Primacía de derechos humanos contra la deuda

Passos Coelho, conservador portugués recién elegido que será primer ministro, ha dicho que habrá ajustes y recortes sociales drásticos “para que Portugal recupere la confianza de los mercados”. Así ahorrarán dinero público y pagarán la deuda. Dice.

Por su parte, la Comisión Europea, Banco Central Europeo y jefes de estado y gobierno de la Unión han perpetrado el Pacto por el Euro para hacer frente a la deuda de Europa (con planes de recortes sociales) y aumentar la competitividad (rebajando salarios).

Y en España, castigada por atroz desempleo, el neoliberal Mariano Rajoy (posible próximo presidente de gobierno) ha amenazado con que “tendremos el estado de bienestar que podamos permitirnos, que se ajuste a nuestras posibilidades”.

Reducir el “estado de bienestar” está en boca de todos. Y nadie se rasga las vestiduras. Lógico, porque “estado de bienestar es el sistema social en el que se procura compensar las deficiencias e injusticias de la economía de mercado con redistribuciones de renta y prestaciones sociales a los menos favorecidos”.

Se puede reducir o recortar la vida holgada, que es el bienestar, pero no parece exigible. Y si no se compensan las deficiencias que causa la economía de mercado, no pasa nada, porque solo hay que “procurarlo”. En política, las palabras nunca son inocentes, gratuitas ni imprevistas. La vida holgada se puede recortar sin que nadie se escandalice y “procurar compensar” no obliga, solo se intenta.

Pero el respeto de los derechos humanos es otra cosa. Y, digan lo que digan políticos y voceros de la dictadura financiera, esos derechos son irrenunciables.

El artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Todos sin excepción. Y podemos recordar que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios (artículo 25, Declaración Universal de Derechos Humanos)”. O que “toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social (artículo 23)”.

¿Qué parte no entienden los neoliberales dirigentes de la Unión Europea, del Banco Central Europeo, del FMI y entidades similares?

Dirán que son principios. Por supuesto. No derecho positivo, pretenderán. Falso, porque también lo son y ahí esta la legislación internacional sobre derechos económicos y sociales. Que obliga. Pero hablamos de legitimidad y no hay mayor legitimidad que la que otorga la declaración de los derechos humanos. Nuestra legitimidad como ciudadanos es la ilegitimidad de los políticos que han traicionado a la ciudadanía que representan poniéndose al servicio del poder financiero y de las corporaciones empresariales.

Como ha recordado Juan Torres, “la causa del incremento brutal de la deuda en Europa ha sido la reducción de rentas salariales y de la recaudación de impuestos en los últimos años. La lucha contra la deuda en realidad es contra la deuda destinada a bienes y servicios públicos para la población de ingresos más bajos. El Pacto del Euro es un pacto contra los ciudadanos”.

Y Vicenç Navarro remacha que “los impuestos que pagan los ricos han descendido considerablemente en los últimos 30 años. Los ricos son más ricos y la reducción de ingresos de los estados ha hecho que se endeudaran, pidiendo préstamos a los bancos donde los ricos invierten su dinero. Los ricos, en vez de pagar impuestos, prestan al Estado el dinero ahorrado por no pagarlos y hacen negocio. Perfecto para ricos y bancos”.

Además, los países europeos muy endeudados ya no se librarán permitiendo la inflación, devaluando su divisa (que no pueden) o ahorrando, como han argumentado Stephen Mihmy Nouriel Roubini. Los planes de rescate fracasarán. Hay que reestructurar y reducir las deudas de esos países. Incluso Ángela Merkel lo ha comprendido.

Pero, sobre todo, hay que poner los derechos humanos por encima de todas las cuestiones. Como proclaman en Amnistía internacional: “Nada por encima de los derechos humanos”. Aunque parezca ingenuo. O no hay salida.

El algodón no engaña

Los medios de persuasión (más que informativos) y los voceros de la minoría privilegiada pretenden que cale la falaz idea de que la única respuesta posible a la crisis son recortes y “reformas estructurales”, es decir, retrocesos en derechos. Curiosamente, ninguna medida propuesta afecta ni de lejos a intereses de la banca o grandes empresas, responsables del lodazal en el que estamos.  La excusa es que ellos “crean riqueza”. Si es cierto, crean riqueza, pero sólo para ellos. Y las medidas propuestas no los tocan aunque la salida más eficaz contra la crisis es precisamente tocar los intereses de banca, grandes empresas y minoría escandalosamente rica. Ya se han apropiado de demasiado.

