La Troika otra vez contra Grecia

Tras siete años de sufrimiento, brutal aumento de desigualdad y pobreza, la Troika (Unión Europea, Banco Central Europeo y FMI) ataca de nuevo a Grecia. Sigue el saqueo del pueblo griego, ahora amenazado por un tercer rescate. El primer rescate de Grecia en 2010 en realidad rescató a bancos alemanes y franceses, pues gran parte de los 110.000 millones de euros facilitados por la Troika (a cambio de una austeridad violadora de derechos) fue para “cubrir necesidades financieras de mayo de 2010 a junio de 2013”. Esas necesidades eran el pago de intereses a bancos, sobre todo. Ahora un tercer rescate de Grecia no augura nada bueno para la gente.

En gran medida por un Parlamento y gobierno griegos dispuestos a tragar lo que impongan los bancos y el Eurogrupo. De nuevo cedió el primer ministro griego, Alexis Tsipras, en la reunión de 7 de abril del Eurogrupo. Otra vez el acuerdo impuesto por la Troika deteriora e hipoteca presente y futuro de los griegos. El tercer rescate busca recortar pensiones, vulnera derechos laborales, rebaja salarios y exige nuevas privatizaciones e impuestos a los más desfavorecidos.

Los acreedores, cuyos intereses defiende una Troika implacable, no cejan de exigir austeridad sin concesión alguna, aunque esta vez Tsipras ha osado decir en una entrevista televisiva que “no aplicaremos medidas si no hay solución para la deuda“. Se refiere a reestructurarla y quizás hacer un quita importante. ¿Plantar cara a la Troika? Si no lo hizo hace siete años con un referendo que le dio el 60% de apoyo ciudadano, ¿se atreverá ahora?

De momento el FMI pide más dureza en las que ellos llaman reformas pendientes. Que la Troika reaparezca aterra a los griegos, visto el precio pagado y el que temen pagar. Para la gente común es la imposibilidad de vida digna. Los pensionistas, que sostienen muchas familias, son víctimas prioritarias del nuevo rescate y, aunque seis de cada diez jubilados griegos ya cobran menos de 650 euros mensuales, los voraces acreedores exigen ‘reformar’ las pensiones. Ven el negocio de debilitar las pensiones públicas y promover las pensiones privadas, nada fiables, por cierto.

¿Y qué hacer ante un paro del 30% según los sindicatos? El nuevo rescate exige facilitar los despidos colectivos y suspender los convenios sectoriales. Más paro porque, aunque se crearan empleos, habrá más precariedad, desigualdad y pobreza, como ha sucedido estos siete años. Y encima los insaciables acreedores han hecho la lista de empresas e instalaciones públicas a saquear, perdón a privatizar, como el aeropuerto de Atenas y 40 centrales eléctricas estatales.

La Troika insiste en que esas medidas son para que Grecia cumpla como deudora, sin apuros, pretendiendo la simpleza de que las deudas son intocables y simplemente se han de pagar. Como si no hubiera habido multitud de reestructuraciones de deuda y quitas desde los tempos de Hammurabí hace 3.800 años. En el enfrentamiento de Alemania contra Grecia por la deuda, que es cuestión de fondo, la Troika olvida además que en 1953 diecinueve estados, entre ellos Grecia y España, perdonaron a Alemania la mitad de su deuda. Más aún, por un generoso acuerdo, Alemania Occidental pagaba intereses de su deuda solo con superávit comercial mensual, además esos pagos nunca serían más del 3% del importe de las exportaciones alemanas. Así la deuda no pesó en la economía, Alemania se recuperó y creció.

Rebajar la deuda de la derrotada Alemania fue decisión política de los vencedores en la II Guerra Mundial, sobre todo de EEUU. Declarada la guerra fría por el presidente Truman en un discurso de marzo de 1947, EEUU decidió que necesitaba una Alemania Federal fuerte en la frontera con Checoeslovaquia, Alemania Democrática y demás países del área soviética.

