Lo que en verdad busca la troika

Varios billones de euros después entregados a la banca europea, la crisis de la deuda o del euro,si se prefiere, no remite en Europa ni por asomo. Aunque más justo sería llamarla estafa. O timo.

Europa va de mal en peor y hasta Alemania ve las orejas al lobo con el frenazo en sus exportaciones. El cuarto trimestre de 2012, toda la eurozona entraba en recesión. Más en concreto, en España, la subida del IVA ha sido letal para el consumo interior que cae en picado. Como mortales son las rebajas de sueldo de funcionarios públicos, los despidos de empleados interinos, la congelación de pensiones y los recortes en prestaciones para parados, que han aumentado hasta el 26% de la población activa, mientras la Seguridad Social pierde y pierde afiliados y cotizaciones por miles mes tras mes.

En Portugal se consolidan los pagos en la sanidad pública, que hacen muy vulnerable a la ciudadanía, y otra reforma laboral abarata más el despido (como en España), sin olvidar la subida de impuestos a la ciudadanía común (no a los ricos) que la empobrece más, más la privatización de empresas públicas que son puro saqueo. ¿Y qué decir de Grecia?

Una reciente investigación del Center for Economic and Policy Research de Estados Unidos demuestra que las políticas de austeridad que el FMI impone a Europa son muy perjudiciales para la inmensa mayoría de la ciudadanía y porque consigue efectos contrarios a los que dice buscar.

Tal vez por eso apenas se han oído algunas voces críticas con la política de austeridad, pero con la boca pequeña. Y así, Olivier Blanchard, economista jefe del FMI, ha reconocido el error de recomendar sin matices recortes presupuestarios a los gobiernos europeos, porque eso habría podido frenar el crecimiento económico. Pero los economistas del FMI se empecinan en “mantenella e no enmendalla” e insisten en que los funestos resultados actuales no significan que la política de austeridad sea mala. Y, a pesar de la ruina del pueblo portugués, el FMI aconseja a Passos Coelho, primer ministro de Portugal, que despida a más funcionarios, aumente el horario laboral de empleados públicos (con el mismo sueldo), reduzca aún más las prestaciones por desempleo y rebaje todavía más las pensiones. Para ser competitivos, dicen.

Tal vez para el FMI sea irrelevante que el paro alcance ya en Portugal el 17% y que el PIB retrocederá un 1,5 en 2013. ¿Qué significa ser “competitivo” si la mayoría de ciudadanos se precipita a la pobreza?

¿Tan estúpida es la troika?

Porque resulta que la solución al agobio de la deuda y los recortes que pretenden ser la única solución está en historia muy reciente. En 1953, cuatro años después de su fundación, la República Federal de Alemania (RFA) se hundía bajo el peso de sus deudas y amenazaba con arrastrar en su desmoronamiento a los países europeos. Los 21 países acreedores de Alemnia se reunieron en Londres y decidieron ajustar sus exigencias de cobro a la capacidad de pago de la RFA.

Redujeron un 60% la deuda acumulada y concedieron una moratoria de cinco años, más un aplazamiento de treinta años para reembolsarla y una cláusula de desarrollo por la que la RFA dedicaría al pago de la deuda solo la vigésima parte de sus ingresos por exportaciones.

¿Por qué Europa no actúa hoy de nuevo así?

Tal vez porque el objetivo real prioritario de la troika no sea cobrar la deuda. Tal vez porque lo que buscan en realidad sea desmantelar el estado de derechos sociales en Europa (mal denominado ‘estado de bienestar’, porque te pueden pedir que tengas menos bienestar, pero no menos derechos). Tal vez porque esta crisis-estafa permite a la minoría rica aumentar obscenamente sus beneficios, como los datos demuestran.

Pero lo que toca es quitar la mayor parte de la deuda, porque, además de ilegítima, es una deuda impagable. Como explica el filosofo John Ralston, hay que acabar con toda la deuda, porque hunde a Europa. Y metafóricamente propone que guardemos la deuda en un sobre, escribamos en él, “muy importante”, metamos el sobre en un cajón, lo cerremos y tiremos la llave.

Si no se quita gran parte de la deuda, al tiempo que se rehacen los sistemas fiscales progresivos más justos y se empieza a arrinconar en toda regla a paraísos fiscales y banca en la sombra, a Europa no la salva ni la misericordia divina. Si la hubiera.