El profesor Vicenç Navarro recuerda que la reducción del déficit público (actual caballo de batalla de la crisis) se consigue cómodamente subiendo los impuestos a quienes se han beneficiado de las reducciones de impuestos de los últimos años. Los más ricos. El propio FMI (nada sospechoso de izquierdismo) ha señalado que esas rebajas de impuestos son causa del 40% del maldito déficit en la mayoría de países desarrollados.

Tomando a España como ejemplo, si se recuperaran esos impuestos, este país ingresaría 22.000 millones de euros más anualmente. Recuperación de impuestos que sólo afectaría apenas al 4% de contribuyentes e incluso menos. Según el sindicato de técnicos tributarios del Ministerio de Hacienda español (Gestha), con medidas posibles, creíbles e inmediatas se puede hacer emerger una parte de la economía sumergida (la que no paga impuesto alguno) correspondiente a un 5% del PIB. Significaría 13.000 millones más para el erario público. En total, 35.000 millones de euros de ingresos por impuestos, más del doble de lo que el Gobierno español conseguirá con recortes y congelaciones que suponen claros ataques contra los derechos de los ciudadanos. Y eso sin hablar de medidas más eficaces contra el fraude fiscal, que haberlo lo hay y mucho.

Carlos Martínez, presidente de ATTAC-España, recuerda que las clases trabajadoras europeas sufrirán este año más recortes y más empobrecimiento, pero también que hay medidas más justas y eficaces contra la crisis. Impuesto a la especulación financiera (tasa Tobin), impuestos progresivos que redistribuyan la riqueza, ampliar el sector público (servicios sociales, salud y enseñanza), economía verde (producir energías no contaminantes), potenciar empresas familiares, promover cooperativas… Resolverían la crisis. Pero quienes tienen demasiado no están dispuestos a permitirlo.

Por tanto, los verdaderos enemigos de la ciudadanía, remacha Martínez, son los especuladores financieros, los grandes banqueros privados que cortan el crédito y obligan a los gobiernos a rescatarlos, los belicistas, los vendedores de armas, los ricos que amplían su fortuna con los Paraísos Fiscales y la delincuencia financiero-fiscal… Al tiempo que se enriquecen obscenamente, hunden a la inmensa mayoría ciudadana.

Ante esta crisis hay que ser radical, adjetivo que solo la mala fe o la ignorancia confunden con la opción por la violencia. ¿Qué significa de verdad ser radical? Ir a la raíz de los problemas. Para no dejarse engañar por cantos de sirena ni tampoco hipnotizar por luces de colores.

El profesor Juan Torres ha escrito en su web que ya tenemos tarea para este año: difundir escritos, informes y discursos (como el del profesor Arcadi Oliveres sobre inmigración) que cuentan la verdad de la crisis. Hay que difundir por todas partes qué ocurre con pelos y señales. Si no lo hacemos, seguirá ocurriendo lo mismo porque no dispondremos de información para saber cómo y qué responder. Por tanto, la primera respuesta ciudadana es informarnos e informar. Tenemos la Red y la inteligencia para hacerlo. Sin perder jamás de vista el cedazo de los derechos humanos de todos. Para que no nos engañen ni aturrullen.

Recuerdo un anuncio de televisión en el que un mayordomo de estilo inglés mostraba la eficacia de cierto detergente limpia-hogar. Pasaba un algodón por una pared limpiada con tal detergente, mostraba el algodón impoluto y sentenciaba: el algodón no engaña. El detergente era tan eficaz que el algodón no recogía ni una brizna de suciedad. Pues bien, nuestra “prueba del algodón” es el respeto de los derechos humanos.

¿Medidas y políticas contra la crisis respetan el derecho humano al sustento, a protección social, a mantener a la familia, a vivienda adecuada, en suma a vivir con dignidad? Vamos bien. En cuanto oigan o lean que hay que hacer sacrificios hoy para ir bien mañana, que no se puede hacer una tortilla sin romper  huevos… están violando sus derechos.

Hay más derechos humanos que los derechos cívicos. Tan irrenunciables como éstos.

