Contra la deuda como modo de dominio, auditorias ciudadanas

Los países siempre se han endeudado, pero hoy la deuda pública es un medio de dominio de la minoría que controla economía y finanzas. Ya en los noventa se utilizó la deuda para obligar a América Latina a aplicar políticas neoliberales, hoy la utilización torticera de la deuda amenaza a países de Europa y deteriora el estado de bienestar. La minoría utiliza deuda y control del déficit como cepos con la complicidad de gobiernos, Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI.

Los países piden prestado a los bancos porque la recaudación estatal es insuficiente. Es así porque desde los ochenta del siglo XX grandes fortunas, grandes empresas y corporaciones cada vez pagan menos impuestos, mientras bancos y fondos de inversión especulan con bonos de deuda pública e imponen una destructora austeridad.

Para oponerse a este nuevo autoritarismo, una veintena de asociaciones y movimientos laicos y católicos progresistas italianos crearon en Roma hace unos días el Comité para la Anulación de la Deuda Ilegítima de Italia (CADTM). Comité que se suma a los treinta y seis CADTM que hay en el mundo. Recordemos. En derecho internacional, deuda ilegítima es la que un gobierno ha contraído y utilizado al margen de la ciudadanía o contra ella. Y no se ha de pagar.

Anular una deuda o reestructurarla se hace desde Hammurabi, rey de Babilonia, hace más de 3.800 años. Más cerca, el Acuerdo de Deuda de Londres en 1954 reestructuró la deuda de Alemania con veintiséis países y anulo el 62%. Entre los que perdonaron deuda estaban España y Grecia. Pero la Alemania actual les impone austeridad sin concesiones. Sin embargo, la Historia muestra que reestructurar deudas o anularlas es una actuación necesaria y útil económicamente. La deuda ha devenido problema con la crisis, porque quienes dirigen le economía juegan sucio, manipulando la prima de riesgo de los bonos de deuda pública, por ejemplo.

En febrero de 2009, ante la gravedad del desastre económico, el G20 acordó en Londres dedicar un billón de dólares para ayudar a países con dificultades, acabar con la crisis, luchar contra los paraísos fiscales y controlar los bancos. Ningún propósito se ha cumplido.

La enorme cantidad de dinero que el G20 prometió no fue para ayudar a países con dificultades sino para salvar a los bancos que habían provocado el desastre financiero. Entre tanto los paraísos fiscales, cómplices de la evasión de impuestos que debilita a los Estados, campan impunes mientras bancos y mercados de capitales entran a saco en los países con la deuda como ariete y hacen tambalear sus economías.

Oponerse a la deuda o vivir sojuzgados por ella. Esa es la cuestión. En España, el pago de intereses supera los 30.000 millones de euros anuales. ¿Qué harán? ¿Más recortes de servicios? ¿Menos derechos? Una falacia neoliberal recurrente en Europa es que las deudas de los Estados aumentaron por exceso de gastos sociales. Falso. Las deudas de los Estados crecieron en Europa por culpa del tratado de Maastricht que prohíbe al Banco Central Europeo (BCE) prestar a los países de la Unión. Si el BCE hubiera prestado dinero a España al 1% de interés (como lo presta a la banca privada), la deuda pública española sería inferior al 20% del PIB, no el 100% actual. Esta Unión Europea fuerza a los Estados a financiarse con la banca privada cuyos préstamos son más caros que los del BCE. El tratado de Maastricht garantiza el negocio de la banca.

Peor aún es que los enormes beneficios y ahorros de las clases ricas por intereses de préstamos bancarios a Estados, rebaja salarial incesante y evasión de impuestos, son para especular, no para financiar economía productiva. Por cada dólar para economía productiva, la minoría dedica 60 a especular con productos financieros.

Ecuador tenía la mayor partida presupuestaria para deuda pública de Sudamérica. Un 40% de gasto estatal para pagar intereses, mientras gasto de sanidad y educación se reducía al 15%. El Presidente Correa impulsó una rigurosa auditoría de la deuda y, averiguadas las deudas ilegítimas, decidió no pagarlas. Así pudo dedicar más dinero a gasto social (que es respetar derechos) y productivo. Las auditorias ciudadanas de la deuda son un buen camino para que la deuda pública deje de ser un problema.

