Mandan los hechos (o deberían)

La crisis ha dejado claro que este sistema político actual no nos sirve. No sirve porque el poder está en las grandes empresas que nadie ha elegido, especialmente la gran banca y los millonarios fondos de inversión que gestiona. Ese poder controla los mercados financieros y la economía, chantajea a los gobiernos e impone duros planes de ajuste que nadie ha votado, pero se sufren. La crisis muestra que la democracia ha sido vaciada.

Saramago decía que vivíamos en una burbuja de apariencia democrática donde el poder estaba en las grandes instituciones financieras internacionales. La crisis ha demostrado que es así. Esta  democracia se ha convertido en un escenario de marketing político que camufla, maquilla y justifica la dictadura del capital, el totalitarismo del dinero. Por eso la política que se perpetra en Europa  nunca sirve a la ciudadanía sino todo lo contrario.

En la series televisivas CSI en Las Vegas y CSI en Nueva York (cuyos protagonistas son científicos), se oye con insistencia una frase durante las investigaciones de hechos criminales: “Mandan las pruebas”. Es decir, lo que determina que ha ocurrido son los hechos, los datos, las evidencias; no las impresiones, sensaciones, prejuicios, intereses bastardos o corazonadas. Las pruebas.

Pues bien, no siendo ciencia exacta (de hecho ni siquiera ciencia, solo saber), en economía han de pesar los hechos y los datos en la toma de decisiones, al aplicar políticas concretas. Pero en la Unión Europea no es así. Se pasan los hechos por el forro. ¿Qué dicen esos hechos?

Hecho. Se desató una crisis monstruosa por la codicia desmedida de una minoría; una crisis posible porque se había suprimido toda regla, norma y control de los movimientos de capital por el mundo; unos movimientos más y más especulativos.

Hecho. La especulación se dispara hasta el punto de que por 1 dólar invertido en la economía productiva 70 dólares se dedican a especular. A la muy minoritaria clase dominante (la minoría rica) solo le interesan  grandes beneficios de casino financiero conseguidos a muy corto plazo; no les interesa la economía real.

Hecho. Estalla la crisis de las hipotecas-basura, muestrario de desmedida codicia, desvergüenza bancaria y muy oscuras actuaciones del poder financiero. Muchos bancos se arruinan o quedan muy dañados, pero los gobiernos acudieron a rescatarlos con ingentes cantidades de dinero público. No podían permitir  -dijeron- que los bancos se hundieran, pues se hundiría la economía.

Hecho. Los bancos recibieron billones de dólares y euros. Pero no se restableció el crédito. La banca rescatada y el núcleo duro del mundo financiero dedicó el dinero recibido a reparar balances y a especular más y más; con deuda de estados por ejemplo.

Hecho. La economía productiva empezó a retroceder. Sin parar. No fluía el crédito necesario y las empresas de la economía real, al no disponer de financiación, reducían  gastos, recortaban personal, congelaban salarios, cerraban… El paro empezó a aumentar peligrosamente.

Hecho. En la Unión Europea cobra protagonismo que la deuda de los estados es excesiva y origen de todos los males. Hay que controlar el déficit, reducir las deudas soberanas (deudas contraídas por rescatar bancos, por cierto). Desde Alemania y Francia, con la total complicidad de la Comisión Europea y el BCE, se impone una nueva verdad revelada: el único camino de salvación es la austeridad.  Una austeridad que empobrece a la ciudadanía, reduce la demanda y frena la actividad económica hasta detenerla.

Hecho. Tiempo después, la austeridad solo ha conseguido más paro, contracción económica,  recesión, pobreza y mucho sufrimiento. Pero la Comisión Europea, el BCE y los gobiernos europeos insisten con medieval tozudez en “mantenella i no enmendalla”. Austeridad y ajustes fiscales.

Hecho. La Depresión de 1929 se superó y resolvió con buena nota estimulando la economía y con una muy notable intervención estatal. El Estado tanto aportaba dinero para relanzar la actividad económica como la regulaba y controlaba la economía. Y el mundo (occidental, sobre todo) volvió a funcionar. Tenemos las pruebas.

