Sigue el saqueo y quieren enterrar la democracia en la Unión Europea

Miles y miles de griegos protestan en las calles y van a la huelga en defensa de sus derechos. Da igual. El Parlamento griego aprueba la reforma de las pensiones. La pensión mínima para quienes hayan cotizado 20 años, 384 euros y 346 para quienes hayan trabajado menos de 15 años. ¿Quién puede vivir con esa miseria? Casi la mitad de pensionistas griegos recibe una pensión inferior a 665 euros, por debajo del umbral de pobreza señalado por la Unión Europea (UE). Y además la reforma rebaja las pensiones actuales del 2% al 50% y las futuras del 5% al 12%. El primer ministro griego Tsipras encima tiene la desfachatez de decir que así preservan el estado de bienestar. ¡Cuánto ha decepcionado Siryza!

La pretendida reforma (reformar es modificar algo para mejorarlo y aquí nada mejora) provocará el sufrimiento de millones de personas. Porque en Grecia más de la mitad de hogares dependen de una pensión. ¿Qué les queda tras la ‘reforma’? Tanta iniquidad para que Grecia ahorre 5.400 millones de euros anuales. Lo exige la UE.

La prioridad no es la gente, sino pagar la deuda. Como explica Ernesto Ruiz Ureta, “en los países europeos pagar los intereses de la deuda pública es una de las partidas más importantes de los presupuestos generales del Estado, esquilmando así la posibilidad de dedicar recursos a sanidad, educación y prestaciones sociales e impidiendo mejorar ”.

Tal vez por eso el Papa Francisco recién se preguntaba qué le ha pasado a Europa y sueña con una Europa que socorra al pobre y a quien necesita refugio, donde ser inmigrante no sea delito y los derechos humanos no sean solo un recuerdo.

Es necesaria otra Europa que cambie especulación, corrupción, fraude fiscal y deuda por una economía para las personas. Pero quienes detentan el poder no van por ahí. No solo en Grecia. En España amenazan más recortes de miles de millones. Y en Francia crece el movimiento ‘debout la nuit’ contra los destructores recortes neoliberales que el gobierno presuntamente socialista de Hollande y Valls quiere imponer. Medidas como las del derechista partido Popular español. En beneficio de pocos.

Lo obsceno es que se perjudica a millones de personas para que los acreedores cobren los intereses del dinero prestado. Dinero prestado para rescatar a bancos, por cierto, no en beneficio de la gente. El resto de la retórica son pretextos baratos. Nada que ver con la tozuda realidad. Sus beneficios por encima de los derechos de la ciudadanía.

En los últimos años el poder económico y político de la UE aprovecha la crisis torticeramente para perpetrar una ofensiva que desposea de derechos y rentas sociales a la ciudadanía. Recortes y más recortes, privatización de servicios públicos, pérdida de derechos sociales y laborales, tibieza o algo peor ante el fraude fiscal que erosiona el estado de bienestar… Solo les falta privatizar el aire en ese ataque sistemático contra libertades y derechos.

El Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y el Mecanismo Europeo de Estabilidad han sido los sayones que han obligado a pasar por las horcas caudinas a los países endeudados. En algún caso, como el de España, hasta cambiar la Constitución para asegurar el pago de intereses.

La situación es mala, pues en los últimos años ha aumentado el poder del sector financiero y de la alta burocracia a su servicio. A la chita callando han construido un armazón de toma de decisiones ajeno a todo procedimiento democrático, prescindiendo del voto ciudadano y relegando los legítimos intereses del pueblo trabajador al furgón de cola.

La crisis no es por desgracia ni por azar. Es fruto de la codicia desbocada de unos pocos que, pasado un primer momento de pánico, vieron que esa crisis podía ser una vía para saquear a la ciudadanía. Y, recortando o suprimiendo derechos y servicios públicos, han crecido de modo obsceno las fortunas de una reducida minoría.

