El FMI de nuevo contra la ciudadanía

El Fondo Monetario Internacional (FMI) publica informes anuales en los que aprueba, critica, modifica o rechaza las actuaciones políticas y económicas de los gobiernos. Y ‘recomienda’ medidas concretas a aplicar. El FMI se creó en 1944 para garantizar la estabilidad del sistema monetario internacional tras la Segunda Guerra Mundial. El objetivo era la estabilidad de las monedas para asegurar el desarrollo del comercio mundial.

Un tiempo después, como se ha visto en las últimas décadas, el FMI se puso al innegable servicio de lo que Marx y Engels llamaron la ‘clase dominante’ y, en términos coloquiales, los ricos. El FMI tomó partido descarado por quienes tienen el poder económico. La pirata actuación del FMI en América Latina en los años setenta y ochenta del siglo XX, obligando a los países a políticas de recortes sociales, servicios públicos y derechos, si querían obtener los créditos del Banco Mundial, es buena prueba de ello.

Hoy, en los análisis y recomendaciones al Reino de España del último informe del FMI se le vuelve a ver el plumero, se comprueba al servicio de quien están. En ese informe, el FMI considera “impresionante” la expansión económica y creación de empleo en el Reino de España. Pero curiosamente no dice nada del hecho aún más impresionante, comprobado y documentado, del avance de la desigualdad y que el 15% de trabajadores, aún teniendo un empleo, son pobres. Con empleo y pobres. Claro que el FMI en absoluto tiene en cuenta la calidad de la vida de los trabajadores y por eso es capaz de elogira las ‘reformas’ que han convertido España en un ¿país más flexible, competitivo y resistente, con un dinámico sector de servicios?

Sería bueno que las lumbreras del FMI se dieran una vuelta por las empresas de ese presunto dinámico sector de servicios español.  Comprobarían que tras la alta rentabilidad económica para los empresarios, aumenta la precarización, las condiciones laborales indecentes y una temporalidad del 35%. Y todo ello significa inseguridad laboral, menos ingresos, salarios bajos…

Un caso clásico de ese ‘dinámico’ sector es el de las camareras que arreglan habitaciones de hotel. No son asalariadas fijas sino falsas trabajadoras autónomas a las que los hoteles pagan como máximo 2 euros por habitación. Echen cuentas de cuantas habitaciones han de arreglar para conseguir un salario muy justito. Y sucede en pleno triunfalismo gubernamental de cifras récord de turistas… cuyos beneficios nunca llegan a los trabajadores.

Finalmente, ¿qué propone el FMI? Más ‘reformas’. Y ya sabemos que significa ‘reformas’ cuando lo dice alguien del FMI, OCDE, BCE o similar.

¿Y por qué no obtener más ingresos en vez de recortar y jorobar? Sí, claro. El FMI recomienda… subir el IVA. Pero, cucos como son, lo llaman ‘acercar’ el IVA de España al nivel europeo. Y aquí cabe insistir en que el IVA es un impuesto regresivo (y por tanto injusto), que paga igual quien tiene todo que quien nada tiene. ¿Por qué no proponer que las empresas con beneficios paguen el impuesto de sociedades sin recortes ni subvenciones? Porque actualmente las grandes empresas del Ibex, por ejemplo, pagan  un ridículo tipo impositivo de 7,3% sobre los beneficios, que es la mitad de lo ue pagan los asalariados por el IRPF.

¿Por qué no exigen más medios en la lucha contra el fraude fiscal e impago de impuestos de grandes empresas, grandes fortunas y corporaciones multinacionales?

En cuanto a las pensiones públicas, el FMI considera que no serán sostenibles en España si no se prolonga la vida laboral. Proponen retrasar la edad de jubilación y que la gente no se pueda jubilar hasta los 70 años, por ejemplo. Y que se incentiven planes de pensiones privados. Lo que es una falacia, porque no hay pensiones privadas. Hay aportaciones individuales regulares a fondos de inversión que especulan, cuyas rentas, cuando las hay y en la cantidad obtenida, se pagan mensualmente a quienes han aportado esas cuotas regulares al fondo de inversión durante años. A eso llaman ‘planes de pensiones privadas’, pero no son tales sino aportar cantidades mensuales a un fondo de inversión durante años. Aportación que rendirá más o menos según los beneficios obtenidos por los fondos de inversión especulando en los mercados financieros.

