Sin vida digna para todos, la recuperación es una paparrucha

El gobierno, cómplices, secuaces y aliados entonan incesante el magnificat de la creación de empleo. Y parece que hay más empleo, pero ¿qué empleo? No es oro lo que reluce. No se recupera tanto empleo como se alardea y la mayoría de empleos son precarios, inseguros, de corto vuelo y salario miserable. Por eso ya hay un 15% de asalariados pobres. Y en aumento.

Lo cierto es que demasiada gente soporta una vida difícil. El Instituto Nacional de Empleo (INEM) afirma que hoy hay 3.720.297 personas en paro inscritas en sus listas a la espera de un trabajo, pero no son todos los parados. Y la Encuesta de Población Activa (EPA) dice que los desempleados son 4.574.700. Pero esa tampoco es toda la verdad.

Datos oficiales indican que en España hay 33.385.425 personas en edad laboral, de 16 a 64 años, y personas con empleo, dadas de alta en la Seguridad Social, son poco más de 17 millones. La diferencia son 15 millones, que no son parados, pues hay que restar las personas fuera del mercado laboral por causas diversas. Estudiantes, discapacitados con pensiones reducidas, pre-jubilados a los 60 años o antes… Pero entre todos y algunos más no reducen la resta a cuatro millones y medio, porque los números de la EPA siguen sin ser ciertos.

La encuesta sobre el paro no cuenta quienes no tenían empleo la semana anterior a la consulta ni quienes no lo tienen en las dos semanas siguientes. Ni figura como empleado quien tiene un trabajo que dejará de tener en una semana. Por otra parte, los asalariados parados que hacen cursos de formación profesional no cuentan como desempleados. Ni se cuentan las personas que han desistido de buscar empleo, tras años de no encontrarlo. Una situación que no aparece en las encuestas. Las cifras oficiales de paro en España no responden a la realidad. La gente sin trabajo remunerado es bastante más que la reconocida, porque la EPA no lo cuenta todo.

Que economía y mercado laboral no van tan bien como pretenden lo muestran, por ejemplo, los miles y miles de expedientes de regulación de empleo (ERE) que han afectado a 1.200.000 trabajadores en los cinco años de reforma laboral del PP. El Ministerio de Empleo informó que de 2012 a 2016 se presentaron 90.000 expedientes de regulación de empleo. Expedientes que provocaron 236.000 despidos y algo más de 730.000 suspensiones de contratos. A ese casi millón de afectados cabe añadir 228.000 trabajadores a los que se les redujo la jornada y, por tanto, el salario. Curiosa recuperación.

Es esclarecedor que en 2016 el PIB creciera un 3,2%, pero algo más de 3.600 empresas presentaron unos 4.900 ERE, que supusieron 22.200 despidos, 44.000 suspensiones de contrato y unas 7.600 reducciones de jornada laboral. Más de 70.000 trabajadores afectados, sin contar despidos puros y duros o contratos de semanas, días e incluso horas. Que las cifras económicas oficiales poco o nada tienen que ver con la vida real de la gente se ve en el sector turístico, por ejemplo. El aumento de turistas, del que tanto presume el gobierno, no repercute en la situación real de los trabajadores y trabajadoras. Y sí, han venido más turistas, que han ocupado más plazas hoteleras, pero ese aumento no se ha traducido en más empleos ni ha beneficiado a los trabajadores del sector con mejores salarios. Pues mientras los turistas aumentan un 20% desde 2008 y un 9% lo hacen las plazas hoteleras, los empleos del sector hotelero son casi los mismos de hace ocho años. Solo se ha computado un ridículo 0,63% de aumento de empleo, según la Encuesta de Coyuntura Hotelera del Instituto Nacional de Estadística. El mismo número de trabajadores para atender a muchos más turistas con los mismos salarios o menos. Quienes se recuperan son algunas empresas, no la gente trabajadora.

