Así no salimos de la crisis

Dos hombres maduros, uno con americana cruzada y corbata, el otro de esmoquin con pajarita. Ambos con sonrisa lobuna sostienen sendos vasos en la mano. Brindan: “¡Por otra crisis como ésta!” Con sutil ironía, el humorista español El Roto resume qué ha pasado, qué pasa y qué no está pasando.

Ahora empiezan a abundar las declaraciones de próceres económicos y mandatarios sobre la recuperación. ¡Brotes verdes! ¡Salimos de la crisis! Debe ser lo que toca en ese cambiar algo para que todo continúe igual.

Jeffrey Sachs, director del Earth Institute de la universidad de Columbia, ha escrito: “Hace un año la economía mundial se tambaleaba al borde del abismo. Del 15 al 17 de septiembre de 2008, Lehman Brothers se declaró en bancarrota, la aseguradora AIG pasó a manos del Gobierno estadounidense y, tras quebrar, Merril Lynch fue absorbido por Bank of America, operación financiada por el Gobierno federal. Se desató el pánico y cesó el crédito. Medidas urgentes de bancos centrales y mucho dinero público evitaron que todo se hundiera”.

Según el economista Jacques Attali “el capitalismo estuvo a punto de desaparecer” (¡no caerá esa breva!), porque no había confianza en los bancos, muchos inversores retiraban sus fondos, las empresas no conseguían créditos y perdían valor. El presidente de Brasil, Lula da Silva, diagnosticó la crisis con mayor precisión al asegurar que ésta se produjo por la irresponsabilidad de los países ricos que, además, no sabían qué hacer.

Un año después parece haberse evitado lo peor. Dicen.

Pero no estamos para echar campanas al vuelo. El paro aumenta en Estados Unidos y en Europa y, según el Programa Mundial de Alimentos de ONU, por primera vez en la historia, por ejemplo, hay más de 1.000 millones de personas que pasan hambre. Pero todavía, como denuncia Barack Obama, “en el sector financiero hay quienes no aprenden las lecciones de (la bancarrota de) Lehman Brothers y de la crisis; prefieren ignorarlas”.

Un año después, los bancos tienen dinero fresco (inyectado por los gobiernos), pero no conceden préstamos. En Estados Unidos, 247.000 personas perdieron el empleo en junio. Europa no va mucho mejor en recuperación de empleo y tampoco Japón, donde los sueldos han caído un 7%. Pero los mercados están exultantes. Quizás, como ha denunciado el ex presidente español Felipe González,, se han olvidado las causas de la crisis: “Estamos a punto de repetir el modelo que nos ha llevado a esta crisis. Incubando la misma basura que nos ha llevado a esta crisis”. Por ahí van los tiros.

Además, es difícil salir de la crisis cuando no se identifica e investiga a los verdaderos responsables la misma. La crisis no es algo ocurrido por accidente, como el rayo que cae encima porque pasabas por allí. Los responsables siguen impunes. He conocido a muchos que han pasado años en la cárcel habiendo hecho mucho menos daño.

No se sale de la crisis porque, enquistados, camuflados e impunes, permanecen entre quienes tomas las decisiones los causantes de la misma. Esta crisis tiene perpetradores que la han provocado, pero nadie pide responsabilidades. No han sido los estafadores de siempre, los Madoff y demás, sino sujetos que pasan por respetables y honorables, que para satisfacer su obscena codicia nos han llevado al desastre. Cómo esos 45 ejecutivos del banco británico Barclays que han creado la compañía Protium en el paraíso fiscal Islas Caimán para evitar que la Unión Europea controle sus obscenas retribuciones de  banqueros. Lo ha denunciado The Times. Y también que otros 20 altos cargos de Société Générale han dejado su puesto en la entidad francesa para desembarcar en Nexar Capital, una oscura empresa financiera incontrolable. Incontrolable porque quieren.

Hace años que lo gritamos. Mientas no se supriman los paraísos fiscales, habrá crisis, pero gozarán de buena salud el narcotráfico, crimen organizado e incluso el terrorismo.

¿Dónde están los cambios anunciados para combatir las causas de la crisis? –escribe el catedrático de economía Juan Torres. En ninguna parte. Hoy el sistema económico padece los mismos problemas que llevaron a la crisis: desregulación financiera, descontrol absoluto de la ingeniería financiera, predominio de lo financiero sobre la actividad productiva, creación ingente y desproporcionada de dinero bancario, altos niveles de desigualdad…

Es hora de que los ciudadanos empezemos a responder individualmente y como colectivo. O no lo contamos.

¿Y el derecho a la información?

