El regreso de los sicarios económicos

Hace seis años, el estadounidense John Perkins escribió Confesiones de un sicario económico. Él lo fue. Un sicario es un asesino a sueldo. Los ‘sicarios económicos’ perpetraban delitos económicos, crímenes que transgredían leyes y los principios de mercado y competencia, que tanto dicen venerar los neoliberales. Los sicarios económicos de antaño alteraron las situaciones económicas de países ricos en recursos naturales y los hicieran fluir torticeramente hacia corporaciones y bancos estadounidenses. Tal conducta delictiva fue perpetrada “utilizando sobre todo la manipulación económica, la estafa, la intoxicación informativa y el fraude”, confiesa Perkins.

Hoy los medios utilizados parecen diferentes y los actuales sicarios económicos no sirven sólo a la clase privilegiada estadounidense sino a la clase privilegiada global: unos escasos millones contra 6.500 millones de ciudadanos.

Quienes perpetran hoy los crímenes económicos son más heterogéneos. Esos nuevos sicarios son políticos profesionales, están en periódicos y televisiones, en agencias de calificación, en bancos centrales, ministerios económicos, consejos directivos de bancos, comités directivos de grandes empresas y dirección de poderosas corporaciones…

La mayoría de sicarios económicos (que son parte de la minoría privilegiada y están a su servicio) utilizan prioritariamente la desinformación, la ocultación y, sobre todo, el miedo.  En eso coinciden con los sicarios económicos precursores. Con el miedo, el rumor y la falsedad los nuevos sicarios económicos logran grandes beneficios para pocos. Han hecho suya aquella letra de la canción: “guarda ese miedo que lo vela todo”. Miedo y engaño. Por ejemplo, las ruinosas hipotecas basura hicieron ganar mucho dinero a los directivos de la banca Goldman Sachs, precisamente porque fueron un fracaso financiero. ¿Qué sistema económico es éste que permite obtener ingentes beneficios con el fracaso y la mentira?

El profesor Juan Torres nos ha contado la película protagonizada por los nuevos sicarios económicos. Fue así: Los bancos privados pudieron emitir deuda (una forma de crear dinero). Por cierto, en las últimas décadas, la banca emitió más deuda que nunca. Pero no para financiar la economía real: para comprar y vender deuda; para especular con la deuda. Nada que ver con financiar la creación de productos y servicios. Nada que ver con la economía real.

No satisfecha, la banca inventó nuevos modos de vender la deuda por medio de la denominada ingeniería financiera o contabilidad imaginativa. Y difundió su basura por todo el mundo, aunque sabían que los nuevos productos especulativos de deuda no tenían la menor garantía. Y, como nadie controlaba nada ni ponía freno alguno, la banca hizo crecer y crecer la bola de nieve. Y los riesgos eran cada vez mayores. Al mismo tiempo, la banca ocultaba todo con la imprescindible complicidad de las agencias de calificación. Así engañaron al mundo simulando que toda esa basura financiera era rentable. Pero sabían que no era así. Los nuevos sicarios económicos crearon e hicieron crecer la enorme bola de nieve de la deuda. Pero detrás sólo había humo y aire.

Y al final, estalló.

Y en ésas estamos sin poder avanzar ni un paso para salir del lodazal. Ahora la nueva forma que toma la crisis es agitar el fantasma de la deuda pública y la falta de liquidez de muchos bancos. ¿Y qué respuesta se da desde la zona oscura de los sicarios económicos? Recortes públicos y sociales más una fe histérica en reducir el déficit público. La muy neoliberal Comisión Europea, por ejemplo, abrirá el fondo de emergencia de ayuda al euro (750.000 millones de euros, que son casi un millón de millones de dólares) para que cualquier país de la Unión Europea pueda recapitalizar sus bancos. Más de lo mismo. Más ayuda para los bancos, para la minoría privilegiada.

Por cierto, el Nobel de economía Stigtliz dijo hace unas semanas que si con los muchos billones de dólares y euros con los que los gobiernos han rescatado bancos se hubiera reinstaurado una banca pública, ya estaríamos saliendo de la crisis.

En fin, según el diccionario de la lengua española, estafar es “provocar un perjuicio patrimonial a alguien mediante engaño con ánimo de lucro para conseguir dinero con artificios con ánimo de no pagar”. ¿Está claro? En el Código penal español, por ejemplo, la estafa se castiga con penas de prisión de cuatro a ocho años y en otros es similar ¿Para cuándo la utilización del derecho penal como medio imprescindible contra los sicarios económicos para salir de la crisis?

