Empleo y paro no son los que dice el gobierno del PP

Un reciente informe de la Comisión Europea sobre evolución social y empleo en Europa expone que la economía española se recupera, pero a un alto precio. Confirma que España sufre una tasa de desempleo del 19% y la consecuencia del altísimo desempleo y la precariedad que crece es que en España el 28,6% de población está en riesgo de pobreza y exclusión social. Como Letonia, Lituania o Grecia.

No ha sido fácil estar a la cola de lo social de la UE. Han tenido que perpetrarse reformas laborales; en realidad contra-reformas, porque reformar en buen castellano significa cambiar algo para mejorar, que no es el caso.

Las contra-reformas permiten, por ejemplo, que un médico de familia firme en once meses 50 contratos de trabajo. Que otro asalariado encadene desde hace diez años en Correos contratos de seis meses seguidos y despidos de seis meses. Que otro trabajador firme ocho contratos de cuatro meses en una universidad de Madrid. Trampas y más trampas que perjudican a los trabajadores. Sin olvidar que solo el 5% de los contratos son indefinidos y a jornada completa o, lo que es igual, el 95% de nuevos empleos no lo son.

Quienes detentan el poder económico y sus cómplices políticos recurren a la macro-economía para ocultar la cruda realidad. Pero la macro-economía no dice la verdad sobre la vida de la gente trabajadora al presumir de crecimiento económico. El crecimiento económico (como lo entiende el neoliberalismo) no supone empleo suficiente ni garantiza una vida digna a los asalariados.

Hay dos ejemplos históricos de crecimiento económico que no suponen justicia ni vida decente para la clase trabajadora ni para el campesinado: Brasil y México. Ambos países crecieron sin interrupción en el siglo pasado año tras año. Sin embargo, no desapareció la pobreza; ni siquiera se redujo de moto notable. Pero sí aumentó una obscena desigualdad.

En España, el gobierno del Partido Popular presume de crecimiento y pretende que el país se ha recuperado de la crisis. Pero no es así para la gente común que son millones de personas. A mediados de este año, por ejemplo, había en España 1.700.000 asalariados con contratos encadenados: un 10% de los trabajadores con empleo. Y el verano que acaba aportó el peor dato de empleo desde 2008: en agosto se destruyeron 46.400 empleos y la Seguridad Social perdió 180.000 cotizantes. También aumentaron los contratos temporales hasta el 27% y sabido es que esos contratos están mal pagados.

Sin embargo, semanas antes, los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) provocaron una injustificada euforia en el gobierno del Partido Popular. El PP proclamó la recuperación económica, pero solo dos meses después la innegable realidad de un mercado laboral frágil e insuficiente fue evidente de nuevo.

No es cierto que se crea empleo cuando se trabajan muchas menos horas. En 2009, en España se trabajaron 654 millones de horas, pero en 2016, cuando en teoría la economía despegaba, solo se trabajaron 613. Y 41 millones de horas trabajadas menos equivalen a cinco millones de jornadas a tiempo completo menos. ¿Cómo pretenden que hay crecimiento cuando se trabajan tantos millones de horas menos?

Que haya más empleos no significa demasiado para la gente trabajadora, pues gran parte vive en la incertidumbre y no puede llevar un vida digna. Por eso a Cáritas y a los bancos de alimentos les crece el trabajo. Algunos empleos más significan poco si no mejora la vida de la gente .

No es solo cuestión de más empleos; hay que ver qué empleo y como se paga . En realidad, muchos ocupados son subempleados pues trabajan bastantes menos horas de las que necesitan para vivir con dignidad. Actualmente hay 1.940.000 personas subempleadas, tantas como a finales de 2008.

Como denuncia José A. Llosa, “hacer un discurso de recuperación económica sustentado sobre una tasa de paro (19%) que duplica con holgura la media europea ( 8,5%) parece un juego peligroso, máxime cuando, tal y como indican los últimos datos de FOESSA, el 70% de las familias españolas no ha percibido ninguna clase de mejoría respecto a su situación en la crisis”.