Hecho. En la UE, algunos mandatarios empiezan a poner en cuestión tanta austeridad y ajuste fiscal (Van Rampuy, Mario Monti…) y osan pedir tímidamente estímulos para recuperar la actividad económica. Salvo Rajoy I de España, además de la Merkel, claro.

En el Reino de España, un hecho innegable e incontrovertible es que el paro está desbocado, aumenta sin control y ninguna presunta medida adoptada contiene esa sangría. Ni la funesta reforma laboral (todo lo contrario), ni los grandes recortes sociales han conseguido otra cosa que empeorar el panorama. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), en el primer trimestre de 2012 en España hay 5.639.500 parados. Es un 24,44% de población activa, la cuarta parte. Y el país en recesión, sin vislumbrar el final del túnel.

Pero Rajoy, erre que erre. Austeridad. Más que nadie.
La austeridad nos ha llevado y nos lleva al desastre. La cerrazón de este gobierno a otra política que no sea recortar y recortar le resta legitimidad. Pierde legitimidad porque  ellos son los representantes, no los dueños. Los dueños de la soberanía somos nosotros, ciudadanos y ciudadanas. Pero esa verdad incontestable se la pasan por el forro.

Si son ilegítimos, ya no tenemos porque obedecerlos. Votar cada cuatro años no es entregar un cheque firmado en blanco. No en democracia de verdad.

En Islandia la ciudadanía dejó que los bancos cayeran y han metido en la cárcel a algún responsable de la crisis económico o político que otro, se han pasado por el arco de triunfo la política de austeridad dominante y no les va tan mal.  Habrá que tomar buena nota.

Mandan los hechos.

Una especulación criminal

Según un informe de Lehman Brothers, la inversión especulativa en alimentos ha pasado de 13.000 millones de dólares en 2003 a 260.000 millones en 2008. La crisis de alimentos de ese año fue provocada, sin la menor duda, por el especulativo y salvaje aumento del precio de alimentos básicos, no por malas cosechas ni porque indios y chinos consumieran más alimentos que antes. Trigo o maíz subieron de media un 25%, hubo revueltas en cuarenta países y más de 130 millones de personas pasaron a engrosar la legión de hambrientos. En 2007 se había logrado reducir los  desnutridos del mundo a 850 millones, pero gracias a la especulación alimentaria ya son 1.100 millones.

El precio de los alimentos se marca con los llamados contratos de futuro, que se compran y venden durante un tiempo decenas de veces, especulando con la subida y bajada del precio. Aunque nadie busca en realidad comprar esos alimentos, solo especular, denuncia Veterinarios sin Fronteras. Por otra parte, multinacionales de alimentación como Bunge, Dupont, Cargill, ADM o Syngenta controlan más del 70% de la oferta de cereales y marcan los precios que les convienen para obtener miles de millones de beneficios. Mientras Goldman Sachs, JP Morgan, Bank of America, Santander, BBVA, Deutsche Bank… especulan con el precio de los alimentos y presentan esa inversión especulativa como sector seguro y rentable.

Pero hablamos de un derecho humano indiscutible: el derecho a la vida, a una existencia digna. Y pobreza y hambre no permiten vivir con dignidad. Por eso Jean Ziegler, vicepresidente del Consejo Asesor del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, denuncia que “es un despropósito que el precio de los alimentos sea fijado por la Bolsa. Deben ser retirados de la especulación”.

Ziegler insiste en que “los alimentos han de ser declarados bien público y su precio fijado por negociaciones entre países productores y países consumidores. El sistema para poder hacerlo lo elaboró la UNCTD (Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), pero las grandes corporaciones multinacionales han logrado descartarlo”.