Pero no tienen bastante y, para detener la reacción ciudadana, pretenden enterrar la democracia. En eso están. ¿Por qué, de otro modo, el oscuro Junckers, presidente de la Comisión Europea, aseguraba sin rubor alguno que “no puede haber decisiones democráticas contra los tratados europeos”? Porque nunca les ha interesado la democracia (que, por cierto, significa ‘gobierno del pueblo’), pero ahora están netamente en contra.

De nosotros, ciudadanía, depende que no se salgan con la suya.

Unión Europea y Turquía: un acuerdo obsceno y vergonzoso

La Unión Europea (UE) y Turquía han cerrado un acuerdo para expulsar refugiados. Turquía expulsará expatriados y además cerrará la vía por la que llegan a Grecia. Se vaciarán los campos de refugiados de las islas de Lesbos, Quíos, Kos, Samos y Leros, que serán devueltos a Turquía.

¿Qué consigue Turquía? Algunas ventajas políticas (no muchas) y el compromiso europeo de financiar proyectos de sanidad, infraestructuras, educación y alimentación por 6.000 millones de euros hasta 2018. El régimen turco en absoluto es modélico en derechos y libertades, pero ahora además se ha vendido por un plato de lentejas.

Que un país externo a la UE haga el trabajo sucio y expulse a ciudadanos extranjeros del sacrosanto suelo europeo no es nuevo. Lo perpetra desde hace meses Marruecos para España. Por un acuerdo opaco que no se ha dado a conocer, España y la Unión Europea ofrecen a Marruecos algunos beneficios y apoyo político. A cambio, Marruecos evita como sea que inmigrantes y refugiados que llegan a ese país crucen las fronteras de Ceuta, Melilla o el estrecho de Gibraltar. Informativos y noticiarios televisivos han explicado cómo actúa Marruecos y no tiene nada que ver con el respeto de los derechos humanos de migrantes y refugiados. Por cierto, el Gobierno en funciones del Partido Popular perpetró hace unos días devoluciones colectivas de refugiados y migrantes en Melilla, prohibidas por el derecho internacional.

Amnistía Internacional ha calificado el pacto de la UE con Turquía como una “violación histórica de derechos humanos”. Pero a los voceros de la Unión les da igual. Pretenden que lo que buscan es acabar con el negocio de las mafias que trafican con inmigrantes. ¿Qué mafias? Hay que ser cínico. Acabar con mafias sería trabajo de investigación policial, pero expulsar a la gente que busca refugio no tiene nada que ver con esa tarea ni así se acabará con presuntas mafias.

Los mandatarios de esta hipócrita Europa pretenden que el plan de expulsiones (‘deportaciones’ dicen) será “temporal y extraordinario”, colaborando con el alto comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados. Pero resulta que ACNUR, la Agencia de la ONU para refugiados, ha negado que vaya a colaborar con esos planes de la Unión Europea. Además, embusteros.

Una situación tan inaudita que cuesta encontrar adjetivos para calificarla. Situación intolerable porque, además, Europa tiene mucho que ver con la violencia sistemática y la guerra en Oriente Medio, causa del desplazamiento forzado de cientos de miles de personas.

Ahora, el objetivo real de la UE es expulsar cuantos más refugiados e inmigrantes irregulares sea posible. Por la vía rápida. Y le pasan el muerto a Turquía y Grecia que tendrán que tomar medidas inaceptables para aplicar el acuerdo. Según la Comisión Europea, esa aplicación del acuerdo exigirá 4.000 personas entre policía de fronteras, expertos, intérpretes, abogados y jueces con un coste de 280 a 300 millones de euros en seis meses del que se hará cargo la UE. España aportará funcionarios para esas expulsiones que vulneran no sé cuantos pactos de derecho internacional.

Turquía por su parte se compromete además a abortar nuevas rutas de desplazados a Europa. La acobardada Europa teme un aumento de refugiados de Libia, Siria… por otros caminos. Y quiere atajarlos. Pero es pésimo enfoque. Como tratar un tumor cerebral con aspirinas. Refugiados y migrantes continuarán llegando por miles y el inaceptable acuerdo con Turquía, Marruecos (o quien sea) no resolverá nada porque no va al origen: que esos miles huyen de la violencia, la muerte y la incertidumbre. Mientras sigan violencia y guerra, habrá refugiados.

