El Gobierno de Rajoy ahorra a costa de los parados

El sindicato UGT ha denunciado que el Servicio de Empleo Público Estatal (SEPE, antes INEM) no ha dejado de gastar más de 2.200 millones de euros del presupuesto asignado a ese servicio en 2016. Hecho inaceptable que desvela el verdadero interés del gobierno del Partido Popular por la situación de los millones de parados del país. Además, el SEPE ha tenido la osadía de presentar el hecho de no haber gastado ese dinero como mérito y buena gestión. ¿Qué bondad hay en que milones de parados tengan menos ayuda  en subsidios, formación o posibilidad de colocación? Pues eso significa esa cantidad no gastada.

Por si fuera poco, conocemos también los datos de la reducción de ayudas a los trabajadores sin empleo desde que gobierna el Partido Popular. Por obra y gracia del gobierno de Rajoy, el gasto del Estado en protección a desempleados ha bajado al mismo nivel del año 2007. Con el agravante de que actualmente hay 1.600.000 parados más que entonces. Resultado de esa rebaja es que la prestación media actual para desempleados es de 798 euros mensuales, cuando hace nueve años era de 978. Sin olvidar que hoy más de 1.700.000 parados no reciben ninguna ayuda del Estado. Ninguna.

Según datos oficiales, en diciembre de 2007, antes de que la economía entrara en recesión, el Estado dedicaba 1.407 millones a ayuda a desempleados con algo más de dos millones de parados registrados en el INEM, hoy SEPE. De los desempleados registrados poco más del 85% recibían entonces alguna ayuda o protección. Pero nueve años después, con presunta recuperación económica, el gasto en ayuda a parados es casi el mismo; solo 133 millones de euros más para ser exactos, pero los desempleados inscritos en el SEPE son unos cuatro millones, el doble que había entonces.

Aquí no caben retóricos brindis al sol a los que tan acostumbrados nos tiene el gobierno del Partido Popular. Los hechos demuestran el interés real del gobierno de Rajoy por la suerte, presente y futuro de la clase trabajadora sin empleo. Ninguno. Los parados sobreviven por la ayuda de organizaciones solidarias y porque la estructura familiar en este país es fuerte y generosa.

Lo cierto es que desde final de 2009, encadenados a una nefasta política de austeridad más la neurótica obsesión por reducit el déficit púiblico que imponen la Unión Europea y el FMI, el dinero para prestaciones para parados se ha recortado sin cesar, señalando que en 2013 el recorte fue brutal. Ese año, las ayudas a desempleados fueron un 13% menos que el año anterior, aunque los parados aumentaran sin cesar hasta llegar a ser seis millones.

Y todo este tiempo no ha cesado de rebajarse la cobertura de desempleo. El último día de 2016 de las 3.703.000 personas desempleadas inscritas en el SEPE, 1.718.000 parados (44%) no recibían ninguna ayuda del Estado. Demasiadas personas sin empleo, demasiadas personas sin ayuda.

Que no hay duda sobre la conducta cicatera y antisocial del gobierno del Partido Popular lo demuestra que el gasto en prestaciones a parados da como resultado que un desempleado español cobra como prestación el 61% de sus ingresos antes de estar en paro. Por debajo de la media de 16 países de la Unión Europea que es el 69%. En Luxemburgo, un trabajador en paro recibe el 87% de sus ingresos antes de quedarse sin empleo, en Dinamarca 84% y en Suiza 77%. Los parados de Reino Unido y Alemania (67% de su último salario) tienen otras ayudas como vivienda familiar o no pagar impuestos.

La actitud y actuación del Partido Popular con la clase trabajadora es cada vez más nefasta y a los hechos me remito. Pero es más patente cuando se comprueba otra actitud y actuación del gobierno de Rajoy con el sector bancario, por ejemplo. Sin ir más lajos, y son datos del Tribunal de Cuentas del Reino de España, el rescate del sistema bancario español ha costado a las arcas públicas españolas de 2009 a 2015 algo más de 60.000 millones de euros. Pero a los parados se les hurtan 2.200 millones, como se ha apuntado. Por eso sorprende que aún haya trabajadores que voten al Partido Popular. ¿Qué pasa en este país?

