Claro que podemos

Es frecuente oír con amargura que nos machacan. Que es inútil denunciar injusticias y fútil desvelar el saqueo que nos empobrece. Que es infructuoso manifestarse porque al gobierno y a las instituciones de esta democracia vacía les da igual. Que no nos temen. Pero ese quejío solo demuestra que hay pesimismo, desistimiento. No significa que no haya nada que hacer y menos aún que nada se haga.

¿Por qué no estamos en la calle con lo que pasa? es lamento frecuente. Porque, a pesar de todo, aún hay mucha gente que tiene algo que perder. Y, mientras así sea, no se vence el miedo. Y, sin vencer el miedo, no hay cambio social que valga.

Sin miedo se sale a la calle, se ocupa pacífica y masivamente, se planta la ciudadanía, desobedece y cambia las cosas. Olga Rodríguez ha escrito un excelente libro sobre las revueltas árabes titulado Yo muero hoy. Tremendo título. Porque fue lo que decía mucha gente concentrada en la plaza de Tahir, en El Cairo, los últimos días de la batalla contra la dictadura de Mubarak: Yo muero hoy. Pero aquí aún queda mucho trecho para que mucha gente tenga esa actitud. No morir, sino arriesgar, jugársela.

No salen masas a la calle porque mucha gente parece tener aún los mismos valores y principios del sistema que nos explota, engaña y reprime. Ganar dinero y poseer muchas cosas materiales es fundamental; la competitividad es buena, imprescindible; la clave es el crecimiento, hemos de crecer para crear empleo; ha de aumentar el consumo… Y así hasta completar casi todo el dogma neolibral. Creencias, nunca verdades.

No se pone en cuestión este sistema capitalista ni la injusta y desigual sociedad que ha engendrado. Incluso hay quien cree que la solución sería volver a 2007, antes de que empezara este tormento de crisis. En nuestro país, además, tampoco se cuestiona el régimen monárquico neoliberal, bipartidista, corrompido y cada vez más autoritario que mangonea España.

Que la intención de voto según un sondeo reciente sea 33,5% para el PSOE y 32% para el PP (más allá de las trampas que “cocinan” las cifras), indica con claridad meridiana cuanta gente equivoca la diana. El camino para cambiar esta sociedad, pues, es largo y difícil.

Por eso no sale la gente a la calle. Que solo la mitad de la población cuestione la monarquía a estas alturas indica el aún reducido nivel de conciencia crítica que hay. Y la conciencia crítica no se improvisa. Pero, a pesar de todo, se avanza y la situación es mejor que antes del 15 M, por ejemplo. Porque transformar la sociedad y el país no es una carrera de velocidad, sino una maratón.

Porque los cambios necesitan tiempo, Marzouki (que ha vivido luchando por la democracia en Túnez) nos cuenta lo que aprendió de su abuelo que sembraba en el desierto. “Se siembra en tierra árida y esperas. Si llueve, hay cosecha, porque el desierto, tras la lluvia, es como Asturias. Caminas sobre tierra quemada, pero, cuando llueve, uno se pregunta cómo ha sido posible: flores, vegetación, verdor… Porque las semillas estaban ahí.” Sembrar es aumentar la conciencia crítica, organizarse, construir la unidad, trabajar la vía electoral de abajo a arriba… para transformar esta sociedad a otro mundo posible, más justo y decente.

Se avanza. No es la victoria total, pero se ganan batallas. En Burgos, el ayuntamiento ha renunciado a construir un bulevar y parking subterráneo, tal como reivindicaban los vecinos y vecinas del barrio de Gamonal. Y en Madrid, el gobierno de la región da marcha atrás en la privatización de seis hospitales públicos, tras largo tiempo de lucha intensa y sin desfallecer. La PAH ha logrado numerosas victorias, evitado desahucios, alojando a desahuciados en viviendas ocupadas… y ahora,  Joaquín Colubi Mier, titular del Juzgado de 1ª Instancia 7 de Avilés, ha suspendido en su jurisdicción todos los desahucios hasta que el Tribunal Constitucional resuelva si son o no constitucionales.

