¿Para qué queremos banca privada?

Una nueva regulación europea pretende evitar quiebras de bancos como la de Lehman Brothers. Nuevas medidas a aplicar cuando un banco amenace hundirse o en un futuro próximo. Por supuesto, por interés público (¡faltaría más!), se evitará liquidar un banco con problemas. Hay que salvarlo. Y así continúa la fábula de que hay bancos demasiado grandes para dejarlos caer. Gana la banca. Y ahora además  gana también por despedir a decenas de miles de bancarios en la eurozona.

Obsesionada por conseguir más beneficios, que no logra ni en sueños, la banca europea reestructura plantillas. Por cierto, una banca que no limpió de verdad sus cuentas ni se puede decir que sea realmente solvente. Despedir lo tienen fácil, porque los  sindicatos de hoy no suponen un problema. Grandes bancos y no tan grandes han despedido ya a 175.000 empleados en Europa en menos de un año, mientras la acelerada digitalización bancaria deviene fácil pretexto para despedir aún más en el futuroo inmediato.

En despedir trabajadores, los banqueros españoles se adelantaron a la Unión Europea. Utilizaron las impuestas fusiones de cajas de ahorros hace unos años para cerrar muchas sucursales y echar a 70.000 empleados, la cuarta parte del total. Ahora están entusiasmados con las fusiones de bancos que se avecinan por orden europea. Más la susodicha digitalización de la banca. Y así, en el Reino de España habrá miles de bancarios menos, pero sí tres mega bancos. Bancos enormes para competir -dicen- con los super bancos que tambien se perpetran en Europa.

Fusiones y digitalización significan más cierre de oficinas bancarias y más gente a la calle. Para especular que es lo suyo (y fomentar burbujas ) los bancos privados de hoy no necesitan tanto empleado. Pero tan negro panorama laboral no se dará a conocer… hasta después de las elecciones generales. Así lo ha pedido el gobierno a quienes mangonean el sector financiero para que el Partido Popular no pierda más votos. Por eso las cúpulas de la banca esperan dar a conocer esos planes. Porque el macroplan de fusión bancaria española significará para empezar que 35.000 trabajadores de banca más irán al paro. Además de que muchos pueblos no tendrán ninguna oficina bancaria, porque las cerrarán. Ángel Ron, presidente del Banco Popular, ha reconocido que la concentración bancaria está en marcha. Con las bendiciones del Banco de España, por supuesto.

Con las macrofusiones en el Reino de España, la concentración de banca europea busca que finalmente solo haya diez enormes bancos en la eurozona. Euroburócratas y directivos bancarios arguyen que no puede haber tantos bancos si se quiere avanzar en armonización fiscal. Aparte de que la armonización fiscal está muy lejos (tan lejana que ni se vislumbra), ¿de verdad crear tan grandes entidades financieras privadas con tanto poder beneficiará al pueblo trabajador europeo?

Lo que sí sabemos es que las ayudas billonarias no han beneficiado a la gente común ni indirectamente. El Banco Central Europeo, por ejemplo, inyectó a final de 2011 casi medio billón de euros a quinientos bancos y unos meses después prestó otro medio billón a más de ochocientos. Más de un billón prestado a largo plazo al dadivoso 1% de interés. Esas y otras generosas ayudas, que no cesan, hacen decir al economista Marco Antonio Moreno que la banca de occidente ya es muy dependiente de la inyección de dinero público barato, una auténtica yonqui del dinero fácil. Sin embargo, la banca no reactiva la economía, como debería tras tanta generosidad con ella. El dinero, para especular. Aunque produzca burbujas y caiga quien caiga. Menos ellos, por supuesto.

De no remediarse, habrá una  decena superbancos en la eurozona. ¿Fluirá ya la financiación? ¿La razón de ser de tales megabancos será activar la economía con sus créditos e inversiones en economía productiva? No caerá esa breva. Las billonarias ayudas estatales al sector financiero (sector que provocó la crisis) no son ni han sido condición verdadera para financiar la economía real. Ni lo será por muy megabancos que monten. Y la economía real continuará lánguida con el riesgo permanente del estallido de otras burbujas.

