Un pueblo en Marcha de Dignidad para cambiar las cosas

Caminar es inseparable de la vida. Es negarse a detenerse, a morir, porque marchar niega la muerte. El caminante se alza y lucha, progresa, avanza paso a paso. La historia está llena grandes marchas”, nos cuenta el antropólogo Frank Michel.

En marzo, varias columnas de toda España caminaron hacia Madrid. Las Marchas de la Dignidad. Y el sábado 22, una masiva ciudadanía abarrotó los paseos del Prado y Recoletos de la capital de España, desde Atocha hasta Colón. Como dijo una activista de la columna de Aragón, “Madrid fue una fiesta. Ciudadana, reivindicativa y pacífica. Un clamor unánime reclamando cambios, pan, trabajo y libertad”.
La manifestación fue descomunal, pero antes de culminarla, cuando faltaba poco para las nueve de la noche del 22, la hora de los telediarios, “tras la histórica, enorme y pacífica manifestación, la policía disparó pelotas de goma y gas pimienta cuando gente buena y solidaria pretendía retirarse tranquilamente por el lateral de Recoletos” explica Shangay Lily. Mientras desde el estrado de la plaza de Colón los miembros del coro de la orquesta Solfónica proclamaban “estas son nuestras armas” agitando los papeles escritos de las partituras del canto de los esclavos de la opera Nabucco.

Un ritual que se repite: oscuros incidentes violentos aislados tras una movilización pacífica. Tal vez para registrar, falsa y arteramente, que el 22-M fue una jornada violenta y no la magnífica gesta de resistencia cívica pacífica contra la austeridad, los recortes y la pérdida de derechos. El gobierno del Partido Popular, una vez más, recurre a la mentira como arma política al pretender vincular la exitosa manifestación cívica a esos opacos incidentes violentos.

Y sí, tras la manifestación, hubo algunos incidentes aislados, pues sin duda a veces hay energúmenos que no son otra cosa que provocadores y nada tienen que ver con la ciudadanía que marcha pacífica para cambiar las cosas, el país, la sociedad. Como ha escrito Juan Torres, “sabemos desde hace años que la propia policía infiltra bravucones, como manifestantes normales, para provocar incidentes que justifiquen la intervención policial. Las pruebas son abundantes e indiscutibles, pues hay multitud de fotos y videos que así lo demuestran”.

La criminalización del ejercicio del derecho de manifestación es vieja práctica de la derecha, ya denunciada por el comisario de derechos humanos del Consejo de Europa, Nils Muiznieks, al informar sobre manifestaciones en Barcelona y Madrid en 2011.

Pero, más allá de esas miserias como ha escrito Vicenç Navarro, “las Marchas son un hecho histórico que establece un antes y un después. La España real de pueblos hermanados que denuncian un Estado que ha perdido toda legitimidad, porque ha vendido la soberanía a intereses financieros y económicos”.

Y, en cuanto al éxito numérico, no cabe entrar en bailes de cifras, pues fue evidente la enorme protesta ciudadana. Gigantesca, adjetivó el diario Le Monde. Como ha explicado Agustín Moreno, “con la vara de medir otras manifestaciones históricas, se puede hablar de un millón contra la burda manipulación que hablaba de 50.000 personas. ¿Cómo, si llegaron a Madrid más de 900 autocares, varios trenes y muchos coches particulares que ya sumaban más de 50.000 personas?”

Fue una muestra de poder de la ciudadanía. Y el 22 de marzo el Gobierno mostró su miedo al pueblo respondiendo con represión del peor estilo franquista.

Las Marchas que ocuparon Madrid son punto de reanudación y nueva partida. Como dice Torres, “la Dignidad que ha impulsado las Marchas es comienzo de otras nuevas que culminarán en la única solución para España: paralizarlo todo para acabar con esas políticas tramposas, antidemocráticas, injustas y fracasadas”.

