Empleo, paro, recuperación y pobreza en el Reino de España

Mariano Rajoy, presidente del gobierno, en un acto del Partido Popular presentó a España en un ataque de euforia como “un ejemplo de recuperación económica”. Si recuperarse es volver a adquirir lo perdido, es difícil aceptar que este país se haya recuperado.

Salvo que recuperarse signifique que las rentas del capital casi doblen a los salarios en un escenario de tozuda alta tasa de paro y creciente precariedad laboral. Según la Contabilidad Nacional de este inicio de año, presentada por el Instituto Nacional de Estadística, los beneficios empresariales de enero a marzo aumentaron 6%. Se habrán recuperado los grandes empresarios, pero los salarios se redujeron 6.000 millones de euros, según datos de la Agencia Tributaria. Eso no es recuperarse.

Tal vez España sea más rica en frías cifras generales, pero españoles y españolas son cada vez más pobres en realidades concretas. Según el FMI, el PIB de España crecerá este año 25.000 millones de euros más que en 2008. Pero solo lo notarán las altas finanzas, grandes fortunas, grandes empresas y corporaciones multinacionales. La gente común, las familias, han perdido y pierden ingresos y llevar una vida digna es más difícil. La Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística revela el avance de la pobreza en España que ya afecta a más del 22% de hogares. Los ingresos de más de cuatro millones de familias no llegan a 8.200 euros anuales y mucha gente cae por debajo del umbral de la pobreza.

La pobreza afecta a más de la tercera parte de familias en Andalucía, Canarias, Castilla-La Mancha y Extremadura y en el resto de comunidades se escampa. Más de un tercio de hogares no puede afrontar gastos imprevistos y a un 16% de familias les es “muy difícil llegar a fin de mes”. Esas familias a las que no les alcanza el dinero ya son casi tres millones, mientras la pobreza energética afecta a unos dos millones de familias que no pueden tener la casa a temperatura adecuada. Menos mal que llega el tiempo veraniego.

En resumen, los que antes de 2009 lo pasaban mal hoy lo pasan mucho peor. Mujeres, jóvenes de ambos sexos, infancia y mayores de 50 a 64 años (abandonados en tierra de nadie) sobre todo.

Ha bajado la cifra del paro, pero la vida de las clases trabajadoras no mejora. Tanto es así que incluso la muy neoliberal Comisión Europea reconoce que el crecimiento de España, tan jaleado, no ha reducido nada la creciente e incesante desigualdad y pobreza, al tiempo que pobreza y exclusión social en este Reino son de las más alarmantes de la Unión Europea. Sin olvidar que los trabajadores pobres, los que tienen empleo, pero no dejan de ser pobres, han aumentado hasta el 15% del total de quienes tienen empleo. Por ejemplo, becarios, contratados por horas, fijos discontinuos, falsos autónomos…

Hay algo menos paro en frías cifras, pero no mejor vida. Demasiadas personas encadenan varios empleos de miseria para conseguir ingresos mínimamente dignos. No es de extrañar cuando, según informe del sindicato de técnicos de hacienda (Gestha), casi la mitad de asalariados del Reino de España cobra menos de mil euros mensuales. No mil sino ‘menos de’, lo que puede llegar a ser muy poco. Según la Encuesta de Población Activa, se ha creado empleo precario. Por ejemplo, desde hace ocho años los contratos a tiempo parcial aumentan sin parar. Y con contratos temporales parciales no hay modo humano de vivir con dignidad. Eso no es crear empleo, eso es escampar la pobreza y repartir la penuria.

Por otra parte, los salarios suman actualmente 30.000 millones de euros menos, sin embargo los beneficios del capital aumentaron 14.000 millones. Antes de 2009, los salarios eran el 50% del PIB, la riqueza anual generada. Hoy solo son el 46%. La pretendida recuperación afecta a pocos; en realidad la llamada recuperación no es otra cosa que transferencia de rentas de los trabajadores a la clase capitalista, las élites. Ellos se han recuperado con creces, pero a costa de los demás por reformas laborales, bajos salarios y recortes sociales.

No hay recuperación que valga si no se recupera la mayoría de la gente. No hay recuperación si la inmensa mayoría no puede llevar una vida digna.

