Los medios al servicio de la oligarquía

Hace unos años, Ignacio Ramonet escribía que “los medios informativos, en general, aparecen como un problema para la democracia”. Y lo son en tanto no reflejan la veracidad, pluralidad y diversidad de la sociedad. Lo cierto es que los medios presuntamente informativos no informan. Para que la ciudadanía no pueda formar una opinión pública crítica y rigurosa. Y, por eso siembran temor y miedo con sus noticias. Para socavar la esperanza de la gente. Pues sin esperanza no hay resistencia y sin resistencia no se cambia este mundo.

Con la excepción de algunos medios digitales, que informan con honradez, veracidad y rigor, en el Reino de España gran parte de los medios desinforman. Con avalanchas de noticias negativas fuera de contexto y sin exponer jamás sus causas. Ese aluvión de datos y mensajes, que buscan asustar, que no informan, moldea una opinión pública timorata y resignada. Eso pretenden.

Donde se muestra nítida esa función disolvente que perpetran los grandes medios es cuando informan sobre atentados terroristas. Servido con innegable amarillismo y sensacionalismo, jamás analizan causas y contextos de los actos terroristas. Para sugerir a la postre, directamente o de modo camuflado, que para afrontar al terrorismo no hay más remedio que aceptar el recorte de libertades. Llevan quince años insistiendo, desde el atentado de Nueva York.

Pero, si se trata de evitar víctimas, resulta que hay víctimas de diferente categoría y, por lo publicado o emitido, las del terrorismo son las que interesan a los medios de persuasión. Así parece al conocer que, según la estadounidense Coalición Nacional pro Personas sin Techo, con sede en Washington, en Estados Unidos mueren de frío cada año unas 700 personas que viven en la calle. Que no es de extrañar pues, desde el inicio de la llamada crisis, ha habido diez mil desahucios semanales en ese país, lo que significa que miles de personas han sido expulsadas de su hogar y se han quedado en la calle. Y calcula esa Coalición que han muerto de frío desde 2008 más ciudadanos estadounidenses que en todos los ataques terroristas en territorio de Estados Unidos en 20 años, incluido el brutal atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York. Pero esas víctimas mortales no interesan a los medios del sistema. Y así, el despliegue presuntamente informativo por atentados terroristas muestra las intenciones de los grandes medios presuntamente informativos: amedrentar a la gente para desmovilizarla.

Añadamos a ese amarillismo y ausencia de rigor el mantra reiterado, nunca demostrado, de que la única política económica posible es la de austeridad, recortes sociales, absoluta libertad de capitales, privatización de servicios públicos, moderación salarial e impunidad para agresores del medio ambiente, y ya tenemos el dibujo completo de la degeneración informativa en nuestros días. Más la suma de la banalización y frivolidad informativas para ganar lectores o audiencia usando emociones facilonas y epidérmicas, arrinconando el razonamiento, lejos de nosotros la funesta manía de pensar, que ironizó el poeta.

Sin olvidar que también juegan sucio con las palabras. Ignacio Escolar nos advirtió hace tiempo del uso perverso del lenguaje para el control social y que cualquier manipulación empieza corrompiendo el diccionario. Por eso llaman “gasto” al dinero invertido en guarderías, sanidad o pensiones, pero denominan “inversión” lo gastado en construir autopistas, aunque sean tan inútiles e innecesarias como las radiales de Madrid.

Una de las últimas trampas del lenguaje de los medios al servicio de la oligarquía es el uso de “copago”. Cuando no es “copago” sino “repago”, porque el ciudadano que paga parte de un medicamento ya lo ha pagado con sus impuestos.

Una muestra histórica de corrupción de lenguaje es la perpetrada por Aznar para poder enviar tropas españolas a la guerra de Irak. Según la Constitución española, sólo el Jefe del Estado, autorizado por las Cortes, puede declarar la guerra. Para evitar las Cortes, Aznar utilizó “conflicto armado” para hacer… la guerra a Irak de Sadam Hussein con Bush y Toni Blair sin decirlo claramente.