Y, como remate, según el FMI, para tener un mercado laboral saludable y dinámico hay que ‘flexibilizarlo’. ¿Flexibilizarlo? E romñan paladino significa poder despedir fácilmente sin coste o a un coste muy bajo. Por cierto, un país que ha aplicado a rajatabla esa ‘flexibilización’ ha sido EEUU. El resultado es que, según datos de la oficina federal del censo, hoy hay 47 millones de estadounidenses pobres, que es el 15% de la población. ¿No son muchos en un país tan rico?

El FMI actúa como el enemigo del pueblo que es. Si se aplican sus recetas habrá más desigualdad, más penuria y más carencias.

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Continúa el saqueo

Mariano Rajoy, presidente en funciones en España, fue al G20 y osó denunciar los populismos de izquierda como enemigos del crecimiento y la estabilidad económica. Olvidando ahora que habría mucho que hablar de crecimiento y qué crecimiento, sorprende la desfachatez de quien preside uno de los partidos más corrompidos de Europa. Sin entrar en detalles, recordemos casos de corrupción que los medios bautizan como Púnica, tarjetas black, Gürtel, caso Rato, Papeles de Bárcenas, Bankia…

El Partido Popular (PP)  afronta este inicio de curso varios procesos judiciales con altos cargos del partido como acusados. Seis alcaldes madrileños, presidente de Diputación de León, alto cargo del Gobierno de Murcia, ex-alcalde de Cartagena, casi todos los concejales del ayuntamiento de Valencia… Además está imputado como partido por cobro de dinero negro y presunta financiación ilegal de obras de reforma de su sede nacional.

Eso sí desestabiliza. El remate de corrupción fue designar al ex-ministro Soria (dimitido tras descubrirse su vinculación con paraísos fiscales) candidato a director ejecutivo del Banco Mundial. La presión ciudadana hizo retirar esa candidatura. Escandaloso proponer un posible elusor fiscal para el Banco Mundial, uno de cuyos objetivos es combatir la pobreza. Y en la otra cara de la moneda, la austeridad. Manuel Lago analiza con datos oficiales los recortes de gasto público perpetrados de 2009 a 2015. Algunas partidas aumentaron casi 48.000 millones de euros, pero se recortaron casi 80.000 millones de euros en políticas sociales.

Creció el gasto en pensiones, pero por el desbocado aumento de jubilaciones anticipadas. La crisis económica fue perfecta excusa para que muchos empresarios prejubilaran en masa a sus empleados veteranos… para sustituirlos por trabajadores con salarios más bajos y peores condiciones laborales. Pero las empresas no pagaron esas prejubilaciones rentables para sus capitalistas propietarios. Pagó el Estado. Y así aumentó la partida de pensiones, pero no mejoraron los pensionistas. Al contrario, las reformas perpetradas por el PSOE de Zapatero y el PP de Rajoy empobrecen a pensionistas actuales y futuros. Otro gasto que crece es el pago de intereses de deuda pública. Del 52 % al 99% del PIB. También aumentaron las ayudas públicas a empresas de energía que crecieron un 469 %. Sí, 469%.

Pero recortaron gasto público sin tapujos en transporte, desempleo, vivienda, educación, salud, familia e infancia, apoyo al sector primario y servicios culturales. En lo que beneficia a la gente común se rebajaron casi ochenta mil millones. Menos y peores servicios de educación, becas, sanidad, ayuda al desempleo… Recortes que violan los derechos de la gente común, pero benefician a grandes empresas (energía, banca, enseñanza privada, empresas privadas sanitarias…)

El resultado de recortes y bajos salarios es más pobreza laboral. Según el INE casi 15% de trabajadores está en el umbral de la pobreza. Mientras el Gobierno del PP cacarea que la economía crece y crea empleo, la tercera parte de la ciudadanía sufre la peor época de su vida. Los parados de larga duración, quienes buscan empleo desde hace tres años o más, aumentan año tras año y el 45% de desempleados no recibe ayuda alguna por estar en paro. Así lo quiere el gobierno del PP que rebajó 15% la ayuda a parados en los presupuestos de 2015, por ejemplo. ¿Sorprende entonces que 700.000 familias en paro no reciban ninguna ayuda pública?

