Propiedad, multinacionales y derechos humanos

M, vecino de Hospitalet de Llobregat, en España, fue despedido. Está casado y tiene una hija. La crisis. Agotó el subsidio de desempleo y luego sólo logró una pensión de 300 euros por sufrir depresión al no encontrar trabajo. No podía pagar el alquiler y ocupó con su familia un piso vacío de protección oficial en el municipio citado. El piso ocupado era propiedad de la Generalitat de Cataluña, que, lamentablemente, actuó como cualquier empresa privada a la búsqueda de beneficios. Adigsa, empresa pública que administra pisos de protección oficial, le pidió 9.000 euros a M por alquileres y, como no podía pagar, le anunciaron que lo desahuciarían, que lo echaban a la calle, vamos.

M pidió un mes de demora, pero le dieron la callada por respuesta, entonces fue al ayuntamiento de l’Hospitalet y pidió que los alojaran en un albergue, porque en la calle hacía mucho frío. No le atendieron. Un día antes del desahucio, a las cinco de la tarde, M salió de su casa con una cuerda al hombro y se ahorcó en el parque de las Setas del barrio del Gornal en Hospitalet de Llobregat.

En el primer año de la llamada crisis, con recortes, despidos y aumento creciente de desempleo, se iniciaron miles de desahucios. La gente perdía el empleo, no podía pagar la hipoteca o alquiler de la vivienda y los desahuciaban. A la calle. Entre 2008 y 2012, según informe de la Plataforma de Afectados por le Hipoteca (PAH) hubo casi 245.000 expulsiones de sus viviendas de gente, tanto por impago de hipoteca como de alquiler. Y, en el Reino de España, hubo en los primeros meses de crisis más de cuarenta suicidios asociados a desahucios, algunos, para que no hubiera dudas dejaron notas que explicaban la razón de recurrir a tan desesperada medida: quedarse en la calle. ¿Para qué demonios sirve la vigencia legal del derecho a la vivienda, a la vida digna que incluye, si se pasan por el arco del triunfo los derechos de la gente?

Tal vez el error fue incluir también en la Declaración de Derechos Humanos el derecho a la propiedad privada en el artículo 17. Sin matices ni aclaraciones. Como una patente de corso, pues parece incuestionable que empezaron los problemas cuando hace miles de años alguien marcó un espacio de tierra y dijo: Esto es mío. Desde entonces los derechos a una vida digna, al sustento, al trabajo a un techo digno… no casan con ese derecho a la propiedad.

¿Hay alguna razón digna de ser escuchada para que la propiedad sea prioritaria sobre el derecho a la vivienda y a la vida digna?

Vistas las maniobras para vaciar la democracia por grandes empresas y corporaciones, como aprobar los tratados bilaterales TTIP, CETA, TTP…, es evidente que han declarado la guerra a los derechos humanos de la gente. Relacionar desahucios y suicidios pudiera ser considerado extremo, pero esclarece responsabilidades y muestra la calaña de la depredación global que algunos insisten en llamar crisis. Es saqueo puro y duro. La mayoría ciudadana forzada al servicio de una obscena minoría. El imperio de la codicia sin freno.

Amenazas sobre la gente, tanto o más graves que lo narrado, se ciernen contra los derechos humanos de mucha gente y la protección de la Naturaleza. ¿Olvida esa minoría codiciosa que solo tenemos esta Tierra y sus recursos son limitados? Y no vale proponer emigrar a Marte, no por no factible (al menos todos o muchos), tampoco deseable, puestos a ser sinceros. Además, resolver los problemas de aquí en otro espacio suena a creencia religiosa; es la vieja fantasía de aguantar aquí y ser felices en otra vida mejor.

Pero aterrizando, son amenazas contra la gente y la Tierra los planes mineros, forestales, energéticos, eólicos, hidroeléctricos, termoeléctricos… en muchos países del antaño denominado Tercer Mundo. Planes de corporaciones denunciados por la ciudadanía, entidades indígenas y otros actores. Proyectos que supondrán obscenos beneficios para una reducida minoría de accionistas, ejecutivos, cómplices académicos, mediáticos y políticos, pero son un verdadero saqueo para la mayoría de ciudadanos en América Latina, África, Asia…

En la confrontación entre poder económico y derechos humanos de la gente, hay que estar con la gente. Otra opción sería ser cómplice de una injusticia repugnante y del desastre que nos amenaza.

Otras políticas para acabar con una crisis que es saqueo

Hace semanas, los “mercados” (eufemismo de banca, fondos de inversión y grandes fortunas) celebraban la vuelta de Argentina a la ortodoxia neoliberal. Tras la boicoteada devaluación del peso, el Gobierno aprobó medidas de “austeridad”.

