La corrupción es demasiado grave para dejársela a los políticos

El Corruptódromo es una web del movimiento social español que denuncia centenares de casos concretos de corrupción en el Reino de España (http://wiki.nolesvotes.org/wiki/Corrupt%C3%B3dromo). En 2009, el Fiscal General del Estado reveló que había 730 causas por corrupción de cargos públicos y políticos españoles y en 2012, ya eran 800 los imputados en sumarios por corrupción. Pero la corrupción no es un problema local español o que solo afecte a países PIGS, de África, América Latina y Asia. También hay corrupción en los países ricos. Abundante.

En la última década estallaron, entre otros, los escándalos de corrupción de Eurostat, Parmalat o Barclays, en Europa; Enron yWorld Com en Estados Unidos, y en Alemania casi todas las grandes corporaciones empresariales han vivido casos de corrupción los últimos años. Cajas ocultas, dinero negro, sobornos… Siemens, Scherin, Daimler Chrysler, Volkswagen, BMW, Henkel,Degusta… Hasta dieciocho grandes corporaciones empresariales alemanas tuvieron expedientes por manipulación contable y fraude. La lista de corrupciones en países desarrollados es larga. En ellos están los corruptores.

La corrupción es un fenómeno mundial, como dictaminó la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, y en ella las empresas transnacionales juegan el papel de corruptoras. Marx, (Karl, por supuesto) fue profético cuando escribió que “todas las naciones capitalistas abrazan periódicamente el fraude, porque quieren ganar dinero sin necesidad de producir”.

José Mella nos recuerda que corrupción es prevaricación, cohecho, apropiación indebida, malversación de caudales públicos, tráfico de influencias, fraude fiscal, evasión de capitales, falsedad en documento oficial, financiación ilegal, concesiones ilegales, adjudicaciones ilícitas, delitos urbanísticos y blanqueo de dinero.

Corrupción es abuso de poder público para cambiar leyes, reglas, concursos públicos y concesiones por sobornos del sector privado, en dinero o especies. Pues para que haya corrupción se necesitan dos delincuentes: corruptor y corrompido. Quien trampea y cobra; quien paga y se beneficia.

La corrupción, además, tiene mucho que ver con los paraísos fiscales. Sin opacidad, secreto bancario y ausencia de reglas, corruptores y corrompidos lo tendrían mucho más crudo para esconder su sucio dinero y perpetrar sus turbios negocios impunemente.

La corrupción es inherente a la esencia del capitalismo, porque los beneficios privados son su objetivo. ¿No ha de haber corrupción cuando el beneficio es el único motor y la ausencia de normas y controles su escenario? Mientras haya secreto bancario, paraísos fiscales, ausencia de normas y de control de movimientos de capital, habrá corrupción.

La corrupción recorta los ingresos del Estado, aumenta el gasto público improductivo y reduce la capacidad inversora del Estado. Extiende la economía sumergida, aumenta la desigualdad (al disminuir el gasto social en perjuicio de la ciudadanía con menos ingresos o en paro), encarece servicios públicos y conlleva mayor carga fiscal para la mayoría. Cabe además tener en cuenta que la lucha contra la corrupción no siempre es bien intencionada.

Transparency International es una organización global contra la corrupción que clasifica los países por el volumen de corrupción en sus administraciones públicas y de sus funcionarios o cargos públicos. Pero Transparency nunca publica nombres de corruptores ni denuncia a los bancos suizos, austríacos, británicos, estadounidenses… que reciben dinero sucio que sale de ellos impoluto. Solo ataca a los Estados.

Además, en los países ricos se castiga a funcionarios públicos que se corrompen, pero nunca a los empresarios o cargos nacionales que corrompen a funcionarios o cargos públicos de países extranjeros. Es más, en Alemania, Suiza, Bélgica… Hacienda permite deducir los pagos a funcionarios extranjeros. Los sobornos reducen los impuestos. Corrupción legalizada.

Por todo ello no significa nada que los ministros económicos de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, España y Polonia hayan declarado en Dublin hace unos días que exigirán el cierre de los paraísos fiscales, el intercambio automático de información fiscal de rendimientos del capital, el fin del abuso del secreto bancario y la publicación de beneficios reales de empresas en sedes y filiales por países. Solo son palabras.

La corrupción es, con la trampa de la deuda-déficit, la desorbitada ayuda a la banca y el ataque a los derechos sociales, la otra pata de la crisis-estafa. Y, como afirma el magistrado Joaquim Bosch, “el problema de la corrupción es demasiado importante para dejarlo en manos de los políticos”. Por eso, la ciudadanía debe incluir la lucha contra la corrupción en su liza de autoliberación.

