Otro país y otro futuro empiezan ahora

Grecia nos precedió y el pueblo trabajador eligió a Syriza para gobernar y construir otro país, justo, libre y democrático, contra todas las trampas, golpes bajos y chantajes de una Europa vieja, egoísta y caduca. Y el 24 de mayo de 2015 también empezó un cambio en España. Una transformación cuyo origen probablemente se inició hace cuatro años con la sacudida de la conciencia colectiva que fue el 15M. Poco se imaginaba el delegado del gobierno de Madrid (responsable político de las fuerzas policiales) que la orden que dio a los guardias de desalojar de la Puerta del Sol a una cuarentena de jóvenes que allí habían acampado desataría un movimiento de indignación social ciudadana que se extendió a Europa e incluso a EEUU. De aquella indignación surgió que grandes sectores de una población adormecida hasta entonces se organizaran en movimientos sociales y entidades cívicas. Y también que, a medida que el movimiento de los indignados progresaba y reflexionaba, se considerara de nuevo la necesidad de hacer política para cambiar las cosas, conscientes de que pasar de política, como se había hecho en los últimos años, no era una solución, porque la política nunca pasa de nosotros.  Pero el 15M también significó demostrar que los modos y maneras de hacer política habituales ya no servían y era palmario cuanto se había desnaturalizado y corrompido la democracia parlamentaria representativa, concretado en el grito de millones de voces de ¡No nos representan!

Cuatro años después, la izquierda en amplias coaliciones y plataformas de unidad popular ha arrebatado al PP (y en Barcelona a la también corrupta CiU) el poder municipal de casi todas las grandes ciudades y de las poblaciones más nutridas, así como el gobierno de varias comunidades autónomas. En realidad, el PP solo podrá gobernar en tres regiones: Castilla y León, La Rioja y Murcia.

Es el principio del fin de esta gente, de esta derecha cavernícola y neofranquista que lleva más de dos décadas saqueando y arruinando el país y que, con toda probabilidad, se hundirá en las próximas elecciones generales de noviembre. Pero el triunfo no nos ha de permitir dormirnos en los laureles, porque ahora empieza de verdad el trabajo difícil. Y para ese trabajo hay que fajarse y apuntalarse porque estará plagado de obstáculos, asechanzas, obstrucciones y dificultades.

Empieza una época en la que la derecha mentirá más que nunca, pondrá trampas diversas y lanzara ataques de todo tipo… para que los gobiernos de la unidad popular fracasen. Pero antes emponzoñarán hasta el aire para que no se formen esos gobiernos  de izquierda. Pues bien, ante todas esas amenazas, el pueblo trabajador se ha de organizar aún más si cabe, más allá de las siglas (que no han de desaparecer ni mucho menos), en estructuras de poder popular fuertes, sólidas. Porque frente a las falacias estúpidas de la derecha sobre la “fragmentación” de tantos partidos y grupos de izquierda, nosotros proclamamos que lo que ellos llaman fragmentación es la expresión de la pluralidad y de la libertad del pueblo trabajador.

Esas organizaciones de poder popular han de asegurar que la democracia sea cada vez más participativa y han de recordar y exigir a los gobiernos municipales y autonómicos de izquierda lo que han de hacer y que han de cumplir lo prometido. Porque un programa electoral es un contrato con la ciudadanía. Además, las organizaciones populares han de apoyar con determinación y sin fisuras a los gobiernos de izquierda, cuando arrecien los ataques de la derecha, con tanta movilización como sea necesaria. Todas las acciones colectivas necesarias contra esos ataques que sin duda vendrán de la minoría rica privilegiada dominante, de la clase política rancia, casposa y corrupta y de una prensa y unos medios vendidos a los intereses y trampantojos de esa minoría.

No va a ser fácil, pero es cierto, y ya no es solo un sueño, que se puede empezar a cambiar este país si aceptamos el reto y estamos dispuestos a luchar desde ahora por unas regiones y por unas ciudades más justas, democráticas y solidarias. Básicamente depende de nosotros, del pueblo trabajador.

La ofensiva del poder económico-financiero contra la democracia

Los tratados de libre comercio, y en especial el TTIP (entre EEUU y la Unión Europea), son una seria amenaza para el pueblo trabajador. Ese TTIP supondrá, por ejemplo, una violación sistemática de derechos de los trabajadores, porque EEUU no acepta las reivindicaciones básicas de derechos laborales de la Organización Internacional del Trabajo y la armonización de normas negociada en el TTIP será a la baja. Se impondrá la postura estadounidense de no reconocer la mayoría de derechos laborales. Porque quienes negocian ese tratado consideran los derechos de los trabajadores “barreras” para el libre comercio.