Se avanza. Pero hay que quebrar el desistimiento que surge en ocasiones. Como escribe Monedero, “para el régimen es esencial impedir que el pueblo salga del sopor conformista y también que crea que no hay nada que hacer. Porque el poder sabe la potencia de la ciudadanía indignada. Y nos tiene más miedo del que imaginamos. ¿De no ser así, por qué aprueban ahora una ley de seguridad ciudadana que convierte en delito casi cualquier protesta en el país con menos delincuencia de Europa? Porque el régimen borbónico bipartidista del 78 sabe que su situación en España está sujeta con pinzas. Y si empezamos a decir que sí se puede…”

Claro que se puede. Como cuenta El Roto en una de sus agudas ilustraciones: No dejéis que salgan a la calle, no sea que se den cuenta de los muchos que son. Y Gandhi nos enseñó que “siempre ha habido tiranos y, por un tiempo, parecían invencibles. Pero siempre caen. Siempre.

Todo cambio parece imposible hasta que se logra, decía Mandela. Pasó 27 años en la cárcel, pero logró una Sudáfrica libre de apartheid. Cuestión de esperanza.

Claro que podemos.

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Cuestión de derechos, ni beneficiencia ni caridad

En Europa, la crisis convertida en saqueo, la implacable austeridad que todo lo empeora y los rescates financieros han aumentado la desigualdad. Y no dejarán de hacerlo. Pero las minoritarias élites económicas y los gobiernos a su servicio pretenden que esta dramática situación -recuerda el profesor Charles Wyplosz – es el precio a pagar por los excesos del pasado, despilfarros y falta de reformas. Indignante. ¿Olvidan que ellos causaron la crisis?

El profesor Costas Lapavitsas acierta cuando asegura que “las políticas de rescate no han hecho más que agravar la desigualdad con reducción de salarios y pensiones, mayor desempleo y reducción del Estado del Bienestar. La Unión Europea se ha convertido en un proyecto neoliberal puro, elitista y socialmente insensible. Y, dadas las escasas perspectivas de esta Europa, las cosas solo pueden empeorar”. ¿Cómo? Eurostat, la Comisión Europea, la OCDE y el Banco Mundial reconocen que la desigualdad ha aumentado peligrosamente en Europa. La brecha entre ricos y pobres crece sin cesar en el mundo, salvo en algunos países de América Latina, y en los últimos años avanza veloz en Europa.

En España, por ejemplo, en 1976, el presidente del tercer banco español ganaba 8 veces más que el empleado medio; hoy gana 44 veces más. En ese mismo año, en Estados Unidos, el primer ejecutivo de General Motors cobraba 66 veces el sueldo de un empleado medio, pero hoy, el presidente de Wal-Mart gana 900 veces más que un empleado. Los más ricos lo son mucho más, indecentemente; hay más pobres y la brecha entre unos y otros es mucho mayor. Una desigualdad criminal.

¿Más, más pobres? Sí, los británicos que se ven obligados a recurrir a instituciones benéficas para comer se han multiplicado por veinte desde el inicio de la llamada crisis, según un reciente informe de Trussell Trust. Y el gobierno de Italia reconoce que la pobreza ha subido a su máximo nivel desde 1997. En tanto que los españoles atendidos por Cáritas han pasado de 370.000 a 1.300.000. Y en Grecia vuelven a sufrir malaria y peste. Mientras la banca europea acumula beneficios. Parece incontestable que pobreza y desigualdad campan a sus anchas.

Son evidentes las catastróficas consecuencias de la llamada crisis. Y en el reino de España, siempre tan peculiar, se recurre de nuevo a la caridad como alternativa. Un par de programas televisivos, uno estatal y otro andaluz, fomentan la caridad para que ciudadanos particulares ayuden a quienes están peor que ellos. Sensacionalista y lacrimógeno, el programa televisivo estatal fomenta una caridad vergonzante, la indigna beneficencia. La prensa francesa lo llama “programa de televisión para pobres”.

Pero lo de dar de comer al hambriento en el peor estilo de beneficencia no es solo cosa de televisión. Algunos bancos de alimentos son ejemplo de beneficencia paternalista. Porque los beneficiarios son meros receptores sin voz, interacción o reflexión. Pasar hambre deviene una desgracia, como que te caiga un rayo, y nadie ha de responder por ello. Da igual que ya sean más de dos millones quienes no comen todos los días, según cálculo de Oxfam Intermón.

Otra cosa son los grupos solidarios de ciudadanos o redes de distribución de alimentos organizados por vecinos y trabajadores. Éstos lo hacen sin asomo de paternalismo, conscientes de que repartir comida es un parche necesario, pero parche. Además, las redes de solidaridad popular integran a los beneficiarios del reparto de alimentos. Así es, por ejemplo, en el grupo de vecinos que reparte alimentos en un local ocupado del barrio Ciutat Meridiana de Barcelona. Esperando que llegue cuanto antes el momento en el que no tengan que repartir más alimentos, porque, incluso en situaciones de emergencia, es el Estado el que ha de atender las necesidades de la ciudadanía que lo precise. Desde la alimentación, si es el caso, hasta el cuidado de la salud, la educación… Cuestión de derechos, no beneficencia ni caridad.