La ofensiva del poder económico-financiero contra la democracia

Los tratados de libre comercio, y en especial el TTIP (entre EEUU y la Unión Europea), son una seria amenaza para el pueblo trabajador. Ese TTIP supondrá, por ejemplo, una violación sistemática de derechos de los trabajadores, porque EEUU no acepta las reivindicaciones básicas de derechos laborales de la Organización Internacional del Trabajo y la armonización de normas negociada en el TTIP será a la baja. Se impondrá la postura estadounidense de no reconocer la mayoría de derechos laborales. Porque quienes negocian ese tratado consideran los derechos de los trabajadores “barreras” para el libre comercio.

Además, el TTIP prevé crear un “consejo de cooperación reglamentaria” que podrá determinar si los proyectos de ley de los gobiernos perjudican intereses de empresas transnacionales. Y hacerlos retirar, pasándose por el arco de triunfo la soberanía de los legítimos parlamentos que legislan. Además quieren crear unos pretendidos tribunales internacionales para conflictos entre inversores (grandes empresas, corporaciones transnacionales) y gobiernos. Pero hay trampa. Únicamente pueden demandar las empresas y esos ‘tribunales’ solo son tríos de abogados privados carísimos sin ningún mandato ni legalidad democráticos. Una mafia cerrada de hecho.

Por otros tratados bilaterales (que también establecen esos falsos medios de resolución de conflictos), tenemos un amplio conocimiento de como actúan esos falsos tribunales: dictando sentencias mil millonarias de indemnizaciones contra los Estados por pretendidos perjuicios a los beneficios de las empresas. Le pasó al gobierno de Uruguay, por ejemplo, demandado y sancionado por uno de esos falsos tribunales con una multa enorme por decretar que se informará en los paquetes de cigarrillos que el tabaco perjudica la salud.

Pero, como si el Tratado no fuera bastante amenaza, la Comisión Europea pretende crear una Unión de Mercados de Capitales. Para financiar empresas. Dicen. Mercados de capitales no son bancos ni tienen oficinas o sucursales en pueblos y ciudades. Son fondos de inversión, fondos buitre, fondos de pensiones, mercados de divisas, mercados de acciones, de bonos, aseguradoras… ¿Que pretende la Comisión?

Según un Libro Verde donde expone su plan, lo prioritario es “detectar y suprimir las barreras y obstáculos que dificultan la financiación de la inversión en la Unión”. ¡Alarma! Porque cuando la Comisión Europea suprime lo que cree impedimentos para la economía, al final lo paga la ciudadanía. Solo hay que repasar los últimos años de historia europea para comprobarlo.

Esa Unión de Mercados de Capitales significaría la completa financiarización de Europa. Es decir, que todo (tangible o intangible, con valor presente o futuro) se puede comprar y vender como producto financiero. Productos del trabajo y servicios transformados en activos financieros. Para especular. No olvidemos que el aumento del hambre en 2008 (con las muertes consiguientes) fue por la especulación con precios de alimentos básicos en los mercados de capitales.

La historia reciente demuestra cuán destructora ha sido la financiarización de la economía, porque va acompañada de la desregulación. Y ya sabemos cuánto cuesta la ausencia de reglas. Por cierto, en el Libro Verde de la Comisión, la regulación de la actividad financiera y el control de los mercados de capitales brillan por su ausencia, no se propone en lugar alguno regular y controlar capitales y transacciones financieras.

Esta crisis es consecuencia directa de la financiarización desregulada. Para los olvidadizos, empezó con una masiva titulización de activos (agrupación de activos financieros en un nuevo producto). Se les llamó títulos ‘tóxicos’ porque contenían préstamos hipotecarios incobrables, camuflados hábilmente en los títulos con otras deudas. ¿Resultado? La mayor crisis de la historia del capitalismo. Billones de euros aportados por los estados para salvar a la banca del hundimiento y pretexto para una austeridad criminal que ha empobrecido a más de medio mundo. Por eso saltan las alarmas al saber que la Comisión tiene como objetivo prioritario “fomentar la titulización de alta calidad” con esa Unión de Mercados de Capitales. ¿Qué otras burbujas no estallarán?