Además, el TTIP prevé crear un “consejo de cooperación reglamentaria” que podrá determinar si los proyectos de ley de los gobiernos perjudican intereses de empresas transnacionales. Y hacerlos retirar, pasándose por el arco de triunfo la soberanía de los legítimos parlamentos que legislan. Además quieren crear unos pretendidos tribunales internacionales para conflictos entre inversores (grandes empresas, corporaciones transnacionales) y gobiernos. Pero hay trampa. Únicamente pueden demandar las empresas y esos ‘tribunales’ solo son tríos de abogados privados carísimos sin ningún mandato ni legalidad democráticos. Una mafia cerrada de hecho.

Por otros tratados bilaterales (que también establecen esos falsos medios de resolución de conflictos), tenemos un amplio conocimiento de como actúan esos falsos tribunales: dictando sentencias mil millonarias de indemnizaciones contra los Estados por pretendidos perjuicios a los beneficios de las empresas. Le pasó al gobierno de Uruguay, por ejemplo, demandado y sancionado por uno de esos falsos tribunales con una multa enorme por decretar que se informará en los paquetes de cigarrillos que el tabaco perjudica la salud.

Pero, como si el Tratado no fuera bastante amenaza, la Comisión Europea pretende crear una Unión de Mercados de Capitales. Para financiar empresas. Dicen. Mercados de capitales no son bancos ni tienen oficinas o sucursales en pueblos y ciudades. Son fondos de inversión, fondos buitre, fondos de pensiones, mercados de divisas, mercados de acciones, de bonos, aseguradoras… ¿Que pretende la Comisión?

Según un Libro Verde donde expone su plan, lo prioritario es “detectar y suprimir las barreras y obstáculos que dificultan la financiación de la inversión en la Unión”. ¡Alarma! Porque cuando la Comisión Europea suprime lo que cree impedimentos para la economía, al final lo paga la ciudadanía. Solo hay que repasar los últimos años de historia europea para comprobarlo.

Esa Unión de Mercados de Capitales significaría la completa financiarización de Europa. Es decir, que todo (tangible o intangible, con valor presente o futuro) se puede comprar y vender como producto financiero. Productos del trabajo y servicios transformados en activos financieros. Para especular. No olvidemos que el aumento del hambre en 2008 (con las muertes consiguientes) fue por la especulación con precios de alimentos básicos en los mercados de capitales.

La historia reciente demuestra cuán destructora ha sido la financiarización de la economía, porque va acompañada de la desregulación. Y ya sabemos cuánto cuesta la ausencia de reglas. Por cierto, en el Libro Verde de la Comisión, la regulación de la actividad financiera y el control de los mercados de capitales brillan por su ausencia, no se propone en lugar alguno regular y controlar capitales y transacciones financieras.

Esta crisis es consecuencia directa de la financiarización desregulada. Para los olvidadizos, empezó con una masiva titulización de activos (agrupación de activos financieros en un nuevo producto). Se les llamó títulos ‘tóxicos’ porque contenían préstamos hipotecarios incobrables, camuflados hábilmente en los títulos con otras deudas. ¿Resultado? La mayor crisis de la historia del capitalismo. Billones de euros aportados por los estados para salvar a la banca del hundimiento y pretexto para una austeridad criminal que ha empobrecido a más de medio mundo. Por eso saltan las alarmas al saber que la Comisión tiene como objetivo prioritario “fomentar la titulización de alta calidad” con esa Unión de Mercados de Capitales. ¿Qué otras burbujas no estallarán?

Si se crea la Unión de Mercados de Capitales, y no se impide la firma del TTIP, Europa retrocederá a la Edad Media política. Porque las soberanías nacionales se irán por el desagüe y la ciudadanía y los Parlamentos no pintarán nada. Los mercados decidirán más que nunca y la democracia se convertirá en ritual, liturgia. Atados de pies y manos Parlamentos y Gobiernos por el TTIP y la libérrima actuación de los mercados, unos pocos decidirán lo que a todos atañe en función de los intereses de esa minoría. Porque el poder económico y financiero no quiere que la ciudadanía haga valer sus derechos con los medios que la democracia proporciona. Porque va contra sus beneficios. Ya no recurren a golpes de estado violentos ni a dictaduras militares. De momento. Pero asaltan la democracia con el rodeo de los tratados y la financiarización total. Para vaciarla de contenido.

