Es la lucha de clases, necio

El New York Times informaba sobre el pánico en Wall Street por el descenso en picado de las acciones. El Gobierno depositó fondos en bancos para evitar el desastre, pero hubo una larga recesión. Era el 21 de septiembre de 1873, primera gran crisis del capitalismo. Y luego ha habido tantas…

La crisis actual es más feroz. Pero no era inevitable ni un misterio insondable. “Desde hace 10 años denunciamos las privatizaciones, denunciamos que las leyes europeas aseguraban el descontrol de los movimientos de capital y nos opusimos a la Constitución Europea porque protegía los paraísos fiscales. Llevamos diez años denunciando la especulación y la avaricia”, recuerda Lourdes Lucía, de Attac.

Y no se vislumbra salida. Vamos hacia atrás. ¿Por qué no salimos de esta crisis?

Vicenç Navarro, catedrático de las universidades Pompeu Fabra y Johns Hopkins, recuerda que conocemos la respuesta a la crisis por anteriores recesiones. Más gasto público para que, invertido, cree empleo; más personas tienen empleo, ganan salarios y consumen bienes y servicios. E imprimir más dinero para que empresarios y ciudadanos tengan acceso a créditos, abaratando el coste del dinero, bajando los intereses. Así se estimula la economía, como recuerda constantemente el Nobel Stiglitz, entre otros, por ejemplo. Pues bien, Unión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional, denuncia Navarro, imponen lo contrario: austeridad espartana en gasto público, reducir la producción de euros y aumentar ya los intereses bancarios. Aunque la inflación europea sea la más baja desde 1953.

Es un maldito suicidio económico. Pero los neoliberales partidarios de la austeridad a ultranza dicen que hay que recuperar la confianza de los “mercados”. Esos mismos “mercados” que con su actuación codiciosa, especulativa y quizás ilegal han generado la crisis. De la calaña moral de esos “mercados”, sobre lo que buscan de verdad, da cuenta, un estudio del Institute for Policy Studies de Washington. Desvela que los consejeros delegados de las cincuenta mayores empresas de Estados Unidos que despidieron a más gente, más dinero ganaron. Una media de 42% más de ingresos. Muy esclarecedor, ¿no? Y luego los “mercados” (porque ésos son los famosos“mercados”, pero hay otros, como los bancos), para continuar enriqueciéndose impunemente, imponen recortes sociales y planes de ajuste a los gobiernos.

Como el recorte en el que insiste el gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez. Retrasar la edad de retiro y reducir las pensiones de los futuros jubilados (que eso significa esa “reforma”) permitirá recuperar la confianza de los mercados, dice, porque despejará las dudas de los inversores internacionales. Los especuladores.

La minoría privilegiada agrede frontalmente a la ciudadanía en esta lucha de clases. Y va ganando. Dicen que el diablo vence cuando convence de que no existe y la minoría privilegiada ganará si convence a la ciudadanía de que lo que pasa no es lucha de clases: es inevitable económicamente. Pero lo cierto es que recortar derechos económicos y sociales, reducir pensiones y salarios de las clases trabajadoras más reducir las partidas sociales en los presupuestos estatales… eso es retroceder al primer tercio del siglo XX. Cuando había menos protección social, menos derechos, salarios más bajos… muy poca justicia social.

España es buena muestra. Con un desempleo del 20%, un 65% de asalariados gana unos 1000 euros mensuales con muchos contratos precarios y condiciones laborales leoninas. Solo mil euros. Cuando alquilar una vivienda decente, por ejemplo, cuesta de 500 a 900 euros mensuales según en que ciudad de España te muevas. ¿Cómo vivir con decoro con unos pocos centenares de euros, tras pagar la vivienda? ¿Y como activar la economía con salarios que no permiten adquirir bienes y servicios?

El Roto pone en clave de humor los ataques de la minoría privilegiada en esta deserción suya de solucionar la crisis que han generado cuando un personaje oscuro grita: ¡La economía hace agua! ¡Arrojad a la población al mar!

Frente a la codicia neoliberal la respuesta ha de ser colectiva. Como ya hacen en París, Londres, Roma… Y Grecia, donde en muchos hospitales públicos, por ejemplo, el personal sanitario invita a los pacientes a no pagar la tarifa de 3 euros impuesta por el gobierno griego, mientras ocupan las oficinas de modo simbólico para bloquear el cobro a los ciudadanos. “Cuando el Estado priva al pueblo de su derecho a la atención sanitaria gratuita, los médicos hemos de responder por nuestro compromiso ético”, dicen desde la Federación de Médicos de Hospital griega. E invitan a los ciudadanos a la desobediencia masiva.

