Blanquear dinero sale barato en España

España es centro de blanqueo. O, dicho de otro modo, la lucha contra el blanqueo falla aquí más que una escopeta de feria. Incluso la OCDE (blanda contra el fraude fiscal) advierte a España de que la levedad de penas contra el blanqueo de dinero sucio hace de este Reino lugar privilegiado para evasores de impuestos y blanqueadores.

Pilar Blázquez nos explicó que en España la falta de castigos de verdad que teman los blanqueadores, convierte la lucha contra ese delito en un brindis al sol. Porque, aunque el Servicio de Prevención de Blanqueo de Capitales (SEPBLAC) hace su trabajo, analiza documentos y cruza datos en un modélico proceso para descubrir blanqueadores, la acción se frena cuando hay que castigar a los culpables. Que un caso de blanqueo acabe con cárcel para blanqueadores y cómplices es excepción, no regla. Según el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), equipo de la OCDE supervisor del blanqueo en el mundo, “las penas de prisión por blanqueo de capitales en España son muy bajas, no son disuasorias y el crimen organizado y los evasores fiscales ven España como lugar donde operar sin riesgo”.

También EEUU señala a España como país benévolo con el blanqueo y la OCDE denunció que en España ha habido pocas investigaciones de blanqueo en años y aún menos condenas. Pero no porque falle el SEPBLAC, que hace su trabajo. Falla quien decide sancionar o no. Que suele ser que no. No olvidemos que quien decide sanciones es la Comisión de Prevención de Blanqueo de Capitales del Ministerio de Economía. Es decir, es el gobierno del Partido Popular que, hasta la fecha, no ha mostrado entusiasmo alguno para acabar con el blanqueo y quienes blanquean.

Pero tal delito es posible por una verdad incontrovertible: el dinero negro fluye a su antojo por el sistema bancario internacional, como fluye el dinero legal con el que se camufla. Y ese libertinaje de capitales continuará mientras haya centros offshore, paraísos fiscales, consultoras fiscales y bancos cómplices. Los hay y habrá porque los pretendidos intentos de acabar con esos estados de cartón piedra de fiscalidad tramposa y dañina, que son los paraísos fiscales, son retórica y marear la perdiz. Voluntad política de acabar con el blanqueo, cero.

Da igual que además el blanqueo financie organizaciones terroristas, narcotraficantes y otras tramas criminales. Se impone la minoría rica que no ceja en su voluntad de no pagar impuestos. Recordemos que según cálculos conservadores de la propia OCDE, las grandes empresas eluden pagar casi un cuarto de billón de dólares anuales con enredos de filiales, delegaciones, servicios vinculados, activos intangibles y otras trampas presuntamente legales que revelan la ausencia de voluntad política de gobiernos y entidades globales para acabar con el fraude fiscal. Y, si añadimos las grandes fortunas que evaden y eluden impuestos a placer, el volumen del fraude fiscal deviene obsceno.

La Oficina de Naciones Unidas contra Drogas y Crimen pide soluciones drásticas contra el blanqueo que hace legales 2 billones de dólares anuales. Pero no parece que se consiga, porque evasión de impuestos y blanqueo de dinero van de la mano y la minoría rica insiste en no pagar los impuestos que debe. Que el mayor receptor de inversión extranjera en 2013 fueran las casi despobladas Islas Vírgenes británicas indica que hay blanqueo para tiempo. O que haya 234 bancos en las Islas Caimán con solo 50.000 habitantes. O que la pequeña isla británica Jersey en el Canal de la Mancha maneje más de 350.000 millones de dólares en fondos de inversión. Sin olvidar al gran paraíso fiscal que es EEUU que, mientras impone multimillonarias multas a bancos suizos y de la Unión Europea, por posible blanqueo de estadounidenses fuera del país, mantiene Delaware, Reno, Wyoming, Nevada o Dakota del Sur como auténticos paraísos fiscales. ¿Quién da más?