Si se crea la Unión de Mercados de Capitales, y no se impide la firma del TTIP, Europa retrocederá a la Edad Media política. Porque las soberanías nacionales se irán por el desagüe y la ciudadanía y los Parlamentos no pintarán nada. Los mercados decidirán más que nunca y la democracia se convertirá en ritual, liturgia. Atados de pies y manos Parlamentos y Gobiernos por el TTIP y la libérrima actuación de los mercados, unos pocos decidirán lo que a todos atañe en función de los intereses de esa minoría. Porque el poder económico y financiero no quiere que la ciudadanía haga valer sus derechos con los medios que la democracia proporciona. Porque va contra sus beneficios. Ya no recurren a golpes de estado violentos ni a dictaduras militares. De momento. Pero asaltan la democracia con el rodeo de los tratados y la financiarización total. Para vaciarla de contenido.

Y para que no haya duda alguna al respecto, recuerdo aquí que en mayo de 2013 un informe de la poderosa banca de inversión JP Morgan Chase reclamaba derogar las Constituciones Democráticas que se aprobaron tras la Segunda Guerra Mundial en algunos países europeos e imponer regímenes autoritarios en su lugar.

Democracia y poder económico y financiero son directamente incompatibles. Algo tendremos que hacer.

Lo que nos cuestan los bancos

Hace seis años escribí que “los bancos se han dedicado a invertir sus recursos en inversiones muy arriesgadas. Mientras se desencadenaba la crisis, los bancos se forraban especulando y esos bancos, con la complicidad de las autoridades monetarias, dedicaron demasiados recursos a productos financieros volátiles, oscuros y peligrosos… hasta que la crisis desveló que los bancos no tenían liquidez suficiente”. ¿Hemos avanzado algo al respecto?

No lo parece, en aboluto. Lo que sí ocurre desde entonces es que los gobiernos acudieron raudos a rescatar bancos con el dinero de todos. Una actuación que ha continuado con una constancia digna de mejor causa. La ayuda pública de los estados a los bancos empezó tras estallar la crisis, aumentó mucho a partir de 2010 y no ha cesado. Hace unos días, el Banco Central Europeo (BCE) adjudicó más de 82.000 millones de euros al 0,15% de interés en la primera de las dos subastas de liquidez de este año. En total, en 2014, los bancos españoles pillarán en ambas 35.000 millones de euros. En la de diciembre, los bancos europeos podrán pedir al BCE hasta 300.000 millones de euros. Una pasta.

Esa generosa derrama no es nueva, pues en 2012 el BCE ya prestó a muy bajo interés 529.000 millones de euros a 800 bancos y a finales de 2011 había inyectado 490.000 millones de euros a 523 bancos europeos. En total, el BCE ha financiado a largo plazo a la banca privada europea con algo más de un billón de euros. Un millón de millones por ahora. En el mundo de la banca a eso lo llaman manguerazo de liquidez y la razón de tal prodigalidad del BCE es sencillamente que Europa no arranca. Ni siquiera Alemania presenta números económicos suficientemente esperanzadores y reconfortantes.

Las optimistas previsiones de recuperación y crecimiento de hace varios meses han topado con la cruda y tozuda realidad. El propio Draghi, presidente del BCE, reconoce que la recuperación en la eurozona pierde impulso y que el elevado paro y la falta de crédito a empresas y familias impiden el crecimiento. ¡Qué lince!

Por eso las abundantes inyecciones de liquidez, para que sean “poderosa herramienta para facilitar nuevos flujos de crédito a la economía real“, según Draghi. Sin embargo, inyecciones de liquidez a bajo interés ha habido todos estos años, pero el crédito no ha fluido ni en sueños. ¿Qué han hecho los bancos con esas millonadas recibidas? Pues, entre otras cosas, comprar deuda pública que les reporta beneficios fáciles sin esfuerzo ni acción alguna y especular con ella. Además presionar a los gobiernos para que recorten presupuestos sociales, liquiden derechos y les rebajen impuestos.