Las grandes cifras económicas no interesan salvo que supongan una vida mejor para el pueblo trabajador. Una vida digna. Llegar a fin de mes sin agobios; alimentarse bien; poder afrontar gastos imprevistos sin zozobras; mantener el hogar a temperatura adecuada (sin temer un sablazo de electricidad o gas); levantarse por las mañanas sin temer la incertidumbre del día… El colmo sería que la gente asalariada pudiera ahorrar algo. Pero ¿cómo se ahorra con salarios de 700 euros o menos?

Sin vida digna para la gente, lo demás son paparruchas.

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Desigualdad, una amenaza creciente muy peligrosa

El economista Alejandro Inurrieta considera que la situación política europea (salida del Reino Unido de la Unión y avance electoral de partidos fascistas) ha librado a España de una multa milmillonaria por sobrepasar el déficit impuesto por la Unión Europea. Pero no cabe cantar victoria, porque esa condonación no sale gratis. España deberá recortar 10.000 millones de euros de los presupuestos estatales (aunque en verdad son 15.000) y estará en el punto de mira de los burócratas de Bruselas.

La constante rebaja de salarios desde hace años, la demostrada pérdida de valor adquisitivo de las clases trabajadoras y la exigencia europea de recortar gastos sociales para rebajar el déficit público aumentan y aumentarán la desigualdad en España. La brecha entre ricos y pobres crece y así, en España, un reducidísimo 1% de población (menos de medio millón de individuos) posee más riqueza que el 80% del país (37 millones de personas). En 2015, en España, el patrimonio de las 20 personas más ricas aumentó un 15%, mientras la riqueza del 99% de población (muchos millones) caía un 15%. Y no es casualidad, mientras los presidentes de empresas del IBEX35 cobren casi 160 veces el salario medio de un trabajador. Y medio millón de niños se quedan en España sin beca de comedor en verano, según denunció Educo. Por cierto, un tercio de la infancia española está en riesgo de pobreza o exclusión social.

Pero, además, 40% de hogares españoles no puede afrontar gastos imprevistos sin recurrir a préstamos o pagos a plazos, según el Instituto Nacional de Estadística. Y, según Eurostat, quienes están en riesgo de pobreza en España (casi 29% de población) no pueden ir de vacaciones una semana al año; ni comer carne, pollo o pescado cada dos días; ni mantener la vivienda a temperatura adecuada en invierno; tampoco pueden tener teléfono, televisor ni lavadora y se retrasan habitualmente en pagar hipoteca o alquiler, el gas y la electricidad. Porque así se manifiesta la pobreza en España, pobreza que aumenta con la desigualdad. Desigualdad demostrada cuando 20 familias más ricas del país acumulan más patrimonio que 14 millones de personas corrientes. La desigualdad crece, pero no solo en España; también América Latina, Asia y África. Los datos implacables muestran que la desigualdad aumenta en todo el mundo.

En América Latina durante una década gobiernos progresistas se enfrentaron a la desigualdad y la redujeron. Pero el poder capitalista contraatacó y Argentina y el parlamento de Venezuela, por ejemplo, cayeron de nuevo en manos de los servidores de la minoría rica privilegiada, hacedores de desigualdad y pobreza, junto a Perú, Chile, Brasil… Branko Milanovic, economista estudioso de la desigualdad, asegura que ésta es un problema muy grave desde 1980. Precisamente cuando empezaron las rebajas de impuestos a los ricos y los recortes de gasto público social.

Según el informe de riqueza global de Crèdit Suisse, no llegan a 39 millones (0.5% de población) los multimillonarios y billonarios que poseen algo más de la tercera parte de todos los activos financieros del mundo. Solo 39 millones entre 7.200 millones de habitantes. Mientras el 90% de población mundial apenas accede a la quinta parte de la riqueza global. La desigualdad muy alta en el mundo, cuenta Milanovic, aumenta a pasos agigantados en países ricos (EEUU, Reino Unido, Suecia, Alemania, Francia…) y los llamados en desarollo o emergentes (Rusia, China, India, Sudáfrica…)

Tras la crisis de 1929, reformas y controles del capital e impuestos justos y progresivos propiciaron que la riqueza se distribuyera con mayor equidad. Pero desde los ochenta del siglo XX, los capitalistas vuelven a las andadas y la desigualdad aumenta sin cesar. Cuando estalló el colapso financiero de 2008, los estados solo ayudaron (y muy generosamente) al 1% más rico, no a la gente corriente, que es mayoría. La economía real se frenó (y ahí sigue) mientras la cuarta parte de población mundial ve empobrecer su vida.