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Es imperativo reducir hasta acabar con la desigualdad

Campaña electoral en España. Momento para recordar el avance de la desigualdad. La ciudadanía ha de saber quiénes, que podrían gobernar, tienen voluntad política de combatirla. La desigualdad no es cuestión académica o de titulares. Es escenario y también causa del avance de la pobreza y exclusión social, mientras una minoría cada vez más reducida acumula un desmedido poder económico.

En España, 27% de quienes trabajan (más de la cuarta parte) están subempleados. Más dos millones. Trabajan menos de lo que necesitarían para recibir un salario digno. Más los casi cinco millones de desempleados “oficiales” ya son siete millones quienes viven (si se puede llamar vivir) con ingresos insuficientes e indignos. O sin ingresos.

En Madrid, una de cada cinco personas roza la pobreza o cae en ella. Más de millón y cuarto de madrileños. Así lo documenta el informe “Empobrecimiento y desigualdad social en la sociedad madrileña”, del sindicato CCOO. En el resto de España, según “Análisis y perspectivas 2016” informe de Foessa para Caritas, en los próximos años, aún con crecimiento económico, aumentará la exclusión social. Ya hay 720.000 hogares sin ingresos, cuando hace siete años solo eran 497.000. ¿De qué sirve crecer, si no se beneficia la gente?

La desigualdad borra fronteras de pobreza. Tener empleo hoy no garantiza dejar de ser pobre. Pero, al mismo tiempo y en el mismo espacio, los directivos de empresas del IBEX 35 tienen un salario medio anual de dos millones y medio de euros. Y, en el mundo, 62 personas poseen la misma riqueza que 3.600 millones. Según Oxfam Intermón, hace cinco años los súper-ricos eran 388, pero cada vez muchos menos tienen mucho más. Solo 62. Una grave amenaza.

Oxfam muestra además que esos 3.600 millones de población perdieron un billón de dólares de ingresos desde 2010. Al tiempo que los más ricos aumentaban su riqueza en medio billón. Es desigualdad en estado puro.

Edmundo Fayanás, profesor de Historia, escribe que el capitalismo necesita desigualdad para funcionar y generó desigualdad desde su inicio. Bernard de Mandeville en el siglo XVIII pretendía justificarlo al sostener que el interés individual, lujo y placer personales son imprescindibles para que la economía progrese. De otro modo, decía Mandeville, el capitalismo perdería su motivación principal: el beneficio personal. Pero quienes pueden atesorar riqueza y vivir en lujo y placer son muy pocos. Porque el capitalismo precisa desigualdad.

En los años ochenta del siglo pasado, Ronald Reagan, presidente de EEUU, sentó las bases de una enorme desigualdad con sus obscenas rebajas de impuestos a los ricos. A éstas siguieron las de Bush hijo y, desde entonces, EEUU es un país desigual, cada vez más desigual. Una quinta parte de su población (sesenta millones de personas) vive bien, pero el resto (unos 250 millones) sufre una escalada de graves carencias económicas y sociales. Bush pretendía que para crecer se debía favorecer a las élites y recortar ayudas a los pobres, por ser deficientes económicamente. La misma necedad que roznó Bernard de Mandeville tres siglos antes.

La riqueza mundial está en muy pocas manos. El 1% de la población mundial acapara casi la mitad de la riqueza y su patrimonio crece y crece. En EE UU máximos directivos y ejecutivos ganan 300 veces más que sus trabajadores. Pero en España, Felipe Benjumea, presidente de Abengoa, ganó 530 veces más que el salario medio de sus empleados. En Inditex, los 12 millones de euros que cobra su presidente, Pablo Isla, son 526 veces más que el salario medio de sus asalariados. En FCC, 454 veces; en BBVA, 451 veces; en Ferrovial, 239 veces; en Día, 213 veces…

La llamada clase media mengua con la crisis. Digo llamada porque se suele denominar clase media también a los asalariados con sueldos decentes. Clase trabajadora que puede vivir con dignidad y aceptable nivel de consumo. Pues bien, según estudio del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, desde el inicio de la crisis a 2014, esa clase media en España se habría reducido en más de tres millones y medio de personas. Y no para estar mejor.

