Austeridad y crímenes económicos contra la humanidad

Con una enorme deuda ilegítima, que no ha contraído la ciudadanía, y la corrupción campando a sus anchas, en España (también en Europa con cifras diversas), millones de personas no tienen empleo, hay 1.800.000 hogares en los que todos están sin trabajo y miles y miles de familias han perdido su casa. Demasiada juventud emigra para tener empleos precarios y no cesan de recortar presupuestos de salud, educación y ayudas sociales. La minoría rica se lleva impunemente el dinero a los paraísos fiscales y el gobierno regala decenas de miles de millones a una banca que no da créditos y que, a pesar del dinero recibido, no se aleja convincentemente de  la insolvencia .

Este panorama es el de una violación sistemática de derechos que empobrece más y más a la ciudadanía. Crecen la incertidumbre, angustia y sufrimiento, la ciudadanía se moviliza, protesta y el gobierno la criminaliza. La minoría rica utiliza la crisis que ha provocado para apoderarse de las rentas de la clase trabajadora y suprime libertades. Porque a este sistema corrompido le sobran los derechos de la ciudadanía.

Austeridad fiscal para asegurar que los grandes acreedores cobren. Recortes de gasto público y social para pagar los intereses de la deuda. Una deuda pública que crece sin cesar. Menos derechos laborales. Rebaja de salarios. Libertad total para la minoría rica. Más privatizaciones. Desigualdad, pobreza, represión. Millones que sufren. Ese es el escenario que hoy sufren las clases trabajadoras, la ciudadanía en general.

Según el Estatuto de Roma, que creó la Corte Penal Internacional, crimen contra la humanidad es “cualquier actuación que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien los sufre, cometido como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil“.

Se entiende habitualmente que tales crímenes son las deportaciones y asesinatos sistemáticos masivos, por ejemplo. Sí, pero ¿acaso las gravísimas consecuencias de la austeridad (teóricamente para afrontar la crisis) no son fruto de una actuación generalizada que desprecia a millones de civiles? Es justo empezar a hablar de crímenes económicos contra la humanidad.

Da igual que haya o no intención expresa. ¿Quién demuestra la intención? Pero los hechos sí son incontestables. Desde hace años hay muchas más personas que sufren, se empobrecen, pasan hambre, enferman, mueren… Cientos de millones. La situación económica se pudre y cierto reparto de la riqueza es un vago recuerdo.

En los 90, las políticas de ‘ajuste estructural’, que imponían el FMI y el Banco Mundial, acarrearon gravísimos costes sociales a la población de África, América Latina, Asia y Europa del Este. ¿Qué son ‘gravísimos costes sociales’ sino pobreza, desigualdad insultante, hambre, más enfermedad, más dolor y sufrimientos masivos? ¿Sufrimiento, pobreza, desigualdad y hambre no son tales si los generan la política del FMI, la banca, grandes empresas y gobiernos al servicio de la minoría? Claro que sí.

Hoy también sufren los ‘costes sociales’ de la austeridad en beneficio de esa minoría las clases trabajadoras de países desarrollados. ‘Costes sociales’ son menos derechos, pérdida de trabajo y vivienda, mientras millones y millones de familias ven amenazada su dignidad y supervivencia como inaceptable consecuencia del saqueo y trasvase de rentas de abajo hacia arriba que es la crisis.

¿No hay responsables? Los ‘mercados’, dicen. Los ‘mercados’ que imponen políticas y actuaciones económicas concretas para asegurar sus beneficios. Caiga quien caiga. Pero los ‘mercados’, como denunció Julio Anguita, tienen nombres y apellidos. No son entes incorpóreos ni ectoplasmas. Son entidades, empresas, instituciones, corporaciones, bancos, fondos buitre, grupos de presión… Que no funcionan y actúan por generación espontánea sino por individuos que deciden, eligen, actúan…

Es hora de llamar a las cosas por su nombre. Esas actuaciones y políticas concretas que causan tantos males a la población civil han de ser consideradas crímenes económicos contra la humanidad y como tales deben ser juzgados. Y procesar a sus autores intelectuales, ejecutores y cómplices necesarios. Porque esa austeridad impuesta no es solo un medio de acumular capital por la minoría sino el andamiaje de intereses que permite perpetrar crímenes contra la humanidad.

