Solo el crecimiento no asegura una vida digna a la mayoría

Se publicó la sentencia del juicio del caso Gürtel con muchos años de cárcel para casi todos los encausados. Además, la sentencia condena al PP como beneficiario de la corrupción. Esa condena más el encarcelamiento del que fuera ministro de Aznar, Eduardo Zaplana, ha sido la gota que ha colmnado la copa de la paciencia de la ciudadanía. Además ha puesto en un brete a Ciudadanos que ya no puede mirar a otro lado ante una corrupción generalizada, judicialmente ratificada, como ha hecho hasta ahora. Además, ha impulsado al PSOE a presentar una moción de censura contra Rajoy. El PSOE ha hecho saber que no busca ningún pacto con Ciudadanos, tampoco con los independentista, gobernará durante un tiempo para demostar que son posibles otras políticas y convocará elecciones. Pero está por ver.

La sorprendente respuesta de Rajoy, al conocer la decisión de presentar una moción de censura contra él ha sido pasmosa. Inenarrable. Rajoy ha osado decir, sin ruborizarse ni que le temblara un párpado, que “la moción de censura del PSOE va contra la estabilidad de España y perjudica la recuperación económica”. ¡Cuanto franquismo rezuman tan inauditas palabras! Es franquismo puro porque para Rajoy (como para Franco), no hay salvación fuera del franquismo. O del Partido Popular. ¡Menuda democracia es la del PP y su cúpula!

Hechos, no discursos

Pero contra ese discurso soberbio y triunfalista se imponen los hechos. Hechos y números obligan a aterrizar en la cruda realidad. Y la realidad implacable indica que tener un trabajo fijo en el Reino de España que gobierna el Partido Popular, por ejemplo, no asegura ahuyentar la pobreza. Por ejemplo. Y no lo asegura porque un 15% de trabajadores asalariados son pobres y viven como pobres.

España tiene el dudoso honor de ser el séptimo país del mundo con mayor proporción de trabajadores pobres, según uno de los últimos informes de la OCDE, la organización que reúne los 37 estados más desarrollados del mundo. Solo tienen más asalariados pobres China (la que más), India, Costa Rica, Brasil, Turquía y México. España es el único país europeo de la OCDE entre los primeros diez países con trabajadores pobres.

También denuncia la realidad que la cacareada recuperación económica ha favorecido cuatro veces más a los ricos que a los pobres en España, según Oxfam. Y eso recuerda dos casos clásicos en los que el crecimiento en un país no significa que las cosas vayan bien para su gente. Esos casos son Brasil y México. México creció durante décadas, pero ese crecimiento no supuso la desaparición de la pobreza, ni siquiera una reducción considerable de la misma. Según Unicef, en 2008 (cuando estalló la crisis), en México había casi 51 millones de pobres de una población de 114 millones de habitantes; la mitad. Pobres a los que sus ingresos no alcanzaban ni alcanzan para atender las necesidades básicas y vivir con dignidad.

Solo el crecimiento no asegura la vida digna

El caso de Brasil es más escandaloso si cabe, pues creció año tras año durante todo el siglo XX, pero su inmensa población no lo notó y Brasil se mantuvo entre los países con más pobres de América Latina. Hasta 1999, la extrema pobreza en Brasil rondaba el 26% de población y, aunque unos 28 millones de brasileños salieron de la pobreza de 2004 a 2014 (en los primeros años de la presidencia de Lula da Silva), en 2016 unos tres millones de brasileños cayeron de nuevo por debajo del umbral de la pobreza, haciendo buena la expresión de ser Brasil un país rico lleno de pobres.

Volviendo al Reino de España, el informe Premiar el trabajo, no la riqueza, elaborado por Oxfam Intermón, indica que el 10% de personas más ricas del país posee más riqueza que el 90% restante y que solo un 1% de la población española acapara la cuarta parte de la riqueza nacional. El informe muestra a España como tercer país más desigual de toda la Unión Europea y donde más ha crecido la desigualdad desde 2007. En cuanto a la cacareada recuperación económica, de poco sirve cuando los hechos indican que el disfrute de la renta nacional se ha reducido un 17% para los más desfavorecidos, lo que se traduce en una tasa de pobreza del 22% del total de población. Sin embargo los beneficios empresariales se dispararon hasta el 200%. El informe de Oxfam expone también que en España un trabajador con salario medio debería trabajar más de 29 años para lograr el mismo ingreso que consigue en un año alguien del sector más rico y, si la comparación se hace con el salario mínimo vigente, ese trabajador debería trabajar durante 71 años para conseguir lo mismo que alguien que esté en la parte alta de la lista de personas con más ingresos en un año.

Niños, jóvenes y mujeres en la pobreza

Más hechos. Los jóvenes que consiguen un empleo cobran un salario 33% menor que el que se percibía en 2008, mientras los contratos a tiempo parcial (con sueldo muy bajo) han crecido un 54% entre la gente joven. Así no hay quien planifique un futuro. En cuanto a las mujeres con un empleo hay que señalar que siete de cada diez personas con los salarios más bajos son mujeres: un 70%. Y, para rematar un panorama que nada tiene que ver con el triunfalismo del PP, casi dos millones y medio de niños están por debajo del umbral de la pobreza en España, tercer país de la Unión Europea en pobreza infantil, según Unicef, mientras el 38% de jóvenes del país vive por debajo del umbral de la pobreza.