En España, como antes ocurrió en buena parte de Europa, la democracia puso fin a instituciones benéficas públicas o privadas que paliaban la exclusión y la desigualdad social, recuerda Antoni Papell. Y se inició el llamado estado de bienestar, que es mejor denominar estado de derechos sociales.

Pero la crisis convertida en saqueo ha hecho estallar el estado de derechos sociales y, con la pobreza y la desigualdad, surgen como setas en otoño la beneficencia, la caridad… y desaparece la justicia. Pero el único camino aceptable es satisfacer todos los derechos de todos. No hay otro.

Porque decimos que nos llevan a un régimen autoritario

 

Hechos. El Grupo de Trabajo de la ONU sobre desapariciones forzadas exigió al Estado español que investigará de una vez los cientos de miles de desapariciones forzadas del franquismo. Porque son 133.000 desaparecidos, según Amnistía Internacional y Naciones Unidas. España es el segundo país del mundo en desaparecidos forzados tras la Camboya de los jemeres rojos. Mucho más que Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay juntos bajo las dictaduras militares.

Hechos. La ONU también reclamó procesar a los responsables del franquismo de desapariciones por crímenes de guerra y de lesa humanidad. Pero el Gobierno Rajoy ha hecho oídos sordos (como hizo el del PSOE) y las víctimas de la dictadura franquista han tenido que ir a Argentina para encontrar justicia, bajo la tutela de la jurisdicción universal para los crímenes de guerra proclamada por la legislación internacional.

Más hechos. Manfred Nowack, relator especial de Derechos Humanos, ha criticado la falta de voluntad política para acabar en España con torturas y malos tratos a detenidos por policías. Amnistía Internacional ha denunciado torturas y malos tratos en España desde 2007 en tres completos y rigurosos informes. Y asegura que “no sólo hay malos tratos y torturas, sino impunidad de los torturadores”.

Todo huele a autoritarismo, pero aún hay más desmanes. Un nuevo Código Penal y una Ley de Seguridad Ciudadana del Gobierno Rajoy que jueces, fiscales, catedráticos de Derecho, abogados, oposición y movimientos sociales critican con dureza. Porque criminalizan a la ciudadanía y violan sus derechos. Incluso el Consejo del Poder Judicial lamenta que este Gobierno supere a Franco y Primo de Rivera, pues va más lejos que esos dictadores, que nunca introdujeron la cadena perpetua en el sistema penitenciario. Y el PP sí lo hace, aunque la maquillé denominándola “prisión permanente revisable”.

Para Jueces por la Democracia, esa reforma penal propuesta es ilegítima, porque la realidad de los delitos en el país no pide aumentar las conductas a castigar ni las penas. Las tasas de delitos disminuyen desde hace más de 10 años y, según Eurostat, España es uno de los países más seguros y menos violentos de Europa. Esta reforma es ilegítima por innecesaria y por crear un nuevo delincuente: el disidente político. Y eso solo ocurre en los regímenes autoritarios. Incluso desde la conservadora Asociación de Jueces Francisco de Vitoria sostienen que las propuestas de reforma penal “atentan contra derechos fundamentales de las personas, criminalizan conductas sociales y tienen un contenido marcadamente ideológico y político

Avanza el autoritarismo cuando destacados dirigentes del PP, como Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno en Madrid, afirma que la ley es muy permisiva con los derechos de reunión y manifestación. Y quiere “modularla”. ¿Permisiva? ¿Modularla? Quieren hacer ilegal la protesta ciudadana para reprimirla a placer. Como hizo la dictadura franquista.

Pero no solo de represión viven los autoritarios. Defienden a capa y espada sus intereses de clase. Según el fiscal Anticorrupción Luzón, en el nuevo Código Penal no hay voluntad política de acabar con la corrupción. La reforma -denuncia- creará amplios y peligrosos espacios de impunidad y será más difícil combatir la delincuencia organizada y la corrupción.

Si añadimos que la Fiscalía actúa para librar al PP de delitos por su caja B, se opone a que Rajoy declare en el caso Bárcenas, no investiga la destrucción de los discos duros del imputado ex-tesorero Bárcenas y se querella contra el juez Silva que envió a prisión al ex-presidente de Caja Madrid (muy amigo de Aznar), el escenario resultante es el propio de un régimen autoritario y bananero.

