Eludir el pago de impuestos debe tratarse como delito

Àlex Crivillé, campeón mundial de carreras de motocicleta, asegura en una entrevista que todos los deportistas del mundo del motor “están todos fuera: en Londres, en Suiza, en Andorra, en Mónaco… Es normal. Y el que no lo hace es un burro, así de claro: burro”. Cuando Crivillé dice ‘están fuera’ quiere decir en realidad que pagan impuestos fuera de España. Muchos menos impuestos, por supuesto. Crivillé pretende justificarse asegurando que los impuestos son muy elevados en España. ¿Qué diría de vivir en Suecia, Bélgica, Dinamarca o Italia? El nombre de Crivillé apareció en los Papeles de Panamá por haber cobrado derechos de imagen por una empresa pantalla, esas sociedades conocidas como offshore.

Sin tanta ordinariez al explicarse, las grandes empresas y corporaciones multinacionales practican la misma elusión fiscal que Crivillé pregona y como hacen tantos deportistas de ingresos multimillonarios. O sería más acertado decir que los Crivillé y compañía se escaquean de pagar impuestos como las empresas multinacionales.

En 2014, la multinacional Apple pagó solo la calderilla del 0,001% (cinco milésimas de unidad por ciento) por sus cuantiosos beneficios. Fue así porque declaró sus cuantiosos beneficios en Irlanda, que ofrece una inmoral rebaja fiscal, aunque obtuvo esos beneficios en varios países donde debería haber tributado.

Offshore Shell Games 2016 reveló que Apple registró 215.000 millones de dólares en empresas pantalla, por los que debería haber pagado 65.400 millones en impuestos al fisco de EEUU… si esos beneficios se hubieran declarado en ese país como es lo justo.

Desde multinacionales y corporaciones internacionales pretenden justificarse asegurando que la ‘elusión fiscal’ que perpetran es legal. Aprovechan agujeros legales y la falta de normas de control internacional para apenas pagar impuestos por los beneficios obtenidos. Esa elusión ‘legal’ de impuestos por quienes más ganan es posible por la innegable falta de voluntad política de la mayoría de gobiernos de la Unión Europea.

El mismo Crivillé explica que “recibes asesoramiento para gestionar tu patrimonio. No lo haces tú, te lo hacen los profesionales que te asesoran y dicen cómo lo tienes que hacer”. Evidentemente con trampas y trucos contables. El resultado es pagar mucho menos. Pero abogados y asesores fiscales se van de rositas tras contribuir al multimillonario saqueo de impuestos que nunca llegarán al Estado.

Dejar de pagar impuestos es un delito cuando es evasión pura y dura. Pero eludir impuestos, por más que se pretenda legal, atenta contra el mismo bien jurídico: la recaudación del Estado para atender necesidades y derechos de la ciudadanía. Por tanto, debe ser considerado tan delito como la evasión fiscal. Una mezcla de apropiación indebida y robo. Posible porque la clase política europea gobernante está al servicio de quien está. Tenemos elusión para rato.

¿Por qué en todos estos años de evasión y elusión de impuestos la Unión Europea no ha tomado una sola medida eficaz contra la fuga de impuestos por los paraísos fiscales? Porque no hay voluntad política real. Y es así aunque la misma UE considera que la evasión de impuestos cuesta como poco a sus Estados miembros de 50.000 a 70.000 millones de euros anuales de impuestos perdidos.

Y más que se perderán, porque de 2013 a 2015 se han triplicado los acuerdos fiscales secretos entre multinacionales y gobiernos europeos. Acuerdos ocultos, que permiten hurtar el dinero de impuestos necesario para satisfacer necesidades y derechos ciudadanos, ya son más de 1.400, según la Red Europea de Deuda y Desarrollo (Eurodad). ¿Imaginan cuántos millones de dinero de la ciudadanía, que ésta no disfrutará, suponen esos acuerdos?

En realidad, como ya se ha escrito, los paraísos fiscales, que facilitan la evasión y elusión de impuestos, son el lubricante del sistema capitalista. Hacen posible el robo masivo perpetrado contra la ciudadanía en tiempos de descenso de ganancias. Según Offshore Shell Games 2016, las empresas más ricas del ranking Fortune 500 tienen escondidos en paraísos fiscales casi 2,5 billones de dólares de sus ganancias. Beneficios que no pagan impuestos y así el pueblo es sistemáticamente despojado de sus derechos económicos y sociales por evasión y elusión fiscales.