Años después, continuó la promoción económica de Alemania con la creación del euro, que beneficia sobre todo a ese país. Entonces se aplicaron tipos de interés muy reducidos para que Portugal, España y Grecia, sobre todo, pudieran pedir préstamos a Alemania y así poder comprar sus productos exportados, alimentar una burbuja inmobiliaria nacional e impulsar entonces el crecimiento de Alemania ya reunificada.

Constatado lo anterior, cabe calificar de obscena la actuación con Grecia del Eurogrupo, de Alemania y de la Troika. Ni los gángsteres de los años 20 y 30 del siglo pasado en Chicago fueron tan amorales.

Plan B alternativo para construir una Europa democrática

El movimiento contra la austeridad presupuestaria cuajó en Europa tras la humillación a Grecia. Una despótica Troika condenó al pueblo griego a la pobreza, incertidumbre y sufrimiento, en tanto seguían los ataques contra el estado social en Europa del Sur con el pretexto de reducir el déficit público. Meses después nacen en Europa propuestas de confluencia de movimientos sociales, organizaciones ciudadanas y políticas contra la austeridad criminal que impone esta Unión Europea (UE).

Muy oportuno, porque, tras el triunfo del No a la austeridad en el referéndum griego, el nada fiable presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, sentenció inapelable que “no puede haber decisiones democráticas contra los tratados europeos”. Y así destapó con una nitidez indiscutible la Europa autoritaria. La de la élite gobernante al servicio de la minoría que detenta el poder económico y financiero. Para el presidente de la Comisión los tratados que conforman esta UE son como Dios. Pero hoy, el resultado comprobado de esta Europa bajo la dictadura neoliberal es que los tratados han logrado que los ricos sean más ricos, crezca la desigualdad y aumenten los pobres que son más pobres. Lo peor es que esta Unión utiliza la crisis  para desposeer sistemáticamente a las clases trabajadoras europeas en beneficio del poder económico y financiero. Por medio de sistemáticas rebajas salariales y empeoramiento de las condiciones laborales más brutales recortes sociales de los presupuestos de los Estados, que significan violaciones permanentes de derechos del pueblo trabajador.

Son tres las iniciativas que busca construir una alternativa contra la criminal austeridad de esta Unión Europea: Por un Plan B en Europa, Austerexit y Democracy in Europe Movement 2025 (Diem25). ¿Se organiza por fin la oposición y resistencia europeas contra esta Unión? Veremos. Sus proyectos buscan en primera instancia eliminar el destructor Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobierno y acabar con el chantaje permanente a los gobiernos nacionales. Sin embargo, no todos quienes están contra la desintegradora austeridad ponen en cuestión el sistema económico que hace posible esta Europa. ¿Es posible cambiar Europa sin cuestionar ni erosionar el capitalismo?

Hay además dos posturas políticas diferentes de esta oposición que parece nacer con ganas de organizarse y crecer. Terminar con el euro y sus estructuras. O democratizar Europa, sin que mantener el euro o no sea prioritario. ¿Será esa diferencia como ocurre en la fábula de Samaniego en la que dos conejos discuten si les perseguían galgos o podencos hasta que los perros los sorprendieron despistados y los devoraron?

Desde luego nada será posible si la ciudadanía no sale a las calles. Cambiar esta Unión Europea no es cuestión de camarillas ni de líderes iluminados. Nada se logrará si organizaciones y movimientos sociales, ciudadanos y políticos no se convierten (metafóricamente) en tropas de asalto por una revolución democrática que construya una nueva Europa. Se podría empezar creando una red de municipios rebeldes y desobedientes y actuar en conjunto, así como trabajar con paciencia y tesón para que los sindicatos europeos se pongan en marcha, abandonen el papel secundario de buen rollito de los últimos años y recuperen la combatividad propia de sindicatos de clase y dejen de ser actores de reparto, extras o figurantes del sistema.

Una primera acción común mostraría la solidez del movimiento de oposición a esta Unión Europea. Por eso, el 28 de mayo, aniversario de la Comuna de París, se ha convocado una gran movilización por otra Europa en más de cien ciudades europeas. El éxito de esta movilización medirá en parte la fuerza del movimiento que nace para romper la actual arquitectura europea.