Y para que no haya duda alguna al respecto, recuerdo aquí que en mayo de 2013 un informe de la poderosa banca de inversión JP Morgan Chase reclamaba derogar las Constituciones Democráticas que se aprobaron tras la Segunda Guerra Mundial en algunos países europeos e imponer regímenes autoritarios en su lugar.

Democracia y poder económico y financiero son directamente incompatibles. Algo tendremos que hacer.

Eurogrupo y Grecia, un conflicto de fondo

Desde hace meses, muchos medios de comunicación y voces del FMI, Banco Central Europeo (BCE) y Eurogrupo (reunión de ministros de economía y finanzas de la Unión Europea) moldean de modo torticero una visión nada veraz de las negociaciones del Gobierno griego con el Eurogrupo a propósito del pago de la deuda de Grecia. Voceros del Eurogrupo y FMI han dicho y reiterado cuan mal van las negociaciones, atribuyen a Grecia la responsabilidad del posible fracaso de las mismas y dicen no ver próximo acuerdo alguno.

Aumentan la presión y el acoso a Grecia y se intoxica la opinión pública con informaciones incompletas, textos manipulados y baile de titulares. ¿Preparan el ambiente para dejar caer a Grecia? Lo sorprendente, en este totum revolutum mediático, es el olvido sistemático de que los problemas financieros y la desorbitada deuda de Grecia son clara consecuencia de la actuación de los anteriores gobiernos griegos con la complicidad de BCE y FMI, que miraron a otro lado cuando debían supervisar, controlar y evitar males mayores.

¿No fueron gobiernos griegos, conservador y socialdemócrata (muy partidarios de esta Europa de finanzas y capital), quienes falsearon las cuentas públicas griegas, con la ayuda de esa oscura banca Goldman Sachs, para que Grecia pudiera ingresar en la zona euro? Que no quepa ni sombra de duda de que, más allá de cifras y qué necesita Grecia hoy o el mes que viene, el conflicto entre el Eurogrupo y el gobierno de Grecia es esencialmente político, además de caracterizarse por una desvergüenza intolerable.

La desfachatez llega a cotas inauditas cuando se insinúa que el Eurogrupo se niega a reestructurar la deuda griega porque el 80% de la misma es con el BCE y la eurozona, y reestructurarla supondría pérdidas para los contribuyentes europeos (preferimos llamarlos ciudadanos), incluidos los de países más pobres que Grecia. ¿Desde cuando les ha interesado de verdad la suerte de la gente común? Y, ya puestos, ¿por qué no hablamos de cuánto ha costado y cuesta a los contribuyentes europeos el rescate de la banca?

Intoxicaron la campaña electoral griega del pasado enero con amenazas y chantajes, augurando todo tipo de desgracias para Grecia si triunfaba Syriza, pero no pudieron evitar que el pueblo trabajador lo eligiera para gobernar. Ahora intentan que Syriza fracase, porque no pueden permitir que el Gobierno griego de izquierda tenga éxito, no sea que consiga aún mayor apoyo de la ciudadanía. El Eurogrupo no quiere en absoluto que una Grecia gobernada por la izquierda se salga con la suya y habrá un nuevo camino para afrontar los problemas.

Por eso exigen acelerar las reformas exigidas. ¿Reformas? En España sabemos muy bien qué significan sus reformas. Esas reformas han traído creciente precariedad laboral más desigualdad y pobreza no vistas desde hace décadas. Esas reformas han hecho posible que en el Reino de España haya gente que pasa hambre y que la única comida de muchos niños sea la del mediodía en la escuela y las vacaciones escolares se conviertan en problema, porque en casa no hay para comer todos los días. Por desgracia, no es el único problema que la dichosa austeridad causa.

Sin embargo, quienes defienden los intereses de los poderosos acreedores exigen al Gobierno griego una reforma laboral con despidos masivos, recortes de pensiones y bajo salario mínimo. ¿Cómo se puede exigir eso cuando la austeridad impuesta ha arruinado la vida de millones de griegos? A la minoría que manda en Europa le importa un rábano la gente y, además, no puede permitir que Syriza triunfe. Porque teme que su modo de gobernar, cambiando las cosas y pensando en la mayoría de la gente, cunda en Europa. Es obvio que el Eurogrupo desvela obscenamente al servicio de quién está. Al de esa minoría que se suele decir es el 1% de la población.