¿Qué hubiera ocurrido si toda esa enorme ayuda la hubiera prestado el BCE a empresas y familias o a los gobiernos con las mismas generosas condiciones que a la banca? ¿Se hubiera desarrollado la crisis tal como la hemos sufrido?

Uno podría tener la tentación de pensar ingenuamente que, si ahora los bancos tienen liquidez para dar créditos, las cosas mejorarán. Pero no van por ahí los tiros. Entre otras cosas porque el propio Draghi, que está dispuesto a tomar nuevas medidas ‘no convencionales’ y a reducir tipos de interés ¡hasta 0,05%!, ha reclamado a los Estados miembros ‘reformas estructurales’ para que los préstamos del BCE tengan efecto. Ahí está la trampa, pues bien sabe la ciudadanía, y sobre todo la del sur de Europa, qué significan las ‘reformas estructurales’. Un miserable eufemismo de contrarreformas que aseguren la hegemonía de las élites, minoría rica o clase dominante, como prefieran, porque los tres términos significan lo mismo, y deje en la estacada a la mayoría ciudadana.

Que el BCE dé dinero a espuertas a los bancos no significa que la situación mejore de verdad. Para empezar porque este capitalismo que sufrimos está tan repleto de contradicciones que ya no tiene salida. Y en tanto no se regule y controle el mundo financiero, como primeras medidas, no hay solución. Porque la prioridad de la minoría rica es continuar siendo minoría y aún más rica. Por esa razón, los millones de euros para presuntos créditos cuanto más aliviaran o quizás mejorarán algo a muy pocos de los 500 millones que habitamos Europa, si finalmente algún crédito fluye. Pero la mayoría o grandes minorías continuarán sufriendo, porque la desigualdad está en el ADN de este sistema predador. Y la desigualdad es compañera inseparable de la pobreza.

Expresó la situación que sufrimos con sinceridad o desfachatez uno de los hombres más ricos del mundo, el estadounidense Warren Buffet, quien, a preguntas de un periodista, respondió: “Claro que hay lucha de clases, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que libra esta guerra. Y la estamos ganando“. El beneficio de una minoría es lo que buscan y lo que interesa a esos pocos que acumulan la mayor parte de riqueza del mundo, no la justicia ni el bienestar de la mayoría.

Y entonces, ¿qué? Pues que cuanto más conscientes seamos de quien es el verdadero adversario de las clases trabajadoras y populares, y actuemos en consecuencia, antes veremos la luz al final del túnel.

De ricos, desigualdad e impuestos

En EEUU, la mayor potencia capitalista, en 2013 murieron 18 madres por cada 100.000 nacimientos, explica Juan Torres. Además, con esas cifras, las mujeres negras estadounidenses tienen tres veces más probabilidad de morir en embarazo y parto que las blancas. Ya en 1990, antes de la crisis-saqueo y los recortes, morían 12 mujeres estadounidenses por cada 100.000 nacidos y la cifra no ha dejado de aumentar, cuando en Islandia, por ejemplo, madres que mueren por cada 100.000 nacimientos solo son 2.

De 1990 o 2003 aumentó en ocho países el número de mujeres que mueren en el parto o embarazo: Afganistán, El Salvador, Belize, Sudán, Mali, Somalia, Haití… y EEUU. ¿Por qué en el país más rico del mundo mueren de parto tantas mujeres como en los más empobrecidos?

Porque el país más rico del mundo aplica un capitalismo implacable donde la atención a la salud no es derecho sino un poderoso negocio privado. Y porque el sistema capitalista conlleva una imparable y progresiva desigualdad hasta la desigualdad extrema que hoy sufrimos.

Paul Krugman ha recordado que la última lista de ricos del Institutional Investor incluye 25 gestores de fondos de inversión (especulación) excelentemente bien pagados. Son 25 hombres (ni una mujer) que se han embolsado 21.000 millones de dólares en 2013; 840 millones de dólares anuales cada uno. O dos millones y cuarto diarios. El año pasado, esos 25 especuladores ganaron más del doble que todos los maestros y maestras de educación infantil de EEUU juntos.

