Pura lucha de clases

En un pueblo de Cádiz, viven Francisco de 50 años, María José de 43 y la madre de ambos de 84. Desempleados, ya no perciben subsidio de paro. Los tres sobreviven con la pensión de la madre: 597 euros mensuales. Ésta es una consecuencia cotidiana, abundante y dramática de la situación económica. No sólo en España. Fruto de la crisis global de la que no salimos por los recortes de presupuesto público, pues la histeria contra el déficit mantiene el desempleo (o lo incrementa), reduce salarios, además de empequeñecer la seguridad social y la educación pública.

Recortar el déficit público es prioridad elevada a dogma. Eso y que los bancos no den créditos garantiza una prolongada crisis. Sobre eso, el economista Juan Torres explica que el Banco de Pagos Internacionales ha hecho público que la banca española es la más rentable del mundo. Pero esos rentables bancos no prestan y así paralizan la actividad económica. Neoliberalismo puro.

Larry Elliott, responsable de economía de The Guardian, recuerda que el presidente Roosevelt utilizó el gasto público para relanzar la economía americana y así el país comenzó a salir de la crisis de 1929. Pero después, Roosevelt escuchó a quienes graznaban que el  déficit presupuestario sería intolerable para futuras generaciones. Se recortó el presupuesto… y la economía norteamericana cayó de nuevo en recesión. La recesión se superó cuando Estados Unidos intervino en la Segunda Guerra Mundial, que supuso un enorme incremento del gasto público. Y la economía funcionó. En 1945, acabada la guerra, el déficit presupuestario americano alcanzaba 250.000 millones de dólares, el 120% del PIB. Pero eso no impidió que Estados Unidos se convirtiera en la primera potencia económica.

¿Qué persiguen los neoliberales cuando insisten tanto en recortar?

Según Michael Hudson, antiguo economista en Wall Street y hoy profesor en la Universidad de Misoury (Kansas City), lo que persigue el neoliberalismo es desintegrar la seguridad social, neutralizar el sistema estatal de pensiones y reducir a la mínima expresión la asistencia sanitaria y la educación públicas. Desmantelar el estado social de derecho. Esta política nació tras la caída del muro de Berlín, en Breton Woods, con el Consenso de Washington y la impagable complicidad del FMI y del Banco Mundial. Hoy, la minoría privilegiada neoliberal controla la política económica y tiene a su servicio a la mayoría de gobernantes; conservadores y socialdemócratas.

Estamos ante una renovada teología del neoliberalismo; teología porque pretenden que es la única política posible y no se puede discutir. Teología económica contra la Seguridad Social para urdir un mundo privatizado. Porque necesitan que desaparezca el sistema público de pensiones para que los asalariados contraten pensiones privadas y así la minoría privilegiada dispondría de fondos ingentes para continuar especulando sin freno.

Al mismo tiempo, Europa, Gran Bretaña, China, Japón… se empecinan en reducir su déficit drásticamente y también fomentar las exportaciones. Para crecer. Si todos recortan ¿quién podrá importar? Si nadie importa ¿quién podrá exportar? La cuadratura del círculo.

Además, la dirección de la política económica ha sido cedida a los bancos centrales, correveidiles de la banca, para que ésta continúe especulando y enriqueciéndose. Son los bancos centrales quienes dogmatizan que la única política posible es apretarse el cinturón y perjudicar a la mayoría trabajadora. Dicen que así se recuperará el sistema financiero. Pero si el sector financiero sólo puede ser rescatado recortando seguridad social, atención sanitaria y educación, ¿por qué hemos de rescatarlo?

Y una nota para dejar claro donde estamos. La Universidad de Oxford, con el apoyo  de Naciones Unidas, ha elaborado un índice más preciso para medir la pobreza. Según el mismo, hay 400 millones de pobres más en el mundo de los que creíamos. Pobre es quien dispone de menos de un dólar y cuarto diario. El nuevo índice además tiene en cuenta si se puede acceder o no a la salud, a la educación, a la electricidad, al agua saludable… Así resulta que en el mundo hay 1.800 millones de personas que sufren pobreza severa, un 27% de la Humanidad.

Pura lucha de clases, créanme. Pero no como en el siglo XIX, patrones contra obreros y viceversa. Es la perversa agresión sistemática del obsceno sector financiero contra los trabajadores, contra los derechos de la inmensa mayoría de ciudadanos del mundo.

Hay que reaccionar.

