Una contrarreforma fiscal amenaza a la ciudadanía

Rebajar impuestos a los ricos, reducir cotizaciones sociales empresariales, eliminar la progresividad del impuesto sobre la renta y aumentar impuestos indirectos son objetivos prioritarios de la élite financiera y económica en cuestiones de tributación.

Antes de la crisis de 1929, los millonarios estadounidenses pagaban un tipo impositivo del 25%, pero a partir de 1932 pagaron el 63% para salir de la Gran Depresión. Y de 1942 a 1944 pagaban un 94% para contribuir a la guerra contra la Alemania nazi y el Japón militarista. Acabada la guerra, los ricos estadounidenses pagaron de nuevo el 63% o más incluso. Hasta que Ronald Reagan fue Presidente y empezó la rebaja de impuestos. La media de tipo impositivo hoy es el 35% en Estados Unidos para rentas altas, pero el especulador estadounidense Warren Buffet (uno de los hombres más ricos del mundo) ha reconocido que él paga un 17,5% mientras sus empleados pagan en proporción mucho más. Porque los ricos realmente pagan menos, mucho menos.

En España docenas de profesionales de la universidad, la economía y la investigación social han firmado un manifiesto contra la reforma fiscal con la que amenaza el Gobierno del Partido Popular la ciudadannía. Reforma fiscal que rebaja impuestos a grandes empresas, banca y rentas altas sin tener en cuenta, además, que España es líder en fraude fiscal. Fraude fiscal y e impago de cotizaciones sociales empresariales por una economía sumergida que mueve 253.000 millones de euros, tanto como la cuarta parte del PIB español. Así lo denuncia Gestha, el sindicato de técnicos de Hacienda. Tanta economía sumergida significan 60.000 millones de euros de impuestos evadidos y 30.000 de impagadas cotizaciones.

Sin embargo, ningún gobierno español ha elaborado el más modesto informe sobre economía sumergida y cómo combatirla. Además, España es el país europeo que menos recursos dedica contra el fraude fiscal: un empleado de Hacienda por cada 1.958 habitantes, frente a uno por 942 habitantes de Francia, por 740 en Alemania y por 722 en Holanda. La Agencia Tributaria española tiene la mitad que la plantilla media de la Unión Europea, pero el doble de economía sumergida. Y más evasión fiscal. Además, en España, el fraude fiscal de grandes empresas y grandes fortunas es casi 3/4 partes de toda la evasión fiscal. Acaso por eso 33 de las 35 grandes empresas del Ibex tienen filiales, delegaciones o empresas pantallas en paraísos fiscales, según denuncia el Observatorio de la Responsabilidad Social Corporativa. Lugares perfectos para esconder capital, transacciones y beneficios. Y no pagar impuestos.

Según explica Eduardo Garzón, el actual sistema de impuestos ya es injusto, porque un 43,4% de lo recaudado se consigue con impuestos muy regresivos (32% de IVA y 11,4% de Impuestos Especiales). Y el Impuesto sobre la Renta de Personas Físicas, teóricamente progresivo, en la práctica no lo es. Porque las personas con renta alta pagan en proporción menos que las de renta media. El impuesto de sociedades sólo supone 10% del total recaudado, además de no ser justo porque las 10 mayores empresas del IBEX pagan un 17% mientras pequeñas y medianas empresas abonan el 23%.

A pesar de que grandes empresas, banca y grandes patrimonios eluden y evaden impuestos a placer, la presunta reforma fiscal que prepara el Partido Popular aún los favorecerá más. Y pagarán menos. Pero como el Gobierno necesita aumentar ingresos, la presunta reforma que prepara hará recaer el peso del aumento de ingresos sobre la clase trabajadora, la ciudadanía, la gente común. Con más impuestos indirectos y especiales. Los que pagan lo mismo un camarero que trabaja once horas diarias por 950 euros mensuales que el presidente y consejero delegado de Inditex, Pablo Isla, que se embolsa 8 millones de euros anuales.

Y además el Gobierno reduce los actuales siete tramos de ingresos del impuesto sobre la renta a cinco. Cuando es sabido y demostrado que, cuantos menos tramos tiene ese impuesto, es menos progresivo y más injusto. Porque quien tiene y gana más paga menos en realidad.