Ante tan desesperanzador panorama, la gente ya sabe que no ha de esperar mucho ni siquiera poco de la banca privada. Porque utilizó el dinero público casi regalado para especular y montar una economía de humo mientras el paro se afianza y crecen desigualdad y pobreza. Y, si además, resulta que los bancos privados se sostienen en verdad, no por sus reservas, sino gracias a las ayudas públicas, del BCE, Reserva Federal y gobiernos, entonces la gente común se pregunta, ¿para qué demonios queremos los bancos privados?

Lo que nos cuestan los bancos

Hace seis años escribí que “los bancos se han dedicado a invertir sus recursos en inversiones muy arriesgadas. Mientras se desencadenaba la crisis, los bancos se forraban especulando y esos bancos, con la complicidad de las autoridades monetarias, dedicaron demasiados recursos a productos financieros volátiles, oscuros y peligrosos… hasta que la crisis desveló que los bancos no tenían liquidez suficiente”. ¿Hemos avanzado algo al respecto?

No lo parece, en aboluto. Lo que sí ocurre desde entonces es que los gobiernos acudieron raudos a rescatar bancos con el dinero de todos. Una actuación que ha continuado con una constancia digna de mejor causa. La ayuda pública de los estados a los bancos empezó tras estallar la crisis, aumentó mucho a partir de 2010 y no ha cesado. Hace unos días, el Banco Central Europeo (BCE) adjudicó más de 82.000 millones de euros al 0,15% de interés en la primera de las dos subastas de liquidez de este año. En total, en 2014, los bancos españoles pillarán en ambas 35.000 millones de euros. En la de diciembre, los bancos europeos podrán pedir al BCE hasta 300.000 millones de euros. Una pasta.

Esa generosa derrama no es nueva, pues en 2012 el BCE ya prestó a muy bajo interés 529.000 millones de euros a 800 bancos y a finales de 2011 había inyectado 490.000 millones de euros a 523 bancos europeos. En total, el BCE ha financiado a largo plazo a la banca privada europea con algo más de un billón de euros. Un millón de millones por ahora. En el mundo de la banca a eso lo llaman manguerazo de liquidez y la razón de tal prodigalidad del BCE es sencillamente que Europa no arranca. Ni siquiera Alemania presenta números económicos suficientemente esperanzadores y reconfortantes.

Las optimistas previsiones de recuperación y crecimiento de hace varios meses han topado con la cruda y tozuda realidad. El propio Draghi, presidente del BCE, reconoce que la recuperación en la eurozona pierde impulso y que el elevado paro y la falta de crédito a empresas y familias impiden el crecimiento. ¡Qué lince!

Por eso las abundantes inyecciones de liquidez, para que sean “poderosa herramienta para facilitar nuevos flujos de crédito a la economía real“, según Draghi. Sin embargo, inyecciones de liquidez a bajo interés ha habido todos estos años, pero el crédito no ha fluido ni en sueños. ¿Qué han hecho los bancos con esas millonadas recibidas? Pues, entre otras cosas, comprar deuda pública que les reporta beneficios fáciles sin esfuerzo ni acción alguna y especular con ella. Además presionar a los gobiernos para que recorten presupuestos sociales, liquiden derechos y les rebajen impuestos.

¿Qué hubiera ocurrido si toda esa enorme ayuda la hubiera prestado el BCE a empresas y familias o a los gobiernos con las mismas generosas condiciones que a la banca? ¿Se hubiera desarrollado la crisis tal como la hemos sufrido?