Este mundo capitalista neoliberal no funciona ni en sueños

El historiador Josep Fontana ha descrito la crisis con veraz lucidez: “Empezó en verano de 2007 como problema local de Estados Unidos, pero enseguida afectó al mundo entero y dejó sin trabajo, sin vivienda ni recursos a millones de personas, condenando al hambre a muchos millones más. Los responsables de provocarla con sus especulaciones pretendieron que la crisis era por excesiva intervención del gobierno y excesivo coste social. E impusieron la austeridad presupuestaria como única solución para salir de la crisis”.

No salimos. Fue mucho peor. Como explica Marco Antonio Moreno, nueve años después las bolsas bajan y los estados petroleros pasan apuros por el descenso del precio del crudo, mientras “la recesión mundial, que ya está aquí, provoca miles de despidos de trabajadores de banca en Alemania, la Eurozona no levanta cabeza, Grecia moribunda, Francia enferma, Alemania afectada y España débil”. Más un desempleo que no cesa o deviene trabajo precario muy mal pagado.

Algo va mal cuando la ONU, Banco Mundial y FMI coinciden en que se ha frenado la economía. Y preocupa que China dé sustos un día sí y otro también, tras haber sido la gran esperanza económica de Occidente por su continuo crecimiento (hasta ahora) en tanto que la recesión amenaza a Brasil y a Rusia, también grandes promesas de sacar del hoyo al capital.

Por su parte, el FMI rebaja otra vez sus previsiones de crecimiento global porque el de los países emergentes es bastante menor que el pronosticado. Además, cabe señalar que los informes periódicos del FMI en los últimos treinta meses insisten en el empeoramiento de la situación. El denominador común de los informes es que el crecimiento es demasiado lento durante demasiado tiempo.

En enero de este año, el economista Alejandro Inurrieta pronosticaba que las perspectivas económicas globales para 2016 no eran nada halagüeñas y muchos economistas reconocían que en 2016 podría haber un retroceso económico considerable. Joaquín Estefanía describe con acierto el momento económico actual como “coqueteo con otra gran recesión” porque, insiste el periodista, “la economía mundial reduce aceleradamente su ritmo de crecimiento y los pocos organismos globales de gobernación miran hacia otro lado. Como si otra gran recesión no fuera posible. Y posible es, bien porque se reactive la crisis nunca resuelta de 2007, bien porque estalle otra de burbujas de activos y, sobre todo, la enorme burbuja de la deuda. Deuda pública y privada mundial que ya es casi el 300% del PIB global”.

Que los organismos globales de gobernación nada hacen lo demuestra el G20. Constituido en 2009 por los siete países más ricos del mundo, más Rusia, once países emergentes y la UE, su propósito era convertirse en foro de debate económico mundial para encontrar soluciones. Pero seis años después no han debatido nada que valga la pena ni contribuido un ápice a salir del agujero en el que está el mundo.

¿Qué ha hecho el G20? Recurrir a las máquinas de imprimir billetes y mantener tipos de interés bajos por medio de los bancos centrales. Pero no parecen políticas eficaces cuando el crecimiento mundial es menor que al empezar la crisis en 2007. Por cierto, habría que reflexionar a fondo qué tipo de crecimiento se necesita.

Afrontar el desaguisado económico no es trabajo de bancos centrales. Exige decisiones y actuaciones políticas. Como poner en marcha un cambio de fiscalidad y acabar con las fiscalidades regresivas perpetradas en los ochenta, mantenidas y aumentadas para favorecer a una minoría muy reducida que acumula riqueza de modo obsceno y peligroso, además de poner cerco a los nefastos paraísos fiscales.

Y decidirse de una vez a regular y controlar las transacciones financieras contra la desaforada especulación con deuda, seguros, inmuebles… Pues desregulación y ausencia de control hacen imposible superar la crisis y que pueda haber otra recesión.