¿Por qué el blanqueo es un delito nefasto? Porque los Estados recaudan mucho menos y se vulneran derechos ciudadanos por no haber adecuados servicios públicos esenciales. Además crece la desigualdad y hay más incertidumbre, más pobreza y más sufrimiento, porque los Estados dejan de cobrar cientos de miles de millones de impuestos legítimos y obligatorios. La evasión de impuestos impide que el Estado cumpla sus deberes con la ciudadanía.

Eludir o evadir impuestos es un crimen

En España las ventas de Apple van viento en popa, pero esa empresa no paga impuestos por sus beneficios. En 2011, a Apple España le salió la declaración a devolver, aunque las ventas se multiplicaran por catorce, como se comprueba en el Registro Mercantil. El truco es que Apple España compra productos Apple a Apple Irlanda a precios muy altos… y factura en Irlanda el 99% de sus ventas aquí. Apple España apenas tiene beneficios y le salió a devolver lo anticipado por impuesto de sociedades.

El truco es no declarar beneficios reales en España. Ingeniería fiscal y contabilidad imaginativa, dicen, pero en un mundo decente sería un delito de evasión de impuestos. Por otra parte, en Europa han señalado a Apple como elusora de muchos millones en impuestos y la Comisión Europea ha advertido que debe abonarlos por impuestos no pagados.

Resultado de este panorama fiscal es que la Agencia Tributaria de España ha decidido investigar el impuesto de sociedades, IVA y sobre la renta de 2009 a 2012 de la filial española de Apple que gestiona once tiendas propias que venden mucho.

La Agencia Tributaria ha colocado también en el punto de mira las filiales en España de multinacionales tecnológicas. ¿Desvían beneficios a otros países? Por eso investigan a Google Spain que también tiene una sede en Irlanda. ¿Casualidad? No, el impuesto de sociedades ahí es solo 12.5%. Apple y Google son avanzadas en elusión fiscal, en no pagar impuestos debidos con estructuras empresariales retorcidas y complejas. La elusión aún no es delito, como la evasión de impuestos, pero debería serlo.

Elusión posible porque países como Irlanda y Holanda ponen impuestos reducidos como paraísos fiscales que son. La elusión también es posible por agujeros y resquicios legales de los países en sus normas fiscales. Y, por supuesto, por la nula voluntad política al respecto de gobiernos nacionales europeos, gobierno de la UE, Consejo de Ministros de la UE, Ecofin…

De la voluntad política de Consejo de Ministros Europeo da cumplida respuesta su reacción a la formación de una comisión del Parlamento Europeo de 65 diputados para investigar los Papeles de Panamá. Apenas constituida, el Consejo de Ministros de la UE les ha hecho saber que los Estados miembros no colaborarán con esa comisión. ¿Cuál es el interés del Consejo de Ministros europeo en acabar con la elusión y evasión fiscales? Cero.

Como escribe el economista Fernando Luengo, “el margen de maniobra de las corporaciones transnacionales no cesa de aumentar en un contexto institucional que premia el libre movimiento de capitales y la competencia entre países para recibir inversiones”. Incluida la competencia fiscal. En ese oscuro contexto, a los poderosos les es fácil eludir el pago de impuestos.

Eludir y evadir impuestos ampliamente hace buena la definición de capitalismo de Manuel Freytas cuando afirma que “no es más que una empresa de ladrones comunes que niveló un sistema económico, político y social globalmente para legitimar con leyes un robo masivo y planetario del trabajo social y recursos naturales, disfrazado de economía mundial”.

Nada de eso sería posible sin paraísos fiscales. Un enorme volumen de dinero evadido o eludido transita por esas guaridas financieras. Según la OCDE 240.000 millones de dólares anuales. El resultado de la masiva y continua evasión y elusión de impuestos es que las arcas públicas se reducen, los Estados se debilitan y no se atienden los irrenunciables derechos de la gente.