Es tiempo de construir el proyecto de otra Europa, no de reformas cosméticas. No habrá más justicia ni mas democracia en Europa sin desobedecer las reglas de juego de esta UE hasta eliminarlas. No habrá cambio sin desobedecer ni quebrar la política al servicio del poder financiero. No habrá otra Europa sin cuestionar el sistema capitalista, sobre el que se asienta esta Unión, para construir otro sistema.

El Plan B avanzará si se desobedecen tratados y techos de déficit. Y para logralo es preciso que la gente se mueva. Lo sintetiza Alberto San Juan cuando asegura que “sin movilización en las calles ningún partido cambiará nada. Es tiempo de volver a las plazas”. Esta UE no se arregla con reformas. Porque no es reformable. Es imposible gobernar a favor de la ciudadanía con los tratados y normas de esta Unión. Se necesita una revolución que ha de ser no violenta y democrática radical. Vía difícil, costosa y acaso lenta, pero nunca imposible. ¿Acaso no ha habido cambios en la Historia?

Y no nos confundamos. No es un problema de España contra Alemania o al revés. Es el pueblo trabajador europeo de todos los países miembros contra las élites políticas y económicas que lo explotan. Por eso es momento de tejer alianzas y redes contra la austeridad en España, Italia, Grecia, Portugal… Y sumar más y más para que crezca la desobediencia contra la dictadura de las élites.

Contra el acoso a Grecia, la larga batalla por otra Europa

Grecia ha votado NO a la Troika. NO a la austeridad contra la crisis. Syriza ganó las elecciones griegas con el 35% de los votos, pero el NO ha conseguido más del 61%. “Hemos visto a Grecia levantarse contra el acoso e intimidación para que aceptara las exigencias de los acreedores y se deshicieran de su Gobierno”, escribe Paul Krugman y, según el Nobel de economía, el Gobierno de Syriza ha conseguido una gran victoria no solo para griegos y griegas, sino por otra Europa.

Pero finalmente la Unión Europea acordó entregar unos 86.000millones de euros a Grecia en tres años. A cambio, recortes, suprimir casi todo el sector público, más reformas laborales y de la administración pública (léase despidos y rebajas salariales).

¿Para ese viaje hacían falta las alforjas del referéndum, señor Tsipras? ¿No hay otra vía que tragar la cicuta de la Troika? La hay, aunque nada fácil. ¿Cual es? Ya es hora de empezar a pensar que esta Europa que ignora los intereses y derechos del pueblo trabajador no interesa. Como demuestra el caso griego.

A pesar de la victoria del rechazo a la política de austeridad de la Unión Europea, Comisión Europea, BCE y Eurogrupo se empecinan intransigentes. Su respuesta a la clamorosa descalificación del NO a sus erróneas políticas ha sido que el Gobierno griego acepte su plan de ‘reformas’. O salga del euro.  Angela Merkel ha remachado que sin “reformas creíbles”, no habrá acuerdo.

¿’Reformas’? ¿Creíbles? ¿Bajar las pensiones en un país en el que más de la mitad de éstas no alcanza el salario mínimo? Y uno se preguntacómo los ‘acreedores’ y sus gendarmes, BCE, Comisión y Eurogrupo, puede ser tan miserables. Tras la derrota democrática, los nuevos sátrapas de Europa persisten en querer acabar con el gobierno de Syriza. La deuda es el pretexto, por eso no citan el reciente informe del FMI que propone una quita y reestructuración de la deuda griega.

Llegan rumores de que el Gobierno griego cede; eliminar los complementos a pensiones más bajas. Porque la UE pretende que el porcentaje de Grecia en pensiones es muy elevado (casi 18% de PIB). Pero olvida con mala fe la enorme caída de actividad económica por la austeridad impuesta. En cualquier caso, no juzgo esas decisiones, de confirmarse, porque la presión es enorme y lo necesario es la solidaridad ciudadana europea. Los mandatarios de esta Europa decadente no pueden aceptar que un gobierno de izquierdas se salga con la suya. Porque muestra otro camino que nada tiene que ver con la inútil austeridad que llena los bolsillos de las élites. Pues lo que preocupa a los mandatarios neoliberales es que crezca la conciencia ciudadana colectiva de que hay otra vía para acabar con atonía económica, desigualdad, empobrecimiento y sufrimiento. Clara muestra de la indecente miseria moral de Eurogrupo, BCE y Comisión Europea.