Pues ya nada es como era. Ni lo será. Lo resume estupéndamente Julio Anguita: “Cientos y cientos de miles de personas testigos de su fuerza; que constatan que existen en la acción que los une y los multiplica en su decisión de acabar con la indecencia moral que gobierna. Pero también contra el poder económico que hay tras este andamiaje vacío, seco e inútil. Los que nos manifestamos en Madrid construiremos el contrapoder que acabe con el robo, el cinismo, la indigencia moral y la permanente conculcación de la Ley y el llamado Estado de Derecho. Los que nos manifestamos en Madrid lo hicimos en nombre de los derechos humanos que ellos son incapaces de llevar a la realidad cotidiana de la ciudadanía. Los que nos manifestamos en Madrid dejamos constancia de que aspiramos a una soberanía popular y nacional en todos los terrenos: económico y monetario, social, político y cívico.

Es un pueblo en marcha que cambiará las cosas, cuanto tarde y cueste lo que cueste.

Reaccionar

En Finlandia crece la extrema derecha xenófoba, pero no sólo en ese país nórdico. En Italia, Berlusconi se burla de la justicia y reforma una ley procesal (para librarse de la cárcel) que dejará 15.000 delincuentes en la calle. Francia e Italia se enfrentan, enviando ésta a aquélla refugiados e inmigrantes norteafricanos en tren y Francia responde cerrando su frontera. Los especuladores extorsionan a Portugal, Irlanda y Grecia con la deuda pública y amenazan a otros países. Aumenta el desempleo mientras los gobiernos arrojan por la borda las conquistas sociales del último siglo, logros que no son concesión ni privilegio, sino derechos conquistados. En España, cuando se recortan pensiones, salarios públicos y atención sanitaria y hay más del 20,5% de desempleados (cuatro millones y medio), el sueldo medio de directivos de las empresas que cotizan en el Ibex es casi veinte veces el salario medio de un empleado de esas mismas compañías; en 2009, el sueldo de esos directivos era quince veces el salario medio de un empleado. En el resto de Europa, la desigualdad también va a mucho más. Vieja y caduca, Europa olvida los principios e ideales democráticos que defendió.

Además, diez millones de personas más caerán en la pobreza y serán ochenta millones más los hambrientos que se sumarán a los 1.100 millones actuales, gracias a la especulación con precios de alimentos. Un informe de Save the Children denuncia que más de 28 millones de niños en países en conflicto no reciben ninguna educación, pero si los países ricos cediesen el dinero de gasto militar de seis días, se dispondría de los 16.000 millones de dólares para lograr educación para todos, uno de los Objetivos del Milenio… Hechos y datos demuestran que no son minoritarios ni excepcionales. Hablamos de injusticia, de violación sistemática de derechos humanos.

En Europa ha habido protestas, manifestaciones y algunas huelgas. Pero quizás no con la continuidad necesaria, como ocurre en Norte de África y Oriente Próximo, por ejemplo (guerra tribal de Libia aparte). ¿Acaso los europeos aceptan la injusta situación neoliberal que vulnera sus derechos?

Quizás la resistencia y protestas ciudadanas habidas no sean suficientes. Stephane Hessel pidió a la gente joven que se indignara contra la destrucción neoliberal, pero los jóvenes en general, y los universitarios en particular, no parecen reaccionar, aún siendo quienes tienen presente y futuro más inciertos. Y tampoco lo hacen el resto de ciudadanas y ciudadanos. 

Sin embargo, en Internet, en Europa, miles de webs, portales y blogs se oponen a la actual situación, a la crisis que es estafa y atraco, y denuncian la impunidad de sus responsables. En la Red se denuncia cómo se desmantela el estado de derechos (en plural, no estado de bienestar, término inadecuado donde los haya). Son webs y portales de gente joven que de ningún modo comulga con las ruedas de molino de este tinglado neoliberal que va a peor… Sin embargo, los responsables de la crisis continúan obteniendo obscenos beneficios con ella y siguen tan tranquilos actuando contra la mayoría ciudadana.

Una vez más, ¿qué hacer?