Shoshana Zuboff, antigua profesora de Harvard Business School, sostiene que el hecho de que los responsables de la crisis nieguen el daño provocado por sus acciones hace evidente la irresponsabilidad con que acumulan sumas millonarias. Zuboff argumenta que no es admisible culpar solo al sistema, como no lo habría sido culpar de los crímenes nazis a las ideas nazis y no a quienes los cometieron.

Plantar cara al poder financiero

La crisis de la deuda en Europa y sus perpetradores (Comisión Europea, Merkel y Sarkozy, gobiernos, BCE, FMI y los “mercados”) hacen y deshacen sin tener jamás en cuenta las necesidades y derechos de la ciudadanía, que, no obstante, proclaman y celebran todas las constituciones vigentes nacionales, normativas y acuerdos internacionales. Una obviedad que hay que recordar.

En la infame realidad que perpetran los “mercados”, la Alemania que exige austeridad radical y recortes sociales (llamadas “reformas”) aumenta 4.000 millones de euros su déficit y su deuda pública ya es el 82% del PIB (más del 60% del Pacto de Estabilidad de la Unión Europea). En esa realidad nada virtual, Portugal hará un primer pago de 34.000 millones de euros por un préstamo de 78.000 millones, mientras la OCDE rebaja drásticamente las previsiones para 2012, asegurando, por ejemplo, que el PIB francés solo crecerá un 0,3% el año próximo (si crece) y aumentará el desempleo… ¡La relación de desastres es tan larga!

Pero la locura propuesta por los “mercados” y sus diligentes siervos (gobiernos y entidades internacionales financieras) es reducir aun más el gasto público, proponiendo, por ejemplo, sustituir uno de cada dos funcionarios que se jubilen y reducir la duración y frecuencia de las hospitalizaciones necesarias, por ejemplo. Ahorrar, no importa a qué precio.

Grecia, cada vez peor al igual que Portugal, ambas en recesión por la feroz austeridad impuesta, mientras los especuladores atacan una y otra vez las deudas soberanas de España, Austria, Francia y lo que se tercie, las agencias de rating maniobran con sus maniobras de trilero al servicio de los especuladores y en Europa ya hay 23 millones de desempleados y 80 millones de pobres. Y habrá más si no se impide.

¿Qué ocurrirá cuando se compruebe que tanta austeridad, tantos sacrificios, tanto dolor y sufrimiento no acaban con la crisis ni relanzan la actividad económica? De momento, Francia y Alemania negocian por su cuenta otro nuevo Pacto de Estabilidad que buscará el déficit cero para 2016. La nueva receta mágica ofreceráayuda permanente del Banco Central Europeo a los estados de la Unión a cambio del estricto control de los déficits nacionales así como aceptar la inexorable vigilancia de los presupuestos nacionales para que no se pasen ni un pelo en políticas sociales y de redistribución de la riqueza.El nuevo pacto ofrecerá a los estados cierta estabilidad e intereses bajos de sus deudas soberanas a cambio de apretar aún más las tuercas a los ciudadanos. Pues bien, frente a esa adoración del becerro de oro del control presupuestario del déficit y la austeridad fiscal a rajatabla, una legión de economistas que no están a sueldo de la banca, inluidos los premios Nobel de economía Stiglitz y Krugman, repiten una y otra vez que la austeridad es la mejor receta para generar más desempleo, impedir la actividad económica real y asegurar la recesión. Cuando lo que hay que hacer es estimular el crecimiento económico con dinero público, que vuelva a funcionar una banca pública, volver a sistemas de impuestos progresivos, prohibir los hedge funds(fondos de alto riesgo), poner coto a los desmanes de la especulación a corto plazo, implantar un impuesto disuasorio sobre las transacciones financieras y combatir ferozmente los paraísos fiscales que hacen posible la corrupción sistemática, el fraude fiscal y la evasión de capitales.