¿Quieren saber que es desigualdad? Que sólo 62 personas (los pasajeros de un autobús) posean la misma riqueza que la mitad de la población mundial, que son 3.700 millones de personas. Lo denuncia Oxfam en su informe Una economía al servicio del 1%. Hace cinco años esos súper-ricos eran 388 personas. Pero cada vez son menos, poseen más riqueza y tienen más poder, mucho más poder.

Habrá que hacer algo, porque, con la que está cayendo, la Unión Europea insiste en que el nuevo gobierno del Reino de España deberá hacer más recortes para no superar el déficit impuesto del 3%. Da igual que aumenten injusticia y pobreza. Ellos no lo van a notar.

 

Cuestión de derechos, ni beneficiencia ni caridad

En Europa, la crisis convertida en saqueo, la implacable austeridad que todo lo empeora y los rescates financieros han aumentado la desigualdad. Y no dejarán de hacerlo. Pero las minoritarias élites económicas y los gobiernos a su servicio pretenden que esta dramática situación -recuerda el profesor Charles Wyplosz – es el precio a pagar por los excesos del pasado, despilfarros y falta de reformas. Indignante. ¿Olvidan que ellos causaron la crisis?

El profesor Costas Lapavitsas acierta cuando asegura que “las políticas de rescate no han hecho más que agravar la desigualdad con reducción de salarios y pensiones, mayor desempleo y reducción del Estado del Bienestar. La Unión Europea se ha convertido en un proyecto neoliberal puro, elitista y socialmente insensible. Y, dadas las escasas perspectivas de esta Europa, las cosas solo pueden empeorar”. ¿Cómo? Eurostat, la Comisión Europea, la OCDE y el Banco Mundial reconocen que la desigualdad ha aumentado peligrosamente en Europa. La brecha entre ricos y pobres crece sin cesar en el mundo, salvo en algunos países de América Latina, y en los últimos años avanza veloz en Europa.

En España, por ejemplo, en 1976, el presidente del tercer banco español ganaba 8 veces más que el empleado medio; hoy gana 44 veces más. En ese mismo año, en Estados Unidos, el primer ejecutivo de General Motors cobraba 66 veces el sueldo de un empleado medio, pero hoy, el presidente de Wal-Mart gana 900 veces más que un empleado. Los más ricos lo son mucho más, indecentemente; hay más pobres y la brecha entre unos y otros es mucho mayor. Una desigualdad criminal.

¿Más, más pobres? Sí, los británicos que se ven obligados a recurrir a instituciones benéficas para comer se han multiplicado por veinte desde el inicio de la llamada crisis, según un reciente informe de Trussell Trust. Y el gobierno de Italia reconoce que la pobreza ha subido a su máximo nivel desde 1997. En tanto que los españoles atendidos por Cáritas han pasado de 370.000 a 1.300.000. Y en Grecia vuelven a sufrir malaria y peste. Mientras la banca europea acumula beneficios. Parece incontestable que pobreza y desigualdad campan a sus anchas.

Son evidentes las catastróficas consecuencias de la llamada crisis. Y en el reino de España, siempre tan peculiar, se recurre de nuevo a la caridad como alternativa. Un par de programas televisivos, uno estatal y otro andaluz, fomentan la caridad para que ciudadanos particulares ayuden a quienes están peor que ellos. Sensacionalista y lacrimógeno, el programa televisivo estatal fomenta una caridad vergonzante, la indigna beneficencia. La prensa francesa lo llama “programa de televisión para pobres”.

