Frenamos el calentamiento global o vamos el desastre

Los últimos cinco años han sido los más calurosos de la historia desde que se registran las temperaturas. La causa, más emisión de gases de efecto invernadero, según informa la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Y la concentración atmosférica de dióxido de carbono ha alcanzado niveles jamás registrados. Mientras las altas temperaturas han hecho subir el nivel de mar, reducido la superficie de hielo y también los glaciares. Además de crecer los episodios climáticos extremos: olas de calor, de frío, ciclones tropicales, inundaciones, sequías y tormentas letales.

En el quinquenio analizado por la OMM el calentamiento del planeta ha batido récords. El nivel del mar fue el mayor desde que se registra ese dato hace más de un siglo, mientras se reduce la capa de hielo boreal sin visos de recuperación. La máxima extensión de hielo se comprobó el 25 de febrero pasado y fue la menor que se haya registrado: algo más de catorce millones y medio de kilómetros cuadrados. El hielo se derrite.

El año 2015 ha sido el más caluroso desde que se registra la temperatura global y la Tierra ya tiene una temperatura global de 1ºC por encima de la media de la época preindustrial. El límite del Acuerdo de París, para no llegar a una situación irreversible, es que el aumento térmico no exceda 2º centígrados en 2050. Y ya estamos cerca.

El informe de la OMM destaca también más fenómenos climáticos extremos: sequías severas en Australia, Brasil, África Oriental y África Meridional. La OMM calcula que en Somalia hubo 258.000 muertes más de las normales por la sequía y que 18 millones de personas precisaron ayuda urgente para sobrevivir. Algunas sequías han ido acompañadas además de violentos incendios forestales en Asia y Pacífico occidental. Y ha habido olas de calor en Australia, China, India, Pakistán y Europa. España sufrió en 2015 la ola de calor más prolongada. Sin olvidar que ha habido también grandes inundaciones, repentinas y destructoras crecidas de ríos y frío extremo, como el sufrido en Europa en febrero de 2012.

¿Aún hay quien niegue que al cambio climático es una amenaza real muy grave?

España será uno de los países más afectados por el aumento de temperaturas y la desertización, además de sufrir fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes. Pero parece que no pasa nada, porque el Gobierno de España que preside de nuevo Rajoy no reacciona ni toma medida alguna para afrontar la amenaza. Es más, su irresponsable omisión ha provocado el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero: 3,2% en 2015 respecto a 2014 y ya son 18% más respecto a 1990. Pero no solo en España. La Conferencia de Cambio Climático-COP22 de Marrakech certifica más récords de temperaturas extremas y más dióxido de carbono en la atmósfera.

El Acuerdo de París contra el cambio climático entró en vigor el 4 de noviembre. Es el marco internacional donde los Estados asumen el compromiso colectivo para frenar el calentamiento global a largo plazo por debajo de los 2ºC. La mala noticia es que el Acuerdo no concreta medidas para lograrlo. Cada Estado decide qué hacer en su territorio. O no. Y el COOP22 de Marrakech no ha concretado ni aprobado medidas para frenar el calentamiento global.

El principal problema para reducir los gases de efecto invernadero es el enorme poder del sector energético de combustibles de origen fósil (carbón, gas y petróleo), emisores de esos gases. Poder que frena los planes de reducción de gases, porque toca sus beneficios. Pero el dilema es diáfano. O se neutraliza al sector de combustibles fósiles y se cambia el modelo energético por otro de energías no contaminantes o la Tierra va al desastre. El problema se ha agravado con la elección del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, negacionista del cambio climático, que piensa retirar a EEUU (el que más contamina con China) de los acuerdos internacionales contra el calentamiento del planeta. Y eso tendría consecuencias muy graves.

Lo cierto es que, según aumenta la temperatura global, las consecuencias son peores para mucha población del planeta. De no frenarse la temperatura global, por ejemplo, las lluvias serán más irregulares y erráticas. Y disminuirá la producción de alimentos. Si aumenta la temperatura global, aumentará el hambre. Y las muertes.

Hay que actuar con energía contra el calentamiento global. Nos va la vida en ello. Y no es exageración.