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Contra los paraísos fiscales, obras son amores y no buenas razones, que solo son palabrería

Desde los más de setenta de paraísos fiscales existentes en el mundo se opera economicamente sin desvelar jamás los titulares de empresas, fortunas o fondos de inversión que en ellos se esconden. Para evadir impuestos, ocultar patrimonio o blanquear el dinero más negro que haya, por supuesto.

La crisis y el fraude fiscal de grandes fortunas, multinacionales y corporaciones han aumentado el negocio de los paraísos fiscales. Como asegura Juan Hernández Vigueras con rotundidad, los activos financieros han crecido con la crisis en los paraísos. Aumentaron más del 2% en 2011 y, según Tax Justice Network, en esos paraísos ya se ocultan de 28 a 32 billones de dólares. La cuarta parte de la riqueza mundial.

Mientras las grandes fortunas personales, corporativas o empresariales evaden impuestos por medio de los paraísos, en Europa la ciudadanía paga más y soporta recortes, disminución de rentas salariales y violación de derechos sociales por la crisis. Esa misma crisis que FMI, BCE y Comisión Europea pretenden afrontar con una austeridad suicida y criminal. Y, gracias los paraísos fiscales que engordan su negocio, la ciudadanía de Europa paga por el aumento del fraude fiscal que resta ingresos a los estados.

Evadir impuestos con los paraísos es coser y cantar. En 2011, por ejemplo, Google montó una sociedad pantalla en Bermudas, transfirió a esa empresa ficticia casi 10.000 millones de dólares y evadió así el pago de 2.000. Práctica habitual de multinacionales con filiales en paraísos. En España, por ejemplo, 30 grandes empresas de las 35 del Ibex tienen sucursales en paraísos fiscales, cuando en 2009, solo 18 tenían delegaciones en tales lugares. Hoy, buena parte de grandes empresas del mundo tienen sucursales o empresas asociadas en paraísos fiscales. Son sus aliados estratégicos, porque han optado por la evasión fiscal para aumentar beneficios. Por eso les va tan bien a los paraísos en la crisis y tan mal a la ciudadanía. De modo análogo a la materia, que ni se crea ni destruye, solo se transforma, el dinero es un todo y cuando una minoría defrauda lo que debería abonar a hacienda, lo paga la mayoría. De un modo u otro.

El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación ha desvelado nombres y apellidos de 130.000 personas multimillonarias que ocultan sus fortunas obscenas en paraísos fiscales. En Alemania, la revista Focus ha denunciado también que más de 100.000 ricos de ese país usan paraísos fiscales para evadir impuestos. Pero hay más, muchos más defraudadores fiscales. Gracias a los paraísos.

Los medios cacarean que esos descubrimientos forzarán al intercambio de información fiscal entre países contra los evasores de impuestos. Y citan que el paraíso fiscal Luxemburgo acepta flexibilizar el secreto bancario y proporcionar información fiscal sobre depósitos de extranjeros en sus bancos. Sólo flexibilizar. Pero en otro paraíso fiscal europeo, Austria, su ministra de finanzas asegura que “luchará como una leona por mantener el secreto bancario”. Que es precisamente la madre del cordero.

El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, por su parte, dice que las investigaciones citadas “refuerzan la necesidad de presionar la evasión fiscal internacionalmente”. Y a su portavoz, Martin Kotthaus, le parecería mucho mejor que saber el nombre de los defraudadores que se persiguiera a esos evasores de impuestos. ¿De quien hablan? ¿Acaso no ha de perseguirlos el Estado?

Parloteo. Es la táctica de las élites en la cuestión sobre qué hacer con los paraísos fiscales. ¿Acaso no dijeron en el G20 de 2009 en Londres que regularían el sector financiero? ¿Que la era de los paraísos tocaba a su fin? Pero solo fueron palabras, porque no decidieron ni hicieron nada. Nada.

¿Pero no han sido implacables FMI y Unión Europea al imponer la austeridad? Pues bien, cuando veamos la cuarta parte de voluntad política utilizada para implantar la austeridad fiscal en alguna actuación contra los paraísos fiscales, entonces creeremos que quieren poner de verdad algún límite a esos estados delictivos que son los paraísos. Para convencernos podrían hacer algo con los paraísos en Europa que los tienen más a mano. Gibraltar, islas Guernsey y Jersey en el canal de la Mancha, Malta, isla de Man, Liechtenstein, Austria, Mónaco, San Marino… O el Vaticano que, según Réseau Voltaire, es una de las diez principales plazas financieras utilizadas para blanquear dinero sucio, por delante de Bahamas, Suiza o Liechtenstein.

Si no se toman medidas drásticas contra el secreto bancario y la opacidad financiera (pues eso es ir contra los paraísos fiscales y lo demás son cantos de sirena), nada se resolverá. El fraude fiscal se eternizará y sus terribles consecuencias.