Hay peores males que no pagar la deuda

Como explica Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, la minoría rica tiene una agenda oculta para desmantelar el estado social y privatizar los servicios públicos para apoderarse de ellos; los servicios que garantizan el ejercicio de derechos sociales. Jerome Duval, experto en deuda externa, asegura que hoy en Europa, como antes en América Latina y África, la deuda es el modo de dominación de la minoría rica para lograr esos objetivos.

Como recuerda Vicenç Navarro, una falacia pretende justificar la impuesta prioridad de reducir el déficit público al precio que sea: que la deuda es una carga para nuestros hijos en el futuro. Falso. El futuro de hijos y nietos no depende de pagar o no la deuda; depende de la productividad y de la actividad económica; depende de la lucha contra la desigualdad. Y el dinero público dedicado hoy a educación, sanidad, bienestar social, investigación, infraestructuras y transporte no es gasto sino inversión. Por un futuro mejor.

Muchos economistas creen que no pagar la deuda pública de un país es algo fatal. Pero bastantes (cada vez, más) consideran hoy con razones que no pagar la deuda no es lo peor. Como dice Eric Toussaint, presidente del Comité para la Anulación de la Deuda, hay algo peor que no pagar la deuda: que los ajustes para pagarla tengan terribles consecuencias sociales. Veamos algunos casos de bondad del impago de deuda.

Se cumplen diez años de la suspensión del pago de la deuda argentina. Rodríguez Saa, elegido Presidente para 90 días (mientras se convocaban elecciones presidenciales) lo fue solo siete por cuestiones ajenas a la economía, pero en ese tiempo tomó una decisión fundamental: suspendió los pagos de deuda pública. Estudiosos y analistas de la crisis consideran que fue el paso inicial y primordial para la recuperación de Argentina. El primer año fue duro, pero la economía mejoró enseguida y, desde 2002, todos los años (salvo dos) ha habido un crecimiento superior al 8%; el más rápido en Occidente en los últimos nueve años y con las tasas de crecimiento más altas del mundo, según el Center for Economic Policy Research de Washington.

En 2003 el presidente argentino elegido, Néstor Kirchner, comunicó al FMI que debía dejar crecer al país porque “los muertos no pagan deudas”. La deuda pública de Argentina era el 168% del PIB en 2002. En 2003, el gobierno Kirchner pactó otras obligaciones y tiempos de pago con FMI, Banco Mundial, el Interamericano de Desarrollo y otros. En 2004 la deuda externa argentina era de 178.000 millones de dólares. En 2005 hubo canje de bonos argentinos en suspensión de pagos desde 2001. Se consiguió el 75% de quita de deuda y Argentina propuso otra quita del 66% de 81.000 millones de dólares de origen privado e hizo frente a juicios promovidos por grandes propietarios de bonos. La mayoría de acreedores no cobró; en Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia intentaron embargar activos argentinos en el exterior, pero estaban protegidos por convenios internacionales.

La historia de la reestructuración de deuda de Argentina se considera ejemplar porque hizo que la tercera economía latinoamericana creciera de nuevo y con ímpetu en los últimos años.

Argentina lleva once años sin pagar 6.241 millones de dólares que debe al Club de París (varios países acreedores agrupados) y partidos de izquierda más organizaciones de Derechos Humanos han solicitado al gobierno que precise qué deuda hay que pagar a ese Club y no pagarla sin completar antes la auditoría que determine el origen de la deuda, quiénes se beneficiaron y cuánto se ha pagado. Porque parte de esa deuda es de la dictadura militar: una deuda ilegítima. Y las deudas ilegítimas no se pagan.

Otro caso notable es el de Islandia. Los islandeses han rechazado en referéndum dos veces pagar 5.000 millones de dólares que prestaron Reino Unido y Dinamarca para tapar la quiebra de un banco islandés. Al dejar de pagar, Islandia creció 2,5% en 2011 y la tasa de paro se redujo 1,5 puntos.

Y en Ecuador, el Presidente Correa también decidió no pagar la deuda y se ahorraron 7.000 millones de dólares que se invirtieron en partidas sociales. Entre 2006 y 2011, lo dedicado a pagar la deuda pasó de 24% a 7% de los presupuestos del estado y los gastos sociales aumentaron del 12% al 25%. La deuda pública descendió a su nivel histórico más bajo en relación al PIB: 22% en 2011. Se aumentaron salarios y pensiones, mejoraron las condiciones de vida, paro y contratos precarios disminuyeron y decreció la pobreza. Según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y Caribe), Ecuador es el segundo país latinoamericano que ha reducido más su pobreza: 9 puntos menos. En 2011, 650.000 personas salieron de la pobreza.