Y ahora cabe finalizar recordando que, además, una parte de la deuda griega es ilegítima. Como la contraída para comprar buques de guerra, submarinos y helicópteros de combate a Francia y Alemania… en tiempos de crisis y austeridad. Y la deuda ilegítima, contraída contra los intereses del pueblo trabajador, no debe ser pagada.

No es lo que dicen que son, sino a quien benefician al gobernar

Elecciones municipales y regionales en el Reino de España. ¿Cuántos votos tendrán los dos nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos y cuantos perderán Partido Popular y PSOE, soportes de la monarquía bipartidista? Podemos, presentado como extrema izquierda y Ciudadanos como centro político por medios y políticos conservadores. No es cierto en un caso ni en el otro.

Más allá de como los califiquen los adversarios, la auto ubicación de los partidos en el espectro político es un disparate: casi todos dicen ser de “centro”, que debe estar más concurrido que el Metro a hora punta. Incluso el neofranquista Partido Popular dice ser de centro. Pero, ¿cómo diablos se define y describe el centro político más allá del maquillaje de la moderación que reclaman cansinamente? Cuando los partidos se definen de verdad políticamente es cuando gobiernan y muestran a favor de quien lo hacen.

Bill Cinton, por ejemplo, pretendía ser de centro en Estados Unidos, pero como presidente dio el primer paso para desregular el sector financiero y dejarlo sin control, propiciando que generara la crisis de 2008 que ha empobrecido al mundo. Clinton favoreció los intereses del reducido pero poderoso sector financiero, en detrimento de gran parte de la ciudadanía.

Son las actuaciones políticas las que retratan a los partidos. Un partido está más o menos a la derecha, aunque se diga de centro, según la fiscalidad que proponga, por ejemplo. Qué impuestos a pagar, quien paga más y quien menos. Cuanto más a la derecha, más se rebajan los impuestos a los más ricos. Y más se hace recaer la recaudación fiscal sobre quienes menos tienen, pero son más controlables por sus nóminas y el consumo básico.

Por eso sorprende que un partido que dice ser de centro como Ciudadanos coincida tanto con el Partido Popular en fiscalidad. Mientras FAES (fundación del PP para crear opinión) propone ir reduciendo los tramos de IRPF y que solo sean tres a medio plazo, Ciudadanos dice que hay que reducir directamente los tramos a tres. Pero cuantos menos tramos haya, más regresivos e injustos son los impuestos, ¿no?

FAES del Partido Popular propone en el impuesto de sociedades eliminar deducciones… para finalmente rebajar el tipo nominal al 25% o incluso al 20%. Y Ciudadanos dice que hay que establecer un nuevo tipo de impuesto de sociedades… del 20%. Para el PP el impuesto sobre el patrimonio ha de ser eliminado y Ciudadanos dice que ha de ser de tipos muy bajos y solo para patrimonios de más de un millón de euros…

La propuesta de fiscalidad de Ciudadanos recuerda mucho la del Partido Popular, además de sonar a lo de siempre de la derecha española: bajar un poco los impuestos sobre la renta y camuflar las rebajas de verdad a las rentas del capital, grandes empresas y corporaciones. Y que los impuestos indirectos, como el IVA, sean una gran fuente recaudatoria.

En los ochenta, Ronald Reagan y Margaret Thatcher empezaron a rebajar los impuestos a los ricos y pronto tuvieron seguidores en occidente. Pretendían que rebajar impuestos impulsa el crecimiento porque, si pagan menos impuestos quienes son más ricos invierten lo que ahorran en impuestos, la economía crece y se crea empleo.

Pero eso nunca ha sido verdad. En estos años de crisis, la minoría rica se ha enriquecido aún más y ha pagado menos impuestos (aparte de los que ha evadido), pero la economía sigue estancada. En Estados Unidos, por ejemplo, los ricos y súper-ricos pagaron de 1942 a 1944 ¡un 94% de tipo impositivo! Y, tras la guerra y hasta los setenta, 63% o más. Pero esos altos impuestos a los ricos no supusieron retroceso económico alguno. Al revés.

¿A quién beneficia un gobierno y a quién perjudica con su política económica y fiscal? Tras tres años y pico de gobierno del PP, crece una desigualdad muy preocupante y la pobreza alcanza cotas desconocidas hace tiempo, como atestigua el informe FOESSA de Cáritas, mientras los ricos aumentan 67% sus ganancias. Hasta los obispos denuncian que la situación es inaceptable. Según FOESSA, un 40% de españoles vive en la precariedad y casi una cuarta parte ya sufre exclusión, pero aún moderada.