En el colmo del cinismo, la UE se ha comprometido a acoger a un sirio en territorio turco por cada sirio expulsado de las islas griegas. Pero esas acogidas de refugiados serán pacatas. Inicialmente, 18.000 y, como máximo, 72.000 refugiados. Calderilla si tenemos en cuenta que el año pasado llegaron a Grecia y sus islas un millón de personas expatriadas. Y que no es solución.

Afrontar de verdad el problema de los refugiados es una exigencia ética de verdadero respeto de los derechos humanos; eso de lo que tanto presume Europa de boquilla.

Esta Unión Europea marea la perdiz con acuerdos y tratados para decir que su actuación es legal. Pero la legalidad de por sí no significa demasiado. Como recordaba Martin Luther King, Hitler actuaba legalmente. Más importante que la legalidad es la legitimidad. Y esta Unión Europea la pierde por momentos.

Esta Unión Europea, ni en pintura

El pueblo trabajador no se puede fiar ni un pelo de esta Unión Europea. No sirve ni es reformable. Pero otra Unión Europea es posible. Y necesaria. Otra Unión en la que primen las personas y sus derechos, las libertades y la democracia de verdad, no los intereses y beneficios de los banqueros con la democracia convertida en simulacro, en liturgia. En absoluto conviene a la ciudadanía esta Unión Europea que preside el oscuro Junckers y mangonea Merkel a su antojo, entre otros.

Muestra de la calaña de esta Unión Europea es que su mayoría parlamentaria conservadora apoya, jalea y aplaude a políticos como Mariano Rajoy y Viktor Orbán. Ocurrió en el reciente congreso del Partido Popular Europeo (PPE) celebrado en Madrid con más de 2.000 delegados de partidos conservadores europeos. Ahí fue aclamado el presidente español por sus correligionarios como “presidente del millón de empleos”, eslogan con el que el congreso del PPE pretendía entronizar la trayectoria gubernamental de Rajoy. Sin embargo, tras ese lema más falso que un duro sevillano, las crifras sin trampa ni maquillaje revelan cuan fraudulento es hablar de salida de la crisis o de reducción real del paro en el Reino de España.

En España, la cifra de desempleados bajó casi 300.000 entre julio y septiembre, según la última Encuesta de Población Activa (EPA). Pero más de un tercio (116.000) de esa cifra no es gente que haya encontrado trabajo sino disminución de población activa. Se contabilizan menos parados porque hay menos población activa que computar, no porque se creen empleos. Además de que más del 90% de los mismos son temporales y precarios.

Los juegos malabares con números no ocultan la cruda realidad. Gran parte de la gente común del país lo pasa mal y otra parte lo pasa muy mal. Cuando empezó la crisis, los hogares en los que nadie tenía ingresos eran 365.300. Pero hoy ya son más de 720.000, casi el doble. Mientras los parados que llevan un año sin trabajo se acercan a tres millones. ¿Qué recuperación es esa? ¿Creación de empleo ? ¡Venga ya con cada vez más trabajadores pobres!

Poco a poco, dicen, hay que confiar y tener paciencia. En los ochenta, ante el paro, dolor y sufrimiento que causaron las reconversiones naval, industrial, agrícola y ganadera exigidas por Europa, el entonces presidente del gobierno, Felipe González, argumentaba que antes había que hacer crecer el pastel, aunque supusiera sacrificios, para poder repartirlo. Pero nunca se repartió pastel alguno; si acaso, migajas.

Actualmente, la última EPA certifica que la reforma laboral del PP ha destruido el equivalente a casi 900.000 puestos de trabajo a jornada completa. La misma EPA da fe de que no hay recuperación económica. ¿Cómo ha de haberla si se han trabajado 33 millones de horas menos? Porque casi un cuarto de millón de personas más que antes trabajan menos de cuatro horas. Y cobran mucho menos, claro.