La desigualdad no cesa. Por desempleo, empleos precarios, trabajo temporal y a tiempo parcial. Más recortes sociales (en educación y sanidad públicas, en ayudas a desempleados, en políticas sociales…). Y volvemos al principio. ¿Qué partidos quieren de verdad reducir la grave amenaza de la desigualdad?

Ante la emergencia social no es legítimo reducir el déficit

En España no se sabe quién será investido presidente de gobierno. Con un Congreso más plural, donde ya no es fácil formar mayorías absolutas, puede ser presidente el muy conservador Rajoy o el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, recién convertido a la socialdemocracia clásica. Cualquiera de los dos podría ser Presidente, porque ninguno tiene fácil reunir la mayoría suficiente para ser investido.

Pero al Eurogrupo le da igual quien gobierne. Su presidente, el holandés Jeroen Dijsselbloem (presunto socialdemócrata y uno de los dirigentes europeos más fanático partidario de la nefanda austeridad) ya ha apremiado perentorio que “el nuevo Gobierno deberá hacer más ajustes. España debe hacer más reformas”.

Ajustes y reformas. Sabemos lo que significa, porque hemos pagado muy caras las perpetradas hasta ahora. Dijsselbloem ha sentenciado también que “el desafío del próximo Gobierno es [reducir] el déficit”. Aserto rechazable, visto lo muy negativas que han sido para la gente la austeridad y reducción del déficit que se pretendía con ella. Porque la situación de España es de las peores de Europa. Aumento abrumador de contratos temporales (incluso de un solo día,) y a tiempo parcial,  desempleo juvenil galopante y pobreza laboral, como denuncia la OIT. Con tal panorama, el único desafío legítimo es acabar con la emergencia social y no mantener la dictadura del déficit. Reducir el déficit es en beneficio de los bancos (culpables de la crisis) que cobran pingües intereses de deuda pública, adquirida con los préstamos casi regalados del BCE. Como los bancos holandeses, franceses y alemanes. Quizás eso explique que el holandés Dijsselbloem sea tan idólatra de la reducción del déficit, porque proporciona liquidez para abonar los intereses a los bancos poseedores de deuda pública.

No es cuestión baladí. El Reino de España ha de pagar este 2016 unos 35.000 millones de euros en intereses. Pero si se reduce el déficit para abonarlos (en vez de buscar otras salidas como  moratorias, reestructuración, quita…), pagan el pato los de siempre: el pueblo trabajador. Y los responsables de esta crisis-estafa se van de rositas y además  hacen un gran negocio.

La situación es tan grave que “España tardará al menos diez años en volver a los niveles económicos y de empleo de antes de la crisis”, según un reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En realidad ni eso, porque el empleo que se recupera y se jalea como si fuera la multiplicación de los panes y los peces es mayoritariamente de saldo. De pena. Un empleo que no asegura salir de la pobreza y con eso está dicho todo. El director de la OIT para España, Joaquín Nieto, insiste en que no hay recuperación social porque el empleo generado es precario y aumenta el número de trabajadores pobres. Personas con empleo que no llegan a fin de mes y precisan ayuda de alimentos que les proporcionan ONG o que no pueden encender la calefacción, por ejemplo.

La lucha contra la pobreza ha de ser, sin paliativos, el primer desafío a afrontar por el nuevo gobierno español. No el pago de intereses a los bancos ni, por tanto, la reducción del déficit.

Cuando las previsiones de la OIT para 2016 son más desempleo y más desigualdad, el desafío es combatirlos, no reducir el déficit como reclama el Eurogrupo. Por cierto, ese Eurogrupo no tiene legitimidad alguna para meterse en camisa de once varas enmendando la plana a ningún gobierno, pues no tiene ninguna competencia institucional asignada. Su naturaleza jurídica es más que discutible. En realidad solo es una reunión informal de ministros de Economía y Finanzas de los países de la Unión con el euro como moneda que actúa como verdadero lobby en defensa de los intereses del sector financiero y  de las grandes coporaciones, como hemos visto que ha hecho contra  Grecia. Es un invento euroburocrático que va a su aire y nadie ha elegido. Una vez más esta Unión Europea no se muestra muy democrática sino más bien un montaje que mangonean unos pocos como en el dicho de Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como.