Ya sabemos a favor de quien gobierna el Partido Popular y, por tanto, también aquellos cuyas políticas fiscales son semejantes. Más allá de como se auto califiquen.

P.S. Ya escrito y publicado este artículo, mi amigo, colega y compañero de profesión Siscu Bages me envía un artículo que ha escrito y publicado sobre Ciudadanos. No resisto reproducirlo, convenientemente traducido al castellano:

“Necesitamos una especie de Podemos de derechas”. Así de claro fue Josep Oliu, presidente del Banco de Sabadell, al final de una conferencia que dio en el Círculo de Empresarios de Madrid, el pasado 25 de junio. No ha pasado un año y ya tiene lo que quería: Ciudadanos.

Algunos atribuyen el veloz éxito de Ciudadanos a las excelentes dotes comunicativas de su líder, Albert Rivera, en las tertulias televisivas a las que ha sido invitado. Tal vez, pero cabe señalar que hay un puñado de excelentes tertulianos que no son invitados  un día sí y otro también a los platós de las televisiones.

Había candidato, pero no había ideología,porque Ciudadanos nació en Cataluña como Ciutadans y lo hizo para atacar a los independentistas de derechas o izquierdas. Sin programa político definido había que improvisar un programa económico y se fichó a toda prisa el economista Luis Garicano. El 8 de febrero, Garicano anunciaba que se había afliado al partido por el que suspiraba Oliu.

Los banqueros son banqueros y tienen dinero, por tanto a Rivera y a Ciudadanos no les faltará. Si ha paseado usted por la  versión de la Feria de Abril en Cataluña habrá comprobado cuál era la caseta más lujosa.

Ciudadans despertaba simpatías entre quienes no quieren la independencia de Cataluña. Pero los que no quieren la independencia de Cataluña y son de izquierdas creen que a Rivera y compañía se les ve el plumero.

Ahora convendría saber cómo y en qué cantidad, en dinero y promesas, se ha forjado este juguete que tan contentos tienen a nuestros banqueros.

Capitalismo de amiguetes y corrupción institucionalizada

Rodrigo Rato, que fuera poderoso vicepresidente económico de Aznar, fue arrestado durante horas, registrados su despacho y domicilio exhaustivamente por la Agencia Tributaria y acusado de fraude fiscal, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes. El encontronazo de Rato con la justicia no es nuevo en su familia. Su padre, Ramón Rato, fue condenado en 1967 a tres años de prisión, por el Juzgado Especial de Delitos Monetarios, por evadir dinero a Suiza. También se condenó al hermano de Rodrigo, Ramón Rato Figaredo, a dos años de prisión y a su tío Faustino a multa de 5 millones de pesetas por complicidad.

Más allá de la significación del personaje o de que el espectáculo mediático de su detención responda a una guerra interna del Partido Popular, el hecho es grave porque ratifica que la corrupción es ilimitada. Presunta, por supuesto. No son unos cuantos casos extraordinarios ni tampoco casos aislados: es que el sistema está podrido. Doménech, Raventós y Búster explican que  “la naturaleza institucional de la corrupción tiene sus raíces en el capitalismo oligopólico de amiguetes en que se transformó el poder empresarial heredado del franquismo con las privatizaciones de la Transición”. Y eso son palabras mayores, porque las políticas económicas de la Transición y corrupciones derivadas generaron un bloque formado por grandes empresas del Ibex 35 y parte de las cúpulas de PP y PSOE, convertido tal bloque en cártel favorecedor de la corrupción. Por eso hay que buscar el origen de la corrupción en las descomunales privatizaciones de un potente sector público, perpetradas en la pretendidamente modélica Transición con la consiguiente formación de poderosos oligopolios. Iniciadas sin dudarlo por Felipe González al frente de gobiernos del PSOE y continuadas con entusiasmo por los gobiernos de Aznar.

Un nada claro sistema de concesión de contratos públicos multimillonarios, esa estructura de multinacionales montadas a partir de sólidas empresas públicas privatizadas, más una política económica y fiscal que han dado y dan una posición dominante y privilegiada a grandes empresas del Ibex 35 son la base de la corrupción. En ese escenario de privatizaciones desatadas cuajó el capitalismo oligopólico de amiguetes que hizo nacer una nueva minoría rica y privilegiada que controla buena parte de la economía del Reino de España. Minoría que copó el Ibex 35 y se sumó como clase dominante a los restos de la aristocracia terrateniente (que esquilma la Extremadura y Andalucía rurales desde hace siglos), a grandes accionistas bancarios, altos cargos financieros y grandes propietarios de la industria.