Además, los parados tienen menor protección. Medio millón de desempleados más no perciben prestación. Sumados a los que había, ya son tres millones y medio los parados que no son ayudados por el Estado. Sin olvidar que, según la Red Europea contra la Pobreza, en el Reino de España que desgobierna el Partido Popular, la pobreza afecta ya al 29% de población. Y aún tienen la indecente desfachatez de elogiar a Rajoy como ‘presidente del millón de empleos’.

La otra vergonzosa cara de la moneda del congreso de los conservadores europeos han sido los fervorosos aplausos al primer ministro de Hungría, Viktor Orbán. Orbán es un notorio fascistoide xenófobo que rechaza el derecho de asilo de los refugiados, sostiene que no pueden aspirar a vivir como austríacos o húngaros (porque no es un derecho, dice) y deben ser devueltos a sus países. Si acaso que “tengan allí la vida digna”, remata. Pero da la casualidad de que de donde huyen los refugiados es de países con guerras de las que Europa es responsable en gran medida, directamente o  por medio de la OTAN.

Si sumamos a los obscenos elogios a Rajoy y los aplausos a Orbán la vergonzosa incapacidad para acoger a los refugiados, más el vaciado evidente y creciente de la democracia, convertida en cachondeo, solo cabe concluir que esta Unión Europea no interesa en absoluto. No al pueblo  trabajador. Otra Europa es necesaria y hay que trabajar más y mejor para conseguirla.

La crisis de refugiados, una vergüenza europea

Fallecen asfixiados 71 refugiados hacinados en el interior de un camión refrigerador. Mueren ahogados once refugiados cerca de Grecia. Italia socorre en un día a 1.200 personas a la deriva. Por Serbia han pasado 115.000 refugiados desde principio de 2015. Unas 3.000 personas acampan cerca de la estación de tren de Budapest para viajar a Alemania.  Muere ahogado Aylan Kurdi, el niño kurdo de tres años de Siria…

Guerra, detenciones arbitrarias, torturas, abusos sexuales y asesinatos han sido realidad cotidiana de seis de cada diez personas que llegan en masa a Europa este 2015. Porque no son inmigrantes: son refugiados. Según la Convención de Naciones Unidas de 1951, refugiado es quien abandona forzado su país y no puede regresar por temor fundado a ser perseguido, encarcelado, maltratado o asesinado. Hasta hoy han solicitado asilo en países europeos más de 400.000 personas. No huyen de la pobreza, sino de la guerra de Siria, de conflictos armados en Kosovo, Albania, Afganistán e Irak o de la violación sistemática de sus derechos humanos en Eritrea, Somalia, Nigeria o Pakistán. Y siempre de la violencia armada. Es la peor crisis de refugiados en Europa desde el final de la II Guerra Mundial.

La mayor crisis migratoria en Europa desde hace setenta años amenaza la libre circulación de personas, pilar de la Unión Europea que garantiza (hasta ahora) el tratado de Schengen. Amenaza real por la actitud insolidaria de los mandatarios europeos, porque la llegada de miles de refugiados a Europa pone a prueba el pretendido espíritu democrático de la Unión. Esta crisis no es problema griego, alemán, italiano, español o húngaro sino europeo. En realidad, internacional, pues la oleada de refugiados tiene su origen en la actuación de Arabia Saudita, Quatar, otros emiratos, Israel, EEUU y la OTAN (de la que forma parte la Unión Europea). Tiene su origen en los bombardeos e invasión de Afganistán, Irak y Libia. En el genocidio intermitente de Gaza y en haber alentado la guerra civil en Siria, armar a las facciones enfrentadas y financiar a fundamentalistas. Por eso los refugiados pueden decir justamente, como ilustra el humorista El Roto: Huimos hoy de nuestras guerras que en su origen fueron vuestras guerras.