Para más inri y que no quepa duda sobre la verdadera situación de la economía y de la gente en España, los datos de la Agencia Tributarua muestran que son los asalariados quienes aportan más al Estado porque el 83% de recaudación fiscal proviene del IVA el IRPF y otros impuestos pagados por los trabajadores.

Como asegura el refranero castellano, obras son amores y no buenas razones. No son los discursos ni las palabras sonoras lo que vale y nos sirve, sino lo que se hace de verdad y se consigue. Lo que sorprende es que, visto y sufrido el panorama descrito, no hayan sido corridos a gorrazos (metafóricamente hablando) el PP y el gobierno que sostiene con tanta desigualdad, pobreza, corrupción y opresión. Como hay y sufrimos.

 

 

¿Quién va a la cárcel?

España es el tercer país europeo con mayor hacinamiento en sus cárceles. Lo documenta un informe de la XXX Conferencia de Ministros de Justicia del Consejo de Europa que se celebró en Estambul. Ese hacinamiento significa que hay 162 presos por 100.000 habitantes, cuando en Alemania hay 95 por 100.000, 85 en Francia y 121 en Portugal. Demasiados presos en el Reino de España. Más que en cualquier época de su historia reciente, excepto los primeros años de la dictadura franquista.

Con la crisis, aumentaron los delitos violentos en 2011. Algunos asesinatos, secuestros y atracos más que en 2010, según la memoria anual de la Fiscalía General del Estado, aunque menos que en 2009. Pero lo que llena las cárceles son los delitos de los pobres, de los de abajo y, especialmente, los relacionados de un modo u otro con el tráfico de drogas.

Una radiografía de esa delincuencia puede verse en cualquier cárcel provincial española. Cárcel de pobres, cárceles de desesperados, habitualmente en medio de la nada, donde los presos acumulan 30, 40 o 50 causas penales por hurtos, robos, lesiones, tirones, contrabando o venta de heroína, cocaína, hachís u otras drogas… En la jerga carcelaria son los gremlins. Pobres sin remedio a los que el delito no saca de la pobreza. Presos ligados a la prisión con salidas y entradas constantes. Sor Genoveva, una monja católica de 88 años, que hace casi setenta va a las cárceles de Barcelona para escuchar a los presos y ayudarlos, no tiene la menor duda: “Siempre es la gente más pobre la que está en la cárcel”. Sabe de qué habla.

Gente que paga caros sus delitos. A quien cogen contrabandeando un kilo de cocaína, le caen ocho o nueve años de cárcel. Pero, dos importantes financieros españoles, por ejemplo, condenados por el Tribunal Supremo como autores de estafa y falsedad en la venta de un solar de Madrid, no fueron a la cárcel por una discutible y discutida interpretación de la prescripción por el Tribunal Constitucional que los soltó. Aunque, como escribió quien fue teniente fiscal de Barcelona, José María Mena, “fueran efectivamente estafadores y falsarios”. Mena dice que “también merece ser recordado el beneficio de 200 millones de pesetas (120.000 euros) conseguido por Alierta (presidente de la multinacional Telefónica) por una información privilegiada bursátil de carácter reservado, que era delito, pero quedó impune al amparo de la prescripción.

No es excepción que los ricos escapen del castigo por sus delitos económicos por la discutible utilización de la prescripción; la institución jurídica que dice que pasado cierto tiempo algunos delitos ya no puedan ser juzgados. Pero, prescripción aparte, hay más delitos que hacen daño a mucha gente y perjudican mucho a la ciudadanía, aunque sus perpetradores no pisen nunca la cárcel. ¿Qué creen que es esta maldita crisis más que una acumulación de delitos de diversos pelajes financieros cuyas consecuencias paga la ciudadanía? Delitos camuflados y ocultos, perpetrados con brillante ingeniería financiera y obscena contabilidad imaginativa. Entonces, para camuflar la impunidad de facto de los delincuentes económicos y financieros, los ricos, se promete con grandes aspavientos barrer el delito de las calles (recurso utilizado por muchos gobiernos en diversos países), que solo significa cebarse en los pequeños delincuentes, en los delincuentes pobres.

Lo cierto es que, benevolentes con la evasión de impuestos y los graves delitos económicos o los protagonizados directamente por miembros de la minoría rica, los sistemas penales y penitenciarios europeos han sido y son beligerantes e intolerantes con las infracciones de las clases sociales desfavorecidas. Y, por si fuera poco, hoy en España el gobierno del Partido Popular y sus aliados pretenden convertir en delincuente a la ciudadanía que protesta pacíficamente contra un sistema económico que los esquilma y viola sus derechos. Lo quieren hacer endureciendo el Código Penal y, si se aprobara, Gandhi iría a la cárcel en España. Así están las cosas y no es como se reducirá la población penitenciaria. Pues, como escribió Josep M. Vallés, responsable que fue de las prisiones de Cataluña en el Reino de España: “Tener muchas cárceles y que estén llenas es un fracaso”.

