Es imperativo reducir hasta acabar con la desigualdad

Campaña electoral en España. Momento para recordar el avance de la desigualdad. La ciudadanía ha de saber quiénes, que podrían gobernar, tienen voluntad política de combatirla. La desigualdad no es cuestión académica o de titulares. Es escenario y también causa del avance de la pobreza y exclusión social, mientras una minoría cada vez más reducida acumula un desmedido poder económico.

En España, 27% de quienes trabajan (más de la cuarta parte) están subempleados. Más dos millones. Trabajan menos de lo que necesitarían para recibir un salario digno. Más los casi cinco millones de desempleados “oficiales” ya son siete millones quienes viven (si se puede llamar vivir) con ingresos insuficientes e indignos. O sin ingresos.

En Madrid, una de cada cinco personas roza la pobreza o cae en ella. Más de millón y cuarto de madrileños. Así lo documenta el informe “Empobrecimiento y desigualdad social en la sociedad madrileña”, del sindicato CCOO. En el resto de España, según “Análisis y perspectivas 2016” informe de Foessa para Caritas, en los próximos años, aún con crecimiento económico, aumentará la exclusión social. Ya hay 720.000 hogares sin ingresos, cuando hace siete años solo eran 497.000. ¿De qué sirve crecer, si no se beneficia la gente?

La desigualdad borra fronteras de pobreza. Tener empleo hoy no garantiza dejar de ser pobre. Pero, al mismo tiempo y en el mismo espacio, los directivos de empresas del IBEX 35 tienen un salario medio anual de dos millones y medio de euros. Y, en el mundo, 62 personas poseen la misma riqueza que 3.600 millones. Según Oxfam Intermón, hace cinco años los súper-ricos eran 388, pero cada vez muchos menos tienen mucho más. Solo 62. Una grave amenaza.

Oxfam muestra además que esos 3.600 millones de población perdieron un billón de dólares de ingresos desde 2010. Al tiempo que los más ricos aumentaban su riqueza en medio billón. Es desigualdad en estado puro.

Edmundo Fayanás, profesor de Historia, escribe que el capitalismo necesita desigualdad para funcionar y generó desigualdad desde su inicio. Bernard de Mandeville en el siglo XVIII pretendía justificarlo al sostener que el interés individual, lujo y placer personales son imprescindibles para que la economía progrese. De otro modo, decía Mandeville, el capitalismo perdería su motivación principal: el beneficio personal. Pero quienes pueden atesorar riqueza y vivir en lujo y placer son muy pocos. Porque el capitalismo precisa desigualdad.

En los años ochenta del siglo pasado, Ronald Reagan, presidente de EEUU, sentó las bases de una enorme desigualdad con sus obscenas rebajas de impuestos a los ricos. A éstas siguieron las de Bush hijo y, desde entonces, EEUU es un país desigual, cada vez más desigual. Una quinta parte de su población (sesenta millones de personas) vive bien, pero el resto (unos 250 millones) sufre una escalada de graves carencias económicas y sociales. Bush pretendía que para crecer se debía favorecer a las élites y recortar ayudas a los pobres, por ser deficientes económicamente. La misma necedad que roznó Bernard de Mandeville tres siglos antes.

La riqueza mundial está en muy pocas manos. El 1% de la población mundial acapara casi la mitad de la riqueza y su patrimonio crece y crece. En EE UU máximos directivos y ejecutivos ganan 300 veces más que sus trabajadores. Pero en España, Felipe Benjumea, presidente de Abengoa, ganó 530 veces más que el salario medio de sus empleados. En Inditex, los 12 millones de euros que cobra su presidente, Pablo Isla, son 526 veces más que el salario medio de sus asalariados. En FCC, 454 veces; en BBVA, 451 veces; en Ferrovial, 239 veces; en Día, 213 veces…

La llamada clase media mengua con la crisis. Digo llamada porque se suele denominar clase media también a los asalariados con sueldos decentes. Clase trabajadora que puede vivir con dignidad y aceptable nivel de consumo. Pues bien, según estudio del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, desde el inicio de la crisis a 2014, esa clase media en España se habría reducido en más de tres millones y medio de personas. Y no para estar mejor.

La desigualdad no cesa. Por desempleo, empleos precarios, trabajo temporal y a tiempo parcial. Más recortes sociales (en educación y sanidad públicas, en ayudas a desempleados, en políticas sociales…). Y volvemos al principio. ¿Qué partidos quieren de verdad reducir la grave amenaza de la desigualdad?