¿Qué oscuras razones impulsan a los acreedores de Grecia, y a sus fieles sirvientes, a impedir un acuerdo razonable? Saben que la deuda de Grecia es impagable, como dicen ya incluso los técnicos del FMI y una legión de economistas independientes. ¿Ignoran que se anulan y reestructuran deudas desde hace milenios? Desde los tiempos de Hammurabi. ¿Por qué insisten en que la deuda sea pagada a costa de la ciudadanía: desempleados, pensionistas, hijos, nietos y mujeres de las clases trabajadoras? ¿Y por qué el Eurogrupo ha cambiado de parecer y se enroca recalcitrante cuando en noviembre de 2012 aceptaba que la deuda se reestructurara?

¿Acaso no ha habido bastantes recortes en Grecia? Los ha habido como muestran los datos de Eurostat. Como escribe Ignacio Escolar, en 2014 el gasto público total de Grecia fue de 88.371 millones €. Casi un 11% menos que en 2013. ¿No es un recorte considerable? Pero la Comisión, BCE y Eurogrupo se empeñan en acogotar más al pueblo trabajador griego. E irrita aún más que en 2013 algo más del 25% del total del gasto público griego fuera para rescatar a la banca, cuando en la eurozona esa partida fue solo 9% de gasto público.

Continúa Escolar recordando que se le prometió a Grecia en 2012 que, si hacía recortes, se reestructuraría su deuda y permanecería en el euro. Pero, tras el mayor recorte de gasto público de su historia, tras perder el 27% del PIB por ello, tras demostrarse que la Troika evidentemente ha fallado en todas sus previsiones, ese compromiso no se ha cumplido e, insaciables, exigen más recortes.

El semanario alemán Der Spiegel ha advertido a Merkel, implacable gendarme de la mal llamada austeridad, que quizás pase a la historia como responsable de que Alemania provoque una catástrofe europea, Por tercera vez en un siglo.

Ésta es una larga batalla y no solo de Grecia. Todos nos jugamos construir otra Europa, justa y decente. Si no se logra, es al desastre.

La troika se quita la careta en el conflicto con Grecia

Negociaciones, reuniones y más reuniones de gobierno griego y troika. La semana que viene hay solución. Antes de fin de mes. No hay progreso. Las conversaciones no avanzan. Hay una brecha entre gobierno griego y troika. Las propuestas griegas son insuficientes. La pelota está del lado de los griegos…

Con titulares de tal jaez, y la espada de Damocles de la suspensión de pagos griega, los medios informativos marean la perdiz. Hasta que el FMI congela las esperanzas de acuerdo entre Grecia y sus acreedores. Hay diferencias irresolubles, dijo un portavoz del FMI, sobre la reforma del sistema griego de pensiones, impuestos indirectos y financiación de gastos públicos. Porque eso es lo  que realmente interesa a los acredores, banca, eurogrupo y FMI: meter mano en las pensiones, recortar o hacer desaparecer la financiación de servicios públicos (para apropiárselos como negocio) y que suban los impuestos indirectos para todos, pero que bajen los directos para quien más gana y tiene. Lo demás son florituras.

Los meses pasados de pretendida negociación entre el gobierno griego y representantes de sus acreedores internacionales son de imprecisión y confusión hasta devenir grosero chantaje a Grecia. La troika incluso ha empezado una ofensiva general contra el Gobierno griego, agitando el miedo a la fuga de capitales de Grecia.