Los mismos perros con diferentes collares

El llamado G-20 se reunió en Busán (Corea del Sur) y se reunirá de nuevo a finales de junio en Toronto. Ese G-20 nació hace once años, no se sabe muy bien para qué, pero parece que ahora ha descubierto su “vocación”; enfrentar la crisis. Pero en realidad no va por ahí; se dedica a tirar pelotas fuera.Y quizás a jorobar aún más.

En Busán acordaron lo que no van a hacer. No impondrán una tasa a la banca. Trichet, presidente del Banco Central Europeo, dice que no hay que imponer tasas al sector financiero, porque tirará de la recuperación dando créditos. ¡Qué buen chiste! Pero todo el G-20 en Toronto insistirá en reducir el déficit público. A costa de la mayoría, por supuesto.

Tras Grecia, España e Italia, Alemania y Reino Unido también han sacado la tijera y anuncian medidas “dolorosas” para reducir el déficit público. Recortes a mansalva. Pero no se ha oído a Angela Merkel ni a David Cameron que vayan a meter mano en el gasto militar, por ejemplo.

El eje de esa cumbre de Toronto será hacer compatibles los recortes de presupuestos y rebajas sociales con el crecimiento económico. La cuadratura del círculo. Pero antes de reunirse ya están todos de acuerdo en no imponer el menor control ni tasa al sector financiero.

A fines de abril, el G20 pedía mantener el apoyo fiscal (lo contrario de los recortes) “hasta que la recuperación esté firmemente impulsada por el sector privado y se hayan echado más raíces”. Pero ahora dice a los gobiernos que apliquen “medidas fiscales creíbles”; eufemismo para maquillar los recortes sociales en los presupuestos públicos. Y, por supuesto, esos ajustes, acompañados de “reformas estructurales”. Más de lo mismo. El G-20 sólo aburriría (incluso a las ovejas) si no fuera porque la crisis la pagan y sufren millones y millones de ciudadanos. Y aún lo pagarán y sufrirán más con los recortes programados por los que se piropean unos a otros por ser capaces de tomar medidas “valientes”.

No son valientes porque los ciudadanos hoy somos inofensivos. Serían valientes si se enfrentaran a los banqueros, y a los especuladores, que han causado la crisis e impiden salir de ella. Pero no es ni será así porque, como denuncia Marshall Auerback, codirector del Center for Economic and Policy Research: “Las autoridades de la Unión Europea y los banqueros están de acuerdo en que el equilibrio de las contabilidades nacionales caiga sobre las espaldas de los trabajadores.

Da igual que el Nobel Stiglitz asegure que “la política seguida ahora en Europa de imponer una austeridad extrema es errónea. Porque llevará a una economía más débil con menores ingresos fiscales y la reducción de los déficits será mucho menor que la buscada. Medidas así ya fracasaron en Argentina”.

Y también da igual que otro Nobel de economía, Krugman, planteé que “hemos de preocuparnos por la deuda, pero reducir el gasto público, cuando la economía está aún profundamente deprimida, es costoso e ineficaz para reducir la deuda”. Y para que no haya duda, Krugman explica que un recorte del gasto de un 1% del PIB aumenta la tasa de desempleo un 0,75% (comparando con lo que ocurriría si se mantuviera el gasto), pero sólo reduce la deuda menos de un 0,5% del PIB.

Con la que está cayendo, nos inclinamos por compartir el lúcido diagnóstico de la ciudadana Aniria García en una carta al director de un diario español: “La economía europea vive una auténtica cadena de actos terroristas que la hacen tambalear. No son terroristas al uso sino especuladores de traje y corbata con estudios financieros, que lanzan bulos [sobre la deuda] por doquier, se enriquecen escandalosamente y ponen en peligro la estabilidad de Estados de la Unión Europea. Estamos en manos de una pandilla de especuladores sin escrúpulos que en este río revuelto se hacen de oro”.

No nos resistimos a completar el juicio de esa ciudadana asegurando que unos y otros (banqueros, especuladores, directivos de entidades económicas nacionales e internacionales, mandatarios…) son los mismos perros, pero con diferentes collares. Por tanto, no esperemos prácticamente nada de nuestros gobernantes y diputados. Unos representantes políticos que no dejan de traicionar los intereses de sus representados, aunque haya honrosas (y lamentablemente minoritarias) excepciones.

Aunque parezca locura (que no lo es), sólo podemos confiar en nosotros mismos, los ciudadanos. La inmensa mayoría.