La ley de Amnistía española (vergüenza de la democracia) cumplió 40 años

Hace unos días se cumplió el cuarenta aniversario de la ley de Amnistía de 1977, auténtica vergüenza, cuando no escarnio, de la democracia española. Esa ley impide que prospere cualquier petición de verdad, justicia y reparación de las víctimas de la dictadura.

Así ha sido por la innegable voluntad del partido Popular, de su escudero político Ciudadanos y del PSOE, los tres han boicoteado cualquier intento de investigar y juzgar los crímenes del franquismo. La razón aducida es que hay que olvidar y no reabrir heridas. Olvidan que una herida cerrada sin limpiar se pudre, se infecta. Así como también olvidan que algunos países desarrollados de ‘nuestro entorno’ han emprendido y consumado procesos para borrar cualquier resto de las dictaduras que sufrieron. Así se ha hecho en Italia con el fascismo y Mussolini y en Alemania con Hitler y el nazismo.

El último rechazo a investigar crímenes franquistas fue en diciembre de 2016 cuando esos partidos rechazaron una proposición de ley de Unidos Podemos que añadía un artículo a esa ley según el cual la amnistía no era aplicable a delitos de torturas, desapariciones forzadas, crímenes de genocidio o de lesa humanidad perpetrados durante la Guerra Civil y la dictadura franquista.

El Congreso ha rechazado otras dos veces derogar o modificar la Ley de Amnistía, siempre con los votos de PP y PSOE. Y también de Convergencia Democrática de Cataluña, por cierto, que hoy se llama PdeCat. Lo que ha motivado las denuncias de organismos internacionales.

Han denunciado a España por esa ley el Grupo contra Desapariciones Forzadas de la ONU, el Relator Especial de la ONU por la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas; el Comité de Derechos Humanos de la ONU, Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Esta última organización dejó muy claro hace siete años, cuando juzgaron al juez Garzón por prevaricación, que “las autoridades españolas deben cumplir la recomendación de la ONU de poner fin a la Ley de Amnistía de 1977, en vez de investigar a un magistrado que busca que se rindan cuentas por los crímenes del pasado“.

En 2006 se presentaron en España algo más de 114.000 denuncias de crímenes contra la humanidad perpetrados por la dictadura franquista de 1936 a 1951. Pero no se investigo ni uno siquiera. En 2008 se abrieron 47 causas por lo mismo, pero se recharon alegando la Ley de Amnistía. Organizaciones internacionales de derechos humanos han denunciado que la Ley de Amnistía es una ley de impunidad.

Pero esa ley del 77 aún es más antidemocrática cuando se comprueba que en las actas del debate para elaborar la ley nunca se consideró amnistiar a franquistas que hubieran perpetrado crímenes. El abogado Jaime Sartorius estuvo en la Comisión parlamentaria que elaboró la ley de Amnistía y asegura que nunca se menciona que la ley de amnistía fuera un borrón y cuenta nueva de delitos de los franquistas.

Rafael Escudero, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III, ha recordado que “fue la UCD de Suárez, otro partido heredero del franquismo, la que introdujo al final de la tramitación parlamentaria de la ley cláusulas que no estaban en los borradores iniciales. Esas clausulas extendían la amnistía a los delitos cometidos por funcionarios de la dictadura y agentes de orden público contra los derechos de las personas. Pues ese no era el objetivo de la ley de Amnistía que buscaba vaciar las cárceles de ciudadanos y ciudadanas que habían luchado por las libertades contra la dictadura.

Tiempo después, víctimas de la dictadura, familiares de éstas y colectivos ciudadanos pidieron explicaciones y justicia por las actuaciones de los franquistas, pues no era inadmisible la impunidad de quienes utilizaron el poder del Estado para torturar, asesinar e imponer el terror a quienes se oponían a la dictadura. Pero nada consiguieron. La Ley de Amnistía se usó como escudo perfecto para impedir que los franquistas rindan cuentas por sus crímenes. No se puede investigar nada por la vigencia de la ley de Amnistía, convertida en medio de los poderes del Estado para rechazar toda petición de Justicia de las víctimas de la dictadura para investigar los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura franquista. Crímenes como las ejecuciones de las últimas sentencias de muerte del franquismo en 1975 o los sucesos de Vitoria en 1976 cuando fueron asesinados cinco trabajadores en huelga.

Así lo entiende el ex-ministro franquista Martín Villa que ha expresado su voluntad de declarar ante la Justicia argentina 1, rechazando parapetarse tras la ley Amnistía, reconociendo que ése es el objetivo de la misma, porque otros franquistas sí se acogen a ella para no responder ante la Justicia.

El rechazo sistemático del Partido Popular, PSOE y Ciudadanos de investigar los crímenes del franquismo convierte esa ley de Amnistía en ley de punto final y blindaje protector de franquistas, como han denunciado organismos internacionales de derechos humanos.

