Un nuevo terrorismo y respuesta de pena de la clase política

¡Unidos venceremos al terrorismo! es un mantra emocional, una jaculatoria milagrosa que se repite tras el atentado de Barcelona del 17 de agosto que causó 17 muertos. Pero apenas se oye que es imprescindible estudiar a fondo lo que sucede, una nueva forma de terrorismo. Averiguar sus causas y afrontar de raíz este terrorismo que utiliza furgonetas para atropellar, cuchillos y hachas, sin inútiles retóricas y aún menos rebajas de derechos de la gente común. Pero a los gobiernos de Occidente les importa una higa averiguar causas y contextos del nuevo terrorismo que se extiende. Un terrorismo más escondido porque precisa poca organización, pocos medios, y, por tanto, deja menos huellas y pistas.

¿Se dedica suficiente esfuerzo en Europa a saber de a salafistas y similares así como averiguar más sobre las oscuras relaciones de algunos países árabes con éstos? Y aún preocupa menos el tinglado comercial del honorable Occidente con esos ambiguos países árabes que, además, se pasan por el arco de triunfo los derechos humanos de la gente. Para muestra, un botón. Al menos 66 personas han sido ejecutadas en Arabia Saudí en 2017, según denuncia Amnistía Internacional, y hace unas semanas ejecutaron a 14 personas en Arabia Saudí . ¿Por asesinar o violar tal vez? No, por manifestarse contra el Gobierno.

De 2014 a 2016 España ha vendido armamento a Arabia Saudí por mil millones de euros y, no por casualidad, desde 2015, una coalición de países árabes encabezada por Arabia Saudí bombardea sin piedad la población civil, mercados, escuelas, mezquitas, funerarias, fábricas y hospitales de Yemen. Según la ONU ya son más de 10.000 los muertos, sobre todo civiles, gente inerme.

Según denuncian Greenpeace, Amnistía Internacional, FundiPau y Oxfam Intermón, vender armas a países que violan derechos humanos de forma flagrante, Arabia Saudí por ejemplo, es ilegal según el derecho internacional elaborado por Naciones Unidas e incluso según el español.

A pesar de esa ilegalidad, el pasado enero el rey Felipe VI viajó a ese país para cerrar la venta al equívoco régimen saudí de cinco barcos de guerra construidos en España. Sobre esas ventas de armamento y otras, el ministro de Economía, Luis de Guindos ha dicho que “si no lo hacen unos, serán otros”. Ruin argumento que escarnece los derechos humanos. El anterior Rey y el actual, así como los gobiernos del PSOE o PP, han cortejado algunas de las peores dictaduras del mundo en Magreb, Oriente Próximo o Asia Central. Para pillar negocios.

El argumento miserable y falaz para justificarlo pretende que, si se crea empleo, que se violen derechos humanos es irrelevante, un problema interno de esos países. Pero no es así cuando se habla de Venezuela, por ejemplo, a la que no se le tolera ni tirar una colilla al suelo.

En esa sucia línea de actuación, donde el fin justifica los medios, Ana Pastor, presidenta del Congreso, entregó al dictador kazajo Nursultán Nazarbáyev (uno de los mayores violadores de derechos humanos del mundo) el collar de la Orden de Isabel la Católica en nombre de Felipe VI. Pero en 2003, el gobierno de Aznar ya concedió a Islom Karimov, dictador de Uzbekistán hasta su muerte, la Gran Cruz del Mérito Civil, creada por Alfonso XIII para premiar “virtudes cívicas al servicio del Estado”.

Tal vez entre esas virtudes cuente encabezar un régimen torturador que encarceló y asesinó a miles de disidentes políticos, esterilizó a decenas de miles de mujeres y forzó a trabajar a miles de niños en campos de algodón. Karimov fue “lo peor de lo peor” de los dictadores del mundo según Freedom House, pero ningún gobierno posterior del PSOE ni del PP siquiera consideró retirar esa condecoración a Karimov.

Entre los déspotas internacionales a los que España ha otorgado el Collar o Gran Cruz del Mérito Civil están Sadam Hussein, Mohamed Hassad (ministro de Marruecos que tortura presos y usa la violencia contra refugiados) y seis miembros de las casas reales de Kuwait, Abu Dhabi, Dubai y Emiratos Árabes Unidos, países muy democráticos como todos saben. Otrosí el gobierno no ha tenido en cuenta el informe del CNI alertando de que Arabia Saudí, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Marruecos financian comunidades musulmanas en España en las que se cuelan salafistas y yihadistas.

Si beneficios y comercio están por encima de los derechos humanos, este mundo lleva camino de convertirse en un burdel.