Lo demás es música celestial en el mejor de los casos. Porque la crisis de la deuda en Europa es un golpe de Estado del poder financiero. Y frente a ese golpe hay que actuar como ha hecho Ecuador, por ejemplo. Ecuador aprobará una ley que declarará fraudulentas las hipotecas adquiridas por ecuatorianos inmigrantes en España, pues consideran que esos deudas hipotecarias carecen de legalidad y se han logrado con engaño. Entienden los legisladores ecuatorianos que esas hipotecas fueron fraudulentas y violan el derecho humano a una vivienda digna.

Es solo una actuación, pero es el camino y hay mucho que hacer. Y para no errar, hay que actuar con el referente del respeto de los derechos humanos, de los legítimos intereses de la gran mayoría, no de la codicia suicida de los “mercados”. Y pasar de la protesta  (que ha de continuar) a hacer política. En los parlamentos cuando se pueda, pero siempre en la vida y en las calles. Para empezar a frenar al poder financiero con propuestas concretas de salidas y soluciones. Y hacerlo retroceder.

En manos de codiciosos inmorales

En España, el muy conservador Partido Popular ha obtenido mayoría absoluta en las elecciones; bien es cierto que ha sido absoluta por una ley electoral injusta. Semanas antes, periodistas, editorialistas y opinadores profesionales al servicio de la derecha proclamaban que, desaparecido en combate Zapatero, el triunfo del Partido Popular generaría la confianza automática de los “mercados”. Pero los “mercados” han recibido el triunfo de los conservadores españoles con una prima de riesgo más alta y caídas en las Bolsas.

Y es que los “mercados”, que han tomado descaradamente el poder (que la Unión Europea les ha entregado), actúan a su beneficio y antojo. Aunque en vez de “mercados” podemos escribir los nombres de seres de carne y hueso, así como de entidades financieras concretas. Porque -convenzámonos de una vez- los “mercados” son solo unos cientos de grandes grupos industriales, aseguradoras y bancos, entre los que destacan con luz propia Barclays, JP Morgan, Merrill Lynch, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Citibank, Bank of America, Axa, Natixis, Société Générale, Banque Populaire-Caisse d’Épargne, BNP-Paribas, Deutsche Bank, UBS, Capital Group, BlackRock, Vanguard… más las dignas de toda sospecha agencias de rating que actúan como sicarios económicos.

Tras la desregulación y el descontrol financieros, y con el secreto bancario elevado a sacramento, la privatización por sistema y la reducción (o desaparición) de impuestos a quienes más tienen y atesoran hemos llegado a la “crisis de la deuda”. Crisis que, como denuncia Susan George, “permite a los acreedores ejercer una especie de colonialismo sin necesidad de recurrir a un ejército ni a una administración imperial; antes en países en desarrollo y ahora en Europa”.

Con el chantaje de la deuda, los “mercados” han llegado a la fase del expolio descarado de lo público. No se trata solo de que las deudas financieras privadas de bancos, aseguradoras u otras entidades financieras devengan públicas, porque se afrontan con dinero público; ahora quieren reducir al mínimo inversiones y gastos sociales para hacer desaparecer el modelo mínimamente social de cierto reparto de riqueza desarrollado desde los años cincuenta. Y puesto que lo privado es lo que priva, educación, salud, distribución de agua, transportes y energía (que antes parecían intocables) han de dejar de estar al servicio de la mayoría para convertirse en fuente de obscenos beneficios de unos pocos.

La austeridad fiscal es ahora el medio para dar el tiro de gracia a lo que resta de estado social en Europa. Pues, como denuncia Susan George, ningún país ha mejorado con la política de austeridad. Por tanto, no es la mejora económica lo que buscan, sino el cambio de modelo social. Por eso, Europa debería mirar a América Latina, que sufrió su crisis de deuda en los ochenta y noventa, pero reaccionó bien.