La minoría económica que tiene el poder provocó la crisis. Pasado el susto inicial, decidió que era buena ocasión para cargarse el llamado estado de bienestar y convirtió la crisis en saqueo. Con el pretexto de la falsamente necesaria austeridad. Pero la gente reaccionó. Y la minoría empezó a vaciar la democracia, ya muy tocada. Se pasaron por el arco de triunfo la soberanía de los países, colocaron a sus tecnócratas en los gobiernos y forzaron a tirar por el retrete los compromisos electorales. Y gobernó la Troika. Mientras tanto se violaban y violan derechos cívicos, políticos, económicos y sociales de la gran mayoría ciudadana. Pero como la gente no se quedó quieta (aunque aún no ha reaccionado cuanto se debiera), ahora toca represión.

En esas estamos. No solo en España. En toda Europa cuecen habas represivas. También en Alemania. Parte de la ciudad de Hamburgo ha sido puesto en estado de excepción para que la policía, identifique, registre y detenga cuando quiera. Así responden las autoridades a la magna protesta ciudadana contra el cierre de un centro cultural. Por ejemplo.

La hoja de ruta es diáfana, según denuncia la Plataforma en Defensa de las Libertades Democráticas. El objetivo del Gobierno, en nombre de la clase económica dominante a la que sirve, es el control férreo de la sociedad con la progresiva supresión de libertades y derechos hasta un estado autoritario de facto en el que prime el control, la vigilancia y la represión. Mientras la minoritaria clase dominante financia un aparato mediático, ideológico, jurídico, y social para simular que actúa por interés general y no de clase.

Pero cuando aumenta la protesta y la desobediencia civiles, el paso siguiente es ya quirúrgico. Se recortan libertades y derechos ley en mano para amedrentar a la ciudadanía disidente y frenar o reducir la protesta. Y el estado autoritario está más cerca con el pretexto de la paz social. Hay datos que lo demuestran. En los Presupuestos Generales del Estado del Reino de España para 2014, por ejemplo, la partida para seguridad ciudadana ha aumentado un 1,8% (5.264 millones €), cuando en los otros Ministerios se ha reducido el gasto 4,7% de media.

Es diáfano. Con la contra-reforma del Código Penal, la de Seguridad Ciudadana, la Ley de Seguridad Privada (100.000 seguratas podrán identificar, registrar y detener), la futura Ley de Huelga que recortará ese derecho y la Ley de Tasas (que impide el acceso universal a la justicia porque sale caro), se pretende acabar con la protesta ciudadana. Y al mismo tiempo crear un marco de impunidad que convierta en letra muerta las garantías constitucionales de ciudadanos y ciudadanas y establecer de hecho un estado autoritario, jurídicamente justificado. Pero ilegítimo, claro.

El reto ahora es lograr que una mayoría ciudadana pierda el miedo. Para que las cosas cambien.

ETA dejó de matar, pero no cesan los feminicidios

La media anual de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex-parejas, desde que se contabilizan hasta 2013, son 70 feminicidios por año. Desde 1968 hasta hoy, han muerto asesinadas por hombres unas 2.700 mujeres. Una cifra escalofriante. Es muy ilustrador compararla con el número de muertes perpetradas por otros asesinos: los terroristas. Desde 1968 hasta 2004, cuando dejó de matar, ETA asesinó a 829 personas. Pero esos asesinatos han armado mucho más ruido y han recibido mayor atención mediática y polítican que los feminicidios. Y también las víctimas y familiares han sido mejor atendidas, sobre todo a partir de 1999, cuando, con toda justicia, se promulgó la ley de solidaridad con las víctimas del terrorismo.

La comparación no es gratuita, pues sería muy deseable que las muertes violentas de mujeres a manos de parejas o ex-parejas provocaran el mismo rechazo que las muertes de víctimas del terrorismo. Y la misma atención política y del gobierno. Los execrables crímenes de ETA cesaron hace diez años. Pero no los feminicidios. Continuaron. En 2013, por ejemplo, 48 mujeres han sido asesinadas, aunque según las cuentas más rigurosas de la Asociación de Separadas y Divorciadas, fueron 56. Más de una mujer asesinada por semana.