Hasta ahora la Unión Europea apenas ha respondido salvo con una reunión extraordinaria nada eficaz tras los naufragios en el Mediterráneo de la primavera pasada que costaron la vida a un millar de personas. A pesar de la gravedad de la situación, los pacatos estados miembros de la Unión no acuerdan nada. ¿Es posible tanta cobardía, tanta miseria? Tras dos meses de discusiones, los líderes europeos pactaron acoger a 32.256 refugiados procedentes de Italia y Grecia, aunque ahora hablan de que sean 120.000 y Alemania, Francia y España dicen que acogerán al 60% de los refugiados. Habrá que verlo, porque nada deciden en concreto, negro sobre blanco y Europa olvida que en los últimos cien años inundó el mundo de refugiados que huían de sus guerras y conflictos.

España es paradigma de esa actitud miserable ante los refugiados. En 2009 aprobó una Ley de Asilo… que no se aplica porque seis años después no se ha elaborado el reglamento. Y día tras día varían de pensamiento al respecto. Que la Unión Europea no afronta en serio el problema de los refugiados lo demuestra que de 2007 a 2013 ha dedicado casi 2.000 millones de euros a proteger sus fronteras, pero sólo 700 para atender a refugiados. Obras son amores.

En esta crisis masiva, fracasará cualquier propuesta que no ponga por delante a las personas y sus derechos. Y cuestionará la legitimidad de la Unión Europea y de sus mandatarios. Urge una política europea de asilo basada en la solidaridad y el respeto de los derechos humanos y no en el control de fronteras. Sin olvidar que acoger refugiados no es cuestión de compadecerse de quienes huyen del dolor y la muerte, porque el asilo es un derecho indiscutible.

Pero, a pesar de la miseria moral y política de los mandatarios europeos, hay esperanza porque, mientras los gobiernos marean la perdiz, los municipios gobernados por equipos de unidad popular vencedores en las pasadas elecciones municipales en España, por ejemplo, organizan una red de ciudades-refugio para desplazados. El Ayuntamiento de Barcelona ha creado un registro con personas y familias que ofrecen sus domicilios para acoger a refugiados y el de Madrid ha aprobado un plan de urgencia de 10 millones de euros para atenderlos. También se suman los ayuntamientos de Las Palmas, Vitoria, Valencia, Zaragoza, Pamplona, Málaga, A Coruña y otras muchas ciudades. Y en Alemania, la ciudadanía rescata a los refugiados de la dejadez institucional del gobierno; familias alemanas los acogen y grupos de voluntarios reparten alimentos, agua y mantas en los asentamientos, mientras pancartas en los estadios de fútbol y portadas de periódicos locales dan la bienvenida a los refugiados. Y la buena noticia de que finalmente Ángela Merkel reacciona y reclama una solución real al problema de los refugiados en Europa.

Tal vez no esté todo perdido.

Europa niega el derecho de asilo con helicópteros de combate

Más de 4.500 refugiados, la deriva por el Mediterráneo en barcas inestables , fueron rescatados frente a Italia hace unos cuantos días. Ya son 38.000 las personas salvadas en el mar este año, pero son más de setecientos los muertos. En 2014 hubo más de 3.400 ahogados y más de 200.000 personas intentaron cruzar el Mediterráneo en 2015.

Los gobiernos insisten en la intensa presión migratoria para justificar sus erráticas políticas y actuaciones. Pero no analizan causas y menos las afrontan. Es más, promueven una confusión interesada entre inmigración y refugio. En el mismo saco, refugiados e inmigrantes. Peor, hacen pasar por inmigrantes a quienes son refugiados.

Según la Convención de Ginebra refugiado es quien por temor fundado a perder la vida se ve forzado a marchar de su país. Esos miles de personas no emigran sin papeles por una vida material mejor, aunque es su derecho. Se arriesgan a un viaje peligroso (como demuestra la media de más de sesenta ahogados por semana en los últimos años), porque en sus países de origen también peligran su integridad física, su libertad.

¿Qué responde la vieja y caduca Europa? Tapa el problema, lo disfraza… y regatean los rácanos gobiernos cuántos refugiados tocan a cada país. Y ahora, para más inri, la Unión Europea acuerda una misión naval con buques de guerra y helicópteros de combate para luchar contra lo que llaman mafias, que así magnifican a quienes ilegalmente transportan emigrantes por el Mediterráneo en barcas inseguras. Una “operación de gestión militar de crisis” y destruir esas embarcaciones, llegado el caso. Como combatir un tumor cerebral con aspirinas. O matar al mensajero porque trae malas noticias.