La troika, leal defensora de los acreedores internacionales, exige medidas que ponen al gobierno griego entre la espada y la pared. Más impuestos indirectos, disminuir más el funcionariado, recortar inversiones y gastos sociales, rebajar protección social…

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, culpa del colapso de las negociaciones a los acreedores por insistir en el cambalache de ayuda a cambio de una austeridad que perjudicará severamente al pueblo griego. ¿Una gran deuda la de Grecia? Sí, pero no olvidemos la iniquidad y gratuidad de un gasto en armamento que antes y durante la crisis convirtió a Grecia en el quinto comprador de armas del mundo. Sin desconocer tampoco que la voluminosa deuda pública griega empezó a contraerse arbitrariamente por la dictadura de los coroneles. La compra de armamento, que infla la deuda, se pretende justificar por un presunto peligro de guerra con el enemigo histórico Turquía. Improbable porque ambos estados están en la OTAN y EEUU, que la controla, difícilmente lo permitiría.

El gobierno de Atenas ha mostrado buena voluntad y ha hecho concesiones, como un moderado aumento de impuestos que no afecte a los ingresos más bajos. Pero la buena voluntad ha caído en saco roto. Al respecto, el Nobel de economía, Joseph Stiglitz, ha escrito que la Unión Europea se ha embarcado en un arriesgado juego de cuerda floja con el Gobierno griego, a pesar de que Grecia ha cumplido con mucho más de la mitad de las exigencias de sus acreedores. Pero Alemania y otros acreedores de Grecia, ha denunciado el Nobel, insisten en que Grecia ha de aceptar la política económica de austeridad… que ha demostrado ser un fracaso. Y, como ya se quitan la careta, el comisario europeo Günter Oettinger ha advertido que hay que prepararse para un “estado de emergencia”. Considera que las conversaciones para rescatar a Grecia han fracasado e incluso señalan la posible salida de Grecia de la zona euro.

¿Pero, acaso la troika ha tenido en algún momento voluntad de llegar a un acuerdo con el gobierno de Grecia? Como ha escrito recientemente el también Nobel de Economía Paul Krugman, ¿la obsesión por el déficit y la austeridad no es una estupenda excusa para recortar las políticas sociales en beneficio de la población?

Es sintomático que, cuando el primer ministro Papandreu, antes de las elecciones que ganó Syriza, agobiado por la situación económica planteó convocar un referéndum ciudadano sobre las políticas de ajuste impuestas, la respuesta inmediata de la troika fue que ni se le ocurriera siquiera pensar en tan extravagante consulta popular. Porque para esa gente la ciudadanía no pinta nada, absolutamente nada; solo están en el paisaje como simples figurantes.

Es esclarecedor que muchos economistas coincidan en la necesidad de reestructurar la deuda griega y critiquen los objetivos fiscales de la troika. También coinciden en que más austeridad es absurdo tras el desastre de los últimos años, porque finalmente, dicen, éste no es un debate económico, sino político y plagado de las peores intenciones.

En estos tiempo de sobre producción, frenazo del crecimiento y disminución de ganancias en la economía real, los intereses de la deuda son un negocio principal del poder financiero y, para mantener ese modo de obtención de beneficios, harán lo que sea. Ahora simulan que están a punto de alcanzar un acuerdo y los periódicos titulan que Europa respira aliviada. Sinceramente, lo tengo que ver. ¿Tendrá relación con el aparente cambio de actitud de la troika que el comite internacional que ha hecho la auditoría de la deuda griega haya concluido que ésta es ilegal, ilegítima y odiosa. Y, por tanto, no hay que pagarla?

 

Grecia, Europa y deuda

La Comisión Europea descarta una quita de deuda pública griega. Y el Banco Central Europeo (BCE), en una actuación inadmisible contra Grecia, no proporcionará más liquidez a bancos griegos. Esa irresponsabilidad del BCE es sin duda para forzar otro “rescate”: es decir, más contrarreformas y más dominio sobre Grecia. Pero sobre esa deuda ya escribió Alejandro Nadal que “los poderes establecidos difundieron mensajes sobre la irresponsabilidad del pueblo griego que nada tienen que ver con la realidad económica. Bancos alemanes, franceses y holandeses se lucraron con la burbuja financiera que crearon en la eurozona. Pero cuando ésta reventó, socializaron pérdidas”. Se lo hicieron pagar a la ciudadanía para seguir teniendo beneficios, aunque se hundiera el pueblo griego. Beneficios nada legítimos, por supuesto. Se conoció entonces la deuda griega real y la Troika impuso un rescate a un precio altísimo para Grecia. Pero no se contó toda la verdad.