Según Capgemini y RBC, empresas que elaboran un informe anual sobre la riqueza de los ricos, tiene gran fortuna o gran patrimonio quien posee activos por un millón de dólares o más, sin contar la primera vivienda, cuadros, esculturas y otros objetos coleccionables, consumibles y bienes de consumo duraderos. Mucha riqueza. Según Capgemini y RBC, ricos de millón de dólares o más hay 12 millones en el mundo. Y en España, 144.600. Doce millones es la población de Bélgica o Guinea. Parecen muchos, pero son 12 millones entre 7.200 millones de habitantes de la Tierra. Y, en España, esos ciento cuarenta y tantos miles de ricos lo son en una población de 46 millones. Minorías escandalosas.

En el Reino de España, esos ciento cuarenta y tantos miles de ricos lo son en plena crisis, mientras tres cuartas partes de la población con empleo vive con salarios insuficientes o muy insuficientes. Y de los parados ni hablamos. Cabe recordar también que los consejeros ejecutivos mejor pagados de empresas del Ibex 35, en 2013 ganaron 75 veces más que sus plantillas de media, según datos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Por ejemplo, el ingreso medio de un empleado de Inditex (propiedad de Amancio Ortega, uno de los hombres más ricos del mundo), fue 21.763 euros brutos; 366 veces menos que los 8 millones de euros que percibió el consejero delegado de esa empresa, Pablo Isla. Una desigualdad indecente que se repite en los ingresos de los asalariados de las empresas del Ibex 35 comparados con los de sus consejeros y ejecutivos.

Como recuerda Paul Krugman, el dogma neoliberal pretende que esos enormes beneficios de los ricos los reciben porque son innovadores, emprendedores, crean empresas y empleo. Paparruchas. Los citados gestores de fondos de inversión, que consiguieron 21.000 millones de dólares, no crean riqueza ni emprenden nada: especulan. Además, la mayor parte de riqueza de los muy ricos es heredada, no fruto del trabajo. Ni procede tampoco de invertir en economía real productiva, sino por especular y por rentas obtenidas por acumulación de capital.

¿Por qué todo eso es importante? Por los impuestos. Mejor dicho, por los impuestos que no pagan o pagan poco. Desde los ochenta de siglo XX, cuando Reagan y Thatcher iniciaron la bajada de impuestos a los ricos, todo un sistema mediático pretende que bajar esos impuestos activa la economía. Pero está demostrado que rebajar impuestos sobre la renta, sociedades y cotizaciones sociales empresariales no propicia el crecimiento económico. Lo frena. La reducción o supresión de impuestos solo beneficia a la minoría. A esos ciento cuarenta mil de rentas altas y grandes capitales en España y a unos pocos millones en el mundo.
En España se amenaza ahora con una reforma fiscal del Gobierno. La ciudadanía hará bien en oponerse frontalmente para frenarla o desactivarla. O será más pobre y el país más desigual.

Un régimen de opresión y saqueo llamado deuda

Medios de comunicación, portavoces gubernamentales y servidores de la élite económica en España pregonan el peligro de la cuantiosa deuda pública y la culpable responsabilidad colectiva en la misma: la estúpida falacia de haber vivido por encima de nuestras posibilidades. Tan es así que un Gobierno pretendidamente socialista reformó con alevosía la Constitución, sagrada e intocable para otras cuestiones, con un artículo 135 que proclama que “los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública (…) se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta”. ¡En la Constitución!

El endeudamiento público no ha sido por vivir por encima de nuestras posibilidades sino utilizado por el poder financiero para saquear recursos públicos. Pero el adormecedor mantra repetido una y otra vez es la relación de la deuda pública con la crisis. Y por eso presionan para reducirla con recortes sociales y más recortes. Pero la deuda pública no es causa de la crisis. En años anteriores a la misma, la deuda pública española era de las más bajas de Europa.

La deuda pública ha crecido por una política fiscal regresiva al servicio de la élite económica y por un gigantesco y continuo fraude fiscal de grandes empresas y capitales. Más el cuantioso rescate de una banca privada potencialmente quebrada. España es modélica en el saqueo que es convertir deudas privadas en deuda pública.

