Contra el creciente neomachismo

Una repugnante vergüenza colectiva permanece enquistada en nuestra civilizada sociedad: malos tratos, tortura y asesinato de mujeres por maridos, compañeros sentimentales, novios o que lo fueron. Año tras año se acumulan docenas de asesinatos de mujeres. Por ser mujeres. Por hombres machistas.

El año 2016 acabó con el asesinato por hombres de tres mujeres en el plazo de dos días en Santiago de Compostela, Vigo y Tarragona, en España. Y 2017 empezó con el asesinato de una mujer de 40 años en Rivas, población de la región de Madrid. En 2016, 54 mujeres fueron asesinadas por hombres. Desde 1978, cuando se empiezan a contabilizar asesinatos de mujeres por maridos, parejas, ex-maridos o ex-parejas, nunca ha habido menos de una cincuentena las mujeres asesinadas; a menudo, más de sesenta anuales. Insoportable. En 2015, 63; en 2014, 56; en 2013, 63; en 2012, 56; en 2011, 68; en 2010, 77; en 2009, 62; en 2008, 73; en 2007, 76; en 2006, 69…

Desde siglos, los varones han castigado a las mujeres con violencia e impunidad. Que el hombre sea violento con la mujer se ha considerado aceptable para mantener el orden en la familia. Confucio, filósofo chino, propuso un programa de espanto para la mujer, siempre obediente al hombre, a sus órdenes, sometidas al padre y hermano mayor, cuando solteras; al marido, cuando casadas, y al hijo mayor, cuando enviudan. En Judea, siglos antes de Cristo, las mujeres adúlteras eran lapidadas públicamente, pero nunca se lapidó a varones adúlteros. En Europa, en la Edad Media, el maltrato físico a la propia mujer estaba legalmente regulado; incluso se permitía matar a la esposa en algunas circunstancias.

Desde 1768, en Inglaterra y Estados Unidos como colonia británica, estaba vigente la Regla del Dedo Pulgar que permitía al marido azotar a la esposa con látigo o vara cuyo diámetro no fuera superior al del dedo pulgar. Y hay una repugnante lista de prácticas y leyes en la Historia que han convertido a la mujer en víctima propiciatoria de los hombres y diana de todo tipo de violencias.

En la civilizada Europa no se empieza a hablar contra los malos tratos a mujeres por hombres hasta 1970. En España no se reconoce oficialmente el muy grave problema de violencia contra las mujeres hasta 1984, al publicar el ministerio del Interior el número de mujeres asesinadas cada año. No es de extrañar, porque hasta 1975, año en el que se reformó el Código Civil, su artículo 57 reconocía la sujección de la mujer casada a su marido y que la mujer debía obedecer al marido, quien tenía el derecho de corregirla. Cuanto mayor sea la discriminación de las mujeres y se vulneren impunemente sus derechos, hay más caldo de cultivo para propiciar la violencia machista y el asesinato de mujeres.

Pero el machismo no cede y ahora surgen los ‘civilizados’ neomachistas, sobre todo en redes sociales, que pretenden deslegitimar la lucha contra la violencia machista. Para ellos, “feminismo” es antónimo de “machismo”, dos excesos negativos. Lo que es una falacia estúpida porque machismo, según la Academia de la Lengua Española, es “la actitud de prepotencia de los varones sobre las mujeres”, en tanto que feminismo es “el movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que los de los hombres”. Movimiento liberador. El colmo neomachista es negar la sangrienta violencia machista y atribuir esos hechos violentos a que “hay hombres y mujeres que sólo actúan por rencor y odio hacia el otro”. Así pretende la equívoca Asociación Europea de Abogados de Familia cuando asegura que la violencia machista no existe, porque la violencia no tiene sexo. Increíble.

A la falsedad de que también muchos hombres son asesinados por mujeres responde el Poder Judicial. El año pasado, ocho hombres fueron muertos por mujeres. Mujeres por hombres: 54. Con la diferencia esencial de que la muerte de esos hombres no es el colofón de una vida de torturas y sevicias como ocurre con la mayoría de mujeres asesinadas.

Otra falsedad del neomachismo rampante es que casi todas las denuncias por violencia machista son falsas. Pero según la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 2016, solo fueron falsas ¡un 0,014% del total de denuncias!

Hay que empezar a considerar el neomachismo como un grave peligro a abatir.

ETA dejó de matar, pero no cesan los feminicidios

La media anual de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex-parejas, desde que se contabilizan hasta 2013, son 70 feminicidios por año. Desde 1968 hasta hoy, han muerto asesinadas por hombres unas 2.700 mujeres. Una cifra escalofriante. Es muy ilustrador compararla con el número de muertes perpetradas por otros asesinos: los terroristas. Desde 1968 hasta 2004, cuando dejó de matar, ETA asesinó a 829 personas. Pero esos asesinatos han armado mucho más ruido y han recibido mayor atención mediática y polítican que los feminicidios. Y también las víctimas y familiares han sido mejor atendidas, sobre todo a partir de 1999, cuando, con toda justicia, se promulgó la ley de solidaridad con las víctimas del terrorismo.