Posiblemente sea la hora de la desobediencia civil.

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La Europa sin rostro

La crisis destruye en Europa más de siete millones de empleos. Pero Europa responde con “reformas estructurales”, que dejan indefensos a los trabajadores, retrocediendo décadas socialmente. Y reforman las pensiones, recortando derechos de los futuros jubilados.

En medio de ataques especulativos implacables contra la deuda pública (que de haber leyes justas llevaría a sus perpetradores a prisión), la Unión Europea acuerda quitar el derecho de voto a los países miembros que aumenten su déficit o no lo reduzcan bastante, según criterio de la muy neoliberal Comisión Europea. La misma Comisión que pide a los países europeos del Sur que refuercen su credibilidad ante los “mercados” con más “reformas” que reduzcan el déficit público y que se acelere la conversión de las cajas de ahorro en bancos puros y duros que se sumen al festín global depredador.

Es la misma Comisión que recomienda a España tomar medidas sobre su sistema de pensiones, porque retrasar la edad de la jubilación no es suficiente. Una Unión Europea donde hay 80 millones de ciudadanos que viven en la pobreza, no sólo inmigrantes desempleados o personas sin hogar. Una pobreza que incluye “trabajadores pobres”; quienes tienen un trabajo, pero éste no les libra de la miseria. Son un 8%. ¿Qué se hizo de aquel solemne propósito de 2000 de erradicar  la pobreza de Europa para 2010?  Retrasarlo a 2020. Y, mientras tanto, millones y millones de europeos continuarán viviendo mal, sufriendo.

La vieja Europa no destaca por tratar con justicia a los países del antaño denominado “tercer mundo”. Los tratados comerciales bilaterales que intenta imponer a esos países son licencias de saqueo de sus recursos naturales y patente de corso para soslayar la protección legal del medioambiente. Como hace la holandesa petrolera Shell en el delta del río Níger. Antes Europa hablaba del comercio como servicio para el desarrollo contra la pobreza, pero hoy se quita la careta y exige sin disimulo que las empresas europeas entren en esos países sin condiciones y operen sin trabas. Y amenazan con cortar la ayuda al desarrollo de no lograr sus codiciosos objetivos.

La negociación de un acuerdo de presunto libre comercio con la India es ilustrativa. India es gran productora de medicamentos genéricos, imprescindibles para combatir enfermedades letales (sida, tuberculosis, cáncer…) en el Tercer Mundo. Los genéricos son más baratos. Las condiciones que la Unión Europea intenta imponer, esgrimiendo delirantes derechos de propiedad intelectual, amenazan la producción de esos genéricos eficaces y baratos. Es una Europa descaradamente al servicio de las corporaciones farmacéuticas. Para esta Europa, los beneficios de muy pocos se anteponen a la vida y salud de millones de personas, como denuncian Médicos Sin Fronteras y Oxfam.

El informe Hacia una estrategia de la Unión Europea sobre derechos humanos del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores lamenta que el compromiso retórico de la Unión con los derechos humanos no se traduzca en una actuación europea que promueva el ejercicio de libertades y derechos. Al contrario, las violaciones de derechos humanos en la Unión Europea (expulsiones de gitanos en Francia, discriminación implacable de inmigrantes en Italia, torturas a ciudadanos bajo custodia policial en España, torturas a prisioneros de guerra por el ejercito británico…) debilitan la credibilidad europea en derechos humanos. Además del doble rasero europeo de manga ancha complaciente con China, Myanmar o Colombia (donde se violan derechos humanos en masa) y dureza con Cuba (donde también se violan derechos, pero no tan salvajemente).

Una Unión Europea que rebaja o tira por la borda derechos democráticos y sociales conquistados con esfuerzo, solidaridad y sufrimiento durante décadas por varias generaciones ciudadanas. Una Unión Europea, cuya minoría privilegiada pretende reducir a la mínima expresión el estado social y democrático de derecho. Pero no se discute la implacable austeridad impuesta en la eurozona para reducir el déficit público. Un déficit contraído para rescatar a bancos e instituciones financieras privadas que han provocado el desastre económico.

Uno de las pocas cosas buenas de la crisis económica es que desvela la verdadera cara de los predadores de países y de la ciudadanía. Como esta Europa neoliberal, descaradamente al servicio de la minoría privilegiada, que privatiza los beneficios y socializa las perdidas.

¿Para qué queremos una Europa así?