Pero muchos de quienes se arriesgan por el Mediterráneo o intentan saltar la valla de Melilla no son inmigrantes sin papeles en sentido estricto. ¿Por qué aumentan las personas que se lanzan al mar precisamente cuando se agravan el conflicto y la violencia en el próximo oriente con la irrupción del Estado Islámico? Por cierto, el profesor canadiense Michel Chossudovsky, director del Centro de Investigación sobre la Globalización de Montreal, ha demostrado con abundantes pruebas que el llamado Estado Islámico, también conocido como ISIS, fue creado por la CIA, el MOSSAD y el MI6 para reventar Siria.

Pero, más allá de la responsabilidad occidental en el aumento de violencia, como indica el filósofo Augusto Klappenbach, “estos emigrantes tienen derecho a exigir asilo en otros países. La legislación internacional es clara al respecto”. Así es y ese derecho está recogido en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea. Pero la timorata Europa se pasa el derecho de asilo por el forro.

Aunque no debería sorprender cuando el primer ministro británico Cameron anuncia medidas fascistoides para controlar la llamada inmigración irregular, como confiscar los sueldos de los indocumentados e incluso considerar el trabajo irregular como delito penado con cárcel. Aberrante. Mientras por su parte el gobierno español devuelve en caliente a inmigrantes irregulares detenidos, contra toda garantía jurídica y pisoteando derechos elementales.

La respuesta militar europea es un grave error, porque esas mafias solo existen en la manipuladora mente de los mandatarios europeos. Quienes se lucran organizando huidas de personas desesperadas por el Mediterráneo no forman una organización que pueda ser designada mafia. Ni tampoco hay una flota fija, porque se utilizan barcos de pescadores locales para cada travesía. El navío contrabandista de hoy fue pesquero ayer. Y viceversa. Así lo ha descrito Patrick Kingsley, corresponsal de The Guardian, quien asegura que en la costa libia ese contrabando de gente es un negocio disperso con redes superpuestas e informales que surgen, cambian o se desvanecen.

¿Se pueden poner puertas al mar? Kingsley afirma que “hará falta algo más que una acción militar en Libia para frenar a los refugiados desesperados y a las personas pobres migrantes”.

¿Qué hacer? Desde luego no el plan de la Unión Europea. Organizaciones ciudadanas solidarias y defensoras de derechos humanos proponen medidas en dirección opuesta: desarrollar una verdadera política de inmigración basada en derechos de las personas y organizar una estructura de salvamento para evitar que muera más gente en el mar. No helicópteros de combate. Además de garantizar el vigente derecho de asilo y afrontar las causas reales de esas navegaciones masivas forzosas y asaltos a la valla de Melilla.

Cambio climático y capitalismo

Los refugiados políticos en el mundo son 12 millones, pero los desplazados por consecuencias del cambio climático son  ya 25 y pueden llegar a ser 200 en 2050 según el informe Cambio Ambiental y Escenarios de Migración Forzada elaborado por siete universidades.

Africanos de Sudán, Eritrea, Somalia y Etiopía emigran a a Arabia Saudí, por Yemen, huyendo del avance de la desertización de sus países. La lluvia en Senegal ha disminuido un 50% en los últimos veinte años, han desaparecido tierras de cultivo y la gente emigra a Europa en cayuco. En Mozambique huyen miles de desplazados por inundaciones. Mucha gente emigra de Bangladesh, donde también sube el nivel del mar, y por destructoras inundaciones cada vez más frecuentes. Del archipiélago Tuvalu en el Pacífico emigran a Nueva Zelanda por la misma razón, la subida del nivel del mar. En China hay migraciones por el avance de la desertización. En la región andina de Ecuador disminuyen las lluvias y eso provoca más emigración a Europa. En Murcia y Almería de España avanza la desertización con grandes sequía. Los incendios incontrolables de Australia también tienen que ver con el cambio climático…

La aplastante evidencia de los efectos del cambio climático no parece mover a los gobiernos a tomar medidas que reduzcan la emisión de gases de efecto invernadero. Pero la ciudadanía y las organizaciones de la sociedad civil sí son conscientes del grave problema. Por eso hubo hace unos días una multitudinaria movilización ciudadana global para exigir medidas contra el cambio climático. Millones de personas se manifestaron en 2.808 ciudades de todo el mundo para presionar a la Cumbre del Clima en Nueva York, ciudad en la que se movilizaron más de 300.000 personas.