Ha vuelto el hambre a esta España que gobierna el PP. En Barcelona, Caritas ha abierto siete nuevos centros para distribuir alimentos que se suman a las docenas de iglesias que reparten comida. La ayuda de Caritas, Cruz Roja y bancos de alimentos más la familiar evitan una vergonzosa hecatombe social.

Este escrito se titula ‘el saqueo continúa’ porque, insatisfecho con los recortes perpetrados, el gobierno del PP insta a cerrar empresas municipales de servicios públicos a pesar de no tener déficit sino superávit (0,5% de media). Quieren privatizarlas para convertirlas en negocios privados. No olviden que un alto dirigente del PP reconoció hace tiempo (y está publicado) que estaba en política ‘para forrarse’. Por no olvidar tampoco que el rescate bancario fue indecentemente costoso para la ciudadanía y, para compensar, recortaron educación, sanidad, ayuda al desempleo, cultura, ciencia…

Y siguen los recortes. Lamentablemente, no solo en España. El capitalismo neoliberal, que tan ferozmente encarnan corporaciones, grandes empresas, banca, mercados de capitales y tratados bilaterales de inversión, recorta, privatiza, vacía la democracia y saquea el mundo de América a Australia, desvalijando de paso Europa, África y Asia. O los frenamos o acaban con nosotros.

El Estado Islámico y otras invenciones de Occidente

Diez de octubre de 2015. Gran manifestación en Ankara. Miles de personas recorren la ciudad condenando los atentados habidos y exigen la paz. Una gran explosión, provocada por dos terroristas suicidas, deja 95 muertos y 245 heridos. El peor atentado de la historia moderna de Turquía.

El gobierno turco aprovechó ese brutal ataque para acusar a las milicias kurdas del PKK con las que está en conflicto, pero fuentes de la seguridad del estado indicaron desde el principio que la masacre apuntaba al fundamentalista y sanguinario Estado Islámico (EI). Pero también hay otras responsabilidades y culpabilidades. Del atentado de Ankara y de otros.

Tal vez a alguien le parezca la trama cutre y sobada de conspiraciones propia de una película mediocre de serie B, pero hay evidencias para afirmar que los países más desarrollados de Occidente son también responsables de la barbarie islamico-fundamentalista. De su propia existencia. Cuando se comete un delito hay diversos modos de ser culpable. No asesina solo quien aprieta el gatillo. El derecho penal establece el grado de responsabilidad en la comisión de delitos. En los crímenes hay autores intelectuales, inductores, ejecutores, cómplices necesarios, cómplices y encubridores. De esas responsabilidades por crímenes terroristas, algunas corresponden a gobiernos occidentales. Recordemos.

El Estado Islámico es un despiadado grupo terrorista de milicias que dicen ser yihadistas suníes, se autonombran Califato de todos los musulmanes y hoy ocupan militarmente algunas ciudades de Siria. Se organizó en 2003 como grupo armado en la órbita de Al Qaeda para combatir la invasión estadounidense de Irak. Pero paradójicamente Estados Unidos ha apoyado a Al Qaeda desde sus inicios.

Osama bin Laden, fundador de Al Qaeda, fue reclutado y entrenado por la CIA en 1979 al comienzo de la guerra en Afganistán contra la Unión Soviética. La CIA también creó en Pakistán campos de entrenamiento para terroristas y de 1982 a 1992 reclutó más de 30.000 yihadistas para luchar contra la Unión Soviética. Anuncios pagados por la CIA en periódicos de todo el mundo llamaban a alistarse en la ‘guerra santa’, la Yihad, contra los soviéticos. Ronald Reagan incluso los llamó ‘luchadores por la libertad’. ¿La libertad de las mujeres afganas encerradas en un burka tal vez?

Más cerca en el tiempo, desde principios de 2011, en el intento de controlar el máximo territorio de Siria, el Estado Islámico no solo se ha enfrentado a tropas gubernamentales del dictador sirio, también a rebeldes laicos sirios que luchan contra el dictador Al Assad, a otros grupos musulmanes rebeldes y a nacionalistas kurdos.

El Estado Islámico impone la Sharia en los territorios que controla y Amnistía Internacional ha denunciado “torturas y ejecuciones sumarias” en centros de detención secretos del Estado Islámico, donde encierran a ciudadanos sirios por fumar cigarrillos, tener sexo fuera del matrimonio o simplemente pertenecer a un grupo que no sea el Estado Islámico. También han detenido a docenas de periodistas extranjeros y a trabajadores de organizaciones humanitarias. Y son conocidas por todo el mundo las brutales y sanguinarias decapitaciones que las televisiones han difundido .