Tal sucede cuando el aumento descontrolado y obsceno de la desigualdad hace posible que ¡solo 62 personas! posean tanta riqueza como 3.600 millones, que es la mitad de la población mundial. Lo ha denunciado Oxfam Intermon en su documentado informe “Una economía al servicio del 1%”.

Según ese informe, en España 20 ricos poseen entre todos tanto dinero como un tercio de población. Es decir, algo más de docena y media de privilegiados tienen tanta riqueza como 15 millones de personas. Y en España también, un reducidísimo 1% de población concentra más riqueza que el 80% de ciudadanía más pobre, mientras un presidente de empresa del Ibex35 ingresa ya 158 veces el salario medio de un trabajador. En 2015, mientras el patrimonio de las 20 personas más ricas aumentó 15%, la riqueza del 99% de la población española se redujo un 15%. Obviamente, no es casualidad ni azar que coincidan ambos porcentajes.

No es ajeno a esta situación estructural de injusticia y desigualdad un sistema fiscal muy regresivo, injusto e insuficiente, en el que quienes más tienen pagan muy poco y el capital y sus tejemanejes apenas paga nada. Sin olvidar la fuga constante, incesante, de dinero hacia los paraísos fiscales. La huida de capital desde España a esos paraísos aumentó un 2000% en 2014.

Por eso, las declaraciones de Dijsselbloem son un insulto. Es imprescindible que el pueblo trabajador se organice y se mueva a fondo para que el desafío sea resolver la grave emergencia social que hay, no el déficit. Diga lo que diga el Eurogrupo.

Utopía es lo que aún no hemos conquistado

La Red Europea contra la Pobreza ha publicado el V Informe sobre pobreza y exclusión social en España 2009-2014. Un informe que muestra el implacable deterioro social y económico de mucha gente en este país.

Según el índice Arope, que mide la pobreza, en la España del PP la pobreza ya afecta al 29% de población. Casi 14 millones de personas rozan la pobreza y la exclusión. Y eso no es vivir. Porque la gente que sufre no solo privación material sino severa ya es un 7% más. Las personas pobres y excluidas no sólo son más que el pasado año sino que sus condiciones de vida son mucho peores.

Casi 12% de población se retrasa en el pago de hipoteca, alquiler, luz y gas porque los ingresos no alcanzan. Con el consiguiente riesgo de desahucios, por ejemplo. Y son 11% quienes no pueden mantener en invierno la casa a temperatura saludable. Un 45% de población (casi la mitad) no puede ir de vacaciones una semana al año y 42% no puede afrontar gastos imprevistos. Pero lo peor es que los trabajadores con empleo, pero pobres, ya son un 14% de población activa. Un año más en esta España que explota la derecha y en la obscena Europa de la austeridad donde medran los banqueros, tener trabajo ya no libra de la pobreza. Aquí y en Alemania.

Pero a pesar de tan oscuras perspectivas para la gente, la Unión Europea amonesta al gobierno de España porque no cumplirá el déficit en 2015 si no toma ‘las medidas necesarias’ para satisfacer las exigencias del Pacto de Estabilidad. Dice que el gobierno de Rajoy se ha quedado corto en las ‘reformas’. ¿Aún quieren más?

¿Ve la ciudadanía qué significa que el gobierno cumpla esas exigencias de ‘reformas’? Exactamente, más recortes. Más gente que viva peor, más incertidumbre, más pobreza que crece, más sufrimiento, más humillación… Y, para mayor inri, 2015 pasará a la historia como el primer año en el que un reducido 1% de población mundial posee tanta riqueza como el 99% restante. Brecha entre pocos ricos y resto de Humanidad que crece imparable desde que empezó la crisis. Aunque algunos preferimos llamarla una estafa que se convirtió en saqueo.

Lo cierto es que con esa mal llamada crisis los ricos son más ricos y los pobres, más pobres. Oxfam Intermón utiliza una poderosa imagen para ilustrar tan brutal desigualdad. Un autobús con los 85 mayores multimillonarios del mundo transportaría tanta riqueza como la que tiene la mitad de población mundial.

