Corrupción en la Puerta del Sol

La emblemática Puerta del Sol de Madrid, kilómetro cero de las carreteras nacionales radiales del Reino de España, es uno de los espacios urbanos más significativos y conocidos de la capital del Estado. Ahí está, además, la sede del gobierno regional de la Comunidad Autónoma de Madrid (CAM). Una comunidad bastante agitada políticamente en los últimos años.Por eso algún medio informativo tituló no hace mucho que ‘la maldición de la corrupción persigue a los presidentes de la Comunidad Autónoma de Madrid‘. Esperanza Aguirre, Ignacio González y Cristina Cifuentes han dimitido de la presidencia regional salpicados por irregularidades y casos de corrupción ya en causas judiciales.

Alberto Ruíz-Gallardón no dimitió, y agotó su mandato como presidente del gobierno regional de Madrid, pero siete años investigando corrupción han dado lugar a que un juez lo haya citado como imputado en la causa conocida como caso Lezo. Investigada por la Audiencia Nacional por presuntas malversación y apropiación indebida, entre otros delitos, en la empresa pública de aguas Canal de Isabel II de la CAM. La Audiencia busca saber si se desviaron fondos públicos a cuentas particulares de miembros del Partido Popular (PP) del gobierno de la Comunidad de Madrid cuando el Canal de Isabel II compró la empresa colombiana Inassa. En seguimiento de esa causa, en noviembre del pasado año, la Audiencia Nacional ordenó decomisar el botín conseguido por esos delitos, oculto en Colombia: más de 5 millones de dólares depositados en cuentas de empresas presididas por testaferros.

Falsificar notas y hurtar cremas de belleza

Otros casos de corrupción en Madrid en proceso judicial son los conocidos como Gürtel y Púnica. Y el remate, que no ha esquilmado las arcas públicas, pero muy significativo, es la falsificación de notas de un máster que cursó Cristina Cifuentes en la Universidad Rey Juan Carlos.

Gürtel y Púnica son corrupciones clásicas en las administraciones públicas: adjudicar ilícitamente obras y contratos públicos millonarios a empresas concretas (saltándose todas las reglas) a cambio de comisiones en efectivo que éstas abonan. Esas comisiones suelen ser el 3% del total de inversión en esos contratos y obras, y a menudo también cuantiosos sobrecostes posteriores.

Sin embargo, desmintiendo el titular mencionado, no hay maldición alguna en la Comunidad de Madrid. Solo corrupción. Por eso, más de cincuenta miembros de la dirección del PP madrileño y cargos públicos han sido imputados por esos delitos y han sido procesados tres secretarios generales del PP de la Comunidad Autónoma durante los últimos años ; Ignacio González, Francisco Granados y Ricardo Romero de Tejada.

El caso de Cifuentes es distinto porque dimitió como presidenta regional tras conocerse el vídeo de una cámara de seguridad que la mostraba hurtando cremas de belleza en una gran superficie comercial del barrio de Vallecas hace siete años. El vídeo se ha dado a conocer hace poco, tras más de un mes de declaraciones varias y forcejeos en los medios informativos por la falsificación de notas del máster que cursó la ya ex-presidenta en la Universidad Rey Juan Carlos. Un hecho que destapó y documentó el periódico digital eldiario.es, en una modélica muestra de riguroso periodismo de denuncia.

Sin embargo, aunque la causa de la dimisión no es presunta corrupción, Cifuentes sí fue relacionada con el citado caso Lezo en dos informes de la UCO (Unidad Central Operativa) de la Guardia Civil. Esos informes apuntaban a su presunta participación en la  adjudicación irregular del servicio de restaurante y cafetería de la sede de la Asamblea parlamentaria de Madrid cuando ella era su vicepresidenta.

Luchadora contra la corrupción obligada dimitir

El caso de Cristina Cifuentes es aún más notable porque ella se presentaba como luchadora contra la corrupción y tolerancia cero con la misma. Y, aunque es cierto que su gobierno aportó datos del caso Lezo, lo hizo cuando la Fiscalía Anticorrupción llevaba ya un año investigando la compra ruinosa de la colombiana Inassa por la empresa pública Canal Isabel II y ya había averiguado por donde iban los tiros.