COP21, un encuentro inútil para frenar el cambio climático

Hubo en París el COP21, reunión de todos los países bajo los auspicios de la ONU para tomar medidas contra el cambio climático. El resumen del encuentro es breve: los gobiernos no han tomado ninguna medida concreta para frenar el calentamiento global. Mucho hablar, pero ningún plan ni propuestas que frenen ese cambio. El único resultado es que los países reducirán las emisiones de gases de efecto invernadero… si les da la gana. Inexplicable ausencia de medidas cuando ya no cabe duda de que esos gases son causa del cambio climático. Gases que alcanzaron un nuevo máximo de concentración en la atmósfera en 2013, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM). El mayor aumento anual en 30 años. Lo que lleva a la OMM a considerar “urgente una acción internacional contra la aceleración del cambio climático“. Pero ni caso. En el COP21 de París no parecen haberse enterado. Prevalecen los intereses económicos de una minoría por encima de la vida de la gente, de la conservación de la Tierra.

El COP 21 ha ignorado olímpicamente los crecientes fenómenos meteorológicos extremos responsables de la cuasi desaparición de pequeños estados insulares por tempestades, inundación y subida del nivel del mar; la destrucción por esos fenómenos de infraestructuras y servicios (electricidad, agua, atención a emergencias…); la pérdida de ecosistemas marinos y costeros y de medios de vida para muchas poblaciones por esa destrucción; la muy preocupante reducción de la superficie forestal, agua más escasa y la destrucción de la diversidad biológica…

El cambio climático amenaza a todos, aunque los pobres paguen mayor factura. Sequías, incendios, violentas tormentas, huracanes destructores, inundaciones nunca vistas, malas cosechas, subidas del nivel del mar… Cabe recordar a los escépticos Nueva Orleans devastada por el huracán Katrina en 2005, las graves inundaciones de Pakistán en 2010, la mortal sequía de Etiopía en 2011, el estado de Colorado arrasado por incendios forestales en 2012, el destructor tifón Hayan en Filipinas en 2013, en 2014 el pavoroso incendio de Yosemite en California y la ola de frío en el estado de Nueva York, los letales tornados hace unos días en Texas (EEUU) y las enormes inundaciones en el norte de Inglaterra y Escocia estas navidades.

Sin embargo, estamos a tiempo de frenar el calentamiento global, según la científica afirmación de los expertos en clima de la ONU, siempre y cuando se actúe con rapidez y contundencia. Pero no se frenará ni una pizca el cambio climático con los parloteos inútiles de un COP21 incapaz de llegar a acuerdo alguno que merezca tal nombre.

Porque los pretendidos acuerdos de París son humo. No obligan a nadie ni establecen sanciones por incumplir medidas contra el calentamiento ni nada parecido. Por no hacer ni siquiera nombra a los combustibles fósiles, verdaderos ‘malos’ de esta película. Tampoco establece plazos para reducir hasta eliminar el uso de esos combustibles ni propone transición energética alguna del petróleo a energías limpias y renovables. Y, por supuesto, no hace el menor caso a la recomendación de la ciencia de olvidar en el interior de la Tierra, como si no existieran, por lo menos dos tercios de las reservas conocidas de combustibles fósiles.

El COP21 de París ha escondido la cabeza bajo el ala. Pero no frenaremos el calentamiento global con juegos malabares sin ir a la raíz del problema. Y la raíz se llama petróleo. ¿Difícil? Sí, pero no imposible.  Hay que elegir entre vida o muerte. Continuar con el petróleo es aceptar la muerte.

Abundando en la cuestión, según la OMM y la NASA, 2014 fue el año más caluroso desde 1880, cuando se empezaron a registrar temperaturas. El más caluroso de varios años calurosos en décadas calurosas. “Una tendencia del cambio climático atribuible a las emisiones de gases de efecto invernadero”, asegura Gavin Schmidt, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA.

La situación es grave y tan cerca de ser irreversible que hay que empezar a dejar el petróleo y abandonar los combustibles de origen fósil. Como el adicto a la heroína, o el mundo se desengancha del petróleo o muere.

Tiempo de decir basta al petróleo, pero 2015 no es el año en el que se empezó a dejar de depender de los combustibles derivados del carbono. Una vez más, la ciudadanía, los pueblos, han de moverse para lograr otro modelo energético y frenar el cambio climático.

Cambio climático y capitalismo

Los refugiados políticos en el mundo son 12 millones, pero los desplazados por consecuencias del cambio climático son  ya 25 y pueden llegar a ser 200 en 2050 según el informe Cambio Ambiental y Escenarios de Migración Forzada elaborado por siete universidades.