Las investigaciones de Nick Dunbar y Elisa Martinuzzilam y escritos de Eduardo Febbro, entre otros, desvelaron la falsificación de las cuentas públicas griegas. Un fraude contable perpetrado por la banca Goldman Sachs al servicio del régimen bipartidista griego, todo sea dicho. Para que Grecia pudiera integrarse en el euro.

En 2000, la deuda griega era 103% del PIB, pero Goldman Sachs cambió la deuda cotizada en dólares y yenes por deuda en euros con una tasa de cambio ficticia, además de otras maquinaciones. Así redujeron en falso el endeudamiento de Grecia. Goldman Sachs engañó a la Unión Europea, pero nunca respondió ante la ley, protegida por complicidades de instituciones financieras y políticas europeas.

Complicidades como la de Papademos, gobernador del Banco Central griego de 1994 a 2002; de Christoforos Sardelis, jefe de gestión de la deuda griega de 1999 a 2004; de Spyros Papanicolaou, que lo reemplazó; de Jean Claude Trichet, entonces presidente del BCE, que negó documentación que hubiera permitido conocer la verdad de esa deuda. O de Mario Draghi, hoy presidente del BCE, vicepresidente de Goldman Sachs para Europa entonces. ¿Draghi no conocía el apaño de las cuentas griegas cuando su banca organizó el montaje? Además, el BCE y otras entidades impidieron auditorías que hubieran desvelado el engaño de esa deuda. Una deuda cuyo manejo por la Troika cumple un papel de dominación como el de las legiones imperiales de Roma o los ejércitos coloniales del XIX. Así es en el sur de Europa.

Pero ahora que Comisión y BCE pretenden  negar el pan y la sal al pueblo griego, retrocedamos a 1954. Para recordar, una vez más, que Alemania salió del profundo hoyo económico en el que estaba hundida por dos guerras mundiales (que ella provocó, empezó y prolongó) por la solidaridad de veinticinco países acreedores (entre ellos, Grecia y España). Le perdonaron 62% de deuda, alargaron los plazos de pago del resto y redujeron los intereses. Europa fue generosa y lúcida: si un mes Alemania Federal (entonces) ingresaba menos por exportaciones que los intereses a pagar, éstos se aplazaban.

Pero no solo Alemania. Hubo amplias reducciones de deuda pública a Francia e Italia tras la II Guerra Mundial. Quitas de 52% y 36% respecto a sus PIB de 1934. La deuda de ambos países fue perdonada en gran parte y, al no estar ahogados por la deuda, sus economías mejoraron con esas medidas y ambos países devinieron potencias económicas.

Las quitas son práctica corriente desde hace siglos. ¿Por qué Grecia no ha de tener ese trato? Es de justicia, porque la desastrosa situación de Grecia es el fruto purulento de una cadena de delitos económicos en la que hay implicados muchos poderes. ¿Acaso el origen delictivo de parte de la descomunal deuda griega no la hace parcialmente ilegítima? Y las deudas ilegítimas no se pagan, como formuló en 1927 el jurista y profesor ruso Alexander Sack; nada bolchevique, por cierto.

Por no hablar de las compras de helicópteros de combate y buques de guerra del gobierno conservador griego a Francia y Alemania en los primeros años de la crisis. Compras que la Troika no consideró que debieran anularse. Lo que empapa de ilegitimidad esa deuda por material de guerra.

Grecia saqueada, recesión, despidos masivos, ajustes, retrocesos sociales y miseria. Son los frutos de la trampa y crecimiento de la deuda griega más el rescate y otras injusticias adjuntas. Pero la Comisión y el BCE no parecen dispuestos a una quita, no sea que haya justicia en Europa y cundan la sensatez y la solidaridad financieras con los estados más endeudados.