La actual situación laboral precaria, y por tanto social, es así porque los gobiernos del PP han creado las condiciones para que los trabajadores pierdan con la austeridad, los recortes y la contra-reforma laboral. En beneficio de la clase empresarial, sobre todo la que controla las multinacionales, el Ibex 35.

Salarios más bajos, menos prestaciones sociales que hace 10 años y una precariedad laboral que campa a sus anchas deterioran la vida de los trabajadores. Esa transferencia de rentas de abajo hacia arriba es la única recuperación económica. Solo para la clase empresarial.

En conclusión, el paro según la EPA no refleja la verdadera situación laboral del país. Excluye de la cifra des parados a los inmigrantes que han vuelto a sus países, a los trabajadores nacionales que emigran y a los desanimados que ya no buscan empleo, que hoy se calcula rondan los 800.000. Y eso sin contar además que el cómputo oficial  considera empleados a quienes la semana anterior a la encuesta ¡hayan trabajado una hora! Una realidad falseada.

Por tanto, teniendo en cuenta lo anterior puede afirmarse que en el Reino de España hay cuanto menos un 10% de parados más que lo que dice la EPA según fuentes de algunas organizaciones sociales. Para rematar el panorama laboral real, cabe añadir la demostrada pérdida de poder adquisitivo de los asalariados. Los funcionarios, por ejemplo, han perdido un 15% de poder adquisitivo con los gobiernos del Partido Popular y los pensionistas el 3,5% desde 2013.

Ese es el panorama real de empleo y paro.

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Este mundo no es justo y hay que cambiarlo

Recordemos una vez más la respuesta de Warren Buffet a una pregunta sobre la crisis en The Wall Street Journal: “Por supuesto que es lucha de clases y mi clase, la de los ricos, gana“. Buffet es uno de los hombres más ricos del mundo y su desvergonzada contestación introduce una especie de balance de los dos últimos años de crisis, que prefiero llamar saqueo.

¿Saben que el 1% de la población de EEUU se quedó con el 95% del aumento de ingresos del país de 2009 a 2012? ¿Y que se apropió de casi el 70% del ingreso familiar real generado desde 1993 hasta el año pasado? En esos diecinueve años, los ingresos del 1% rico aumentaron un 86%, pero los del 99% restante, solo un 6,6%. Esclarecedor, ¿no? Pues eso muestra el reciente estudio de la Universidad de California en Berkeley, Striking It Richer: The Evolution of Top Incomes in the United States.

Tiene un nombre: Desigualdad. Desigualdad astronómica. Pero no solo en EEUU. Cuanto más se empobrece un país, más desigualdad hay. Hiriente, obscena. Y cuanta más desigualdad, más pobreza. Como ocurre en España. Y en Europa.

¿Qué hay al destripar las cifras de desigualdad?

En Europa, por ejemplo, en el Reino de España en particular, la llamada crisis ha sido pretexto perfecto para perpetrar un recorte de salarios sin precedentes desde 2000. Y un aumento de jornada laboral con menos retribución. Mientras se destruyen empleos en casi todos los sectores económicos. Según un informe sobre grandes empresas de la Agencia Tributaria, éstas despidieron 1,5% de sus plantillas solo en octubre. En tanto que los salarios disminuían 2,5% de media en 2012. Por eso los beneficios de las 35 mayores empresas españolas aumentaron 13% más en los primeros nueve meses del año. Y en 2014 superarán esa cifra con creces. A costa de los trabajadores y trabajadoras.

Más beneficios no por mejor gestión empresarial ni por atender con mayor acierto las necesidades del mercado. Los beneficios de los grandes suben porque el empleo disminuye y los salarios bajan. El mismo FMI constata que las empresas españolas exportadoras rebajan salarios para aumentar beneficios. Los beneficios están tan ligados a las rebajas salariales que la banca pide más moderación salarial en los próximos años  sin el menor rubor. Salarios aún más bajos. ¿Dónde quedaron los empresarios que justificaban sus beneficios porque creaban puestos de trabajo?