¿Datos, cifras? Pues 34 millones de personas (0,7% de población mundial) poseen más del 45% de toda la riqueza y 349 millones de personas (7,4% de población) poseen casi el 40% . Para hacerse una idea del significado de esas cifras, recordemos que en la vieja Tierra somos más de 7.200 millones de habitantes. De esos, poco más de mil millones se reparten el 12% de la riqeza. Algunos de ese grupo están bastante bien y bastantes más, no tanto. Pero lo peor es que 3.300 millones de personas (casi 3/4 partes del mundo), solo tienen entre todos un 3% de riqueza.

No solo son cifras. Se reflejan implacables en la vida de miles de millones de personas. Para llorar de rabia, para indignarse hasta el infinito y luchar para acabar con esa descomunal injusticia. Y es que nadie merece tanta riqueza ni nadie ha de sufrir esa pobreza.

Mientras en España el gobierno del Partido Popular y en Europa los totalitarios burócratas que la mangonean tienen la indecente desfachatez de hablar de recuperación. ¿Recuperación cuando la pobreza aumenta sin cesar y tener trabajo no libera de la miseria?

Hay que empezar a pensar que para salir de este infierno urge cambiar el sistema económico y social vigente, origen de nuestros males. En román paladín, hay que acabar con el capitalismo. O el capitalismo acabará con la gente y con la Tierra. No será fácil ni rápido, pero hay que reemplazar un sistema que se mueve por beneficios por otro que satisfaga las necesidades de la gente y respete sus derechos.

¿Utópico? El diccionario de la lengua española dice que utopía es lo irrealizable en el momento en que se concibe. Pero no para siempre. Por tanto, utopía es el territorio que aún no hemos conquistado. Todavía.

Pretender que hay recuperación, un insulto para quienes sufren la crisis

Hace unos días, en el Museo Guggenheim de Bilbao, en una reunión de poderosos de la economía nacional e internacional, Mariano Rajoy, presidente del gobierno español y del PP, proclamó la salida de la crisis, la recuperación de España y la vuelta al crecimiento. El anuncio fue jaleado por representantes del FMI, OCDE, Comisión Europea, Eurogrupo y medios de persuasión al servicio del sistema (antes llamados medios informativos).

Sin embargo, contra tan onanista auto complacencia, autobombo y discurso triunfal se alza la tozudez de los hechos, que desmontan incluso los más sofisticados juegos malabares con macro cifras económicas. ¿Por qué ahora el anuncio solemne de esa nunca vista recuperación? Porque habrá cinco elecciones en 2015 en el Reino de España. En Andalucía, municipales, autonómicas, en Catalunya y de diputados. Por eso nos venden esa descarada ficción económica, porque entramos en tiempo electoral. Para quienes se aferran al régimen bipartidista podrido cada vez más antisocial y antidemocrático, tiempo de engaño, de embuste, de exageración, de camuflaje, de disfraz, de manipulación… Pero no de verdad. En ese contexto cabe ubicar la reunión del Guggenheim y sus delirantes conclusiones.

Pero lo cierto es que no hay recuperación. Ni en pintura. Para la mayoría de población lo que hay es menos empleo, más inseguro, de peor calidad y con salarios más bajos. Al inicio de 2009 había 19 millones y medio de empleados y empleadas que cotizaban a la seguridad social y hoy la población activa solo es poco más de 16 millones setecientos mil puestos de trabajo. Sin embargo, aunque la población general se ha reducido apenas ha descendido un millón. Por tanto se ha destruido empleo.

Cuando el PP ganó las elecciones hace tres años, la protección del desempleo era 67%, pero hoy solo es 57%. Y el empleo es más precario, como demuestra que los contratos de jornada completa solo son 8% del total. Eso es un hecho. Aunque tal vez la recuperación la vean las élites en el más de medio millón de desahucios habidos en este país. O quizás esa recuperación sea la expulsión de vecinos de sus viviendas sociales en Madrid porque el ayuntamiento las ha vendido a un fondo buitre. O acaso vean la recuperación en los servicios de urgencias sanitarias hacinados, incluso con pacientes en camas por los pasillos, porque esos servicios han quedado desmantelados tras los abundantes despidos de personal. O en las aulas repletas de niños y niñas y cada vez menos profesores y profesoras. Y sigue la lista.