Permitir que banca comercial y de inversión se unieran hace unos años, además de suprimir cualquier control de compra y venta de activos futuros y derivados, dejó la puerta abierta de par en par a la más desaforada y destructiva especulación financiera. Y de aquellos polvos, estos lodos. O cambiamos algunos principios y reglas de juego, se va abandonando el neoliberalismo, o esto no hay quien lo arregle. Lo demás son paños calientes, marear la perdiz o tomar el pelo.

TiSA, otro tratado negociado en secreto, pero tal vez más peligroso que el TTIP

El tratado de libre comercio e inversión (TTIP), que negocian en secreto la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, ha concitado una formidable oposición ciudadana desde que empezaron las filtraciones sobre las negociaciones. Dos millones de personas ya han apoyado una Iniciativa Ciudadana Europea contra el TTIP y sigue la recogida de firmas. Además, centenares de organizaciones sociales, ciudadanas y sindicales han manifestado su oposición al tratado. Fruto de toda la presión, el Parlamento Europeo ya no lo votaría unánimemente, se ha suspendido por ahora la decisión parlamentaria y, por tanto, se ha frenado su aprobación.

Para saber cuan bueno o malo es ese tratado, recordemos que las grandes corporaciones empresariales presionan para que el TTIP se firme cuando antes. Y, si a ellos les gusta, no puede ser bueno para la gente común. Susan George asegura que “si se firma el TTIP (más el TPP con países del Pacífico), Estados Unidos controlará el 60% de la riqueza mundial y tres cuartas partes de todo el comercio global”. Y eso no es nada bueno. “El TTIP es una gran amenaza -insiste George- porque dará a las grandes empresas la oportunidad de enterrar en Europa un modelo social que beneficie a los trabajadores”.

Pero si malo es el TTIP, peor es el TiSA del que apenas se habla. TiSA (por sus siglas en inglés) es un acuerdo sobre Comercio de Contratos de Servicios. Wikileaks ha filtrado diecisiete documentos de negociaciones clandestinas de ese tratado secretísimo. Un infame tratado para que grandes empresas y corporaciones transnacionales puedan eludir todas las regulaciones y leyes de los países y puedan bloquear o eliminar las medidas sociales y de seguridad financiera, además de privatizar los servicios públicos, porque la amoral minoría que detenta el poder económico los considera negocio, no medios para satisfacer derechos.

El TiSA condicionaría casi el 70% del comercio mundial de servicios: telecomunicaciones, comercio electrónico, finanzas, seguros, transporte, distribución, servicios profesionales, servicios postales… El diario Público, que colabora con Wikileaks, ha dado a conocer documentos del TiSA pensados y redactados para eludir las leyes de los estados y que las empresas puedan burlar cualquier control gubernamental o parlamentario.

Negocian clandestinamente el TiSA los gobiernos de Australia, Canadá, Chile, Colombia, Corea del Sur, Costa Rica, Estados Unidos, Hong Kong, Islandia, Israel, Japón, México, Nueva Zelanda, Noruega, Pakistán, Paraguay, Perú, Taiwán y Turquía. Y también la Comisión Europea, claro, que pretende representar a los 28 países de la Unión. Es significativo que los únicos países latinoamericanos implicados en ese TiSA sean Colombia, México y Panamá, fidelísimos aliados de Estados Unidos, y que no estén Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, potencias económicas emergentes.

El TiSA, por ejemplo, busca eliminar cualquier control o limitación a transacciones y movimientos financieros, suprimir cualquier vigilancia del Estado en el sector de la especulación financiera e impedir que puedan prohibirse productos financieros peligrosos. Como los que provocaron la crisis. En definitiva, el TiSA propone una desmesurada libertad y descontrol financieros. Y ya sabemos adónde conduce ese desgobierno; a formar nuevas burbujas financieras, que estallen y haya más recesión.

El TiSA, secreto incluso cinco años después de su firma, si no lo paramos, exige no obstante transparencia total a gobiernos e instituciones públicas. Deberán anunciar qué leyes y regulaciones piensan aprobar y abrir un debate previo para que las grandes corporaciones y sus lobbies puedan impedir que sean aprobadas o modificarlas en beneficio propio… según el propio TiSA.