Pero lo de dar de comer al hambriento en el peor estilo de beneficencia no es solo cosa de televisión. Algunos bancos de alimentos son ejemplo de beneficencia paternalista. Porque los beneficiarios son meros receptores sin voz, interacción o reflexión. Pasar hambre deviene una desgracia, como que te caiga un rayo, y nadie ha de responder por ello. Da igual que ya sean más de dos millones quienes no comen todos los días, según cálculo de Oxfam Intermón.

Otra cosa son los grupos solidarios de ciudadanos o redes de distribución de alimentos organizados por vecinos y trabajadores. Éstos lo hacen sin asomo de paternalismo, conscientes de que repartir comida es un parche necesario, pero parche. Además, las redes de solidaridad popular integran a los beneficiarios del reparto de alimentos. Así es, por ejemplo, en el grupo de vecinos que reparte alimentos en un local ocupado del barrio Ciutat Meridiana de Barcelona. Esperando que llegue cuanto antes el momento en el que no tengan que repartir más alimentos, porque, incluso en situaciones de emergencia, es el Estado el que ha de atender las necesidades de la ciudadanía que lo precise. Desde la alimentación, si es el caso, hasta el cuidado de la salud, la educación… Cuestión de derechos, no beneficencia ni caridad.

En España, como antes ocurrió en buena parte de Europa, la democracia puso fin a instituciones benéficas públicas o privadas que paliaban la exclusión y la desigualdad social, recuerda Antoni Papell. Y se inició el llamado estado de bienestar, que es mejor denominar estado de derechos sociales.

Pero la crisis convertida en saqueo ha hecho estallar el estado de derechos sociales y, con la pobreza y la desigualdad, surgen como setas en otoño la beneficencia, la caridad… y desaparece la justicia. Pero el único camino aceptable es satisfacer todos los derechos de todos. No hay otro.

Una indecente desigualdad

Un inmigrante africano, que vive en la calle, en menos de un año ha pasado de tener aspecto de príncipe al de un hombre completamente derrotado, hecho polvo. Un padre joven no pide dinero sino que le compres un bote de leche materna para su bebé. Un hombre mayor bien vestido hurga vergonzoso en papeleras y contenedores. Otro de más edad, sentado en el suelo con la espalda apoyada en una pared y vestido con un grueso chaquetón sucio en invierno o verano, no hace nada; con la mirada perdida ni siquiera pide limosna… Todo eso pasa en mi madrileño barrio, cerca de casa; un barrio de gentes trabajadoras, no un barrio marginal.

Lo dicho solo es una pequeña muestra, porque en el Reino de España, según Cáritas Española, viven en la calle o en infraviviendas casi tres millones de personas. Y eso no es una catástrofe natural inevitable.

Como recuerda A. Lozano, nunca la humanidad ha tenido tanta capacidad para producir y acumular riqueza, pero nunca esa riqueza ha estado tan mal repartida. Nunca ha habido tanta desigualdad e injusticia. No es un discurso izquierdoso a la violeta; es que una décima parte de la población mundial posee el 83% de la riqueza y poco más de 1000 personas acumulan fortunas superiores a los 1.000 millones de dólares. Y eso es una  obscena desigualdad que genera la más brutal de las pobrezas.

Según la FAO, en 1990 había 823 millones de hambrientos, pero en abril de 2008, ya eran 861 millones. Hoy quienes sufren hambre aún son 842 millones. Más que en 1990. Y el hambre es el más cruel exponente de la desigualdad y la pobreza.

Si nos fijamos en España, se ha convertido en paradigma de la desigualdad en Europa. Unas 400.000 personas poseen un patrimonio de un millón de dólares o más. Pero tres millones de familias apenas viven (si eso es vivir ) con 300 euros al mes; que, por cierto, son el doble que hace 5 años. Y más de 12 millones de españoles viven bajo el umbral de la pobreza. Si hay casi seis millones de parados, muchos trabajadores asalariados, a pesar de tener empleo, no escapan a la pobreza. Desigualdad y pobreza.