Conviene recordar ahora que en los 70 del siglo pasado arrancó la nueva versión del capitalismo que llamamos ‘financiarización’. Reducir a producto financiero especulativo cualquier valor, bien o servicio que pueda ser vendido y comprado, hoy o mañana. Mientras se extiende el uso y abuso del apalancamiento: endeudarse hasta las cejas para especular mucho más allá del patrimonio habido.

El endeudamiento se convirtió en motor principal de una economía de humo. Se creó dinero de la nada, porque la gran banca daba abundantes créditos baratos, sobre todo a los estados y, en una década, la deuda pública se multiplicó por siete.

¿Irresponsabilidad económico-financiera? No. Nuevo régimen para aumentar los beneficios de la élite económica que el marxismo denomina “clase dominante”. La deuda ya es un régimen que “el poder financiero utiliza para saquear los recursos públicos y atacar los derechos humanos”, denuncia Maria Lucia Fattorelli, auditora fiscal e impulsora del movimiento ciudadano global de auditoría de la deuda.

Por medio de organismos internacionales nada democráticos (FMI, BCE, OMC u OCDE), el régimen de la deuda impone ajustes presupuestarios, contra-reformas fiscales, laborales, de pensiones públicas, de control de inflación, “ingeniería financiera” y cambio de leyes nacionales en beneficio del sector financiero y de la prioridad del pago de la deuda. Mientras, los grandes medios de “información” ocultan, manipulan y desinforman sobre la realidad económica y financiera y maquillan sus graves consecuencias sociales.

Así pretenden ocultar la responsabilidad de la banca privada en la crisis financiera. Y luego FMI, BCE y OCDE presionan para asegurar la transferencia de recursos públicos a los bancos privados responsables de esta poliédrica crisis. Porque la élite económica logró enormes beneficios con el creciente endeudamiento que hinchó las burbujas inmobiliaria y financiera e hizo imparable la crisis.

De todo se tiene cumplida experiencia en el Reino de España. Como denuncian Gerardo Pisarello y Jaume Asens, “cada nueva contrarreforma laboral, cada propuesta de retraso de la edad de jubilación, cada recorte de derechos sociales se ha presentado como imprescindible para pagar las deudas y obtener más fondos”.

La deuda pública era apenas 40% del PIB en 2006 y hoy es 96%. ¿Por qué tal aumento? Por un generoso rescate bancario. Lo último es que el Gobierno regala 40.000 millones de euros a la banca privada por activos fiscales diferidos. Es evidente que aumentar en cinco años casi un 60% el volumen de la deuda pública respecto al PIB no ha sido por estímulos para que la economía real se recupere ni para satisfacer los derechos sociales de la ciudadanía.

¿Hasta dónde llegarán los explotadores del régimen de la deuda? Hasta donde les dejemos, pues son insaciables. Una primera respuesta son las auditorías ciudadanas de la deuda pública. Para determinar su origen, conocer quiénes son poseedores de deuda y cuánta. Y qué parte es ilegítima. Extender el conocimiento de esos hechos y no pagar deuda pública hasta averiguar cuánta es ilegítima. Eso para empezar.

Sin justicia fiscal y además nos dan gato por liebre

A finales de 2013, once países de la Unión Europea acordaron establecer un impuesto sobre las transacciones financieras (ITF). No se hizo nada al respecto durante meses y ese ITF parecía congelado. Francia e Italia sí legislaron sobre la implantación de ese impuesto, pero tan corto como vuelo de perdiz. En España ni siquiera se mencionó en los Presupuestos Generales del Estado y en los restantes ocho países, nada de nada. Pero hace unos días, por sorpresa, los ministros de economía de la UE (Ecofin) acordaron en Bruselas que el impuesto sobre transacciones financieras será realidad en 2015.

Pero éste ITF es insuficiente, corto y timorato. Aunque, más allá del evidente electoralismo de anunciar ahora su puesta en marcha (por la proximidad de los comicios al Parlamento Europeo), el ITF desbloquea el dogma neoliberal de no poner impuestos al capital y a sus movimientos especulativos. Y eso es importante. No porque debamos agradecer nada a esta UE sino porque la crisis y la escandalosa reducción de ingresos estatales les obligan a bajar del burro.

