La banca rescatada con ayudas públicas ha de ser pública

Según los peritos del Banco de España, enviados por el juez Andreu de la Audiencia Nacional para investigar a Bankia bajo sospecha, Rodrigo Rato (ex vicepresidente económico del Gobierno y posteriormente presidente de esa entidad financiera) infló artificialmente en 544 millones se euros los recursos propios y el patrimonio neto, y un año después ocultó pérdidas de 2.000 millones de euros. La Plataforma por la Banca Pública, integrada por 38 organizaciones y entidades sociales, económicas, cívicas, políticas y sindicales de España, ya denunciaba documentadamente hace casi cuatro años que los balances de Bankia no reflejaban las cifras reales ni su verdadero patrimonio. Y lo hizo analizando con rigor las cifras de Bankia de los informes del Banco de España.

Pero, la presunta estafa que haya habido en Bankia para salir a Bolsa en buenas condiciones, que no eran las reales, no es el principal problema de esta entidad. El principal problema es que tiene los pies de barro. Más allá de las actuaciones que sean delito, lo más preocupante es la verdadera situación de Bankia. Como la del sector financiero español, por cierto.

El Gobierno aportó 22.424 millones de euros de capital a Bankia en 2012 para que no quebrara. Las ayudas públicas a Bankia han sido cuantiosas. Desde ese capital inyectado hasta avales, garantías, compra de activos tóxicos por el Sareb (el “banco malo”), títulos, créditos fiscales y préstamos del Banco Central Europeo. En total, 147.810 millones de euros.

En Bankia niegan que las cosas vayan mal y pretenden que ya tienen beneficios. Pero no son tales, pues los pretendidos beneficios no suponen más patrimonio de la entidad. Son ayudas públicas, ingresos por ventas irrepetibles, lo estafado a los preferentistas y rebaja de provisiones contra la morosidad. No son beneficios reales, sino recursos y trucos contables.

Economistas críticos aseguran que no solo Bankia sino el sector financiero español es insolvente. Carlos Sánchez Mato lo demuestra con cifras de los informes del Banco de España. La banca española, que ha costado muchísimo dinero a la ciudadanía a través de los regalos de los gobiernos de Zapatero y Rajoy, no está hoy mejor que cuando estalló la crisis. Las diversas ayudas públicas a la banca española, igual que a Bankia (capital, avales, compra de activos y un largo etcétera de ayudas públicas, incluidos los baratísimos préstamos del BCE que también son ayuda pública), suman 1 billón y 400.000 millones de euros. Pero esos bancos no recuperan la solvencia.

De lo acaecido con la banca, su actuación y situación actual cabe deducir que, sin las ayudas públicas, la banca privada española se hubiera hundido. Como Bankia.

¿Por qué sostener con dinero público un negocio privado que no es capaz de funcionar por sí solo? En el paradigmático caso de Bankia, si no es viable sin apoyo público, que sea pública. Lo es en la medida que el 92,5% de acciones son del Estado a través del FROB, pero amenazan con privatizarlo y ya han vendido muy barato un 7,5% de acciones a un banco sudamericano.

Bankia ha de ser pública con todas las características de la banca pública. Es decir, prioridad de inversión en beneficio de la economía productiva, a favor de la ciudadanía y apoyo a la pequeña y mediana empresa que, por cierto, proporciona el 80% de empleos de este país. Y, por supuesto, control ciudadano. No como el simulacro que hubo en las cajas de ahorros en sus últimos años sino verdadero control social. Y una transparencia que deslumbre.

La ciudadanía ha de exigir la nacionalización definitiva y completa de Bankia. Porque es de justicia al salvarse con capital y ayudas públicas. Se le debe a la ciudadanía. Puesto que la banca privada no se derrumba por las enormes ayudas públicas, lo justo es que la banca privada se convierta en pública, porque los impuestos que paga la ciudadanía ya han aportado a los bancos privados lo suficiente como para tener mayoría en los consejos de administración de casi todos los bancos rescatados con ayudas públicas.

Una banca pública controlada democráticamente por la ciudadanía contribuiría de modo decisivo a recuperar una economía real marcada por la voluntad social. Por cierto, la mayor parte de aseveraciones de este escrito en cuanto a solvencia, son aplicables en esencia a la banca europea.