No pagar la deuda externa no es malo. Es una legítima y excelente opción.

En manos de codiciosos inmorales

En España, el muy conservador Partido Popular ha obtenido mayoría absoluta en las elecciones; bien es cierto que ha sido absoluta por una ley electoral injusta. Semanas antes, periodistas, editorialistas y opinadores profesionales al servicio de la derecha proclamaban que, desaparecido en combate Zapatero, el triunfo del Partido Popular generaría la confianza automática de los “mercados”. Pero los “mercados” han recibido el triunfo de los conservadores españoles con una prima de riesgo más alta y caídas en las Bolsas.

Y es que los “mercados”, que han tomado descaradamente el poder (que la Unión Europea les ha entregado), actúan a su beneficio y antojo. Aunque en vez de “mercados” podemos escribir los nombres de seres de carne y hueso, así como de entidades financieras concretas. Porque -convenzámonos de una vez- los “mercados” son solo unos cientos de grandes grupos industriales, aseguradoras y bancos, entre los que destacan con luz propia Barclays, JP Morgan, Merrill Lynch, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Citibank, Bank of America, Axa, Natixis, Société Générale, Banque Populaire-Caisse d’Épargne, BNP-Paribas, Deutsche Bank, UBS, Capital Group, BlackRock, Vanguard… más las dignas de toda sospecha agencias de rating que actúan como sicarios económicos.

Tras la desregulación y el descontrol financieros, y con el secreto bancario elevado a sacramento, la privatización por sistema y la reducción (o desaparición) de impuestos a quienes más tienen y atesoran hemos llegado a la “crisis de la deuda”. Crisis que, como denuncia Susan George, “permite a los acreedores ejercer una especie de colonialismo sin necesidad de recurrir a un ejército ni a una administración imperial; antes en países en desarrollo y ahora en Europa”.

Con el chantaje de la deuda, los “mercados” han llegado a la fase del expolio descarado de lo público. No se trata solo de que las deudas financieras privadas de bancos, aseguradoras u otras entidades financieras devengan públicas, porque se afrontan con dinero público; ahora quieren reducir al mínimo inversiones y gastos sociales para hacer desaparecer el modelo mínimamente social de cierto reparto de riqueza desarrollado desde los años cincuenta. Y puesto que lo privado es lo que priva, educación, salud, distribución de agua, transportes y energía (que antes parecían intocables) han de dejar de estar al servicio de la mayoría para convertirse en fuente de obscenos beneficios de unos pocos.

La austeridad fiscal es ahora el medio para dar el tiro de gracia a lo que resta de estado social en Europa. Pues, como denuncia Susan George, ningún país ha mejorado con la política de austeridad. Por tanto, no es la mejora económica lo que buscan, sino el cambio de modelo social. Por eso, Europa debería mirar a América Latina, que sufrió su crisis de deuda en los ochenta y noventa, pero reaccionó bien.

Brasil, Argentina o Ecuador dijeron no al FMI, a sus pagos de deuda y a sus austeridades. Y hoy, según Michael Reid (editor de The Economist para las Américas), “el buen momento económico de Latinoamérica es una gran oportunidad”. No por una austeridad, sino a menudo lo contrario. Y así la CEPAL testifica que “la pobreza y la indigencia descendieron en América Latina en 2010 gracias a la vigorosa recuperación económica de la mayoría de países de la región”.

En Europa, no cesa la crisis de la deuda y cinco gobiernos han sido descabalgados en elecciones desde 2010. Normal. Lo malo y preocupante es que los presidentes de Grecia e Italia han sido sustituidos sin convocar elecciones. Por decisión del poder financiero.


Si la deuda pública española, por ejemplo, es menor que otras, ¿por qué los “mercados” quieren más ajustes y recortes sociales? La deuda peligrosa de España no es la pública (algo más del 60% del PIB, mientras la alemana es el 83%). La deuda preocupante española es la de sus bancos, que en 2012 deberán pagar 200.000 millones de euros a otros bancos europeos.

Esa parece la razón de tanto ajuste y recorte. ¿Para que el Estado disponga de liquidez y pague su deuda?, con la que, por cierto, los “mercados” especulan y obtienen grandes beneficios. ¿O para ayudar a los bancos a pagar la suya? Quizás para que la señora Merkel duerma tranquila porque sus bancos alemanes cobrarán lo que les deben los bancos españoles.