Además, el TiSA forzará que los datos personales en Internet queden sin protección legal ni de los gobiernos, que los datos informáticos sean solo mercancía y que desaparezca la privacidad de los datos digitales. Pero la protección de datos no es cuestión comercial, sino un derecho fundamental de las personas. El TiSA, ha denunciado la eurodiputada Viviane Reding, quiere acabar con la privacidad de los datos, mermar hasta eliminar la neutralidad de la Red y suprimir las garantías de las personas en la Red con el viejo pretexto y falacia de la seguridad nacional.

Los documentos secretos filtrados demuestran, si cabe, que el TiSA es más neoliberal, antidemocrático y totalitario que el TTIP.

Es evidente que se han de impedir esos tratados con presión y movilización ciudadanas y, como propone Susan George, profundizando la globalización social así como coordinando y globalizando la protesta.

El saqueo continúa

Una ilustración humorística de El Roto muestra a un hombre joven fregando una gran olla mientras dice: “Soy licenciado en física cuántica, pero ahora trabajo de lavaplatos en Londres para pagarme los estudios de camarero en Berlín”. Ironía gráfica que ilustra las peores secuelas de la política de austeridad contra viento y marea en la vieja y caduca Europa: el paro y el trabajo precario que conlleva el riesgo real de pobreza.

Pero, por lo visto, los gobiernos de Europa no aprenden. Ángela Merkel y Rajoy, presidente del gobierno español, se han reunido para reafirmar el compromiso de imponer la austeridad en tanto que Merkel ha aplaudido el afán de Rajoy para hacer reformas. Lo que ellos llaman reformas, que no son tales, porque reforma es lo que se propone, proyecta o ejecuta como innovación y mejora en algo. Que no es el caso. Rajoy, además tiene la pretensión de que “en España empezamos a ver los frutos de las reformas”, haciendo bueno el dicho popular de que no hay peor ciego que quien no quiere ver. Porque los datos y hechos del sufrimiento mayoritario de la ciudadanía están ahí, a la vista. Pero ellos insisten en mantenella e non enmendalla por más que economistas de escuelas diversas y algunos premios Nobel de economía digan alto y claro que la austeridad no es el camino. A lo que añadir los hechos tozudos: Europa no avanza ni se recupera.

Lo inmoral de esta injusticia social generalizada, del saqueo de las rentas de las clases trabajadoras, es que el armazón del control del déficit público, razón de ser de la austeridad, tiene un fin indecente, habida cuenta del sufrimiento generado: que los bancos alemanes, también holandeses y franceses, aunque menos, cobren sin falta los intereses de los abundantes préstamos que concedieron alegremente en el desarrollo de la burbuja inmobiliaria, entre otras irresponsabilidades. Una ecuación sencilla. Para que el sector financiero y sus adláteres mantengan sus beneficios, la ciudadanía lo pasa mal o muy mal.

Pero no sólo Alemania y España están tocadas por la nefasta austeridad. En Francia, el presidente Hollande, que dice ser socialista, ha disuelto el nuevo gobierno porque le habían salido ministros díscolos que se oponían a la corrosiva austeridad. Y, para que no haya dudas del camino elegido, Hollande ha designado como ministro de economía a Emmanuel Macron, brillante neurólogo y economista que, entre otras cosas, fue socio de la banca Rothschild varios años. Varios analistas han escrito que Hollande comete el mismo error que Mitterrand: girar hacia la derecha. Un error que los socialdemócratas perpetran a diario. A Mitterand el giro conservador le supuso que el Partido Socialista Francés perdiera las siguientes elecciones y , si Hollande se presentara hoy, la derrota sería muy considerable.

 Y es que estos socialdemócratas europeos no aprenden.

En el reino de España, donde los socialdemócratas convirtieron en texto constitucional la prioridad del pago de los intereses de la deuda, es además paradigma del más rancio y feroz neoliberalismo de recortes presupuestarios (salvo para ayudar a la banca). Pero el déficit no se ha reducido de modo significativo y la deuda pública alcanza ya el billón de euros. Una deuda triplicada en los años de gobierno del Partido Popular. Hoy, más del 98% del Producto Interior Bruto.

