Un sistema gangsteril

Un tal Luis de Miguel, ‘cerebro’ financiero de una de las mayores mafias de corrupción en el Reino de España (la trama Gürtel), presumió en el juicio contra los individuos de esa trama de haber logrado que la multinacional Alcampo no pagara impuestos durante 20 años, pese a sus considerables beneficios, gracias a sus planes de elusión. Fraude y elusión fiscales de grandes empresas son norma, no excepción. Suponen mucha menos recaudación para educación, sanidad, atención social; significa menos hospitales, menos escuelas, menos actuaciones sociales, menos apoyo al desempleo, más pobreza, más desigualdad…

No satisfechas con no pagar buena parte de impuestos, grandes empresas españolas consiguieron además considerables ayudas fiscales con el pretexto de su expansión internacional. Pero recién el Tribunal de Justicia Europeo anuló una sentencia favorable a esas empresas, justificando esa reducción fiscal.

Evasión de impuestos, trato fiscal de favor y corrupción van de la mano. La corrupción en España, por ejemplo, cuesta 90.000 millones de euros anuales según la Cámara Nacional de Mercados y Competencia. Casi 48.000 millones de euros perdidos son sobrecostes por ausencia de control del cumplimiento de contratas de administraciones públicas por empresas privadas. Las otras decenas de miles de millones son corrupción pura y dura, la de sobres y maletines bajo mano para pagar comisiones por adjudicar contratas públicas a empresas privadas. Corrupción que no cesa. Cada mes se destapan unos diez casos nuevos y, si en 2010 se arrestó a 389 presuntos corruptos en España, el año pasado fueron más de 2.400 los corruptores o corrompidos detenidos según el ministerio de Interior.

Otra prueba de inequívoca podredumbre del sistema es que aumentan las filiales de grandes empresas españolas en paraísos fiscales. ¿Para qué querrán las grandes empresas estar en esos  mal llamadas paraísos si no es para perpetrar tranquilamente el delito de no pagar impuestos? En 2013 y 2014, las filiales de grandes empresas del Ibex 35 en esas cloacas fiscales aumentaron un 10% hasta ser 891, según denuncia Oxfam Intermón en su informe ¿Beneficios para quién?

Para probar que la putrefacción es bastante general se ha sabido hace poco que el Banco de España escondió la morosidad bancaria que crecía al aumentar los créditos por la expansión de la burbuja inmobiliaria. Un Comité Técnico de Coordinación del Banco aleccionó a los inspectores de esta entidad reguladora para que fueran comprensivos y no pretendieran el total cumplimiento de la legalidad en la refinanciación de préstamos hipotecarios, por ejemplo.

Otrosí, en los últimos 15 años el flujo de dinero desde paraísos fiscales se ha multiplicado por cuatro y España no es una excepción. En 2015 el dinero de paraísos fiscales a España aumentó un 27% respecto al año anterior. Sin embargo, que aumente la inversión y beneficios en España por esa vía no ha incrementado los ingresos del Estado. Porque el gobierno determinó que los beneficios de empresas españolas en el extranjero casi no tributen aquí. Esa reducción de recaudación pública por evasión o elusión de impuestos es global. Según varios estudios, entre los que destaca el de Oxfam Intermón, la Unión Europea deja de recaudar cada año por evasión y elusión fiscales cientos de miles de millones de euros. Porque los gobiernos no se proponen de verdad acabar con la lacra del impago de impuestos. En realidad, lo favorecen y ahí están para demostrarlo los acuerdos secretos de algunos gobiernos europeos, como el de Luxemburgo, con  cientos de multinacionales.

No es cuestión baladí, pues en América Latina, por ejemplo, la delincuencia fiscal de grandes empresas cuesta más de 100.000 millones de dólares anuales a los países empobrecidos; esos que desde Occidente con increíble desfachatez denominan ‘países en desarrollo’. La recaudación evadida de gravar capitales (que los ricos latinoamericanos esconden en paraísos fiscales) sería suficiente para que más de 30 millones de latinoamericanos salieran de la pobreza. Por su parte, África pierde 50.000 millones de dólares anuales por movimientos ilegales de capital y con esa  evasión de impuestos, por ejemplo, Chad tardará más de cien años en reducir 2/3 partes la mortalidad infantil en la infancia hasta cinco años, pero lo lograría en 12 si esos impuestos se pagaran cuando y cuanto se debe.

