Utopía es lo que aún no hemos conquistado

La Red Europea contra la Pobreza ha publicado el V Informe sobre pobreza y exclusión social en España 2009-2014. Un informe que muestra el implacable deterioro social y económico de mucha gente en este país.

Según el índice Arope, que mide la pobreza, en la España del PP la pobreza ya afecta al 29% de población. Casi 14 millones de personas rozan la pobreza y la exclusión. Y eso no es vivir. Porque la gente que sufre no solo privación material sino severa ya es un 7% más. Las personas pobres y excluidas no sólo son más que el pasado año sino que sus condiciones de vida son mucho peores.

Casi 12% de población se retrasa en el pago de hipoteca, alquiler, luz y gas porque los ingresos no alcanzan. Con el consiguiente riesgo de desahucios, por ejemplo. Y son 11% quienes no pueden mantener en invierno la casa a temperatura saludable. Un 45% de población (casi la mitad) no puede ir de vacaciones una semana al año y 42% no puede afrontar gastos imprevistos. Pero lo peor es que los trabajadores con empleo, pero pobres, ya son un 14% de población activa. Un año más en esta España que explota la derecha y en la obscena Europa de la austeridad donde medran los banqueros, tener trabajo ya no libra de la pobreza. Aquí y en Alemania.

Pero a pesar de tan oscuras perspectivas para la gente, la Unión Europea amonesta al gobierno de España porque no cumplirá el déficit en 2015 si no toma ‘las medidas necesarias’ para satisfacer las exigencias del Pacto de Estabilidad. Dice que el gobierno de Rajoy se ha quedado corto en las ‘reformas’. ¿Aún quieren más?

¿Ve la ciudadanía qué significa que el gobierno cumpla esas exigencias de ‘reformas’? Exactamente, más recortes. Más gente que viva peor, más incertidumbre, más pobreza que crece, más sufrimiento, más humillación… Y, para mayor inri, 2015 pasará a la historia como el primer año en el que un reducido 1% de población mundial posee tanta riqueza como el 99% restante. Brecha entre pocos ricos y resto de Humanidad que crece imparable desde que empezó la crisis. Aunque algunos preferimos llamarla una estafa que se convirtió en saqueo.

Lo cierto es que con esa mal llamada crisis los ricos son más ricos y los pobres, más pobres. Oxfam Intermón utiliza una poderosa imagen para ilustrar tan brutal desigualdad. Un autobús con los 85 mayores multimillonarios del mundo transportaría tanta riqueza como la que tiene la mitad de población mundial.

¿Datos, cifras? Pues 34 millones de personas (0,7% de población mundial) poseen más del 45% de toda la riqueza y 349 millones de personas (7,4% de población) poseen casi el 40% . Para hacerse una idea del significado de esas cifras, recordemos que en la vieja Tierra somos más de 7.200 millones de habitantes. De esos, poco más de mil millones se reparten el 12% de la riqeza. Algunos de ese grupo están bastante bien y bastantes más, no tanto. Pero lo peor es que 3.300 millones de personas (casi 3/4 partes del mundo), solo tienen entre todos un 3% de riqueza.

No solo son cifras. Se reflejan implacables en la vida de miles de millones de personas. Para llorar de rabia, para indignarse hasta el infinito y luchar para acabar con esa descomunal injusticia. Y es que nadie merece tanta riqueza ni nadie ha de sufrir esa pobreza.

Mientras en España el gobierno del Partido Popular y en Europa los totalitarios burócratas que la mangonean tienen la indecente desfachatez de hablar de recuperación. ¿Recuperación cuando la pobreza aumenta sin cesar y tener trabajo no libera de la miseria?

Hay que empezar a pensar que para salir de este infierno urge cambiar el sistema económico y social vigente, origen de nuestros males. En román paladín, hay que acabar con el capitalismo. O el capitalismo acabará con la gente y con la Tierra. No será fácil ni rápido, pero hay que reemplazar un sistema que se mueve por beneficios por otro que satisfaga las necesidades de la gente y respete sus derechos.

¿Utópico? El diccionario de la lengua española dice que utopía es lo irrealizable en el momento en que se concibe. Pero no para siempre. Por tanto, utopía es el territorio que aún no hemos conquistado. Todavía.