La comparación no es gratuita, pues sería muy deseable que las muertes violentas de mujeres a manos de parejas o ex-parejas provocaran el mismo rechazo que las muertes de víctimas del terrorismo. Y la misma atención política y del gobierno. Los execrables crímenes de ETA cesaron hace diez años. Pero no los feminicidios. Continuaron. En 2013, por ejemplo, 48 mujeres han sido asesinadas, aunque según las cuentas más rigurosas de la Asociación de Separadas y Divorciadas, fueron 56. Más de una mujer asesinada por semana.

Hace unas semanas, volvió el ruido mediático protagonizado por algunas asociaciones de víctimas del terrorismo, unos cuantos políticos profesionales y otros tantos ‘opinadores’ de tertulias y páginas de opinión que de todo saben y sobre todo pontifican. La causa del ruido fue la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo que obliga a prescindir a España de la llamada doctrina Parot; doctrina que hace cumplir toda la condena a los terroristas encarcelados sin tener nunca en cuenta las condiciones y circunstancias de la ley penitenciaria. Doctrina sancionada por el Tribunal Supremo del Reino, ignorante en esta ocasión de la legislación europea de derechos humanos, que España ha firmado y aceptado, así como lo que indica la propia constitución española, en la que prima la reinserción por encima del castigo.

Sin embargo no hay respuesta mediática ni política ni social acorde a la brutal e incesante enormidad de los asesinatos de mujeres por sus parejas o ex-parejas. ¿Acaso no es un modo de terrorismo? Si cada semana fuera asesinado un hombre por mujeres, ¿no creen que se organizaría un tumulto impresionante? Los políiticos harían sonoras declaraciones, el Gobierno prometería el oro y el moro para acabar con la situación, los medios informativos abrirían sus portadas con esa lacra, las tertulias abordarían casi permanentemente el problema… Pero nada de eso sucede con los asesinatos de mujeres.

Pero hay más. Además de los repulsivos feminicidios, en España, cientos de miles de mujeres sufren la violencia de los malos tratos a manos de parejas o ex-parejas. Más de 600.000 según el Centro de Investigaciones Sociológicas. Mujeres inmigrantes, campesinas, obreras, discapacitadas, amas de casa, tituladas superiores, estudiantes, empresarias… No hay distinción de clases en la cobarde y repugnante lacra de los malos tratos a mujeres.

Según el Consejo General del Poder Judicial, en España cada año se denuncian unos 140.000 delitos o faltas de violencia machista; denuncias que casi siempre acaban en sentencias condenatorias. Porque los malos tratos a mujeres y los feminicidios están muy relacionados. No todas las situaciones de malos tratos acaban en asesinato, pero muchos asesinatos de mujeres son el escabroso final de una atroz situación de malos tratos.

Del todas las situaciones de malos tratos en España, más de 16.000 mujeres maltratadas se encuentran en situación de riesgo de muerte, aunque no todas con la misma gravedad. Pero riesgo real al fin. Un riesgo que evalúan funcionarios de policía tras las denuncias de malos tratos y la indagación de la situación real de las mujeres maltratadas.

Pero los malos tratos machistas y los feminicidios no son solo problema de España. Es una lacra universal. Situaciones iguales o análogas se dan en todo el mundo. Sin excepción. En los civilizados países escandinavos, tienen los niveles más altos de violencia machista de Europa. Más de un 40% de mujeres nórdicas han sido víctimas de violencia machista. Y en Finlandia, por ejemplo, apenas se hace nada contra las violaciones sexuales, que abundan y suelen quedar impunes. Una de las formas más repugnantes de violencia machista.

Los malos tratos a mujeres y feminicidios conforman una asquerosa realidad que relega a las cavernas a los países, por más civilizados que sean o digan ser. Y, aunque se haya respondido en parte al gravísimo problema, como fue la promulgación de la ley integral contra la violencia de género en España, en absoluto es suficiente. A los hechos y resultados me remito.

Porque en el fondo, el origen de la violencia machista es la sojuzgación milenaria de la mujer por el hombre. Y una causa innegable de la misma es la discriminación por sistema que continúa relegando a la mujer social, cultural, económica y políticamente; por muchos espacios de libertad y autonomía que haya recuperado, que no son tantos.

Realmente, este mundo no será justo ni democrático hasta que la mujer ocupe su lugar en igualdad con el hombre. Y que la violencia machista sistemática sea solo un mal recuerdo.