en torno a 300 puntos y llega de nuevo a España inversión extranjera. ¿Y el paro? ¿Y reducir la pobreza? ¿Y la desigualdad galopante que acaba destruyendo la economía? ¿Y los derechos sociales laborales perdidos? Por lo visto no tiene que ver con la recuperación.

 

 

Aunque les parezca una excentricidad, cambiaré de tercio y les contaré qué es el timo del tocomocho, porque tiene que ver.

 

 

Un estafador elige una víctima propicia a la que dice poseer décimos premiados de lotería. Aparenta problemas de discapacidad, gran ignorancia o considerable desorientación, y pide al timado que le ayude a cobrar los décimos de lotería premiados, porque él solo no puede. Para que el estafado se trague el anzuelo, aparece por casualidad un cómplice que se interesa por la situación del pobre discapacitado y simula comprobar la autenticidad de los décimos agraciados de lotería con una lista de premios, naturalmente falsa. El estafador ofrece un porcentaje del premio para que el estafado le ayude en los trámites del cobro y le pide una cantidad de dinero o joyas como garantía. El timado pica y, cuando el estafador y su cómplice tienen ya dinero o joyas, desaparecen. Y el estafado tiene unos billetes de lotería sin premio alguno. Pues así me suenan esos ditirambos de recuperación roznados por FMI y Gobierno.

 

 

¿De qué recuperación hablan cuando conseguir empleo en España, Rumanía, Bulgaria o Grecia, por ejemplo, no garantiza salir de la pobreza? Así lo ha reconocido sin ambages el comisario de Empleo de la Unión Europea, László Andor. ¿Qué recuperación es ésa si en España ha aumentado la población pobre del 23,3% de 2007 al 28,2% de 2012 y continúa aumentando en 2013? ¿A qué recuperación se refieren cuando hay en España cerca de tres millones de niños pobres o en riesgo de exclusión social? ¿Qué recuperación es ésa en la que crece la economía sumergida, que ya es casi 25% del PIB? Y 90.000 millones de euros de fraude fiscal.

 

 

Pero el espejismo de la presunta recuperación no atañe solo al Reino de España. Hace unos meses, el Blog Salmón, cuaderno de bitácora que analiza con rigor crítico y frío el sector financiero, anunciaba que “el desplome de la banca mundial ha comenzado. La violenta volatilidad existente solo expresa la agonía del sistema financiero, un sistema que se apalancó demasiado y abusó de la confianza de gobiernos, de contribuyentes. Y el sistema toca fondo”.

 

 

Medio año después se confirma la vía hacia el desastre. El analista financiero Marco Antonio Moreno explica que en Alemania, Francia e Italia hay bancos al borde de la quiebra. Y cita el informe de Viral Acharya y Sascha Steffen para la Unión Europea sobre el estado de un sector financiero. Informe que demuestra que los bancos europeos investigados necesitan nada menos que 767.000 millones de euros más. Esta investigación de Acharya y Steffen asegura que 109 de los 124 bancos europeos tienen serias dificultades y no descarta la quiebra de unos cuantos. La banca española, por su parte necesita 90.000 millones de euros más. Incluso los aparentemente sólidos bancos franceses y alemanes necesitan medio billón de euros como agua de mayo.

 

 

¿De qué recuperación hablamos con una pobreza y desempleo que devienen estructurales en el sur de Europa y un norte con una banca insolvente? Como escribe Juan Torres, “es falso que se haya resuelto el problema bancario. La mayoría de bancos estarían en clara insolvencia si sus balances se valoraran sin la generosidad con que se ocultan miles de millones de activos depreciados o créditos incobrables. No habrá la necesaria recuperación del crédito (…) y sí nuevas crisis bancarias y estallidos de burbujas”.

 

 

Es el tocomocho. Y los cómplices para consumar el engaño de que salimos de la crisis son los medios teóricamente informativos, que repiten como un mantra que la recuperación es un hecho, ocultando bajo esa alfombra todas las vergüenzas sin resolver. Como la insolvencia de la mayor parte de la banca europea y que el crecimiento que hay es de pizarrín. Además, ¿qué crecimiento? ¿De qué?

 

 

Lo dicho, un timo.