Para empezar, recuperar las ideas, sin duda. Defensa de libertades, de justicia, de derechos, de solidaridad, de trabajo colectivo, de igualdad, de respeto a la naturaleza y a la Tierra. Informarse, saber, ser conscientes de lo que pasa; que no nos den más gato por liebre. Reconquistar los valores y principios democráticos y gritarlos con la convicción de que otro mundo es posible de verdad. Otro mundo más justo que pone en cuestión el crecimiento como único objetivo y el individualismo como ética. Otro mundo más humano que rechaza un desarrollo que no busca la felicidad de la gente ni respeta la Tierra. Que está contra los beneficios como único motor y por encima de todo. Que rechaza el consumo por el consumo y el lujo como algo bueno, deseable. Qué actúa contra la dependencia del petróleo y la entronización del automóvil como imprescindible. Que pretende que es mejor poseer que ser…

Y, luego, hay que vencer el miedo. Ese miedo arma paralizadora que los medios extienden un día sí y otro también. Es preciso que se derrumbe el muro del miedo en las mentes. Y reaccionar. Conseguir justicia, que respeten nuestros derechos, es entonces cuestión de persistencia, de tenacidad.

Tres cánceres de la economía neoliberal contra la ciudadanía

Según Transparency International, la corrupción amenaza gravemente la recuperación económica. En el último informe sobre corrupción en el mundo de esta organización, suspende la mayoría de los 180 países analizados. Los más corrompidos son casi siempre los más empobrecidos, pero también hay países ricos, con bajos índices de corrupción en casa, pero no así cuando sus empresas actúan en otros Estados. Ahí sobornan a placer. Quizás ésa sea la razón de que los más corrompidos sean los más empobrecidos. Los ricos corrompen en países pobres, pero no aparecen como tales en la lista; sólo el país corrompido, no el corruptor.

Corrupción es soborno a funcionarios o políticos que influyen en la adquisición de bienes y servicios para el Estado; es apropiación de fondos públicos por funcionarios o políticos; es desvío de capital público a cuentas propias; es manipular o cambiar datos e informaciones en beneficio propio para participar con éxito en concursos públicos; es distribuir arbitraria e injustamente beneficios legítimos…

Pero contra la idea generalizada de que la corrupción es propia de países empobrecidos o emergentes, los multimillonarios trapicheos y latrocinios varios de Eurostat, Enron, World Com y otros tantos hace pocos años, más otros muchos más hace poco en Estados Unidos y Europa, convierten la corrupción en una pandemia de países desarrollados, aunque no lo reflejen así las listas de Transparency Internacional.

Otro cáncer de la economía es el fraude fiscal. En Alemania, en 2008 se descubrió que buena parte de la clase empresarial llevaba años defraudando a Hacienda miles de millones de euros anuales. Miles de millones. Lo hacían por medio del banco LGT de Liechtenstein, propiedad  por cierto de la familia real de ese principado de opereta. Sólo es un ejemplo entre miles. Pero cada año, América Latina, por ejemplo, pierde unos 50.000 millones de dólares por evasión de impuestos de empresas transnacionales que operan en esa región. Según el Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa de la organización internacional Attac, los países más pobres dejan de ingresar unos 200.000 millones de dólares anuales por fraude fiscal. Esos millones defraudados se guardan en paraísos fiscales: el tercer cáncer.

En febrero del año pasado, el G20 prometió erradicar los paraísos fiscales. La canciller alemana Merkel anunció que habría una lista negra de paraísos fiscales que no colaboraran y el presidente francés Sarkozy amenazó con sanciones a esos centros. No pasó nada. En cambio, hace medio año, el G-20 proclamó que los paraísos fiscales no serán considerados tales si firman convenios para aportar información tributaria, pero sólo si algún Estado la pide. Y además los paraísos fiscales son los segundos clientes de la Eurozona, los Estados europeos con el euro como moneda. No sólo no sanciona, sino que Europa hace negocios con los cómplices de la evasión fiscal que le resta ingresos.