El déficit, una excusa para desmantelar el estado de derechos sociales

La estafa y drama de la crisis de la deuda en Europa (o del euro) ocupan portadas. Portugal continúa cayendo: 3,3% menos de PIB el último trimestre. Su gobierno, para incentivar la competitividad (dice), aumenta la cantidad a pagar por los trabajadores a la Seguridad Social del 11% al 18% (que así cobrarán 7% menos) y rebaja la cotización empresarial del 24% al 18%. Así satisface a la troika: FMI, BCE y Comisión Europea. Eso o no habrá millones para la siguiente fase de rescate. Pagan el pato los de siempre: las clases trabajadoras.

En España, crisis e indecente austeridad presupuestaria han destruido más de 200.000 empresas y creado una multitud de cinco millones de desempleados (24%). Eso implica una severa reducción de ingresos en arcas públicas, a la que sumar 80.000 millones de euros de impuestos anuales evadidos. Así las cosas, el gobierno del Partido Popular aumenta el IVA (arruinando al sector de la cultura y pequeño comercio), decreta una amnistía fiscal para los defraudadores y estudia pedir ayuda al Fondo de Estabilidad Europeo. Pero para conceder ese rescate (que es préstamo y no graciosa donación), la Unión Europea exige que se rebaje la ayuda a desempleados, el gasto en pensiones y los presupuestos en sanidad y educación. Violaciones de derechos exigidas por la troika (maquilladas como “condiciones presupuestarias”) que agravarán aún más la situación de la ciudadanía que, en el segundo trimestre de 2012, vio reducidos sus salarios casi un 4%; casi un 8% menos en nueve meses.

En violación de derechos, Grecia se lleva la palma. La troika exige que despidan más empleados públicos y aumente la edad de jubilación para ahorrar 900 millones de euros anuales. Sin embargo no acepta que el gobierno ahorre casi 500 millones de euros cancelando compras de armamento. Y reclama que los asalariados trabajen seis días semanales, (en vez de cinco, cobrando igual), y que baje la aportación empresarial a la Seguridad Social. La troika no acepta ahorros que no sea despedir empleados públicos, rebajar salarios, retrasar edad de jubilación y otros recortes sociales.

Tales medidas han conseguido que Grecia esté cinco años sucesivos en recesión económica, que el desempleo alcance el 23% y la capacidad adquisitiva de los griegos haya caído al nivel de los años ochenta. Por no hablar del incremento de suicidios, relacionados con las rebajas presupuestarias sociales.

Justo lo contrario de lo que exhortan el Consejo de Derechos Humanos de ONU y Amnistía Internacional: “Ninguna crisis económica y financiera disminuye la responsabilidad de los gobiernos y de la comunidad internacional para respetar los derechos humanos”. En Europa, por lo visto, esos derechos se arrojan hoy a la cloaca.

Ver las exigencias de la troika da que pensar. ¿Cuáles son sus verdaderos motivos? ¿Controlar el déficit? No parece, aunque se proclame. El retroceso económico no cesa y no pueden ser tan estúpidos. Quizás la respuesta esté en una ilustración del humorista El Roto: Una mano con anillo ostentoso en un dedo índice enhiesto y monitorio, mientras alguien gallea: “Lo siento, amiguitos, pero las conquistas sociales solo eran concesiones temporales”.

Como dijo Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del mundo, hablando sobre conflictos de la crisis para The Wall Street Journal: “Por supuesto que es lucha de clases y mi clase va ganando”. En realidad, la minoría rica y sus cómplices gobernantes dicen a las clases trabajadoras con sus políticas de recortes; ¿pero que os habíais creído, qué sois como nosotros?

El control del déficit no es el motivo principal, aunque esté ahí. Es el pretexto, un casus belli. La minoría rica y privilegiada (unos miles de banqueros, de grandes empresarios, de grandes inversores-especuladores y de políticos cómplices, más gobiernos siervos) quiere cancelar el denominado “estado de bienestar” (que habría que llamar mejor “estado de derechos sociales”). Y lo está logrando.

Como dice Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida en España, con el realismo y los pies en el suelo propios del agricultor que es: “No quieren crear empleo, porque les interesa mantener una enorme bolsa de reserva de parados para presionar sobre los salarios y las condiciones laborales. El objetivo no es crear empleo, sino bajar los salarios”.

Esta crisis es lucha de clases, como reconoce Buffet. Habrá que cambiar tácticas para que venza la justicia.