La política de austeridad y un consecuente crecimiento ridículo mantiene un paro del 26%. Con un muy preocupante aumento del trabajo precario muy mal pagado. Más reducciones salariales sistemáticas del 2% anual, según la OCDE. Aunque los salarios disminuyeron casi un 10% en los nueve primeros meses de 2013 comparado con el mismo tiempo de 2013. Según el Consejo Empresarial de Competitividad, los costes laborales en España son un 20% inferiores a la media europea, que ya es ser… Y todo incide en el consumo interior. Negativamente, por supuesto. Y si no hay demanda interna… Incluso la OCDE reconoce que las bajadas salariales de esa magnitud causan penurias a los trabajadores y sus familias. ¿Cuánta estrechez soportan los 1.830.000 hogares españoles en los que todos sus miembros están en paro según la Encuesta de Población Activa? Por cierto en 2008 solo había 180.000.

La reiteración en las llamadas reformas, los recortes sociales y las reducciones salariales, propósitos reafirmado en el citado encuentro entre Merkel y Rajoy de este verano, anuncian más dureza, más pobreza y más sufrimiento de más gente. Y, justamente, más resistencia ciudadana, que habrá que ver cómo es y hasta donde llega.

Otras políticas para acabar con una crisis que es saqueo

Hace semanas, los “mercados” (eufemismo de banca, fondos de inversión y grandes fortunas) celebraban la vuelta de Argentina a la ortodoxia neoliberal. Tras la boicoteada devaluación del peso, el Gobierno aprobó medidas de “austeridad”.

En Europa, el nuevo primer ministro francés, Manuel Valls, anunció que ahorrarán 50.000 millones de euros con recortes y rebajas en protección social y sanidad pública, más la congelación salarial de funcionarios, no revalorizar pensiones y prestaciones y otros recortes. “No podemos vivir por encima de nuestras posibilidades”, tuvo la desfachatez de decir. La Francia gobernada por presuntos socialistas regresa a la austeridad abiertamente.

¿Acaso no conocemos ampliamente qué ha reportado la austeridad desde que se impuso? Los Nobel de Economía Krugman y Stiglitz alertaron una y otra vez ya desde 2010 que elegir la austeridad era ir hacia el desastre, la injusticia sistemática, la desigualdad… Cuatro años después, el aviso se ha cumplido sin el menor resquicio de duda. Además de que con austeridad no se recupera la actividad económica ni a tiros. Salvo la que beneficia a la minoría de siempre que, para más inri, es la responsable de la crisis.

En España, sin necesidad de recordar que se destruyen empleos sin cesar (como demuestra la última Encuesta de Población Activa), la población infantil en riesgo de pobreza y exclusión social ya son cerca de tres millones. Lo documenta el último informe de Save the Children. Aumentan los niños y niñas bajo el nivel de pobreza. Según Eurostat, 250.000 más de 2011 a 2013. Y, según denuncia Acción contra el Hambre, 10.000 niños mueren de hambre diariamente en el mundo. La austeridad tiene mucho que ver. Continuando con el hambre, en Estados Unidos la media de “inseguridad alimentaria” de menores (eufemismo para hambre o desnutrición) es del 20%. Uno de cada cinco niños estadounidenses pasa hambre o está desnutrido.

En España, una de cada cuatro familias sobrevive con la pensión del abuelo o abuela. Lo que sugiere que a menudo no habrá bastante para alimentarse adecuadamente; sobre todo con la cuantía de la mayoría de pensiones. Según un estudio del sindicato Comisiones Obreras, el 27% de los hogares españoles se sostiene por un o una pensionista. Es decir, 12.700.000 de personas malviven, porque las pensiones nada generosas además no se han revalorizado. Por austeridad.

