Gobiernos y bancos centrales usan un doble rasero indecente

Ante el debate de los Presupuestos Generales del Estado, en España medios informativos hablan de ‘techo de gasto’. En román paladín significa que se dedicará menos dinero a partidas sociales, que la gente necesita para asegurar sus derechos a la sanidad, a la educación, a la protección social… Y en Oviedo hubo el I Encuentro Municipalista contra la deuda ilegítima y los recortes, que reunió a más de 700 concejales, alcaldes y diputados regionales.

Ambos hechos tienen que ver con cuentas públicas, ayudas, deuda, déficit e ingresos. En Oviedo acordaron cuestionar las deudas ilegítimas de los ayuntamientos para poder anularlas y financiar servicios esenciales para la ciudadanía. Porque se va mucho dinero en pagar intereses de deudas ilegítimas. Mientras el gobierno del Partido Popular agobia a municipios y comunidades autónomas exigiendo reducir el déficit.

El acoso gubernamental se concretó con un Plan de Pago a Proveedores de Ayuntamientos y un Fondo de Liquidez Autonómico. Pero no son medios para ayudar a municipios y autonomías. Se beneficia la banca porque, cuando ayuntamientos y autonomías piden préstamos para pagar a creedores o disponer de liquidez, los intereses que les imponen los bancos son 26 veces los que el Banco Central Europeo (BCE) aplica a esos mismos bancos. De que pasta está hecho fiscalmente este gobierno del Partido Popular lo muestra que el ministro de Hacienda Montoro amenazara con medidas punitivas al concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Madrid, Carlos Sánchez Mato, por reducir 1.074 millones la deuda municipal de Madrid y aumentar el gasto social casi 27 % con los intereses ahorrados.

Mientras tanto, el BCE dedica grandes sumas a compras de bonos de deuda. Algo que se repite desde el inicio de la llamada crisis. Por supuesto, los principales beneficiados han sido los bancos, pero ahora el BCE da un paso más y compra bonos corporativos, deuda de grandes empresas; de hecho préstamos baratos a las corporaciones.

Aunque no se desvelan oficialmente esas empresas, el Observatorio Corporativo de Europa ha revelado que esas compras de bonos benefician a empresas petroleras, de gas, fabricantes de automóviles, fabricantes de coches de lujo, constructores de autopistas, productores de champán y fabricantes de juegos de azar. Empresas como Shell, Repsol, BMW, Daimler AG, Renault, Fiat y Ferrari, por ejemplo. Incluso Volkswagen, con sus reiteradas falsificaciones de emisión de gases invernadero de sus automóviles. No solo no les multan sino que les prestan.

Otras corporaciones beneficiadas son Estonio Eesti Energia (mina estadounidense de arenas bituminosas, la energía más sucia), Ryanair (infame por su desprecio de derechos laborales), Gas Natural (que corta luz y calefacción cuando la gente se retrasa en el pago), la italiana ENEL (que construye presas en América del Sur que dañarán esas tierras) y Thales, que fabrica misiles. Vistas las empresas favorecidas, el BCE en realidad apoya a empresas que contribuyen al cambio climático.

El Programa de Compras de Valores Corporativos del BCE ya había concedido a varias corporaciones en cinco meses 46.000 millones de euros comprando bonos de deuda. Y comprará 125.000 millones de euros más el próximo año. Suma considerable, inaccesible a las Pymes, por cierto. Porque al BCE no le da la gana.

Mientras tanto, la evasión y elusión de impuestos, que restan necesarios ingresos públicos, campan a sus anchas en España, en Europa. Tras saber que grandes corporaciones (Apple, Google…) han dejado de pagar un montón de dinero de impuestos que deberían, Amancio Ortega, el hombre más rico de España, ha logrado que sus empresas no paguen de 2011 a 2014 en varios países en los que actúan casi seiscientos millones de euros. Gracias a ingeniería financiera contable, según informe de los Verdes del Parlamento Europeo. Zara, por ejemplo, eludió pagar más de 218 millones en España

Y eso sucede cuando el FMI, inasequible a la razón y a la justicia, pide a España que revise el gasto en Educación y Sanidad; es decir, que recorte esas partidas y, además, que suba los IVA reducidos de productos necesarios. Es el mismo FMI cuyos análisis y medidas durante 30 años agudizaron las crisis en vez de frenarlas. Así lo afirma Olivier Blanchard, que fue economista jefe de la entidad, en el informe “Errores de pronóstico de crecimiento y multiplicadores fiscales” que, si no lo han quitado, está en la web del FMI. Pero ellos, a lo suyo: recortar gastos, rebajar inversiones sociales y subir impuestos indirectos, los más injustos.  En una palabra, impulsando crisis.

