Contra el tratado comercial llamado CETA de la Unión Europea con Canadá

Los tratados bilaterales de comercio e inversión se convierten en nuestros días en verdadera amenaza para la democracia y la consecución de un mínimo de justicia. Ahora hay que enfrentarse al CETA, el tratado bilateral firmado por la Unión Europea y Canadá, un país que suele caer simpático, con nueve millones de habitantes menos que España pero una superficie veinte veces mayor. Y tan capitalista como su vecino EEUU.

Ese CETA está pendiente de ser ratificado (o no) por el Parlamento Europeo. Y es preciso que el Parlamento Europeo no ratifique el tratado y lo convierta en papel mojado y, por supuesto, que no se firme el otro tartado bilateral, el TTIP, de la UE con EEUU.

El movimiento ciudadano europeo no se fía de que no se firme el TTIP como ha dicho el ministro alemán de economía y promete un otoño caliente y agitado para presionar más. Para que la minoría político-económica que mangonea Europa no ose ratificar el CETA y tampoco firme el TTIP. Es posible. En 1998, una intensa movilización ciudadana envío al baúl de los trastos el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI). Como hoy CETA y TTIP, el AMI era un tratado pretendía ser el paraguas de las inversiones extranjeras con muchos derechos para las empresas y apenas deberes. Hoy es un recuerdo. Se pueden derribar CETA y TTIP como se frenó el AMI.

Ahora el pueblo trabajador ha de oponerse al CETA frontalmente porque, de entrar en vigor, grandes explotaciones agropecuarias expulsarían las granjas familiares y explotaciones agrícolas medianas que hoy abundan en Europa. Canadá perdió más de 160.000 explotaciones agrarias familiares por su acuerdo comercial con Estados Unidos. Europa las perdería por millones.

Además, la historia reciente nos muestra que esos tratados arriesgan la seguridad alimentaria al armonizar normas, porque armonizar siempre es a la baja y para mal. En plata, el CETA reduciría la seguridad de los alimentos que vengan de Canadá a la Unión Europea. El CETA reduciría al mínimo las normas protectoras de alimentación segura y sana porque el CETA haría aceptar alimentos vegetales con pesticidas. La Comisión Europea prohibió insecticidas químicos con neonicotinoides (vinculados a la muerte de millones de abejas en el mundo, muy peligrosa para la humanidad), pero Canadá no. Además, las normas canadienses permiten que la carne de vaca y pollo se lave con agua con cloro, práctica prohibida en la UE. En Canadá se permite la ractopamina, fármaco que estimula el crecimiento del ganado y se inyecta a bueyes, cerdos y pavos. Esa droga está prohibida en 160 países (incluida la UE) por su peligroso impacto en la salud humana. Y una larga lista de agresiones similares a la salud. Es obvio que se ‘armonizaría’ a la baja y la salud de los europeos estaría mucho más amenazada.

Además, Canadá es uno de los tres grandes productores del mundo de alimentos genéticamente transformados y ni siquiera obliga a identificar esos alimentos transgénicos. Si se ratificara el CETA sería realidad el objetivo del Centro Canadiense de Políticas Alternativas: “Presionar para debilitar las normas de seguridad alimentaria de la UE.” Más claro, agua cristalina. En resumen, el CETA significaría que a la UE llegarían cuanto menos aceite de colza, maíz, soja, manzanas y remolachas canadienses genéticamente modificados. Además de salmón genéticamente modificado. Es necesario oponerse al CETA porque las normas de alimentos transgénicos, pesticidas, colorantes, pollo lavado con cloro y carne con hormonas de Canadá son peligrosas para la salud humana y la armonización las impondría en Europa. Los europeos deben saber que disminuiría la seguridad de los alimentos e incluso desaparecería en muchos casos, de ratificarse el CETA.

Una vez más queda patente que este sistema socio-económico que llamamos capitalismo, predador, explotador, saqueador, insostenible, por ende suicida (porque acaba los  recursos y se carga la  única Tierra que tenemos y, por tanto, además estúpido) ha de ser  sustituido. Sus motores, crecimiento y beneficios exponenciales, nos llevan al desastre. Por eso es imprescindible sustituir esos destructores principios por los de satisfacer necesidades, respetar derechos, cooperar y colaborar, además de preservar la naturaleza y salvar la Tierra. Es necesario y así otro mundo será posible.