Una investigación de la universidad de Portsmouth relaciona recortes presupuestarios en Grecia con el aumento de suicidios de hombres. Nikolaos Antonakakis y Alan Collins han analizado el efecto directo de la austeridad en la tasa de suicidios de ese país. En 2009 y 2010, 551 hombres se quitaron la vida en Grecia por las consecuencias de esas políticas. Y calcularon que por cada 1% de recorte en el presupuesto público aumentaron un 0,43% los suicidios masculinos.

Según las falacias neoliberales, esos desastres sólo pasan en países del sur que han vivido por encima de sus posibilidades. Nadie ha vivido por encima de sus posibilidades, salvo que así se juzgue el disfrute de derechos sociales. Y además, en todas partes cuecen habas de austeridad, pobreza y desigualdad, porque en la desarrollada Alemania, según su Oficina Federal de Estadística, a pesar del teórico aumento de empleos, fueron muchas menos las horas trabajadas en 2013 que en 1991. Porque cada vez hay más gente que trabaja media jornada y cobra media jornada. Más de siete millones cobran 450 euros mensuales. ¿Quién vive con dignidad con ese ingreso?

En Alemania es pobre quien gana menos del 60% del salario medio. Es decir, quienes ganen menos de 840 euros mensuales. Un pobre en Alemania puede no serlo en otros lugares con esos ingresos, pero si se tiene en cuenta el coste de la vida, la cifra que marca la línea de la pobreza ya no parece tan aceptable. Más de un 16% de la población alemana sufre “riesgo de pobreza”. Pues ya no basta con tener empleo para no ser pobre. Según Sebastian Dullien, los retrocesos de la última década por austeridad han creado un nuevo ciudadano: el empleado pobre. Pero hay más. Un 30% de jubilados de Alemania recibe una pensión de 688 euros, muy por debajo del nivel de pobreza antes indicado. Esas muestras y datos son extensibles a todos los países de la Unión Europea.

Lo cierto es que la austeridad condena a gran parte de la ciudadanía a la pobreza. Para que una minoría de banqueros, grandes accionistas, tenedores de fondos y grandes fortunas se enriquezca más. Ahí están los datos de desigualdad e injusticia que tanto hemos comentado.

Pero hay políticas económicas para salir de la crisis, para acabar con el saqueo, que nada tienen que ver con la austeridad. Que solo dependen de la voluntad política. Regular movimientos de capitales e impuestos a transacciones financieras. Eliminar paraísos fiscales. Transparencia en la economía y gestión pública. Defensa de lo público. Contra las privatizaciones. Impuestos progresivos que redistribuyan la riqueza. Fuerte banca pública. Condonar la deuda de países empobrecidos… ¡Claro que hay salida! Con otros principios y valores que la inspiren. Y con otra correlación de fuerzas que la ciudadanía en lucha consiga afianzar.

El timo de la ‘recuperación’ en España

El Gobierno español da por concluida la recesión. “Salimos reforzados de la crisis”, proclama su presidente. El ministro de Hacienda remacha que España dirá el adiós definitivo a la crisis en 2014. Y los “mercados” se alegran por la “recuperación” de España. Emilio Botín, presidente del Banco Santander, se entusiasma porque de todas partes llega dinero a España. Como ha escrito el economista Juan Torres López, la declaración de Botín de que España vive un momento fantástico es verdad… si añadimos “para él y su clase”.

Entra capital de fondos de inversión que compra miles de inmuebles; la Bolsa española superó un día los 10.000 puntos y la prima de riesgo ronda los 240 puntos; el Tesoro paga por ahora menos del 1% por la deuda que vende mientras banca y grandes empresas venden bonos. Pero los indicadores de la economía real (crédito, producción industrial, morosidad bancaria, demanda interior, empleo…) no mejoran. Van a peor.

Antón Losada explica que España es “una ganga” para el capitalismo global porque “ofrece una de las fuerzas de trabajo más baratas del mundo. Las grandes empresas pagan menos del 10% de beneficios y, si algo va mal, el gobierno enjuaga las pérdidas con dinero público”. Especular en España tiene premio seguro. Eso es lo que va bien. Pero solo para la minoría de siempre.