El BBVA incluso ha tenido la desfachatez de proponer una rebaja del 7% de los salarios para crear un 10% de empleo. ¿De dónde sacan cifras tan gratuitas? Porque los salarios no cesan de bajar desde hace años, pero no se crean empleos, como pretende el neoliberalismo, sino todo lo contrario. Incluso dejando de lado que la disminución de la demanda, concomitante con las rebajas salariales y destrucción de empleo, hará crónica la crisis.

Más aún. En el sector financiero hasta finales de 2012, las ayudas públicas totales al sector sumaban ya más de 1,42 billones de euros, como nos recuerda Sánchez Mato. Algo más de 87.000 millones de euros, en forma de capital y 1,33 billones de euros en ayudas públicas diversas. Por cierto, esas ayudas públicas al sector financiero son como todo el PIB español y un tercio más. Mientras se recorta en educación, sanidad, servicios sociales, ciencia…

Y broche de oro para tan capitalista sinrazón; la perniciosa y muy peligrosa sinrazón de beneficios por encima de todo. Como ha contado la revista Diagonal, en el encuentro internacional en Varsovia, COP19, para hacer frente al calentamiento global, cambio climático y sus tremendas consecuencias, las empresas industriales y extractivas más contaminantes del mundo han tenido un papel protagonista.

Una rendición en toda regla ante el poder corporativo en beneficio de los contaminadores. En vez de controlarlos y obligarlos a respetar el medio ambiente y la Tierra. De momento han logrado aplazar hasta 2015 tomar medida alguna contra la contaminación y el cambio climático. Da igual que días antes de COP19 el tifón Haiyan devastara buena parte de Filipinas. Las industrias contaminantes, a lo suyo: cuantos más beneficios mejor. Caiga quien caiga.

El capitalismo es predador y además, suicida. Como dice Josep Fontana, “se acabó la vieja política más o menos socialdemócrata, cuando las cosas se negociaban. Hoy, la rebaja de salarios es sistemática. Pero sólo luchando contra los retrocesos y defendiendo derechos, que se ganaron con dos siglos de luchas sociales, enderezaremos el rumbo”. Como ha escrito Simon Torney, la gran esperanza es que la gente común ha visto que este modelo no funciona y, siguiendo a Marcos Ana, “el cambio a fondo, revolucionario, no se produce en un pispás. Continuar adelante es una lucha constante. No hay otro camino: este mundo no es justo y hay que cambiarlo”.

Y sí se puede. En América Latina con gobiernos progresistas, la pobreza ha bajado del 41,5% al 29% de 2003 a 2009, tras dos décadas de mantenimiento o aumento de la pobreza. Y más que se puede cambiar. Por ejemplo, que el miedo cambie de bando y sustituyamos esta sociedad capitalista y predadora por otra mucho más justa y solidaria.

El enemigo principal

En un blog, cuyo nombre no recuerdo, leo este apasionado aserto: “España solucionaría sus problemas si […] abandonara esos vicios políticos y morales que la convierten en una dictadura sucia de partidos políticos y de políticos“. Tremendo. ¿Dictadura de políticos? No exactamente. Una democracia descafeinada, vaciada, de decorado, sí, pero ¿dictadura…?

A quien tal afirma le sugiero que averigüe lo que ocurría en concreto en el período de tiempo que va de 1939 a 1976. Probablemente comprobaría en sus carnes el empleo alegre del término dictadura. Mi reflexión no pretende defender a los políticos profesionales, nada más lejos de mi ánimo, sino centrar quien es el verdadero enemigo de la ciudadanía y sus derechos porque, si no lo sabemos, difícilmente superaremos esta situación que nos oprime. Las palabras han de usarse con rigor o se contribuye a la corrupción general del lenguaje que, mira por donde, es una de las armas preferidas de quienes nos saquean y violan nuestros derechos.