Evasión de impuestos, trato fiscal de favor, favor y ayuda a delincuentes (los que provocaron la crisis), corrupción a mansalva, desposesión de la ciudadanía… Definitivamente éste es un sistema gangsteril. Y hay que enfrentarse a él, problema a problema, delito a delito.

Sembrar en el desierto

Stephane Hessel escribió el manifiesto “¡Indignaos!” a finales de 2010 y, en 2011, la indignación se concretó en acampadas en las plazas de más de setenta capitales españolas, que se extendieron a Europa y otras regiones. Nacía el movimiento de “indignados”, el 15 M. Porque, como ha escrito Ovejero Lucas, “los ciudadanos hemos visto violados acuerdos fundamentales; empresas y hogares se han encontrado con fuentes de financiación cerradas; los trabajadores con peores condiciones laborales, y el Estado de derechos sociales, desmantelado”. ¿Qué hacer? Josep Ramoneda recuerda un graffiti que decía: “Indignarse no es suficiente” y una pancarta que aseguraba que “la indiferencia es un arma de destrucción masiva”. La indiferencia no va a ninguna parte, continúa Ramoneda, y la indignación cambiará las cosas si se hace política, cabe añadir. Hacer política que nada tiene que ver con la partitocracia de formaciones que gobiernan o esperan hacerlo; ellos han roto la baraja y vaciado la democracia. Nosotros hemos de hacer política para recuperar al democracia

Hacer política no es entrar en el juego de esos partidos. Hacer política también es poner en la picota el actual sistema formal, opaco, distorsionado, cada vez menos democrático. Pero hacer política. Otra política. Sin “buenismos” ni ingenuidad.

Como propone José Luis Sampedro, hacer política empezando por tomar conciencia del desastre actual, no tolerarlo y esgrimir siempre nuestros derechos. Sin ira, organizados, por todos los medios. Y proclamar que ciudadanas y ciudadanos somos los depositarios del poder político, que la soberanía reside en el pueblo y de el surgen los poderes del Estado. No al revés.

Además, dudar de toda explicación que venga del poder político y económico actuales, porque mienten cuanto respiran. Y, por tanto, es necesario informarse en diversos medios, recurrir a la Red, contrastar y comprobar la fiabilidad de fuentes y medios. Las web de grandes ONG (Amnistía Internacional, Médicos sin Fronteras, Greenpeace, Oxfam, Solidarios para el Desarrollo…), por ejemplo, son fuentes fiables y buenas referencias para establecer la credibilidad de otros medios. Webs y blogs de asociaciones vecinales, entidades ciudadanas, de trabajadores y solidarias suelen aportar información fiable.

Difundir información veraz sobre lo que nos afecta, explicar las causas de los problemas y señalar responsables. Y enfrentarnos a la falsedad, la manipulación y el engaño, proclamando las cosas como son. No discutir, sólo explicar lo que es verdad: que no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que no tiene que haber recortes para remontar la economía (más bien lo contrario), que es un embuste que lo privado sea mejor que lo público, que es falso que una reforma laboral que viola derechos cree empleo… Siempre contra la mentira, en cualquier escenario.

Conseguir buena información y difundirla es un primer paso para hacer política. Organizarse, movilizar con talento, y a renglón seguido, elaborar y proponer otras salidas, otras medidas para hacer posible otro país, otra sociedad. Y empezar a conseguir algún poder, desde los barrios… hasta donde se pueda.