Hay 38 paraísos fiscales según la OCDE y, entre ellos, destacan Gibraltar, Andorra, Mónaco, Liechtenstein y las islas de Man y Jersey en el Canal de la Mancha. En la vieja Europa. Por tanto, lo que se diga contra paraísos fiscales es falso mientras los haya en Europa. Mientras haya secreto bancario. Mientras no se arrincone a los paraísos para que dejen de ser la cueva de Ali Babá de la economía mundial.

Lo único que se puede hacer con los paraísos fiscales es deshacerlos. ¿Imaginan que un médico propusiera tratar un cáncer no haciendo nada? Pues eso proponen Europa y el G20 hacer con los paraísos. Nada.

Declaraciones contra los paraísos fiscales que no vayan acompañadas de medidas contra  determinadas prácticas, conductas y actuaciones bancarias y financieras son humo. Es necesaria más información sobre lo que hace la banca en los paraísos. Hay que prohibir las filiales y delegaciones de bancos, cajas de ahorro y grupos empresariales en los paraísos. También hay que poner coto a las sociedades instrumentales que hacen posibles numerosos delitos porque son territorio de paso de miles de millones de dólares de la corrupción, de la evasión fiscal y del blanqueo de dinero criminal o terrorista… Y hay que negar personalidad jurídica a esas sociedades  pantalla de paraísos fiscales e impedirles intervenir en el comercio y el movimiento financiero internacionales. Eso son medidas contra los paraísos fiscales; lo demás son cánticos de sirena.

Cuando veamos que G20, Unión Europea, FMI y entidades similares van a por ellos, actúan contra los paraísos fiscales, entonces creeremos que quieren superar la crisis. Y entonces no harán falta programas de recortes.

Hay que plantar cara

Es como una actuación de jazz. Los músicos improvisan una y otra vez con instrumentos diversos y ritmos diferentes a partir de la misma melodía esencial. Vuelven sobre esas notas una y otra vez, se turnan trompeta, saxofón, clarinete, piano, contrabajo, banjo, guitarra, batería… Hacen que la música parezca diferente utilizando todos, uno tras otro, la misma combinación de notas.

Pues los responsables de la crisis y sus cómplices, como en el jazz, parten también de una única melodía: sus beneficios, sus intereses. Y a partir de ahí cambian de ritmo, intervienen uno u otro con la misma tabarra… Banco Central Europeo, bancos centrales nacionales, FMI, OCDE, los llamados mercados, gran banca, directivos de grandes empresas, grandes medios…

Impiden (o aceptan que se impida) la imprescindible reforma financiera, promueven recortes sociales, imponen planes de ajuste, marean con que salimos lentamente de la crisis, atacan y boicotean lo público, ocultan o falsean los logros y beneficios de lo público, cantan las alabanzas trucadas de lo privado… Y ahora manipulan la deuda pública para chantajear a los gobiernos y forzarlos a imponer reformas regresivas que sólo a la minoría privilegiada benefician.
Con tal codicia, la crisis se va a convertir en catástrofe social, holocausto de derechos económicos y sociales de la mayoría.

Pero los problemas no se solucionan solos: o los solucionas o permanecen y se enquistan. Llegó la hora de plantar cara. Y algunos ya han empezado.

Por ejemplo, miles de personas se manifestaron en Washington para apoyar las reformas positivas de Obama en beneficio de la mayoría.

Crecen las protestas contra recortes de derechos laborales y sociales que castigan a los ciudadanos europeos. En Grecia protestan contra las políticas neoliberales del gobierno contra derechos sociales y económicos de todos. En España, una huelga general contra la reforma laboral ha paralizado la industria y afectado significativamente el transporte y los servicios. Dos millones de ciudadanos han protestado en varias ciudades de Francia contra la reforma regresiva del sistema de pensiones. En París, además hubo una huelga de transportes y enseñanza, y los sindicatos han convocado otra jornada de huelga. En Portugal, el principal sindicato portugués, la CGTP, convoca un paro general contra las medidas de austeridad del gobierno de José Sócrates, como rebajar un 5% el sueldo de los funcionarios… Suma y sigue.

Algo se mueve. Por fin.