En esta crisis-austeridad-saqueo que oprime a la ciudadanía, los políticos no son el principal y aún menos el único enemigo, como se oye a todas horas por todas partes. Por supuesto tienen una responsabilidad enorme en lo que pasa, porque muchos han traicionado a los ciudadanos que los eligió y en ellos delegó el poder que en democracia solo posee legítimamente la ciudadanía.

El enemigo principal es el poder económico-financiero. La banca, las grandes compañías aseguradoras, los fondos de inversión, los fondos de riesgo y de pensiones, las grandes empresas, corporaciones industriales, petro-químicas, farmacéuticas, grandes fortunas… Ellos son el enemigo principal. Muy pocos, por cierto, respecto al total de la humanidad.

Son los que actúan, presionan, compran conciencias, manipulan, desinforman, estafan, especulan, sobornan, reprimen, provocan guerras y las mantienen… No directamente, claro. Poseen todo el dinero del mundo para corromper, ordenar, impulsar y dirigir a diversos actores a su indiscutible servicio que son quienes ejecutan las felonías citadas. Agentes del poder económico y financiero como gobernantes, diputados, alcaldes de grandes ciudades, directores de medios de comunicación, abogados de campanillas, directivos de entidades internacionales, cúpulas militares…

¿Por qué el poder económico y financiero es el enemigo principal? Porque no solo busca aumentar sus beneficios a costa de los trabajadores, de la ciudadanía, sino que pretende retroceder a la clase trabajadora y a la ciudadanía en general al primer tercio del siglo XX. No como efecto colateral, sino como objetivo. Los políticos, algunos políticos, tal vez muchos políticos, son cómplices necesarios a su servicio, pero no son los máximos responsables del saqueo.

Esta historia empezó en los setenta, cuando la reducida minoría rica (la clase dominante, según Marx), al comprobar la disminución de beneficios tras cuatro décadas de vacas gordas, decidió enterrar el pacto social de ese tiempo y pasar a la acción para que las cosas volvieran al orden que les convenía: la hegemonía indiscutible de la clase rica y el control y subyugamiento de las clases trabajadoras. Una decisión de la minoría rica acelerada, como recuerda Josep Fontana, por el auge espectacular de los movimientos populares, de los sindicatos obreros, por la radicalización de las luchas de los trabajadores (mayo del 68 en Francia, otoño caliente en Italia. “Cordobazo” del 69 en Argentina…), del anti-colonialismo, del anti-imperialismo…

El inicio concreto, previo a la ofensiva, tal vez fue en 1970 o 71, cuando la Cámara de Comercio de EEUU (una de las organizaciones de clase dominante más poderosas) encargó un informe sobre la situación de lo que ellos llaman economía de mercado o de libre empresa y nosotros, sencillamente capitalismo. Les interesaba conocer la aceptación del capitalismo y la adhesión al mismo por parte de la gente común en EEUU. En unas sesenta páginas el informe alertaba sobre el aumento del izquierdismo y de los enemigos de la “libre empresa” (universitarios, profesores, artistas, sindicalistas…) y recomendaba a los líderes del capitalismo pasar al ataque en tres frentes: educación, medios de información y política. Visto lo sucedido desde entonces, está claro que la élite de la “economía de mercado” hizo suyas las recomendaciones del informe.

La ofensiva empezó en serio con Ronald Reagan en EEUU y Margaret Thacher en Gran Bretaña. Una acometida que se inició con el ataque sistemático a los sindicatos hasta debilitarlos o incluso dejarlos en estado vegetativo, al tiempo que gobernaban con descaro a favor de los ricos, reduciendo sus impuestos escandalosamente, por ejemplo. Esa política se extendió como mancha de aceite en los años sucesivos por Europa y países anglosajones. El resto de países, el entonces llamado Tercer Mundo, sufría las agresiones sistemáticas del FMI y Banco Mundial en forma de privatizaciones y otras “reformas estructurales” exigidas sine qua non para poder recibir préstamos internacionales con tales condiciones que ponían a los países deudores a los pies de los caballos de los países acreedores.