Va siendo tiempo de llamar a las cosas por su nombre. La evasión de impuestos es un delito, un crimen, y eludir impuestos también ha de ser considerado como tal. Y, por tanto, hay que actuar con decisión y contundencia. Incluidas medidas penales.

Eludir o evadir impuestos es un crimen

En España las ventas de Apple van viento en popa, pero esa empresa no paga impuestos por sus beneficios. En 2011, a Apple España le salió la declaración a devolver, aunque las ventas se multiplicaran por catorce, como se comprueba en el Registro Mercantil. El truco es que Apple España compra productos Apple a Apple Irlanda a precios muy altos… y factura en Irlanda el 99% de sus ventas aquí. Apple España apenas tiene beneficios y le salió a devolver lo anticipado por impuesto de sociedades.

El truco es no declarar beneficios reales en España. Ingeniería fiscal y contabilidad imaginativa, dicen, pero en un mundo decente sería un delito de evasión de impuestos. Por otra parte, en Europa han señalado a Apple como elusora de muchos millones en impuestos y la Comisión Europea ha advertido que debe abonarlos por impuestos no pagados.

Resultado de este panorama fiscal es que la Agencia Tributaria de España ha decidido investigar el impuesto de sociedades, IVA y sobre la renta de 2009 a 2012 de la filial española de Apple que gestiona once tiendas propias que venden mucho.

La Agencia Tributaria ha colocado también en el punto de mira las filiales en España de multinacionales tecnológicas. ¿Desvían beneficios a otros países? Por eso investigan a Google Spain que también tiene una sede en Irlanda. ¿Casualidad? No, el impuesto de sociedades ahí es solo 12.5%. Apple y Google son avanzadas en elusión fiscal, en no pagar impuestos debidos con estructuras empresariales retorcidas y complejas. La elusión aún no es delito, como la evasión de impuestos, pero debería serlo.

Elusión posible porque países como Irlanda y Holanda ponen impuestos reducidos como paraísos fiscales que son. La elusión también es posible por agujeros y resquicios legales de los países en sus normas fiscales. Y, por supuesto, por la nula voluntad política al respecto de gobiernos nacionales europeos, gobierno de la UE, Consejo de Ministros de la UE, Ecofin…

De la voluntad política de Consejo de Ministros Europeo da cumplida respuesta su reacción a la formación de una comisión del Parlamento Europeo de 65 diputados para investigar los Papeles de Panamá. Apenas constituida, el Consejo de Ministros de la UE les ha hecho saber que los Estados miembros no colaborarán con esa comisión. ¿Cuál es el interés del Consejo de Ministros europeo en acabar con la elusión y evasión fiscales? Cero.

Como escribe el economista Fernando Luengo, “el margen de maniobra de las corporaciones transnacionales no cesa de aumentar en un contexto institucional que premia el libre movimiento de capitales y la competencia entre países para recibir inversiones”. Incluida la competencia fiscal. En ese oscuro contexto, a los poderosos les es fácil eludir el pago de impuestos.

Eludir y evadir impuestos ampliamente hace buena la definición de capitalismo de Manuel Freytas cuando afirma que “no es más que una empresa de ladrones comunes que niveló un sistema económico, político y social globalmente para legitimar con leyes un robo masivo y planetario del trabajo social y recursos naturales, disfrazado de economía mundial”.

Nada de eso sería posible sin paraísos fiscales. Un enorme volumen de dinero evadido o eludido transita por esas guaridas financieras. Según la OCDE 240.000 millones de dólares anuales. El resultado de la masiva y continua evasión y elusión de impuestos es que las arcas públicas se reducen, los Estados se debilitan y no se atienden los irrenunciables derechos de la gente.

¿Cómo cabe tanta evasión y elusión fiscales? Porque hasta ahora FMI, G7, OCDE, gobiernos nacionales y UE miran a otro lado ante la evasora conducta de las multinacionales y el fraude de los potentados. Con la complicidad de muchos gabinetes de abogados y asesorías fiscales que proporcionan servicios, trucos y trampas para ocultar información y que los ricos y súper-ricos no paguen impuestos o apenas. Con la ayuda de la banca, por supuesto. Billones de dólares no han sido declarados y no han pagado los impuestos que deberían.

Eludir impuestos o evadirlos es criminal porque quiebra de raíz la solidaridad social imprescindible para que los países no se precipiten en el abismo de la injusticia permanente y la gente pueda vivir con un mínimo de dignidad.