Según datos del banco Credit Suisse, la riqueza global del mundo aumentó un 68% en los últimos diez años, hasta el máximo histórico de 241 billones de dólares. Pero casi toda esa riqueza (86%) está en manos de la minoritaria décima parte de población mundial. ¿Algo que ver con la justicia?

Un informe de Tax Justice Network de 2012 cifra en 12 billones de dólares el patrimonio de los mega-ricos oculto en paraísos fiscales. Pero en su informe Usted no sabe de la misa la mitad explica que no se ha logrado contabilizar con seguridad cuanta es esa riqueza oculta. Por tanto, la desigualdad real es muchísimo mayor que la que se cree.

La desigualdad es problema central de la humanidad. Estudios del epidemiólogo Richard Wilkinson demuestran que la desigualdad es causa probada de sufrimiento humano, de enfermedades, además del aumento de la delincuencia y de la comisión de más crímenes. Una feroz desigualdad no casual sino buscada por la minoría rica. Pues no es posible aumentar la riqueza de la minoría sin empobrecer a la mayoría. Robert Reich, ex secretario de Trabajo con Clinton, escribe que la creciente desigualdad en la distribución de la riqueza es el mayor problema de nuestro tiempo. Cualquier otro, dice, como el reciente cierre del gobierno de EEUU, la pugna sobre el déficit presupuestario y el techo de deuda, es una distracción.

Y la desigualdad no solo continúa; crece. Según Merrill Lynch y Capgemini, al acabar 2013 los ricos serán mucho más ricos. Porque lo que llamamos crisis es un saqueo que perpetran esa minoría y sus servidores mientras a las clases trabajadoras les supone más paro, más precariedad, más pobreza.

Hay que reaccionar. O estamos perdidos.

De austeridades, recortes, derechos y pillajes

En España ya hay 1.800.000 familias con todos sus miembros en paro. Cuatro de cada diez familias no pueden hacer frente a gastos imprevistos y tienen dificultades para pagar facturas. Y además no pueden poner calefacción suficiente en la vivienda todos los días. Solo un botón de muestra de la malhadada dicha crisis.

 

Esas situaciones tienen mucho que ver con la austeridad presupuestaria que se impone de modo implacable. Los recortes. Una austeridad que pretenden justificar porque esos “recortes dolorosos” son para “ahorrar” y así reducir el déficit. Pero el Gobierno del Reino de España recorta, sí y mucho, pero no ahorra. Gasta más que el año pasado. En agosto el déficit público ya subía a 48.000 millones de euros; 8.400 millones más que el déficit indicado por la Unión Europea para todo el año.

 

 

¿Cómo es eso? Joan Arnau desvela, a modo de inventario, que, por ejemplo, las subvenciones del gobierno a las empresas eléctricas han aumentado ¡un 28%! Y el pago de intereses de la deuda ha subido más de un 9%. Se recorta sanidad, educación, sueldos, prestaciones a parados, ahora las pensiones… Pero al mismo tiempo se dan miles de millones de dinero público a la banca. Dice Arnau que es el “atraco perfecto”.

 

 

¿Cuánto dinero público se ha dado a los bancos? Dinero público recaudado de los impuestos que pagan la ciudadanía, las clases trabajadoras. El Banco de España ha informado que las ayudas públicas a bancos y cajas de ahorros de 2009 a 2013 fueron 61.366 millones de euros. Oficialmente. Pero esa cifra no incluye otras ayudas como avales, compra de activos tóxicos… Según cálculos de la Plataforma por una Banca Pública, a finales de 2012 el sector financiero español había recibido ya más de 632.000 millones de euros de ayudas públicas. En esa astronómica cantidad se incluyen también los grandes préstamos a bajísimo interés del Banco Central Europeo, que también provienen de los impuestos de la ciudadanía. Un dineral.