Según el Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de la ONU (GIECC) el cambio climático será causa de la desaparición de medios de sustento en zonas costeras y pequeños estados insulares por tempestades, inundaciones y subida del nivel del mar; riesgos graves para la salud y desaparición de medios de sustento de grupos urbanos por inundaciones en el interior; destrucción de infraestructuras y servicios vitales como agua, electricidad, instalaciones sanitarias por fenómenos meteorológicos extremos; más mortandad y enfermedades en períodos de gran calor y más hambre por destrucción de sistemas de alimentación; pérdida de recursos y sustento en zonas rurales por severa reducción del agua potable y de riego; pérdida de bienes y servicios en comunidades costeras y de pescadores en los trópicos y en el Ártico…

¿Se puede contener el aumento de temperatura global y el consecuente cambio climático? Sí, si se toman medidas, pero pronto, según el GIECC. Entre otras, transformaciones tecnológicas profundas y cambios en la conducta individual y colectiva para sustituir el consumismo por el consumo responsable. Y que el petróleo deje de ser la principal fuente de energía.

Para frenar el aumento de la temperatura de la Tierra a 2º C como máximo es imprescindible reducir la emisión de gases de efecto invernadero de un 40% a 70 %, según zonas, respecto a la emisión total de 2010. Más allá de 2º C, las consecuencias son catastróficas.

Desde la revolución industrial, la emisión de gases de efecto invernadero ha aumentado sin cesar. Esos gases alcanzaron un nuevo máximo en 2013, según un reciente informe de la Organización Meteorológica Mundial. La concentración de dióxido de carbono, principal responsable del calentamiento global, aumentó en 396 partes por millón en 2013; el mayor aumento anual en 30 años. No aprendemos, pero el cambio climático es cuestión de vida o muerte: continuar la historia de la humanidad o desaparecer. Como desaparecieron los dinosaurios.

Según ha escrito el ecologista Florent Marcelleci “para evitar un aumento de temperatura de más de 2º (acordado en la cumbre de Copenhague de 2009), el PIB mundial tendría que disminuir más de un 3% anual; 77% entre hoy y 2050”. Y el economista francés Michel Husson, citado por Marcelleci, plantea un dilema: crecimiento y consecuencias climáticas desastrosas o reducir el PIB y recesión con duras consecuencias sociales. ¿Es así? ¿No hay otra alternativa? Los analistas estadounidenses Fred Magdoff y John Bellamy Foster sostienen que el dilema es propio del capitalismo, porque el capitalismo necesita crecimiento y el crecimiento lleva al desastre climático. Sin olvidar que lo de un capitalismo sostenible, en un sistema que se mueve por los beneficios, es el sueño de una noche de verano. Pero si sustituimos el capitalismo, como condición necesaria, es posible una civilización ecológica sin desigualdad. Ardua y dura tarea, sin duda, pero ¿hay otra opción?

la ciudadanía y l Unión Europea

Treinta mil tunecinos y libios llegaron a Lampedusa. Francia e Italia se enzarzaron sobre quién cargaba con ellos, pero enseguida resolvieron su enfrentamiento proponiendo restablecer controles fronterizos en Europa y al diablo la libre circulación de personas. Todo para cerrar el paso a los inmigrantes. A Alemania le faltó tiempo para apoyar la propuesta franco-italiana, mientras Dinamarca aprovechaba la ocasión y decidía reinstaurar controles fronterizos con Alemania y Suecia por acuerdo del gobierno conservador y el xenófobo Partido Popular Danés para evitar que se cuelen por la frontera alemana ciudadanos de Bulgaria y Rumanía, aunque formen parte de la Unión Europea.