En resumen, se mire como se mire, con honrosas excepciones, los medios se erigen en peligrosos enemigos de la ciudadanía. Una respuesta y acción de resistencia es utilizar los avances tecnológicos para crear nudos ciudadanos de información veraz y rigurosa, al margen de los medios convencionales. Y denunciarlos. Pero nunca ceder, nunca resignarse.

Una indecente desigualdad

Un inmigrante africano, que vive en la calle, en menos de un año ha pasado de tener aspecto de príncipe al de un hombre completamente derrotado, hecho polvo. Un padre joven no pide dinero sino que le compres un bote de leche materna para su bebé. Un hombre mayor bien vestido hurga vergonzoso en papeleras y contenedores. Otro de más edad, sentado en el suelo con la espalda apoyada en una pared y vestido con un grueso chaquetón sucio en invierno o verano, no hace nada; con la mirada perdida ni siquiera pide limosna… Todo eso pasa en mi madrileño barrio, cerca de casa; un barrio de gentes trabajadoras, no un barrio marginal.

Lo dicho solo es una pequeña muestra, porque en el Reino de España, según Cáritas Española, viven en la calle o en infraviviendas casi tres millones de personas. Y eso no es una catástrofe natural inevitable.

Como recuerda A. Lozano, nunca la humanidad ha tenido tanta capacidad para producir y acumular riqueza, pero nunca esa riqueza ha estado tan mal repartida. Nunca ha habido tanta desigualdad e injusticia. No es un discurso izquierdoso a la violeta; es que una décima parte de la población mundial posee el 83% de la riqueza y poco más de 1000 personas acumulan fortunas superiores a los 1.000 millones de dólares. Y eso es una  obscena desigualdad que genera la más brutal de las pobrezas.

Según la FAO, en 1990 había 823 millones de hambrientos, pero en abril de 2008, ya eran 861 millones. Hoy quienes sufren hambre aún son 842 millones. Más que en 1990. Y el hambre es el más cruel exponente de la desigualdad y la pobreza.

Si nos fijamos en España, se ha convertido en paradigma de la desigualdad en Europa. Unas 400.000 personas poseen un patrimonio de un millón de dólares o más. Pero tres millones de familias apenas viven (si eso es vivir ) con 300 euros al mes; que, por cierto, son el doble que hace 5 años. Y más de 12 millones de españoles viven bajo el umbral de la pobreza. Si hay casi seis millones de parados, muchos trabajadores asalariados, a pesar de tener empleo, no escapan a la pobreza. Desigualdad y pobreza.

Según datos del banco Credit Suisse, la riqueza global del mundo aumentó un 68% en los últimos diez años, hasta el máximo histórico de 241 billones de dólares. Pero casi toda esa riqueza (86%) está en manos de la minoritaria décima parte de población mundial. ¿Algo que ver con la justicia?

Un informe de Tax Justice Network de 2012 cifra en 12 billones de dólares el patrimonio de los mega-ricos oculto en paraísos fiscales. Pero en su informe Usted no sabe de la misa la mitad explica que no se ha logrado contabilizar con seguridad cuanta es esa riqueza oculta. Por tanto, la desigualdad real es muchísimo mayor que la que se cree.

La desigualdad es problema central de la humanidad. Estudios del epidemiólogo Richard Wilkinson demuestran que la desigualdad es causa probada de sufrimiento humano, de enfermedades, además del aumento de la delincuencia y de la comisión de más crímenes. Una feroz desigualdad no casual sino buscada por la minoría rica. Pues no es posible aumentar la riqueza de la minoría sin empobrecer a la mayoría. Robert Reich, ex secretario de Trabajo con Clinton, escribe que la creciente desigualdad en la distribución de la riqueza es el mayor problema de nuestro tiempo. Cualquier otro, dice, como el reciente cierre del gobierno de EEUU, la pugna sobre el déficit presupuestario y el techo de deuda, es una distracción.

Y la desigualdad no solo continúa; crece. Según Merrill Lynch y Capgemini, al acabar 2013 los ricos serán mucho más ricos. Porque lo que llamamos crisis es un saqueo que perpetran esa minoría y sus servidores mientras a las clases trabajadoras les supone más paro, más precariedad, más pobreza.

Hay que reaccionar. O estamos perdidos.