La batalla por una verdadera reforma fiscal es crucial. Una reforma con la que pague más quien más tiene y más gane. Una reforma que garantice que se recauda lo suficiente para atender las necesidades y derechos sociales de la ciudadanía. Esa batalla ha de estar en primera fila de la lucha ciudadana. Y frenar la contrarreforma fiscal. Una democracia no lo es de verdad si no tiene un sistema de impuestos suficiente, progresivo y justo. Lo contrario de lo que propone el Partido Popular. Si no se frena esa contrarreforma, una mayoría ciudadana vivirá aún peor

Anuncios

De ricos, desigualdad e impuestos

En EEUU, la mayor potencia capitalista, en 2013 murieron 18 madres por cada 100.000 nacimientos, explica Juan Torres. Además, con esas cifras, las mujeres negras estadounidenses tienen tres veces más probabilidad de morir en embarazo y parto que las blancas. Ya en 1990, antes de la crisis-saqueo y los recortes, morían 12 mujeres estadounidenses por cada 100.000 nacidos y la cifra no ha dejado de aumentar, cuando en Islandia, por ejemplo, madres que mueren por cada 100.000 nacimientos solo son 2.

De 1990 o 2003 aumentó en ocho países el número de mujeres que mueren en el parto o embarazo: Afganistán, El Salvador, Belize, Sudán, Mali, Somalia, Haití… y EEUU. ¿Por qué en el país más rico del mundo mueren de parto tantas mujeres como en los más empobrecidos?

Porque el país más rico del mundo aplica un capitalismo implacable donde la atención a la salud no es derecho sino un poderoso negocio privado. Y porque el sistema capitalista conlleva una imparable y progresiva desigualdad hasta la desigualdad extrema que hoy sufrimos.

Paul Krugman ha recordado que la última lista de ricos del Institutional Investor incluye 25 gestores de fondos de inversión (especulación) excelentemente bien pagados. Son 25 hombres (ni una mujer) que se han embolsado 21.000 millones de dólares en 2013; 840 millones de dólares anuales cada uno. O dos millones y cuarto diarios. El año pasado, esos 25 especuladores ganaron más del doble que todos los maestros y maestras de educación infantil de EEUU juntos.

Según Capgemini y RBC, empresas que elaboran un informe anual sobre la riqueza de los ricos, tiene gran fortuna o gran patrimonio quien posee activos por un millón de dólares o más, sin contar la primera vivienda, cuadros, esculturas y otros objetos coleccionables, consumibles y bienes de consumo duraderos. Mucha riqueza. Según Capgemini y RBC, ricos de millón de dólares o más hay 12 millones en el mundo. Y en España, 144.600. Doce millones es la población de Bélgica o Guinea. Parecen muchos, pero son 12 millones entre 7.200 millones de habitantes de la Tierra. Y, en España, esos ciento cuarenta y tantos miles de ricos lo son en una población de 46 millones. Minorías escandalosas.

En el Reino de España, esos ciento cuarenta y tantos miles de ricos lo son en plena crisis, mientras tres cuartas partes de la población con empleo vive con salarios insuficientes o muy insuficientes. Y de los parados ni hablamos. Cabe recordar también que los consejeros ejecutivos mejor pagados de empresas del Ibex 35, en 2013 ganaron 75 veces más que sus plantillas de media, según datos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Por ejemplo, el ingreso medio de un empleado de Inditex (propiedad de Amancio Ortega, uno de los hombres más ricos del mundo), fue 21.763 euros brutos; 366 veces menos que los 8 millones de euros que percibió el consejero delegado de esa empresa, Pablo Isla. Una desigualdad indecente que se repite en los ingresos de los asalariados de las empresas del Ibex 35 comparados con los de sus consejeros y ejecutivos.

Como recuerda Paul Krugman, el dogma neoliberal pretende que esos enormes beneficios de los ricos los reciben porque son innovadores, emprendedores, crean empresas y empleo. Paparruchas. Los citados gestores de fondos de inversión, que consiguieron 21.000 millones de dólares, no crean riqueza ni emprenden nada: especulan. Además, la mayor parte de riqueza de los muy ricos es heredada, no fruto del trabajo. Ni procede tampoco de invertir en economía real productiva, sino por especular y por rentas obtenidas por acumulación de capital.

¿Por qué todo eso es importante? Por los impuestos. Mejor dicho, por los impuestos que no pagan o pagan poco. Desde los ochenta de siglo XX, cuando Reagan y Thatcher iniciaron la bajada de impuestos a los ricos, todo un sistema mediático pretende que bajar esos impuestos activa la economía. Pero está demostrado que rebajar impuestos sobre la renta, sociedades y cotizaciones sociales empresariales no propicia el crecimiento económico. Lo frena. La reducción o supresión de impuestos solo beneficia a la minoría. A esos ciento cuarenta mil de rentas altas y grandes capitales en España y a unos pocos millones en el mundo.
En España se amenaza ahora con una reforma fiscal del Gobierno. La ciudadanía hará bien en oponerse frontalmente para frenarla o desactivarla. O será más pobre y el país más desigual.

¿Frenar el cambio climático en el capitalismo?