Brasil, Argentina o Ecuador dijeron no al FMI, a sus pagos de deuda y a sus austeridades. Y hoy, según Michael Reid (editor de The Economist para las Américas), “el buen momento económico de Latinoamérica es una gran oportunidad”. No por una austeridad, sino a menudo lo contrario. Y así la CEPAL testifica que “la pobreza y la indigencia descendieron en América Latina en 2010 gracias a la vigorosa recuperación económica de la mayoría de países de la región”.

En Europa, no cesa la crisis de la deuda y cinco gobiernos han sido descabalgados en elecciones desde 2010. Normal. Lo malo y preocupante es que los presidentes de Grecia e Italia han sido sustituidos sin convocar elecciones. Por decisión del poder financiero.


Si la deuda pública española, por ejemplo, es menor que otras, ¿por qué los “mercados” quieren más ajustes y recortes sociales? La deuda peligrosa de España no es la pública (algo más del 60% del PIB, mientras la alemana es el 83%). La deuda preocupante española es la de sus bancos, que en 2012 deberán pagar 200.000 millones de euros a otros bancos europeos.

Esa parece la razón de tanto ajuste y recorte. ¿Para que el Estado disponga de liquidez y pague su deuda?, con la que, por cierto, los “mercados” especulan y obtienen grandes beneficios. ¿O para ayudar a los bancos a pagar la suya? Quizás para que la señora Merkel duerma tranquila porque sus bancos alemanes cobrarán lo que les deben los bancos españoles.

Parece que la ciudadanía europea está en manos de granujas. Los “mercados”, sus cómplices y sus sicarios.

Denunciar los crímenes económicos contra la humanidad

Paul Krugman ha escrito recientemente que la acusación de los ocupantes de Wall Street de que el poder financiero es una fuerza destructiva es totalmente acertada. Como muestran los hechos de estos últimos años. Los gobiernos rescataron a los bancos para que fluyera el crédito a empresas y ciudadanos. Pero no ha sido así. El sector financiero obtiene indecentes beneficios, pero no hay crédito. La economía se estanca, porque en verdad no hay voluntad real de superar la crisis. Porque la crisis es un negocio para la minoría privilegiada, para los mercados cuyos nombres conocemos. Y millones de personas sufren.

Pero sabemos qué hay que hacer. Se sale de la crisis con una profunda reforma del sector financiero, sólidos programas de gasto público (que activen la economía y ayuden a reestructurarla), ahorro energético y reducción de la desigualdad, recuerda Stiglitz. Pero mientras el poder financiero ponga palos en la rueda e impida afrontar la crisis de verdad, ¿cuánto sufrimiento más tendrá que soportar la ciudadanía?

Incertidumbre, angustia, pobreza, negación de vida digna, hambre, sufrimiento en suma, son consecuencias de una crisis que no cesa. Sobre esas consecuencias que sufren las gentes, Lourdes Benería y Carmen Sarasúa recuerdan que, según la Corte Penal Internacional, crimen contra la humanidad es “cualquier acto inhumano que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien lo sufre, cometido en un ataque generalizado o sistemático contra una población civil”. Datos en mano, si consideramos los graves sufrimientos, los atentados constantes contra millones de ciudadanas y ciudadanos, si consideramos la sistemática violación de sus derechos, hay que hablar de crímenes económicos contra la humanidad.

Actualmente le ha tocado a las poblaciones de Estados Unidos y Europa sufrir las consecuencias de una crisis culpable, pero las violadoras agresiones neoliberales empezaron en los ochenta. Paro, pobreza, pérdida de vivienda, educación inexistente o inalcanzable, menor o nula atención a la salud… son consecuencia de la aplicación inmisericorde de los planes de ajuste y austeridad perpetrados. Millones de familias ven peligrar su supervivencia y millones de hogares caen bajo el umbral de la pobreza. Una masiva violación de derechos humanos. Pero al poder financiero le da igual.