¿Utopía? Moncef Marzouki, médico y opositor tunecino, dice a ese respecto: “Vengo del desierto y vi a mi abuelo sembrar en él. Siembras en tierra árida y esperas. No sé si has visto el desierto tras la lluvia: es un vergel. Un día, marchas sobre tierra quemada, pero luego llueve y te preguntas cómo ha ocurrido para que nazcan tantas flores, tanto verdor. Porque las semillas estaban ahí. Hay que sembrar incluso en el desierto. Siembro y, si mañana llueve, bien, y, si no, los granos están ahí. Para cuando llueva”.

No es poesía, aunque lo parezca. No es ingenuidad. Es un camino. Y a menudo la poesía es lo mas real.

Como real es que el Banco Central Europeo, por ejemplo, desde diciembre haya dado un billón de euros a interés de risa a la banca europea para que especule con la deuda de los estados, mientras crecen paro y pobreza pero no cede la austeridad. Nazaret Castro diagnostica que “en España, en Europa, nos la jugamos ahora. Es el asalto final del neoliberalismo. Nosotros decidimos si vale la pena luchar”. Y, como ha escrito Daniel Ellsberg, “si miras la Historia, hubo momentos en los que parecía imposible que se aboliera la esclavitud o se reconocieran derechos a las mujeres. Pero las cosas cambian. Cambian si la gente las cambia. Nunca cambian solas”.

A los diez meses de que surgiera, el 15 M es el principio de una ardua y larga lucha para acabar con la degradación de la democracia y con la tiranía financiera y sus devastadoras consecuencias. Haciendo política. Es lo que toca.

Guantánamo y los derechos humanos

Un pastor afgano es detenido por estar cerca de una explosión; el pastor niega relación con ese hecho y sus interrogadores comprueban que sí sabe de pastoreo, pero ignora todo sobre armas o política. Y le creen. Pero lo mantienen encerrado cinco años. En Guantánamo.

Un anciano afgano con artritis y demencia senil es detenido porque encuentran en su casa un teléfono móvil, que no sabe utilizar. El afgano Kudai Dat, esquizofrénico, es hospitalizado con síntomas agudos de psicosis tras ser interrogado, y pasa cuatro años encarcelado. Un padre, que busca a su hijo en el frente de guerra afgano, es detenido. También arrestan a un mercader que viaja habiendo olvidado la documentación. Un hombre que hace autostop para ir a comprar medicinas es detenido y encarcelado…

Decenas de enfermos mentales, ancianos, adolescentes, enfermos psiquiátricos graves, maestros de escuela y granjeros sufrieron años de cárcel. Ninguno tenía vínculos con terrorismo alguno. Estos y otros muchos, hasta casi ochocientos, estuvieron encerrados durante años en la prisión de Guantánamo.

Wikileaks ha desvelado la absoluta arbitrariedad de los encarcelamientos sin base en Guantánamo, así como los terribles abusos cometidos por el gobierno de Estados Unidos en esa cárcel. Los informes revelan que las autoridades estadounidenses no necesitan pruebas para encarcelar. La nueva filtración, publicada por The Guardian, The Washington Post, The New York Times y El País, son fichas e informes de mandos militares sobre 759 de los 779 presos que han llegado a estar encerrados en Guantánamo.

Esos documentos prueban que el gobierno de Estados Unidos encarceló en terribles condiciones a centenares de presos que nunca supusieron peligro alguno. Encerrados sin pruebas ni indicios de haber cometido delito alguno. Sin formular cargos y sin defensa durante mucho tiempo. Hoy, 170 aún siguen en Guantánamo. De lo que contra todo derecho es y era Guantánamo, lo prueban las docenas de intentos de suicidio entre los encarcelados.

Un editorial de El País, bajo el título “Infamia consentida”, indica que “los papeles de Guantánamo alumbran una apabullante radiografía de los abusos y violaciones de los derechos más elementales cometidos en la prisión creada por George W. Bush en 2002, tras los atentados del 11S (…). Los informes muestran un sistema carcelario propio de regímenes totalitarios, basado en sospechas, conjeturas y delación”.

