El largo camino del cambio

Los resultados electorales del pasado 26 de junio en España dejan amargo sabor de boca al pueblo trabajador. Porque se aleja la esperanza de un gobierno progresista y el corrompido PP obtiene 137 escaños, cuando hace poco apenas conseguía ciento veinte según las encuestas. Pero le costará gobernar, porque con sus aliados naturales, Ciudadanos, solo suman 169 escaños, siete menos que la mayoría absoluta para poder investir a Rajoy como presidente del gobierno. Rajoy necesitará siete abstenciones para ser investido, pero lo será, porque no parece de recibo repetir los comicios.

Pero más allá de las cifras, estas elecciones han mostrado la vieja práctica de tergiversar o manipular encuestas, dando resultados excelentes a la oposición de izquierda para desmovilizar a sus votantes y, al contrario, movilizar a los conservadores. Y así parece haber sido.

Como los medios nacionales no podían publicar encuestas un par de días antes de los comicios, los conservadores han recurrido a un diario del paraíso fiscal Andorra, estado soberano del tamaño de una nuez, para publicar un sondeo que mostraba a Unidos Podemos, la izquierda, alcanzando al PP.

El segundo capítulo es que el recuento de votos depende del Ministerio de Interior, cuyo titular está hoy envuelto en sospechas de presunta extorsión a adversarios políticos con informes de corrupción de esos adversarios, que grabaciones telefónicas reveladas han dado a conocer.

¿Qué crédito se tiene así? Como ha escrito Pedro Agueda, han estallado cuatro años de guerra sucia del ministro de Interior contra partidos de la oposición. La historia arranca cuando ese ministro del Partido Popular designa a su cúpula policial y un grupo de mandos elabora sospechosos informes contra rivales políticos del PP sin autoría específica clara, que se filtraban a los medios.

En ese clima oscuro, surgen en la Red sospechas de irregularidades en el recuento de votos. Presuntamente. Según los activistas de Anonymus, comparando el número de quienes pueden votar y los resultados, a la espera de votos de residentes en otros países, parece no saberse donde han ido a parar 1. 200.000 votos. Aunque en realidad, ese estado de ánimo, esa sospecha difusa, quizás sea solo expresión de una frustración colectiva, como ha indicado el periodista Ignacio Escolar.

Y otra última reflexión. Quienes esperaban que con estas elecciones cambiarían las cosas han pecado tal vez de ingenuidad. En este país, con una historia agitada en los dos últimos siglos, mientras muchos países europeos pasaban del régimen absoluto a la democracia llamemos burguesa y al capitalismo industrial, en España el nefasto Fernando VII restauraba la Inquisición y entregaba la deformación mental del pueblo a la Iglesia. Y eso se paga. En esos dos siglos, solo hubo un intento de regeneración democrática: la II República (un proyecto reformista, pero reformista de verdad) que acabó como sabemos. Seguida de una genocida dictadura (ONU dixit) de la que no nos hemos librado del todo, pues con el PP gobernante mandan hijos y nietos de quienes levantaron y mantuvieron esa nefanda dictadura. Con su estilo y principios.

Para cambiar las cosas y lograr justicia, igualdad y libertad, cabe pelear en todos los frentes. También en el electoral. Pero sin olvidar la sabia reflexión del luchador por la democracia de Túnez Moncef Marzouki: “El tiempo de los regímenes políticos no es el de los hombres. Si quiero transformar Túnez, con siglos de antigüedad, no voy a querer cambiarla en solo quince años. Tengo que aceptar el tiempo prolongado. Pero no me desanimo, porque mi horizonte no son seis meses o la próxima elección presidencial: mi horizonte está más allá para cambiar las cosas a fondo. Para cambiar las mentes. Yo vengo del desierto y vi mi abuelo sembrar en él. Siembras en tierra árida y esperas. Si llueve, recoges. No sé si habéis visto el desierto tras la lluvia, es verde como la Bretaña. Un día, marchas sobre una tierra quemada, llueve y te preguntas cómo ha podido ser: flores, verdor… Porque estaban los granos. Incluso en el desierto hay que sembrar. Sembraré y, si mañana llueve, bien, y si no, estarán las simientes”.

Marcos Ana, comunista y poeta, que sufrió cárceles franquistas durante 23 años, dice que un cambio, si lo es de verdad, es necesariamente lento. O solo es espectáculo. Hay que prepararse porque largo es el camino del cambio.

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