La corrupción de la democracia

Ignacio Ramonet denuncia que Eric Woerth, ministro de trabajo de Sarkozy sospechoso de corrupción, es quien pilota la reforma francesa de las pensiones que empobrecerá a millones de asalariados. Actuación neoliberal y posible corrupción. No es casual.

En España no cesa la corrupción, sobre todo urbanística. Los presuntos corruptos son militantes destacados y dirigentes del Partido Popular (los neoliberales españoles), no exclusivamente pero sí mayoritariamente. En Italia, según su Tribunal de Cuentas, las actividades corruptas en el Estado crecieron un 150% en 2009. Y su muy neoliberal primer ministro no está en prisión porque su mayoría parlamentaria hizo aprobar leyes que le han dado inmunidad e impunidad. Y en el mundo, aumentan la manipulación de contratos públicos, malversación de fondos, fraude fiscal, blanqueo de dinero criminal… Los neoliberales propugnan que no haya reglas para el capital (en aras del crecimiento, dicen), pero sin reglas ni control florecen corrupción y fraude. Hoy ya sabemos que la corrupción es un pilar del capitalismo neoliberal.

En los últimos veinticinco años, la producción de bienes y servicios ha sido sustituida por una economía especulativa. Este capitalismo de casino ha enriquecido obscenamente a una minoría, creando al mismo tiempo cotas de pobreza y desigualdad nunca vistas. Capitalismo financiero, especulativo y corrompido, no lejano de la economía criminal organizada, que crea un mundo corrupto donde proliferan negocios sucios, recalificaciones urbanísticas delictivas e implacable especulación financiera con demoledoras consecuencias para millones de personas…

El neoliberalismo ha enquistado la corrupción y secuestrado la democracia. Una corrupción que prostituye la acción política, como ya ha pervertido la economía, y contamina los valores democráticos.

José Vidal-Beneyto en su libro póstumo sobre la corrupción de la democracia asegura que si “la principales fuerzas políticas se ponen de acuerdo para timar a los ciudadanos se desacredita la democracia”. Que es lo que ocurre en nuestros días.Y cuando la democracia se desacredita, los ciudadanos dan la espalda a la política, crece la abstención electoral y crece electoralmente la derecha más peligrosa. Está sucediendo y no es broma. No olvidemos que Hitler fue el más votado en las elecciones de Alemania en 1932 con un 37% de sufragios.Y luego pasó lo que pasó.

La corrupción no atajada es la muerte de la democracia.

Por otra parte, la imposición del dogma económico neoliberal con sus fusiones empresariales, desregulaciones financieras, privatizaciones y deslocalizaciones de empresas ha generado la crisis e instalado un desempleo incesante e insoluble. La fusión de Iberia y British Airways, por ejemplo, supone miles de despidos, mientras directivos y ejecutivos de ambas empresas se aumentan el sueldo un 56%.

Los asalariados, trabajadores autónomos y pequeñas empresas se han vuelto más vulnerables. La inseguridad presente y la incertidumbre ante el futuro generan miedo y, como recuerda Vidal-Beneyto, empuja a la ciudadanía a olvidarse de la acción colectiva y a refugiarse en contravalores perversos o que pueden serlo como la seguridad ante todo o la identidad patriótica, religiosa o de grupo.

La corrupción ha alcanzado también a los medios de comunicación. Propiedad de los nuevos amos del mundo, en ajustado término de Ramonet, ocultan o maquillan los problemas y a sus responsables, falsean la realidad y entierran la opinión pública con la colaboración imprescindible de periodistas serviles, políticos arrodillados y pensadores mercenarios muy bien remunerados, por cierto. La información, a la que la ciudadanía tiene derecho, ha sido sustituida por la banalidad, la manipulación y la persuasión. Y periodistas y analistas críticos son ignorados y marginados por los grandes medios.

El resultado es una demagogia instalada, la ciudadanía de espaldas a la política, la disolución de la ética democrática y el aumento de la abstención. Uno puede querer pasar de la política, pero la política nunca pasa de uno; sobre todo cuando está en manos de servidores del dogma neoliberal.

Hemos de recuperar la democracia que la minoría privilegiada neoliberal y sus sirvientes han secuestrado. Y hay que hacerlo defendiendo los valores democráticos. Contra el individualismo feroz, contra la negación de lo público, contra el enriquecimiento como objetivo prioritario. Contra toda esa basura hay que recuperar la decencia ética, la solidaridad, la acción colectiva y el altruismo.