Noticiero televisivo. Lluvias torrenciales en Estados Unidos. Una calle se hunde y arrastra docenas de automóviles, aceras, vía del tren… En segundos desaparece una manzana entera de la calle 26 de Baltimore. Solo una muestra. Las consecuencias del cambio climático están ahí. Subida del nivel del mar, océanos más ácidos, sequías e inundaciones dejan sus huellas terribles en todo el planeta. Incluso un reciente informe de la Casa Blanca reconoce las tremendas consecuencias del calentamiento en su territorio, pero nada propone. Tal vez porque Estados Unidos es el segundo país del mundo, tras China, que emite más gases de efecto invernadero. Y esos gases son responsables del cambio climático.

Desde hace años, muchas zonas de la Tierra son castigadas por temibles huracanes, destructoras tormentas tropicales, diluvios, sequías letales, inmensos incendios incontrolables por la tremenda sequedad ambiental, mientras avanza la desertización y se reducen los polos. El Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de la ONU (GIECC) ha concretado las consecuencias de éste en su quinta valoración sobre calentamiento global. Y son para echarse a temblar.

Desaparición de medios de sustento en zonas costeras y pequeños Estados insulares por tempestades, inundaciones y aumento del nivel del mar. Riesgos graves para la salud y desaparición de medios de sustento de grupos urbanos por inundaciones en el interior. Destrucción de infraestructuras y servicios vitales (agua, electricidad, sanidad y protección social) por fenómenos meteorológicos extremos. Más mortandad y enfermedades en períodos de calor extremo. Más hambre por destrucción de sistemas de alimentación. Pérdida de recursos y sustento en zonas rurales por reducción grave de agua potable y de riego. Pérdida de bienes y servicios en comunidades costeras y de pescadores en los trópicos, en el Ártico…

El informe ratifica que, en los últimos 40 años, ha crecido la emisión de gases de efecto invernadero. De 2000 a 2010 ha aumentado mucho más que en los treinta años anteriores. Y Rajendra Pachauri, presidente del GIECC, alerta de que “si no se adoptan medidas para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, el cambio climático avanzará y la estabilidad social quedará muy amenazada. El cambio climático propiciará conflictos violentos, guerras civiles y violencia entre comunidades”.

Unas amenazas cercanas y reales que tienen que ver con la libérrima y desregulada actuación de las élites económicas durante décadas para aumentar beneficios. Algo inherente al capitalismo. La única salida para frenar el cambio climático es reducir de verdad la emisión de gases de efecto invernadero. Pero para afrontar el cambio climático, los autores del informe proponen más de lo que ya ha fracasado: colaboración público-privada, préstamos, pago de servicios ambientales, aumento de precio de los recursos naturales, impuestos y subsidios, normas y reglamentos, reparto del riesgo y mecanismos de transferencia. Medidas aplicadas algunas desde 1992, tras la conferencia de Río, que no han detenido el cambio climático y sí aumentado la desigualdad. Y es que no se ataca de raíz la dependencia del petróleo, la madre del cordero de la emisión de gases de efecto invernadero.
¿Por qué vamos hacia un suicidio colectivo? Porque los países capitalistas más contaminantes (incluida China como capitalista, aunque sea de Estado) impiden un acuerdo mundial obligatorio para frenar en serio el cambio climático.

¿Es posible contener el aumento de temperatura global a 2º? El GIECC dice que sí, si se toman pronto medidas. Transformaciones tecnológicas y cambios reales de conducta individual y colectiva. Solo posibles con cambios políticos y grandes inversiones.

Contener el aumento de temperatura de la Tierra a 2º (más allá de la que las consecuencias son mucho más graves) significa reducir la emisión de gases de efecto invernadero de 40% a 70 % respecto a la emisión total de 2010. Para empezar. En España, ante la propuesta de un mercado de intercambio de emisiones, como presunto modo de reducción de emisión de esos gases, un empresario respondía entusiasmado que, si había negocio, se podía hablar. Y esa es la cuestión, que no puede haber negocio alguno si de verdad se quiere frenar el cambio climático. Precisa un cambio profundo, un mundo muy lejano a nuestro mundo actual. Y es posible, por difícil que se vea.

Afrontar el cambio climático es cuestión de vida o muerte: continuar la Historia humana o desaparecer como los dinosaurios. Y con el capitalismo (incluso el más “humano y justo” al estilo Roosevelt de Thomas Piketty y compañía) no se frena el cambio climático. Como es imposible que un zorro sea buen guardián de un gallinero.

Otras políticas para acabar con una crisis que es saqueo

Hace semanas, los “mercados” (eufemismo de banca, fondos de inversión y grandes fortunas) celebraban la vuelta de Argentina a la ortodoxia neoliberal. Tras la boicoteada devaluación del peso, el Gobierno aprobó medidas de “austeridad”.