Parece que la ciudadanía europea está en manos de granujas. Los “mercados”, sus cómplices y sus sicarios.

Es hora de empezar a protestar

Los europeos no sufrimos tanto como tunecinos y egipcios (de éstos últimos, más de la mitad malviven con un dólar diario), pero en Europa se precipita un panorama gris muy oscuro. Quizás debamos tomar a tunecinos y egipcios como ejemplo, ahora que se han revuelto en las calles contra la injusticia y la opresión. O, de otro modo, si españoles, franceses, griegos, portugueses, irlandeses, ingleses, polacos, checos… no plantan cara a la dictadura financiera y a la cobardía y servidumbre de mandatarios y políticos profesionales que la sirven, la minoría rica y privilegiada nos “retrocederá” a la situación de fin de siglo XIX. Una vida peor con menos derechos.

Una muestra de la inacción mientras patean nuestros derechos. Alguna juventud española (los más perjudicados por la crisis) arma grandes broncas porque las autoridades municipales les prohíben celebrar un “botellón”. Pero no mueve un dedo para exigir un presente y futuro dignos a los que tiene indiscutible derecho. Aunque, en honor a la verdad, esa indolente inacción ante la canallada opresora en que se ha convertido la crisis no es sólo propia de jóvenes.

La ciudadanía no reacciona ante el desempleo que castiga a Europa ni frente a la rebaja de derechos laborales. Tampoco reacciona ante salarios cada vez más reducidos ni por la precariedad de los empleos. No hay reacción tampoco cuando la vicepresidenta del gobierno español osa declarar que “es indecente que con más de 4.000.000 de parados, haya quien no esté de acuerdo en alargar la jubilación a los 70 años”. Encima pretenden que aceptemos la violación de nuestros derechos.

Ignacio Escolar, un joven y lúcido periodista, ha escrito que “los jóvenes de 25 o 30 años forman parte de una generación estafada a la que le han cambiado el derecho a una vivienda digna y un empleo estable por la Playstation III (…) En España hay casi un millón de parados (46%) que tiene menos de 25 años. Y en Europa se repite que los jóvenes de hoy forman la primera generación que vivirá peor que la de sus padres desde finales de la II Guerra Mundial.

En el último trimestre de 2009 hubo protestas ciudadanas y huelgas de trabajadores en varios países europeos contra recortes sociales presupuestarios, rebaja de derechos y medidas gubernamentales que pretenden que la ciudadanía pague la crisis. Sí; Francia, España, Alemania, Polonia, Reino Unido, Irlanda, Grecia… fueron escenario de manifestaciones y huelgas. Pero se acabó la protesta. Mientras, la minoría privilegiada no cesa en sus ataques contra una vida digna para la mayoría, contra los derechos de todos, contra la exigible justicia social. Ahí tenéis a la canciller alemana Merkel exigiendo más sacrificios, mientras el FMI pide despidos baratos, rebajas de subsidios de desempleo, sustituir negociación colectiva por convenios de empresa y privatizar más servicios públicos. Menos derechos. Y su director-gerente, el presunto socialista Dominique Strauss-Kahn, lamenta que “nos enfrentamos a la perspectiva de una generación perdida de gente joven, destinada a sufrir durante toda su vida peores empleos y peores condiciones sociales”. ¡Como si el FMI no tuviera nada que ver con lo que le pasa a esa juventud!

Como dijo Nelson Mandela “la pobreza no es natural. La crea el hombre y son las acciones de los seres humanos las que pueden vencerla y erradicarla”. Citar a Mandela no es gratuito porque, con lo que está pasando, la pobreza amenaza más que nunca a más millones de personas en el mundo. Se agrava en los países empobrecidos y crece a ojos vista en los países desarrollados. Y, como proclama Amnistía Internacional, la pobreza no es inevitable; es causa y consecuencia de violaciones de derechos humanos y tiene responsables.

Stéphane Hessel, antiguo resistente contra los nazis y único redactor de la Declaración Universal de Derechos Humanos que vive, asegura que hoy necesitamos más que nunca los principios y valores que nos guiaron y debemos velar juntos para que nuestra sociedad no abdique de ellos”. Valores como libertad, justicia, equidad. En suma, respeto a los derechos humanos.

José Saramago decía que, ante lo que está pasando, no tuviéramos tanta paciencia.Tenía razón. Ya es hora de cambiar de actitud, de protestar, de defender los derechos de todos.