Hace unas semanas, volvió el ruido mediático protagonizado por algunas asociaciones de víctimas del terrorismo, unos cuantos políticos profesionales y otros tantos ‘opinadores’ de tertulias y páginas de opinión que de todo saben y sobre todo pontifican. La causa del ruido fue la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo que obliga a prescindir a España de la llamada doctrina Parot; doctrina que hace cumplir toda la condena a los terroristas encarcelados sin tener nunca en cuenta las condiciones y circunstancias de la ley penitenciaria. Doctrina sancionada por el Tribunal Supremo del Reino, ignorante en esta ocasión de la legislación europea de derechos humanos, que España ha firmado y aceptado, así como lo que indica la propia constitución española, en la que prima la reinserción por encima del castigo.

Sin embargo no hay respuesta mediática ni política ni social acorde a la brutal e incesante enormidad de los asesinatos de mujeres por sus parejas o ex-parejas. ¿Acaso no es un modo de terrorismo? Si cada semana fuera asesinado un hombre por mujeres, ¿no creen que se organizaría un tumulto impresionante? Los políiticos harían sonoras declaraciones, el Gobierno prometería el oro y el moro para acabar con la situación, los medios informativos abrirían sus portadas con esa lacra, las tertulias abordarían casi permanentemente el problema… Pero nada de eso sucede con los asesinatos de mujeres.

Pero hay más. Además de los repulsivos feminicidios, en España, cientos de miles de mujeres sufren la violencia de los malos tratos a manos de parejas o ex-parejas. Más de 600.000 según el Centro de Investigaciones Sociológicas. Mujeres inmigrantes, campesinas, obreras, discapacitadas, amas de casa, tituladas superiores, estudiantes, empresarias… No hay distinción de clases en la cobarde y repugnante lacra de los malos tratos a mujeres.

Según el Consejo General del Poder Judicial, en España cada año se denuncian unos 140.000 delitos o faltas de violencia machista; denuncias que casi siempre acaban en sentencias condenatorias. Porque los malos tratos a mujeres y los feminicidios están muy relacionados. No todas las situaciones de malos tratos acaban en asesinato, pero muchos asesinatos de mujeres son el escabroso final de una atroz situación de malos tratos.

Del todas las situaciones de malos tratos en España, más de 16.000 mujeres maltratadas se encuentran en situación de riesgo de muerte, aunque no todas con la misma gravedad. Pero riesgo real al fin. Un riesgo que evalúan funcionarios de policía tras las denuncias de malos tratos y la indagación de la situación real de las mujeres maltratadas.

Pero los malos tratos machistas y los feminicidios no son solo problema de España. Es una lacra universal. Situaciones iguales o análogas se dan en todo el mundo. Sin excepción. En los civilizados países escandinavos, tienen los niveles más altos de violencia machista de Europa. Más de un 40% de mujeres nórdicas han sido víctimas de violencia machista. Y en Finlandia, por ejemplo, apenas se hace nada contra las violaciones sexuales, que abundan y suelen quedar impunes. Una de las formas más repugnantes de violencia machista.

Los malos tratos a mujeres y feminicidios conforman una asquerosa realidad que relega a las cavernas a los países, por más civilizados que sean o digan ser. Y, aunque se haya respondido en parte al gravísimo problema, como fue la promulgación de la ley integral contra la violencia de género en España, en absoluto es suficiente. A los hechos y resultados me remito.

Porque en el fondo, el origen de la violencia machista es la sojuzgación milenaria de la mujer por el hombre. Y una causa innegable de la misma es la discriminación por sistema que continúa relegando a la mujer social, cultural, económica y políticamente; por muchos espacios de libertad y autonomía que haya recuperado, que no son tantos.

Realmente, este mundo no será justo ni democrático hasta que la mujer ocupe su lugar en igualdad con el hombre. Y que la violencia machista sistemática sea solo un mal recuerdo.

Este mundo no es justo y hay que cambiarlo

Recordemos una vez más la respuesta de Warren Buffet a una pregunta sobre la crisis en The Wall Street Journal: “Por supuesto que es lucha de clases y mi clase, la de los ricos, gana“. Buffet es uno de los hombres más ricos del mundo y su desvergonzada contestación introduce una especie de balance de los dos últimos años de crisis, que prefiero llamar saqueo.

¿Saben que el 1% de la población de EEUU se quedó con el 95% del aumento de ingresos del país de 2009 a 2012? ¿Y que se apropió de casi el 70% del ingreso familiar real generado desde 1993 hasta el año pasado? En esos diecinueve años, los ingresos del 1% rico aumentaron un 86%, pero los del 99% restante, solo un 6,6%. Esclarecedor, ¿no? Pues eso muestra el reciente estudio de la Universidad de California en Berkeley, Striking It Richer: The Evolution of Top Incomes in the United States.