En Europa, el nuevo primer ministro francés, Manuel Valls, anunció que ahorrarán 50.000 millones de euros con recortes y rebajas en protección social y sanidad pública, más la congelación salarial de funcionarios, no revalorizar pensiones y prestaciones y otros recortes. “No podemos vivir por encima de nuestras posibilidades”, tuvo la desfachatez de decir. La Francia gobernada por presuntos socialistas regresa a la austeridad abiertamente.

¿Acaso no conocemos ampliamente qué ha reportado la austeridad desde que se impuso? Los Nobel de Economía Krugman y Stiglitz alertaron una y otra vez ya desde 2010 que elegir la austeridad era ir hacia el desastre, la injusticia sistemática, la desigualdad… Cuatro años después, el aviso se ha cumplido sin el menor resquicio de duda. Además de que con austeridad no se recupera la actividad económica ni a tiros. Salvo la que beneficia a la minoría de siempre que, para más inri, es la responsable de la crisis.

En España, sin necesidad de recordar que se destruyen empleos sin cesar (como demuestra la última Encuesta de Población Activa), la población infantil en riesgo de pobreza y exclusión social ya son cerca de tres millones. Lo documenta el último informe de Save the Children. Aumentan los niños y niñas bajo el nivel de pobreza. Según Eurostat, 250.000 más de 2011 a 2013. Y, según denuncia Acción contra el Hambre, 10.000 niños mueren de hambre diariamente en el mundo. La austeridad tiene mucho que ver. Continuando con el hambre, en Estados Unidos la media de “inseguridad alimentaria” de menores (eufemismo para hambre o desnutrición) es del 20%. Uno de cada cinco niños estadounidenses pasa hambre o está desnutrido.

En España, una de cada cuatro familias sobrevive con la pensión del abuelo o abuela. Lo que sugiere que a menudo no habrá bastante para alimentarse adecuadamente; sobre todo con la cuantía de la mayoría de pensiones. Según un estudio del sindicato Comisiones Obreras, el 27% de los hogares españoles se sostiene por un o una pensionista. Es decir, 12.700.000 de personas malviven, porque las pensiones nada generosas además no se han revalorizado. Por austeridad.

Una investigación de la universidad de Portsmouth relaciona recortes presupuestarios en Grecia con el aumento de suicidios de hombres. Nikolaos Antonakakis y Alan Collins han analizado el efecto directo de la austeridad en la tasa de suicidios de ese país. En 2009 y 2010, 551 hombres se quitaron la vida en Grecia por las consecuencias de esas políticas. Y calcularon que por cada 1% de recorte en el presupuesto público aumentaron un 0,43% los suicidios masculinos.

Según las falacias neoliberales, esos desastres sólo pasan en países del sur que han vivido por encima de sus posibilidades. Nadie ha vivido por encima de sus posibilidades, salvo que así se juzgue el disfrute de derechos sociales. Y además, en todas partes cuecen habas de austeridad, pobreza y desigualdad, porque en la desarrollada Alemania, según su Oficina Federal de Estadística, a pesar del teórico aumento de empleos, fueron muchas menos las horas trabajadas en 2013 que en 1991. Porque cada vez hay más gente que trabaja media jornada y cobra media jornada. Más de siete millones cobran 450 euros mensuales. ¿Quién vive con dignidad con ese ingreso?

En Alemania es pobre quien gana menos del 60% del salario medio. Es decir, quienes ganen menos de 840 euros mensuales. Un pobre en Alemania puede no serlo en otros lugares con esos ingresos, pero si se tiene en cuenta el coste de la vida, la cifra que marca la línea de la pobreza ya no parece tan aceptable. Más de un 16% de la población alemana sufre “riesgo de pobreza”. Pues ya no basta con tener empleo para no ser pobre. Según Sebastian Dullien, los retrocesos de la última década por austeridad han creado un nuevo ciudadano: el empleado pobre. Pero hay más. Un 30% de jubilados de Alemania recibe una pensión de 688 euros, muy por debajo del nivel de pobreza antes indicado. Esas muestras y datos son extensibles a todos los países de la Unión Europea.

Lo cierto es que la austeridad condena a gran parte de la ciudadanía a la pobreza. Para que una minoría de banqueros, grandes accionistas, tenedores de fondos y grandes fortunas se enriquezca más. Ahí están los datos de desigualdad e injusticia que tanto hemos comentado.

Pero hay políticas económicas para salir de la crisis, para acabar con el saqueo, que nada tienen que ver con la austeridad. Que solo dependen de la voluntad política. Regular movimientos de capitales e impuestos a transacciones financieras. Eliminar paraísos fiscales. Transparencia en la economía y gestión pública. Defensa de lo público. Contra las privatizaciones. Impuestos progresivos que redistribuyan la riqueza. Fuerte banca pública. Condonar la deuda de países empobrecidos… ¡Claro que hay salida! Con otros principios y valores que la inspiren. Y con otra correlación de fuerzas que la ciudadanía en lucha consiga afianzar.