Mientras tanto, responsables de delitos económicos y financieros, de compleja elaboración e inteligente y retorcido camuflaje jurídico que hace difíciles de descubrir tales delitos, campan a sus anchas perjudicando a la mayoría. Da igual que las consecuencias las paguen miles, cientos de miles o millones de personas.

Este sistema cada día pierde más legitimidad y está democracia se vacía más y más.

Neoliberales, gangsters y políticos

Los culpables principales de que miles de millones de personas del mundo lo pasen mal o muy mal por la crisis que no cesa, y vean sus derechos humanos pisoteados, no son en primer lugar “los políticos”. Los principales enemigos de la ciudadanía, responsables de atropellar sus derechos, son banca, corporaciones empresariales, empresas transnacionales y especuladores financieros. La minoría privilegiada. Apenas unos pocos millones contra miles de millones. Aquellos cuya única patria es ganar dinero. Aunque también “los políticos” (nuestros representantes políticos) son responsables de lo que ocurre. Lo son por omisión, dejación o complicidad evidentes. Son culpables por haber optado por defender los intereses de la reducida minoría rica y no los de la mayoría ciudadana. Son la voz de su amo en la agresión que no cesa contra la justicia, los derechos humanos y las libertades.

Y son los representantes que hemos elegido nosotros, ciudadanos y ciudadanas.

¿Por qué Berlusconi continúa al frente del más impresentable gobierno que ha tenido Italia? ¿Por qué el criptofranquista y neoliberal Partido Popular vencería en unas elecciones en España y no otras opciones progresistas (no el PSOE, precisamente)? ¿Por qué en Reino Unido gobiernan los conservadores que están desmontando lo que quedaba del estado de bienestar británico? ¿Por qué avanzan electoralmente la derecha y extrema derecha en Europa?

Porque los votan.

Ciudadanos y ciudadanas de países desarrollados también somos responsables de los males que nos aquejan. Y, además, no reaccionamos ante la violación y atropello de nuestros derechos. Les contaré una historia para que veamos con quien nos la jugamos.

En 1919, en Estados Unidos la Ley Seca prohibía elaborar y vender bebidas alcohólicas. Paradójicamente significó la aparición y fortalecimiento del crimen organizado, el mundo gangsteril concebido como empresa criminal. Décadas después, la delincuencia organizada se denominó “economía criminal global”.

Gangsters como Genovese Vito, Albert Anastasia, Alphonse Capone, los hermanos Genna, Meyer Kansky, Lucky Luciano, Joe Masseria o Maranzano eran muy conservadores, aparte de inductores o responsables directos de numerosos asesinatos y de transgredir numerosas leyes sin el menor escrúpulo. Eran partidarios fervientes del enriquecimiento sobre cualquier otro objetivo, feroces adversarios de cualquier control o regulación y enemigos frontales de pagar impuestos. Así eran y son. Un gangster famoso, Al Capone, fue a la cárcel por no pagar impuestos, no por los asesinatos que perpetró. Los gangsters también eran enemigos de todo lo que oliera a izquierda. Capone llegó a decir que “tenemos que permanecer unidos y proteger a los obreros de la perfidia roja”. Además, eran partidarios de los medios que fueran para lograr los beneficios que codiciaban.

Unos perfectos neoliberales.

Que eran unos buenos neoliberales lo muestran estas declaraciones de Capone: Sólo soy un hombre de negocios. Gané dinero satisfaciendo las necesidades de la nación. Si así infringí la ley, mis clientes son tan culpables como yo. Yo sólo sirvo a los intereses de la comunidad”. Un discurso muy oído hoy a gentes importantes que pasan por respetables. Pero, por si las dudas, recuerdo lo afirmado por el magistrado francés Jean de Maillard en su lucha contra el blanqueo de dinero: “El sistema financiero actual y la criminalidad organizada se refuerzan mutuamente”.

Ferviente partidaria de la desregulación a ultranza, así como de la completa ausencia del Estado en la actividad económica, la economía criminal global es el capitalismo llevado hasta el final. Sin olvidar que el aumento incesante y fortalecimiento de la economía criminal global ha sido posible por la aplicación fiel del más puro neoliberalismo. Desregulación, secreto bancario, existencia de paraísos fiscales, ningún control de los movimientos de capital, especulación sin freno…

Gobiernos, organizaciones económicas y financieras internacionales, banca, corporaciones y grandes empresas transnacionales alimentan de hecho la economía criminal global. Los mafiosos son la imagen invertida que da en el espejo el sistema económico neoliberal que consentimos. Quizás por ello, prestigiosos economistas como James Galbraith y William Black o premios Nobel de economía como Geoge Akerlof y Joseph Stiglitz creen que no saldremos de la crisis si no enviamos a la cárcel a los respetables responsables de la misma. Responsables por sus engaños, especulaciones y otros delitos económicos y financieros. Y porque no tienen la menor intención de cambiar, caiga quien caiga.

Para salir de la crisis, además, habría que expulsar a los políticos cómplices como han hecho en Islandia.