Uno podría tener la tentación de pensar ingenuamente que, si ahora los bancos tienen liquidez para dar créditos, las cosas mejorarán. Pero no van por ahí los tiros. Entre otras cosas porque el propio Draghi, que está dispuesto a tomar nuevas medidas ‘no convencionales’ y a reducir tipos de interés ¡hasta 0,05%!, ha reclamado a los Estados miembros ‘reformas estructurales’ para que los préstamos del BCE tengan efecto. Ahí está la trampa, pues bien sabe la ciudadanía, y sobre todo la del sur de Europa, qué significan las ‘reformas estructurales’. Un miserable eufemismo de contrarreformas que aseguren la hegemonía de las élites, minoría rica o clase dominante, como prefieran, porque los tres términos significan lo mismo, y deje en la estacada a la mayoría ciudadana.

Que el BCE dé dinero a espuertas a los bancos no significa que la situación mejore de verdad. Para empezar porque este capitalismo que sufrimos está tan repleto de contradicciones que ya no tiene salida. Y en tanto no se regule y controle el mundo financiero, como primeras medidas, no hay solución. Porque la prioridad de la minoría rica es continuar siendo minoría y aún más rica. Por esa razón, los millones de euros para presuntos créditos cuanto más aliviaran o quizás mejorarán algo a muy pocos de los 500 millones que habitamos Europa, si finalmente algún crédito fluye. Pero la mayoría o grandes minorías continuarán sufriendo, porque la desigualdad está en el ADN de este sistema predador. Y la desigualdad es compañera inseparable de la pobreza.

Expresó la situación que sufrimos con sinceridad o desfachatez uno de los hombres más ricos del mundo, el estadounidense Warren Buffet, quien, a preguntas de un periodista, respondió: “Claro que hay lucha de clases, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que libra esta guerra. Y la estamos ganando“. El beneficio de una minoría es lo que buscan y lo que interesa a esos pocos que acumulan la mayor parte de riqueza del mundo, no la justicia ni el bienestar de la mayoría.

Y entonces, ¿qué? Pues que cuanto más conscientes seamos de quien es el verdadero adversario de las clases trabajadoras y populares, y actuemos en consecuencia, antes veremos la luz al final del túnel.

El salvaje oeste

El caso Gürtel es el nombre periodístico de la mayor trama de corrupción en España desde que se recuperó la democracia. Una corrupción que afecta a varias regiones autónomas y ayuntamientos, y suma cientos de millones de euros.

Investigado el pastel policial y judicialmente, hay acusados y encarcelados preventivamente. Pero España es diferente. Como denuncia el ex-fiscal anti corrupción Carlos Jiménez Villarejo: “Los corruptos imputados consiguen que las sospechas y la investigación penal se orienten hacia el juez que descubrió los delitos y comenzó su esclarecimiento”. Así, los acusados, parte del aparato del Partido Popular (del que forman parte algunos de los imputados) y algunos magistrados intentan invalidar unas escuchas telefónicas, aunque fueron conforme a ley. Quieren desmontar el proceso. Pero, sobre todo, impedir que la justicia localice decenas de millones de euros en paraísos fiscales.

Tremendo. Pero, ¿acaso es peor (por sus consecuencias para la mayoría ciudadana) que lo que perpetra la gran banca en la Unión Europea y Estados Unidos?

Escribe el Nobel de Economía, Stigliz: “Los gobiernos se han endeudado para salvar al sistema financiero europeo, los bancos centrales mantienen tasas de interés bajas para ayudar a los bancos a recobrarse. Pero los grandes bancos se aprovechan de esas tasas bajas para especular contra los gobiernos que se han endeudado para salvar la banca. Ganan dinero con el desastre que ellos mismos han generado. Los gobiernos decretan medidas de austeridad para reducir el endeudamiento, pero el sector financiero considera que son insuficientes y siguen especulando. Los gobiernos decretan medidas de austeridad. La gente común pierde más aún, las grandes finanzas ganan todavía más. Los culpables premiados, los inocentes castigados”.

En Reino Unido, la gran banca amenaza con que decenas de miles de empleos dependen de ellos y que las reformas y control del sector financiero dejarán sin trabajo a muchos miles. Incluso amagan con cambiar su dinero a lugares menos hostiles para sus intereses si se exige mucho a los bancos.