Ese capitalismo corruptor y corrompido ha hecho nacer y crecer una economía sumergida de la cuarta parte del PIB y también que más de un tercio de billetes de 500 euros que se mueven por Europa lo hagan en España. Maletines con cientos de miles o millones de euros para enjuagues y sobornos. O apuntes contables y movimientos financieros ocultos de cuentas opacas en paraísos fiscales. Lo que coloca a este Reino en el nada admirable puesto 37 en la lista de Transparencia Internacional, tras Taiwán, Chipre o Botswana, más corrompidos que este Reino, y con 60 de índice de percepción de corrupción, a mucha distancia de 100 que es cuando no hay corrupción. Porque esa poca transparencia que indica el puesto 37 significa que hay mucha corrupción. Corrupción rentable, por cierto, porque la minoría que controla la economía ha visto crecer últimamente sus beneficios un 67%.

Y mientras la minoría rica privilegiada se enriquece aún más (tanto ‘legalmente’ con políticas austeras de saqueo y recortes sociales, como delictivamente con la corrupción), crecen de forma escandalosa el empleo precario y los trabajadores con empleo pero que siguen siendo pobres. Crecen desigualdad y pobreza, porque, por ejemplo, de enero a marzo de este año se destruyeron 114.000 puestos de trabajo y hoy aún hay 5.444.600 de parados, 71.000 más que en diciembre de 2011, cuando el PP ocupó al gobierno. Así lo asegura sin dudarlo la última Encuesta de Población Activa (EPA) que envía al traste la fábula de la recuperación y los juegos malabares con los datos de inscritos en el paro y quienes abandonan tal registro, juegos con los que pretenden que se crea empleo.

La corrupción no atañe solo a unos pocos casos, tampoco es una cuestión privada ni aislada de los corruptos, como repiten hasta el tedio portavoces del Partido Popular y del gobierno. Ni es solo cuestión penal. La corrupción es estructural y un letal problema económico, social, político e institucional por ser parte del sistema. Y puede acabar destruyendo este país. A sus gentes, seguro. Y, para acabar con esa corrupción, ya institucionalizada, hay que cambiar el sistema político y económico. De raíz.

Elecciones y cambio político y social

El Reino de España ya está en campaña electoral. El 24 de mayo serán elegidos nuevos ayuntamientos y casi todos los gobiernos autonómicos y, desde las elecciones al Parlamento Europeo en mayo de 2014, el Partido Popular y el PSOE, fundamento del régimen bipartidista monárquico, han perdido intención de voto a ojos vista. Pero, ya cerca de las primeras citas electorales en todo el terriotiro del Estado, aumenta entre la ciudadanía y la clase trabajadora resistentes la sensación de que ya no parece tan seguro que el bipartidismo monárquico neoliberal y autoritario sufra un descalabro electoral.  El PP ha frenado su caída libre en intención de voto, el PSOE se  ha estabilizado y Podemos, que se presenta como la garantía de cambio, parece haber llegado a su techo, a la vista de los resultados de las elecciones de Andalucía y los de las últimas encuestras electorales. Sin olvidar el ascenso de Ciudadanos, que nadie previó, pues, aunque se presenten como partido de centro, son una versión moderna de partido conservador y neoliberal; el posible sustituto del Partido Popular.   

Por todo lo dicho cunde cierta desesperanza, porque ya no se ve tan seguro el cambio soñado. Y se propaga cierto pesimismo porque se ignora una certeza que hace años escuché formular con lucidez al nonagenario militante comunista y poeta Fernando Macarro, más conocido por su nombre literario de Marcos Ana. El hombre que pasó más tiempo en cárceles franquistas (23 años) explicaba a un reducido e impaciente público joven que los cambios de verdad son necesariamente lentos pues, de no ser así, no son tales sino espectáculo.

Es verdad que las consecuencias nefastas de los recortes sociales y las implacables políticas neoliberales, que a tantos han hecho y hacen sufrir, han despertado muchas conciencias. Y también es cierto que por mucho que el gobierno cacaree sobre la recuperación económica y la salida de la crisis, los trabajadores, la gente común, comprueban en sus vidas que eso no es cierto. Pero no podemos olvidar que en los noventa y primeros años del siglo XXI, antes de la crisis, mucha gente creía vivir en el mejor de los mundos. Aunque un paro considerable haya sido constante durante décadas en España, la burbuja inmobiliaria no había estallado, no habían empezado los brutales recortes sociales ni las rebajas salariales y se ofrecía crédito al consumo a casi todo el mundo a tipos de interés asumibles. No aumentaban los salarios o muy poco, pero los trabajadores podían hacer un montón de horas extraordinarias y entramparse comodamente para pagar a plazos la vivienda, incluso una segunda residencia, televisores, lavavajilas  y automóviles en cuotas mensuales que se podían abonar sin demassiado apuro.