Paraísos fiscales, guaridas financieras

La OCDE y entidades similares, dignas de toda sospecha, no han elaborado en serio una lista veraz de paraísos fiscales. Incluso en los últimos años pretenden que hay muchos menos. Pero no, están ahí. Territorios donde apenas se pagan impuestos. Primera condición sine qua non. Que el secreto bancario es dogma, la segunda. Y la tercera, el inviolable anonimato de titulares de cuentas, depósitos y movimientos de capital. Y negar por sistema cualquier información fiscal o financiera. Porque lo suyo es ocultar datos, nombres, apellidos, capitales y ganancias. Para no pagar impuestos.

Hoy los paraísos fiscales campan impunes por Europa. Las diminutas islas británicas del canal de la Mancha, por ejemplo, y los pequeños estados de Liechtenstein, Mónaco, Gibraltar, Malta, Luxemburgo o Andorra, sin ir más lejos, tienen una bien ganada fama de paraísos fiscales. Mientras Austria, Holanda e Irlanda actúan también a menudo como ellos, sin olvidar a Suiza, por supuesto, que a pesar de alguna concesión reciente a la información, es aún buen lugar para esconder fortunas.

Los paraísos ya no son lugares exóticos con palmeras y playas de aguas cristalinas. En el nuevo panorama de la burla fiscal destaca Londres, por ejemplo. Aunque, por mayor precisión, la capital del escaqueo tributario sería la City, su distrito financiero. Ahí funcionan a todo gas excelentes operaciones de lavado y blanqueo. Con la necesaria complicidad del carísimo mercado inmobiliario de la ciudad. Genial para ocultar y lavar miles de millones de euros. Así se han blanqueado más de 150.000 millones de euros, según datos oficiales británicos. Y, siendo dato oficial, es probable que sea más.

El blanqueo es sencillo. Los súper-ricos de donde sea llegan a la capital del Reino Unido con billetes en mano o en maletín y compran, por ejemplo, un apartamento, ático o palacete, cuanto más caro, mejor. Nada de nombres ni apellidos, of course, y los propietarios no pagan ni un chelín de impuestos. Los Papeles de Panamá desvelan que los propietarios de cuarenta mil carísimas propiedades inmobiliarias londinenses… son empresas con sede en paraísos fiscales. Y ahí la hacienda británica no tiene nada que rascar.

En el nuevo panorama del pirateo de impuestos, los Estados Unidos de América funcionan como paraíso fiscal. Así lo denuncia un reciente informe del grupo parlamentario europeo Los Verdes. Explican que en Estados Unidos está la quinta parte de los servicios financieros del mundo para ciudadanos no residentes. ‘No residentes’ es jerga de paraísos para designar a su clientela. Son cuentas, depósitos, otras ocultaciones, inversión y especulación de no estadounidenses sin nombre ni identificación. Y da igual que la OCDE acuerde el intercambio automático de información financiera y fiscal entre sus estados contra el blanqueo y la evasión fiscal. Estados Unidos no forma parte de ese acuerdo y no da ni dará información.

El informe de Los Verdes denuncia que catorce Estados de Estados Unidos actúan como paraísos fiscales. Y en Delaware, Nevada y Wyoming se pueden registrar con suma facilidad empresas-pantalla o fantasma. Indispensables en la evasión fiscal. Solo existen en el papel y no se sabe ni se puede saber quiénes son sus propietarios, accionistas y gestores. Ni quienes se lo llevan crudo. Para hacerse una idea del tinglado, en el estado de Delaware (con la misma superficie que la pequeña Rioja y 860.000 habitantes), en el número 1209 de la calle Orange de la pequeña ciudad de Wilmington, tienen su sede más de 285.000 empresas. Más apretadas que los personajes del camarote de los hermanos Marx.

Otrosí, las patrióticas empresas del Ibex 35 en 2014 tenían más de cuatrocientas empresas filiales con sede en ese aprovechado edificio de Delaware. Y casi novecientas en total en ese y otros paraísos fiscales. ¿Para qué será?

Echando la vista siete años atrás, temblorosos mandatarios europeos ponían a dios por testigo de que acabarían con los paraísos fiscales. Fue tras el hundimiento de Lehman Brothers que tanto acoquinó a las élites. Pero, pasado el susto inicial, se olvidaron de propósitos de enmienda y hoy los paraísos gozan de excelente salud. Con su ayuda, ésta es la era de la evasión fiscal. Además, esos paraísos han crecido como setas en el bosque tras lluvias otoñales y no pagar impuestos o impuestos ridículos ya es plaga, epidemia.

En aras de la decencia semántica, deberíamos dejar de llamarlos paraísos fiscales. Mejor guaridas financieras.