¿Cómo cabe tanta evasión y elusión fiscales? Porque hasta ahora FMI, G7, OCDE, gobiernos nacionales y UE miran a otro lado ante la evasora conducta de las multinacionales y el fraude de los potentados. Con la complicidad de muchos gabinetes de abogados y asesorías fiscales que proporcionan servicios, trucos y trampas para ocultar información y que los ricos y súper-ricos no paguen impuestos o apenas. Con la ayuda de la banca, por supuesto. Billones de dólares no han sido declarados y no han pagado los impuestos que deberían.

Eludir impuestos o evadirlos es criminal porque quiebra de raíz la solidaridad social imprescindible para que los países no se precipiten en el abismo de la injusticia permanente y la gente pueda vivir con un mínimo de dignidad.

Paraísos fiscales, guaridas financieras

La OCDE y entidades similares, dignas de toda sospecha, no han elaborado en serio una lista veraz de paraísos fiscales. Incluso en los últimos años pretenden que hay muchos menos. Pero no, están ahí. Territorios donde apenas se pagan impuestos. Primera condición sine qua non. Que el secreto bancario es dogma, la segunda. Y la tercera, el inviolable anonimato de titulares de cuentas, depósitos y movimientos de capital. Y negar por sistema cualquier información fiscal o financiera. Porque lo suyo es ocultar datos, nombres, apellidos, capitales y ganancias. Para no pagar impuestos.

Hoy los paraísos fiscales campan impunes por Europa. Las diminutas islas británicas del canal de la Mancha, por ejemplo, y los pequeños estados de Liechtenstein, Mónaco, Gibraltar, Malta, Luxemburgo o Andorra, sin ir más lejos, tienen una bien ganada fama de paraísos fiscales. Mientras Austria, Holanda e Irlanda actúan también a menudo como ellos, sin olvidar a Suiza, por supuesto, que a pesar de alguna concesión reciente a la información, es aún buen lugar para esconder fortunas.

Los paraísos ya no son lugares exóticos con palmeras y playas de aguas cristalinas. En el nuevo panorama de la burla fiscal destaca Londres, por ejemplo. Aunque, por mayor precisión, la capital del escaqueo tributario sería la City, su distrito financiero. Ahí funcionan a todo gas excelentes operaciones de lavado y blanqueo. Con la necesaria complicidad del carísimo mercado inmobiliario de la ciudad. Genial para ocultar y lavar miles de millones de euros. Así se han blanqueado más de 150.000 millones de euros, según datos oficiales británicos. Y, siendo dato oficial, es probable que sea más.

El blanqueo es sencillo. Los súper-ricos de donde sea llegan a la capital del Reino Unido con billetes en mano o en maletín y compran, por ejemplo, un apartamento, ático o palacete, cuanto más caro, mejor. Nada de nombres ni apellidos, of course, y los propietarios no pagan ni un chelín de impuestos. Los Papeles de Panamá desvelan que los propietarios de cuarenta mil carísimas propiedades inmobiliarias londinenses… son empresas con sede en paraísos fiscales. Y ahí la hacienda británica no tiene nada que rascar.

En el nuevo panorama del pirateo de impuestos, los Estados Unidos de América funcionan como paraíso fiscal. Así lo denuncia un reciente informe del grupo parlamentario europeo Los Verdes. Explican que en Estados Unidos está la quinta parte de los servicios financieros del mundo para ciudadanos no residentes. ‘No residentes’ es jerga de paraísos para designar a su clientela. Son cuentas, depósitos, otras ocultaciones, inversión y especulación de no estadounidenses sin nombre ni identificación. Y da igual que la OCDE acuerde el intercambio automático de información financiera y fiscal entre sus estados contra el blanqueo y la evasión fiscal. Estados Unidos no forma parte de ese acuerdo y no da ni dará información.

El informe de Los Verdes denuncia que catorce Estados de Estados Unidos actúan como paraísos fiscales. Y en Delaware, Nevada y Wyoming se pueden registrar con suma facilidad empresas-pantalla o fantasma. Indispensables en la evasión fiscal. Solo existen en el papel y no se sabe ni se puede saber quiénes son sus propietarios, accionistas y gestores. Ni quienes se lo llevan crudo. Para hacerse una idea del tinglado, en el estado de Delaware (con la misma superficie que la pequeña Rioja y 860.000 habitantes), en el número 1209 de la calle Orange de la pequeña ciudad de Wilmington, tienen su sede más de 285.000 empresas. Más apretadas que los personajes del camarote de los hermanos Marx.