Lina Gálvez, vicerrectora de la Universidad Olavide de Sevilla, nos recuerda que los mercados utilizan su presión de especuladores sobre la deuda de los Estados para imponer a los gobiernos medidas que sólo convienen a las grandes empresas y a la banca. Una extorsión evidente que algunos gobiernos aceptan en lugar de recurrir a la ciudadanía para que hable claro a los especuladores. Los gobiernos ceden a las demandas chantajistas, insiste Gálvez, pero los mercados, como todos los chantajistas, son insaciables. Ceder no es el camino.

Los mercados (es decir unos cuantos miles de tipos en todo el mundo) son insaciables. Recuerden el diálogo del filme “Cayo Largo” de John Huston entre el personaje de Bogart, un soldado que regresa de la guerra mundial, y el de Edward G. Robinson, el gangster John Rocco. El soldado pregunta retóricamente, “¿qué quiere Rocco?” Y se responde: “Quiere más”. Rocco lo confirma: “Eso es, quiero más”. Y el soldado pregunta de nuevo: “¿Alguna vez Rocco tendrá bastante?” Y Rocco contesta: “Nunca tengo bastante”.


Eso es lo que hay. Por eso no cabe esperar que los “malos” se vuelvan buenos.


Pero hay otro camino hacia el auténtico progreso y la mayor igualdad posible; es decir, mayor justicia. Para afrontar la crisis, la Comisión Económica de América Latina (CEPAL, dependiente de Naciones Unidas) apuesta por intensificar las políticas sociales y laborales que tan buenos resultados da en América Latina frente a la receta neoliberal europea de recortar el Estado del bienestar. Y también convendría sentar en el banquillo de los acusados al sistema financiero, no al estado de bienestar, que es camino hacia un Estado de justicia.


Esos son los objetivos a reivindicar por ciudadanos y ciudadanas del mundo para plantar cara. Mejora de salarios y condiciones laborales, políticas sociales contra la desigualdad y que los responsables de la crisis rindan cuentas.
Ahora es la hora de la ciudadanía.

La lucha contra la pobreza es una cuestión de derechos humanos

Según el llamado ‘efecto mariposa’, si ese lepidóptero aletea en Brasil, puede haber un terremoto en China. No es que ocurra tal cosa; se refiere a que todo está interconectado. No sólo en ciencias físicas sino en la vida y entre los seres humanos. No caben Robinsones Crusoe, salvo en literatura, e incluso el Crusoe de ficción necesito a Viernes porque no soportaba el aislamiento. Más allá de la ficción, las situaciones y hechos humanos están interconectados. Einstein diría que la materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Que todo tiene relación. Y en lo socio económico, más. Nada se da o desaparece porque sí. Veamos algunos casos.

Hay una destrucción incesante de empleo hasta el punto de que la buena noticia es que la velocidad de destrucción de puestos de trabajo es algo menor. Y en dos años de crisis, los hambrientos han aumentado de menos de novecientos millones de personas a mil cien.

En las Islas Caimán hay un edificio que alberga a 12.000 empresas. Obama denunció que es el mayor edificio del mundo o una estafa fiscal colosal. Naturalmente lo cierto es lo segundo. Y, sin embargo, Adam Smith, uno de los padres del capitalismo escribió en el siglo XVIII que “todo los ciudadanos deben contribuir al sostenimiento del Estado en proporción a sus ingresos”.

Parece que esta regla se convirtió en el siglo XX en esta otra: “Todo el mundo debe contribuir al sostenimiento del Estado en proporción a sus ingresos… salvo que puedan esconder su dinero en un paraíso fiscal”.

¿Alguien cree en serio que la existencia de los paraísos fiscales no tiene nada que ver con la pobreza y la desigualdad?

Ahora dicen que los paraísos fiscales dejarán de serlo. Que EEUU y estados de la Unión Europea han firmado cien acuerdos de intercambio de información fiscal con paraísos fiscales. Que algunos estados potentes preparan acciones contra los paraísos fiscales que se resistan.