Una de las insuficiencias más graves de este ITF es que solo se pagará por transacciones en las que el vendedor emita el producto financiero a vender en uno de los once países del acuerdo. Pero no se gravarán las operaciones en las que vendedor o comprador residan en uno de esos países, como sería lo justo y lógico. Gravar según el lugar de emisión facilita a los especuladores poderosos una vía para no pagar la tasa. Solo tendrán que emitir sus productos financieros donde les dé la gana, pero que no sea uno de los once países que implantan el ITF. Así eludirán el impuesto. Con el agravante de que este ITF solo afecta a transacciones con acciones y más adelante, derivados, pero no con divisas ni otros productos financieros.

Otra deficiencia grave parece ser que lo recaudado se dedicaría a formar un fondo para futuros rescates bancarios. Eso han dicho los ministros económicos de la UE. Es decir, se reafirma el mantra de los casinos: la banca siempre gana. Cuando lo justo sería que ese dinero del ITF fortaleciera la economía sostenible y satisficiera derechos sociales de la ciudadanía. Sin olvidar que, cuando se concibió ese impuesto hace décadas, fue prioritariamente para disuadir la especulación financiera, reducirla y controlar los movimientos de capital.

En realidad, el ITF es en parte un impuesto contra la acumulación de riqueza. Acumulación nada inofensiva. Enormes cantidades de dinero controladas por un grupo muy reducido se mueven libremente y especulan por todo el mundo con la abundante gama de activos financieros de todo tipo y pelaje, obteniendo obscenos beneficios. Sin pagar impuesto alguno o apenas. Con la imprescindible colaboración de los paraísos fiscales. Una especulación que altera severamente la economía real y la vida de las personas. El filme The Company Men, protagonizado por Ben Affleck y Tommy Lee Jones, muestra como la especulación afecta a la seguridad del empleo, por ejemplo. Los selectos accionistas mayoritarios de una empresa financiera estadounidense despiden progresivamente a la mayor parte de sus ejecutivos. Para recortar gastos, arguyen. Pero lo que buscan de verdad es aumentar ostensiblemente el valor de sus acciones, porque la cotización en Bolsa subirá cuando se sepa que han reducido personal de modo implacable.

Los datos demuestran que la especulación es brutal. Según el Banco Internacional de Pagos, en 2013 solo el mercado de divisas movía diariamente 4 billones de euros. Un valor anual de 1.000 billones de euros. Y en Europa, las transacciones financieras en 2012 movieron 692 billones de euros. ¿Qué hubiera significado recaudar un impuesto sobre esas transacciones?

En el Reino de España, el 40% de lo recaudado por la Agencia Tributaria proviene del impuesto sobre le renta (IRPF), según cálculos del sindicato de técnicos de Hacienda (Gestha). De esa recaudación, el 84% son impuestos por rentas del trabajo y solo 9% por las del capital. Ya va siendo hora de que el capital pague lo que le corresponde. Y un ITF en condiciones puede ser camino para cierta justicia fiscal.

Cuando hace 16 años ATTAC reivindicó en solitario un Impuesto sobre Transacciones Financieras (la Tasa Tobin sobre operaciones con divisas), los tomaron poco menos que por dementes. Hoy, quienes desguazan Europa con sus dogmas de desregulación y desde siempre vetan impuestos para el capital aceptan ahora un Impuesto sobre las Transacciones Financieras, aunque no sea el que necesitamos. Y el 61% de la ciudadanía europea considera necesarios y posibles esos impuestos. Una fiscalidad justa y progresiva sobre el capital y sus incesantes transacciones financieras no es una utopía inalcanzable. Se puede conseguir y lo hemos de conseguir.

Austeridad, evasión fiscal y democracia auténtica

La austeridad que hoy se impone tiene gravísimas consecuencias. Más desempleo y más pobreza, más enfermedades y más suicidios. La austeridad mata, como titula David Sucker un concienzudo estudio al respecto. Cabe hurgar por tanto el origen y responsables de la malhadada austeridad.