Según denuncia el “Movimiento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra” (MST) de Brasil y la internacional Vía Campesina, las causas de la subida del precio de los alimentos son el control oligopólico que unas pocas empresas mantienen sobre el comercio mundial de trigo, maíz, arroz,  soja, leche…, más la especulación de grandes inversores en las bolsas de productos agrícolas. Más la pura especulación financiera, porque los bancos invierten en alimentos, más seguros que las acciones. Más las privatizaciones de los servicios públicos para la agricultura, puestos bajo el control de las empresas multinacionales. Más la obsena postura de la Organización Mundial del Comercio que transformó los alimentos en mera mercancía…

Ziegler denuncia que “son las estructuras del orden criminal del mundo las que fabrican la masacre cotidiana del hambre. Estructuras criminales como la exportación de productos a precio mucho más bajo que en el propio país, tal como hace la Unión Europea, que exporta productos agrícolas a África a precios muy bajos y destruye la agricultura africana. Y también es una estructura criminal la especulación bursátil de los grandes hedge funds (los fondos buitre) con el arroz, trigo, maíz y mijo, los alimentos básicos del mundo”.

Para Heiner Flassbeck, economista jefe en la UNCTD, la actual subida acelerada de precios de los alimentos es tan peligrosa como la de 2008. Y la causa principal continúa siendo la misma: la especulación: “Los mercados de materias primas agrícolas no pueden encontrar ya precios adecuados, porque han sido pervertidos por los aventureros financieros”, afirma Flassbeck, convencido de que la comunidad internacional debe intervenir para eliminar las burbujas de materias primas alimenticias antes de que sea demasiado tarde.

Como decía Gandhi, “el hambre es un insulto; humilla, deshumaniza, destruye el cuerpo y el espíritu; es la forma más asesina que existe”. Y Juan Torres remacha que “la pobreza no es una desgracia ni el hambre, un desastre natural. Pobreza y hambre son una infamia, un verdadero crimen organizado”. Por eso, si nuestro mundo no hubiera retrocedido en democracia y justicia en los últimos veinte años de imposición del neoliberalismo, los especuladores de alimentos y sus cómplices estarían en la cárcel, convenientemente procesados, juzgados y condenados.

A los neoliberales ni agua

Hace un tiempo, quienes ostentaban el poder político dado por los ciudadanos, sin consultarlos ni encomendarse a dios o diablo alguno, convirtieron lo que era de todos en propiedad de pocos. Energía, carburantes, telecomunicaciones, transportes, a veces sanidad y educación fueron “liberalizados”. Denominando inadecuadamente liberalizar a lo que solo es privatizar: poner lo de todos (lo público) en manos privadas. Dijeron que lo hacían para conseguir precios bajos y más calidad de servicios. Pero, ¡oh, cielos!, ocurrió al revés. Eso fue antes de la crisis.

Y llegó la crisis. Quienes ostentaban poder político dieron entonces muchísimo dinero (de todos) a quienes la habían provocado. Para evitar que la economía se desestabilizara, dijeron. Pero se desestabilizó.

Entonces todos tuvieron miedo y prometieron que cambiarían y que pondrían reglas para que nunca volviera a pasar. Pero lo olvidaron y continuaron como siempre. Fue cuando quienes se habían quedado con el pastel privatizado, habían provocado la crisis, habían aceptado dinero de todos y no habían cambiado, descubrieron que podían hacer un negocio redondo con la considerable deuda que los estados habían contraído para ayudarles. Y eso hicieron.

Entonces los gobiernos de los estados fueron tan tontos que lo permitieron. Y además cedieron y tragaron sus insolentes reformas, porque quienes causaron la crisis habían visto también que con esas reformas aún ganarían más. Y es que nunca tienen bastante.

Pero nadie les frena ni les fuerza a cambiar. Ahora han descubierto que también el desempleo les favorece. Así consiguen que el trabajo sea incierto, los contratos laborales temporales y precarios, que despedir sea muy fácil… Porque la gente se acobarda y traga condiciones, como reducir su derecho a la salud, a la seguridad social, a la educación… que hace treinta años, con solo mentarlas, hubieran provocado un estallido.