Aunque tal vez la recuperación sea más visible para la gran patronal en los miles de contratos-basura de la contrarreforma laboral del gobierno. Contratos por los que se trabajan treinta horas semanales por 400 euros mensuales. O consideran recuperación que haya contratados de 24 horas, despedidos y vuelta a contratar días después para ser despedidos de nuevo a las 24 horas… Todo ese trampantojo de precariedad ha generado una nueva categoría social: trabajadores pobres. Personas con empleo que necesitan ayuda para poder comer los últimos días del mes, no pueden poner la calefacción y han de vivir y dormir envueltos en abrigos y mantas. Pobreza energética lo llaman. Esa pobreza, según la Organización Mundial de la Salud, causa 7.000 muertos en invierno en España. Personas por debajo del umbral de la pobreza que, según informa Cáritas, ya son en España más de una quinta parte de población de los que casi tres millones no tienen techo o habitan en viviendas indignas. Además de que esa ciudadanía en riesgo de pobreza no cesa de aumentar. Vivir en riesgo de pobreza es no poder comer proteínas (carne, pollo, pescado) por lo menos cada tres días, no poder tener calefacción en casa, no tener lavadora ni teléfono y no disponer de unos pocos euros para gastos imprevistos, entre otras carencias graves.

Lo ha resumido el profesor José María Mella. En España, hay una caída incesante de salarios, empleo precario generalizado, pobreza desconocida desde hace tiempo, acusada discriminación de la mujer, alta desnutrición infantil, hambre, elevado fracaso escolar, reducción de inversión pública en educación y tasa de paro del 55% en jóvenes de 15 a 29 años. Pero hay aumento incesante de rentas del capital, mientras los salarios se reducen a 400 o 600 euros al mes, hay más de dos millones y medio de parados de larga duración y en 1.800.000 de familias nadie tiene trabajo…

¿Recuperación? ¿Crecimiento? Pretender que existen es insultar a la ciudadanía.

Trabajadores asalariados, pero pobres

Quien no tiene garantizada la existencia material no tiene libertad y que las personas tengan asegurada la existencia material es condición sine qua non para vivir en libertad. Lo razona y argumenta, entre otros, el profesor de la Universidad de Barcelona, Daniel Raventós. De esa certeza se deduce que, a los muchos males que soportan grandes sectores de la ciudadanía (con la realidad y también pretexto de la crisis) hay que sumar la pérdida de libertad.

Como asevera Eduardo Galeano, “este sistema asesino mata hambrientos en lugar de matar el hambre y está en guerra contra los pobres, pero no contra la pobreza”. Hasta el punto de llegar al infame dislate de que hoy, en la vieja, predadora y egoísta Europa, tener un trabajo asalariado no garantiza dejar de ser pobre.

De norte a sur y de este a oeste, trabajadores y trabajadoras pobres, aún con empleo remunerado, no pueden escapar de la pobreza. Cada vez hay más pobres y además son mucho más pobres.

En el Reino de España, la fundación 1 de mayo ha publicado el informe “Pobreza y trabajadores pobres en España” que asegura que más del 12% de trabajadores españoles están por debajo del umbral de la pobreza. Un porcentaje solo superado por Grecia (15%) y Rumanía (19%). Pero no echemos las campanas al vuelo porque esos serían los casos a destacar, el furgón de cola. No. En la próspera Alemania, la locomotora de Europa, los salarios medios y bajos bajan más aún, la brecha salarial crece y una parte considerable de la clase trabajadora corre el riesgo real de empobrecer. A sumarse a los que ya son pobres.

Ya en 2011, un informe de la Comisión Económico-Social de Naciones Unidas denunciaba que uno de cada cuatro niños alemanes iba al colegio sin haber desayunado y que dos millones y medio de niños vivían en la pobreza en la considerada locomotora europea. Y hace un par de años, la BBC y otros medios informaron que más de siete millones de trabajadores sobreviven con miniempleos por los que perciben 450 euros mensuales. La doble contrarreforma del sistema de Seguridad Social y del mercado laboral que se perpetró con la llamada Agenda 2010 (definida por el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung como el mayor recorte de prestaciones sociales desde 1949) está en el origen del empobrecimiento de la clase trabajadora. En la próspera Alemania también sucede que no basta tener empleo para escapar de la pobreza.