La austeridad se cuece cuando la minoría rica comprueba que se acaban las vacas gordas. Años setenta. Grandes empresarios, banca y grandes fortunas ven reducirse sus beneficios. Ni siquiera la explotación de países empobrecidos evita la merma. Entonces se empezó a rebajar impuestos a los ricos, mientras el fraude fiscal devenía endémico y la economía se financiarizaba. No producir bienes y servicios, sino pura especulación financiera; por cada dólar invertido en economía real, 60 en pura especulación. La economía se convierte en un casino.

 

El proceso se acelera en 2008 cuando se hunde Lehman Brothers, “intoxicado” hasta las cejas. Su balance, pura filfa y humo, pues buena parte de activos eran deudas que jamás se cobrarían; hipotecas-basura “titulizadas”, camufladas. Hipotecas-basura que los diez mayores bancos de inversión vendieron, engañando a todo el mundo, con la calificación de muy seguras y rentables por las oscuras agencias de rating. Es la crisis.

 

El sistema financiero se tambaleó y los gobiernos acudieron raudos a inyectar muchísimo dinero para salvarlo. Los estados se endeudaron para ayudar a la banca y entonces surgieron trileros, timadores de toco mocho y de la estampita vociferando que el déficit público era inaceptable y se imponía la austeridad. Naturalmente para que los estados ahorraran y pudieran pagar intereses de deuda pública a la banca; deuda que habían comprado con barato dinero público del Banco Central Europeo. Y los gobiernos ahorraron a costa de la mayoría. En beneficio de la minoría rica.

 

¿Cuántos forman esa minoría que se beneficia de la austeridad y la supresión de derechos? Según el Informe anual de Riqueza en el Mundo 2013 de RBC Wealth Management y Capgemini, en España hay 144.600 poseedores de más un millón de dólares y en EEUU, tres millones y tres cuartos de millón. En todo el mundo, 12 millones. Un ridículo 0,17% de población contra 7.000 millones de personas.

 

Minoría no solo codiciosa y especuladora, sino también delincuente. Manipulan tipos, estafan a clientes, ocultan riesgos, se lucran con información privilegiada… y, especialmente, evaden impuestos. Pagan poquísimos impuestos, pero les parece demasiado. Y esconden sus fortunas.

 

Quienes evaden impuestos precisan blanquear su sucio dinero. Gracias a los paraísos fiscales y a buena parte de la banca. El barrio financiero de Londres (la City), por ejemplo, es el mayor lavadero de dinero negro del mundo. El blanqueo hace sorprendentes compañeros de cama, pues tanto necesita blanquear dinero sucio quien especula con fondo de inversión y no quiere pagar un duro de impuestos como el narcotraficante que vende cocaína. Como muestra, la actuación del banco británico HSBC. Según el Senado de los Estados Unidos, HSBC aceptó que criminales del mundo usaran sus servicios para blanquear ingentes cantidades de dinero del narcotráfico. También blanqueó Standard Chartered… Y otros muchos.

 

El agujero de impuestos evadidos alcanza el billón de dólares: más que los presupuestos de 176 países. Si ese billón se abonara, se acabaría con la pobreza, se doblarían las energías limpias y todos los niños del mundo estarían escolarizados.

 

Por el contrario, las crisis de las últimas décadas, y sobre todo esta crisis, han empobrecido a millones, provocado hambrunas y hecho sufrir a miles de millones. Y, según Naciones Unidas, la especulación con dinero blanqueado del crimen organizado ha contribuido a agravar las crisis financieras y económicas de las últimas décadas. Porque, como denuncia también la ONU, “la penetración de los sindicatos del crimen en las finanzas fue facilitada por los programas de ajuste estructural impuestos a los países endeudados para poder acceder a préstamos del Fondo Monetario Internacional”. Más claro…

 

La evasión de impuestos es delito muy grave, porque en democracia evadir impuestos es robar a la ciudadanía. Es así porque los impuestos justos, progresivos y suficientes son condición indiscutible de la democracia de verdad. Pues no hay libertad ni justicia sin asegurar la independencia material que garantiza una vida digna a toda la ciudadanía. Y eso se logra con una fiscalidad justa que permite al estado redistribuir la riqueza, ofrecer servicios públicos esenciales y protección social.