Derecho a la información e insumisión ciudadana

Hace un par de años, Hugo Chávez convocó un referendo para preguntar a los venezolanos si aceptaban reformar la constitución y que los presidentes de la república pudieran presentarse a reelección sin límites temporales. No lo consiguió, pero muchos medios informativos europeos lo más bonito que le dijeron a Chávez fue autoritario y que preparaba una dictadura.

Presentarse tantas veces como quieran al cargo lo hacen los primeros ministros en Europa y nadie se rasga las vestiduras. Ahora Uribe, presidente de Colombia, hace lo mismo que Chávez. Y además pretende reducir el censo electoral en varios millones para asegurar la reelección, que eso sí es claramente antidemocrático. Pero no se ha publicado ni un simple calificativo denostador contra Uribe en los medios españoles que reparten patentes de democracia.

También llevamos dos años de una crisis que ha aumentado la pobreza y la desigualdad hasta extremos más indecentes si cabe. Páginas y páginas sobre el G-8 y sus reuniones, ocurrencias de Sarkozy y puestas en escena de Merkel. Muchas palabras, acaso buenas intenciones, pero pocas realidades contra desempleo, sufrimiento e incertidumbre de la gente. Y apenas unos párrafos sobre propuestas de ONU o sobre el comité económico de ésta, presidido por Stiglitz, para afrontar la crisis. Otra vez los medios ‘importantes’ dan la nota.

Como escribe la psicóloga Rosa Cañadell, “llevamos muchos años dando por buenas situaciones inmorales, ilógicas e intolerables”. Y, a continuación, formula inquietantes preguntas. “¿Por qué se consiguió tapar la boca a la mayoría que no se benefició de la gran estafa (léase crisis), pero ahora pagan los platos rotos? ¿Cómo silenciaron tantas voces críticas? ¿Qué anestesia usaron para seguir la farsa? ¿Por qué aceptamos un crecimiento económico impresionante con estancamiento de salarios? ¿Por qué consentir que la política  se convirtiera en gran multinacional donde lo único importante  es el beneficio personal?”

En esa demoledora y penosa realidad que esboza Cañadell, tiene mucho que ver la mayoría de medios presuntamente informativos. Como reflexiona el profesor de Políticas Públicas de la Johns Hopkins, Vicenç Navarro, “se habla con frecuencia de la escasa calidad democrática de nuestras instituciones representativas, pero apenas se comenta la misma falta de calidad democrática de los medios informativos más importantes”. Navarro se refiere en concreto a España, pero lamentablemente hoy el aserto es extensible a todo el mundo.

Medios que no cesan de proclamar su defensa de la libertad de prensa. ¿No será más bien libertad de empresa? (La suya, claro). Sobre todo si tenenos en cuenta que esos medios son parte de potentes grupos económicos con intereses muy variados. En esos grupos, los medios son herramientas de ataque.

La minoría privilegiada ha aprendido hace tiempo que quien controla la información influye en la conducta cotidiana y en la gente. Y en eso están, tal como denuncia Mayor Zaragoza, ex director general de Unesco: “La minoría que tiene el poder económico, posee también el poder mediático. Y lo utiliza para que lo inadmisible, que es mucho, pase desapercibido”.

Desde hace tiempo se constata que el antaño denominado cuarto poder se disolvió, convertido mayoritariamente en herramienta al servicio del poder económico. La triste realidad es que muchos medios incumplen la obligación de informar con veracidad y honradez. Exageran, ocultan, distorsionan, manipulan, falsean e incluso mienten. Ignacio Ramonet,  Le Monde Diplomatique o el periodista español Pascual Serrano, por ejemplo, lo han mostrado y demostrado documentadamente. Además, este analista está harto de comprobar cuan a menudo titulares condenatorios y de rasgamiento de vestiduras (siempre contra críticos del sistema capitalisa neoliberal, por supuesto) no tienen respaldo alguno en el texto de información. Vieja táctica de tirar la piedra y esconder la mano. Eso sin contar un preocupante incremento de amarillismo y  banalidad ocupando el espacio de información veraz.

Y es que la minoría privilegiada, que puede comprar conciencias y talentos y lo hace, no soporta que le toquen los intereses.

Una muestra de lo escrito es la implacable reacción de la minoría privilegiada estadounidense arremetiendo a través de diversos medios contra la reforma sanitaria de Barack Obama con ocultaciones, manipulaciones y puras  mentiras.

Como recientemente ha escrito Federico Mayor Zaragoza: “Ha llegado el momento de reaccionar, el tiempo de la insumisión, de iniciar el gran cambio hacia la transparencia y el conocimiento real de la realidad. De hacer uso de todas las redes de comunicación disponibles, Internet incluida, para contrarrestar omisiones y ocultaciones de los grandes manipuladores y mentirosos, de los imperios informativos”.