Presos políticos de nuevo en España

Multas, malos tratos en las protestas, malos tratos a detenidos, uso excesivo de la fuerza e impunidad policial. En España, la política de austeridad y los recortes sociales han impulsado a cientos de miles a protestar en la calle. Porque violan sus derechos. Y el Gobierno responde con más violaciones de derechos.

ATTAC España ha denunciado la represión política del gobierno del Partido Popular en las protestas ciudadanas contra su política neoliberal. Una represión que “llega a extremos incompatibles con la democracia”.

También Amnistía Internacional ha denunciado que el Gobierno “utiliza todos los medios a su alcance para limitar la libertad de expresión y la protesta pacífica (…) “El Gobierno ha reducido el respeto de los derechos humanos en España, el derecho de reunión pacífica, de asociación y expresión, y los rebaja en contra de las normas de derechos humanos y obligaciones internacionales que España ha firmado y ratificado”. Normas que obligan. Amnistía denuncia síntomas “muy preocupantes” de represión de derechos y libertades fundamentales, hasta el punto de que la organización defensora de derechos humanos teme que España se sume a las tendencias autoritarias de Turquía, Ucrania o Rusia.

Uso excesivo de la fuerza policial, multas a manifestantes en aumento, identificaciones masivas e injustificadas en las concentraciones, intentos de estigmatizar los movimientos sociales, malos tratos a detenidos, uso arbitrario de material antidisturbios, endurecimiento de la legislación reguladora del derecho a la protesta…

Según escribe Pedro Oliver, se perpetran tres tipos de represión. ‘Legal’, la de la policía en la calle. ‘Burocrática’, que busca intimidar a los movimientos sociales con multas y trabas legales para ejercer los derechos de reunión y expresión. Y ‘sucia’, oscura, con infiltración de agentes policiales en los movimientos sociales, en teoría para ‘prevenir’ manifestaciones violentas, pero en realidad para desacreditar a los activistas sociales ante la opinión pública y justificar la violencia policial.

En los dos últimos años se han impuesto más de 1.100 multas, pero es más grave el encarcelamiento de manifestantes pacíficos identificados de forma aleatoria por la policía. En España se va a la cárcel por participar en manifestaciones pacíficas o formar piquetes informativos de huelga. “No se pueden consentir. No podemos consentir que manifestantes pacíficos paguen un alto precio por ejercer sus derechos humanos”, insiste Amnistía Internacional.

Por su parte, ATTAC España argumenta que “los jueces no pueden escudarse en que han de hacer cumplir la ley, pues disponen de margen para aplicarla y se muestran especialmente duros con el pueblo mientras todo son facilidades para los poderosos”. Lo cierto y comprobado es que hay impunidad entre los poderosos, policías y aparato del gobierno y del Partido Popular. Si hay alguna condena, el gobierno popular indulta veloz sin el menor recato a policías torturadores, políticos y banqueros corruptos, homicidas amigos de altos cargos del PP y evasores o defraudadores de impuestos.

ATTAC España considera presas y presos políticos a los ciudadanos y ciudadanas detenidos y encarcelados por protestar o informar sobre huelgas. Y pide a Amnistía Internacional que los considere y acoja como presos y presas de conciencia, como hace con sindicalistas y manifestantes de otros países, encarcelados por leyes injustas.

El jueves, 19 de junio, el nuevo rey de España, Felipe VI, asumió la Jefatura del Estado en un prolongado ceremonial desde la mañana hasta primera hora de la tarde. El centro de Madrid había sido tomado por 7.000 policías y guardias civiles, de los que más de 2.000 eran antidisturbios, 120 francotiradores tomaron los tejados de la zona central de la capital y se cerraron once aparcamientos públicos, además de cerrar también varias estaciones de metro. El gobierno prohibió la exhibición de banderas y símbolos republicanos y durante toda la jornada también se prohibieron las manifestaciones por la República. Por la tarde, la policía cargó contra un millar de republicanos que se concentraron pacíficamente en la Puerta del Sol y detuvo a tres ciudadanos. Aires de tiempos pasados que creíamos haber superado. En su primer discurso como Jefe de Estado, Felipe VI dijo que en España cabíamos todos, que caben todas las formas de sentirse español. Pero no es cierto. En absoluto. Este es un país rendido a los intereses de una minoría que lo domina desde hace décadas; en realidad, siglos.

Dice Juan Carlos Monedero que “la minoría dominante tiene miedo a la gente porque sabe el poder que tienen los más sobre los menos. Les aterra que se reúnan quienes dicen basta, porque son muchos. Porque revolución no es violencia sino una movilización masiva de conciencias. Por eso reprimen.” Lo mismo ha expresado con lucidez y humor El Roto en una ilustración. Un hombre enardecido clama: “¡No dejéis que salgan a la calle, no sea que se den cuenta de los muchos que son“.

Por eso hay presos políticos de nuevo en el Reino de España.