La guinda la puso Bill Clintón al otorgar patente de corso a la banca al legislar que los bancos de inversión pudieran actuar como bancos comerciales y otros regalos y mercedes. El capital se movía ya con absoluta libertad, eliminada cualquier norma, regla o control.

En ese amenazador escenario para la ciudadanía, los políticos profesionales jugaron un papel muy importante, porque perpetraron leyes de “liberalización”, privatización y otras bribonadas que han instaurado la actual crisis, estafa y saqueo. Pero esos políticos han actuado por encargo, no son los autores principales. Tal vez excepto parcialmente en EEUU donde las famosas puertas giratorias entre política y economía-negocios-empresas generan que miembros de la minoría rica devengan políticos. Porque la estructura de poder en EEUU (con un coste prohibitivo de las campañas electorales) convierte los cargos públicos elegibles en misión imposible de no poseer sólidas fortunas. Pero, en general, no es el caso de España ni de Europa, donde las puertas giratorias son una indecente y privilegiada vía para enriquecerse políticos desleales que hasta serlo nunca habían comido caliente, como decía sarcástica mi abuela Flora.

La cuestión no es ya si los políticos son así o asá (los dioses me libren de defenderlos). La cuestión esencial es que este sistema apenas democrático está contra la ciudadanía en aras de los intereses de una reducida minoría. Esa minoría que constituye el poder económico y financiero ha reducido la democracia a un vacuo ritual electoral y ha logrado que los parlamentos tengan escaso poder real. Quien decide son FMI, Comisión Europea, Banco Central Europeo, OMC… claramente a su servicio. Y contra esa minoría  hay que luchar prioritariamente.

Esa es la cuestión y no despotricar sin cesar contra los políticos, eficaz maniobra de distracción por otra parte para que los verdaderos responsables del saqueo permanezcan en el anonimato y no sean objetivo de la ciudadanía. Y, como objetivo político, ya dijo hace años Julio Anguita que los mercados (es decir, el poder financiero) tienen nombre y apellidos. Battiston, Glattfelder y Vitali han elaborado un riguroso informe sobre las relaciones de poder y cruces de miles de empresas y consejos de adminsitración de todo el mundo y han concluido que la economía está en manos de 737 grandes bancos, compañías aseguradoras, fondos de inversión, fondos de riesgo, fondos de pensiones, grandes empresas y corporaciones industriales y otras que controlan el 80% de las empresas transnacionales más poderosas. En el Reino de España, por ejemplo, 1.400 personas gestionan el 80% del PIB nacional. Y en Cataluña se dice desde siempre que la economía de ese país está dominada por 400 familias.

Quienes constituyen el poder económico y financiero son el enemigo principal, incluso quienes hacen generosas donaciones para las causas que sean. No lo olvidemos. Y son el enemigo porque así lo  quieren. Luego podemos fijarnos en los cómplices necesarios, cómplices sin más, encubridores y otros contribuyentes a la estafa y saqueo que nos deja sin presente ni futuro, que algunos se empeñan en llamar crisis.

Secuestran la soberanía ciudadana

En el reciente debate parlamentario sobre el estado de España, el presidente del gobierno, Rajoy, ha afirmado con desvergonzada tranquilidad: “No he podido cumplir mis compromisos electorales, pero he cumplido con mi deber como presidente del Gobierno”. ¿Desde cuándo ambas realidades son opuestas? ¿Desde cuándo en democracia es obligación de un gobernante machacar a la ciudadanía?

Rajoy aseguró que no subiría impuestos, pero aumentó el impuesto sobre la renta y el IVA; rebaja el dinero de medidas contra el paro y las ayudas para acceder a la vivienda; congela el sueldo de los funcionarios, facilita el despido barato por miles, recorta presupuestos de sanidad y educación; expulsa de la sanidad a inmigrantes y jóvenes parados mayores de 26 años, sube tasas universitarias, presupuesta menos dinero para becas e investigación; privatiza servicios, infraestructuras y transportes (entrega, a precio de saldo, lo que es de todos a la minoría rica)… ¿Es esa su obligación?