Obras son amores y no buenas razones. Y hasta hoy no se ha hecho ni propuesto nada de nada contra paraísos fiscales que cuestione mínimamente la existencia y actuación impune de esas plazas de secreto, fraude fiscal y blanqueo.

Pobreza, neoliberalismo y austeridad

Seis hombres se prendieron fuego en Bulgaria y otro lo intentó en las últimas semanas. Cuatro fallecieron, dos quedaron gravemente heridos y el otro se salvó porque la policía impidió que se quemara. Por pura desesperación y por los sufrimientos e incertidumbres que la crisis y sus falsas soluciones causan a la población. Esos días, docenas de miles de personas salieron a la calle manifestándose contra la pobreza y la corrupción. Y derribaron al Gobierno.

A pesar de que su déficit es inferior al 2% del PIB, en Bulgaria se aplica férreamente la implacable austeridad que impone la Unión Europea. Una austeridad que ha desintegrado el sector público, recortado la atención hospitalaria, congelado salarios y pensiones y reducido ayudas al desempleo mientras el paro aumenta aceleradamente. El resultado es que, según Eurostat, el 49 % de búlgaros vive en la pobreza.

2010 fue elegido por la Unión Europea como año límite para erradicar la pobreza del continente. Pero ese año había 80 millones de personas que vivían por debajo del umbral de pobreza. Peor aún, en 2012 ya eran 120 millones los europeos pobres con severas privaciones materiales.

Según el estudio de Eurostat, con Bulgaria, sufren considerable pobreza Rumanía y Letonia con un 40% de población empobrecida; Lituania 33%; Grecia y Hungría 31%, y España y Grecia casi 22%. Docenas de millones de personas solo sobreviven en Europa. Sobrevivir, que no es vivir. Incluso en Alemania se nota la pobreza. Una pobreza nada casual.

Un informe de 2011 sobre derechos sociales y económicos en Alemania, elaborado por veinte ONG (entre ellas Amnistía Internacional),muestra que el país se ha degradado. La Agenda 2010, definida por el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung como la mayor amputación de derechos sociales en Alemania desde el final de la Segunda Guerra Mundial, impuso los recortes y la austeridad que han causado el retroceso.

Las cifras oficiales dicen que hay unos 3 millones de parados. Cifra no escandalosa, cierto, pero más de 5 millones de personas con empleo necesitan ayuda social para vivir porque los sueldos no alcanzan para hacerlo con la dignidad mínima exigible. La precariedad laboral establecida ha creado una nueva categoría: pobre a pesar de tener trabajo.

Cruz Roja y Media Luna Roja han informado de que esos pobres nuevos aumentan en Europa. Más de 26 millones de personas no tienen empleo en esta Unión Europea en recesión y millones de personas sufren por falta de alimentos y de asistencia médica, pueden ser desahuciados o ya perdieron sus casas.

Oficialmente, ser pobre es disponer de menos del 60% del salario medio de un país. En el caso español, el umbral de pobreza para un adulto que viva solo está en 6.278 euros anuales. Y para una familia de padres y un hijo menor, el umbral de pobreza es 11.300 € anuales. Treinta euros diarios para pagar vivienda, luz, agua, calefacción, alimentarse, vestirse… Es decir, ser pobre.

La austeridad como respuesta falaz a la crisis ha conseguido que millones de europeos que antes vivían sin sobresaltos, ahora lo hagan de forma complicada y precaria. Tener trabajo y estar en riesgo de exclusión social ya no es un absurdo en Europa. Rebajas salariales, subidas de precios, pérdida de poder adquisitivo, disminución y empeoramiento de servicios públicos más aumento de inestabilidad laboral han aumentado el número de personas que, aún con empleo, roza la pobreza. En España, por ejemplo, la tasa de esa pobreza laboral pasó del 10,7% en 2007 al 12,7% en 2012, según un estudio de la Fundación Alternativas.

La impuesta austeridad que ha generado toda esa pobreza en Europa consiste en quitar dinero a la ciudadanía para rescatar bancos, financiar la crisis bancaria con deuda pública, aprobar reformas laborales para abaratar el despido, sustituir impuestos directos por indirectos,tolerar de hecho un fraude fiscal enorme, privatizar lo público… La austeridad es el medio de transferir rentas de las clases trabajadoras a la minoría rica dominante.

El resultado de la austeridad impuesta desde 2010 en Europa para afrontar la crisis es un innegable fracaso. Dos años después de esa imposición, los mercados no se han calmado, no hay crédito, no hay recuperación económica, hay recesión, no disminuye el déficit, crece la deuda pública, la privada es impagable, disminuye el consumo, se cierran empresas y aumenta aceleradamente el desempleo. Un descalabro. Esa pretendidaausteridad despilfarra bienestar, destruye empleo y dinamita la actividad económica presente y futura. Eso es dilapidar, eso es derroche.