Africanos de Sudán, Eritrea, Somalia y Etiopía emigran a a Arabia Saudí, por Yemen, huyendo del avance de la desertización de sus países. La lluvia en Senegal ha disminuido un 50% en los últimos veinte años, han desaparecido tierras de cultivo y la gente emigra a Europa en cayuco. En Mozambique huyen miles de desplazados por inundaciones. Mucha gente emigra de Bangladesh, donde también sube el nivel del mar, y por destructoras inundaciones cada vez más frecuentes. Del archipiélago Tuvalu en el Pacífico emigran a Nueva Zelanda por la misma razón, la subida del nivel del mar. En China hay migraciones por el avance de la desertización. En la región andina de Ecuador disminuyen las lluvias y eso provoca más emigración a Europa. En Murcia y Almería de España avanza la desertización con grandes sequía. Los incendios incontrolables de Australia también tienen que ver con el cambio climático…

La aplastante evidencia de los efectos del cambio climático no parece mover a los gobiernos a tomar medidas que reduzcan la emisión de gases de efecto invernadero. Pero la ciudadanía y las organizaciones de la sociedad civil sí son conscientes del grave problema. Por eso hubo hace unos días una multitudinaria movilización ciudadana global para exigir medidas contra el cambio climático. Millones de personas se manifestaron en 2.808 ciudades de todo el mundo para presionar a la Cumbre del Clima en Nueva York, ciudad en la que se movilizaron más de 300.000 personas.

Según el Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de la ONU (GIECC) el cambio climático será causa de la desaparición de medios de sustento en zonas costeras y pequeños estados insulares por tempestades, inundaciones y subida del nivel del mar; riesgos graves para la salud y desaparición de medios de sustento de grupos urbanos por inundaciones en el interior; destrucción de infraestructuras y servicios vitales como agua, electricidad, instalaciones sanitarias por fenómenos meteorológicos extremos; más mortandad y enfermedades en períodos de gran calor y más hambre por destrucción de sistemas de alimentación; pérdida de recursos y sustento en zonas rurales por severa reducción del agua potable y de riego; pérdida de bienes y servicios en comunidades costeras y de pescadores en los trópicos y en el Ártico…

¿Se puede contener el aumento de temperatura global y el consecuente cambio climático? Sí, si se toman medidas, pero pronto, según el GIECC. Entre otras, transformaciones tecnológicas profundas y cambios en la conducta individual y colectiva para sustituir el consumismo por el consumo responsable. Y que el petróleo deje de ser la principal fuente de energía.

Para frenar el aumento de la temperatura de la Tierra a 2º C como máximo es imprescindible reducir la emisión de gases de efecto invernadero de un 40% a 70 %, según zonas, respecto a la emisión total de 2010. Más allá de 2º C, las consecuencias son catastróficas.

Desde la revolución industrial, la emisión de gases de efecto invernadero ha aumentado sin cesar. Esos gases alcanzaron un nuevo máximo en 2013, según un reciente informe de la Organización Meteorológica Mundial. La concentración de dióxido de carbono, principal responsable del calentamiento global, aumentó en 396 partes por millón en 2013; el mayor aumento anual en 30 años. No aprendemos, pero el cambio climático es cuestión de vida o muerte: continuar la historia de la humanidad o desaparecer. Como desaparecieron los dinosaurios.

Según ha escrito el ecologista Florent Marcelleci “para evitar un aumento de temperatura de más de 2º (acordado en la cumbre de Copenhague de 2009), el PIB mundial tendría que disminuir más de un 3% anual; 77% entre hoy y 2050”. Y el economista francés Michel Husson, citado por Marcelleci, plantea un dilema: crecimiento y consecuencias climáticas desastrosas o reducir el PIB y recesión con duras consecuencias sociales. ¿Es así? ¿No hay otra alternativa? Los analistas estadounidenses Fred Magdoff y John Bellamy Foster sostienen que el dilema es propio del capitalismo, porque el capitalismo necesita crecimiento y el crecimiento lleva al desastre climático. Sin olvidar que lo de un capitalismo sostenible, en un sistema que se mueve por los beneficios, es el sueño de una noche de verano. Pero si sustituimos el capitalismo, como condición necesaria, es posible una civilización ecológica sin desigualdad. Ardua y dura tarea, sin duda, pero ¿hay otra opción?

¿Frenar el cambio climático en el capitalismo?