Los paraísos fiscales son una lacra, un cáncer. Pero no son el único problema grave. Un estafador tan buen conocedor de trampas y juego sucio como Madoff (quien, por cierto, se pasará un montón de años en la cárcel) asegura que los mayores secretos bancarios y casos de lavado de dinero sucio y fraude fiscal no se dan en las islas tropicales (donde están la mayoría de paraísos fiscales) sino en Wall Street, la City de Londres, Frankfurt y Tokio.

Para convencernos de que no es maquillaje ni camuflaje, y que nos creamos de verdad que los Estados y la minoría rica privilegiada quieren acabar con el secreto bancario y sus consecuencias, tenemos que ver que se firman miles de acuerdos de transparencia financiera y fiscal. Que el secreto bancario desaparezca.

En otra orilla, el Institute for Policy Srtudies (IPS), entidad radicada en Washington que investiga y publica los ingresos de ejecutivos y directivos, ha informado recientemente que los altos ejecutivos de EEUU ganan 319 veces más que el salario medio del trabajador estadounidense. Treinta años atrás, esos altos ejecutivos ganaban treinta veces el salario medio del empleado estadounidense. Si esto no es desigualdad que baje dios y lo vea. Según el IPS, esos desorbitados sueldos y gratificaciones de los altos ejecutivos y directivos propiciaron su “imprudencia”, porque lo único que les interesaba era ganar mucho dinero en poco tiempo. Y esa “imprudencia” llevó a EEUU y al mundo al borde del abismo, del cataclismo económico.

En otro lugar, veinte estados han firmado el Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos económicos, sociales y culturales de Naciones Unidas. Ahora es ley internacional y se podrá reivindicar ante la justicia el respeto de esos derechos que significan vida digna, ingresos suficientes, poder mantener a la familia, vivienda digna, cuidado de la salud, educación… Porque de justicia se trata: Dar a cada uno lo que le corresponde, lo que se le debe como persona. ¿Y qué le corresponde?Libertad, justicia y paz. Porque todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos

En los últimos años, hemos presenciado una pobreza y desigualdad obscenas, en crecimiento imparable. Y la única forma eficaz de luchar contra esa pobreza, contra esa indecente desigualdad, es una implacable reivindicación de los derechos humanos de todos. Se trata de afrontar la lucha contra la pobreza como exigencia de indiscutible respeto de los derechos humanos de todos en todas partes. Los derechos humanos otorgan libertad de elección y de acción, protegen contra las arbitrariedades de los poderosos e imponen responder ante la justicia.

Y si alguien cree que lo escrito es literatura poética o delirio, o que los derechos humanos son sólo un muestrario de buenas intenciones, mejor haría en darse de baja el género humano.

Así no salimos de la crisis

Dos hombres maduros, uno con americana cruzada y corbata, el otro de esmoquin con pajarita. Ambos con sonrisa lobuna sostienen sendos vasos en la mano. Brindan: “¡Por otra crisis como ésta!” Con sutil ironía, el humorista español El Roto resume qué ha pasado, qué pasa y qué no está pasando.

Ahora empiezan a abundar las declaraciones de próceres económicos y mandatarios sobre la recuperación. ¡Brotes verdes! ¡Salimos de la crisis! Debe ser lo que toca en ese cambiar algo para que todo continúe igual.

Jeffrey Sachs, director del Earth Institute de la universidad de Columbia, ha escrito: “Hace un año la economía mundial se tambaleaba al borde del abismo. Del 15 al 17 de septiembre de 2008, Lehman Brothers se declaró en bancarrota, la aseguradora AIG pasó a manos del Gobierno estadounidense y, tras quebrar, Merril Lynch fue absorbido por Bank of America, operación financiada por el Gobierno federal. Se desató el pánico y cesó el crédito. Medidas urgentes de bancos centrales y mucho dinero público evitaron que todo se hundiera”.