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Neomachistas y criptomachistas

Una mujer muere al caer desde un sexto piso; ¿fue accidente o la empujó su ex pareja? Un hombre es condenado por arrojar a su pareja a la carretera desde el automóvil en marcha. Otra mujer fue hallada muerta, asfixiada, en su casa: se había atrincherado en el dormitorio empujando la cama contra la puerta. Otra más fue hallada muerta con treinta puñaladas. Una enfermera ha sido envenenada por su compañero sentimental, también enfermero…

En lo que va de año, en España han muerto 38 mujeres violentamente a manos de sus parejas, maridos, novios o que lo fueron. Y España no es el país europeo con la cifra absoluta ni relativa más alta de mujeres asesinadas anualmente. Ese récord relativo terrible lo ostentan los países escandinavos.

Por más que se empeñen en otra razón los ciegos o los posmodernos, la violencia contra las mujeres, incluido el asesinato, arranca de la persistencia del machismo. Un machismo que no cesa y toma nuevas formas, por cierto. Como el camaleón, que coge el color del lugar donde se halla, confundiéndose con el medio, una legión de machistas ha cambiado de palabras, tácticas y modos para camuflarse, pero no han cambiado de estrategia, no de objetivo final: la hegemonía del varón sobre la mujer, la situación de privilegio del hombres sobre la mujer.

El machismo es causa directa de la violencia física contra las mujeres. Y es también coacción, violencia psicológica, extorsión, amenaza, paternalismo y condescendencia. Pero parece que hoy los machistas siguen la vieja consigna de Lampedusa en El gato pardo: cambiar (algo) para que todo continúe igual.

No suspiran por la sociedad patriarcal que persistió universal hasta hace décadas. Hoy dicen aceptar parte del discurso feminista, pero lo más banal y epidérmico. Por ejemplo, pueden ser críticos del llamado sexismo lingüístico, porque hay palabras que sólo se usan en género masculino, pero les conviene descafeinar la realidad y que los conejos pierdan el tiempo discutiendo sí los perros que los persiguen son galgos o podencos, mientras no cesan de morir mujeres asesinadas y se consagran equívocas expresiones como “violencia de género” en lugar de violencia machista. Por ejemplo.

Simulan apreciar la igualdad entre hombres y mujeres (sólo de boquilla), pero socavan los pasos reales que aportan igualdad. Renuncian al ataque frontal contra la emancipación de la mujer y optan por el desgaste por partes. Critican que mujeres denuncien falsamente a sus parejas o que madres no consientan que padres divorciados vean a los hijos. Pero nunca aportan datos ni hechos, sólo titulares generales. Y qué fácil es decalificar cuando no se aportan pruebas, hechos. Precisamente, la cruda realidad de los hechos (malos tratos, feminicidios, pobreza y desigualdad, ninguneo social), esa ni tocarla. Y aseguran esos nuvos machistas que las mujeres ya han alcanzado en occidente la igualdad, salvo excepciones, y ahora actúan como grupo de presión por intereses egoístas.

Estos machistas de nuevo cuño no van contra la igualdad desvergonzadamente, como hacían sus padres y abuelos, pero siegan la hierba bajo los pies de cualquier búsqueda o logro de igualdad de las mujeres.

Estos neomachistas o criptomachistas fingen adaptarse a los cambios, pero sólo para asegurarse de que los varones continúen disfrutando de su posición dominante sobre las mujeres.

Es un machismo rearmado. Acaso sea reacción de pánico porque, aunque lejos de la igualdad, la mujer ha entrado con fuerza en el mundo del trabajo, en la universidad, en las artes, en las ciencias, en la política, en los negocios… Pero en general en las escalas inferiores y asumiendo aún además la función tradicional que se le ha atribuido por los siglos de los siglos: hijos, familia, hogar… Porque demasiados varones no renuncian a sus ilegítimos privilegios

A modo de inventario, machismo es cualquier actuación, acción, omisión o discriminación para mantener el control emocional, social y jerárquico sobre las mujeres. Es violencia física, pero no sólo física, también psicológica, emocional… Y, sobre todo, es discriminación.

Y, mientras discutimos el sexo de los ángeles movidos por manejos neomachistas (entre los que sin duda hay mujeres cómplices), en España, una mujer continuará cobrando un 27% menos por el mismo trabajo y horario desempeñado por un hombre. Y, a pesar de la mayoría de mujeres licenciadas y doctoras universitarias, la mayoría de puestos dirigentes de la universidad los ocupan hombres. Y lo mismo ocurre en la política, economía, cultura…

Respondan los machistas con sinceridad a esta pregunta. ¿Por qué tienen tanto miedo a la emancipación de las  mujeres? Las respuestas podrían ser muy reveladoras.

