Cosas a tener en cuenta tras la declaración independentista para ‘desconectarse’ de España

El Parlamento de Cataluña inició el 9 de noviembre la ‘desconexión’ de España . La resolución que la puso en marcha fue aprobada por los 72 diputados de la coalición Junts pel si y de la CUP, pero votaron en contra los 63 de Catalunya si es pot, PSC, Ciudatadans y Partido Popular. Y, por la tarde, Mas hizo su discurso para optar a la investidura, pero, si la CUP es consecuente, Mas no será elegido presidente de la Generalitat de Cataluña. Más allá del cabildeo politiquero, que tanto gusta a la mayoría de periodistas (no es mi caso), quiero destacar algunos datos y aspectos del llamado ‘conflicto catalán’. En lenguaje coloquial, apuntar quien es quien y de que pie cojean algunos actores de ese dicho conflicto.

Lo chocante del dicurso del Mas de los recortes sociales es que estuvo teñido de pinceladas socialdemócratas. Para convencer a la CUP, claro. Con sorpresa en el tendido, Mas presentó a los diputados un programa de gobierno con un plan de emergencia social, renta garantizada de ciudadanía y protección del derecho a la vivienda. Curisos porque la actual renta mínim garantizada es de las más cicateras del Reino de España. Además Artur Mas proclamó, como si se lo creyera, que sus objetivos son hacer “un país más justo y equitativo” y con “más transparencia y mejores prácticas públicas“. Sí, sí, lo dijo, que no lo he soñado.

Porque es el mismo Mas que hace solo cinco años conseguía la presidencia del gobierno de Cataluña asegurando que gobernaría como Merkel en Alemania o Cameron en Reino Unido. Estados ambos en los que la desigualdad y la pobreza han crecido. Es el mismo Mas (no un clon) que hace pocos años aseguraba que tenía que hacer recortes de presupuestos sociales “porque no hay otra alternativa y hay que podar el árbol para que crezca más fuerte“. La vieja y maloliente promesa de que antes hay que hacer crecer la tarta para poder repartirla. Pero nunca se reparte ni un rábano. Un Mas, por cierto, convertido también al independentismo desde finales de 2011, aunque no mucho antes definiera el independentismo como algo ‘”oxidado”.

Y con tal mascara y artificio Mas se reinventa para parecer el único capaz de liderar un Govern independentista ¡de centro-izquierda! ¡Vivir para ver! Por supuesto, las carencias y problemas que sufre la ciudadanía catalana son por culpa del gobierno de Madrid. Y, sin dejar de atribuir a Madrid (el gobierno central) las canalladas perpetradas en perjuicio de la ciudadanía catalana, no cabe olvidar el quizás lento, pero imparable deterioro social de la gente de Cataluña en los años de gobierno de Mas y antes de Pujol.

Sin el menor resquicio de duda, el gobierno de Reino de España que dirige Rajoy tiene mucho que ver con la situación con problemas de catalanes y catalanas hoy. Pero Más parece olvidar cuantas veces Convergencia Democrática de Cataluña, su partido, ha votado junto al Partido Popular para imponer una austeridad y recortes que han dañado severamente la sanidad, educación y servicios sociales públicos en España y en Cataluña. Y, sin duda también, esas medidas han aumentado la desigualdad y la pobreza en Cataluña como no se conocía desde tiempos tras la llamada guerra civil que en verdad fue un genocidio contra la ciudadanía republicana.

Como botón de muestra de su vocación de recortar, Mas olvida también que fue el primero en imponer el pago de un euro por receta, antes de que lo hiciera el gobierno central. Como también omite que una organizada corrupción multimillonaria acompaña a los gobiernos de Convergencia Democrática desde que se hizo con la Generalitat hace más de tres décadas. Y ahora, acaso por arte de magia, CDC y Artur Mas son independentistas e incluso algo socialdemócratas, además de prometer limpieza, transparencia y buenas prácticas políticas. Pero hay quien tiene memoria y sabe que han sido la encarnación de lo contrario.

Tal vez, como Saulo de Tarso camino de Damasco, Artur Mas y CDC han caído del caballo y una luz celestial los ha iluminado para convertirse al independentismo y al centro izquierda. Por diez votos. Los de los diputados de la CUP en el Parlamento de Cataluña. Porque, sin esos votos, Mas no puede ser presidente de la Generalitat. Por cierto, la CUP debería pensar con calma si continúan aliados con CDC en el procés y si continuarán mezclando churras con merinas; es decir, intereses de la burguesía catalana con los del pueblo trabajador catalán, en un proyecto de independencia que, de hacerse realidad, será dominado por las llamadas cuatrocientas familias que controlan la economía de Cataluña desde que los ‘nacionales’ de Franco entraron en Barcelona. ¿O cree de verdad la CUP que CDC dejará de representar y defender los intereses de la burguesía catalana que siempre ha defendido con absoluta dedicación? Deberían recordar que los intereses de las que ahora se llaman élites y los de las clases populares no solo no son los mismos: son opuestos.

Tal vez uno sea muy antiguo por creer que la sociedad se divide en clases con intereses opuestos, pero no hay que recurrir a Marx para mostrarlo cuando hasta uno de los hombres más ricos del mundo, el señor Buffet, afirma convencido que “hay lucha de clases y es la mía, la de los ricos, la que va ganando” como dijo a un periodista de The Wall Street Journal al principio de la mal llamada crisis, que en realidad es una estafa financiera convertida en saqueo al pueblo trabajador.