La Asamblea General de Nueva York, que ocupa Wall Street (los indignados estadounidenses), ha señalado una relación de ataques a los derechos humanos de los que son responsables los “mercados” con gobiernos cómplices. Las corporaciones se han quedado con las casas de millones de ciudadanos con procesos ilegales; se han apropiado indebidamente del dinero de los contribuyentes con los rescates; se han otorgado a sí mismos salarios e indemnizaciones desorbitantes; han recortado la asistencia sanitaria; han reducido el sueldo de los trabajadores; han empeorado sus condiciones laborales; han condenado al hambre a millones; han bloqueado las energías alternativas para continuar dependiendo del petróleo; han boicoteado los medicamentos genéricos para tener enormes beneficios… La lista es larga.

Parafraseando a Mandela, las perversas consecuencias de la crisis, que sufren millones de seres humanos, no son algo natural; las causan seres humanos. Una minoría, por cierto. Y de la crisis y sus consecuencias nefastas, incluido el impedir abordarla eficazmente, son responsables los “mercados”. Lo sabemos. Pero los “mercados” no son inconcretos ni anónimos. Tienen nombre y apellidos.

Un informe reciente de Stefano Battiston, James Glattfelder y Stefania Vitali ha demostrado que en realidad los “mercados” son 737 bancos, compañías aseguradoras y corporaciones industriales que controlan 43.000 empresas multinacionales. Casi toda la economía. Y que JP Morgan, Citibank, Bank of America y Goldman Sachs controlan el 94,4% de los derivados financieros. Es decir, el sistema financiero internacional está en sus manos. Esos son los malditos mercados. Con la complicidad del FMI, Banco Mundial, OCDE, OMC, Reserva Federal, Banco Central Europeo y bancos centrales de países.

Así las cosas, y puesto que se debe responder por las violaciones de derechos y dar reparación a sus víctimas, es necesaria la propuesta de Benería y Sarasua: “Igual que se crearon instituciones y procedimientos para perseguir los crímenes políticos contra la humanidad, hay que hacer ahora lo mismo con los crímenes económicos. Es buen momento, pues la existencia de esos crímenes es difícil de refutar. Urge que el concepto de ‘crimen económico’ se incorpore al discurso ciudadano y se entienda la importancia de denunciarlo y combatirlo para construir la democracia económica y política”.

Iniciemos pues el proceso de denuncia y juicio por crímenes económicos perpetrados por los “mercados”. Porque tienen nombre y apellidos.

Políticas que violan derechos humanos, políticas que los respetan

El Gobierno francés acelera el recorte de las pensiones que aprobó. Aumentar la edad de 60 a 62 años, para cobrar una pensión, y cotizar 41,5 años, en vez de 40, no será progresivo sino que se aplicará ya.

En Portugal, junto con los recortes y ajustes que perpetra, el gobierno se saca de la manga un impuesto del 50% de la paga extraordinaria de los asalariados para Navidad. Mientras las agencias de rating califican la deuda portuguesa como ‘basura’. ¿Aprenderán los gobiernos que complacer a las agencias de rating no sirve porque éstas van a lo suyo, que es la especulación y otras indecencias económicas?

En EEUU, un estudio elaborado por economistas de la Universidad del Nordeste muestra que la lenta recuperación económica ha beneficiado casi exclusivamente a grandes empresas. Entre el segundo trimestre de 2009 y el cuarto de 2010, los aumentos de ganancias nacionales fueron 464.000 millones de dólares para las empresas (88%) y 7.000 millones (poco más de 1%) para salarios de los trabajadores. La peor desigualdad de ingresos en EEUU desde 1920.

En España, con más de cuatro millones de desempleados, 1.645.000 parados no perciben ninguna prestación por desempleo ni subsidio alguno. No es extraño que aumenten los pobres que, a finales de 2011, serán un 22% de la población.