El regreso de los sicarios económicos

Hace seis años, el estadounidense John Perkins escribió Confesiones de un sicario económico. Él lo fue. Un sicario es un asesino a sueldo. Los ‘sicarios económicos’ perpetraban delitos económicos, crímenes que transgredían leyes y los principios de mercado y competencia, que tanto dicen venerar los neoliberales. Los sicarios económicos de antaño alteraron las situaciones económicas de países ricos en recursos naturales y los hicieran fluir torticeramente hacia corporaciones y bancos estadounidenses. Tal conducta delictiva fue perpetrada “utilizando sobre todo la manipulación económica, la estafa, la intoxicación informativa y el fraude”, confiesa Perkins.

Hoy los medios utilizados parecen diferentes y los actuales sicarios económicos no sirven sólo a la clase privilegiada estadounidense sino a la clase privilegiada global: unos escasos millones contra 6.500 millones de ciudadanos.

Quienes perpetran hoy los crímenes económicos son más heterogéneos. Esos nuevos sicarios son políticos profesionales, están en periódicos y televisiones, en agencias de calificación, en bancos centrales, ministerios económicos, consejos directivos de bancos, comités directivos de grandes empresas y dirección de poderosas corporaciones…

La mayoría de sicarios económicos (que son parte de la minoría privilegiada y están a su servicio) utilizan prioritariamente la desinformación, la ocultación y, sobre todo, el miedo.  En eso coinciden con los sicarios económicos precursores. Con el miedo, el rumor y la falsedad los nuevos sicarios económicos logran grandes beneficios para pocos. Han hecho suya aquella letra de la canción: “guarda ese miedo que lo vela todo”. Miedo y engaño. Por ejemplo, las ruinosas hipotecas basura hicieron ganar mucho dinero a los directivos de la banca Goldman Sachs, precisamente porque fueron un fracaso financiero. ¿Qué sistema económico es éste que permite obtener ingentes beneficios con el fracaso y la mentira?

El profesor Juan Torres nos ha contado la película protagonizada por los nuevos sicarios económicos. Fue así: Los bancos privados pudieron emitir deuda (una forma de crear dinero). Por cierto, en las últimas décadas, la banca emitió más deuda que nunca. Pero no para financiar la economía real: para comprar y vender deuda; para especular con la deuda. Nada que ver con financiar la creación de productos y servicios. Nada que ver con la economía real.

No satisfecha, la banca inventó nuevos modos de vender la deuda por medio de la denominada ingeniería financiera o contabilidad imaginativa. Y difundió su basura por todo el mundo, aunque sabían que los nuevos productos especulativos de deuda no tenían la menor garantía. Y, como nadie controlaba nada ni ponía freno alguno, la banca hizo crecer y crecer la bola de nieve. Y los riesgos eran cada vez mayores. Al mismo tiempo, la banca ocultaba todo con la imprescindible complicidad de las agencias de calificación. Así engañaron al mundo simulando que toda esa basura financiera era rentable. Pero sabían que no era así. Los nuevos sicarios económicos crearon e hicieron crecer la enorme bola de nieve de la deuda. Pero detrás sólo había humo y aire.

Y al final, estalló.

Y en ésas estamos sin poder avanzar ni un paso para salir del lodazal. Ahora la nueva forma que toma la crisis es agitar el fantasma de la deuda pública y la falta de liquidez de muchos bancos. ¿Y qué respuesta se da desde la zona oscura de los sicarios económicos? Recortes públicos y sociales más una fe histérica en reducir el déficit público. La muy neoliberal Comisión Europea, por ejemplo, abrirá el fondo de emergencia de ayuda al euro (750.000 millones de euros, que son casi un millón de millones de dólares) para que cualquier país de la Unión Europea pueda recapitalizar sus bancos. Más de lo mismo. Más ayuda para los bancos, para la minoría privilegiada.

Por cierto, el Nobel de economía Stigtliz dijo hace unas semanas que si con los muchos billones de dólares y euros con los que los gobiernos han rescatado bancos se hubiera reinstaurado una banca pública, ya estaríamos saliendo de la crisis.

En fin, según el diccionario de la lengua española, estafar es “provocar un perjuicio patrimonial a alguien mediante engaño con ánimo de lucro para conseguir dinero con artificios con ánimo de no pagar”. ¿Está claro? En el Código penal español, por ejemplo, la estafa se castiga con penas de prisión de cuatro a ocho años y en otros es similar ¿Para cuándo la utilización del derecho penal como medio imprescindible contra los sicarios económicos para salir de la crisis?