Otrosí, las patrióticas empresas del Ibex 35 en 2014 tenían más de cuatrocientas empresas filiales con sede en ese aprovechado edificio de Delaware. Y casi novecientas en total en ese y otros paraísos fiscales. ¿Para qué será?

Echando la vista siete años atrás, temblorosos mandatarios europeos ponían a dios por testigo de que acabarían con los paraísos fiscales. Fue tras el hundimiento de Lehman Brothers que tanto acoquinó a las élites. Pero, pasado el susto inicial, se olvidaron de propósitos de enmienda y hoy los paraísos gozan de excelente salud. Con su ayuda, ésta es la era de la evasión fiscal. Además, esos paraísos han crecido como setas en el bosque tras lluvias otoñales y no pagar impuestos o impuestos ridículos ya es plaga, epidemia.

En aras de la decencia semántica, deberíamos dejar de llamarlos paraísos fiscales. Mejor guaridas financieras.

El capitalismo es irreformable

No gana uno para sustos. La situación de la economía global, que no arranca ni a tiros, se agrava de forma paradójica por la rápida rebaja del precio del petróleo. Menos de 50 dólares el barril de petróleo es un palo para los países productores, pero también para la economía general. Muchos economistas coinciden en que el bajo precio del petróleo es un preocupante factor de inestabilidad económica. Y si sube, también. Un sistema de locos.

Pero no aprenden. Cuando la minoría rica y la clase política a su servicio se acobardaron por el hundimiento de Lehman Brothers, prometieron reformar el capitalismo para no repetir el desastre financiero que había estallado. Pero pronto olvidaron promesas y propósitos de enmienda y convirtieron la crisis en un modo de enriquecerse más y a mayor velocidad.

Abundando en las irresolubles contradicciones del capitalismo, si el crecimiento supone actividad económica, también es primera causa de la grave crisis ecológica, cambio climático incluido. El capitalismo ha devenido antieconómico, porque los beneficios no superan los perjuicios. Además de no poder evitar las crisis que lo erosionan una tras otra hasta el seguro colapso en el futuro.

En 2007 explotó una crisis poliédrica, con muchas caras: hipotecaria, financiera, económica general, de empleo, de deuda… Y las élites económicas la usaron para que el Estado cediera en su obligación de satisfacer los derechos de la ciudadanía, al tiempo de trasvasar rentas de la clase trabajadora y de esa ciudadanía a la minoría rica. Una derrama mil millonaria al sector financiero y privatización de lo público, lo que es de todos, más recortes sociales, rebajas salariales y pérdida de derechos generalizada.

Siete años después, no hay salida, según las  previsiones de la OCDE para la economía mundial hasta 2060. La organización de los 34 estados más ricos del mundo advierte de que el crecimiento se reducirá un 60% respecto al actual, además de aumentar masivamente la desigualdad. Sin crecimiento, según la visión capitalista, no hay recuperación. Y con crecimiento nos cargamos la Tierra. Si el capitalismo necesita crecimiento exponencial para tener beneficios (y, en teoría, crear empleo), pero supone desigualdad y pobreza, no puede haber recuperación. ¿Qué recuperación verdadera deja en la cuneta a millones y millones de personas? ¿Acaso no conocemos los datos de pobreza, desigualdad y pobreza extrema en todo el mundo, no solo en países empobrecidos y subdesarrollados?n También en países ricos.

Si crece el número de marginados y excluidos en el próximo medio siglo, según prevé la OCDE, cuánta más gente se hunda en la pobreza, peor funcionará el capitalismo. Habrá mucha menos demanda y cada vez, menos. ¿No es significativo que hoy por cada dólar invertido en economía productiva, se dediquen 60 a la especulación financiera? O tal vez más. ¿Acaso el futuro que preparan las élites es el casino financiero? ¿Especular con bonos y títulos de deuda diversa? Pero los bonos y títulos no se comen, no visten a nadie, no curan enfermedades y no son un techo. Sin economía productiva, no hay economía de verdad y, por supuesto, no hay recuperación que merezca tal nombre.