El canadiense Michel Chossudovsky, director del Centro de Investigación de la Globalización de Montreal (Canadá), ha recopilado docenas de evidencias que muestran que el Estado Islámico fue creado con la colaboración y financiación de la CIA, el MOSSAD israelí y el MI6 británico más los servicios de espionaje pakistaníes y de Arabia Saudí. Además, la OTAN y el Estado Mayor del ejército turco han colaborado en contratar o impulsado la contratación de mercenarios para el Estado Islámico desde marzo de 2011, cuando empezó la guerra de Siria. Soldados de fuerzas especiales británicas y agentes de espionaje occidentales han entrenado a rebeldes yihadistas de Siria en tácticas de combate e incluso en utilización de armas químicas.

Todo empezó, según Chossudovsky y otros autores, con los atentados de Nueva York. Aquel brutal ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 proporcionó la justificación que buscaba la derecha estadounidense para atacar entonces Afganistán, que consideraban el estado patrocinador del terrorismo de Al Qaeda como casus belli. Y al mismo tiempo sentar las bases de la llamada guerra global contra el terrorismo que hoy dicen que se librar en Siria pero, ¿quiénes son los terroristas en esa guerra? Por otra parte, y es mucho más preocupante, los componentes de esa guerra tienen derivaciones en gran parte del mundo y son una espada de Damocles para las libertades y derechos de la mayoría de la gente.

En África, sin ir más lejos, donde hoy hay regiones, como el Sahel-Sahara, en las que hay  violencia armada continua gracias a la actuacion de los servicios secretos de EEUU y Francia, cuando no la había antes. Y es que materialmente esos oscuros servicios  han creado y promovido grupos violentos para justificar la presencia de fuerzas armadas occidentales. Otro día os lo cuento con detalle.

El terrorismo es un tremendo azote pero, como ha dicho Noam Chomsky, “hay una manera sencilla de acabar con el terrorismo, no del todo, pero sí en gran parte, y es dejar de ser parte del mismo”. En Occidente se ha recurrido al terrorismo y se ha promovido o permitido la actividad terrorista para ‘justificar’ el ataque a las libertades y derechos de la gente con el mendaz pretexto de que había que renunciar a algunas libertades para poder cazar a los terroristas. Y, no lo olvidemos, para defender a capa y espada los intereses de una minoría privilegiada. No en vano, Deepark Lal, asesor económico del Banco Mundial, dijo que la Guerra Global contra el Terrorismo era “una extensión de la defensa del mercado capitalista

Más claro, agua.

Nota. Recomiendo visitar un corto que explica la guerra de Siria y el conflicto de Oriente Medio con una claridad y lucidez encomiables. Es posible que algunos lo conozcáis. Lo encontráis en:

http://verne.elpais.com/verne/2015/09/21/articulo/1442834212_688727.html

Austeridad y crímenes económicos contra la humanidad

Con una enorme deuda ilegítima, que no ha contraído la ciudadanía, y la corrupción campando a sus anchas, en España (también en Europa con cifras diversas), millones de personas no tienen empleo, hay 1.800.000 hogares en los que todos están sin trabajo y miles y miles de familias han perdido su casa. Demasiada juventud emigra para tener empleos precarios y no cesan de recortar presupuestos de salud, educación y ayudas sociales. La minoría rica se lleva impunemente el dinero a los paraísos fiscales y el gobierno regala decenas de miles de millones a una banca que no da créditos y que, a pesar del dinero recibido, no se aleja convincentemente de  la insolvencia .

Este panorama es el de una violación sistemática de derechos que empobrece más y más a la ciudadanía. Crecen la incertidumbre, angustia y sufrimiento, la ciudadanía se moviliza, protesta y el gobierno la criminaliza. La minoría rica utiliza la crisis que ha provocado para apoderarse de las rentas de la clase trabajadora y suprime libertades. Porque a este sistema corrompido le sobran los derechos de la ciudadanía.