¿Qué hay entonces del segundo milagro alemán con el bajo índice de paro? Pues que según el partido Los Verdes y algún diputado socialdemócrata, el gobierno maquilla la realidad del empleo y censura los datos reales sobre el mismo así como la calidad de los empleos. Pero lo cierto y comprobado es que millones de personas en Alemania no pueden vivir de su corto salario y se ven obligadas a solicitar ayuda estatal social para no caer en la indigencia.

La cuestión no es crear muchos empleos sin más, sino crear empleos remunerados con salarios que permitan vivir. La excusa para justificar esta situación es la crisis. Pero ¿crisis como desequilibrio económico y financiero o saqueo de las clases trabajadoras y populares por el capital? Y más aún, ¿hay verdadera voluntad de afrontar la susodicha crisis?

Desde que lo argumentó Marx, sabemos que “la causa final de toda crisis es siempre la pobreza y el limitado consumo de las masas”. La salida, por tanto, sería aumentar la capacidad de consumo de esas masas que, mira por donde, coinciden con las clases trabajadoras que se empobrecen.

Pero las élites no están por esa labor. No es casualidad que el 1% de la población mundial (72 millones de personas frente a más de 7.000 millones) posea la mitad del capital de la Tierra, mientras la otra mitad de recursos y riqueza se reparte también muy desigualmente entre el 99%. Son datos de Crédit Suïsse, una banca nada sospechosa de ser de izquierda.

Crecen la desigualdad y la pobreza en Europa, en el mundo. Y no es desgracia, tampoco accidente ni incompetencia de las clases dirigentes. Harvey lo llama acumulación por desposesión. Acumulación exponencial de beneficios de unos pocos a costa de la desñosesión de la mayoría de la población trabajadora. Y cabe recordar ahora que, como asegura la siempre prudente Amnistía Internacional, “la pobreza no es inevitable, es causa y consecuencia de violaciones de derechos humanos. Tiene responsables y han de rendir cuentas”.

Bipartidismo, una seria amenaza para la democracia

En una ilustración del humorista El Roto, dice un tipo encorbatado: “Renovación, sí, pero siempre que sea de lo mismo“. Eso es lo que prepara el bipartidismo. Más de lo mismo. Y frutos comprobados de modo reiterado del bipartidismo son la rebaja de democracia, el recorte de libertades y la reducción o pérdida de derechos sociales que, lenta pero inexorablmente, se perpetran bajo un disfraz meramente formal de democracia. Porque democracia es mucho más que votar representantes cada cuatro años. Recordemos; democracia es que la gente común realmente participe en la toma de decisiones políticas importantes y no -muy largo me lo fiáis- solo poder influir cada varios años.

El bipartidismo escenifica alternancia, que no alternativa, y así hemos llegado a la situación actual en la que los gobiernos de los países van en una única dirección. Que no es precisamente la que conviene a la ciudadanía. Como proclamaban una y otra vez los indignados del 15 M, “PP-PSOE la misma cosa son“. Cierto, en lo esencial, en lo que de verdad importa. En la segunda mitad del siglo XIX e inicios del XX, la alternancia demostró hasta que punto se corrompe un país y se rebaja la democracia cuando impera. Fue hace casi siglo y medio, cuando se sucedían Cánovas y Sagasta ordenadamente: ahora gobiernas tú, ahora gobierno yo. En nuestros días, el bipartidismo cuece un gobierno de ‘concentración nacional’ de PP y PSOE. Aunque, a fuer de sinceros, “un gobierno oculto de coalición PP-PSOE  ya existe en las grandes cuestiones de Estado, en las que realmente importan al verdadero poder”, escribe Manuel Monereo. Entonces, ¿por qué proponer ahora un gobierno de coalición visible? Porque el régimen monárquico bipartidista hace aguas. Y porque continuarán las ‘reformas’ que la Troika exige, reformas que aumentarán el sufrimiento de la ciudadanía. Pero ¿acaso no se crea empleo y dicen se creará más? La muy lenta reducción de desempleados se logra a costa de aumentar los trabajadores pobres, nueva categoría social. Por precariedad y por salarios muy bajos. Lo comprobamos en Alemania donde millones de asalariados devienen trabajadores pobres y han de recurrir a la asistencia social.