Pero vayamos más allá al analizar esa vergüenza universal. Guantánamo es sencillamente incompatible con el menor respeto por los derechos humanos. La Declaración Universal de Derechos Humanos empieza afirmando que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Y continúa declarando que, por esa dignidad, todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le aseguren todas las garantías necesarias para su defensa…

En Guantánamo se han violado una y otra vez todos esos derechos de cientos de personas. Como denuncia el abogado Clive Stafford, que defiende a presos de esa prisión, “la verdad de Guantánamo es cien veces peor de lo sabido”.

A este escándalo hay que añadir el de los vuelos clandestinos de la CIA (con complicidad de gobiernos europeos) para trasladar secretamente a presos sospechosos de terrorismo a países donde ser torturados sin escrúpulos legales, deja con las vergüenzas al aire a Estados Unidos y a Europa, presuntos campeones de los derechos humanos. Dicen sus dirigentes. Pero en derechos humanos (como en el amor), obras son amores y no buenas razones.

Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de derechos humanos? Hablamos de vida, de dignidad, de libertad y de justicia. De libertad o barbarie, de vida o muerte. Por eso no son una opción que pueda elegirse o no. El respeto de los derechos humanos no se puede fraccionar o cumplir por porciones ni con excepciones por pretendida seguridad o cualquier otra falacia similar. Los derechos humanos se respetan sí o sí. Sin excepción. Y obligan a todos. Ningún país tiene “patente de corso” para saltárselos. Nunca. Porque en verdad, los derechos humanos no son la meta. Son el camino de la democracia y de la paz. Y de la dignidad.

Un mundo criminalmente corrupto y desigual

Una reciente querella contra el dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, denuncia que desvió ilícitamente 27 millones de dólares para blanquearlos con la compra de seis viviendas y tres plazas de garaje en España. Un informe del Senado de Estados Unidos indica que una cuenta de Guinea Ecuatorial en el banco Riggs ascendía a 700 millones de dólares por pagos de petróleo guineano y que el banco ayudó a Obiang a crear empresas-fantasma y abrir cuentas a su nombre y colocar parte de ese dinero.

Françoise Desset, juez decana de delitos financieros de París, ha admitido una denuncia de Transparencia Internacional, organización contra la corrupción que acusa a jefes de Estado africanos de enriquecimiento ilícito, abuso de confianza y apropiación de fondos públicos. Pide que se investiguen las fortunas acumuladas en Francia por Omar Bongo, presidente de Gabón, y Denis Sassou-Nguesso, presidente de República de Congo. Un informe de la policía francesa desvela que grandes viviendas de lujo en las zonas más caras de París, así como una flota de automóviles de lujo, son propiedad de esos presidentes.

Al otro lado del océano, Álvaro Colom, presidente de Guatemala, parece implicado en el asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg. “Si ven este vídeo significa que he sido asesinado”, grabó este abogado guatemalteco, muerto hace poco. Rosenberg  señala al presidente Colom y a otras personas como responsables de su muerte, relacionada con corrupción en el Banco de Desarrollo Agrícola, el segundo más grande de Guatemala.

En Oriente, el ex presidente surcoreano Roh Moo-hyun, implicado en una  corrupción millonaria, se ha arrojado por un precipicio cerca de su domicilio. 

En Grecia, el primer ministro conservador, Costas Karamanlis, evitó convocar elecciones anticipadas al impedir por pocos votos que se levantara la inmunidad al diputado y ex ministro de su partido, Aristóteles Pavlides, acusado de exigir comisiones para conceder un servicio de transbordadores.

En España, la Fiscalía Anticorrupción ha experimentado un incremento espectacular del 100% en investigaciones por corrupción inmobiliaria, financiación ilegal de partidos, sobornos y estafas respecto al año anterior.

En Italia, el Tribunal de Milán ha condenado al abogado David Mills a cuatro años de cárcel por corrupción. Según la sentencia, Mills mintió a los jueces para proteger a Silvio Berlusconi, y le ayudó y también a Fininvest (consorcio mediático y financiero de Berlusconi) a burlar las leyes italianas. Berlusconi sobornó con 600.000 dólares al abogado británico y éste cometió “falso testimonio” para “proporcionar impunidad a Berlusconi y al grupo Fininvest”. El Tribunal considera probado que Mills permitió a Berlusconi “mantener ingentes beneficios” en paraísos fiscales y “burlar abiertamente” las leyes italianas de medios de comunicación.

