La troika se quita la careta en el conflicto con Grecia

Negociaciones, reuniones y más reuniones de gobierno griego y troika. La semana que viene hay solución. Antes de fin de mes. No hay progreso. Las conversaciones no avanzan. Hay una brecha entre gobierno griego y troika. Las propuestas griegas son insuficientes. La pelota está del lado de los griegos…

Con titulares de tal jaez, y la espada de Damocles de la suspensión de pagos griega, los medios informativos marean la perdiz. Hasta que el FMI congela las esperanzas de acuerdo entre Grecia y sus acreedores. Hay diferencias irresolubles, dijo un portavoz del FMI, sobre la reforma del sistema griego de pensiones, impuestos indirectos y financiación de gastos públicos. Porque eso es lo  que realmente interesa a los acredores, banca, eurogrupo y FMI: meter mano en las pensiones, recortar o hacer desaparecer la financiación de servicios públicos (para apropiárselos como negocio) y que suban los impuestos indirectos para todos, pero que bajen los directos para quien más gana y tiene. Lo demás son florituras.

Los meses pasados de pretendida negociación entre el gobierno griego y representantes de sus acreedores internacionales son de imprecisión y confusión hasta devenir grosero chantaje a Grecia. La troika incluso ha empezado una ofensiva general contra el Gobierno griego, agitando el miedo a la fuga de capitales de Grecia.

La troika, leal defensora de los acreedores internacionales, exige medidas que ponen al gobierno griego entre la espada y la pared. Más impuestos indirectos, disminuir más el funcionariado, recortar inversiones y gastos sociales, rebajar protección social…

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, culpa del colapso de las negociaciones a los acreedores por insistir en el cambalache de ayuda a cambio de una austeridad que perjudicará severamente al pueblo griego. ¿Una gran deuda la de Grecia? Sí, pero no olvidemos la iniquidad y gratuidad de un gasto en armamento que antes y durante la crisis convirtió a Grecia en el quinto comprador de armas del mundo. Sin desconocer tampoco que la voluminosa deuda pública griega empezó a contraerse arbitrariamente por la dictadura de los coroneles. La compra de armamento, que infla la deuda, se pretende justificar por un presunto peligro de guerra con el enemigo histórico Turquía. Improbable porque ambos estados están en la OTAN y EEUU, que la controla, difícilmente lo permitiría.

El gobierno de Atenas ha mostrado buena voluntad y ha hecho concesiones, como un moderado aumento de impuestos que no afecte a los ingresos más bajos. Pero la buena voluntad ha caído en saco roto. Al respecto, el Nobel de economía, Joseph Stiglitz, ha escrito que la Unión Europea se ha embarcado en un arriesgado juego de cuerda floja con el Gobierno griego, a pesar de que Grecia ha cumplido con mucho más de la mitad de las exigencias de sus acreedores. Pero Alemania y otros acreedores de Grecia, ha denunciado el Nobel, insisten en que Grecia ha de aceptar la política económica de austeridad… que ha demostrado ser un fracaso. Y, como ya se quitan la careta, el comisario europeo Günter Oettinger ha advertido que hay que prepararse para un “estado de emergencia”. Considera que las conversaciones para rescatar a Grecia han fracasado e incluso señalan la posible salida de Grecia de la zona euro.

¿Pero, acaso la troika ha tenido en algún momento voluntad de llegar a un acuerdo con el gobierno de Grecia? Como ha escrito recientemente el también Nobel de Economía Paul Krugman, ¿la obsesión por el déficit y la austeridad no es una estupenda excusa para recortar las políticas sociales en beneficio de la población?

Es sintomático que, cuando el primer ministro Papandreu, antes de las elecciones que ganó Syriza, agobiado por la situación económica planteó convocar un referéndum ciudadano sobre las políticas de ajuste impuestas, la respuesta inmediata de la troika fue que ni se le ocurriera siquiera pensar en tan extravagante consulta popular. Porque para esa gente la ciudadanía no pinta nada, absolutamente nada; solo están en el paisaje como simples figurantes.

Es esclarecedor que muchos economistas coincidan en la necesidad de reestructurar la deuda griega y critiquen los objetivos fiscales de la troika. También coinciden en que más austeridad es absurdo tras el desastre de los últimos años, porque finalmente, dicen, éste no es un debate económico, sino político y plagado de las peores intenciones.