En Europa, el nuevo primer ministro francés, Manuel Valls, anunció que ahorrarán 50.000 millones de euros con recortes y rebajas en protección social y sanidad pública, más la congelación salarial de funcionarios, no revalorizar pensiones y prestaciones y otros recortes. “No podemos vivir por encima de nuestras posibilidades”, tuvo la desfachatez de decir. La Francia gobernada por presuntos socialistas regresa a la austeridad abiertamente.

¿Acaso no conocemos ampliamente qué ha reportado la austeridad desde que se impuso? Los Nobel de Economía Krugman y Stiglitz alertaron una y otra vez ya desde 2010 que elegir la austeridad era ir hacia el desastre, la injusticia sistemática, la desigualdad… Cuatro años después, el aviso se ha cumplido sin el menor resquicio de duda. Además de que con austeridad no se recupera la actividad económica ni a tiros. Salvo la que beneficia a la minoría de siempre que, para más inri, es la responsable de la crisis.

En España, sin necesidad de recordar que se destruyen empleos sin cesar (como demuestra la última Encuesta de Población Activa), la población infantil en riesgo de pobreza y exclusión social ya son cerca de tres millones. Lo documenta el último informe de Save the Children. Aumentan los niños y niñas bajo el nivel de pobreza. Según Eurostat, 250.000 más de 2011 a 2013. Y, según denuncia Acción contra el Hambre, 10.000 niños mueren de hambre diariamente en el mundo. La austeridad tiene mucho que ver. Continuando con el hambre, en Estados Unidos la media de “inseguridad alimentaria” de menores (eufemismo para hambre o desnutrición) es del 20%. Uno de cada cinco niños estadounidenses pasa hambre o está desnutrido.

En España, una de cada cuatro familias sobrevive con la pensión del abuelo o abuela. Lo que sugiere que a menudo no habrá bastante para alimentarse adecuadamente; sobre todo con la cuantía de la mayoría de pensiones. Según un estudio del sindicato Comisiones Obreras, el 27% de los hogares españoles se sostiene por un o una pensionista. Es decir, 12.700.000 de personas malviven, porque las pensiones nada generosas además no se han revalorizado. Por austeridad.

Una investigación de la universidad de Portsmouth relaciona recortes presupuestarios en Grecia con el aumento de suicidios de hombres. Nikolaos Antonakakis y Alan Collins han analizado el efecto directo de la austeridad en la tasa de suicidios de ese país. En 2009 y 2010, 551 hombres se quitaron la vida en Grecia por las consecuencias de esas políticas. Y calcularon que por cada 1% de recorte en el presupuesto público aumentaron un 0,43% los suicidios masculinos.

Según las falacias neoliberales, esos desastres sólo pasan en países del sur que han vivido por encima de sus posibilidades. Nadie ha vivido por encima de sus posibilidades, salvo que así se juzgue el disfrute de derechos sociales. Y además, en todas partes cuecen habas de austeridad, pobreza y desigualdad, porque en la desarrollada Alemania, según su Oficina Federal de Estadística, a pesar del teórico aumento de empleos, fueron muchas menos las horas trabajadas en 2013 que en 1991. Porque cada vez hay más gente que trabaja media jornada y cobra media jornada. Más de siete millones cobran 450 euros mensuales. ¿Quién vive con dignidad con ese ingreso?

En Alemania es pobre quien gana menos del 60% del salario medio. Es decir, quienes ganen menos de 840 euros mensuales. Un pobre en Alemania puede no serlo en otros lugares con esos ingresos, pero si se tiene en cuenta el coste de la vida, la cifra que marca la línea de la pobreza ya no parece tan aceptable. Más de un 16% de la población alemana sufre “riesgo de pobreza”. Pues ya no basta con tener empleo para no ser pobre. Según Sebastian Dullien, los retrocesos de la última década por austeridad han creado un nuevo ciudadano: el empleado pobre. Pero hay más. Un 30% de jubilados de Alemania recibe una pensión de 688 euros, muy por debajo del nivel de pobreza antes indicado. Esas muestras y datos son extensibles a todos los países de la Unión Europea.

Lo cierto es que la austeridad condena a gran parte de la ciudadanía a la pobreza. Para que una minoría de banqueros, grandes accionistas, tenedores de fondos y grandes fortunas se enriquezca más. Ahí están los datos de desigualdad e injusticia que tanto hemos comentado.

Pero hay políticas económicas para salir de la crisis, para acabar con el saqueo, que nada tienen que ver con la austeridad. Que solo dependen de la voluntad política. Regular movimientos de capitales e impuestos a transacciones financieras. Eliminar paraísos fiscales. Transparencia en la economía y gestión pública. Defensa de lo público. Contra las privatizaciones. Impuestos progresivos que redistribuyan la riqueza. Fuerte banca pública. Condonar la deuda de países empobrecidos… ¡Claro que hay salida! Con otros principios y valores que la inspiren. Y con otra correlación de fuerzas que la ciudadanía en lucha consiga afianzar.