Cristina Cifuentes ha dimitido como presidenta de la Comunidad de Madrid entre alborotos y falta de apoyos en su propio partido, lo que ella achaca a su postura contra la corrupción. Pero es cierto solo en parte, aunque sí parece ser que Cifuentes ha sido descabalgada de la presidencia regional por ‘fuego amigo’. ¿Cómo explicar de otro modo que una cinta de seguridad de una gran superficie comercial (que según la ley debía haber sido borrada hace años) aparezca en medio del rifirafe de las notas falsificadas del máster de Cifuentes? Al ser emitida por las televisiones la cinta con el hurto de cremas de belleza, con el consiguiente ruido mediático, el jefe del gobierno y Presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, ordenó hace unos días a Cristina Cifuentes por una intermediaria que dimitiera antes del mediodía de esa jornada. Además, Cifuentes ha dimitido como presidenta del PP de Madrid y también como diputada de la Asamblea de Madrid.

‘Tamayazo’, Gürtel, Púnica y Lezo

Retrociendo en ese sumidero de corrupción, el que fuera presidente de la CAM tras Esperanza Aguirre, Ignacio González, fue detenido por la Guardia Civil en abril de 2017, permaneció en prisión preventiva hasta noviembre de ese año y recuperó la libertad provisional tras abonar 400.000 euros de fianza . González está implicado en el caso Lezo por presunto desvío de fondos de la empresa pública Canal Isabel II cuando él la presidía, ocho años antes de ser elegido Presidente de la región de Madrid.

Por su parte, Esperanza Aguirre dimitió entre casos de corrupción (tramas Gürtel, Púnica y Lezo), tras el registro de la sede regional del PP para buscar pruebas de financiación ilegal del Partido Popular madrileño con dinero ilícito en efectivo de la llamada trama Púnica. Además, durante su presidencia se adjudicaron contratos de decenas de millones de euros a la red organizada por el empresario Francisco Correa a cambio de comisiones ilegales. Correa está procesado por cohecho, tráfico de influencias, blanqueo de capitales, fraude fiscal, asociación ilícita y falsificación documental.

Por otra parte, no hay que olvidar que Esperanza Auirre fue elegida presidenta regional de Madrid por la traición de dos diputados socialistas (el llamado ‘tamayazo’) que se ausentaron de la Asamblea de Madrid en la votación a Rafael Simancas del PSOE como candidato a presidente de la región, impidiendo así que Simancas fuera elegido. Tras varios inútiles intentos de formar gobierno, se convocaron nuevas elecciones regionales en las que ganó el PP y Aguirre fue elegida presidenta.

Estar en política para forrarse

Los hechos de presunta corrupción en la Comunidad Autónoma de Madrid (y antes en la de Valencia), gobernando en ambas el partido Popular (aunque hoy ya no gobierna en Valencia), son atribuidos una clase política que no se sabe a ciencia cierta si expolia para gobernar o gobierna para desvalijar.  Para comprender mejor ese panorma, es esclarecedor que un dirigente político, que mandó en el PP de la Comunidad Valenciana y luego fue ministro en Madrid, Eduardo Zaplana, dijera en conversación grabada por la policía: Tengo que hacerme rico porque estoy arruinado. O que Vicente Sanz, entonces secretario general del PP de Valencia, dijera “estoy en política para forrarme“.

No hay maldición alguna en la Puerta del Sol sino codicia de demasiados políticos profesionales. No es cuestión académica que podamos ovidar porque al final la ciudadanía paga la corrupción. En el caso de la CAM, la corrupción, según estiman algunas ONG, supone la pérdida de unos 200.000 millones de euros. ¿Cuantas escuelas, centros de salud, más médicos y personal sanitario, atención a dependientes y apoyo social deja de haber por no tener esos cientos de miles de millones de euros que la corrupción se ha tragado? Si la ciudadanía paga la corrupción y la paga cara , ¿por qué aún hay gente que vota a los corruptos?

Ganar elecciones irregularmente y mangonear la justicia

Un reciente informe de la Guardia Civil afirma que las mayorías absolutas de Esperanza Aguirre se lograron con una imponente maquinaria electoral financiada ilegalmente. La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil acusa al PP de Madrid de atentar contra el pluralismo político y de que el partido cometió irregularidades al financiar sus campañas electorales de 2007 y 2011. Las elecciones que ganó Esperanza Aguirre. El PP de Madrid en las municipales y autonómicas de 2007 invirtió 2,5 millones de euros más de lo declarado a la Cámara de Cuentas, “sustentando esa financiación con actuaciones de relevancia penal (fraude de subvenciones, malversación, falsedad documental...)”.