La lucha contra la pobreza es una cuestión de derechos humanos

Según el llamado ‘efecto mariposa’, si ese lepidóptero aletea en Brasil, puede haber un terremoto en China. No es que ocurra tal cosa; se refiere a que todo está interconectado. No sólo en ciencias físicas sino en la vida y entre los seres humanos. No caben Robinsones Crusoe, salvo en literatura, e incluso el Crusoe de ficción necesito a Viernes porque no soportaba el aislamiento. Más allá de la ficción, las situaciones y hechos humanos están interconectados. Einstein diría que la materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Que todo tiene relación. Y en lo socio económico, más. Nada se da o desaparece porque sí. Veamos algunos casos.

Hay una destrucción incesante de empleo hasta el punto de que la buena noticia es que la velocidad de destrucción de puestos de trabajo es algo menor. Y en dos años de crisis, los hambrientos han aumentado de menos de novecientos millones de personas a mil cien.

En las Islas Caimán hay un edificio que alberga a 12.000 empresas. Obama denunció que es el mayor edificio del mundo o una estafa fiscal colosal. Naturalmente lo cierto es lo segundo. Y, sin embargo, Adam Smith, uno de los padres del capitalismo escribió en el siglo XVIII que “todo los ciudadanos deben contribuir al sostenimiento del Estado en proporción a sus ingresos”.

Parece que esta regla se convirtió en el siglo XX en esta otra: “Todo el mundo debe contribuir al sostenimiento del Estado en proporción a sus ingresos… salvo que puedan esconder su dinero en un paraíso fiscal”.

¿Alguien cree en serio que la existencia de los paraísos fiscales no tiene nada que ver con la pobreza y la desigualdad?

Ahora dicen que los paraísos fiscales dejarán de serlo. Que EEUU y estados de la Unión Europea han firmado cien acuerdos de intercambio de información fiscal con paraísos fiscales. Que algunos estados potentes preparan acciones contra los paraísos fiscales que se resistan.

Los paraísos fiscales son una lacra, un cáncer. Pero no son el único problema grave. Un estafador tan buen conocedor de trampas y juego sucio como Madoff (quien, por cierto, se pasará un montón de años en la cárcel) asegura que los mayores secretos bancarios y casos de lavado de dinero sucio y fraude fiscal no se dan en las islas tropicales (donde están la mayoría de paraísos fiscales) sino en Wall Street, la City de Londres, Frankfurt y Tokio.

Para convencernos de que no es maquillaje ni camuflaje, y que nos creamos de verdad que los Estados y la minoría rica privilegiada quieren acabar con el secreto bancario y sus consecuencias, tenemos que ver que se firman miles de acuerdos de transparencia financiera y fiscal. Que el secreto bancario desaparezca.

En otra orilla, el Institute for Policy Srtudies (IPS), entidad radicada en Washington que investiga y publica los ingresos de ejecutivos y directivos, ha informado recientemente que los altos ejecutivos de EEUU ganan 319 veces más que el salario medio del trabajador estadounidense. Treinta años atrás, esos altos ejecutivos ganaban treinta veces el salario medio del empleado estadounidense. Si esto no es desigualdad que baje dios y lo vea. Según el IPS, esos desorbitados sueldos y gratificaciones de los altos ejecutivos y directivos propiciaron su “imprudencia”, porque lo único que les interesaba era ganar mucho dinero en poco tiempo. Y esa “imprudencia” llevó a EEUU y al mundo al borde del abismo, del cataclismo económico.

En otro lugar, veinte estados han firmado el Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos económicos, sociales y culturales de Naciones Unidas. Ahora es ley internacional y se podrá reivindicar ante la justicia el respeto de esos derechos que significan vida digna, ingresos suficientes, poder mantener a la familia, vivienda digna, cuidado de la salud, educación… Porque de justicia se trata: Dar a cada uno lo que le corresponde, lo que se le debe como persona. ¿Y qué le corresponde?Libertad, justicia y paz. Porque todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos

En los últimos años, hemos presenciado una pobreza y desigualdad obscenas, en crecimiento imparable. Y la única forma eficaz de luchar contra esa pobreza, contra esa indecente desigualdad, es una implacable reivindicación de los derechos humanos de todos. Se trata de afrontar la lucha contra la pobreza como exigencia de indiscutible respeto de los derechos humanos de todos en todas partes. Los derechos humanos otorgan libertad de elección y de acción, protegen contra las arbitrariedades de los poderosos e imponen responder ante la justicia.

Y si alguien cree que lo escrito es literatura poética o delirio, o que los derechos humanos son sólo un muestrario de buenas intenciones, mejor haría en darse de baja el género humano.