La directiva de secretos comerciales, un paso más hacia el autoritarismo en la Unión Europea

La Unión Europea ha aprobado una Directiva de Protección de Secretos Comerciales que asegura la opacidad absoluta de las empresas. Podrán perpetrar cualquier irregularidad o maquinación sin temor a que puedan ser desveladas. Casi una cincuentena de entidades sociales y cívicas europeas y globales han denunciado esa norma que define tan amplia y ambiguamente los secretos comerciales que cualquier información interna de una empresa se puede considerar como tal.

Según la directiva, las empresas podrán “demandar a cualquiera que adquiera, utilice o publique cualquier información o documento que se pueda considerar secreto comercial”. La directiva no pretende proteger del espionaje industrial, con lo que la quieren justificar. En la Unión ya hay normas y métodos contra ese espionaje y el robo de ideas. La verdad es que la directiva busca impedir la filtración de datos y hechos que revelen actuaciones y conductas irregulares y delictivas de empresas.

La directiva limita y reduce claramente el derecho a la información al establecer que solo acepta la revelación de prácticas ilegales y delitos si se hace a las autoridades gubernamentales o judiciales. Pero serán perseguidos quienes desvelen esas ilegalidades a medios de comunicación. ¿Cuántas canalladas se hubieran ignorado si trampas, irregularidades y chanchullos perpetrados por directivos y cúpulas empresariales no hubiesen sido difundidos por los medios de comunicación?

Organizaciones sociales y cívicas denuncian que esta directiva vulnera derechos fundamentales de expresión y a la información. Porque la ambigua definición de secretos comerciales permite que una empresa blinde cualquier cosa como “secreto comercial”. ¿Hubieran visto la luz los ‘Papeles de Panamá con esta directiva?

Más indecente aún es que la directiva haya sido elaborada por unos pocos sujetos vinculados a grupos profesionales de presión y bufetes de abogados de lujo a las órdenes de federaciones y asociaciones empresariales europeas y globales. Gentes privadas que encarnan intereses privados han hecho redactar una directiva europea para reprimir a quienes desvelen irregularidades y trampas de empresas.

Es obvio que para esta Unión Europea los intereses económicos están por encima de los derechos. Y no puede ser. La libertad de expresión del artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos incluye el derecho a investigar y recibir informaciones y difundirlas sin limitación por cualquier medio. ¿Qué parte del artículo no entienden los mandatarios de esta UE?

Prohibir la filtración de chanchullos y anomalías empresariales a medios informativos es asegurar la impunidad de las empresas al poder considerarlos ‘secreto comercial’, porque la mayoría de actuaciones delictivas de grandes empresas y corporaciones se han conocido y podido perseguir al ser aireadas por los medios informativos.

La eurodiputada conservadora Constance le Grip dijo en el Parlamento Europeo que la directiva protege “de la manera más clara posible” el trabajo de periodistas y sus fuentes. Pero es falso. Es un cheque en blanco disfrazado de ‘secreto comercial’ para grandes empresas y corporaciones, porque impide la revelación pública de sus manejos sucios.

La Federación Europea de Periodistas considera que la directiva viola la libertad de expresión y es un ataque directo al periodismo de investigación, una de cuyas misiones es destapar delitos e irregularidades de grandes empresas. Y la Federación de Sindicatos de Periodistas la califica como “atentado contra la información”, cuando luz y taquígrafos, transparencia e información, son imprescindibles para que haya democracia de verdad.

Si sumamos esta directiva represora a la pretensión de la UE de aprobar un tratado bilateral con EEUU (el TTIP que dejará inválidos e impotentes a parlamentos y gobiernos); si añadimos el trato a los refugiados que vulnera sus derechos; si tenemos en cuenta que se toman muchas decisiones importantes en la UE sin procedimientos democráticos… cabe concluir que esta UE es cada vez más oligárquica, más autoritaria.

¿Que significa de otro modo la despótica respuesta del presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, de que “no puede haber decisiones democráticas contra los tratados europeos” ante el contundente NO del pueblo griego al modo de afrontar la deuda del país? Si democracia es gobierno del pueblo, puede haber las decisiones que sean, siempre que la ciudadanía así lo acuerde.

Mussolini y Franco estarían muy contentos con la deriva de esta Unió Europea, si vivieran.

Los paraísos fiscales, tan peligrosos como el yihadismo

El bufete panameño de abogados Mossack Fonseca organizó en paraísos fiscales la oscura transferencia de bienes de 1.200 sociedades. Para evadir impuestos. Lo revelan los  llamados Papeles de Panamá filtrados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación.