Pura lucha de clases

En un pueblo de Cádiz, viven Francisco de 50 años, María José de 43 y la madre de ambos de 84. Desempleados, ya no perciben subsidio de paro. Los tres sobreviven con la pensión de la madre: 597 euros mensuales. Ésta es una consecuencia cotidiana, abundante y dramática de la situación económica. No sólo en España. Fruto de la crisis global de la que no salimos por los recortes de presupuesto público, pues la histeria contra el déficit mantiene el desempleo (o lo incrementa), reduce salarios, además de empequeñecer la seguridad social y la educación pública.

Recortar el déficit público es prioridad elevada a dogma. Eso y que los bancos no den créditos garantiza una prolongada crisis. Sobre eso, el economista Juan Torres explica que el Banco de Pagos Internacionales ha hecho público que la banca española es la más rentable del mundo. Pero esos rentables bancos no prestan y así paralizan la actividad económica. Neoliberalismo puro.

Larry Elliott, responsable de economía de The Guardian, recuerda que el presidente Roosevelt utilizó el gasto público para relanzar la economía americana y así el país comenzó a salir de la crisis de 1929. Pero después, Roosevelt escuchó a quienes graznaban que el  déficit presupuestario sería intolerable para futuras generaciones. Se recortó el presupuesto… y la economía norteamericana cayó de nuevo en recesión. La recesión se superó cuando Estados Unidos intervino en la Segunda Guerra Mundial, que supuso un enorme incremento del gasto público. Y la economía funcionó. En 1945, acabada la guerra, el déficit presupuestario americano alcanzaba 250.000 millones de dólares, el 120% del PIB. Pero eso no impidió que Estados Unidos se convirtiera en la primera potencia económica.

¿Qué persiguen los neoliberales cuando insisten tanto en recortar?

Según Michael Hudson, antiguo economista en Wall Street y hoy profesor en la Universidad de Misoury (Kansas City), lo que persigue el neoliberalismo es desintegrar la seguridad social, neutralizar el sistema estatal de pensiones y reducir a la mínima expresión la asistencia sanitaria y la educación públicas. Desmantelar el estado social de derecho. Esta política nació tras la caída del muro de Berlín, en Breton Woods, con el Consenso de Washington y la impagable complicidad del FMI y del Banco Mundial. Hoy, la minoría privilegiada neoliberal controla la política económica y tiene a su servicio a la mayoría de gobernantes; conservadores y socialdemócratas.

Estamos ante una renovada teología del neoliberalismo; teología porque pretenden que es la única política posible y no se puede discutir. Teología económica contra la Seguridad Social para urdir un mundo privatizado. Porque necesitan que desaparezca el sistema público de pensiones para que los asalariados contraten pensiones privadas y así la minoría privilegiada dispondría de fondos ingentes para continuar especulando sin freno.

Al mismo tiempo, Europa, Gran Bretaña, China, Japón… se empecinan en reducir su déficit drásticamente y también fomentar las exportaciones. Para crecer. Si todos recortan ¿quién podrá importar? Si nadie importa ¿quién podrá exportar? La cuadratura del círculo.

Además, la dirección de la política económica ha sido cedida a los bancos centrales, correveidiles de la banca, para que ésta continúe especulando y enriqueciéndose. Son los bancos centrales quienes dogmatizan que la única política posible es apretarse el cinturón y perjudicar a la mayoría trabajadora. Dicen que así se recuperará el sistema financiero. Pero si el sector financiero sólo puede ser rescatado recortando seguridad social, atención sanitaria y educación, ¿por qué hemos de rescatarlo?

Y una nota para dejar claro donde estamos. La Universidad de Oxford, con el apoyo  de Naciones Unidas, ha elaborado un índice más preciso para medir la pobreza. Según el mismo, hay 400 millones de pobres más en el mundo de los que creíamos. Pobre es quien dispone de menos de un dólar y cuarto diario. El nuevo índice además tiene en cuenta si se puede acceder o no a la salud, a la educación, a la electricidad, al agua saludable… Así resulta que en el mundo hay 1.800 millones de personas que sufren pobreza severa, un 27% de la Humanidad.

Pura lucha de clases, créanme. Pero no como en el siglo XIX, patrones contra obreros y viceversa. Es la perversa agresión sistemática del obsceno sector financiero contra los trabajadores, contra los derechos de la inmensa mayoría de ciudadanos del mundo.

Hay que reaccionar.