El estallido de la burbuja inmobiliaria, que hundió la construcción, y la posterior crisis económica, que descarriló el resto de sectores, más el sometimiento estatal a la dictadura de los “mercados”, la banca y las corporaciones empresariales, han creado un nuevo pobre, ciudadano normal en apariencia, que ha de acudir a las instituciones benéficas para poder comer todos los días.

Podríamos hablar también de Irlanda, de Grecia… De los millones de personas que sufren y sufrirán en sus carnes las feroces consecuencias de esta crisis con culpables reincidentes. Crisis que incrementa la pobreza y la desigualdad.

Mientras ocurre eso en Europa, en Bolivia, la pobreza severa ha disminuido un 11%. Antes de 2007, más de un tercio de bolivianos y bolivianas (37%) sobrevivían a duras penas con menos de un dólar diario. Hoy, aún siendo muy preocupante la pobreza que resta, el índice de pobreza extrema disminuyó hasta la cuarta parte de la población (26%). Un millón cien mil bolivianos y bolivianas han sido liberados de la pobreza severa. Pero en 2004, el 70% de los bolivianos vivían en esa pobreza.

Lo ha informado el jefe de la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Bolivia, Lopetegui, quien, contrariamente a lo que el FMI defiende e impone, ha reconocido que el avance real en la lucha contra la pobreza severa ha sido posible por las políticas sociales del gobierno de Evo Morales.

El gobierno de Morales aprobó que se abonaran rentas vitalicias a la población mayor de 60 años, unos 800.000 adultos. Además, que se pagaran también cantidades mensuales a 1.600.000 estudiantes entre primero y octavo grado de primaria para reducir los índices de deserción escolar en el país, que antes de 2006 sufría un 27% de analfabetismo y analfabetismo funcional.

Lopetegui también reconoció que, entre las medidas sociales gubernamentales, las rentas para mujeres embarazadas y madres recientes hasta que los hijos cumplan 2 años habían logrado reducir con éxito la morbilidad de madres gestantes y de niños hasta 5 años por enfermedades que pueden prevenirse y curarse.

Lopetegui, que consideró un gran avance la reducción de la pobreza en Bolivia, instó a “continuar en esta vía, en esta tendencia” para acabar con la pobreza. “Las políticas sociales son importantes para atender necesidades básicas, para atender salud y para atender educación que es, claramente, uno de los elementos más importantes para abandonar la pobreza“, ha reconocido el jefe del FMI en Bolivia.

Además, al aumentar el número de personas que pueden adquirir bienes y servicios, porque ahora disponen de ingresos estables, la economía se reanima, funciona. Todo el país gana, no sólo unos pocos.

Tal vez el señor Lopetegui debería vigilar qué declaraciones hace. O se arriesga a quedarse sin trabajo si insiste en que la políticas sociales son buenas contra el desempleo y la pobreza; unas políticas muy lejos de las que propone e impone el FMI en Europa, por ejemplo.

Y es que hay políticas que resuelven problemas, porque respetan los derechos humanos además de ir bien a la economía, y políticas que los crean, por que vulneran esos derechos aparte de frenar la actividad económica.

Dejar de ser inofensivos

Francisco L. tiene 42 años y la última vez que ganó un salario fue en 2008. Desde entonces no ha encontrado empleo y vive en una tienda de campaña en un bosque cercano a la ciudad andaluza de Jaén. No tiene medios para otra cosa. Sus únicas pertenencias son un saco de dormir, una manta, una toalla, una bolsa con utensilios de aseo personal y una radio. Consigue agua de un pilar cercano a su tienda y come dos veces al día conservas y bocadillos. Subsiste en condiciones precarias.

Esta historia es real. Y hay millones semejantes y peores en el mundo. La crisis, claro. Sí, la crisis como estafa o la crisis como atraco. Pero, como denuncia Josep Fontana, refiriéndose a la maldita crisis, “la gran trampa, que ha hecho que nos convenzan de asumir mansamente los costes de la crisis, ha sido permitir a quienes la causaron presentar los problemas creados por un sector muy concreto del mundo económico como problema colectivo del que todos somos responsables”. Y en absoluto es así.