En el resto de Europa, los bancos presionan al Parlamento Europeo para que descafeíne las medidas de supervisión financiera que se debaten. El lado oscuro del sector financiero pretende neutralizar el control y regulación de las finanzas.

Y con tal obsceno escenario, para superar la crisis se elige el modelo de Letonia, griego, portugués, español… Subir impuestos y recortar salarios para aumentar ingresos por exportaciones. No es nuevo. Pero es estúpido, porque reducir la capacidad de gasto de la mayoría ciudadana, además de suponer violación de sus derechos, es una necedad económica.

En Estados Unidos, los bancos ganaron 70.000 millones de dólares en 2009, cuando en 2008 perdieron 36.000. Dicen que se han recuperado y que ya no es necesaria la reforma financiera. Pero no dicen que necesitaron miles de millones de dinero público para salvarse. Según The Wall Street Journal, vuelven a las andadas y sólo los bancos estadounidenses pagaron 146.000 millones de dólares en primas en 2009, el mismo año en el que todo pudo hundirse. No se hundió porque los gobiernos los rescataron con dinero de todos.

Los bancos no quieren ni oír hablar de reformar el sector financiero ni de elevar exigencias de solvencia, imponer impuestos para sufragar futuras crisis o limitar las gratificaciones a los banqueros. Y amenazan con que el crédito no fluirá si se endurecen las exigencias. Dicen que no tendrán suficiente dinero para guardar y para prestar. Suena a chantaje.

En este lamentable panorama, otro Nobel de Economía, Krugman, dice que “es hora de decir hasta aquí hemos llegado. Es preferible que no haya reforma financiera, y que haya una campaña que señale y avergüence a los culpables de la situación actual, mejor que una reforma cosmética que encubra la falta de verdadera reforma”.

Así están las cosas. Y, por si alguien no se ha enterado, el profesor de economía Juan Torres nos recuerda que “donde han predominado la falta de normas y controles, siempre ha habido más inestabilidad y crisis”. Lo confirma con el trabajo de Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff (autores de “Banking Crises: An Equal Opportunity Menace”). Sendas gráficas muestran la correlación entre mayor movilidad del capital (con disminución de regulación y del control) y crisis bancarias. Sin regulación ni control del mundo financiero volverán las crisis financieras. Cada vez peores.

Esto recuerda al Salvaje Oeste, donde lo importante es sacar el revólver más rápido que nadie.

Expertos, falacias y no reconocer la verdad ni a tiros

Derecha es agrupación o contubernio de quienes creen que la propiedad privada y el beneficio individual están por encima de todo. Son los accionistas mayoritarios, directivos y ejecutivos de bancos, de entidades financieras, corporaciones empresariales y compañías transnacionales más sus bien remunerados servidores, confidentes, correveidiles, asesores y sicarios. La minoría privilegiada.

Esa derecha está en pie de guerra contra las reformas financiera y sanitaria en Estados Unidos. En Europa está infiltrada en gobiernos, cúpula y burocracia de la Unión Europea y por ello nadie osa mover ficha para abordar la cacareada reforma financiera. Tampoco en la Unión se atreve nadie a proponer soluciones en beneficio de la mayoría ciudadana (como las que se aplicaron hace ochenta años para salir de la gran depresión) y superar de verdad la crisis.

En Italia se instala una cultura de mafia, culmen del capitalismo neoliberal. Grecia amenaza hundirse por las abundantes especulaciones, trampas y engaños de la derecha gobernante en años anteriores. Y en España, con más de cuatro millones de desempleados, la derecha lanza una ofensiva contra derechos y valores democráticos esenciales y contra personas y grupos que los representan. Por ejemplo, jueces y magistrados derechistas quieren inhabilitar al juez Garzón (que ha luchado contra terroristas de ETA, criminales de guerra latinoamericanos, los narcotraficantes organizados y otros impresentables especímenes) porque no le perdonan que quiera procesar a corruptos organizados en tramas, ligados a la derecha política, empeñados en vaciar arcas del Estado en su exclusivo y personal beneficio.