 

 

Sufrimos una austeridad predadora, pero el déficit no disminuye. Y así seguirá, porque la austeridad no reduce el déficit sino que asegura el bajón de la demanda y la reducción de la actividad económica. Freno y recesión.

 

 

Los letales recortes no son un problema exclusivo de España ni siquiera de Europa. Según un informe elaborado por Isabel Ortiz y Mathew Cummins, de 2010 a 2012, 98 gobiernos de otros tantos países rebajaron salarios públicos y presupuestos de sanidad y educación. En 86 países además rebajaron las pensiones y en 32 se legisló un despido más fácil y barato, además de aumentar el IVA sobre productos básicos en 94 países, lo que supuso un evidente aumento de precios y pérdida de capacidad adquisitiva.

 

 

El informe de Oxfam Intermón “La trampa de la austeridad” denuncia que “si continúan las medidas de austeridad, en 2025 habrá de 15 a 25 millones de europeos más que serán pobres”. Oxfam afirma además que “hay claras semejanzas entre los programas europeos de austeridad y las ruinosas políticas de ajuste estructural impuestas a América Latina, Este Asiático y África subsahariana de 1980 a final de los noventa”, con los nefastos resultados conocidos. La historia se repite, porque el capitalismo es insaciable.

 

 

No nos engañemos, la austeridad tiene como fin principal desmontar el Estado social, además de pagar a los bancos y especuladores de deuda pública. Ahora, además, el Consejo de Europa ha publicado un informe sobre España donde denuncia de forma explícita que la austeridad viola los derechos humanos y “los recortes en presupuestos sociales, educativos y de salud han conducido a un preocupante aumento de la pobreza de las familias en España (…) y las actuaciones en salud y educación vulneran las convenciones de la ONU“.

 

 

Bajo el paraguas de la austeridad, la ciudadanía sufre un saqueo incesante de bienes y rentas; una sistemática violación de sus derechos. Pero además pretenden que se comulgue con ruedas de molino al presentar esa rapiña como algo inevitable. Como rayos en una tormenta o el sabor salado del agua de mar.

 

 

Falso.

 

 

Esta austeridad destructora no es más que una versión sofisticada y elaborada de un atraco a gran escala, un robo organizado masivo, un pillaje muy planificado. Un saqueo evidente de las rentas de las clases trabajadoras desviadas sin el menor pudor ni disimulo hacia el capital y los capitalistas.

 

 

Por tanto, menos falacias y embustes sobre la necesidad de las políticas de austeridad perpetradas y lo inevitable de las mismas. Los atracos, robos, pillajes y saqueos a esa escala son crímenes, graves violaciones de derechos, y no hay presunta necesidad que valga. Nada que los justifique. Y la ciudadanía ha de ser muy consciente de ello.

 

Poder financiero, principal enemigo de la ciudadanía

Solo cien personas ganaron en 2012 más de 240.000 millones de dólares. Tanto dinero como España dedicó ese mismo año a prestaciones sociales, desempleo, sanidad y pensiones. Cien en la cima de las 1.426 personas que poseen mil millones de dólares o más y que suman entre todos 5,4 billones de dólares de riqueza. Súper-ricos que no han perdido con la crisis sino que han ganado más. A costa de la ciudadanía. Decía Balzac que tras toda gran fortuna hay un gran crimen y, sin entrar en cuanta verdad tenga el aserto, lo cierto es que el 0,01% de súper-ricos de la Tierra, (quienes poseen 30 millones de dólares o más) no consiguió su fortuna por ser geniales empresarios ni más inteligentes que el resto de la humanidad. Trampas, especulación, presión sistemática, chantaje, soborno y compra de conciencias lograron establecer un sistema privilegiado para los intereses de la minoría rica.

Desde 1947 hasta los 70, parte de los beneficios de la economía se distribuían también entre las clases populares. En Occidente, claro. No era socialismo, pues había una desigualdad insultante y los ricos se quedaban con la parte del león, pero había cierta justicia en esa distribución. A través de los impuestos el estado podía ofrecer servicios y prestaciones, que no son otra cosa que cumplimiento de derechos.