En estos tiempo de sobre producción, frenazo del crecimiento y disminución de ganancias en la economía real, los intereses de la deuda son un negocio principal del poder financiero y, para mantener ese modo de obtención de beneficios, harán lo que sea. Ahora simulan que están a punto de alcanzar un acuerdo y los periódicos titulan que Europa respira aliviada. Sinceramente, lo tengo que ver. ¿Tendrá relación con el aparente cambio de actitud de la troika que el comite internacional que ha hecho la auditoría de la deuda griega haya concluido que ésta es ilegal, ilegítima y odiosa. Y, por tanto, no hay que pagarla?

 

Austeridad, banca, Alemania y Grecia

Tras un baile de rumores, medias verdades y mentiras enteras sobre lo que ocurría o podía ocurrir entre la Unión Europea y la Grecia de Siryza, el ministro de Finanzas griego Varoufakis presentó al Eurogrupo una propuesta de reformas y decisiones para que su país continúe recibiendo ayuda financiera. Una propuesta, por cierto, que, aún no siendo satisfactoria del todo, no arroja al pueblo griego a los pies de los caballos como hasta ahora. La extensión del préstamo a Grecia durante cuatro meses más incluía la condición de que ésta aportara medidas que convencieran a los prestamistas internacionales, sobre todo a los bancos alemanes, de que no eludiría sus compromisos.

El gobierno de Siryza ha presentado esa lista y, como remarca el economista estadounidense Michel Hudson, está de acuerdo en equilibrar el presupuesto, pero desde otra perspectiva a la habida hasta ahora: en vez de rebajar las pensiones de los trabajadores, recaudará los miles de millones de impuestos atrasados de potentados griegos y desarticulará las trampas de los propietarios de bienes raíces que evaden impuestos. Por ejemplo.

La Unión Europea no ha tenido más remedio que considerar “bastante positiva” la lista de propuestas en la que destaca el plan contra el fraude fiscal, mejorar la recaudación tributaria, reformar la Administración para ahorrar gastos y que sea más eficaz, así como dar facilidades a empresarios deudores del estado griego para poder liquidar sus deudas tributarias o de cotizaciones sociales sin ahogarse. De momento, el gobierno griego acepta no aumentar ahora el salario mínimo, pero no permitirá nada contra las pensiones públicas. Un triunfo incompleto de Grecia sin duda, pero no es la aceptación de la ruina popular como consintió el anterior gobierno con el primer y segundo rescates.

Alemania ha sido la nota discordante al no considerar positiva las propuestas del gobierno griego. Como dice el economista alemán Fabian Lindner, Alemania pretende justificarse con la fábula de que los perezosos trabajadores griegos se aprovechan de los laboriosos alemanes, que han aplicado una responsable austeridad y así han superado la crisis. No es cierto. Olvidan que, más allá de la huera retórica de la austeridad, Alemania ha sobrellevado la crisis por las exportaciones a esos países del sur europeo que mira con tanta desconfianza, pero sobre todo no porque se haya apretado el cinturón, sino por la generosa ayuda gubernamental a empresas y bancos y un considerable paquete de fiscalidad estimulante más los generosos subsidios estatales para conservar los empleos.

No es cuestión de países, como pretenden muchos titulares. Como dice Michel Hudson, “lo que ocurre con Grecia es lucha de clases. No es Alemania contra Grecia, como repiten hasta el tedio los medios informativos, sino una verdadera guerra de los bancos contra el mundo del trabajo”. Y añade que no es cierto que el poder financiero quiera que Grecia equilibre su presupuesto sin más; lo que en verdad busca es que equilibre el presupuesto rebajando salarios y recortando pensiones. Por el contrario, Siryza propone equilibrar el presupuesto, que es necesario, haciendo que los ricos paguen lo que deben. Alemania, mejor dicho su élite económica y financiera, ha impuesto a Europa una estéril austeridad que ha convertido la crisis financiera de la eurozona en crisis vital europea que paga la ciudadanía. Pero no es cuestión nacional, porque el capital no tiene otra patria que la acumulación de beneficios, es que el desde hace tiempo inestable sector financiero se ha convertido en una auténtica fuerza de destrucción masiva, como escribió el Nobel Paul Krugman.

Así las cosas no habrá salida para Grecia, para Portugal, para España ni para Italia en tanto no se afronte el apalancamiento general, la inestabilidad camuflada, la despatrimonialización de la banca europea y la desregulación financiera que otorga patente de corso a la banca. Ya en 2011 el entonces profesor Yanis Varoufakis escribió que “la razón fundamental por la que Europa permitía una crisis de deuda, perfectamente evitable pero que engulliría a los países del sur europeo, era el lamentable estado de los bancos alemanes y la determinación del gobierno alemán de que nada permitiera conocer la precaria situación de esos bancos”. Porque, no nos engañemos, la banca no está tan bien como pretende.