Pero no esta todo perdido. El Ayuntamiento de Madrid se querellará contra los responsables de crímenes del franquismo en la ciudad. El equipo de gobierno municipal de Manuela Carmena propondrá en breve una moción para que el Consistorio se persone como querellante ante la Justicia y se investiguen los crímenes franquistas en el municipio de Madrid. Madrid se une así a otras ciudades del cambio que también han denunciado crímenes de la dictadura franquista como Barcelona, Zaragoza, Pamplona, Vitoria, Cádiz, Tarragona y Rivas que se han querellado o lo harán en breve contra los crímenes de lesa humanidad del franquismo.

1 La jueza argentina María Servini investiga los crímenes del franquismo en aplicación de la Justicia Internacional, atendiendo numerosas denuncias de víctimas de la dictadura o familiares de éstas.

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No apaciguaron a Hitler

Esta Unión Europea neoliberal encara el déficit con recortes sociales. Quienes hunden países especulando han forzado las grandes rebajas de gasto público. Pero ahora caen del guindo y ven que esos recortes para reducir deuda lastrarán la reactivación. Las bolsas ganan exageradamente un día, eufóricas;  pero, acobardadas, lo pierden todo al siguiente. Además de injusto y perverso, este neoliberal sistema es un pitorreo.

Quienes perpetran las inversiones especulativas son los responsables, los actores de los ‘mercados’. ‘Mercados’ con nombres y apellidos, no entes ignotos ni manos invisibles que regulan. Como denuncia el humorista El Roto, los ‘mercados’ han forzado la miserable salida: “¡La economía hace agua! ¡Arrojad a la población al mar!”, ironiza una ilustración suya.

Mientras, el FMI predice que déficit y deuda pueden devenir  insostenibles, haciendo así el juego a los pretendidos ‘mercados’, incapaz de reconocer que, con todos sus cálculos, no olió la crisis ni de lejos.

Martine Aubry, primera secretaria del Partido Socialista francés, reconoce que “para salvar a los pueblos, los gobiernos europeos no son capaces de ponerse de acuerdo, pero cuando se agitan los mercados, sí”. Y Juan Torres se indigna porque “es inaceptable que la deuda que los gobiernos han emitido para tapar el agujero de la banca (y evitar el colapso de la economía) la suscriban esos mismos bancos incluso al 10%. Y lo hacen con dinero que reciben del Banco Central Europeo al 1%”. ¡Qué buen negocio!

Continúa Torres con que “lo prioritario ahora no es reducir el déficit. La deuda pública de España, por ejemplo, está en niveles aceptables, y es más urgente la recuperación económica para que la actividad genere empleo y ambos ingresos, que hagan menos necesario el gasto público”.

Por su parte el profesor Vicenç Navarro nos cuenta que la crisis de algunos países se atribuye a excesivo gasto público. Pero eso del excesivo gasto público no es cierto. Esa es una creencia mitológica o bulo de charla de café, pero no realidad basada en hechos. Hasta el FMI, en su Fiscal Monitor de 14 de mayo, reconoce que 2/3 de la deuda de los Estados se ha creado por reducción de ingresos, no por exceso de gasto. El neoliberal dogma de bajar impuestos a quienes más tienen.

Navarro nos informa de que “Grecia, Portugal y España tienen los gastos públicos más bajos del grupo de países más desarrollados de la Unión Europea al que pertenecen”. “Fue la banca -continúa Navarro- que, con sus actuaciones especulativas, creó burbujas que estallaron y han generado enormes problemas de falta de crédito. Y ahora crean una nueva burbuja: la de la deuda pública”.

Pero la banca no ha utilizado el dinero público recibido para financiar a empresas (productividad) y consumidores (demanda), sino para especular en los mercados financieros y obtener beneficios indecentes. Una economía de humo, de pocos, que nada tiene que ver con la economía real, la única necesaria.

Como ha dicho el Nobel Stiglitz, “con todos los fondos inyectados para ayudar a los banqueros podrían haberse creado bancos públicos que ya habrían resuelto los problemas de crédito”.

¿A qué viene entonces toda la confusión mediática sobre déficit, deuda y sus apocalípticas consecuencias? El buen detective de novela policíaca, cuando investiga un asesinato, se pregunta: ¿a quién beneficia este asesinato? Pues ahora y aquí, lo mismo. ¿Quién saca tajada del alboroto y barahúnda catastrofistas sobre déficit y deuda? ¿Quién impulsa los recortes de gasto público, preferentemente social?

De momento, los casi seiscientos consejeros ejecutivos y altos directivos de empresas del selecto Ibex-35 de la bolsa española (las empresas en bolsa que manejan más dinero) cobraron en 2009 una media de casi un millón de euros por cabeza, según cálculos del diario El País, basados en informes de las propias empresas. El nivel de ganancias personales más alto jamás alcanzado por esa gente; 113 veces el salario mínimo español.

Pero los gobiernos europeos pretenden calmar los ‘mercados’ y recortan y recortan. Justo lo contrario de lo que hay que hacer. Dicen que para apaciguar a los ‘mercados’. No aprenden. Francia e Inglaterra no apaciguaron a Hitler cuando cedieron y cedieron tras la invasión de los Sudetes checoslovacos por los nazis. Y estalló la guerra mundial.

Habría que tomar buena nota de lo que nos enseña la Historia.