La crisis de refugiados, una vergüenza europea

Fallecen asfixiados 71 refugiados hacinados en el interior de un camión refrigerador. Mueren ahogados once refugiados cerca de Grecia. Italia socorre en un día a 1.200 personas a la deriva. Por Serbia han pasado 115.000 refugiados desde principio de 2015. Unas 3.000 personas acampan cerca de la estación de tren de Budapest para viajar a Alemania.  Muere ahogado Aylan Kurdi, el niño kurdo de tres años de Siria…

Guerra, detenciones arbitrarias, torturas, abusos sexuales y asesinatos han sido realidad cotidiana de seis de cada diez personas que llegan en masa a Europa este 2015. Porque no son inmigrantes: son refugiados. Según la Convención de Naciones Unidas de 1951, refugiado es quien abandona forzado su país y no puede regresar por temor fundado a ser perseguido, encarcelado, maltratado o asesinado. Hasta hoy han solicitado asilo en países europeos más de 400.000 personas. No huyen de la pobreza, sino de la guerra de Siria, de conflictos armados en Kosovo, Albania, Afganistán e Irak o de la violación sistemática de sus derechos humanos en Eritrea, Somalia, Nigeria o Pakistán. Y siempre de la violencia armada. Es la peor crisis de refugiados en Europa desde el final de la II Guerra Mundial.

La mayor crisis migratoria en Europa desde hace setenta años amenaza la libre circulación de personas, pilar de la Unión Europea que garantiza (hasta ahora) el tratado de Schengen. Amenaza real por la actitud insolidaria de los mandatarios europeos, porque la llegada de miles de refugiados a Europa pone a prueba el pretendido espíritu democrático de la Unión. Esta crisis no es problema griego, alemán, italiano, español o húngaro sino europeo. En realidad, internacional, pues la oleada de refugiados tiene su origen en la actuación de Arabia Saudita, Quatar, otros emiratos, Israel, EEUU y la OTAN (de la que forma parte la Unión Europea). Tiene su origen en los bombardeos e invasión de Afganistán, Irak y Libia. En el genocidio intermitente de Gaza y en haber alentado la guerra civil en Siria, armar a las facciones enfrentadas y financiar a fundamentalistas. Por eso los refugiados pueden decir justamente, como ilustra el humorista El Roto: Huimos hoy de nuestras guerras que en su origen fueron vuestras guerras.

Hasta ahora la Unión Europea apenas ha respondido salvo con una reunión extraordinaria nada eficaz tras los naufragios en el Mediterráneo de la primavera pasada que costaron la vida a un millar de personas. A pesar de la gravedad de la situación, los pacatos estados miembros de la Unión no acuerdan nada. ¿Es posible tanta cobardía, tanta miseria? Tras dos meses de discusiones, los líderes europeos pactaron acoger a 32.256 refugiados procedentes de Italia y Grecia, aunque ahora hablan de que sean 120.000 y Alemania, Francia y España dicen que acogerán al 60% de los refugiados. Habrá que verlo, porque nada deciden en concreto, negro sobre blanco y Europa olvida que en los últimos cien años inundó el mundo de refugiados que huían de sus guerras y conflictos.

España es paradigma de esa actitud miserable ante los refugiados. En 2009 aprobó una Ley de Asilo… que no se aplica porque seis años después no se ha elaborado el reglamento. Y día tras día varían de pensamiento al respecto. Que la Unión Europea no afronta en serio el problema de los refugiados lo demuestra que de 2007 a 2013 ha dedicado casi 2.000 millones de euros a proteger sus fronteras, pero sólo 700 para atender a refugiados. Obras son amores.

En esta crisis masiva, fracasará cualquier propuesta que no ponga por delante a las personas y sus derechos. Y cuestionará la legitimidad de la Unión Europea y de sus mandatarios. Urge una política europea de asilo basada en la solidaridad y el respeto de los derechos humanos y no en el control de fronteras. Sin olvidar que acoger refugiados no es cuestión de compadecerse de quienes huyen del dolor y la muerte, porque el asilo es un derecho indiscutible.