Austeridad fiscal para asegurar que los grandes acreedores cobren. Recortes de gasto público y social para pagar los intereses de la deuda. Una deuda pública que crece sin cesar. Menos derechos laborales. Rebaja de salarios. Libertad total para la minoría rica. Más privatizaciones. Desigualdad, pobreza, represión. Millones que sufren. Ese es el escenario que hoy sufren las clases trabajadoras, la ciudadanía en general.

Según el Estatuto de Roma, que creó la Corte Penal Internacional, crimen contra la humanidad es “cualquier actuación que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien los sufre, cometido como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil“.

Se entiende habitualmente que tales crímenes son las deportaciones y asesinatos sistemáticos masivos, por ejemplo. Sí, pero ¿acaso las gravísimas consecuencias de la austeridad (teóricamente para afrontar la crisis) no son fruto de una actuación generalizada que desprecia a millones de civiles? Es justo empezar a hablar de crímenes económicos contra la humanidad.

Da igual que haya o no intención expresa. ¿Quién demuestra la intención? Pero los hechos sí son incontestables. Desde hace años hay muchas más personas que sufren, se empobrecen, pasan hambre, enferman, mueren… Cientos de millones. La situación económica se pudre y cierto reparto de la riqueza es un vago recuerdo.

En los 90, las políticas de ‘ajuste estructural’, que imponían el FMI y el Banco Mundial, acarrearon gravísimos costes sociales a la población de África, América Latina, Asia y Europa del Este. ¿Qué son ‘gravísimos costes sociales’ sino pobreza, desigualdad insultante, hambre, más enfermedad, más dolor y sufrimientos masivos? ¿Sufrimiento, pobreza, desigualdad y hambre no son tales si los generan la política del FMI, la banca, grandes empresas y gobiernos al servicio de la minoría? Claro que sí.

Hoy también sufren los ‘costes sociales’ de la austeridad en beneficio de esa minoría las clases trabajadoras de países desarrollados. ‘Costes sociales’ son menos derechos, pérdida de trabajo y vivienda, mientras millones y millones de familias ven amenazada su dignidad y supervivencia como inaceptable consecuencia del saqueo y trasvase de rentas de abajo hacia arriba que es la crisis.

¿No hay responsables? Los ‘mercados’, dicen. Los ‘mercados’ que imponen políticas y actuaciones económicas concretas para asegurar sus beneficios. Caiga quien caiga. Pero los ‘mercados’, como denunció Julio Anguita, tienen nombres y apellidos. No son entes incorpóreos ni ectoplasmas. Son entidades, empresas, instituciones, corporaciones, bancos, fondos buitre, grupos de presión… Que no funcionan y actúan por generación espontánea sino por individuos que deciden, eligen, actúan…

Es hora de llamar a las cosas por su nombre. Esas actuaciones y políticas concretas que causan tantos males a la población civil han de ser consideradas crímenes económicos contra la humanidad y como tales deben ser juzgados. Y procesar a sus autores intelectuales, ejecutores y cómplices necesarios. Porque esa austeridad impuesta no es solo un medio de acumular capital por la minoría sino el andamiaje de intereses que permite perpetrar crímenes contra la humanidad.

Shoshana Zuboff, antigua profesora de Harvard Business School, sostiene que el hecho de que los responsables de la crisis nieguen el daño provocado por sus acciones hace evidente la irresponsabilidad con que acumulan sumas millonarias. Zuboff argumenta que no es admisible culpar solo al sistema, como no lo habría sido culpar de los crímenes nazis a las ideas nazis y no a quienes los cometieron.

Desigualdad obscena y capitalismo

Hace unos días, Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, denunció que 1.000 millones de personas viven hoy en la pobreza más extrema. La séptima parte de población, casi un 15% de habitantes de la Tierra. Para señalar la enormidad de la situación, Kim indicaba que “para acabar con esa pobreza extrema se necesitaría que un millón de personas dejara de ser pobre cada semana durante 16 años”.

Hace algo más de cuatro años, José Vidal Beneyto denunciaba que “cada tres segundos muere un niño por sufrir pobreza y frente a ello cada día se multiplica vertiginosamente la fortuna de los más ricos”. Vidal Beneyto comprendía que, si hablamos de pobreza extrema, hay que hablar de su causa final: la riqueza extrema. Los informes de la ONU sobre desarrollo y recursos humanos permiten concluir que es falaz pretender que la pobreza no pueda ser eliminada de raíz. En absoluto es inevitable. Lo cierto es que malnutrición, hambre, muchas enfermedades, explotación, analfabetismo, mortalidad infantil… desaparecerían si acabaramos con el actual orden social cuyo principal objetivo real (no el pregonado, claro) es aumentar la riqueza de los ricos.