Si democracia es la forma de organización política cuyo titular es la ciudadanía, donde las decisiones que afectan a todos son tomadas por la ciudadanía directa o indirectamente, ¿cómo se atreve el presidente del gobierno a ignorar la soberanía ciudadana e incumplir el contrato de sus compromisos electorales? ¿Ha olvidado el artículo primero de la Constitución española según el cual “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”? Si Rajoy tiene algún poder es porque la ciudadanía se lo ha delegado. Cansa recordar lo obvio. Por tanto, se debe a la ciudadanía y no a unos pocos ricos y poderosos. Esa cínica desfachatez de Rajoy, entre otros hechos, muestra el fracaso de la democracia representativa. Tal como se concibe y aplica hoy en Europa. Como Cameron que, aunque la mitad de la ciudadanía británica votaría hoy salir de la Unión Europea (según sondeo de The Financial Times), el primer ministro no piensa convocar consulta alguna ¡hasta 2015! Sin entrar en el contenido de la cuestión (salir o no de la Unión Europea), es evidente que la voluntad ciudadana le importa un rábano a Cameron. Como al resto de gobiernos por lo que vamos viendo los últimos años en la vieja Europa.

Europa se aleja cada vez más de la democracia de verdad, que no es solo votar cada cuatro años y mucho menos que la victoria electoral sea patente de corso para hacer los gobiernos lo que les dé la gana. En España, a los problemas de la democracia vaciada se une la contaminación del franquismo, que nunca se eliminó del todo; baste recordar que el Partido Popular en el gobierno fue fundado por ex-ministros franquistas con responsabilidad política por las últimas infames ejecuciones de la dictadura.

La obscena desvergüenza del gobierno español, cuyo presidente pretende cumplir con su obligación al incumplir de forma flagrante sus compromisos electorales por obedecer a la troika, es la muestra sin brizna de duda de que los ejecutivos europeos gobiernan con descaro en beneficio de apenas medio millón de habitantes de la Unión Europea: la minoría rica. Banca, corporaciones, grandes empresas, dueños de grandes grupos de comunicación, grandes fortunas, más cómplices, encubridores, voceros y otros siervos de la gleba a su servicio… Contra 500 millones de ciudadanas y ciudadanos.

La situación europea se asemeja cada vez más a un régimen autoritario, donde Comisión y Banco Central Europeo (y la impagable actuaciób deel FMI)  van sistemáticamente contra los derechos e intereses de la mayoría ciudadana. Guardando ciertas formas, eso sí, pero en esencia de modo “gangsteril”, solapado, malicioso, codicioso, camuflado, marrullero e hipócrita. Y autoritario. Un autoritarismo que se pasa por el forro la voluntad ciudadana, sus derechos, su presente y su futuro. Cabe aquí citar a Pisarello cuando recuerda que, “desde hace dos siglos, cuando se violan los derechos de la gente, y las vías institucionales para reclamarlos están bloqueadas, la resistencia civil es única garantía contra la arbitrariedad del poder y la degradación de la democracia”. Rebelión, diría yo.

 Y en esas estamos, con un poder predador arbitrario y una democracia reducida. Pero por toda Europa surgen, crecen y se organizan numerosas respuestas y alternativas ciudadanas contra la injusticia y la indecencia de los de arriba; empecinados los ciudadanos en recuperar la soberanía contra gobiernos que han perdido la legitimidad. Reaccionar así no solo es el modo de afrontar esta crisis-estafa que nos ahoga hoy, sino empezar a construir un futuro digno y decente para nuestros hijos y nietos. Un inicio de revolución. Otra Europa.