Lo cierto es que, incluso olvidando el imperativo ecológico y la exigencia de combatir el cambio climático, el capitalismo es irreformable. Propuestas de bonísima intención, como la de Thomas Pikkety, de gravar a los más ricos del mundo con impuestos progresivos crecientes más un impuesto global sobre la riqueza para contrarrestar el capitalismo ‘patrimonial’ no tienen posibilidad alguna de aplicarse en el sistema actual. El buen deseo de que la riqueza no esté en pocas manos choca con el alma del capitalismo: concentrarse, ganar cada vez más y en menos tiempo. ¿Acaso puede haber otro capitalismo? ¿Un capitalismo que no genere desigualdades enormes? No, porque está en su ADN. Como está en su ADN ir hacia un colapso final. La única duda es cuándo será.

En realidad, se veía venir. ¿Qué pensar de un sistema que funciona por la inclinación natural al lujo, como escribió Bernard de Mandeville en 1714? Quienes de modo egoísta buscan su propio interés y placer y viven lujosamente, pontificó, hacen circular el dinero, la sociedad progresa y se da la acumulación de beneficios que precisa el capitalismo. Gastar el dinero en lujos beneficia a los pobres, decía Mandeville, porque la demanda de lujo favorece el desarrollo de las industrias y crea empleo.

¿Hace falta algo más para descalificar el capitalismo? Habrá que empezar a ver cómo sustituimos tal engendro.

La lucha contra los paraísos fiscales es prioritaria

Los gobiernos europeos recortan más y más los presupuestos sociales, violando derechos de millones de ciudadanos. Ahora la Unión Europea exige que en España (25% de paro) se despida a miles de trabajadores bancarios de sus entidades financieras (no a los banqueros, claro)que serán recapitalizadas con dinero europeo: 40.000 millones de euros para rescatar a los banqueros españoles y diez mil asalariados de banca, al paro.

Además, el gobierno conservador español ha constituido la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (el llamado “banco malo”) para limpiar los cuantiosos activos tóxicos de la banca, vendiendo millones de pisos invendibles hasta hoy, fruto de la enorme burbuja inmobiliaria española. Para vender tales activos tóxicos, el gobierno ha diseñado un retorcido producto financiero, los Fondos de Activos Bancarios (FAB), especie de batiburrillo de hipotecas de varios bancos. Y, para venderlos, el gobierno ofrece un obsceno incentivo fiscal: mirará hacia otro lado, si el dinero para comprar esos FAB proviene de paraísos fiscales. Es decir, dinero ilícito, fruto de algún delito, aunque solo sean la evasió

Pero, ¿no eran una lacra esos “paraísos”?

Desde la OCDE pretenden que ya solo restan seis paraísos fiscales, porque casi todos los paraísos cumplieron la condición impuesta por la misma OCDE para dejar de serlo: firmar doce convenios de intercambio de información fiscal y financiera con otros tantos estados. Lo hicieron, sí, pero tales convenios se firmaron con estados irrelevantes fiscal y financieramente (como Letonia) o entre paraísos fiscales, lo que hace inútiles esos convenios.

Como dice un cínico aristócrata en “El gatopardo” de Lampedusa, conviene que algo cambie para que todo siga igual. Y todo sigue igual. Continúa habiendo más de setenta paraísos fiscales que ocultan gran parte de la riqueza mundial y son refugio seguro de las fortunas de evasores de impuestos, corruptos, criminales organizados e incluso terroristas.

Según Tax Justice Network, gran parte de activos financieros mundiales, entre 21 y 32 billones (con doce ceros) de dólares, no paga impuestos. Y no los paga porque se ocultan en paraísos fiscales.