Pero, a pesar de la miseria moral y política de los mandatarios europeos, hay esperanza porque, mientras los gobiernos marean la perdiz, los municipios gobernados por equipos de unidad popular vencedores en las pasadas elecciones municipales en España, por ejemplo, organizan una red de ciudades-refugio para desplazados. El Ayuntamiento de Barcelona ha creado un registro con personas y familias que ofrecen sus domicilios para acoger a refugiados y el de Madrid ha aprobado un plan de urgencia de 10 millones de euros para atenderlos. También se suman los ayuntamientos de Las Palmas, Vitoria, Valencia, Zaragoza, Pamplona, Málaga, A Coruña y otras muchas ciudades. Y en Alemania, la ciudadanía rescata a los refugiados de la dejadez institucional del gobierno; familias alemanas los acogen y grupos de voluntarios reparten alimentos, agua y mantas en los asentamientos, mientras pancartas en los estadios de fútbol y portadas de periódicos locales dan la bienvenida a los refugiados. Y la buena noticia de que finalmente Ángela Merkel reacciona y reclama una solución real al problema de los refugiados en Europa.

Tal vez no esté todo perdido.

Otro país y otro futuro empiezan ahora

Grecia nos precedió y el pueblo trabajador eligió a Syriza para gobernar y construir otro país, justo, libre y democrático, contra todas las trampas, golpes bajos y chantajes de una Europa vieja, egoísta y caduca. Y el 24 de mayo de 2015 también empezó un cambio en España. Una transformación cuyo origen probablemente se inició hace cuatro años con la sacudida de la conciencia colectiva que fue el 15M. Poco se imaginaba el delegado del gobierno de Madrid (responsable político de las fuerzas policiales) que la orden que dio a los guardias de desalojar de la Puerta del Sol a una cuarentena de jóvenes que allí habían acampado desataría un movimiento de indignación social ciudadana que se extendió a Europa e incluso a EEUU. De aquella indignación surgió que grandes sectores de una población adormecida hasta entonces se organizaran en movimientos sociales y entidades cívicas. Y también que, a medida que el movimiento de los indignados progresaba y reflexionaba, se considerara de nuevo la necesidad de hacer política para cambiar las cosas, conscientes de que pasar de política, como se había hecho en los últimos años, no era una solución, porque la política nunca pasa de nosotros.  Pero el 15M también significó demostrar que los modos y maneras de hacer política habituales ya no servían y era palmario cuanto se había desnaturalizado y corrompido la democracia parlamentaria representativa, concretado en el grito de millones de voces de ¡No nos representan!

Cuatro años después, la izquierda en amplias coaliciones y plataformas de unidad popular ha arrebatado al PP (y en Barcelona a la también corrupta CiU) el poder municipal de casi todas las grandes ciudades y de las poblaciones más nutridas, así como el gobierno de varias comunidades autónomas. En realidad, el PP solo podrá gobernar en tres regiones: Castilla y León, La Rioja y Murcia.

Es el principio del fin de esta gente, de esta derecha cavernícola y neofranquista que lleva más de dos décadas saqueando y arruinando el país y que, con toda probabilidad, se hundirá en las próximas elecciones generales de noviembre. Pero el triunfo no nos ha de permitir dormirnos en los laureles, porque ahora empieza de verdad el trabajo difícil. Y para ese trabajo hay que fajarse y apuntalarse porque estará plagado de obstáculos, asechanzas, obstrucciones y dificultades.

Empieza una época en la que la derecha mentirá más que nunca, pondrá trampas diversas y lanzara ataques de todo tipo… para que los gobiernos de la unidad popular fracasen. Pero antes emponzoñarán hasta el aire para que no se formen esos gobiernos  de izquierda. Pues bien, ante todas esas amenazas, el pueblo trabajador se ha de organizar aún más si cabe, más allá de las siglas (que no han de desaparecer ni mucho menos), en estructuras de poder popular fuertes, sólidas. Porque frente a las falacias estúpidas de la derecha sobre la “fragmentación” de tantos partidos y grupos de izquierda, nosotros proclamamos que lo que ellos llaman fragmentación es la expresión de la pluralidad y de la libertad del pueblo trabajador.

Esas organizaciones de poder popular han de asegurar que la democracia sea cada vez más participativa y han de recordar y exigir a los gobiernos municipales y autonómicos de izquierda lo que han de hacer y que han de cumplir lo prometido. Porque un programa electoral es un contrato con la ciudadanía. Además, las organizaciones populares han de apoyar con determinación y sin fisuras a los gobiernos de izquierda, cuando arrecien los ataques de la derecha, con tanta movilización como sea necesaria. Todas las acciones colectivas necesarias contra esos ataques que sin duda vendrán de la minoría rica privilegiada dominante, de la clase política rancia, casposa y corrupta y de una prensa y unos medios vendidos a los intereses y trampantojos de esa minoría.

No va a ser fácil, pero es cierto, y ya no es solo un sueño, que se puede empezar a cambiar este país si aceptamos el reto y estamos dispuestos a luchar desde ahora por unas regiones y por unas ciudades más justas, democráticas y solidarias. Básicamente depende de nosotros, del pueblo trabajador.