Utopía es lo que aún no hemos conquistado

La Red Europea contra la Pobreza ha publicado el V Informe sobre pobreza y exclusión social en España 2009-2014. Un informe que muestra el implacable deterioro social y económico de mucha gente en este país.

Según el índice Arope, que mide la pobreza, en la España del PP la pobreza ya afecta al 29% de población. Casi 14 millones de personas rozan la pobreza y la exclusión. Y eso no es vivir. Porque la gente que sufre no solo privación material sino severa ya es un 7% más. Las personas pobres y excluidas no sólo son más que el pasado año sino que sus condiciones de vida son mucho peores.

Casi 12% de población se retrasa en el pago de hipoteca, alquiler, luz y gas porque los ingresos no alcanzan. Con el consiguiente riesgo de desahucios, por ejemplo. Y son 11% quienes no pueden mantener en invierno la casa a temperatura saludable. Un 45% de población (casi la mitad) no puede ir de vacaciones una semana al año y 42% no puede afrontar gastos imprevistos. Pero lo peor es que los trabajadores con empleo, pero pobres, ya son un 14% de población activa. Un año más en esta España que explota la derecha y en la obscena Europa de la austeridad donde medran los banqueros, tener trabajo ya no libra de la pobreza. Aquí y en Alemania.

Pero a pesar de tan oscuras perspectivas para la gente, la Unión Europea amonesta al gobierno de España porque no cumplirá el déficit en 2015 si no toma ‘las medidas necesarias’ para satisfacer las exigencias del Pacto de Estabilidad. Dice que el gobierno de Rajoy se ha quedado corto en las ‘reformas’. ¿Aún quieren más?

¿Ve la ciudadanía qué significa que el gobierno cumpla esas exigencias de ‘reformas’? Exactamente, más recortes. Más gente que viva peor, más incertidumbre, más pobreza que crece, más sufrimiento, más humillación… Y, para mayor inri, 2015 pasará a la historia como el primer año en el que un reducido 1% de población mundial posee tanta riqueza como el 99% restante. Brecha entre pocos ricos y resto de Humanidad que crece imparable desde que empezó la crisis. Aunque algunos preferimos llamarla una estafa que se convirtió en saqueo.

Lo cierto es que con esa mal llamada crisis los ricos son más ricos y los pobres, más pobres. Oxfam Intermón utiliza una poderosa imagen para ilustrar tan brutal desigualdad. Un autobús con los 85 mayores multimillonarios del mundo transportaría tanta riqueza como la que tiene la mitad de población mundial.

¿Datos, cifras? Pues 34 millones de personas (0,7% de población mundial) poseen más del 45% de toda la riqueza y 349 millones de personas (7,4% de población) poseen casi el 40% . Para hacerse una idea del significado de esas cifras, recordemos que en la vieja Tierra somos más de 7.200 millones de habitantes. De esos, poco más de mil millones se reparten el 12% de la riqeza. Algunos de ese grupo están bastante bien y bastantes más, no tanto. Pero lo peor es que 3.300 millones de personas (casi 3/4 partes del mundo), solo tienen entre todos un 3% de riqueza.

No solo son cifras. Se reflejan implacables en la vida de miles de millones de personas. Para llorar de rabia, para indignarse hasta el infinito y luchar para acabar con esa descomunal injusticia. Y es que nadie merece tanta riqueza ni nadie ha de sufrir esa pobreza.

Mientras en España el gobierno del Partido Popular y en Europa los totalitarios burócratas que la mangonean tienen la indecente desfachatez de hablar de recuperación. ¿Recuperación cuando la pobreza aumenta sin cesar y tener trabajo no libera de la miseria?

Hay que empezar a pensar que para salir de este infierno urge cambiar el sistema económico y social vigente, origen de nuestros males. En román paladín, hay que acabar con el capitalismo. O el capitalismo acabará con la gente y con la Tierra. No será fácil ni rápido, pero hay que reemplazar un sistema que se mueve por beneficios por otro que satisfaga las necesidades de la gente y respete sus derechos.

¿Utópico? El diccionario de la lengua española dice que utopía es lo irrealizable en el momento en que se concibe. Pero no para siempre. Por tanto, utopía es el territorio que aún no hemos conquistado. Todavía.