¿Les cuento una historia sorprendente? La empresa Nissan en Cataluña y Fiat en Italia han logrado que sus trabajadores se congelen el sueldo. A cambio, ellos fabricarán no recuerdo qué modelo de automóvil. Y las portadas de casi todos los medios informativos (o persuasión) han aplaudido con fervor la medida como algo estupendo. Algunos apuntan incluso que ése es el camino contra el desempleo. Así las cosas, las empresas podrán hacer lo que les venga en gana, porque siempre podrán recurrir al chantaje. Y los asalariados cada vez con menos derechos.

Además, las empresas (sobre todo grandes) y la banca tendrán aún menos impuestos. Y, para equilibrar las cuentas se despide en masa a empleados públicos, se congelan sueldos, se aprueban recortes en medio ambiente, educación, atención sanitaria, cultura, políticas sociales…

¿Qué harán ciudadanos y ciudadanas, trabajadores y trabajadoras? Por supuesto resistir, manifestarse y practicar la desobediencia civil. Pero también pararse a pensar cuando tengan en sus manos una papeleta electoral. ¿Votarán los ciudadanos a quienes les privan de sus derechos en nombre de un crecimiento futuro? Hoy podemos informarnos de quién es quién en política, qué dice y qué hace en realidad. Está Internet y un abundante panorama de asociaciones y entidades ciudadanas con suficiente información para saber lo que se nos viene encima y cómo.

No nos dejemos engañar cuando digan que esas reformas son el único camino posible. Falso. Son ataques a nuestros derechos. Los países llamados emergentes, tan de moda hoy, sortean la crisis y no están agobiados por la deuda, porque se han pasado por el forro los dogmas del capitalismo neoliberal, expresados en el llamado “Consenso de Washington”.

Que no pase como en Reino Unido. Una encuesta indica que hoy no ganarían los conservadores. Tras siete meses de gobierno tory, a muchos ciudadanos se les caído la venda al sufrir recortes sociales y ataques a sus derechos en nombre de la estabilidad fiscal. Y no es que uno abogue por eso por los laboristas, también neoliberales de hecho. El referente por pasiva es, paradójicamente, la política neoliberal: si un partido comulga con el neoliberalismo, ni agua.

Ante la crisis, más políticas sociales y más Estado es la propuesta de la Comisión Económica para América Latina de Naciones Unidas. Y para el resto del mundo, ya puestos. Porque la mejor referencia para saber si un partido conviene es saber si comulga con esa propuesta o con la contraria. Más estado y políticas sociales significa respeto de los derechos humanos de la ciudadanía. Lo contrario, la política neoliberal de recortes y pretendidas reformas laborales y de pensiones son ataques a los derechos de la mayoría.

Téngalo en cuenta a la hora de votar. Por su propio bien.

El regreso de los sicarios económicos

Hace seis años, el estadounidense John Perkins escribió Confesiones de un sicario económico. Él lo fue. Un sicario es un asesino a sueldo. Los ‘sicarios económicos’ perpetraban delitos económicos, crímenes que transgredían leyes y los principios de mercado y competencia, que tanto dicen venerar los neoliberales. Los sicarios económicos de antaño alteraron las situaciones económicas de países ricos en recursos naturales y los hicieran fluir torticeramente hacia corporaciones y bancos estadounidenses. Tal conducta delictiva fue perpetrada “utilizando sobre todo la manipulación económica, la estafa, la intoxicación informativa y el fraude”, confiesa Perkins.

Hoy los medios utilizados parecen diferentes y los actuales sicarios económicos no sirven sólo a la clase privilegiada estadounidense sino a la clase privilegiada global: unos escasos millones contra 6.500 millones de ciudadanos.