Según Xavier Harel, investigador y autor de La grande évasion: le vrai scandale des paradis fiscaux, del 30 al 40% de impuestos que deberían recaudar los países en desarrollo (es decir, pobres)terminan en paraísos fiscales: un billón de dólares a sumar a la fuga de capitales desde el mundo empobrecido. Pero en el mundo rico no va mucho mejor. En Francia solo cuatro de las cuarenta mayores empresas pagan los impuestos debidos por beneficios. En Reino Unido, 466 empresas de las 700 mayores corporaciones pagaron menos de 15 millones de dólares en impuestos por ganancias en 2005 y 2006, mientras las otras 436 simplemente no pagaron. Según Harel, los impuestos eludidos y evadidos cuestan a la Unión Europea 200.000 millones de euros anuales, un 15% menos que los presupuestos generales del Reino de España para 2013.

¿Hay conciencia de qué significa que los estados de países empobrecidos (y también los desarrollados) dejen de recibir esos cientos de miles de millones en la era de los recortes sociales, de las violaciones continuas de derechos esenciales de la ciudadanía y del aumento indecente de la pobreza? Pues que no quepa duda alguna de que los paraísos fiscales tienen mucho que ver con esos inmensos y obscenos impagos de impuestos. Por activa o por pasiva.

Por cierto, ¿con quién habrá firmado convenios bilaterales Suiza, paraíso fiscal por excelencia? Suiza que, tras conocerse el maquillaje perpetrado por la OCDE para simular que ya no quedan paraísos fiscales, tranquilizó a las grandes fortunas y empresas que ocultan sus dineros blindados en bancos suizos. Suiza garantizaba por escrito el secreto bancario en cualquier caso. Buena prueba de su amor por lo secreto es y su servil lealtad a los más ricos y defraudadores es que Suiza ha pedido la extradición del informático Hervé Daniel Falciani, encarcelado en España, por haber revelado una larga lista de 2000 grandes defraudadores fiscales europeos (es decir, delincuentes). Es el mundo al revés.

En inglés, delito y crimen no se distinguen; en ambos casos es crime. Pero en castellano puede haber un delito con considerable sanción penal que no sea un crimen (ser miembro de un partido en la dictadura franquista, por ejemplo) y un crimen que no sea delito, porque no esté tipificado en el código penal. Y ese es el caso; los paraísos fiscales son auténticos centros criminales por lo que permiten, facilitan y ocultan. Aunque lo que hacen y omiten aún no se tipifique como delito.

La lucha ciudadana contra los paraísos fiscales es prioritaria, por difícil e irrealizable que parezca. En 1900 también parecía imposible que las mujeres pudieran votar.

Acabar con la evasión de impuestos y los paraísos fiscales

En España se ha desvelado un caso fiscal significativo, protagonizado por Iñaki Urdangarín, yerno del rey Juan Carlos. Urdangarín es presidente del Instituto Nóos, ligado a “salidas invisibles” de dinero a paraísos fiscales por medio de empresas pantalla, según conclusiones del fiscal Anticorrupción Pedro Horrach. Urdangarin, su socio, Torres, otros gestores y ex altos cargos del Partido Popular son investigados por varios delitos y el fiscal atribuye a Urdangarín y Torres ser propietarios de la empresa pantalla De Goes Center For Stakeholder Management, que habría adquirido la Fundación del Deporte, la Cultura e Integración Social (constituida por Urdangarín en 2006) para presuntamente evadir capitales a paraísos fiscales.

También conocemos algunos defraudadores fiscales expedientados. El piloto de motos Sete Gibernau, el empresario Ricardo Rodrigo, los hermanos Carulla (dueños de Agroalimen), Carceller (propietario de Cervezas Damm), la tenista Arancha Sánchez Vicario, la soprano Montserrat Caballé, el piloto de F1 Martínez de la Rosa, el también piloto Fernando Alonso, el tenista Carlos Moyá, el ex jugador del Barcelona Luis Enrique, el piloto de motos Alex Crivillé… Fiscalmente andorranos, suizos o monegascos, dejaron de pagar millones de euros de impuestos.