Si estuviera hoy aquí don Quijote, a la vista de tal panorama, parafrasearía: ¡Con la banca hemos topado, amigo Sancho! El gran obstáculo para que Grecia y Europa en general se recuperen.

Elecciones y cambio político

En el Reino de España habrá en 2015 elecciones municipales, regionales y generales. En las encuestas de intención de voto, la nueva formación política Podemos se afianza como una de las que serían más votadas y, últimamente, la más votada. Si se suma que el partido griego Siryza aparece como vencedor de las próximas elecciones griegas, algunos analistas ya predicen un panorama de cambio en Grecia y España y tal vez en Europa después.

Sin embargo, como afirma el diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón, “pretender transformar la sociedad solo por unas elecciones, no es ilusión, es ilusionismo“. Aserto que completa la reflexión de Juan Torres de que “es necesario obtener buenos resultados en las elecciones, que no pueden ser un fin en sí mismo, pues solo estar en las instituciones puede ser ineficaz y frustrante si no hay un poder popular de la gente organizada desde abajo en constante movilización”.

La mayoría ciudadana, especialmente la clase trabajadora, ha de tener muy presente que un cambio real no se logra solo con un buen resultado electoral. Porque cambiar significa acabar con los desmanes e injusticias institucionalizados por la acción gubernamental durante años. Porque esas acciones u omisiones gubernamentales han convertido pobreza, desigualdad y recorte de libertades en elementos centrales de la situación económica, social y política del país.

Cambiar la política, la economía, el país, es ardua tarea que no se resuelve solo con mayoría parlamentaria, aunque ésta sea imprescindible. Porque no se trata de gobernar como siempre, pero mejor que PP y PSOE (que no es tan difícil), sino de terminar con el régimen monárquico bipartidista. Y hay que hacerlo desaparecer porque, como ha reiterado Pérez Royo, ese régimen del 78 no es una restauración de la democracia, como se proclama, sino una restauración de la monarquía con formas democráticas, que no es lo mismo. Hay que conseguir democracia de verdad, no solo formas democráticas. Y para lograrlo, además de mayoría parlamentaria, es imprescindible la movilización masiva de conciencias. Pero esa conciencia crítica colectiva no se logra por ganar elecciones. Se ganan elecciones si ha habido una movilización masiva de conciencias. Gramsci tenía razón al escribir que “la conquista del poder cultural es previa a la del poder político”. Poder cultural que es la hegemonía de la libertad, justicia, solidaridad y cooperación para que los derechos de la inmensa mayoría sean prioritarios. Pero para que primen los derechos de la inmensa mayoría es preciso un cambio profundo, una revolución democrática. Es establecer una democracia de verdad y no autoritarismo maquillado de formas democráticas; libertad de expresión con verdadero derecho a la información y no mayoría silenciada; servicios públicos en vez de salud, educación y pensiones como mercancía; economía productiva al servicio de la mayoría y no especulativa para las élites… y, muy especialmente, participación ciudadana. Porque democracia es más, mucho más, que votar cada cuatro años.

Alexis Charititsis de Syritza concreta por donde ha de caminar una democracia que necesariamente ha de ser participativa para ser democracia real. Es necesario un sistema con derecho de revocación, consultas públicas, referendos, auditorías civicas, consejos de trabajadores, comisiones ciudadanas… Porque hay que cambiar las reglas de juego. Otras reglas que no son reformar y parchear la actual Constitución (como quiere el PSOE, por ejemplo), sino redactar otra Constitución de abajo hacia arriba como reivindican los movimientos ciudadanos, sociales y la izquierda que merece tal nombre. Una Constitución que dé verdadero poder a la ciudadanía, que garantice la justicia social, que recupere libertades y las afiance. Y también que resuelva cuestiones pendientes, como el inaceptable trato de favor a la iglesia católica o investigar los crímenes del franquismo, procesar a los culpables y ofrecer reparación a las víctimas de la dictadura.

Parece difícil, pero se puede y hay esperanza. Como decía Nelson Mandela, siempre parece imposible hasta que se logra. Y él tenía experiencia en lograr lo que parecía inalcanzable.

El filósofo John Locke escribió que “cuando un gobierno usurpa las libertades, se corrompe o conduce la sociedad de modo distinto al que ha prometido, la resistencia y la desobediencia ciudadanas están plenamente justificadas”. Con la ciudadanía resistente, movilizada y organizada, además de ganar las elecciones, se pueden cambiar las cosas.