Esa masiva y organizada evasión fiscal tiene la misma voluntad e intención que las rebajas de impuestos a los ricos perpetradas a partir de los 80. Ronald Regan y Margaret Thatcher fueron los primeros en cargarse el progresivo sistema de impuestos, que establecieron gobiernos socialdemócratas tras la II Guerra Mundial, en el que pagaba más impuestos quien más tenía y más ganaba.

¿Qué tiene que ver el fraude fiscal revelado en los Papeles de Panamá con las indecentes, pero legales, rebajas de impuestos a los más ricos que iniciaron Reagan y Thatcher? Todo. Quienes recurren al bufete panameño no quieren pagar impuestos, lo mismo que buscan quienes presionan y consiguen fiscalidades complacientes para pagar mucho menos. de lo que les corresponde en justicia.

Certifica la escandalosa rebaja de impuestos a las élites uno de los hombres más ricos del mundo, el estadounidense Warren Buffet. Este milmillonario  ha calculado que sus empleados pagan en impuestos y seguros sociales casi el 33% de sus ingresos, cuando él solo paga un 17,7%. Y dice que nadie en su empresa paga menos que él. Muy esclarecedor.

La indecente rebaja de impuestos a ricos pretende que, al pagar esos menos impuestos, disponen de más capital para invertir, activan la economía, ésta crece y se crea empleo. Falso. Nunca ocurrió. El poder económico paga hoy muchísimos menos impuestos que hace 40 años, pero ese dinero no pagado en impuestos no activa la economía real. Especula en el casino financiero.

Ese emperramiento capitalista en ganar cada vez más lo retrató Cayo Largo de John Huston. En un hotel de Florida coinciden un soldado, que regresa tras la segunda guerra mundial, y el gángster Johnny Rocco. En una tensa discusión, el soldado pregunta retóricamente: “¿qué quiere Rocco?” Y se responde el mismo: “Quiere más”. Y Rocco confirma: “Eso es, quiero más”. El soldado pregunta de nuevo: “¿Alguna vez Rocco tendrá bastante?” Y Rocco contesta: “Nunca tengo bastante”.

Evadiendo impuestos o pagando mucho menos legalmente, además de ganar desposeyendo al pueblo trabajador, los capitalistas son como Rocco. Nunca tienen bastante.

Los paraísos fiscales propician la evasión fiscal masiva, pero gobiernos y entidades internacionales no tienen la menor voluntad política de enfrentarse a ellos más allá de brindis al sol. Mantienen el secreto bancario contra viento y marea, gasolina de la evasión fiscal, y en la misma Europa florecen impunes los paraísos fiscales. Suiza, islas del canal de la Mancha, Luxemburgo, Liechstentain, Gibraltar, Andorra, Austria, Holanda, la City de Londres… No hay voluntad política de los Estados para acabar con el secreto bancario y de esos polvos de hermetismo bancario vienen los lodos del fraude fiscal masivo.

Ante la desfachatez evasora de los ‘Papeles de Panamá’ urge un sistema de impuestos fuerte, justo, progresivo y suficiente. Como mínimo como el que había antes de los 80, antes de la patente de corso a los ricos para no pagar impuestos. O apenas, como Buffet. Y acabar con la trampa del recurso sistemático a la deuda pública para suplir la menor recaudación tributaria.

Ante las revelaciones de los Papeles de Panamá, el movimiento internacional ATTAC exige que el Estado tome medidas contundentes contra la evasión fiscal e impago de cotizaciones. En España, por ahí se pierden 90.000 millones de euros anuales según el sindicato de Técnicos de Hacienda (GHESTA). ¿Cuantos problemas, pobreza y desigualdad no se resolverían de disponer de esos miles de millones de euros más?

Pero no sólo en España. Según explica Gabriel Zucman en La riqueza oculta de las naciones, hay casi seis billones de euros en activos financieros ocultos en paraísos fiscales. Y por eso las haciendas públicas dejan de recaudar anualmente 130.000 millones de euros de impuestos que se evaden.

Secreto bancario, anonimato de grandes fortunas y opacidad de transacciones financieras son la esencia de los paraísos fiscales. Para evadir cientos de miles de millones de impuestos de los que se despoja a la ciudadanía. Hay que empezar a ver a los paraísos fiscales y la evasión de impuestos como una amenaza tan grave como el yihadismo para poder llevar una vida digna y segura. Y actuar en consecuencia.