El Estado Islámico y otras invenciones de Occidente

Diez de octubre de 2015. Gran manifestación en Ankara. Miles de personas recorren la ciudad condenando los atentados habidos y exigen la paz. Una gran explosión, provocada por dos terroristas suicidas, deja 95 muertos y 245 heridos. El peor atentado de la historia moderna de Turquía.

El gobierno turco aprovechó ese brutal ataque para acusar a las milicias kurdas del PKK con las que está en conflicto, pero fuentes de la seguridad del estado indicaron desde el principio que la masacre apuntaba al fundamentalista y sanguinario Estado Islámico (EI). Pero también hay otras responsabilidades y culpabilidades. Del atentado de Ankara y de otros.

Tal vez a alguien le parezca la trama cutre y sobada de conspiraciones propia de una película mediocre de serie B, pero hay evidencias para afirmar que los países más desarrollados de Occidente son también responsables de la barbarie islamico-fundamentalista. De su propia existencia. Cuando se comete un delito hay diversos modos de ser culpable. No asesina solo quien aprieta el gatillo. El derecho penal establece el grado de responsabilidad en la comisión de delitos. En los crímenes hay autores intelectuales, inductores, ejecutores, cómplices necesarios, cómplices y encubridores. De esas responsabilidades por crímenes terroristas, algunas corresponden a gobiernos occidentales. Recordemos.

El Estado Islámico es un despiadado grupo terrorista de milicias que dicen ser yihadistas suníes, se autonombran Califato de todos los musulmanes y hoy ocupan militarmente algunas ciudades de Siria. Se organizó en 2003 como grupo armado en la órbita de Al Qaeda para combatir la invasión estadounidense de Irak. Pero paradójicamente Estados Unidos ha apoyado a Al Qaeda desde sus inicios.

Osama bin Laden, fundador de Al Qaeda, fue reclutado y entrenado por la CIA en 1979 al comienzo de la guerra en Afganistán contra la Unión Soviética. La CIA también creó en Pakistán campos de entrenamiento para terroristas y de 1982 a 1992 reclutó más de 30.000 yihadistas para luchar contra la Unión Soviética. Anuncios pagados por la CIA en periódicos de todo el mundo llamaban a alistarse en la ‘guerra santa’, la Yihad, contra los soviéticos. Ronald Reagan incluso los llamó ‘luchadores por la libertad’. ¿La libertad de las mujeres afganas encerradas en un burka tal vez?

Más cerca en el tiempo, desde principios de 2011, en el intento de controlar el máximo territorio de Siria, el Estado Islámico no solo se ha enfrentado a tropas gubernamentales del dictador sirio, también a rebeldes laicos sirios que luchan contra el dictador Al Assad, a otros grupos musulmanes rebeldes y a nacionalistas kurdos.

El Estado Islámico impone la Sharia en los territorios que controla y Amnistía Internacional ha denunciado “torturas y ejecuciones sumarias” en centros de detención secretos del Estado Islámico, donde encierran a ciudadanos sirios por fumar cigarrillos, tener sexo fuera del matrimonio o simplemente pertenecer a un grupo que no sea el Estado Islámico. También han detenido a docenas de periodistas extranjeros y a trabajadores de organizaciones humanitarias. Y son conocidas por todo el mundo las brutales y sanguinarias decapitaciones que las televisiones han difundido .

El canadiense Michel Chossudovsky, director del Centro de Investigación de la Globalización de Montreal (Canadá), ha recopilado docenas de evidencias que muestran que el Estado Islámico fue creado con la colaboración y financiación de la CIA, el MOSSAD israelí y el MI6 británico más los servicios de espionaje pakistaníes y de Arabia Saudí. Además, la OTAN y el Estado Mayor del ejército turco han colaborado en contratar o impulsado la contratación de mercenarios para el Estado Islámico desde marzo de 2011, cuando empezó la guerra de Siria. Soldados de fuerzas especiales británicas y agentes de espionaje occidentales han entrenado a rebeldes yihadistas de Siria en tácticas de combate e incluso en utilización de armas químicas.