Según el economista Jacques Attali “el capitalismo estuvo a punto de desaparecer” (¡no caerá esa breva!), porque no había confianza en los bancos, muchos inversores retiraban sus fondos, las empresas no conseguían créditos y perdían valor. El presidente de Brasil, Lula da Silva, diagnosticó la crisis con mayor precisión al asegurar que ésta se produjo por la irresponsabilidad de los países ricos que, además, no sabían qué hacer.

Un año después parece haberse evitado lo peor. Dicen.

Pero no estamos para echar campanas al vuelo. El paro aumenta en Estados Unidos y en Europa y, según el Programa Mundial de Alimentos de ONU, por primera vez en la historia, por ejemplo, hay más de 1.000 millones de personas que pasan hambre. Pero todavía, como denuncia Barack Obama, “en el sector financiero hay quienes no aprenden las lecciones de (la bancarrota de) Lehman Brothers y de la crisis; prefieren ignorarlas”.

Un año después, los bancos tienen dinero fresco (inyectado por los gobiernos), pero no conceden préstamos. En Estados Unidos, 247.000 personas perdieron el empleo en junio. Europa no va mucho mejor en recuperación de empleo y tampoco Japón, donde los sueldos han caído un 7%. Pero los mercados están exultantes. Quizás, como ha denunciado el ex presidente español Felipe González,, se han olvidado las causas de la crisis: “Estamos a punto de repetir el modelo que nos ha llevado a esta crisis. Incubando la misma basura que nos ha llevado a esta crisis”. Por ahí van los tiros.

Además, es difícil salir de la crisis cuando no se identifica e investiga a los verdaderos responsables la misma. La crisis no es algo ocurrido por accidente, como el rayo que cae encima porque pasabas por allí. Los responsables siguen impunes. He conocido a muchos que han pasado años en la cárcel habiendo hecho mucho menos daño.

No se sale de la crisis porque, enquistados, camuflados e impunes, permanecen entre quienes tomas las decisiones los causantes de la misma. Esta crisis tiene perpetradores que la han provocado, pero nadie pide responsabilidades. No han sido los estafadores de siempre, los Madoff y demás, sino sujetos que pasan por respetables y honorables, que para satisfacer su obscena codicia nos han llevado al desastre. Cómo esos 45 ejecutivos del banco británico Barclays que han creado la compañía Protium en el paraíso fiscal Islas Caimán para evitar que la Unión Europea controle sus obscenas retribuciones de  banqueros. Lo ha denunciado The Times. Y también que otros 20 altos cargos de Société Générale han dejado su puesto en la entidad francesa para desembarcar en Nexar Capital, una oscura empresa financiera incontrolable. Incontrolable porque quieren.

Hace años que lo gritamos. Mientas no se supriman los paraísos fiscales, habrá crisis, pero gozarán de buena salud el narcotráfico, crimen organizado e incluso el terrorismo.

¿Dónde están los cambios anunciados para combatir las causas de la crisis? –escribe el catedrático de economía Juan Torres. En ninguna parte. Hoy el sistema económico padece los mismos problemas que llevaron a la crisis: desregulación financiera, descontrol absoluto de la ingeniería financiera, predominio de lo financiero sobre la actividad productiva, creación ingente y desproporcionada de dinero bancario, altos niveles de desigualdad…

Es hora de que los ciudadanos empezemos a responder individualmente y como colectivo. O no lo contamos.

¿Y el derecho a la información?

Derecho a la información e insumisión ciudadana

Hace un par de años, Hugo Chávez convocó un referendo para preguntar a los venezolanos si aceptaban reformar la constitución y que los presidentes de la república pudieran presentarse a reelección sin límites temporales. No lo consiguió, pero muchos medios informativos europeos lo más bonito que le dijeron a Chávez fue autoritario y que preparaba una dictadura.

Presentarse tantas veces como quieran al cargo lo hacen los primeros ministros en Europa y nadie se rasga las vestiduras. Ahora Uribe, presidente de Colombia, hace lo mismo que Chávez. Y además pretende reducir el censo electoral en varios millones para asegurar la reelección, que eso sí es claramente antidemocrático. Pero no se ha publicado ni un simple calificativo denostador contra Uribe en los medios españoles que reparten patentes de democracia.