Quienes perpetran hoy los crímenes económicos son más heterogéneos. Esos nuevos sicarios son políticos profesionales, están en periódicos y televisiones, en agencias de calificación, en bancos centrales, ministerios económicos, consejos directivos de bancos, comités directivos de grandes empresas y dirección de poderosas corporaciones…

La mayoría de sicarios económicos (que son parte de la minoría privilegiada y están a su servicio) utilizan prioritariamente la desinformación, la ocultación y, sobre todo, el miedo.  En eso coinciden con los sicarios económicos precursores. Con el miedo, el rumor y la falsedad los nuevos sicarios económicos logran grandes beneficios para pocos. Han hecho suya aquella letra de la canción: “guarda ese miedo que lo vela todo”. Miedo y engaño. Por ejemplo, las ruinosas hipotecas basura hicieron ganar mucho dinero a los directivos de la banca Goldman Sachs, precisamente porque fueron un fracaso financiero. ¿Qué sistema económico es éste que permite obtener ingentes beneficios con el fracaso y la mentira?

El profesor Juan Torres nos ha contado la película protagonizada por los nuevos sicarios económicos. Fue así: Los bancos privados pudieron emitir deuda (una forma de crear dinero). Por cierto, en las últimas décadas, la banca emitió más deuda que nunca. Pero no para financiar la economía real: para comprar y vender deuda; para especular con la deuda. Nada que ver con financiar la creación de productos y servicios. Nada que ver con la economía real.

No satisfecha, la banca inventó nuevos modos de vender la deuda por medio de la denominada ingeniería financiera o contabilidad imaginativa. Y difundió su basura por todo el mundo, aunque sabían que los nuevos productos especulativos de deuda no tenían la menor garantía. Y, como nadie controlaba nada ni ponía freno alguno, la banca hizo crecer y crecer la bola de nieve. Y los riesgos eran cada vez mayores. Al mismo tiempo, la banca ocultaba todo con la imprescindible complicidad de las agencias de calificación. Así engañaron al mundo simulando que toda esa basura financiera era rentable. Pero sabían que no era así. Los nuevos sicarios económicos crearon e hicieron crecer la enorme bola de nieve de la deuda. Pero detrás sólo había humo y aire.

Y al final, estalló.

Y en ésas estamos sin poder avanzar ni un paso para salir del lodazal. Ahora la nueva forma que toma la crisis es agitar el fantasma de la deuda pública y la falta de liquidez de muchos bancos. ¿Y qué respuesta se da desde la zona oscura de los sicarios económicos? Recortes públicos y sociales más una fe histérica en reducir el déficit público. La muy neoliberal Comisión Europea, por ejemplo, abrirá el fondo de emergencia de ayuda al euro (750.000 millones de euros, que son casi un millón de millones de dólares) para que cualquier país de la Unión Europea pueda recapitalizar sus bancos. Más de lo mismo. Más ayuda para los bancos, para la minoría privilegiada.

Por cierto, el Nobel de economía Stigtliz dijo hace unas semanas que si con los muchos billones de dólares y euros con los que los gobiernos han rescatado bancos se hubiera reinstaurado una banca pública, ya estaríamos saliendo de la crisis.

En fin, según el diccionario de la lengua española, estafar es “provocar un perjuicio patrimonial a alguien mediante engaño con ánimo de lucro para conseguir dinero con artificios con ánimo de no pagar”. ¿Está claro? En el Código penal español, por ejemplo, la estafa se castiga con penas de prisión de cuatro a ocho años y en otros es similar ¿Para cuándo la utilización del derecho penal como medio imprescindible contra los sicarios económicos para salir de la crisis?

Los mismos perros con diferentes collares

El llamado G-20 se reunió en Busán (Corea del Sur) y se reunirá de nuevo a finales de junio en Toronto. Ese G-20 nació hace once años, no se sabe muy bien para qué, pero parece que ahora ha descubierto su “vocación”; enfrentar la crisis. Pero en realidad no va por ahí; se dedica a tirar pelotas fuera.Y quizás a jorobar aún más.