Pobreza, neoliberalismo y austeridad

Seis hombres se prendieron fuego en Bulgaria y otro lo intentó en las últimas semanas. Cuatro fallecieron, dos quedaron gravemente heridos y el otro se salvó porque la policía impidió que se quemara. Por pura desesperación y por los sufrimientos e incertidumbres que la crisis y sus falsas soluciones causan a la población. Esos días, docenas de miles de personas salieron a la calle manifestándose contra la pobreza y la corrupción. Y derribaron al Gobierno.

A pesar de que su déficit es inferior al 2% del PIB, en Bulgaria se aplica férreamente la implacable austeridad que impone la Unión Europea. Una austeridad que ha desintegrado el sector público, recortado la atención hospitalaria, congelado salarios y pensiones y reducido ayudas al desempleo mientras el paro aumenta aceleradamente. El resultado es que, según Eurostat, el 49 % de búlgaros vive en la pobreza.

2010 fue elegido por la Unión Europea como año límite para erradicar la pobreza del continente. Pero ese año había 80 millones de personas que vivían por debajo del umbral de pobreza. Peor aún, en 2012 ya eran 120 millones los europeos pobres con severas privaciones materiales.

Según el estudio de Eurostat, con Bulgaria, sufren considerable pobreza Rumanía y Letonia con un 40% de población empobrecida; Lituania 33%; Grecia y Hungría 31%, y España y Grecia casi 22%. Docenas de millones de personas solo sobreviven en Europa. Sobrevivir, que no es vivir. Incluso en Alemania se nota la pobreza. Una pobreza nada casual.

Un informe de 2011 sobre derechos sociales y económicos en Alemania, elaborado por veinte ONG (entre ellas Amnistía Internacional),muestra que el país se ha degradado. La Agenda 2010, definida por el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung como la mayor amputación de derechos sociales en Alemania desde el final de la Segunda Guerra Mundial, impuso los recortes y la austeridad que han causado el retroceso.

Las cifras oficiales dicen que hay unos 3 millones de parados. Cifra no escandalosa, cierto, pero más de 5 millones de personas con empleo necesitan ayuda social para vivir porque los sueldos no alcanzan para hacerlo con la dignidad mínima exigible. La precariedad laboral establecida ha creado una nueva categoría: pobre a pesar de tener trabajo.

Cruz Roja y Media Luna Roja han informado de que esos pobres nuevos aumentan en Europa. Más de 26 millones de personas no tienen empleo en esta Unión Europea en recesión y millones de personas sufren por falta de alimentos y de asistencia médica, pueden ser desahuciados o ya perdieron sus casas.

Oficialmente, ser pobre es disponer de menos del 60% del salario medio de un país. En el caso español, el umbral de pobreza para un adulto que viva solo está en 6.278 euros anuales. Y para una familia de padres y un hijo menor, el umbral de pobreza es 11.300 € anuales. Treinta euros diarios para pagar vivienda, luz, agua, calefacción, alimentarse, vestirse… Es decir, ser pobre.

La austeridad como respuesta falaz a la crisis ha conseguido que millones de europeos que antes vivían sin sobresaltos, ahora lo hagan de forma complicada y precaria. Tener trabajo y estar en riesgo de exclusión social ya no es un absurdo en Europa. Rebajas salariales, subidas de precios, pérdida de poder adquisitivo, disminución y empeoramiento de servicios públicos más aumento de inestabilidad laboral han aumentado el número de personas que, aún con empleo, roza la pobreza. En España, por ejemplo, la tasa de esa pobreza laboral pasó del 10,7% en 2007 al 12,7% en 2012, según un estudio de la Fundación Alternativas.

La impuesta austeridad que ha generado toda esa pobreza en Europa consiste en quitar dinero a la ciudadanía para rescatar bancos, financiar la crisis bancaria con deuda pública, aprobar reformas laborales para abaratar el despido, sustituir impuestos directos por indirectos,tolerar de hecho un fraude fiscal enorme, privatizar lo público… La austeridad es el medio de transferir rentas de las clases trabajadoras a la minoría rica dominante.

El resultado de la austeridad impuesta desde 2010 en Europa para afrontar la crisis es un innegable fracaso. Dos años después de esa imposición, los mercados no se han calmado, no hay crédito, no hay recuperación económica, hay recesión, no disminuye el déficit, crece la deuda pública, la privada es impagable, disminuye el consumo, se cierran empresas y aumenta aceleradamente el desempleo. Un descalabro. Esa pretendidaausteridad despilfarra bienestar, destruye empleo y dinamita la actividad económica presente y futura. Eso es dilapidar, eso es derroche.