Esos 30.000 africanos del norte, que huían de la guerra civil libia, han sido pretexto para zanjar la libre circulación de personas en la Unión Europea. Aunque no es la primera vez que Europa se enfrenta a una crisis similar. En 1995, 600.000 refugiados de la guerra de Yugoslavia fueron acogidos sin problemas por la Unión Europea, como ha recordado recientemente el profesor Ignacio Torreblanca. En década y media, la Europa solidaria se ha convertido en un carcamal egoísta y cobarde. Y es que la maldita crisis ha desatado el ‘sálvese quien pueda’ en todos los terrenos. La crisis estalló y la solidaridad europea se fue a hacer gárgaras. Veamos también lo de Grecia, por ejemplo.

El primer rescate griego fracasa y ahora se propone un segundo rescate; Grecia estaría negociando con la Unión y el FMI un préstamo adicional de 50.000 a 60.000 millones de euros. Porque las feroces condiciones impuestas a Grecia por sus “socios” europeos han ahogado la economía griega. Pero este segundo presunto rescate también costará a los griegos un ojo de la cara. Y, entre tanto, la Unión Europea aprovecha y presiona a Grecia para que, además de perpetrar más medidas de austeridad presupuestaria y social hasta 2015, privatice totalmente las empresas de servicios públicos. Entre ellas dos compañías de agua potable y tres de energía, y que lo haga antes del próximo abono de ayuda financiera. Un buen bocado para unas pocas y pecadoras manos privadas.

¿Quién pagará el desaguisado griego? ¿La banca que compra deuda griega con interés desmesurado para hacer un negocio redondo o los ciudadanos? En una de las últimas emisiones de deuda griega había casi más inversores-especuladores que bonos a la venta, a pesar de que las tramposas agencias de rating insinúan que son “basura”. Y es que el dictatorial poder financiero sabe que hará un enorme negocio con la ruina social y económica de la ciudadanía griega. Porque, a la postre, parte del dinero de los rescates irá a parar a sus bolsillos de un modo u otro.

Hace ocho años, el canciller alemán Schröeder, refiriéndose al Tratado constitucional europeo que entonces se aprobaba, aseguró ser necesarios dolorosos sacrificios para obtener buenos resultados a medio y largo plazo en la nueva Europa. La manida tesis de que el pastel ha de crecer para repartirlo. Y es cierto que se han hecho grandes sacrificios, pero siempre por parte de los mismos. Asalariados, funcionarios, empleados públicos, trabajadores autónomos, pequeños empresarios, campesinos, pequeños comerciantes, desempleados, inmigrantes, jóvenes, siempre las mujeres y los pobres sin más apelativos. Porque en Europa hay 80 millones de pobres. Pero el pastel nunca llega a repartirse y quienes sacan tajada de que el pastel crezca siempre son los mismos. Y en época de crisis, ni te cuento. Pocos, privilegiados y amorales. Obscenos, como escribe la socióloga Eulàlia Solé.

Hace ocho años, en medio del entusiasmo de la clase política europea por aprobar la neoliberal constitución de la Unión, Oskar Lafontaine acusó a los mandatarios europeos de desmantelar el Estado social y de hacer retroceder a Europa al siglo XIX. Con la crisis, los recortes de logros y derechos sociales y económicos que se han perpetrado y perpetran para salir de la crisis y recortar déficits públicos devienen sello de esta nueva y penosa Europa. Triunfo descarado de un neoliberalismo que supone más pobreza, más corrupción, más desigualdad y más sufrimiento. Además de la disolución de la solidaridad y el entierro de la vocación de defender los derechos humanos.

Esta es la provecta y codiciosa Europa. Perdón, la provecta y codiciosa minoría privilegiada que controla una Unión Europea que no interesa a la ciudadanía en absoluto. Porque esa Unión se ha convertido en la enemiga de sus intereses, de sus derechos.