Es más real que hay seis millones de desempleados, que doce millones de ciudadanos (23%) viven bajo el umbral de la pobreza, que la mayoría de empresas no consigue los créditos necesarios y que en 2014 cerrarán un 25% más de empresas que en 2013.

Mientras continúa la austeridad impuesta, la dictadura de la deuda y la obsesión por reducir el déficit con nefastas consecuencias para la mayoría ciudadana. Entonces, para salvar a cara, el Gobierno sus su cómplices y señoores, recurren al cuento de la tarta y el reparto. Una vez más. Un clásico de las fábulas neoliberales. Hacer crecer la tarta para que haya para todos. “Y eso exige sacrificios” repiten hasta el aburrimiento.

Pero nunca hay reparto general de tarta.

Hace 30 años oí por vez primera la fábula de la tarta y el reparto. La contaba un triunfante Felipe González, el mismo que perpetró una reconversión industrial que despojó al país de gran parte de su tejido fabril, como exigían Alemania y otros países industriales europeos para aceptar a España en el Mercado Común. Más la reconversión naval que dejó miles de parados, la apuesta por el ladrillo y el turismo barato como modelo productivo, diezmar la ganadería vacuna de Cantabria y Asturias (en beneficio de otras ganaderías) y menudencias similares.

La tarta nunca creció bastante y no hubo reparto, salvo morralla. Lo han explicado Juan Torres López y Vicenç Navarro en numerosos escritos sobre sueldos, renta social y estado social, aportando datos y hechos que sitúan a España en la parte inferior de la tabla europea (http://www.vnavarro.org/?p=9342, http://www.vnavarro.org/?p=6302, http://www.vnavarro.org/?p=5218, por ejemplo)

Pero sí ha crecido la pobreza y Cáritas denuncia que en la España de 2013 esa pobreza es doble que en 2007. Que tres millones de personas sufren pobreza severa y viven (si se le puede llamar vida) con menos de 307 euros mensuales. Y alerta de “una segunda oleada de empobrecimiento y exclusión social (…) por las políticas de ajustes y sus recortes, la prolongación del desempleo y el agotamiento de las ayudas económicas”. Dicen en Cáritas que “vamos hacia un modelo social darwinista anglosajón con muy pocos ganadores y muchos perdedores”.

Esa es su maldita recuperación.

Juan Torres López recuerda que las reformas perpetradas primero por Zapatero y luego por Rajoy han buscado sacar del pozo a la banca privada y dar más poder a las grandes empresas frente a los trabajadores. Para que banqueros y grandes propietarios recuperen los beneficios de antes de la crisis. O más. Por eso la situación actual les parece fantástica. Pero no a millones de ciudadanos que viven peor o mucho peor.

Quien tenga duda de qué salida de la crisis quieren la minoría rica y los dóciles gobiernos a su servicio verá ahora que la pretendida recuperación desvela qué es lo que buscan de verdad. No una economía sólida al servicio de la mayoría ciudadana, sino aumentar más sus beneficios. Caiga quien caiga. Y, ya de paso, que las clases trabajadoras regresen al primer tercio del siglo XX que es donde deben estar según ellos. Sin derechos.

Austeridad, deuda, estupidez económica y saqueo

En París, 180.000 personas salieron a la calle contra la austeridad que lleva a los pueblos de Europa a la ruina. En Irlanda, decenas de miles marcharon por Dublin contra esa misma política nefasta que los condena a pagar más impuestos, tener menos sueldo y cobrar pensiones más reducidas; a ser más pobres. En Portugal, el gobierno, tras rebajar salarios, despedirá a 30.000 funcionarios por “austeridad”. En el reino de España, esa austeridad ha generado seis millones de parados y disminuido el PIB 2,6 puntos… Suma y sigue.

En Europa, la crisis-estafa se ceba en las clases trabajadoras, pero crecen robustos los beneficios empresariales y, más aún, los financieros. Con diversos volúmenes e intensidades, a diario hay titulares en todos los países europeos sobre pérdida de derechos, recortes sociales, aumento de pobreza y de desigualdad. Y recesión. No obstante, la Unión Europea elige más austeridad. Ahí está Merkel, empecinada e implacable, para recordar que no se cede ni un palmo en esa política.