Berlusconi se ha librado -de momento- por la ley Alfano (que garantiza inmunidad a cuatro altos cargos del Estado), que se apresuró a hacer aprobar con su mayoría absoluta cuando vio las cosas mal.

Y en 2007 y 2008, nos encontramos con los millonarios escándalos Enron, World Com y otros en Estados Unidos, más Eurostat en la Unión Europea. Y en Alemania, casi todas las grandes corporaciones empresariales (Siemens, Daimler Chrysler, Volkswagen, Scherin, BMW, Henkel y Degusta…) pasan por el banquillo de los acusados por cajas ocultas, dinero negro, sobornos, engaño organizado, chanchullos y manipulaciones contables.

Según Transparencia Internacional, el 60% de los países suspende en ausencia de corrupción y casi ochenta de las 180 naciones incluidas en su informe anual puntúan menos de tres en una escala de honradez política y económica de 0 a 10.

No es una cuestión académica. Como asegura Jesús Lizcano, presidente de Transparencia Internacional en España, “se mantiene la relación entre corrupción y pobreza”. Y en el informe de Transparencia encontramos: “En los países pobres, los niveles de corrupción significan la diferencia entre la vida o la muerte, si está en juego dinero para hospitales o agua potable. (…) Los altos niveles de corrupción y pobreza en muchas sociedades del mundo son un desastre humanitario intolerable”. 

Cabe concluir que este mundo capitalista (aún neoliberal) es un mundo corrupto y criminalmente desigual. 

Habrá que hacer algo.

Lo peor de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena, decía Ghandi. Y Martin Luther King añadía: “No me duelen los actos de la gente mala; me duele la indiferencia de la gente buena”.

Hay que cambiar principios para salir del desastre

El financiero francés Thierry de Villehuchet fue encontrado muerto en su oficina neoyorquina. Tenía cortes en los brazos y había pastillas diseminadas a su alrededor. Había perdido mil millones de dólares en la estafa perpetrada por el estadounidense Madoff e hizo perder otros 50.000 a sus clientes europeos. La policía concluyó que se había suicidado.

Es la noticia trágica de la crisis más aireada por los medios de países desarrollados. Menos lo han sido los millones de dramas de aquellos a quienes la crisis ha destrozado y destroza la vida de muchas y diversas maneras.

 

Crímenes financieros y económicos se destapan en las crisis que sacuden este capitalismo de nuestras pesadillas. El Nobel Paul Krugman cree que aún se conocerán más escándalos: “Cuando se cae la casa, aparecen esqueletos en los armarios”. Y así, desde los noventa, en medio de las diversas crisis que se sucedieron en varias regiones del mundo, estallaron abundantes escandalazos económico-financieros.

En Estados Unidos, la distribuidora de gas Enron que falseó beneficios y dejó un inmenso agujero; luego, WorldCom, AOL Time Warner, Adelphia, Global Crossing… Varios fiscales investigaron cuánto olían a podrido los fondos de inversión, sobre todo en Wall Street, zona sagrada del capitalismo financiero. Encontraron tantos indicios de porquería que Eliot Spitzer, fiscal general de Nueva York, dijo que Wall Street  “era un agujero nauseabundo”. 

 

Después los delitos económicos explotaron también en la vieja Europa. Elf, Crédit Lyonnais, Parmalat, Societé General… Y en España, Mario Conde en Banesto y Gescartera fueron clásicas estafas de siempre, más los delitos de Ibercop, Forum y Afinsa, KIO, AVA…

A ambos lados del Atlántico emergió un hermoso panorama de extorsión, falsedad documental, prácticas fraudulentas, estafas varias, blanqueo de dinero y apropiaciones indebidas diversas. Se mezclaban en alegre compañía grandes bancos, intermediarios financieros, sociedades gestoras, distinguidos directivos más presidentes y miembros de consejos de administración. Puro capitalismo gangsteril.