Sin embargo, aceptamos que reduzcan nuestros derechos y legitimamos el ataque contra ellos al no responder o, peor aún, votando a quienes desmantelan el estado de alguna justicia y cierta equidad que tanto ha costado levantar. El mal designado “estado de bienestar” no es privilegio ni lujo ni exceso, como pretende el neoliberalismo e insinúan los medios, sino un acercamiento al respeto de los derechos humanos de todos.

¿Por qué aceptamos que recorten nuestros derechos?

En un debate televisivo que vi, la cuestión a debatir era: ¿hasta donde han de llegar los recortes? No era un debate entre presuntos profesionales de la opinión y periodistas bien remunerados. En el plató había una veintena de ciudadanas y ciudadanos normales que aceptaban tranquilamente debatir sobre el ataque contra sus derechos que son los recortes presupuestarios.

Se hace buena la trampa del nazi Goebbels: la mentira repetida muchas veces suena a verdad. La falacia repetida hasta la saciedad por políticos y medios es que no hay otro camino para superar la crisis que recuperar la confianza de los “mercados” con austeridad y recortes sociales. Tiene razón José Luis Sampedro, cuando afirma que “necesitamos reeducarnos, pues pasamos por una fase de barbarie porque los valores democráticos se han degradado”.

La primera fase de esa re-educación es abrir los ojos y la segunda, no ser inofensivos. Porque hemos devenido una ciudadanía inofensiva. Quienes vulneran nuestros derechos hoy no tienen ningún temor de que los ciudadanos los pongamos en su sitio (que en muchos casos sería la prisión). Somos ciudadanos inofensivos. Salvo en África del Norte, Oriente Próximo e Islandia, dónde ciudadanas y ciudadanos luchan por sus derechos civiles y políticos, pero también económicos y sociales. Porque ningún derecho es más importante que otro.

Islandia es la excepción europea. Fue saqueada hasta la ruina por banqueros, unos pocos empresarios y un puñado de políticos, pero Islandia se recupera porque ciudadanas y ciudadanos han reaccionado con una respuesta democrática de calado. Echaron al gobierno responsable, dejaron hundirse a los bancos, promovieron investigar los delitos perpetrados y ahora hacen más democrática su Constitución. No aceptan tener que pagar las canalladas de los bancos, como ha ocurrido en otros países. Y saben que la solución no es sólo económica. Es también política: ser inofensivos como ciudadanos.

En España, la asociación ATTAC y otras organizaciones sociales han interpuesto ante la Audiencia Nacional una querella criminal contras las agencias de calificación Moody’s, Standard & Poors y Fitch por alterar el precio de la deuda pública y utilizar ilegítimamente información privilegiada en beneficio propio. Al margen del resultado, eso es empezar a dejar de ser inofensivo. Roberto Unger, que fue ministro con Lula, ha denunciado que “España es una democracia secuestrada por las grandes empresas, por una plutocracia mercantilista que ha puesto las instituciones del Estado a su servicio”. Lo malo es que juicio tan duro es aplicable a los otros 26 estados de la Unión Europea, a Estados Unidos y un montón de países más. Por tanto, la respuesta es política y nada complaciente.

¿Cuándo decidiremos dejar de ser inofensivos y exigiremos nuestros derechos?

No apaciguaron a Hitler

Esta Unión Europea neoliberal encara el déficit con recortes sociales. Quienes hunden países especulando han forzado las grandes rebajas de gasto público. Pero ahora caen del guindo y ven que esos recortes para reducir deuda lastrarán la reactivación. Las bolsas ganan exageradamente un día, eufóricas;  pero, acobardadas, lo pierden todo al siguiente. Además de injusto y perverso, este neoliberal sistema es un pitorreo.

