Esta Unión Europea, ni en pintura

El pueblo trabajador no se puede fiar ni un pelo de esta Unión Europea. No sirve ni es reformable. Pero otra Unión Europea es posible. Y necesaria. Otra Unión en la que primen las personas y sus derechos, las libertades y la democracia de verdad, no los intereses y beneficios de los banqueros con la democracia convertida en simulacro, en liturgia. En absoluto conviene a la ciudadanía esta Unión Europea que preside el oscuro Junckers y mangonea Merkel a su antojo, entre otros.

Muestra de la calaña de esta Unión Europea es que su mayoría parlamentaria conservadora apoya, jalea y aplaude a políticos como Mariano Rajoy y Viktor Orbán. Ocurrió en el reciente congreso del Partido Popular Europeo (PPE) celebrado en Madrid con más de 2.000 delegados de partidos conservadores europeos. Ahí fue aclamado el presidente español por sus correligionarios como “presidente del millón de empleos”, eslogan con el que el congreso del PPE pretendía entronizar la trayectoria gubernamental de Rajoy. Sin embargo, tras ese lema más falso que un duro sevillano, las crifras sin trampa ni maquillaje revelan cuan fraudulento es hablar de salida de la crisis o de reducción real del paro en el Reino de España.

En España, la cifra de desempleados bajó casi 300.000 entre julio y septiembre, según la última Encuesta de Población Activa (EPA). Pero más de un tercio (116.000) de esa cifra no es gente que haya encontrado trabajo sino disminución de población activa. Se contabilizan menos parados porque hay menos población activa que computar, no porque se creen empleos. Además de que más del 90% de los mismos son temporales y precarios.

Los juegos malabares con números no ocultan la cruda realidad. Gran parte de la gente común del país lo pasa mal y otra parte lo pasa muy mal. Cuando empezó la crisis, los hogares en los que nadie tenía ingresos eran 365.300. Pero hoy ya son más de 720.000, casi el doble. Mientras los parados que llevan un año sin trabajo se acercan a tres millones. ¿Qué recuperación es esa? ¿Creación de empleo ? ¡Venga ya con cada vez más trabajadores pobres!

Poco a poco, dicen, hay que confiar y tener paciencia. En los ochenta, ante el paro, dolor y sufrimiento que causaron las reconversiones naval, industrial, agrícola y ganadera exigidas por Europa, el entonces presidente del gobierno, Felipe González, argumentaba que antes había que hacer crecer el pastel, aunque supusiera sacrificios, para poder repartirlo. Pero nunca se repartió pastel alguno; si acaso, migajas.

Actualmente, la última EPA certifica que la reforma laboral del PP ha destruido el equivalente a casi 900.000 puestos de trabajo a jornada completa. La misma EPA da fe de que no hay recuperación económica. ¿Cómo ha de haberla si se han trabajado 33 millones de horas menos? Porque casi un cuarto de millón de personas más que antes trabajan menos de cuatro horas. Y cobran mucho menos, claro.

Además, los parados tienen menor protección. Medio millón de desempleados más no perciben prestación. Sumados a los que había, ya son tres millones y medio los parados que no son ayudados por el Estado. Sin olvidar que, según la Red Europea contra la Pobreza, en el Reino de España que desgobierna el Partido Popular, la pobreza afecta ya al 29% de población. Y aún tienen la indecente desfachatez de elogiar a Rajoy como ‘presidente del millón de empleos’.

La otra vergonzosa cara de la moneda del congreso de los conservadores europeos han sido los fervorosos aplausos al primer ministro de Hungría, Viktor Orbán. Orbán es un notorio fascistoide xenófobo que rechaza el derecho de asilo de los refugiados, sostiene que no pueden aspirar a vivir como austríacos o húngaros (porque no es un derecho, dice) y deben ser devueltos a sus países. Si acaso que “tengan allí la vida digna”, remata. Pero da la casualidad de que de donde huyen los refugiados es de países con guerras de las que Europa es responsable en gran medida, directamente o  por medio de la OTAN.

Si sumamos a los obscenos elogios a Rajoy y los aplausos a Orbán la vergonzosa incapacidad para acoger a los refugiados, más el vaciado evidente y creciente de la democracia, convertida en cachondeo, solo cabe concluir que esta Unión Europea no interesa en absoluto. No al pueblo  trabajador. Otra Europa es necesaria y hay que trabajar más y mejor para conseguirla.

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