Todo empezó, según Chossudovsky y otros autores, con los atentados de Nueva York. Aquel brutal ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 proporcionó la justificación que buscaba la derecha estadounidense para atacar entonces Afganistán, que consideraban el estado patrocinador del terrorismo de Al Qaeda como casus belli. Y al mismo tiempo sentar las bases de la llamada guerra global contra el terrorismo que hoy dicen que se librar en Siria pero, ¿quiénes son los terroristas en esa guerra? Por otra parte, y es mucho más preocupante, los componentes de esa guerra tienen derivaciones en gran parte del mundo y son una espada de Damocles para las libertades y derechos de la mayoría de la gente.

En África, sin ir más lejos, donde hoy hay regiones, como el Sahel-Sahara, en las que hay  violencia armada continua gracias a la actuacion de los servicios secretos de EEUU y Francia, cuando no la había antes. Y es que materialmente esos oscuros servicios  han creado y promovido grupos violentos para justificar la presencia de fuerzas armadas occidentales. Otro día os lo cuento con detalle.

El terrorismo es un tremendo azote pero, como ha dicho Noam Chomsky, “hay una manera sencilla de acabar con el terrorismo, no del todo, pero sí en gran parte, y es dejar de ser parte del mismo”. En Occidente se ha recurrido al terrorismo y se ha promovido o permitido la actividad terrorista para ‘justificar’ el ataque a las libertades y derechos de la gente con el mendaz pretexto de que había que renunciar a algunas libertades para poder cazar a los terroristas. Y, no lo olvidemos, para defender a capa y espada los intereses de una minoría privilegiada. No en vano, Deepark Lal, asesor económico del Banco Mundial, dijo que la Guerra Global contra el Terrorismo era “una extensión de la defensa del mercado capitalista

Más claro, agua.

Nota. Recomiendo visitar un corto que explica la guerra de Siria y el conflicto de Oriente Medio con una claridad y lucidez encomiables. Es posible que algunos lo conozcáis. Lo encontráis en:

http://verne.elpais.com/verne/2015/09/21/articulo/1442834212_688727.html

Estafa Volkswagen, la verdadera naturaleza de capitalismo

Timar es hurtar con mentira, engañar con promesas, que no se cumplen ni cumplirán, en beneficio del timador. La empresa Volkswagen tima desde hace años a quienes han comprado algunos de sus modelos. Manipuló millones de vehículos para ocultar que emitían más gases contaminantes de los que permite la ley, instalando en los motores un programa informático que falsea los resultados de las pruebas oficiales que miden esos gases.

Desde mayo de 2014, la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EEUU (EPA) investigaba las emisiones de gases de automóviles Volkswagen en California. La investigación demostró que vehículos de esa marca emiten más dióxido de nitrógeno que el permitido y la EPA acusó a la firma alemana de falsear las emisiones de casi medio millón de vehículos en EEUU. Pillada en fraude, Volkswagen admitió la manipulación de vehículos diésel y reconoció que el fraude no solo afectaba a vehículos estadounidenses, sino a 11 millones de automóviles en todo el mundo.

Un ministro sinvergüenza, no diré de que país, ha osado decir que el caso Volkswagen es algo aislado… Pero justamente es todo lo contrario. Es sistemático y sintomático. Un timo de grandes proporciones, con premeditación y alevosía, además de un grave delito contra la salud pública.

El caso Volkswagen certifica que no hay capitalistas buenos y capitalistas malos. No es el problema de una minoría codiciosa que estafa y delinque. Esas actuaciones son parte esencial del sistema. No hay capitalismo bueno y capitalismo malo. Ya lo advirtió David Harvey: quizás el capital funcione indefinidamente, pero provocará la degradación progresiva del planeta y el sufrimiento creciente de la gente. Más contundente y gráfico es Manuel Freytas cuando escribe que “el capitalismo no es otra cosa que una empresa de ladrones con un ‘sistema’ económico, político y social en el mundo para legitimar con leyes el robo masivo y planetario del trabajo social y de los recursos naturales”.

El timo de Volkswagen abona esas afirmaciones. Y ante situaciones así la cuestión es sencilla. Priman los derechos humanos de la gente (incluido el derecho a la salud y a medio ambiente limpio) o los beneficios de unos pocos. Una cosa u otra. Ambas no son posibles.