Pero ¿acaso este capitalismo no es gangsteril en esencia?

 

Toda esta economía criminal (que Al Capone y sus alegres compañeros de Chicago, Nueva York o Las Vegas de los años 30, 40, 50 y 60 hubieran envidiado sanamente) utilizaba recursos de ingeniería financiera, contabilidad ‘imaginativa’, el sacrosanto secreto bancario y los muy oscuros paraísos fiscales.

Pero nos asalta una duda. Tal floreciente criminalidad económico-financiera de los últimos veinte años, ¿ha sido posible sólo por la falta de regulación, ocultaciones contables, asimetrías informativas entre agentes del sector financiero e indefinición en las relaciones entre esos agentes, como sostienen muchos analistas? Dicho de otro modo, ¿el desastre financiero fruto del latrocinio más o menos maquillado puede arreglarse con cambios estructurales que metan mano a tan graves sinvergonzonerías?

Probablemente algo. Pero no del todo.

 

The Economist editorializó, no hace mucho, que los mayores enemigos del capitalismo son los capitalistas que abusan del poder ilimitado adquirido. Tal vez, aunque nos da igual, porque la cuestión –visto lo visto- no es qué le va bien al capitalismo o no, sino qué conviene o no a los seres humanos, a las personas. Todas. Porque el capitalismo (especialmente éste neoliberal que sufrimos) alberga el tumor del desastre que no arregla ni una legión de cambios estructurales. Ese tumor nace del principio de que el beneficio individual es el motor máximo de desarrollo, y un crecimiento incesante y progresivo, su marco incomparable.

Al final, este capitalismo de nuestras desdichas es como cuenta el humorista El Roto en una de sus impagables ironías gráficas. Un caballero barbado con aspecto de sabio lee un periódico y dice en voz alta: “Así que el desarrollo sólo era delincuencia”.

 

Cuando se ahonda en los problemas y dramas del sistema que soportamos, se concluye que hay que cambiar principios. Un sistema cuyo principio básico es el lucro individual (el lujo como objetivo personal, llegó a escribir un majadero del siglo XVIII, defensor del naciente capitalismo) no puede ser bueno, y la propia historia del capitalismo así lo demuestra. Que la alternativa para sustituir el capitalismo fracasara sólo indica que hay que continuar buscando y probando. 

Y sobre todo, pelear por un nuevo fundamento: las personas, primero. O, como proclama Amnistía Internacional: Nada por encima de los derechos humanos. Que viene a ser lo mismo.

Fracaso del encuentro de Roma contra el hambre

Los 854 millones de personas hambrientas que hay, más otros 100 millones en severo riesgo de serlo en breve, deberán esperar sentados mientras se mueren de hambre o contraen enfermedades y dolencias por el hambre. Los estados y los organismos internacionales han sido incapaces de afrontar el escándalo y la vergüenza del hambre que no cesa. La cumbre convocada por la FAO en Roma contra el hambre finalizó sin acordar nada. La FAO, que desde 1945 tiene el mandato de garantizar que todos coman lo suficiente (en lenguaje políticamente correcto: garantizar la seguridad alimenticia), gastó inutilmente varios millones de euros en reunir a los representantes de 183 países. Para nada. El único resultado fue una ridícula declaración de intenciones con el agravante de que las causas reales del hambre y su reciente incremento ni se huelen en el escrito.

Los periódicos han dicho que no se llegó a un acuerdo por “los intereses nacionales”. Cierto, pero incompleto: dentro de los intereses ‘nacionales’ dominaron los particulares intereses de quienes los viejos marxistas denominan clase dominante: la reducida minoría de los muy ricos. A quienes hay que sumar los intereses de la legión (aunque también minoritaria respecto a la mayoría de habitantes de la Tierra) de lacayos, voceros, correveidiles, siervos de la gleba con título, ejecutivos, directivos varios y demás al servicio directo e indiscutible de la muy minoritaria clase dominante.