Y así, la Europa neoliberal impone endurecer las reformas laborales, aumentar el IVA y retrasar la edad de jubilación, además de rebajar las pensiones. La OCDE, por su parte, pide más flexibilidad laboral (despedir con mayor facilidad), dificultar la concesión de subsidios de desempleo (además de adelgazarlos) y moderar (rebajar) los salarios de la gente común. Son insaciables.

Todo es consecuencia directa de la política de consolidación fiscal y estabilidad presupuestaria; eufemismos de una austeridad que significa recortes presupuestarios sociales y ataques sistemáticos contra los derechos de la mayoría ciudadana.

Europa retrocede por culpa de la austeridad. Va a peor. Incluso según las previsiones económicas de la propia Comisión Europea. La eurozona no crecerá. En 2013 retrocederá 0,4% de PIB. Incluso la modélica Alemania tiene un crecimiento ridículo del 0,1%. Chipre se desploma, Grecia perderá 4,2% de PIB, Portugal bajará 2,3%, Eslovenia 2%… La recesión campa a sus anchas.

Da igual que buenos conocedores de las entrañas de la economía, como los Nobel Stiglitz, Krugman y Diamond, argumenten una y otra vez contra la austeridad y el control talibán del déficit público. Ni caso. Porque quienes detentan realmente el poder (y sus servidores) van a lo suyo: defender sus intereses de minoría rica. Caiga quien caiga.

Sería más decente que los perpetradores de la austeridad y la especulación con deudas soberanas actuaran sin disimulos como los codiciosos sin freno que son. Sin recurrir a tapaderas de consolidación fiscal. Sin tapujos, como hacían los gangsters de Chicago en los años veinte y treinta del siglo pasado, que no ocultaban su avidez. Ellos iban a lo suyo y hacían lo que fuera preciso por sus intereses, para hacer crecer sus beneficios. Los gangsters de antaño, como los de hogaño, nunca tienen bastante.

Y como la austeridad está intrínsecamente ligada a la deuda, y deuda y rebaja del déficit nos llevan a la ruina, la ciudadanía ha de dar otro paso. ¿Para qué necesitaba Grecia, por ejemplo, tanques, submarinos y helicópteros de combate en plena crisis? Esas partidas no se recortaron y aumentó la deuda griega. En España, las ayudas gubernamentales para salvar una banca inútil e incompetente (cuando no delictiva) han incrementado la deuda pública en más de 40.000 millones de euros. Y, en Europa, el rescate del sistema financiero ha supuesto 1,42 billones en ayudas públicas. Pero a pesar de esa derrama indecente, el sistema financiero no deja de coquetear con la insolvencia.

Hay crisis para tiempo. Día tras día saquean a la ciudadanía. La minoría rica y sus cómplices no cejan en su pillaje y la deuda pública deviene una herramienta para sojuzgar a los pses, a sus ciudadanías. Entonces, ya no se trata de hacer auditorías ciudadanas para determinar la parte ilegítima de la deuda. Hay indicios más que suficientes de que gran parte de las deudas públicas son ilegítimas. El objetivo, por tanto, debería ser no pagar las deudas públicas. Cuando los países se recuperen (las ciudadanías) y se prespeten de nuevo los derechos de la gente (como ordenan todas las constituciones), ya veremos cómo y cuánto son esas deudas. Y qué hacer con ellas. Como hicieron Argentina , Ecuador y algún otro país. Porque no es aceptable en absoluto que los pueblos se hundan en la pobreza mientras la minoría rica afana beneficios obscenos.

¿Utópico? ¿De qué sirve si no tenemos el poder de un gobierno? Tal vez. Pero, cuanto menos, empezamos a extender la conciencia crítica entre la ciudadanía de la legitimidad de no pagar una deuda pública que nos ahoga y se utiliza para derribar los Estados que respetaban derechos sociales; eso que tan inadecuadamente se llama ‘estado de bienestar’.