Pero en los 70 empezaron a disminuir beneficios. Y los ricos se aprestaron a recuperar su volumen de ganancias e incluso aumentarlo. Consiguieron escandalosas rebajas de impuestos, leyes laborales que abandonaban al trabajador, privatización de servicios públicos, ahora jugosos negocios; supresión de reglas y control del sector financiero, más una escasa voluntad de perseguir el fraude fiscal con los paraísos fiscales como óptimos aliados. Fraude fiscal que cuesta anualmente 3 billones de dólares a 145 países. Los ricos lograron así establecer un sistema amañado a su favor.

En Europa, la crisis-estafa cobró forma de deuda pública difícil de pagar, y objeto de especulación. Además de austeridad fiscal como presunta política para afrontarla. Hans-Werner Sinn, preclaro asesor de Ángela Merkel y presidente del IFO (Instituto para la investigación económica) desvela sin rubor el por qué de tal política. Asegura que los países del sur con problemas de endeudamiento (Portugal, Grecia, España e Italia) deberán tener diez años más de austeridad para lograr la imprescindible “devaluación interna de un 30%” para salir de la crisis. ¿’Devaluación interna’?

Sí. Los ricos, para continuar siéndolo, necesitan que las clases populares pierdan un 30% de su renta en forma de salarios más bajos, pensiones más bajas, menos prestaciones sociales y menos servicios públicos. Rebaja de rentas de la mayoría en clara transferencia hacia los bolsillos de quienes más tienen. Más migas y migajas para secuaces, cómplices y encubridores que les han servido y sirven para engañar, someter y esquilmar a la ciudadanía. Gobiernos, políticos profesionales, medios de comunicación, “expertos”… Pues es diáfano que la mayoría de estados gobiernan para los ricos (mercados financieros, si prefieren) y no para la ciudadanía.

Juan Torres nos recuerda como, tras el cierre de urnas en las últimas elecciones italianas, le faltó tiempo a Angela Merkel para ordenar lo que tenía que hacer Italia, fuera cual fuera el gobierno que se formara. Aplicar la política de austeridad y lucha contra el déficit que pretenden las contra-reformas del derrotado estrepitosamente en las elecciones primer ministro Monti. Es evidente que lo que quiere y expresa la ciudadanía con el voto les importa un rábano. Una dictadura de hecho.

Y, para incrementar el riesgo como explica Susan George, es posible un batacazo como el de Lehman Brothers en 2008. Porque nadie siquiera ha intentado controlar el sistema financiero y porque las 50 mayores empresas del mundo, de las que 48 son grandes bancos o otras entidades financieras, están muy interconectadas. Y, si algo va mal en una, pueden caer muchas. Con nefastas consecuencias para la ciudadanía.

Si el 0,01%, poseedor de la mayor parte de riqueza, controla el poder económico y ha corrompido el político, el adversario principal de la ciudadanía son los ricos. No nos engañemos. Y contra ellos hay que levantar un gran movimiento ciudadano que recupere la democracia y cambie la situación en beneficio de la inmensa mayoría.

Derechos o barbarie

Esta época es la de la mayor liquidación de derechos sociales de la población mundial. Pero esa aniquilación de derechos sociales es parte de una escabechina mayor. Todo estalló tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, atentados que le vinieron de perlas a la minoría dominante para sus planes de demolición, y ya en 2006 el lúcido analista Josep Ramoneda denunciaba que “la guerra contra el terror se ha llevado por delante los valores de la libertad individual, de la capacidad de todos y cada uno de pensar y decidir por uno mismo”. Porque el antiterrorismo se convirtió pronto en el supremo pretexto que engendró nuevas leyes que permitieron cargarse los derechos cívicos y políticos: que se pudiera detener sin garantías a cualquiera por meras sospechas y mantenerlo encerrado indefinidamente, entre otras atrocidades, además de recortes a las libertades de expresión, reunión, participación política… Nuevas normas establecidas de norte a sur y de este a oeste contra el terror (decían) que eran y son una burla del estado de derecho.