No hay democracia por votar cada varios años. La democracia es, ante todo, un proyecto ético de valores sociales y morales que hacen legítimo el ejercicio del poder por los representantes de la ciudadanía.

Es preciso recuperar la democracia antes de que la minoría rica la corrompa del todo.

De la banca y sus nocivas consecuencias

Estalló la crisis financiera en 2008 cuando la poderosa banca Lehman Brothers entró en bancarrota en un primer acto de una catástrofe mundial. El Tesoro de EEUU acudió al rescate y se frenó la caída. Entonces muchos partidarios fervientes del capitalismo se acojonaron. ¡Cielo santo, el apocalipsis financiero! Y se entonaron solemnes mea culpa junto con severos propósitos de enmienda. Incluso se proclamó que ¡el capitalismo tenía que ser refundado! Nunca más un capitalismo y un sector financiero que actuarán sin ley ni freno.

Pero era mentira. Hoy, en el sector financiero continúa imperando la ley de la selva (por la insultante ausencia de normas) y la moral del gángster como pauta ética. Y estamos mucho peor. Salvo los bancos y similares, claro.

¿Qué tal vamos dos años después del estallido de la crisis? El Nobel Stiglitz ha diagnosticado que “el crecimiento se mantiene débil, el desempleo es elevado, siguen las ejecuciones hipotecarias y no se ha recuperado la oferta de crédito, aunque revitalizar el crédito fue la razón alegada para justificar los rescates bancarios multimillonarios”. Y Nouriel Roubini, profesor de economía de la universidad de Nueva York que predijo la crisis financiera, asegura que “la banca es la semilla del problema, el ojo del huracán, y todo cuanto se haga por dar una vuelta de tuerca para regular la actividad bancaria será poco”.

Por su parte, el profesor de economía Juan Torres ha denunciado que “los bancos y entidades financieras que causaron la crisis han salido de ella reforzados, sin que se hayan puesto en cuestión sus privilegios, con mucho más poder económico y financiero y con ayudas multimillonarias gracias a gobiernos y bancos centrales, pero ninguna sanción por su actuación irresponsable”.

Banca, bancos, mercados, sector financiero… Los mismos perros con distintos collares. Son los causantes del problema y quienes no cesan de poner palos en la rueda para que la crisis no se resuelva. Porque la maldita crisis es un gran negocio para ellos. Trapicheando y especulando con deuda pública, por ejemplo.

No hay crédito para activar la economía real, muchas empresas van mal o cierran y el desempleo no cesa. Aumentan los pobres en el mundo (más las dolorosas secuelas de la pobreza) y en todas partes se recortan logros sociales conseguidos con sangre, sudor y lágrimas. Conquistas que no son más que una aproximación a la justicia social. Y en Estados Unidos se deja sin vivienda mensualmente a cien mil personas. ¿Qué más da? Todo sea por la pasta.

¿Frenan los bancos su actuación predadora? No. Sacan pasta de debajo de las piedras y recurren a numerosas trapacerías para conseguir cuanto puedan de todo el mundo. No dan créditos o los dan con cuentagotas; pero aumentan el coste de comisiones diversas; más el incremento de las comisiones por apertura créditos hipotecarios o no hipotecarios; más un mayor coste por tarjetas de crédito; más nuevas tasas por servicios (que eran gratuitos); más créditos más caros (cuando los conceden), porque el dinero obtenido de gobiernos y bancos centrales es para especularno para activar la economía…

Juan Torres recuerda que “en los dos últimos años docenas de miles de personas, pequeñas y medianas empresas han sido engañados por los bancos que les ocultaban la letra pequeña de los contratos y las condiciones leoninas de préstamos o créditos. Cientos de miles de personas han perdido sus viviendas o se enfrentan a obligaciones de pago insostenibles de las que nunca fueron advertidas. El poder desmesurado de la banca es incompatible con una sociedad democrática.

Y Thomas Jefferson, tercer presidente de los EEUU, en el lejano 1802 ya denunciaba que “las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados, y todas las instituciones que florecen en torno de ellos, controlen su moneda, privarán a la gente de toda posesión hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo sobre la tierra que sus padres conquistaron”. Fue profético.

Emulando al narrador uruguayo Monterroso, sepamos que “cuando despertó, la depredadora banca estaba allí”.

Los ciudadanos votan cada cuatro años, pero los “mercados” y la banca, actúan todos los días. Sin compasión, sin reglas, sin freno. Hasta que la ciudadanía se subleve y diga basta.