Recordemos la historia reciente para comprender qué pasa. La principal razón del progresivo ‘endurecimiento’ del capitalismo y la causa del auge del llamado neoliberalismo (el capitalismo más cuatrero) es la reducción de beneficios en la inversión productiva. A finales de los años sesenta, tras el crecimiento económico y la prosperidad que se dispararon después de la II Guerra Mundial, los beneficios de los capitalistas empiezan a bajar. Ahí empezó todo.

Esa reducción de ganancias en la inversión productiva en los países desarrollados lleva a una financiariación de la economía a partir de los setenta. Todo lo que hay u ocurre sobre la Tierra puede convertirse en activo financiero y, por tanto, ser vendido y comprado en los mercados financieros como producto financiero. Sin relación directa con la incertidumbre de la inversión productiva.

Además de esa financiarización galopante, como recuerda Harold Meyerson, “cuando se frena el aumento de beneficios en los años setenta, los ricos cambian los códigos fiscales, las reglas financieras y la negociación colectiva de los trabajadores para apropiarse de una porción sin precedentes de la renta nacional”. Pero no bastó. La corrupción, el fraude y la evasión fiscal se convirtieron en medios sistemáticos para conseguir esos beneficios que la inversión productiva ya no proporcionaba porque había llegado la sobreproducción para quedarse.
Por todo eso, acabar con la nefasta financiarización de la economía, el fraude y la corrupción institucionalizados no es cuestión de mayores controles a la banca, entidades financieras y grandes empresas. No basta en absoluto. Es el propio sistema el que está podrido, porque lleva en su ADN la trampa y finalmente la devastación. Le ocurre como al escorpión que pidió a una rana que lo llevara en su lomo a la otra orilla de un río caudaloso; en medio de la travesía el alacrán picó al batracio y ambos se ahogaron. Cuando la rana preguntó, mientras se hundían, por qué la había picado, si él también moriría, el escorpión espondió: es mi naturaleza.

Todo el capitalismo es depredador y muy peligroso. La única manera de evitar el desastre hacia el que vamos es eliminar el capitalismo, es decir, suprimir la propiedad privada de medios de producción, servicios y entidades financieras. Que no será fácil ni rápido, desde luego.

Solo ganando elecciones no se cambian las cosas

En el Reino de España este último trimestre de 2015 será campaña electoral permanente, porque el 20 de diciembre habrá elecciones generales. Cargadas de interrogantes, por cierto. Al respecto he leído en algún lugar de Internet que en este país las encuestas detectan la recuperación del bipartidismo ante nuevas elecciones, luego llegan las elecciones y… el bipartidismo se hunde. Los resultados de las últimas elecciones europeas y los de las recientes municipales y autonómicas parecerían abonar esa convicción. Pero la situación no es tan optimista ni maravillosa como se sueña. El fin del bipartidismo no está tan cerca.

Aún con la máxima desconfianza hacia los sondeos electorales que se suelen hacer, algo hay que tenerlos en cuenta. Personalmente me interesan las tendencias que muestran, más que los porcentajes concretos y, en esa línea, la previsión de que el Partido Popular obtenga de 130 a 140 diputados según las últimas encuetas es muy preocupante. Es cierto que en las pasadas elecciones generales  el PP logró 187 escaños, pero 130 diputados continúan siendo demasiados para un partido que ha destrozado el país, ha mentido, ha faltado el respeto sistematicamente al pueblo trabajador  y ha propiciado el aumento de la precariedad, la desigualdad y la pobreza hasta unos extremos impensables.

Por su parte el PSOE, que empezó las reformas laborales que han provocado un mar de perecariedad y de trabajadores con empleo pero pobres, además de reformar la Constitución en pleno agosto para que fuera prioritario pagar los intereses de la deuda pública a los acreedores en las cuentas públicas españolas, conseguiría de 110 a 120 escaños según los sondeos.

En tanto PP y PSOE no bajen ostensiblemente del centenar de escaños es prematuro hablar del fin del bipartidismo. Otra cosa es que el próximo Congreso de los Diputados sea una cámara políticamente inestable en la que sea difícil armar mayorías absolutas para gobernar. Y eso es bueno para quienes quieren cambiar las cosas en el país, pero no es saludable soñar con la victoria de un bloque de izquierdas de unidad popular que ni siquiera se ha constituido. La primera condición pera cambiar las cosas es ser conscientes de dónde y cómo estamos.