En Busán acordaron lo que no van a hacer. No impondrán una tasa a la banca. Trichet, presidente del Banco Central Europeo, dice que no hay que imponer tasas al sector financiero, porque tirará de la recuperación dando créditos. ¡Qué buen chiste! Pero todo el G-20 en Toronto insistirá en reducir el déficit público. A costa de la mayoría, por supuesto.

Tras Grecia, España e Italia, Alemania y Reino Unido también han sacado la tijera y anuncian medidas “dolorosas” para reducir el déficit público. Recortes a mansalva. Pero no se ha oído a Angela Merkel ni a David Cameron que vayan a meter mano en el gasto militar, por ejemplo.

El eje de esa cumbre de Toronto será hacer compatibles los recortes de presupuestos y rebajas sociales con el crecimiento económico. La cuadratura del círculo. Pero antes de reunirse ya están todos de acuerdo en no imponer el menor control ni tasa al sector financiero.

A fines de abril, el G20 pedía mantener el apoyo fiscal (lo contrario de los recortes) “hasta que la recuperación esté firmemente impulsada por el sector privado y se hayan echado más raíces”. Pero ahora dice a los gobiernos que apliquen “medidas fiscales creíbles”; eufemismo para maquillar los recortes sociales en los presupuestos públicos. Y, por supuesto, esos ajustes, acompañados de “reformas estructurales”. Más de lo mismo. El G-20 sólo aburriría (incluso a las ovejas) si no fuera porque la crisis la pagan y sufren millones y millones de ciudadanos. Y aún lo pagarán y sufrirán más con los recortes programados por los que se piropean unos a otros por ser capaces de tomar medidas “valientes”.

No son valientes porque los ciudadanos hoy somos inofensivos. Serían valientes si se enfrentaran a los banqueros, y a los especuladores, que han causado la crisis e impiden salir de ella. Pero no es ni será así porque, como denuncia Marshall Auerback, codirector del Center for Economic and Policy Research: “Las autoridades de la Unión Europea y los banqueros están de acuerdo en que el equilibrio de las contabilidades nacionales caiga sobre las espaldas de los trabajadores.

Da igual que el Nobel Stiglitz asegure que “la política seguida ahora en Europa de imponer una austeridad extrema es errónea. Porque llevará a una economía más débil con menores ingresos fiscales y la reducción de los déficits será mucho menor que la buscada. Medidas así ya fracasaron en Argentina”.

Y también da igual que otro Nobel de economía, Krugman, planteé que “hemos de preocuparnos por la deuda, pero reducir el gasto público, cuando la economía está aún profundamente deprimida, es costoso e ineficaz para reducir la deuda”. Y para que no haya duda, Krugman explica que un recorte del gasto de un 1% del PIB aumenta la tasa de desempleo un 0,75% (comparando con lo que ocurriría si se mantuviera el gasto), pero sólo reduce la deuda menos de un 0,5% del PIB.

Con la que está cayendo, nos inclinamos por compartir el lúcido diagnóstico de la ciudadana Aniria García en una carta al director de un diario español: “La economía europea vive una auténtica cadena de actos terroristas que la hacen tambalear. No son terroristas al uso sino especuladores de traje y corbata con estudios financieros, que lanzan bulos [sobre la deuda] por doquier, se enriquecen escandalosamente y ponen en peligro la estabilidad de Estados de la Unión Europea. Estamos en manos de una pandilla de especuladores sin escrúpulos que en este río revuelto se hacen de oro”.

No nos resistimos a completar el juicio de esa ciudadana asegurando que unos y otros (banqueros, especuladores, directivos de entidades económicas nacionales e internacionales, mandatarios…) son los mismos perros, pero con diferentes collares. Por tanto, no esperemos prácticamente nada de nuestros gobernantes y diputados. Unos representantes políticos que no dejan de traicionar los intereses de sus representados, aunque haya honrosas (y lamentablemente minoritarias) excepciones.

Aunque parezca locura (que no lo es), sólo podemos confiar en nosotros mismos, los ciudadanos. La inmensa mayoría.