Citaba Vidal Beneyto un informe de Emanuel Saez y Thomas Piketty que exponía que el 1% de habitantes más ricos de Estados Unidos poseía una fortuna superior a lo que tenían entonces 170 millones de estadounidenses con menos recursos. Pero eso era así hace cinco años. Un estudio de la Universidad de California en Berkeley (Striking It Richer: The Evolution of Top Incomes in the United States) muestra que de 2009 a 2012 en Estados Unidos, el 1% más rico de la población se apropió del 95% del aumento de ingresos de ese país. El beneficio del 1% más rico creció más del 30% en ese periodo, pero el aumento del 99% restante solo fue un reducidísimo 0,4%.

Como muestran datos de Credit Suisse, en un mundo de 7.300 millones de habitantes, casi la mitad de la riqueza está en manos del 1% de población, en tanto que la otra mitad se reparte entre el 99% restante, abundando los que menos tienen. O nada. Una desigualdad que crece incesante, pues la riqueza cada vez se redistribuye menos y se concentra más y más en muy pocas manos. Y cuanta mayor desigualdad, mayor pobreza.

En el Reino de España, la desigualdad aumenta espectacularmente desde 2007 y hoy la convierte en el país europeo más desigual. En 2011, solo Bulgaria y Rumanía tenían tasas de riesgo de pobreza más elevadas.

Pero la desigualdad y su compañera de camino, la pobreza, no crecen solo España. En la presuntamente modélica Alemania ya hay ocho millones de trabajadores que ganan menos de 450 euros mensuales y ¿quién vive dignamente con esa miseria? En Francia, cuyo nivel de pobreza es el mayor desde 1997, dos millones de asalariados ganan menos de 645 euros al mes y 3,5 millones de personas necesitan ayuda en alimentos para sobrevivir. Incluso en los países con fama de más igualitarios (Suecia, Noruega…) la renta del 1% más rico ha aumentado más del 50%, pero no así la del resto.

Pero el caso español es más grave. Tal vez porque conserva  aún enquistado un tumor de franquismo. Según datos del FMI, solo Lituania supera al Reino de España en aumento de desigualdad. Desigualdad y pobreza siempre van de la mano y los datos apuntan a que  ambas alcanzarán niveles insostenibles de no poner remedio. Porque hablar de desigualdad es hablar necesariamente de pobreza con terribles consecuencias. Joanna Kerr, directora general de Action Aid, ha denunciado que, de no actuar de inmediato, podrían morir de aquí a 2015 un millón de niños más. Por pobreza extrema.

No se lucha contra la pobreza en serio sin hacerlo contra la desigualdad. Una desigualdad que no cesa y algunas de cuyas causas estructurales conocemos bien: la imposición de una libertad total para transacciones de bienes, capitales y servicios, la desregulación absoluta de la actividad económica (sobre todo financiera), la reducción drástica del gasto público, la exigencia de un rígido control presupuestario (sobre todo en servicios sociales y satisfacción de derechos) y la reducción salarial a la que denominan eufemísticamente ‘devaluación interna’. Por no hablar de la indecente rebaja sistemática de impuestos a los más ricos que empezó en los ochenta y no cesa.

Es evidente, por tanto, que para combatir la pobreza extrema es imprescindible acabar con la riqueza extrema. Es así porque, como dice Eduardo Galeano, “este capitalismo asesino mata hambrientos en lugar de matar el hambre y declara la guerra a los pobres, pero no a la pobreza”. Así las cosas, es obvio que no hay otra que zanjar el capitalismo. Por mucho que tardemos en lograrlo. Hay que despachar el capitalismo, porque nos lleva al colapso y a la práctica desaparición de la humanidad.

El hambre que no cesa, un crimen contra la humanidad

Hace unas semanas, UNICEF lanzó una alarma mundial: en el Sahel podían morir de hambre un millón y medio de personas de las que un millón serían niños y niñas. El pasado verano ya murieron 50.000 personas en el Cuerno de África también por una hambruna que los países ricos ignoraron. Otro capítulo de la tragedia y vergüenza del hambre que no cesa.