En Suiza y Liechenstein en 2009 y 2010 se descubrieron 3.200 cuentas ocultas de políticos, empresarios, profesionales de altos honorarios y financieros españoles. Algunos defraudadores han sido expedientados pero, según el sindicato de técnicos de Hacienda (Gestha), los ricos que han incurrido en delitos fiscales millonarios han tenido un escandaloso trato condescendiente y privilegiado por parte del gobierno. Pero hay más.

La economía sumergida española se multiplicó por cuatro de 1980 a 2008, según informes de Funcas, federación de cajas de ahorros. Economía escondida que no paga impuestos ni cotiza a la Seguridad Social. Economía fraudulenta que mueve 245.000 millones de euros que, aún tributando a la baja, cubriría con creces el déficit de España en 2012 sin recortes ni aumentar impuestos a la mayoría.

Esa evasión fiscal es posible por los paraísos fiscales. No hagan caso de los cantos de sirena de la OCDE ni del G20 que pretenden que sólo quedan tres o cuatro paraísos fiscales. Paraísos fiscales, haberlos, haylos. Y muchos. Docenas de exiguos territorios o estados de cartón-piedra en el Pacífico o Atlántico más Suiza, Andorra, Gibraltar, Panamá, Luxemburgo, Liechstentein… Sin impuestos sobre el beneficio de empresas en sus territorios; con secreto bancario como dogma y cuentas anónimas numeradas como sacramento. Sin información ni estadísticas fiables sobre operaciones financieras, aunque sí un volumen desproporcionado de operaciones financieras extranjeras, más una sospechosa simplicidad y falta de vigilancia para constituir y registrar sociedades mercantiles. Y, por supuesto, ningún control sobre las sociedades filiales de las empresas transnacionales establecidas en ellos. A lo que añadir ausencia total de penalización por blanqueo del dinero y ninguna colaboración con autoridades fiscales y judiciales de cualquier país.

Sin tocar tales características que los definen, para sacar a un estado de la lista de paraísos fiscales, la OCDE pidió la firma de doce acuerdos de intercambio de información fiscal con otros tantos países. Pero, como denuncia Hernández Vigueras, el truco consiste en que los paraísos fiscales han firmado doce acuerdos con territorios sin ninguna relevancia financiera (Islas Faroe, Groenlandia…) o entre ellos mismos.

Acuerdos de reciprocidad de información fiscal sin repercusión alguna en la lucha contra el fraude fiscal ni contra el blanqueo de dinero. Puro maquillaje.

Como recuerda Vigueras, “los paraísos fiscales son refugio del dinero sucio de los evasores de impuestos, de los corruptos, de los criminales organizados y de los terroristas del mundo”. Aunque la OCDE diga lo contrario, hay aún mucho paraíso fiscal, entre todos ocultan 6 billones de dólares y son realmente un peligro para la Humanidad.

El fraude fiscal, que los paraísos hacen posible, desencadena vulneraciones sistemáticas de derechos sociales. Porque los estados disponen de menos recursos por la evasión de impuestos y no pueden satisfacer el disfrute de derechos indiscutibles como salud o educación, por ejemplo. Una menor disposición de recursos agravada por la nefasta austeridad presupuestaria impuesta. Por tanto, la lucha contra la austeridad presupuestaria, contra las deudas ilegítimas, evasión y fraude fiscal, contra los paraísos fiscales, es la lucha por el Estado de derechos sociales (mal denominado de bienestar). La misma lucha.

De qué hablo cuando escribo que éste es un sistema perverso, desigual y tramposo

Ajustes, recortes sociales, reducción de gasto público y reformas “estructurales”. ¡Qué peligro! Única receta del FMI, OCDE, Banco Central Europeo, Comisión Europea y Bancos centrales nacionales para afrontar los graves problemas que la crisis trae a Europa. Medidas que perjudican a la mayoría de ciudadanos. Pero de verdadera reforma del sector financiero, ni hablamos. Y a quienes más tienen, ni tocarlos.