Las elecciones europeas de 2014 sí mostraron el indiscutible inicio de la crisis del régimen monárquico bipartidista del 78. Pero fue el inicio de una crisis, no la liquidación. Hay que ser conscientes de que acabar con el bipartidismo no es tarea fácil. Al sistema capitalista en general y al neoliberal austericida en concreto les va de perlas el bipartidismo y por eso hay bipartidismo en muchos países. Pero el adversario a derrotar no es exactamente el bipartidismo, que ha sido el medio, la herramienta.

En el Reino de España lo que hay que sustituir de abajo a arriba es el régimen monárquico del 78 que, con larga cambiada, nos enjaretó el tocomocho de la transición modélica a la democracia. Y treinta y pico años después comprobamos que buena parte es espejismo, truco de ilusionista o mañas de prestidigitador. Como explica el constitucionalista Pérez Royo, “lo que se restauró en 1978 no fue la democracia con forma monárquica  parlamentaria. Lo que se restauró fue la monarquía con formas parlamentarias”. Que no es lo mismo. Por eso esta democracia cojea. Y mucho.

Dice también Pérez Royo que, puesto que el objetivo real era la restauración monárquica, se diseñó a su servicio y mayor gloria una democracia blanda sin riesgos. Lo que se comprueba en la “continuidad en las constituciones de 1845, 1876 y 1978, vigentes durante casi toda la historia constitucional de España, presididas las tres por la desconfianza hacia el protagonismo de la ciudadanía”.

Los hechos muestran que centrarse solo en la política electoral no basta, como parecen hacer algunos adanistas recién llegados a la acción política. Por importantes que sean las elecciones, no habrá verdadera victoria política que permita cambiar las cosas y construir una democracia de verdad en tanto no se logre la victoria cultural que indica Gramsci.

Porque no estamos cerca de esa victoria cultural, porque no hay convicción democrática mayoritaria en todas las mentes ni mayoría absoluta de los valores democráticos y republicanos en la conciencia de la gente, los protagonistas del bipartidismo se recuperan electoralmente. Lentamente, pero se recuperan hasta ser preocupante. Y la gran esperanza que parecía Podemos parece haberse estancado en un techo del 14% de votos. Y con el 14% de votos no se cambia un país. Un país con tres cuartas partes de clase trabajadora en el que una nutrida mayoría de esa clase se considera clase media tiene los valores de quienes los explotan y saquean. Y así hay bipartidismo para rato.

Pero, ¿acaso no indica el fin del bipartidismo el triunfo de la candidaturas municipales unitarias en capitales de provincias e incluso en alguna autonomía? No ha sido el fin del bipartidismo sino la apertura de una crisis. Aparte de que hay que ahondar mucho más en la unidad popular que no puede ser sólo electoral. En Madrid, por ejemplo, la victoria de la candidatura Ahora Madrid fue posible en gran medida por un trabajo tenaz de aterrizaje en los barrios de trabajadores para explicarse y escuchar a los vecinos, a la gente. Para reducir la habitual abstención de los barrios obreros, porque la abstención en los distritos de clase trabajadora ha propiciado no pocos triunfos de la derecha.

Hace unos años se extendió la expresión “paso de política” que concretaba lo que los analistas cursis y editorialistas poco rigurosos denominan ‘desafección de la política’.  Y abundó la gente que decía pasar de la política, ingenuos y desconocedores de que la política nunca pasa de ellos.

La cruda realidad es que para cambiar las cosas no basta con ganar elecciones. Disculpen la obviedad, pero para cambiar las cosas hay que construir poder popular y organizar la movilización ciudadana para, en el caso del Reino de España, oponerse al régimen monárquico neoliberal y ofrecer una alternativa sólida. Pues sólo con poder social un gobierno de unidad popular podrá poner a las personas y sus derechos por encima de todo.

El camino del cambio verdadero es largo y la primera condición para trabajar por el cambio es saber que ese camino es prolongado y lento.