En este tiempo de capitalismo de crédito fácil, buena parte de la clase trabajadora se consideraba ‘clase media’. Se había olvidado que se forma parte de esa clase no por caprichosa elección o moda sino porque solo se dispone de la fuerza de trabajo para alquilar a cambio de un salario para poder vivir, en tanto que una minoría se lleva la parte del león porque detenta la propiedad de los medios de producción en los que trabajamos.

La conciencia de clase brillaba demasiado por su ausencia y el movimiento obrero se debilitaba. ¿Es casualidad que en España solo haya habido cuatro huelgas generales desde 2010, cuando se empezó a notar la crisis que devino saqueo, mientras en Grecia ha habido 30 huelgas generales desde 2009? Un movimiento obrero débil, como el de España, es indicio de falta de conciencia de clase y de insuficiente fortaleza política para acometer cambios en profundidad.

Los cambios profundos llevan su tiempo. Tiempo que es preciso también para forjar conciencias colectivas críticas y transformadoras. Además, en los cambios que merecen tal nombre se consigue parte de lo perseguido y parte no; aquí más y allí menos; aquí cambio notable, allí a medias o apenas… Un cambio revolucionario lleva su tiempo. Un cambio en el que se cuestione y empiece a cambiar la propiedad de los medios de producción, porque ese cambio está ligado al volumen de conciencia crítica de la clase trabajadora y de la ciudadanía y al aumento y afianzamiento de la conciencia de clase.

Y hoy, a pesar de haber más oposición, más resistencia y más movilizaciones populares, aún permanecen una parte considerable de creencias colectivas en mitos y fábulas neoliberales que desmovilizan. Que el crecimiento económico exponencial es imprescindible. Que la competitividad es la esencia de la economía. Que la libre circulación de capitales es buena. Que las normas y regulaciones frenan la economía. Que es legítimo que el capital obtenga buenos beneficios porque arriesga y crea riqueza. Que lo público es caro y malo y lo privado eficaz y bueno. Que la protección social crea vagos.  Que los medios de comunicación de los países occidentales ricos informan verazmente…

Con esa conciencia crítica colectiva insuficiente, más embustes y manipulaciones sistemáticos, que las clases populares ganen las elecciones es importante, pero también difícil, y, sobre todo, insuficiente. Porque las cosas cambian cuando la gente común cambia, se organiza y se moviliza; cuando la clase trabajadora se organiza y lucha. ¿Lucha de clases? ¿Otra vez esa antigualla? De antigualla nada, por cierto, porque la sufrimos día tras día. Y, como botón de muestra de su innegable realidad, recordaré que un destacado miembros de la minoritaria clase dominante, el estadounidense Warren Buffet (uno de los cuatro o cinco hombres más ricos del mundo) asegura “que por supuesto que hay lucha de clases y es mi clase, la clase rica, la que va ganando”.

Y se trata de que pierdan, porque ambas clases no pueden ganar. Por eso no hay que desesperar si los resultados electorales próximos no son los soñados. ¿O acaso alguien creía que el Ibex 35 (las grandes empresas y corporaciones españolas) iba a permanecer impertérrito ante un avance electoral popular? Pueden comprar todo lo comprable y lo hacen.

Por todo ello, el cambio profundo, político, social y económico no es equiparable a una carrera de velocidad ni solo cuestión de elecciones, sino que es más una carrera de fondo, una maratón, en la que hay que medir fuerzas y administrar y organizar energías. Y, por supuesto, aumentar la conciencia colectiva crítica y transformadora. La conciencia de clase trabajadora.

Pobreza en cotas impensables hace tiempo

Según la European Anti Poverty Network (Red europea de lucha contra la pobreza), el compromiso de España con la Red era que en cuatro años hubiera 1.400.000 pobres menos. Pero hoy no sólo no hay menos pobres sino que hay 1.300.000 pobres más: 2.700.000 pobres más respecto a los compromisos contraídos, porque el gobierno en verdad no se ha preocupado en absoluto por reducir la pobreza. Cero. Porque reducir el número de pobres no se logra con rentas mínimas de limosna, que, además, apenas se dan.