También llevamos dos años de una crisis que ha aumentado la pobreza y la desigualdad hasta extremos más indecentes si cabe. Páginas y páginas sobre el G-8 y sus reuniones, ocurrencias de Sarkozy y puestas en escena de Merkel. Muchas palabras, acaso buenas intenciones, pero pocas realidades contra desempleo, sufrimiento e incertidumbre de la gente. Y apenas unos párrafos sobre propuestas de ONU o sobre el comité económico de ésta, presidido por Stiglitz, para afrontar la crisis. Otra vez los medios ‘importantes’ dan la nota.

Como escribe la psicóloga Rosa Cañadell, “llevamos muchos años dando por buenas situaciones inmorales, ilógicas e intolerables”. Y, a continuación, formula inquietantes preguntas. “¿Por qué se consiguió tapar la boca a la mayoría que no se benefició de la gran estafa (léase crisis), pero ahora pagan los platos rotos? ¿Cómo silenciaron tantas voces críticas? ¿Qué anestesia usaron para seguir la farsa? ¿Por qué aceptamos un crecimiento económico impresionante con estancamiento de salarios? ¿Por qué consentir que la política  se convirtiera en gran multinacional donde lo único importante  es el beneficio personal?”

En esa demoledora y penosa realidad que esboza Cañadell, tiene mucho que ver la mayoría de medios presuntamente informativos. Como reflexiona el profesor de Políticas Públicas de la Johns Hopkins, Vicenç Navarro, “se habla con frecuencia de la escasa calidad democrática de nuestras instituciones representativas, pero apenas se comenta la misma falta de calidad democrática de los medios informativos más importantes”. Navarro se refiere en concreto a España, pero lamentablemente hoy el aserto es extensible a todo el mundo.

Medios que no cesan de proclamar su defensa de la libertad de prensa. ¿No será más bien libertad de empresa? (La suya, claro). Sobre todo si tenenos en cuenta que esos medios son parte de potentes grupos económicos con intereses muy variados. En esos grupos, los medios son herramientas de ataque.

La minoría privilegiada ha aprendido hace tiempo que quien controla la información influye en la conducta cotidiana y en la gente. Y en eso están, tal como denuncia Mayor Zaragoza, ex director general de Unesco: “La minoría que tiene el poder económico, posee también el poder mediático. Y lo utiliza para que lo inadmisible, que es mucho, pase desapercibido”.

Desde hace tiempo se constata que el antaño denominado cuarto poder se disolvió, convertido mayoritariamente en herramienta al servicio del poder económico. La triste realidad es que muchos medios incumplen la obligación de informar con veracidad y honradez. Exageran, ocultan, distorsionan, manipulan, falsean e incluso mienten. Ignacio Ramonet,  Le Monde Diplomatique o el periodista español Pascual Serrano, por ejemplo, lo han mostrado y demostrado documentadamente. Además, este analista está harto de comprobar cuan a menudo titulares condenatorios y de rasgamiento de vestiduras (siempre contra críticos del sistema capitalisa neoliberal, por supuesto) no tienen respaldo alguno en el texto de información. Vieja táctica de tirar la piedra y esconder la mano. Eso sin contar un preocupante incremento de amarillismo y  banalidad ocupando el espacio de información veraz.

Y es que la minoría privilegiada, que puede comprar conciencias y talentos y lo hace, no soporta que le toquen los intereses.

Una muestra de lo escrito es la implacable reacción de la minoría privilegiada estadounidense arremetiendo a través de diversos medios contra la reforma sanitaria de Barack Obama con ocultaciones, manipulaciones y puras  mentiras.

Como recientemente ha escrito Federico Mayor Zaragoza: “Ha llegado el momento de reaccionar, el tiempo de la insumisión, de iniciar el gran cambio hacia la transparencia y el conocimiento real de la realidad. De hacer uso de todas las redes de comunicación disponibles, Internet incluida, para contrarrestar omisiones y ocultaciones de los grandes manipuladores y mentirosos, de los imperios informativos”.

Que así sea.