Para rematar la jugada, esa derecha, responsable de la crisis que sufrimos todos, propone las mismas recetas generadoras de injusticia y desigualdad que han propiciado la debacle económica. De esa peligrosa estulticia es muestra el reiterativo e intermitente ataque contra la viabilidad del sistema público de pensiones.

En España, desde los años noventa, expertos y catedráticos de disciplinas económicas (excelentemente remunerados, por cierto) elaboraron presuntos estudios científicos que auguraban el hundimiento del sistema público de pensiones. Las pensiones de la seguridad social eran insostenibles y había que reformar el sistema (es decir: recortar derechos de asalariados e ingresos de pensionistas), en tanto que por otras vías publicitarias se cantaban las excelencias de las pensiones privadas ofrecidas por bancos y compañías aseguradoras.

Decían esos pretendidos estudios académicos que a partir de 1995 el sistema público de pensiones entraría en pérdidas y después la caída sería imparable. Inviable. Mensajes similares se han publicado a bombo y platillo, año tras año desde entonces. El economista José Iglesias Fernández (formado en Oxford, no en la Habana) sugiere que bancos y cajas de ahorros promovieron esa alarma social para quedarse con el suculento negocio de las pensiones privadas y para lograrlo alquilaron firmas de prestigiosos (?) académicos de la economía.

Pero el sistema público de pensiones sobrevive a las profecías de catástrofe. Aunque España sufre la crisis económica más que otros países europeos (con un enorme desempleo), dieciséis años después de los primeros augurios de apocalipsis de las pensiones, la Seguridad Social española cerró 2009 con superávit de 8.500 millones de euros y su Fondo de Reserva suma ya 62.000 millones de euros; el 6% del PIB. Incluso con crisis y desempleo.

¿Dónde está el hundimiento del sistema público de pensiones?

Ignacio Zubiri, catedrático de Hacienda Pública de la universidad del País Vasco, asegura que es fácil conseguir los resultados que uno pretende utilizando estudios teledirigidos. A pesar de los datos positivos verificados año tras año, los voceros servidores de la minoría privilegiada insisten en que las pensiones de la seguridad social son insostenibles.

Les dan igual los hechos, sólo cuenta su indecente y desmedido afán de beneficio. Por eso tienen la desfachatez de pretender que no hay otro sistema económico posible que el actual, el suyo. Ni otros principios que profesar una fe ciega en que “todo es mercado” y que es pecado mortal económico imponer normas y controles al dinero. Pero eso es lo que les conviene a ellos, a la minoría privilegiada, no al resto de ciudadanos, que somos la aplastante mayoría.

Tenemos un dilema. Les frenamos y procuramos controlar a esa minoría privilegiada (la de los especuladores adeptos y fieles seguidores de la ingeniería financiera, de la contabilidad imaginativa, mangantes y malos empresarios, pero forrados) o nuestro mundo tiene un pésimo futuro.

Si pagamos los de siempre, no es solución

Cuando despertó, el neoliberalismo seguí allí. La paráfrasis del microcuento de Monterroso (‘Cuando despertó, el dinosaurio estaba allí’) la tomé prestada de Isaac Rosa, ganador del premio Rómulo Gallegos de literatura. Expresa de modo genial como la minoría privilegiada y sus servidores aprovechan la crisis para que todo continúe igual. Caiga quien caiga.

Hace un año, esa privilegiada minoría rica tembló, acoquinada por el que parecía inminente hundimiento de Lheman Brothers. Pero llegó el Séptimo de Caballería en forma de ayuda del gobierno de los EEUU y de otros países, que rescató a esa minoría de ricos, codiciosos sin freno, especuladores e incompetentes. Los rescató con dinero de los contribuyentes . Al poco, perdieron el miedo y volvieron a las andadas. Pero la inmensa mayoría ciudadana del mundo aún no ha sido rescatada y tiene la vida pendiente de un hilo.

