La victoria de Macron ha sido elegir entre lo malo y lo peor

Las elecciones presidenciales francesas revelan agotamiento democrático, síntoma del progresivo vaciado de la democracia que sufrimos desde hace tres décadas. En Francia había que elegir entre lo malo y lo peor; un neoliberal austericida o una fascista xenófoba. Algo va muy mal con este sistema en el que la gente solo ejerce su soberanía ciudadana cada equis años.

El presidente Emmanuel Macron es un Felipe González galo. Emboscado en retórica vibrante y sonora, oculta sus intenciones (¡ese estilo González tan conocido por los españolitos!) y recurre al gastado truco de que la virtud está en el medio. En el centro. Pero ese ‘centrismo’ amenaza con otra ‘reforma’ laboral. Macron dijo de la perpetrada por Hollande que iba en la buena dirección, pero era insuficiente. Si ese ataque en regla contra los trabajadores que era la propuesta de Hollande es poco para Macron, ¿cómo será ‘su reforma’?

Una abstención récord de más del 25% y un volumen histórico de votos en blanco y nulos del 12% muestran que casi 4 de cada 10 franceses no se fían ya del tinglado en que ha devenido la República. Así lo muestra también un sondeo de France Info según el cual el 61% de la ciudadanía francesa no quiere que Macron tenga mayoría absoluta en la cámara legislativa. No se fían.

Macron ha dicho tener ’un plan de choque’ para regenerar la política francesa. Pero sin control del Parlamento, pues tomará medidas por decreto. Muy democrático. ¿Esa regeneración supone lucha contra la corrupción? Excelente disfraz y aún mejor distracción, pues la actuación de los neoliberales contra la corrupción nunca llega al fondo ni la reduce ¿Cómo han de acabar con la corrupción si conforma el sistema? Pero discursear contra la corrupción funciona porque distrae al personal y maquilla las medidas antisociales que se avecinan.

¿Hay que explicar a quién sirve Macron? El nuevo presidente francés, por ejemplo, quiere que las negociaciones laborales sean empresa por empresa. Nada de negociar por sectores y aún menos convenios colectivos. Pero negociar empresa a empresa desarma al movimiento obrero y debilita a los trabajadores. Por eso Macron quiere cambiar las reglas de juego. Además, Macron pretende adelgazar el Estado eliminando más de 125.000 empleos públicos, pero no policías ni soldados, al revés, contratará a 11.000 nuevos policías y creará una fuerza de intervención rápida en el mundo que huele a imperialismo de la más baja estofa.

Para maquillar sus propósitos antisociales, Macron promete formación profesional para parados y jóvenes y reforzar el seguro de desempleo. Pero habrá que ver como lo paga, pues bajará impuestos a las empresas… para favorecer la contratación. Dice. Pero ese tocomocho lo conocemos en España, donde la reforma laboral del Partido Popular ha logrado que la mayor parte del empleo sea temporal y precario, mientras crecen desigualdad y pobreza hasta niveles desconocidos en el último cuarto de siglo. Eso explica que haya 15% de personas con empleo pero pobres. Pues eso es lo que promete Macron. Y, para que no haya duda sobre sus intenciones, reducirá 60.000 millones de euros el gasto social.

ATTAC-Francia ha advertido de que el programa de Macron es netamente ultraliberal y de que su Presidencia será como si la República fuera presidida por bancos y multinacionales, mientras crecen las crisis social y ambiental.

Además, Macron no frenará al Frente Nacional; al contrario, su Presidencia fortalecerá a la derecha, a la minoría que detenta el poder económico, que, por cierto, también está con Le Pen. ¿Acaso Hitler, Mussolini o Franco no estuvieron al fiel servicio de grandes empresas y grandes capitales? Ahí están IG Farben, IBM, Volkswagen, Siemens, BMW, Siemens, Krupp y muchas más a las que favoreció sin el menor disimulo el régimen nazi, por ejemplo. Puro capitalismo

Pero desvela a quien sirve Macron con su deseo de firmar el acuerdo de comercio e inversión de la Unión Europea con Canadá, el CETA, que dejaría el comercio en manos de las voraces multinacionales. Si llegan a estar vigentes los tratados bilaterales (TTIP, TPI, CETA…) vaciarían del todo la democracia y mandarán las multinacionales.