Es hora de empezar a protestar

Los europeos no sufrimos tanto como tunecinos y egipcios (de éstos últimos, más de la mitad malviven con un dólar diario), pero en Europa se precipita un panorama gris muy oscuro. Quizás debamos tomar a tunecinos y egipcios como ejemplo, ahora que se han revuelto en las calles contra la injusticia y la opresión. O, de otro modo, si españoles, franceses, griegos, portugueses, irlandeses, ingleses, polacos, checos… no plantan cara a la dictadura financiera y a la cobardía y servidumbre de mandatarios y políticos profesionales que la sirven, la minoría rica y privilegiada nos “retrocederá” a la situación de fin de siglo XIX. Una vida peor con menos derechos.

Una muestra de la inacción mientras patean nuestros derechos. Alguna juventud española (los más perjudicados por la crisis) arma grandes broncas porque las autoridades municipales les prohíben celebrar un “botellón”. Pero no mueve un dedo para exigir un presente y futuro dignos a los que tiene indiscutible derecho. Aunque, en honor a la verdad, esa indolente inacción ante la canallada opresora en que se ha convertido la crisis no es sólo propia de jóvenes.

La ciudadanía no reacciona ante el desempleo que castiga a Europa ni frente a la rebaja de derechos laborales. Tampoco reacciona ante salarios cada vez más reducidos ni por la precariedad de los empleos. No hay reacción tampoco cuando la vicepresidenta del gobierno español osa declarar que “es indecente que con más de 4.000.000 de parados, haya quien no esté de acuerdo en alargar la jubilación a los 70 años”. Encima pretenden que aceptemos la violación de nuestros derechos.

Ignacio Escolar, un joven y lúcido periodista, ha escrito que “los jóvenes de 25 o 30 años forman parte de una generación estafada a la que le han cambiado el derecho a una vivienda digna y un empleo estable por la Playstation III (…) En España hay casi un millón de parados (46%) que tiene menos de 25 años. Y en Europa se repite que los jóvenes de hoy forman la primera generación que vivirá peor que la de sus padres desde finales de la II Guerra Mundial.

En el último trimestre de 2009 hubo protestas ciudadanas y huelgas de trabajadores en varios países europeos contra recortes sociales presupuestarios, rebaja de derechos y medidas gubernamentales que pretenden que la ciudadanía pague la crisis. Sí; Francia, España, Alemania, Polonia, Reino Unido, Irlanda, Grecia… fueron escenario de manifestaciones y huelgas. Pero se acabó la protesta. Mientras, la minoría privilegiada no cesa en sus ataques contra una vida digna para la mayoría, contra los derechos de todos, contra la exigible justicia social. Ahí tenéis a la canciller alemana Merkel exigiendo más sacrificios, mientras el FMI pide despidos baratos, rebajas de subsidios de desempleo, sustituir negociación colectiva por convenios de empresa y privatizar más servicios públicos. Menos derechos. Y su director-gerente, el presunto socialista Dominique Strauss-Kahn, lamenta que “nos enfrentamos a la perspectiva de una generación perdida de gente joven, destinada a sufrir durante toda su vida peores empleos y peores condiciones sociales”. ¡Como si el FMI no tuviera nada que ver con lo que le pasa a esa juventud!

Como dijo Nelson Mandela “la pobreza no es natural. La crea el hombre y son las acciones de los seres humanos las que pueden vencerla y erradicarla”. Citar a Mandela no es gratuito porque, con lo que está pasando, la pobreza amenaza más que nunca a más millones de personas en el mundo. Se agrava en los países empobrecidos y crece a ojos vista en los países desarrollados. Y, como proclama Amnistía Internacional, la pobreza no es inevitable; es causa y consecuencia de violaciones de derechos humanos y tiene responsables.

Stéphane Hessel, antiguo resistente contra los nazis y único redactor de la Declaración Universal de Derechos Humanos que vive, asegura que hoy necesitamos más que nunca los principios y valores que nos guiaron y debemos velar juntos para que nuestra sociedad no abdique de ellos”. Valores como libertad, justicia, equidad. En suma, respeto a los derechos humanos.

José Saramago decía que, ante lo que está pasando, no tuviéramos tanta paciencia.Tenía razón. Ya es hora de cambiar de actitud, de protestar, de defender los derechos de todos.