Soportamos una banca privada adicta al dinero público fácil

Si la banca privada no da créditos y solo se beneficia a sí misma, ¿para qué queremos la banca privada? ¿En que beneficia a la ciudadanía, a la gente común, que la banca española haya superado los dichosos test europeos de solvencia, llamados de estrés? Claro que han superado esos test porque, además del ingente rescate bancario con cientos de miles de millones de euros de los últimos años, les han tolerado maquillar sus balances con ocultaciones, trampas y dispensas contables más ayudas normativas que les han permitido registrar beneficios sin reflejar su verdadera situación patrimonial, nada boyante por cierto, sin contar las pérdidas reales.

¿Cómo no superar los test tras las inyecciones de liquidez, aportaciones de capital, garantías, ahorro de impuestos y avales más los préstamos del Banco Central Europeo que elevan entre todo las ayudas públicas a la banca española a 1,4 billones de euros?

Se han superado los test, pero el crédito no fluye. Lo reconoce el propio FMI que, tras haber estudiado 300 grandes bancos de economías avanzadas, diagnostica que “las entidades financieras no tienen músculo financiero suficiente para apoyar la reactivación”. ¿Cuánto dinero público más necesitan para lograr la musculatura necesaria? Y, entre esos trescientos, están los bancos españoles. Todos dependen de las ayudas públicas o se hubieran hundido hace tiempo.

Lo ha contado alto y claro Marco Antonio Moreno, especialista en el mundo financiero: “El sistema financiero se ha vuelto dependiente de las inyecciones de dinero barato. Y cuando alguien como Janet Yellen (presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos, el banco central estadounidense) dice que el dinero barato llegará a su fin, el pánico inunda las bolsas. Porque lo cierto es que no se puede esperar nada más de una banca adicta al dinero barato, que se le dio para la reactivar la economía, pero que utiliza para especular más”.

Así es, el dinero que presta baratísimo el Banco Central Europeo (BCE) sirve para comprar bonos de deuda pública y ganar 6 veces lo invertido. Sólo por mover el dinero del BCE a las arcas estatales. Es la cruda realidad de la banca española. Una banca que solo trabaja para sí, inútil para la ciudadanía. Pero lo cierto es que se necesita dinero real, no apuntes contables ni activos diferidos. Verdadero dinero real, porque la economía real se estanca por falta de demanda y por ausencia de crédito. Pero ese crédito no lo proporciona la banca privada. Y, para más inri, la banca española, tras superar los test inútilmente (porque el crédito brilla por su ausencia), aún pedirá 18.000 millones de euros más en la barra libre de liquidez del BCE de diciembre, a tipos muy baratos por supuesto. En la barra libre de hace unos meses, Banco Santander, BBVA, Caixabank, Banco Popular y Bankia consiguieron 15.000 millones de euros entre todos. El cuento de nunca acabar. Dinero público fácil.

Los bancos españoles son yonquis financieros, adictos al dinero público fácil pero, si las ayudas que devoran sin cesar son públicas y ellos no dan el crédito necesario porque su situación patrimonial de pena no lo permite, a pesar de los test, ¿por qué continuar ayudándolos? ¿No sería mejor comprobar ya que, por grandes que sean, es mejor dejarlos caer? Porque el principio o mantra too big to fail, “demasiado grandes para dejarlos caer”, ha sido y es un engaño para que los bancos grandes se comieran a los pequeños y no cesen las ayudas públicas.

El economista y profesor Juan Torres ha recordado que “las ayudas a los bancos que provocaron la crisis ni siquiera han limpiado sus balances y el FMI ha señalado que solo en Europa los bancos acumulan 800.000 millones de euros en activos tóxicos, lo que puede provocar nuevas quiebras en un futuro inmediato”. Así están las cosas y el problema continúa. En realidad, las ayudas públicas a la banca han servido para hacer aún más fuertes a los bancos. Para especular. Pero empresas y familias continúan sin poder financiarse. Y la economía no arranca. ¿No hubiera sido más barato y eficaz haber adquirido la banca privada quebrada, en vez de sanearla para privatizarla, y construir un nuevo sistema financiero público al servicio de la economía real? Yo diría que sí.