Se destruye empleo sin parar, muchos países se empobrecen más y ya hay 1.000 millones de hambrientos. Y osan hablar de recuperación. No hay recuperación. Quizás en cifras, meramente estadística, que maldito remedio que aporta. No hay recuperación que alivie a los ciudadanos, la única aceptable. Además, en Europa la dicha recuperación se frenó bruscamente a finales de 2009.

¿Y el G-20, que pilotaba la salida de la crisis? Palabrería sobre la imprescindible reforma financiera, regulación y coordinación. Pero nadie le pone el cascabel al gato. Nadie le mete mano a la reforma del sector financiero, como recuerda François Chesnai, “no se entiende que los Estados que rescataron los grandes bancos, comprando acciones para salvarlos de la quiebra, no ejerzan el derecho que poseer mayoría de acciones les da para eliminar abusos en remuneraciones y gratificaciones, para cortar de raíz la especulación financiera y para eliminar la renuencia a conceder créditos a la economía productiva”.

En cambio, los grupos de presión de Wall Street, defensores sin pudor de los intereses de la minoría privilegiada, sí se atreven a paralizar las propuestas de reforma financiera. Desde hace un año, en EEUU está congelado un proyecto de ley contra la evasión fiscal y el fraude utilizando paraísos fiscales.

Es decir, cuando bancos y similares han tenido dinero (público) en sus insolidarias manos, han vuelto alas andadas: operaciones oscuras, manipulación financiera desbocada, gratificaciones millonarias obscenas para ejecutivos… Pero a los ciudadanos de a pie, sacrificios. Recortes sociales y congelación o disminución de salarios.

A los bancos, de momento ni tocarlos. Ésa parece la consigna de gobiernos de países desarrollados. ¿cómo responde el gobierno de Papandreu (socialista) a la crisis aguda en Grecia? Congelando salarios de empleados públicos (los privados lo están tiempo ha), recortes sociales, aumento del IVA (impuesto que no distingue entre ricos y pobres), reformas “estructurales” (reducir salarios, retrasar edad de jubilación y despido barato)… En España, Zapatero (socialista) también prepara recortes, aumentar el IVA y reformar las pensiones (que los asalariados se jubilen más tarde y cobren menos).

Dicen esos primeros ministros socialistas que dejarse gobernar por la muy neoliberal Comisión Europea es lo mejor. Que pagué la mayoría, que son más y, además, y no pueden (o no saben) resistirse. Como ha escrito Manuel Rivas, “la crisis ha sido por la inconsciencia de los ricos y la solución es quelos pobres les echen unas mano”.

Pero no rezonga así sólo la Unión Europea, también el FMI señala que España. Grecia, Portugal… tendrán que rebajar salarios. ¡Aún más! En diez años, según la OCDE (que no es precisamente una organización de izquierda) la renta salarial española ha aumentado realmente menos de medio punto por ciento, teniendo en cuenta el valor adquisitivo verdadero, aumentos de precios y demás. En ese mismo período, la renta empresarial ha aumentado un 37%.

Para el FMI,las únicas reformas posibles son recortes para los trabajadores y clases medias modestas y mantener los privilegios de la minoría rica, del capital. No se tocan las ventajas fiscales de los ricos, su impunidad real para evadir impuestos ni los paraísos fiscales que pemiten todo esos desmanes. A los hechos me remito.

El Nobel de Economía Stigtlitz ha avisado de que que los planes de austeridad con que amenazan Grecia y España como planes contra la crisis, “pueden disparar el desempleo”.

Otro Nobel de Economía, Krugman, asegura que “antes o después este sistema desenfrenado estaba destinado a estrellarse. Y, si no se realizan cambios fundamentales [en el sector financiero] el problema volverá a repetirse”.

Más claro, el agua clara. Si paga la inmensa mayoría, da igual que suceda. No es la solución. Es lo de siempre.