El capitalismo no casa con los derechos humanos

En España hay en marcha más de 350.000 procesos de ejecución hipotecaria y, desde 2007, ya se han ejecutado más de 300.000. En plata: cientos de miles de personas se han quedado sin vivienda por no poder pagar la hipoteca y muchos miles más se quedarán sin hogar. Mientras tanto, hay tres millones de pisos vacíos que no se venden. Una perversa paradoja. Pero lo peor, tras quedarse sin casa, es que muchos de quienes han sufrido un desahucio aún deben grandes cantidades a los bancos.
Por ello, una reivindicación fundamental de la asociación ciudadana Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) es que la entrega del piso cancele la deuda. La dación. Ahora el Gobierno del Partido Popular dice que abre la puerta a esa dación en pago. Pero es un brindis al sol. Porque no es una ley que obligue sino un código de buenas prácticas al que los bancos pueden acogerse. O no. Según la PAH, ese código es una falta de respeto hacia los perjudicados por ejecuciones hipotecarias porque, con los requisitos necesarios para poder cancelar la hipoteca entregando el piso, la inmensa mayoría de familias afectadas quedan fuera. Requisitos como que toda la familia esté en el paro, una cuota hipotecaria superior al 80% de ingresos familiares netos, la deuda enjuagable por piso a partir de cierta cantidad…  Una tomadura de pelo.
La dación en pago existe en otros países; si se implantara de verdad (no con las trampas de ese código de buen rollito del Partido Popular), ¿qué pasaría ntonces con las 300.000 personas ya desahuciadas, muchas de las cuales continúan soportando una considerable deuda hipotecaria?
Como ha denunciado Raquel Rolnik, relatora especial de Naciones Unidas por el derecho a la vivienda, el problema (que no es un problema español ni mucho menos) está en que “la vivienda se ha convertido en una mercancía para acabar siendo un activo financiero. Pero la vivienda no es un activo financiero, la vivienda es un derecho humano”.
La cuestión de la vivienda no es algo aparte como una isla. Si hay más desahucios es porque aumenta la pobreza; ya casi un 22% de población en España. Una cifra de escándalo. Tampoco es ajeno a los desahucios que millón y medio de familias tengan a todos sus miembros en paro. Además, entre quienes sufren pobreza, hay casi un millón de personas con empleo, pero aún así son y viven como pobres. Hoy los pobres aún son más pobres.
Paro, pobreza y vivienda no son solo problema de España. Por supuesto. A modo de muestrario, en Reino Unido las familias sin hogar aumentaron en 2011 un 14% y las que solicitaron ayuda tras ser desahuciadas por los bancos aumentaron un 44% el mismo año. Casi el 13% de las familias griegas no tienen ningún ingreso y desde 2008 son muchas más las personas sin hogar: hay un 25% más de ciudadanos sin techo. Miles de griegos viven en la calle, personas con buena educación que tenían casa y trabajo hoy viven a la intemperie. El paro llega al 11% en Portugal y el 20% de su población vive por debajo del umbral de la pobreza… Podríamos repasar toda la Unión Europea y hallar situaciones iguales o muy parecidas. A pesar de que el artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos afirma que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure el bienestar y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda…”.

Como asegura Rachel Rolnik, la vivienda es una cuestión de derechos humanos. Pues resulta que España, como casi todos los países de la Unión Europea, ha firmado y ratificado los acuerdos y tratados de la ONU sobre derechos sociales. ¿No presumía Europa de ser la tierra de los derechos humanos? Por cierto, firma y ratificación obligan tanto que esos tratados han de hacer cambiar, en función de su contenido, las leyes nacionales. Pero no es así.
Y respecto a la obligatoriedad de los tratados de derechos firmados y ratificados, comparemos para saber de qué hablamos. Por ejemplo, ¿creen que una mujer puede estar solo un poco embarazada? Absurdo. O lo está o no lo está. Pues con los derechos humanos ocurre algo similar: se respetan o no. No hay término medio.
Un sistema que acepta tranquilamente (en realidad promueve) el empobrecimiento progresivo de la población, así como violaciones sistemáticas de derechos de cientos de miles de ciudadanos en unos casos y millones en otros es un sistema de delincuentes, un sistema gangsteril. Y tal sistema no tiene la menor legitimidad ante la ciudadanía.