Lo de Chipre apuntala la necesidad de enjuiciar a los responsables de la crisis-estafa

Por los pelos. Los medios informan de que Chipre se ha salvado por el canto de un duro de su expulsión de la eurozona. ¿Salvado? Veamos. La crisis, también en Chipre, es consecuencia directa de las maldades neoliberales: financiarización de la economía, baja fiscalidad, descontrol de movimientos financieros, opacidad bancaria, especulación… Y con completa certeza podemos afirmar que tales perversidades no han sido enmendadas, ni siquiera reconocidas como tales.

¿Se ha salvado Chipre? Grecia fue el primer país rescatado, en mayo de 2010; también Irlanda y Portugal. Y luego España recibió ayudas milmillonarias para sus maltrechos bancos. Como en esos países, las medidas de austeridad impuestas a Chipre reducirán sus ingresos fiscales, debilitarán al Estado al privarlo del sector público y convertirán su economía en un espejismo. Algo sobre lo que los medios han pasado de puntillas. Además de medidas financieras, ese rescate supone duras medidas de restricción que sufrirá la ciudadanía. Recortes presupuestarios, reformas (léase pérdida de derechos), privatizaciones y reducción del déficit. Siempre reducción del déficit, como en Grecia, Portugal o España. Diversos analistas aseguran que por ese camino Chipre seguro caerá en los próximos años en una depresión que supondrá una rebaja del 20% del PIB. Además de mayor sufrimiento personal masivo, empobrecimiento de gran parte de la ciudadanía y aumento de la desigualdad. Pero según el diario Fileleftheros, la troika pretendía aplicar medidas de austeridad aún más duras. La única noticia aceptable es que, finalmente, los pequeños ahorradores no serán desvalijados de su dinero para salvar bancos. Por ahora.

Sin embargo, como buena muestra de la necedad de la Comisión Europea, al comisario de Servicios Financieros, Michel Barnier, le faltó tiempo para prometer que los controles financieros aprobados sólo se aplicarán algunos días, porque cualquier restricción a la libertad de capitales, dijo, sólo puede ser “excepcional y temporal”. No aprenden.

Ni se enteran de que la crisis europea es justamente fruto del descontrol financiero establecido por los tratados de Maastricht y Lisboa, con la consagración de la reducción del déficit como nuevo becerro de oro y una generosa patente de corso para que los capitales hagan lo que les dé la gana sin control ni norma alguna, supeditando así los gobiernos soberanos a los beneficios de la banca.

En tal escenario de torpeza, ceguera y prepotencia de la Unión Europea y del FMI, Angela Merkel ha calificado el acuerdo chipriota como apropiado, porque “obliga a asumir responsabilidades a quienes han contribuido a causar los problemas”. Aparte de dudar de que Merkel tenga la menor idea de quienes son los verdaderos responsables de la crisis en Europa, si se trata de que rindan cuentas los responsables de la crisis, ¿qué hacemos, por ejemplo, con Draghi, Monti y otros “infiltrados” de la gran banca en la UE, cuyas acciones u omisiones contribuyeron sin duda a la crisis-estafa? Acciones como falsear y maquillar las cuentas griegas que perpetró Goldman Sachs para que Grecia ingresara en la eurozona. Banca de la que Draghi y Monti eran preclaros directivos. Pero no hay nadie en la cárcel ni siquiera procesado.

Puesto que en Chipre se repite en esencia lo ocurrido en Grecia, Irlanda, Portugal, España… cabe dar por buena la conclusión de Luis García Montero: “El capitalismo ha declarado una verdadera guerra de los ricos contra los pobres, de los mercados contra la soberanía cívica”. Y, por si hay duda, recordemos a Thomas Jefferson, quien hace 211 años diagnosticó que “los bancos son más peligrosos para nuestras libertades que ejércitos listos para el combate. Si el pueblo americano permite que los bancos privados controlen su moneda, privarán a la gente de toda posesión, primero con la inflación y enseguida con la recesión.” Lo que es aplicable a Europa y al mundo, por cierto.

Y, ya en esa línea de defendernos del poder financiero, el antropólogo británico Chris Knight recomienda que, puesto que “ricos y poderosos son responsables de saqueos y violencia a muy gran escala; detengamos ahora y condenemos a esos criminales de alto nivel y ya nos ocuparemos luego de los pequeños”.

Un buen programa tras estudiar lo que ocurre en Chipre y, por supuesto, en el resto de Europa.