Por su parte, un informe de la Fiscalía Anticorrupción afirma que “hay indicios de que incluso en 2014 y 2015 proveedores de campañas electorales del Partido Popular cobraban de cuentas de ese partido, al margen de la Cámara de Cuentas y del Tribunal de Cuentas“. Y hay pruebas de ingresos en efectivo de más de un millón de euros de procedencia desconocida, así como de una caja B del PP madrileño para pagar gastos de campañas y encuestas.

Según la Guardia Civil, Fundescam era el centro de la trama. Esa fundación recibía dinero público de la Comunidad de Madrid, gobernada por el Partido Popular, y libraba facturas falsas con cuyo importe se pagaban gastos electorales del Partido Popular de Madrid, mientras algunos empresarios ingresaban dinero en Fundescam con el que ésta financiaba las campañas del PP. Esos empresarios recibían adjudicaciones de contratos de organismos controlados por el PP.

Todo ese pudridero estalló en los medios informativos y fiscales y jueces empezaron a instruir causas penales por corrupción. Sin embargo, para dirigentes y portavoces del PP, esa corrupción (en la que aparecen varios dirigentes y cargos del Partido Popular), solo son “casos individuales”.

¿Qué hace el Partido Popular ante la avalancha de corrupción y de sumarios? Intentar controlar la administración de justicia. Como muestra cabe señalar que, con Rafael Catalá ministro de Justicia, ha habido tres fiscales generales del Estado en tres años. Torres-Dulce, que dimitió porque el gobierno Rajoy quería controlarlo; Consuelo Madrigal, que tampoco se quiso doblegar al ejecutivo, y José Manuel Maza de acuerdo con el gobierno.

Ya fiscal general, Maza hizo los relevos a los que se negó Madrigal: fiscal jefe de la Audiencia Nacional y fiscal jefe de Anticorrupción. Además de sustituir a más de 30 fiscales dedicados a casos concretos de corrupción. La Unión Progresista de Fiscales denunció que esas sustituciones solo podían entenderse desde el interés político e ideológico y que “el mensaje transmitido era que se cambia a los fiscales que persiguen la corrupción”.

Maza impuso a Manuel Moix, muy cercano al Partido Popular, como fiscal jefe de Anticorrupción, aunque fue advertido varias veces por fuentes diversas de no ser buen candidato por ser el único sin ninguna experiencia en Anticorrupción, entre los siete candidatos al puesto. Moix, como Fiscal de Madrid, había intentado cerrar el caso de los espías pagados por el gobierno de la Comunidad autónoma, ignoró la denuncia de un campo de golf ilegal de la empresa Canal de Isabel II, rechazó acusar a Esperanza Aguirre de desobediencia a la autoridad (cuando se fugó de agentes de tráfico en la Granvía madrileña) y, contra el criterio de los fiscales encargados, intentó finalizar las intervenciones telefónicas al ex-presidente de la región, Ignacio González, hoy en prisión preventiva.

A pesar de  la mala fe del PP, esta parte del escándalo acabó bien cuando Moix por fin dimitió como Fiscal Anticorrupción por la enorme presión mediática y ciudadana (147.000 firmas pidiendo que fuera  destituido) tras saberse que Moix tenía parte de una empresa radicada en Panamá, propietaria de una cahlert de medio millón de euros.

Otrosí, Dolores de Cospedal ha mangoneado para lograr que Concepción Espejel sea presidenta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Sala que, casualmente, resolverá recursos penales de casos de corrupción de Púnica y Lezo que afectan directamente a gente del Partido Popular. Esa magistrada fue apartada dos veces por sus compañeros jueces de juzgar el caso Gürtel por excesiva proximidad al Partido Popular.

La solución del PP a la cantidad de cargos públicos salpicados por presunta corrupción ya no es decir que son ‘casos aislados’. Como ha escrito el filósofo y analista Antoni Doménech “salta a la vista ahora mismo que en el Reino de España el poder ejecutivo, aun en clara minoría parlamentaria, controla la justicia a su placer”. Por eso no extraña que en el Eurobarómetro de abril de 2016, solo 30% de españoles confíe en la independencia de la justicia. Pero no olvidemos también que haber ganado elecciones irregularmente, como parece por lo expuesto en los informes de la Guardia Civil, y además pretender mangonear la justicia, debería tener consecuencias serias.