Los derechos humanos son el camino

Prisioneros maniatados con ojos vendados, golpeados con cables, desgarrados a latigazos, asfixiados. Quemaduras, descargas eléctricas, brazos y piernas rotos, uñas arrancadas. Presos que mueren bajo custodia policial, prisioneros mantenidos desnudos, presos a los que se impide ver y oír, prisioneros colgados por brazos o piernas durante horas… Es la lista de una indignidad miserable y repugnante que no acaba.

Éstas y otras prácticas abyectas de tortura aparecen como practicadas por aliados iraquíes en informes del Departamento de Defensa de Estados Unidos, desvelados por Wikileaks. Hechos conocidos por las autoridades militares estadounidenses, pero no impedidos ni investigados, negados. Al menos seis presos murieron bajo custodia iraquí y dos informes revelan la ejecución de dos prisioneros maniatados. El sello “no es necesaria ninguna investigación” bloquea centenares de informes y denuncias fundamentadas de violaciones de derechos en Irak. En los informes desvelados, los soldados estadounidenses no perpetran abusos, pero usan esos abusos de las fuerzas iraquíes aliadas para amenazar a detenidos y obtener información. La Alta Comisionada para Derechos Humanos de la ONU, Nancy Pillay, ha pedido al gobierno iraquí que Naciones Unidas pueda supervisar la situación de los presos en los centros de detención iraquíes. Pero ha obtenido la callada por respuesta.

El diario The Guardian ha denunciado que el Ejército británico tiene un manual para humillar y vejar a los prisioneros. Durante décadas ha instruido a sus interrogadores para provocar estados de terror y ansiedad en los detenidos. Vendar lo ojos e impedir la visión, usar orejeras para impedir oír, amenazar para causar terror, causar malestar psicológico y que los detenidos no puedan descansar. Todo realizado en lugares repugnantes y, por supuesto, lejos de oídos ajenos. Por cierto, el ministro británico de Asuntos Exteriores, William Hague, ha negado con vehemencia que soldados británicos desplegados en Irak hayan maltratado a detenidos, como ha desvelado Wikileaks, pero, aún peor, ha osado decir que desvelar los informes secretos de la guerra de Irak es un regalo para los terroristas. El señor Hague parece ignorar que la información a los ciudadanos y la transparencia son esenciales en democracia y que su ausencia es una vía al totalitarismo.

Un informe de 2009 del Consejo de Europa denuncia que en Chechenia la impunidad de las fuerzas estatales rusas en la lucha antiterrorista es total. Secuestros, desapariciones, detenciones secretas, asesinatos, torturas y otros malos tratos degradantes son habituales. Más de 3.000 desaparecidos. Muchos muertos en las calles con signos claros de tortura. Y riesgo de asesinato altísimo para los defensores de derechos humanos.

En España, docenas de casos de tortura y malos tratos por fuerza de seguridad estatales no han sido investigados y sus autores gozan de impunidad. Y, rematando esta relación de horror e indignidad, varios países de la civilizada Europa exportan equipos de detención y seguridad que son instrumentos para torturar, según han denunciado Amnistía Internacional y Omega Research Foundation. Esposas paralizantes que descargan electricidad, esposas de pulgares, esposas atornilladas a la pared que colocan al detenido en posiciones dolorosas, grilletes de pies y cintura que obligan a posturas que hacen sufrir, herramientas de electrochoque, productos químicos asfixiantes… Un catálogo de repulsiva infamia.

Amnistía Internacional constata en su último informe anual que continúa habiendo muchos casos de torturas y otros malos tratos degradante en muchos países, perpetrados precisamente por policías que han de hacer cumplir la ley. O por soldados. Torturas y otros malos tratos degradantes que muy pocas veces son investigados, juzgados y sancionados.

Lo dijo Charles Swift, capitán de corbeta de la Marina de Estados Unidos, defensor de oficio del chófer de Bin Laden, preso en Guantánamo: “Si nuestros adversarios consiguen que no sigamos las reglas, perdemos lo que somos. Nosotros seguimos las normas. Y las seguimos independientemente de lo que hagan nuestros enemigos. Eso es lo que nos diferencia”.

La persistencia de torturas y la felonía de tantos mandatarios de países democráticos que las toleran, justifican o miran hacia otro lado es síntoma de totalitarismo. Esos representantes democráticos, que así faltan gravemente a su deber, deberían tener presente que el fin nunca, nunca, justifica los medios. Si para luchar contra el terrorismo se causa tanto dolor como los terroristas, ¿qué justificación tiene esa lucha?

El imperio de los derechos humanos no es el fin: es el camino. El único camino democrático.