Que así sea.

Quien controla la información controla a la gente

Aumentan casos de gripe A. No habrá vacunas suficientes. Más víctimas mortales de gripe A. La gripe A desbordará los hospitales. Sin rápida vacunación habrá explosión de gripe A. Tres mujeres mueren por gripe A en 24 horas. Más de 15.000 casos semanales de gripe A. No besar ni estrechar manos para evitar contagios. La llegada del invierno complicará la salud pública…

Son algunos de los miles de titulares de medios de estos meses. ¿Mortal amenaza, como cuando la peste diezmaba Europa en la Edad Media? Lo cierto es que esta nueva gripe es leve y quienes la sufran, salvo muy pocos, no correrán peligro. En el sureste asiático, por ejemplo, conviven tres tipos de virus: gripe de invierno, gripe A (contagiosas y leves), y gripe aviar (grave pero escasamente contagiosa). ¿Acaso ha ocurrido una tragedia en el Sureste asiático?

Además, los países del Norte disponemos de datos de lo ocurrido en el hemisferio Sur, donde ahora acaba el invierno. Ha habido 1.796 fallecidos por gripe A en todo el hemisferio Sur, pero cualquier gripe de invierno deja, en España por ejemplo, de 1.500 a 3.000 muertos. La gripe A es más contagiosa que la gripe de siempre, pero más benigna y su mortalidad mucho menor, aseguran los colegios de médicos de España. “El 95% de los casos serán leves y se resolverán en una semana como cualquier gripe común”, aseguran.

Las noticias sobre gripe A han sido -y son- un obsceno ejercicio de ruido. No es información, sino manipulación, irresponsabilidad, distorsión interesada y majadería. Un ceremonial de confusión que recuerda películas de aventuras en las que una legión de ojeadores arma un pandemónium con palos y latas y espanta la caza hacia los señores blancos con sus precisos y carísimos rifles.

Tal como recién ha denunciado la Organización Médica Colegial de España (OMC), “se ha creado una alarma y angustia exageradas sobre la gripe A”. Rodríguez Sendín, presidente de la OMC, no descarta intereses económicos tras la alarma por la pandemia, porque la exagerada importancia a mal tan común no responde a intereses sanitarios. En plata: la alarma causada por la gripe A no es inocente ni casual.

Cómo diría Al Capone, hay que seguir la pista del dinero. ¿Quién se beneficia del miedo colectivo a la gripe A? Aparte de muchos políticos profesionales (porque el miedo hace maleables y manejables a los ciudadanos), conviene a grandes empresas del sector farmacéutico-industrial. Ya hemos podido ver sus movimientos para quedarse con una  buena porción del multimillonario pastel de las vacunas contra la gripe y de los antivirales, que presumiblemente se ingerirán sin estricta necesidad, pero a espuertas.

Una muestra de la ética del mundo farmacéutico-industrial la proporciona el informe de la Comisión Europea de 8 de julio sobre abusos contra la competencia en el sector farmacéutico. Según ese informe, los grandes grupos farmacéuticos recurren a prácticas inaceptables para impedir que los medicamentos genéricos lleguen al mercado. Porque los genéricos (cuyo uso recomienda la Organización Mundial de la Salud), son mucho más baratos que los caros medicamentos de esas compañías.

¿Qué tiene que ver la inmoral actuación de impedir que fármacos genéricos lleguen al mercado con la alarma creada por la gripe A?

Quien está dispuesto a impedir o retrasar que millones de ciudadanos pobres puedan mejorar su salud o incluso salvar la vida tomando genéricos, ¿no hará cualquier cosa para que la venta de vacunas y antivirales le permita ganar aún más?

Los medios informativos independientes y libres, en general ya no existen. El cuarto poder desapareció, fagocitado por operaciones de los ochenta de absorción, fusión y concentración de empresas. Y la mayoría de medios informativos hoy son propiedad de corporaciones, grupos de empresas y conglomerados financieros. No hay cuarto poder y en los medios informativos priman los intereses de la minoría privilegiada que los posee. Esa minoría dicta la agenda informativa. No como una sesión de Spectra, la organización malvada contra la que lucha el agente 007. Con normalidad, sin aspavientos, cotidianamente, por medio de un entramado de complicidades, servidumbres y otras malas artes propias de la aplicación del capitalismo neoliberal.

Quien controla la información controla la conducta cotidiana, controla a la gente.

Y contra eso deberíamos reaccionar.