Y ocho años después, The New York Times revela que Barak Obama se reúne con altos funcionarios para decidir qué terroristas, presuntos terroristas o “combatientes enemigos” serán asesinados por drones (aviones bombarderos no tripulados) en Afganistán, Yemen, Pakistán, Somalia o Sudán. De momento solo en esos países. Los asesores de Obama reconocen que el presidente estadounidense tiene una reunión “antiterrorista” todos los martes para designar qué personas serán ejecutadas en nombre de la lucha antiterrorista. Hasta hoy, Estados Unidos ha perpetrado 268 ataques de drones. Según The Guardian, desde 2004 los drones han asesinado a más de 2.400 personas de las que más de 800 eran civiles y, de éstos, 175 niños. Estados Unidos tiene actualmente desplegados 7.000 drones.

En marzo se publicó el informe del Relator Especial de Derechos Humanos de la ONU, Christof Heyns, sobre ejecuciones extrajudiciales y arbitrarias. Una denuncia de lo inadmisible de los asesinatos selectivos, porque cualquier gobierno, con el pretexto de la lucha antiterrorista podría matar a cualquier persona en cualquier lugar, si la acción antiterrorista justificara todo y pudiera estar por encima de los derechos humanos. Que no lo está.

Inaceptable porque, con acciones como las ejecuciones por drones, los gobiernos se convierten en fiscales, jueces, jurados y verdugos. Inaceptable porque la acción homicida de los drones aniquila los derechos humanos de presunción de inocencia, juicio justo por tribunal imparcial y defensa. Y los derechos humanos no son de quita y pon. Siempre están vigentes y no admiten excepciones.

Human Rigths Watch ha denunciado la condescendencia y tolerancia de Estados Unidos y la Unión Europea con Estados autoritarios disfrazados de democracia y Estados que violan gravemente derechos humanos. Estados como Rusia, Pakistán, Bahrein, Jordania, Irak, Nigeria, Rusia, China Tailandia, Colombia, Etiopía, Arabia Saudí, Vietnam o Israel. Por no recordar, como ha denunciado Nuno Vieira, presidente del Consejo Europeo de Medicina Legal y asesor de la ONU, que también ocurren cosas terribles en países democráticos y que casi ningún país puede decir que no aplica tratamientos crueles a detenidos ni que es ajeno a la tortura.

Mientras tanto, continúan el sufrimiento y empobrecimientos de las clases asalariadas europeas. En Europa crece la pobreza y aumentan las personas que deben elegir entre una comida al día o caldear la casa, pagar la hipoteca o comer. En 2009 había en la Unión Europea más de 115 millones de personas pobres (23% de la población), cuando en 2007 eran 85: en dos años, 30 millones de pobres más. Y además, esos pobres son más pobres. Pero los gobiernos europeos continúan con sus políticas suicidas de recortes presupuestarios que son como cerrar hospitales en una guerra.

Violación sistemática de derechos cívicos y políticos, violación sistemática de derechos sociales y económicos; es decir, violación sistemática de derechos humanos. Esta es una época de barbarie hipócrita, de violación sistemática y sistémica de los derechos de la inmensa mayoría.

Lo inaudito e insoportable es que la casi totalidad de los 196 estados del mundo han firmado y ratificado la declaración de derechos humanos y la mayor parte de leyes internacionales derivadas de ésta; lo que significa que la Declaración de Derechos Humanos los obliga. Una declaración que afirma en su primer artículo que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. ¿Tienen idea de lo que significa esa frase y a lo que obliga?

La Declaración Universal de Derechos Humanos de ningún modo puede ser jamás papel mojado. O la barbarie se habrá instalado en el mundo para no dejarlo nunca.

Como siempre, la ciudadanía tiene la respuesta. Le va la dignidad, la libertad y la justicia en ello.