Noticiero televisivo. Lluvias torrenciales en Estados Unidos. Una calle se hunde y arrastra docenas de automóviles, aceras, vía del tren… En segundos desaparece una manzana entera de la calle 26 de Baltimore. Solo una muestra. Las consecuencias del cambio climático están ahí. Subida del nivel del mar, océanos más ácidos, sequías e inundaciones dejan sus huellas terribles en todo el planeta. Incluso un reciente informe de la Casa Blanca reconoce las tremendas consecuencias del calentamiento en su territorio, pero nada propone. Tal vez porque Estados Unidos es el segundo país del mundo, tras China, que emite más gases de efecto invernadero. Y esos gases son responsables del cambio climático.

Desde hace años, muchas zonas de la Tierra son castigadas por temibles huracanes, destructoras tormentas tropicales, diluvios, sequías letales, inmensos incendios incontrolables por la tremenda sequedad ambiental, mientras avanza la desertización y se reducen los polos. El Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de la ONU (GIECC) ha concretado las consecuencias de éste en su quinta valoración sobre calentamiento global. Y son para echarse a temblar.

Desaparición de medios de sustento en zonas costeras y pequeños Estados insulares por tempestades, inundaciones y aumento del nivel del mar. Riesgos graves para la salud y desaparición de medios de sustento de grupos urbanos por inundaciones en el interior. Destrucción de infraestructuras y servicios vitales (agua, electricidad, sanidad y protección social) por fenómenos meteorológicos extremos. Más mortandad y enfermedades en períodos de calor extremo. Más hambre por destrucción de sistemas de alimentación. Pérdida de recursos y sustento en zonas rurales por reducción grave de agua potable y de riego. Pérdida de bienes y servicios en comunidades costeras y de pescadores en los trópicos, en el Ártico…

El informe ratifica que, en los últimos 40 años, ha crecido la emisión de gases de efecto invernadero. De 2000 a 2010 ha aumentado mucho más que en los treinta años anteriores. Y Rajendra Pachauri, presidente del GIECC, alerta de que “si no se adoptan medidas para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, el cambio climático avanzará y la estabilidad social quedará muy amenazada. El cambio climático propiciará conflictos violentos, guerras civiles y violencia entre comunidades”.

Unas amenazas cercanas y reales que tienen que ver con la libérrima y desregulada actuación de las élites económicas durante décadas para aumentar beneficios. Algo inherente al capitalismo. La única salida para frenar el cambio climático es reducir de verdad la emisión de gases de efecto invernadero. Pero para afrontar el cambio climático, los autores del informe proponen más de lo que ya ha fracasado: colaboración público-privada, préstamos, pago de servicios ambientales, aumento de precio de los recursos naturales, impuestos y subsidios, normas y reglamentos, reparto del riesgo y mecanismos de transferencia. Medidas aplicadas algunas desde 1992, tras la conferencia de Río, que no han detenido el cambio climático y sí aumentado la desigualdad. Y es que no se ataca de raíz la dependencia del petróleo, la madre del cordero de la emisión de gases de efecto invernadero.
¿Por qué vamos hacia un suicidio colectivo? Porque los países capitalistas más contaminantes (incluida China como capitalista, aunque sea de Estado) impiden un acuerdo mundial obligatorio para frenar en serio el cambio climático.

¿Es posible contener el aumento de temperatura global a 2º? El GIECC dice que sí, si se toman pronto medidas. Transformaciones tecnológicas y cambios reales de conducta individual y colectiva. Solo posibles con cambios políticos y grandes inversiones.

Contener el aumento de temperatura de la Tierra a 2º (más allá de la que las consecuencias son mucho más graves) significa reducir la emisión de gases de efecto invernadero de 40% a 70 % respecto a la emisión total de 2010. Para empezar. En España, ante la propuesta de un mercado de intercambio de emisiones, como presunto modo de reducción de emisión de esos gases, un empresario respondía entusiasmado que, si había negocio, se podía hablar. Y esa es la cuestión, que no puede haber negocio alguno si de verdad se quiere frenar el cambio climático. Precisa un cambio profundo, un mundo muy lejano a nuestro mundo actual. Y es posible, por difícil que se vea.

Afrontar el cambio climático es cuestión de vida o muerte: continuar la Historia humana o desaparecer como los dinosaurios. Y con el capitalismo (incluso el más “humano y justo” al estilo Roosevelt de Thomas Piketty y compañía) no se frena el cambio climático. Como es imposible que un zorro sea buen guardián de un gallinero.