El catedrático de economía Juan Torres escribe que ahora hay que aumentar los impuestos de las rentas del capital y de la actividad bancaria, especialmente las procedentes de la especulación. Por ejemplo, suprimiendo desgravaciones fiscales injustas que benefician a las rentas más elevadas. Mejor que los recortes.

¿Cuánto ahorra, por ejemplo, el gobierno español con recortes que perjudican a millones de ciudadanos? 15.000 millones de euros. ¿Cuánto aportarían quienes más tienen si pagaran impuestos sin privilegios, atajos ni favores?  40.000 millones de euros. Por ejemplo, restaurar el suprimido impuesto español sobre patrimonio recaudaría más de 2.200 millones de euros; congelar las pensiones españolas sólo ahorra 1.500 millones. Y en el resto de Europa, por el estilo.

Pero ningún gobierno europeo se propone establecer un sistema de impuestos más justo. A los ricos no se les molesta y, si llegan a pagar algo de más, poco y por poco tiempo. Y tampoco nadie propone recortes legítimos y necesarios como reducir gastos superfluos, ostentosos y protocolarios, recorte del gasto militar, supresión de subvenciones por amiguismo o sintonía ideológica, supresión de asesores de dudosa necesidad, recortar (en España, por ejemplo) lo mucho que el Estado dona graciosamente a la Iglesia Católica…

Las medidas propuestas por el gobierno (español, pero también otros) son más de lo mismo: mantener los privilegios de quienes provocaron la crisis”, según Juan Torres.

Y, como remate, el Fondo Monetario Internacional exige más: abaratar el despido de los trabajadores, “flexibilidad” salarial y una “fuerte y rápida reforma del sistema de pensiones”. ¡Que paguen los que menos tienen!

¿Qué significan esos recortes y propuestas del FMI, bancos centrales, Comisión Europea, OCDE y demás leales gendarmes de los intereses de la minoría privilegiada? Cientos de millones de ciudadanos lo van a pasar mal, muy mal. Eso significa.

Pero ellos erre que erre, aunque las recetas neoliberales del FMI causaran el hundimiento de Argentina (sin clase media en meses), provocaran la ruina de países centroamericanos e incrementaran el empobrecimiento de países africanos. Ellos a lo suyo y que el mundo reviente.

Pero, qué curioso, quienes imponen recortes y ajustes como “única” salida no se aplican la receta. Los funcionarios del FMI no pagan impuestos por sus sueldos, un contable de esa equívoca entidad cobra 90.000 dólares anuales y un jefe de departamento cobra entre 150.000 y 300.000 dólares anuales limpios más ayuda a la vivienda. Y pueden jubilarse a los 50 años con una reducida disminución de la pensión.

En la OCDE, el salario de un director es de 132.000 euros anuales. El presidente del Banco Central de Alemania, el pasado año, cobró 350.000 euros y, el vicepresidente, 300.000 euros. El gobernador del Banco Central de Bélgica cobra más de medio millón de euros anuales, el gobernador del Banco Central de España, unos 200.000 euros y el sueldo anual de Trichet, presidente del Banco Central Europeo, es de 350.000 euros más prestaciones sociales y aportaciones al seguro médico, además de vivir en una casa propiedad del banco que no le cuesta un euro. Los fieles servidores de la minoría privilegiada están por encima de los mandamientos neoliberales que imponen.

Con los recortes y ajustes propuestos por FMI, Comisión Europea y demás contubernio neoliberal, retrocedemos a principio del siglo XX. ¡Se tiran por la borda logros y avances sociales conseguidos con sangre, sudor y lágrimas! Logros que proporcionaron a los ciudadanos europeos cierto estado de justicia. Y olvidémonos ya del engañador equívoco del “estado del bienestar” por inexacto y tramposo. Las palabras nunca son gratuitas ni inocentes. El bienestar puede reducirse y no pasa nada. Pero la justicia siempre es exigible. Pasemos del falaz ‘estado de bienestar’ a un legítimo estado de justicia.

¿Entienden por qué cuando escribo, escribo que éste es un sistema perverso, desigual y tramposo?