El G20 y Chicago años treinta

Imaginen que una banda de delincuentes impone a una ciudad su “protección”, vende drogas a mansalva, obliga a comprar otros productos suyos al precio que le da la gana y castiga con ferocidad a quienes no hacen su muy ilegítima voluntad. Esa situación, rememorada en tantas novelas y películas, no es desconocida. Es Chicago años 30. Gansgsters desmadrados, poder político local corrompido, policía comprada…

¿La solución a esa situación gangsteril es dorar la píldora a los criminales y acogotar a las víctimas? En paráfrasis, eso parece que ha hecho el G 20 en su reunión de Toronto. Dorar la píldora a los responsables de la crisis y de que no salgamos de ella.

El G 20 ha acordado reducir el déficit antes que tomar las necesarias medidas para aumentar el crecimiento, que parace ser la salida para la recuperación. Para tranquilizar a los “mercados”. No impondrá una tasa bancaria ni habrá respuesta alguna contra los manejos y extorsiones de los “mercados”. ¿A quién se le ocurre cuando están implicados los mismos “mercados”? Y el G 20 tampoco regulará los movimientos de capital. Ninguna medida contra la especulación. Y de los nefastos ‘paraísos fiscales’ ni citarlos siquiera: a los “mercados” les encantan esos paraísos para esconder sus sucias ganancias.

Reconoce el G 20 que la recuperación económica mundial es “frágil” y “desigual”, pero aún así impone el recorte del déficit público a los países industrializados. Y, admitiendo que “hay riesgo de que el ajuste fiscal sincronizado de varias economías pueda tener un impacto adverso en la recuperación”, el G 20 se empecina en que los países industrializados “reduzcan a la mitad sus déficits públicos en 2013”. Recortando más el gasto público, claro.

Reconocen que hay un paro inaceptable en varios países, pero parece que les dé igual. Además, el G 20 desea que se hagan más recortes sociales para “equilibrar el presupuesto” y mantener la “capacidad de pago”. ¿Qué significa? No aumentarán impuestos para reducir el déficit, aunque casi todos los economistas coinciden en que el déficit es por reducción de recaudación, no por exceso de gasto.

Mantener la “capacidad de pago” con recortes sociales para reducir el déficit significa que al final pagarán quienes menos tienen: no recibiendo lo que tienen derecho a percibir. Hablamos de derechos, no de caprichos. Y pagarán impuestos menos justos, menos equitativos. Como el IVA, que en la económicamente débil Rumanía aumenta 5 puntos para satisfacer al FMI. En España, técnicos de Hacienda han calculado que pagará el aumento del IVA (que empezó el 1 de julio) el 88% de los ciudadanos contribuyentes: desde quienes ganan 30.000 euros brutos anuales (no muchos, por cierto) hacia abajo. Recordemos que el 63 % de los españoles gana menos de 1.000 euros netos al mes y que un alquiler barato son 500 euros mensuales. Y en el resto de países desarrollados, situaciones semejantes.

El G-20 argumenta además que es necesario recuperar margen presupuestario para responder al “envejecimiento de la población”. En lenguaje sin trampas significa que ahora van a cargarse los sistemas públicos de pensiones, hasta donde puedan. Congelarlos, hacer difícil su disfrute o reducir sus prestaciones. Hace tiempo que la minoría privilegiada (que en gran medida es el contubernio de especuladores confabulados) va loca para que las pensiones públicas se reduzcan a la mínima expresión y poder engatusarnos así con sus equívocas pensiones privadas.

Guido Mantega, ministro de Asuntos Exteriores de Brasil diagnostica que “reducir el déficit a la mitad es un ajuste draconiano para algunos países y en medicina, cuando uno se pasa, se mata al paciente”. Y Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina, recuerda que “la política de austeridad es desastrosa. Nosotros ya lo experimentamos en 2001”.

Los llamados países emergentes no aplicarán el objetivo de déficit pactado. Quizás porque no suelen seguir las suicidas pautas neoliberales (tan idolatradas en Europa) sean países emergentes y no decadentes.

Al final, uno concluye que FMI, Comisión Europea, G 20 y demás pretenden hacernos creer que es imprescindible lo que en realidad es inaceptable. Así no salimos de la crisis ni locos.

Habrán leído que en Europa se tambalea el “estado del bienestar”. Pues ya va siendo tiempo de volver a hablar de justicia y de derechos humanos. Necesitamos un estado de justicia, no sólo de bienestar.