Según la ONU, en 2010 las personas que pasaban hambre en el mundo eran el 14% de la población mundial. Y no solo en África. También en América Latina, Asia e incluso en países ricos donde millones también pasan hambre. Un 14% es un porcentaje escandaloso que no se reduce desde 1995. ¿Sobrepoblación y carestía? No. La producción de alimentos se ha triplicado en el último medio siglo, en tanto que la población solo se ha duplicado. No faltan alimentos. Pero el hambre no se reduce. Crece.

Cuando la ONU declaró la hambruna del Cuerno de África, una sequía azotaba esa región y ello conllevó el aumento de precio de los alimentos. Pero no solo la sequía fue responsable del hambre. En Acción contra el Hambre afirman que “la sequía puede ser factor desencadenante de hambruna, pero no la causa de fondo”.

En marzo de 2011 los precios de cereales habían aumentado el 70% respecto al año anterior por las políticas neoliberales de países ricos. Mientras, el Banco Mundial y FMI presionaban a los países pobres para cambiar su modelo agrícola y cultivar productos agrícolas para la exportación. Así ahogaron la agricultura de consumo que alimentaba los paises empobrecidos al convertir los alimentos en productos exportables y también financieros expuestos a la especulación.

Olivier De Schutter, relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación, acusa a los especuladores financieros y a los de tierras como responsables de que no acabe el hambre.

Sequía y variaciones de oferta y demanda no explican la volatilidad de precios de los alimentos. Pero la burbuja especulativa de los alimentos, sí. ¿Cómo explicar, por ejemplo, que los productos lácteos aumentaran un 157% en 2007 para caer considerablemente en 2008 sin causa objetiva aparente? Pura especulación financiera.

De Schutter denuncia que la compraventa especulativa de grandes extensiones de tierras de países empobrecidos por empresas privadas también contribuye a la plaga del hambre. Según estudios de Land Matrick Partnership y Oxfam, desde hace unos años en África por ejemplo, se compran tierras la suma de cuyas superficies es como toda Europa del Este. Y los fondos de inversión y de alto riesgo especulan con esa compraventa. A menudo, además, venden cosechas íntegras al extranjero, dejando al país sin alimentos suficientes. Y entra en juego la segunda especulación.

Comerciantes locales con poder económico acaparan alimentos y los retiran del mercado, a la espera de que suban los precios par vender. Según “Acción contra el Hambre”, así ocurre, por ejemplo, en Nigeria y Níger. Nigeria compra a Níger gran parte de producción agrícola y espera a que Níger agote sus reservas. Entonces vende a Níger los alimentos que le compró, pero más caros. Acaparamiento y especulación que no solo perpetra Nigeria.

Que la especulación tiene todo que ver con el hambre lo muestra que los fondos de inversión en alimentos apenas sumaban 13.000 millones de dólares en 2003. Pero en 2008 ya eran 317.000 millones. ¿Por qué? Explotó la burbuja inmobiliaria y los buitres de la especulación se lanzaron sobre los alimentos para sustituir como oscuro objeto de especulación viviendas por alimentos. Todo por lograr grandes beneficios en tiempo breve. Los aumentos de precio de alimentos poco tienen que ver con la oferta y la demanda y mucho con la especulación.

Hace casi dos años, 140 jefes de Estado y de Gobierno se reunieron en Nueva York para revisar los Objetivos del Milenio, ocho retos fijados en 2000 para acabar con la pobreza. Los Objetivos deberían estar cumplidos de aquí a tres años, pero en 2010 había en el mundo 925 millones de hambrientos y hoy ya son 1.000 millones.

Pero hay medidas a tomar: sacar los alimentos de los mercados financieros, aumentar las reservas mundiales de alimentos (hoy muy escasas) y regular con lupa los acuerdos de compraventa o arrendamientos de tierras a gran escala.

 La pobreza no es una desgracia ni el hambre un desastre. Como dijo Ghandi, el hambre es un insulto que humilla, que destruye cuerpo y espíritu; lo más asesino que hay. Un genocidio según Olarán. Y no acabar con el hambre, cuando se puede, es un crimen de lesa humanidad. Un crimen con inductores, ejecutores, cómplices y encubridores.

En tanto que el derecho a la alimentación no sea prioritario con todas sus consecuencias en las políticas de los gobiernos, habrá hambre. Y continuará siendo crimen contra la humanidad