Eso cabe esperar del bipartidismo, porque genera una democracia muy recortada, muy aguada, holográfica. Pero, ¿acaso no son votados los partidos del bipartidismo? Pero no es suficiente. También se votaba en las dictaduras de Trujillo en Dominicana y de Stroessner en Paraguay, por ejemplo. Democracia no es una liturgia electoral, aunque las elecciones libres sean herramienta básica. Democracia es que se respeten, protejan y desarrollen los derechos sociales, económicos, políticos, culturales y cívicos de todos y todas ciudadanos y ciudadanas. Sin excepción. Siempre. Echen un vistazo atento a la Declaración Universal de Derechos Humanos o lean la carta de derechos de Europa y comprobarán hasta que punto no podemos decir que haya democracia cuando se violan tan sistemáticamente tantos derechos de tantos y tantas. Una y otra  vez.

En España, como en la Unión Europea, las dos formaciones políticas que tejen el bipartidismo han eliminado normas y controles del sector financiero y bancario; con todo el desastre que eso ha traído consigo. Y han votado juntos todos los tratados de la Unión que han dado el poder a la élite económica. En el Parlamento Europeo, socialdemócratas y conservadores han votado lo mismo en más del 73% de decisiones de los últimos cinco años. Y, en cuanto a eurodiputados españoles, PP y PSOE votaron lo mismo el 75% de las veces. Presuntos socialistas y conservadores reales gobiernan a la par en Alemania. Gobiernan también juntos en otros diez países europeos y se llevan muy bien en el Consejo y Comisión europeos. La gran coalición ya funciona. Porque es lo que conviene al poder económico. El que manda de verdad. Y, si se les ocurre justificarlo con la teoría del mal menor, lean lo que Antonio Gramsci nos enseñó sobre la elección del mal menor.

En España, PP y PSOE sumaron sus votos para tumbar la propuesta de Izquierda Plural de someter a referéndum la ratificación o rechazo del Tratado de comercio e inversión entre Unión Europea y Estados Unidos que se negocia en secreto. Un tratado que, de firmarse, abrirá una vía veloz para vaciar la democracia, aparte de otros males sociales y económicos. ¿Por qué? A la clase dominante, en verdad no le gusta la democracia, no le gusta nada. Y el poder que otorgaría ese Tratado a las corporaciones multinacionales reducirá los parlamentos nacionales y el Europeo a vacua tramoya. Que es lo que buscan, la democracia al garete; que ningún parlamento o gobierno pueda decidir nada que disminuya un ápice sus obscenos beneficios.

En España, PP y PSOE promovieron y votaron juntos la reforma del artículo 135 de la Constitución para que el pago de la deuda púbica y sus intereses pasara por delante de la inversión social, los servicios públicos y los derechos sociales de la ciudadanía. Ambos partidos se han opuesto a la dación en pago para cancelar la deuda hipotecaria que ahoga a cientos de miles de familias y han votado juntos para que no se puedan tomar medidas eficaces contra la evasión fiscal. Además de aprobar contarreformas laborales que permiten despedir a los trabajadores a muy bajo precio incluso en empresas que tengan beneficios. Han bajado los salarios y congelado las pensiones y gobiernan o han gobernado con la misma austeridad que ha arruinado a gran parte de la ciudadanía europea.

¿No son lo mismo? Monereo recuerda que “hay algunas diferencias entre ambas formaciones del bipartidismo pues, si no las hubiera, el negocio no sería posible”. Por eso escenifican numeritos, pretendidos debates tensos, descalificaciones… Pero lo cierto es que defienden los mismos intereses. Que son los intereses del poder económico y financiero. Que suele ser agradecido, por cierto.

Ahora el bipartidismo prepara una nueva ofensiva en España. Con un nuevo flamante rey y tal vez alguna reforma constitucional de chicha y nabo. Para impedir que la ciudadanía, movimientos sociales y partidos de izquierda de verdad, que se movilizan más y más, inicien un proceso constituyente hacia una verdadera democracia. Por eso mismo urge a la ciudadanía ponerse las pilas, concretar el camino hacia la democracia y avanzar en coordinación y unidad. Para conseguir el poder y cambiar las cosas.