Al final, el compromiso del ridículo congreso de Roma fue “luchar por todos los medios para erradicar el hambre” y “buscar un comercio más justo” para reducir a la mitad el número de hambrientos. Se supone que iniciarán sin falta rogativas, novenas, procesiones o lo que sea para implorar un milagro, porque si no se mete mano a las causas de la pobreza de siempre, más las nuevas de ahora, los hambrientos lo tienen chungo.  

El resumen del patético encuentro internacional lo hizo un dirigente de una ong: “Es un paso atrás. En 2004, todos los Estados miembros de la FAO adoptaron directrices para asegurar el derecho a la alimentación”.

Al final, se justifican poniendo dinero sobre la mesa (siempre insuficiente por cierto) para combatir el hambre, pero ni siquiera fueron capaces de definir donde, en qué, para quién y cómo se invertirá ese dinero para reducir el hambre de momento.

La maldita verdad es que la especulación financiera del mercado de alimentos (que incrementan indecentemente los precios), los monopolios de distribución de alimentos, los subsidios y subvenciones agrícolas en países ricos, el proteccionismo y las barreras al comercio más el incremento salvaje de cultivos para biocombustibles son las causas del hambre que la cumbre de Roma ni se ha dignado mencionar. Y si no se reconocen las causas de un problema ¿cómo atacarlo?

¿Quieren una pista concreta, sólo una, de por qué no se acaba con el hambre? La pista es que las empresas transnacionales agroalimenticias y las corporaciones monopolísticas de productos básicos que controlan el comercio agrícola y alimenticio se forran más que nunca. Cargill, una de las mayores empresas de comercio de granos del mundo, ha anunciado hace un mes y medio que sus ganancias habían aumentado un 86% en el tercer trimestre de 2007 en plena crisis alimenticia mundial. Igualmente, la empresa Bunge incrementó sus ganancias en un 77% y Archer Daniel Midland aumentó sus ganancias un 65% en todo2007. ¿Cómo es posible si hay más gente que se muere de hambre y ellos se dedican a comercializar alimentos? Es posible porque, mientras no se demuestre lo contrario, cuando unos pocos se forran hasta la obscenidad (como ocurre en este caso), siempre es a costa de que muchos sufran, en esta ocasión pasen hambre hasta morirse.

Entonces los miserables éticos justifican la situación resignándose, porque el mercado es así y no se debe intervenir, habrá que esperar mejor coyuntura… Como si la pobreza y el aumento del hambre fueran catástrofes naturales como un rayo que electrocuta. 

Nada natural. Lo que ocurre es fruto de una codicia indecente. Y tampoco vale argumentar aceptando esa codicia destructora, causa de tantos males, porque ‘la naturaleza humana es así’, porque también está en la naturaleza humana asesinar, violar y otras canalladas y no las aceptamos.  

Esto va a peor. Hay que cambiar las cosas o estamos listos. 

 

 

 

 

Crónicas de la sinrazón (I)

De secuestros y rescates

El secuestro de un pesquero vasco en aguas de Somalia por piratas ha impresionado a la opinión pública. En la City de Londres, el centro neurálgico de negocios más importante del mundo, hacer de intermediario en el pago de rescate de secuestros de barcos es un negocio floreciente que va a más. ¿Cómo es posible se pregunta el ciudadano de buena fe? En la vieja Europa no hay el menor control de los movimientos financieros en aras de la competitividad, por supuesto, y de la sacrosanta libertad de negocio y de empresa. Luego se rasgarán las vestiduras y se tirarán ceniza sobre la cabeza cuando haya un atentado terrorista o se sepa de una gran operación de contrabando de cocaína, por ejemplo. Imposibles ambas situaciones rechazables de no ser posible el blanqueo de dinero sucio. Y hay blanqueo si no hay control.

Uno siempre ha creído que no se puede ir en la procesión y repicar las campanas. O ser virgen y puta. Sin embargo, eso hace la Unión Europea. Su actitud y conducta ante los movimientos financieros hacen que la City (máximo exponente europeo del negocio financiero), “sea atractiva para los blanqueadores de dinero sucio por su dimensión, sofisticación y reputación en los mercados financieros”. ¿Saben quien acusa así a la famosa City? La Oficina Federal contra el Narcotráfico de EEUU, que no son nada de izquierdas. 