Anuncios

Hay que impedir el tratado entre EEUU y Europa

Se ha conocido una arbitrariedad fascistoide de la Comisión Europea con los diputados del Europarlamento y el tratado libre comercio e inversión (TTIP) que negocian muy en secreto la Unión Europea y Estados Unidos. ¡La UE sólo permite a los eurodiputados leer dos horas el texto negociado del tratado! Para mayor desgracia, prohíbe a los europarlamentarios hablar con nadie del mismo. El corto tiempo de lectura del oscuro tratado ha de ser en una sala segura, sin grabadoras, magnetófonos ni otros dispositivos electrónicos. Ni siquiera papel y bolígrafo y bajo vigilancia. No sabemos si los vigilantes van armados, pero sí que los legítimos representantes de ciudadanos y ciudadanas europeos reciben el trato de sospechosos de un delito.

¿Qué oscuros secretos esconde la Comisión Europea para tomar tantas precauciones que impidan conocer por la ciudadanía el muy reservado Tratado entre Estados Unidos y la Unión?

Quizás porque conocer los hechos, datos y detalles del escondido Tratado supondría que la gente averiguara lo que supone de verdad para europeos y europeas. Conocer esos pactos y convenios permitiría a la ciudadanía saber los males que nos aquejarán si se firma el TTIP. Males coincidentes probablemente con los efectos del Tratado que señala un estudio de impacto del mismo elaborado por la Universidad Tufts de Boston y la Organización Internacional del Trabajo.

Según ese informe, el TTIP destruirá 600.000 empleos en Europa en diez años y provocará la caída del PIB hasta un 2% en los países más desarrollados. Más la pérdida demostrada del poder adquisitivo de las familias, una vida peor para millones de ciudadanos y la disminución de la recaudación fiscal de los Estados hasta un 0,64% del PIB al reducirse empleos y salarios. Además, el TTIP abrirá en Europa la puerta al peligroso fracking, como ocurrió en Canadá.

El fracking o fractura es el método de obtención de petróleo alojado en rocas del subsuelo profundo por perforación e inyección de agua a presión con productos químicos tóxicos a miles de metros de profundidad. Ya se ha demostrado que el contamina las aguas subterráneas y las de superficie, además de causar pequeños terremotos. Asimismo, se sabe que las sustancias químicas tóxicas utilizadas son muy dañinas para la salud al contaminar las aguas y el aire, pues provocan problemas de piel, en la vista y el sistema digestivo, además de causar problemas respiratorios, migrañas continuas, náuseas, alergias e incluso generar cáncer. El fracking es definitivamente muy peligroso sin contar que es estúpidamente caro para obtener petróleo. Pero hay más.

Otro peligro evidente del TTIP es el procedimiento para resolver conflictos entre inversores y estados (ISDS por sus siglas en inglés). Un conjunto de normas que coloca a los gobiernos a los pies de los caballos y los hace muy vulnerables ante las más que posibles demandas multimillonarias de empresas y corporaciones. Corporaciones y empresas podrán demandar a los estados si consideran que las medidas gubernamentales y leyes nacionales pueden perjudicar sus intereses. Simplemente si les parece. Hay precedentes de otros tratados bilaterales de inversión por los que algunos gobiernos han pagado fortunas por esas demandas. La Comisión Europea hizo una consulta pública sobre tal mecanismo y el 95% de los ciudadanos europeos encuestados rechazó frontalmente el ISDS. Pero la Comisión no hace ni caso a esos resultados, a la voluntad ciudadana.

Organizaciones cívicas, sociales y políticas europeas, así como grupos del Europarlamento, han denunciado que el ISDS supondría una peligrosa pérdida de soberanía de los Estados por verse obligados a cambiar leyes nacionales aprobadas democráticamente para cumplir sentencias favorables a grandes empresas y corporaciones. Sentencias interesadas dictadas por pretendidos tribunales internacionales de arbitraje que, no nos engañemos, solo son oscuros tríos de carísimos abogados privados. Hay que reconocer que la mafia no saqueaba mejor en el Chicago de Al Capone de los años 30.

La oposición al TTIP ha de crecer hasta paralizarlo y arrojarlo al olvido. Es posible. Hace unos años, la movilización ciudadana frenó e hizo desaparecer un nefasto Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) que daba a las empresas todos los derechos y privilegios y apenas deberes. El AMI tenía que ser el marco obligatorio de la Organización Mundial del Comercio (OMC), pero las intensas protestas mundiales de 1998 contra el AMI paralizaron el acuerdo.

Hay que frenar e impedir el TTIP. Porque se puede.