Quienes perpetran las inversiones especulativas son los responsables, los actores de los ‘mercados’. ‘Mercados’ con nombres y apellidos, no entes ignotos ni manos invisibles que regulan. Como denuncia el humorista El Roto, los ‘mercados’ han forzado la miserable salida: “¡La economía hace agua! ¡Arrojad a la población al mar!”, ironiza una ilustración suya.

Mientras, el FMI predice que déficit y deuda pueden devenir  insostenibles, haciendo así el juego a los pretendidos ‘mercados’, incapaz de reconocer que, con todos sus cálculos, no olió la crisis ni de lejos.

Martine Aubry, primera secretaria del Partido Socialista francés, reconoce que “para salvar a los pueblos, los gobiernos europeos no son capaces de ponerse de acuerdo, pero cuando se agitan los mercados, sí”. Y Juan Torres se indigna porque “es inaceptable que la deuda que los gobiernos han emitido para tapar el agujero de la banca (y evitar el colapso de la economía) la suscriban esos mismos bancos incluso al 10%. Y lo hacen con dinero que reciben del Banco Central Europeo al 1%”. ¡Qué buen negocio!

Continúa Torres con que “lo prioritario ahora no es reducir el déficit. La deuda pública de España, por ejemplo, está en niveles aceptables, y es más urgente la recuperación económica para que la actividad genere empleo y ambos ingresos, que hagan menos necesario el gasto público”.

Por su parte el profesor Vicenç Navarro nos cuenta que la crisis de algunos países se atribuye a excesivo gasto público. Pero eso del excesivo gasto público no es cierto. Esa es una creencia mitológica o bulo de charla de café, pero no realidad basada en hechos. Hasta el FMI, en su Fiscal Monitor de 14 de mayo, reconoce que 2/3 de la deuda de los Estados se ha creado por reducción de ingresos, no por exceso de gasto. El neoliberal dogma de bajar impuestos a quienes más tienen.

Navarro nos informa de que “Grecia, Portugal y España tienen los gastos públicos más bajos del grupo de países más desarrollados de la Unión Europea al que pertenecen”. “Fue la banca -continúa Navarro- que, con sus actuaciones especulativas, creó burbujas que estallaron y han generado enormes problemas de falta de crédito. Y ahora crean una nueva burbuja: la de la deuda pública”.

Pero la banca no ha utilizado el dinero público recibido para financiar a empresas (productividad) y consumidores (demanda), sino para especular en los mercados financieros y obtener beneficios indecentes. Una economía de humo, de pocos, que nada tiene que ver con la economía real, la única necesaria.

Como ha dicho el Nobel Stiglitz, “con todos los fondos inyectados para ayudar a los banqueros podrían haberse creado bancos públicos que ya habrían resuelto los problemas de crédito”.

¿A qué viene entonces toda la confusión mediática sobre déficit, deuda y sus apocalípticas consecuencias? El buen detective de novela policíaca, cuando investiga un asesinato, se pregunta: ¿a quién beneficia este asesinato? Pues ahora y aquí, lo mismo. ¿Quién saca tajada del alboroto y barahúnda catastrofistas sobre déficit y deuda? ¿Quién impulsa los recortes de gasto público, preferentemente social?

De momento, los casi seiscientos consejeros ejecutivos y altos directivos de empresas del selecto Ibex-35 de la bolsa española (las empresas en bolsa que manejan más dinero) cobraron en 2009 una media de casi un millón de euros por cabeza, según cálculos del diario El País, basados en informes de las propias empresas. El nivel de ganancias personales más alto jamás alcanzado por esa gente; 113 veces el salario mínimo español.

Pero los gobiernos europeos pretenden calmar los ‘mercados’ y recortan y recortan. Justo lo contrario de lo que hay que hacer. Dicen que para apaciguar a los ‘mercados’. No aprenden. Francia e Inglaterra no apaciguaron a Hitler cuando cedieron y cedieron tras la invasión de los Sudetes checoslovacos por los nazis. Y estalló la guerra mundial.

Habría que tomar buena nota de lo que nos enseña la Historia.