 

Eso es ganarse bien la vida

Ignacio Sánchez, presidente-consejero delegado de Iberdrola ganó el año pasado 16 millones de euros. Francisco González, presidente del BBVA, 5,1 millones. Alfredo Sáenz, consejero delegado del Santander, 9,6 millones. Francisco Luzón, consejero del Santander, 5,62 millones. Matías Rodríguez Inciarte, vicepresidente del Santander (5,15 millones). Emilio Botín, presidente del Santander, casi 4 millones. José Ignacio Goirigolzarri consejero delegado del BBVA, 3,6 millones. Ana Patricia Botín, presidenta de Banesto y consejera del Santander, 3,5 millones. Y para 2008 los directivos de la banca española y grandes empresas se han aumentado el sueldo entre un 10 y un 15%. Igual que quien escribe y quien esto lee. ¿No?

Además, Santander, BBVA, Banco Popular, La Caixa y Caja Madrid han ganado casi 5.500 millones de euros en los tres primeros meses del año; 6,26% más que en el mismo periodo de 2007. ¿No decían que hay crisis? Qué cosas.

Mientras tanto, una cuarta parte de los asalariados españoles no llegan a 1.000 euros al mes. No es sano un sistema ni un país, en el que unos pocos se forran y muchos van de cráneo. ¿Demagogia? No. Demagogia, según el diccionario a la lengua española, es una degeneración de la democracia por la que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir el poder o mantenerse en él. No soy político ni me ha pasado por la mente serlo. Ni tengo poder ni lo pretendo. Sólo busco lo que es, lo que hay, eso que a veces se llama verdad, que tiene tan mala prensa en estos días.

 

Vuelve el fascio

Gianni Alemanno, alcalde de Roma por ciento y pico mil votos más que el candidato del llamado centro-izquierda. Alemanno es un político al que los diarios califican de ‘posfascista’, estúpido neologismo para no decir que es un hipernacionalista, xenófobo, machista, autoritario y partidario de la violencia, descripción fenomenológica de fascista. Al celebrar el triunfo en la plaza del Ayuntamiento, se vieron muchos brazos en alto y un grupo coreaba con fuerza ¡Duce, Duce!, el grito con el que se jaleaba a Mussolini. Umberto Bossi, líder de la Liga Norte (integrante de la coalición derechista vencedora en Roma y en las elecciones generales) ha dicho que “los fusiles están siempre calientes” y que dispone de “300.000 hombres listos para combatir”. Silvio Berlusconi (el hombre que escapo a una condena cierta porque cambió leyes en su beneficio) ha dicho que “somos la nueva falange romana”. Esta gente es un peligro.

¿Vuelve le fascismo o nunca se fue? A mediados de los años treinta del siglo pasado, los gobiernos demócratas de Europa miraron hacia otro lado ante las primeras barbaridades de Hitler y pasó lo que pasó. El holocausto y una sangrienta guerra mundial.

No hay que ser neutral. Hay que volver a llamar a las cosas por su nombre. El autoritarismo delincuente gana elecciones, cierto, pero también las ganó Hitler. Entonces y hoy los ciudadanos que votan contra sus intereses reales fueron y son incapaces de afrontar sus miedos en tiempo de cambios y crisis. También miedo a lo diferente, al otro, al futuro. ¿O acaso alguien cree que en Italia hay tantos millones de ’clase media’? Cuando sólo se dispone de un salario (aunque esté bien o incluso muy bien y permita consumir más) no se es clase media, sólo se es un asalariado privilegiado, que puede precipitarse a la pobreza si pierde el trabajo.

El profesor Tierno Galván, que fue alcalde de Madrid, decía que no hay nada tan tonto como un trabajador que vote a la derecha. Pero eso es lo que hay y habrá que ser consciente del lodazal en el que estamos metidos para poder salir de él.