¿Quiénes son pobres? Los individuos que vivan solos e ingresen menos de 6.278 euros al año. O cuando viven dos personas e ingresan menos de 9.400 euros anuales. O dos adultos y un menor e ingresan menos de 11.300 euros al año. Hagan cuentas y vean como vivirían con esos ingresos. Un dato significativo, por cierto, pero hay otro indicador europeo de pobreza (tasa AROPE, At Risk Of Poverty and Exclusion) que concreta la población que soporta privaciones materiales severas. Según esa tasa son pobres quienes no pueden afrontar cuatro de estos seis gastos: Pagar la hipoteca o alquiler de la vivienda. Comer carne o pescado tres veces por semana. Encender la calefacción para que la vivienda en invierno no sea una nevera. Disfrutar de una semana anual de vacaciones por lo menos. Poder afrontar gastos razonables imprevistos. Tener teléfono, televisión y lavadora

¿Cuánta gente hay que no puede poner la calefacción, disfrutar de una semana de vacaciones, comer carne o pescado tres veces por semana ni puede pagar gastos imprevistos? Según Red Europea de Lucha contra la Pobreza, en 2013 había en España cerca de 13 millones de personas pobres, algo más del 27%. Una enormidad. Y, desde 2009, la cantidad de pobres ha aumentado más de 2,5 puntos, por lo que es probable que la tasa de pobreza aumente, vista la actuación del gobierno. Y algo muy esclarecedor: las tasas de pobreza no se redujeron en los años de crecimiento económico. ¿Y por qué no? Porque este sistema, el capitalista, está acabado. En las previsiones para los siguientes noventa años, el crecimiento será bajo y sin crecimiento este sistema está visto  para sentencia. Y, por supuesto, no hay atisbo alguno de que se albergue la menor intención de repartir la riqueza. Lejos de aportar algo positivo a la humanidad como ocurrió al principio al sustituir a los sistemas feudales y absolutos, según nos recordó el profesor José Luis Sampedro, hace tiempo que este sistema camina hacia la desolación del mundo y no solo por el cambio climático que puede acabar con al Humanidad.

La pobreza aumenta sobre todo porque el capitalismo que soportamos no permite acabar con ella. Si añadimos además que, en nuestro caso, el capitalismo español es cutre y corrupto, un capitalismo de amiguetes fruto de cuatro décadas de ominosa dictadura, se explica mejor porque aquí aumenta más la pobreza y avanza la desigualdad a mayor velocidad que en el resto de Europa, salvo Rumanía y algún otro país también desestructurado.

La crisis contribuyó a aumentar el empobrecimiento, por supuesto. Pero este capitalismo neoliberal, predador, que usa la austeridad y el pago de la deuda pública para dominar a los pueblos, es el que aumenta la pobreza y genera mayor desigualdad. Así las cosas, incluso la Comisión Europea (que no es precisamente de extrema izquierda) ha denunciado la política social del gobierno español por la alta tasa de pobreza y el aumento de desigualdad. ¡Cómo será! Según GESTHA (Sindicato de Técnicos de Hacienda) en su informe Adiós a las clases medias, la precariedad laboral en España aumentó hasta afectar casi al 44% de la población.

Pero no solo la Comisión Europea, también la ONU acusó al gobierno del Partido Popular de llevar a la pobreza a la cuarta parte de población española. Un informe del Comité de Derechos Económicos y Sociales de la ONU criticó abiertamente los recortes que perjudicaron de forma desproporcionada a los más desfavorecidos. Y aseguró que los recortes perjudican sobre todo a mujeres, niños, discapacitados, adultos y jóvenes en paro, personas mayores, gitanos e inmigrantes. Millones. Y añadía la ONU que el salario mínimo interprofesional de España no permite una vida digna. Sería un experimento interesante que la gran patronal, banqueros y gobierno se preguntarán en serio cómo vivirían con 648 euros al mes. Y eso con suerte, porque hay salarios aún más precarios y bajos.

Y, mientras la pobreza vuelve a cotas impensables hasta hace un tiempo cercano, cotas que se acercan a las de la posguerra y primeras décadas de la dictadura franquista, las empresas del Ibex, las más poderosas y grandes del país, aumentan un 37% sus beneficios al tiempo que rebajan el sueldo medio de sus empleados un 1,5%. Para que quede claro quién manda aquí.

Ya pueden vender los embustes que quieran sobre la presunta recuperación y salida de la crisis, porque las condiciones objetivas reales de la mayor parte de la gente común son otras e innegables.