Los hombres y mujeres de la CUP deberían reflexionar que significa la independencia de Cataluña del estado español sin la menor independencia respecto a la burguesía catalana ni del poderoso y peligroso sector financiero catalán. Deberían repasar procesos más o menos nacionalistas e interclasistas habidos que acabaron dominados por quienes controlaban y poseían de hecho la economía. Y ante las dudas sobre quien se lleva el gato al agua en esos escenarios interclasistas, conviene leer El Gatopardo de Lampedusa para comprender que el estrato social que Marx denominó burguesía (y ahora llaman élites) es un transformista excelente, siempre dispuesto a cambiar algo para que nada cambie en realidad.

Y también es recomendable visitar la hemeroteca y comprobar que en décadas de gobierno de CDC (la coalición con Unió Democrática no es relevante), el beneficiario indiscutible de sus gobiernos ha sido la burgesía catalana que, por cierto, no le ha hecho ascos al estado español y ha apoyado claramente al gobierno del hoy aparente enemigo, el españolista Partido Popular.

Acaso lo sucedido sea que, especialmente cabreada la gente por el corte de mangas que fue la sentencia del Tribunal Constitucional que se cargó la reforma del Estatuto de Autonomía, se inclinó hacia la independencia de Cataluña como respuesta a sus problemas. Y, ante la visible eclosión del independentismo en la impresionante y masiva manifestación de la Diada de 2011, Mas y compañía cayeron del caballo camino de Damasco y se volvieron independentistas velozmente.

Da igual que finalmente el Parlamento de Cataluña elija a Raúl Romeva u otro como presidente en vez de a Mas, como ha propuesto la CUP. Mientras Convergencia sea el partido hegemónico de Junts pel si, el gobierno de Cataluña defenderá los intereses de la minoría rica. No es cuestión de personas. La cuestión es si se gobierna a favor del pueblo tabajador o de la minoría que controla y posee la economía.

Uno ya es muy mayor para creer en milagros y menos en conversiones fulminantes. Por eso, una independencia interclasista es más de lo mismo. Por un lado, la minoría poseedora de riqueza y sus siervos controlando las cosas en su beneficio. Y por otro, la mayoría, el pueblo trabajador, pasándolo regular, mal o muy mal y quizás una minoría de gente común que no esté mal del todo para usarlos como pantalla y simular que las cosas cambian y van bien.

Pero no es así, nunca ha sido así. Además, en tanto la Comisión Europea y su aparato euroburocrático se erijan como poder autoritario de la cada vez más antidemocrática Unión Europea de facto, al descarado servicio del sector financiero y de las grandes corporaciones, ¿de qué independencia hablamos? Sin olvidar que solo con el apoyo del 48% de la población votante, frente al 52% que prefiere otras formas de relación con España mejor que la independencia o ésta no por declaración unilateral, no parece muy legítimo ni inteligente arrancar un proceso independentista. Y aquí cabe recordar que, tras conocer el resultado de las pasadas elecciones catalanas, el portavoz de la CUP, Antonio Baños, dijo alto y claro a los medios que no habían ganado el referéndum y, por tanto, no cabía la declaración unilateral de independencia. ¿Lo han olvidado? ¿Lo han olvidado todos, incluido Rajoy y el nefato partido Popular, cuando no lo han utilizado de modo visible?

Al final será cierto lo que empieza a correr por los mentideros de enterados o que se creen enterados. Que todos juegan de farol y que, en verdad, lo que se busca no es la independencia próxima por un lado ni rodear y expulsar a los políticos independentistas por otro sino marear la perdiz y poder enrocarse cada uno en lo suyo, tal vez a la espera de un milagro, amén de beneficios electorales inmediatos. Y, como dijo ese hombre con pinta de niño que es Iñigo Errejón, Rajoy resultó ser el mejor director de campaña electoral de Mas y aliados y Mas el mejor director electoral de Rajoy y los suyos.

Y, para que se sepa también de que pie cojea quien este escrito suscribe, aún  archiconvencido de que Cataluña es una nación y tene derecho a ser tratada como tal, nunca me ha parecido la independencia de Cataluña la solución de nada, aunque considero sin atisbo de duda que el llamado ‘derecho a decidir’ es esencial en democracia. Qué significa que el pueblo trabajador diga lo qué quiere y cómo lo quiere sobre la forma de estado, relaciones con otros países o entidades políticas, política económica, como ha de ser la sanidad, la educación… ¿Acaso eso no es decidir?  Que la ciudadanía decida ¿solo ha der ser para indicar quienes son representantes políticos en el parlamento? ¿Cómo negar el derecho a decidir sobre todo lo que afecta a la gente, incluida la dependencia o independencia políticas? Si hay democracia, claro. Tal vez este escenario político que perpetró la nada modélica Transición no es más que una democracia limitada.  Y, si está limitada, ¿es en verdad una democracia?

Por otra parte, no me parece que en este mundo profunda y estructuralmente desigual e injusto la independencia política resuelva los graves problemas que soportamos, como los resolvió en parte en algunos lugares en el siglo XX. Por supuesto que no. Pero si uno cree que el derecho a decidir es indiscutible en democracia hay que preguntar a la ciudadanía si quiere o no independizarse, en el caso que nos ocupa. Derecho indiscutible de todas las ciudadanías es decidir en lo que les afecta. Por eso, si la ciudadanía de la Rioja o Murcia, por ejemplo, decidiera que quiere independizarse, me parecería tan legítimo como optar por continuar formando parte de España.

Lo de la democracia, cuando se toma en serio y sin aguarla ni disimulos, lleva muy lejos.

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