Tiene un nombre: Desigualdad. Desigualdad astronómica. Pero no solo en EEUU. Cuanto más se empobrece un país, más desigualdad hay. Hiriente, obscena. Y cuanta más desigualdad, más pobreza. Como ocurre en España. Y en Europa.

¿Qué hay al destripar las cifras de desigualdad?

En Europa, por ejemplo, en el Reino de España en particular, la llamada crisis ha sido pretexto perfecto para perpetrar un recorte de salarios sin precedentes desde 2000. Y un aumento de jornada laboral con menos retribución. Mientras se destruyen empleos en casi todos los sectores económicos. Según un informe sobre grandes empresas de la Agencia Tributaria, éstas despidieron 1,5% de sus plantillas solo en octubre. En tanto que los salarios disminuían 2,5% de media en 2012. Por eso los beneficios de las 35 mayores empresas españolas aumentaron 13% más en los primeros nueve meses del año. Y en 2014 superarán esa cifra con creces. A costa de los trabajadores y trabajadoras.

Más beneficios no por mejor gestión empresarial ni por atender con mayor acierto las necesidades del mercado. Los beneficios de los grandes suben porque el empleo disminuye y los salarios bajan. El mismo FMI constata que las empresas españolas exportadoras rebajan salarios para aumentar beneficios. Los beneficios están tan ligados a las rebajas salariales que la banca pide más moderación salarial en los próximos años  sin el menor rubor. Salarios aún más bajos. ¿Dónde quedaron los empresarios que justificaban sus beneficios porque creaban puestos de trabajo?

El BBVA incluso ha tenido la desfachatez de proponer una rebaja del 7% de los salarios para crear un 10% de empleo. ¿De dónde sacan cifras tan gratuitas? Porque los salarios no cesan de bajar desde hace años, pero no se crean empleos, como pretende el neoliberalismo, sino todo lo contrario. Incluso dejando de lado que la disminución de la demanda, concomitante con las rebajas salariales y destrucción de empleo, hará crónica la crisis.

Más aún. En el sector financiero hasta finales de 2012, las ayudas públicas totales al sector sumaban ya más de 1,42 billones de euros, como nos recuerda Sánchez Mato. Algo más de 87.000 millones de euros, en forma de capital y 1,33 billones de euros en ayudas públicas diversas. Por cierto, esas ayudas públicas al sector financiero son como todo el PIB español y un tercio más. Mientras se recorta en educación, sanidad, servicios sociales, ciencia…

Y broche de oro para tan capitalista sinrazón; la perniciosa y muy peligrosa sinrazón de beneficios por encima de todo. Como ha contado la revista Diagonal, en el encuentro internacional en Varsovia, COP19, para hacer frente al calentamiento global, cambio climático y sus tremendas consecuencias, las empresas industriales y extractivas más contaminantes del mundo han tenido un papel protagonista.

Una rendición en toda regla ante el poder corporativo en beneficio de los contaminadores. En vez de controlarlos y obligarlos a respetar el medio ambiente y la Tierra. De momento han logrado aplazar hasta 2015 tomar medida alguna contra la contaminación y el cambio climático. Da igual que días antes de COP19 el tifón Haiyan devastara buena parte de Filipinas. Las industrias contaminantes, a lo suyo: cuantos más beneficios mejor. Caiga quien caiga.

El capitalismo es predador y además, suicida. Como dice Josep Fontana, “se acabó la vieja política más o menos socialdemócrata, cuando las cosas se negociaban. Hoy, la rebaja de salarios es sistemática. Pero sólo luchando contra los retrocesos y defendiendo derechos, que se ganaron con dos siglos de luchas sociales, enderezaremos el rumbo”. Como ha escrito Simon Torney, la gran esperanza es que la gente común ha visto que este modelo no funciona y, siguiendo a Marcos Ana, “el cambio a fondo, revolucionario, no se produce en un pispás. Continuar adelante es una lucha constante. No hay otro camino: este mundo no es justo y hay que cambiarlo”.

Y sí se puede. En América Latina con gobiernos progresistas, la pobreza ha bajado del 41,5% al 29% de 2003 a 2009, tras dos décadas de mantenimiento o aumento de la pobreza. Y más que se puede cambiar. Por ejemplo, que el miedo cambie de bando y sustituyamos esta sociedad capitalista y predadora por otra mucho más justa y solidaria.