Como recuerda ATTAC-Francia, el Presidente electo es un ultra-liberal, amigo de financieros, bancos y multinacionales, y advierte que, de permitirle gobernar a su antojo, rebajará los derechos del pueblo trabajador hasta convertirlos en sombra y acabará con lo que queda del estado de bienestar. Pero ahora el pueblo francés puede hacer que Macron no disponga de mayoría suficiente en las próximas elecciones legislativas, que ya sería un freno. Votando a la izquierda.

Gobiernos ilegítimos y ciudadanía

En España, Rajoy prometió no abaratar el despido, pero lo ha abaratado; además, deja desprotegidos del todo a los trabajadores. ¿Quieren saber la verdad sobre la “elogiada” reforma laboral española? La revela la publicidad de una empresa que organiza seminarios para empresarios. Su jubiloso anuncio dice: “Saque para su empresa el máximo partido a la Reforma Laboral de 2012. ¿Despido más barato? Ahora sí que sí. Despidos colectivos solo por decisión del empresario. Reducción de salarios, por fin una posibilidad real. Despidos objetivos por causas económicas, fáciles de justificar…” Literal. No es broma.

Rajoy aseguró que no subiría impuestos, pero enseguida aumentó el impuesto sobre la renta y subirá el IVA. Rebaja el presupuesto para medidas contra el desempleo y las ayudas para acceder a la vivienda. Se congela el sueldo de los funcionarios, se recortan los presupuestos de sanidad y educación, expulsan de la Sanidad pública a inmigrantes y jóvenes en paro de más de 26 años, suben las tasas universitarias, menos dinero para becas, 34% menos para investigación… Y además “liberalizarán” servicios, infraestructuras y transportes. Es decir, privatizarán o entregarán lo que es de todos a la minoría de siempre a precio de saldo. El colmo ha sido que el presidente español haya reconocido que “si tengo que subir el IVA, lo subiré aunque haya dicho que no lo iba a hacer”. ¡Increíble!

Lo único importante es reducir el déficit, hacer reformas “estructurales” (retrocesos sociales y violación masiva de derechos) y ayudar al sector financiero. A la ciudadanía, que le den morcilla.
El Partido Popular ha incumplido por completo el programa electoral que “vendió” en campaña. Pero no es el único. Y, en democracia, un programa electoral es un contrato con la ciudadanía.
El incumplimiento del programa electoral y la ocultación de qué hace y piensa hacer este gobierno lo aparta de parámetros democráticos y lo priva de cualquier legitimidad.

La democracia no es ni puede ser un ritual de mercadotecnia. Se vota para delegar el poder de la ciudadanía a representantes que, a su vez, eligen un ejecutivo. Y este ha de cumplir su compromiso electoral sobre la base del respeto de los derechos de la ciudadanía. No hay otra.

Por supuesto no es solo un problema español. No recordaremos qué ocurre en Grecia, Portugal, Italia o Irlanda para demostrarlo; solo una declaración a The Wall Street Journal de Draghi, presidente del BCE, que deja muy claro de que palo va esta gente y sus intenciones reales: “El modelo social europeo está muerto y quien dé marcha atrás en los recortes presupuestarios provocará una sanción inmediata de los mercados”. Una auténtica declaración de guerra.

Ni soberanía, ni constituciones, ni parlamentos, ni derechos, ni democracia. Solo mercados con sus obscenos beneficios. Como dice Ignacio Ramonet, en la Unión Europea hoy no existe voluntad alguna de enfrentarse a los mercados. No solo es mediocridad e incompetencia de los gobiernos, que también, sino servidumbre a esos mercados. En Europa se gobierna para servir a los intereses de los bancos de inversión, compañías aseguradoras, fondos de pensión, fondos especulativos de alto riesgo, grandes corporaciones y grandes fortunas. Esos son los mercados.

Europa era la región donde el salvajismo del capitalismo se frenaba y atemperaba con las políticas sociales del llamado estado de bienestar. Pero los mercados han decidido que eso se acabó. Y se pasan por el arco de triunfo soberanías, parlamentos y la democracia misma con la servil complicidad de gobiernos y la de los grandes partidos que los sostienen.

En tal situación de agresión contra la ciudadanía, esos gobiernos pierden toda legitimidad. Y, ante gobiernos sin legitimidad que violan derechos solo cabe resistencia ciudadana no violenta y desobediencia civil. E insumisión ante los nefastos acuerdos intergubernamentales que han impedido construir la Europa de la ciudadanía y de los pueblos desde el tratado de Maastrich de 1992 hasta el de Lisboa de 2009.

¿O dejan otro camino?