Los incendiarios no pueden ser bomberos

La crisis se agrava ahora porque la banca no presta suficiente dinero, pero los gobiernos les han inyectado e inyectan miles de millones de euros. La Comisión Europea ha acusado a los bancos de prolongar la crisis por no conceder créditos y los ministros de economía de la Unión Europea les han pedido formalmente que presten dinero para reactivar la economía. El ministro de Finanzas de la República Checa (país que preside la Unión hasta julio), Miroslav Kalousek, ha aclarado que “la recapitalización bancaria no ha de servir para cumplir las necesidades de capital, sino para prestar dinero a la economía real”. El dinero que los gobiernos dan a la banca no es para resolver sus problemas de balances sino para reflotar la economía productiva.

 

En la Unión Europea y en Estados Unidos se conceden menos créditos. Es un hecho. Y también lo es que las empresas y el consumo se resienten severamente y la crisis se agrava. ¿Por qué la banca presta menos? Los banqueros dicen que la producción industrial ha caído, el paro ha subido y el consumo descendido, por lo que es prudente frenar el crédito. ¿Cae la demanda industrial y el consumo, y ello motiva que no se den créditos? ¿O no conceder créditos provoca la caída de la demanda y del consumo?

La banca presta mucho menos dinero que hace un año. ¿Acaso, como dicen los críticos y heterodoxos, los bancos guardan bajo el camuflaje de la prudencia la liquidez lograda con ayudas gubernamentales para atender los vencimientos futuros de su deuda?

 

Recordemos el inicio de la crisis en Estados Unidos, cuando la banca concedía préstamos hipotecarios a cualquiera. La prudencia brillaba por su ausencia. Y también ocurría al otro lado del Atlántico, lo que nos permite concluir con el catedrático español de economía Juan Torres que “hubo codicia de los banqueros por colocar todos los créditos posibles”. A quien fuera. La banca estadounidense y la europea construyeron una enorme burbuja financiera que reventó liquidez y solvencia. En España, por ejemplo, en seis años (hasta 2008) el crédito concedido por bancos y cajas de ahorro pasó de 700.000 millones de euros a casi dos billones de euros. Pura prudencia.

 

Entonces crearon esta burbuja, origen de la crisis, y ahora ahogan la economía no soltando un duro. Pero por lo visto hay que rescatarlos, porque de otro modo, se hunde todo. ¿No?

 

El Nobel de economía Paul Krugman denuncia que “los planes para rescatar el sistema bancario son ‘socialismo amargo’: los contribuyentes pagan la factura si las cosas salen mal, pero los accionistas y los ejecutivos reciben los beneficios si las cosas salen bien”. Y ha recordado que las ampliaciones de capital se hacen vendiendo acciones a inversores a cambio de participar en la propiedad del banco. ¿Por qué cuando los gobiernos amplían capital de los bancos (que eso son los monumentales rescates financieros y no otra cosa) los bancos ‘rescatados’ no ceden la parte de propiedad correspondiente al dinero dado por los gobiernos?

 

Quizás la respuesta esté en el nunca demostrado mito de que lo financiero público es deficiente y malo. Lo que no deja de sonar a chiste, habida cuenta de que el actual desastre económico lo han causado unos miles de incompetentes (cuando no algo peor) altos ejecutivos y directivos bancarios y financieros de Estados Unidos y la Unión Europea. ¿Son mejores los gerentes privados que se las han logrado perder más de un billón de euros en muy pocos años?, se pregunta Paul Krugman.

 

En la agudización de la crisis y fijándonos en la sequía de créditos, “los bancos han dejado de desempeñar su función propia: en lugar de dar combustible a la economía, prácticamente roban el carburante que queda en la misma”, ha denunciado el economista Juan Torres. Y ha remachado que “mientras no se tomen medidas para poner fin a la causa de los males es imposible evitar que la economía se despeñe estrepitosamente”.

 

¿Qué medidas? Que los gobiernos no se limiten a dar más y más dinero a los bancos. Tal vez debieran, siquiera temporalmente, hacerse ellos con los resortes financieros y ponerlos al servicio de empresas y consumidores. Directamente. Porque, con lo que conocemos ahora de banca, banqueros y sus responsabilidades a ambos lados del Atlántico, parece suicida encargar a los pirómanos que apaguen el incendio.